Contagio de síntomas


Hasta ahora no era más que una observación empirica sin base experimental: sabíamos por ejemplo que algunas enfermedades dependen del apoyo social y su pronóstico se ensombrece cuando las personas afectas de determinadas patologías no son capaces de tejer una red de apoyos o bien destruyen aquellas redes que forjaron de forma natural durante el tiempo en que anduvieron sanos.

También tenemos evidencias de que ciertas enfermedades y determinadas conductas se “contagian” de forma psicológica. Este blog contiene no pocas ideas respecto al ejemplo de los trastornos alimentarios y su capacidad de “saltar” de persona a persona a través de la imitación.

Lo cierto es que es aún más antigua la idea de la patoplastia de las enfermedades mentales: efectivamente las enfermedades cambian de sintomatologia dependiendo del entorno en que se presenten, segun contextos culturales y épocas.

Todo lo cual señala en la dirección de que existe una correlación entre los entornos  y redes sociales por un lado y la patoplastia, la evolución y el contagio de determinadas conductas por otro.

Pero hasta la aparición de este libro de Chisrtakis y Fowler titulado: “Connected: the suprising power of our social networks and how they shape our lives” ni sabiamos como se las apañaban las enfermedades para colonizar otras mentes ni siquiera sabiamos si esto era posible. Aqui hay un artículo donde explican los hallazgos de Christakis en clave divulgativa aparecido en El Magazine de “El Mundo” el dia 20 de Diciembre de 2009. También es bueno recordar ahora el concepto de meme de Dawkins o el de patrón morfico de Sheldrake.

Ha sido necesario la emergencia nuevas teorizaciones y conocimientos -que proceden en gran parte de Internet- para desarrollar estas ideas. Este conocimiento es lo que hoy conocemos como red social: el conjunto de relaciones que establecemos con nuestros congéneres. Un conocimiento que empezó en los años 30 a través del sociólogo Jacob Moreno que inventó los sociogramas, una especie de mapas de personas interconectadas por cualquier tipo de relación. Hoy los sociogramas de Moreno sirven entre otras cosas como una tecnologia Google para establecer relaciones de palabras en un mismo blog. El lector puede visitar esta utilidad llamada TouchGraph aqui, basta con entrar una dirección web para que el programa establezca correlaciones entre entradas y direcciones favoritas, etc.

Un ejemplo de sociograma de amigos interconectados creado por gliffy.

Lo que entendemos como “conocidos”. No es necesario que sean amigos íntimos y tampoco que el contacto sea fisico “cuerpo a cuerpo” como sucede en las redes sociales virtuales pero si implica un contacto frecuente; una red social es aquella estructura reticular que relaciona vinculos entre individuos: los nudos de esa red somos nosotros las personas concretas. Lo curioso de este tipo de redes es que no son lineales sino tridimensionales. Cuente usted el número de conocidos que viven en su misma ciudad y llegará al convencimiento de que su red social, es aunque finita interminable. Si usted además piensa en las personas que le conocen a usted -que son amigos de sus amigos- comprenderá que la red social es bidireccional y que ambas se solapan en un enmarañamiento endiablado que nos sostiene, nos incluye pero tambien nos enferma.

De eso va precisamente la investigación del Dr Chirstakis y el Dr Fowler.

¿Nos pueden enfermar las relaciones que establecemos en nuestras redes?

O bién:

¿Pueden ejercer efectos beneficiosos nuestras redes sociales sobre nosotros?

Lo cierto es que la influencia que ejercemos unos sobre otros es bien conocida y forma parte de los axiomas de las relaciones humanas que no precisan demostración: las personas ejercemos influencias positivas o negativas sobre los demás, de eso no cabe ninguna duda.

Y lo hacemos en función de la proximidad, de compartir un tiempo, un entorno, una educación, unos valores y una clase social, ser íntimos amigos no es lo mismo que ser conocidos, los hermanos y los familiares ejercen una mayor influencia que los conocidos de refilón. Eso tambien parece ser cierto y no precisa mayor demostración.

Empíricamente se ha observado que determinados síntomas pueden contagiarse, los tics en los niños, la tos, cierto tipo de alucinaciones, las conductas alimentarias, el adelgazamiento y la obesidad. Hasta la menstruación puede sincronizarse en mujeres que se hallan fuertemente vinculadas por no hablar de las epidemias recurrentes que se observan en internados o conventos con determinados síntomas de estirpe histérica. O del riesgo de los viudos de morirse en el año siguiente de enviudar.

El suicidio es otra de las conductas que tienden a mimetizarse tal y como conté en este post. O en este otro donde conté los supuestos efectos convulsivantes de una vacuna contra el papiloma.

Los hallazgos de Christakis y Fowler son sorprendentes, no voy a hablar de las caracteristicas ténicas del estudio que diseñaron en la ciudad de Framingham que incluyó 53228 conexiones y me voy a ceñir a algunas de sus conclusiones más fascinantes:

  • Igual que las personas están conectadas entre sí su salud tambien lo está, asi los compañeros de trabajo no parecen trasmitirse afectos positivos entre sí pero son capaces de transmitir el uso del tabaco.
  • La obesidad es probablemente el hallazgo más importante del estudio: se transmite saltándose eslabones en la cadena: cualquier persona tenia 20 veces más riesgo de engordar si el amigo de un amigo engordaba incluso en el caso de que el amigo interpuesto no ganara un kilo. Lo mismo parecia suceder con el adelgazamiento, se saltaba pasos y no era necesario admitir la influencia de persona a persona o de amigo a amigo.
  • Las posibilidades de que un fumador “contaminara” su hábito a un amigo suyo cercano era de 36%, para el segundo grado de amistad habia un 11%.
  • Beber alcohol parecia transmitirse con la misma frecuencia que el uso del tabaco, pero lo más sorprendente era que el sentimiento de sentirse sólo o la sensacion de felicidad tambien eran sociodependientes.

Naturalmente lo primero que se preguntaron los autores es de qué manera se propagaban estas conductas habida cuenta de que en los “contagios” de segundo y tercer grado no había vinculo lo suficientemente estrecho o intenso para explicarlas. Sostienen que este contagio se provoca por señales inconscientes que captamos de los que nos rodean y que interpretamos en clave de un comportamiento normal. Segun ellos terminamos por darnos permiso para comer en exceso a medida de que nuestra red se va llenando de abusadores de comida, lo mismo parece suceder en los casos del tabaco, o el alcohol, y probablemente también en las drogas ilegales.

En el caso de la felicidad sostienen que el “contagio” se produce a una mayor profundidad pero a través de un mismo mecanismo relacionado con las neuronas espejo: una forma de aprendizaje relacionada con la imitación.

Descubrieron que los habitantes más felices de Framingham eran lo que tenian una red social mas densa (mas conexiones sociales) y aunque el tener muchos amigos tambien aumenta el riesgo de encontrarse con personas poco recomendables encontraron que la felicidad no estaba relacionada con la profundidad de las relaciones sino con mantener a diario momentos de dicha contagiosa.

Con todo lo más inquietante de los hallazgos de Chirstakis y Fowler es la idea de que en una cadena haya personas que parecen inmunes a los contagios sirviendo de puentes entre dos amigos que se contagian a través de él sin afectarle, lo que viene a decir que existen personas que pueden trasmitir una señal social sin resultar afectados por ella.

Naturalmente todos estos hallazgos pueden ser criticados y ya lo han sido: algunos expertos sostienen que las redes sociales no tienen la capacidad de hacer enfermar o aumentar la felicidad de las personas sino que somos nosotros las personas concretas las que elegimos amistades similares a nosotros mismos y por eso tendemos a rodearnos de gordos si comemos demasiado o de personas felices si nosotros somos, a la vez, felices.

Sin descontar estos efectos de la elección de las amistades que parece gravitar sobre el trabajo original un matematico llamado Fletcher examinó la salud de 90118 estudiantes llegando a conclusiones similares a las que llegaron Christakis y Fowler aunque en opinión de Fletcher los hallazgos que incluian enfermedades como la jaqueca, el acné no eran atribuibles al contagio social.

En definitiva un inicio de análisis cientifico de algo que empíricamente conocemos desde hace muchos años, habrá que ponerse de acuerdo en los diseños y en la definición de las palabras. Por ejemplo sería interesante saber qué es para los investigadores “influencia” a la que tratan como una variable bidireccional. Lo cierto es que la influencia suele ser algo unidireccional y está basada sobre la habilidad de ejercer poder y control sobre una persona concreta. Es posible que algunas personas puedan ejercer influencia sobre las demás sin resultar ellos mismos afectados por el contagio que ejercerian ambos amigos que pivotarian sobre él como referencia.

Tampoco queda claro qué conductas son más facilmente imitables y si los hábitos negativos se contagian más que los positivos y si es asi el por qué.

Por otra parte no encuentro razones para decir que el acné o las jaquecas no puedan ser trasmitidos socialmente.

De todo este trabajo me quedo con una conclusión escrita por Durkheim acerca de los fenómenos de influencia o “contagio social”, en el caso concreto del suicidio. Para Durkheim:

Se considera la imitación como el último factor psicológico a tratar antes de poder pasar a hablar sobre las causas sociales del suicidio.

El fenómeno de la imitación se puede dar entre dos personas sin que a estas les una ningún vínculo social, o relación de cualquier tipo, es un fenómeno puramente psicológico e individual, y si llegamos a establecer que contribuye a determinar la cifra de suicidios, resultará que esta cifra depende directamente, total o parcialmente, de causas individuales.

En primer lugar hemos de definir la palabra Imitación que se usa normalmente para designar los tres conceptos siguientes:

-Ocurre en el seno de un mismo grupo social, cuyos elementos todos están sometidos a la acción de una misma causa o causas semejantes, en virtud de la que todo el mundo piensa o siente al unísono; en este caso la palabra designa la propiedad que tienen los estados de conciencia, simultáneamente experimentados por un cierto número de sujetos diferentes, y obrar los unos sobre los otros y combinarse, de modo que crean un estado nuevo.

-Necesidad que nos impulsa a ponernos en convivencia con la sociedad de la que formamos parte y de este modo a adoptar las maneras de pensar o de hacer que son generales en los que nos rodean. Son un ejemplo muy claro de este caso las modas y las costumbres.

-Finalmente puede ocurrir que reproduzcamos un acto que pasa delante de nosotros o que conocemos, únicamente porque ha pasado delante de nosotros o porque hemos oído hablar de él, se copia por el simple hecho de copiarla. Así bailamos, reímos o lloramos cuando otra persona lo hace, es la imitación por sí misma.

O sea, que el que enferma es el individuo y lo hace por causas individuales pero las razones por las que enferma están en su entorno, en las reglas que comparte una determinada sociedad y que implican a todos tanto conocidos como desconocidos entre sí o tanto si las conocen como si las ignoran.

Seria interesante que Christakis y Fowler hubieran leido a Durkheim.

Ah! perdón, Durkeim era un francés ¿quien sabe hoy leer en francés?.

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8 pensamientos en “Contagio de síntomas

  1. Interesantísimo. Me genera muchos pensamientos diversos.
    “personas que parecen inmunes a los contagios sirviendo de puentes entre dos amigos que se contagian a través de él sin afectarle” Pienso ahora en personas que utilizan a otras personas para “llegar” a otras aunque sea virtualmente.
    “somos nosotros las personas concretas las que elegimos amistades”. Me estaba preguntando dónde queda el libre albedrío cuando he llegado ahí: quizá la diatriba ahora no sea ya genética-libre albedrío sino vínculo (red)-libre albedrío.
    “El fenómeno de la imitación se puede dar entre dos personas sin que a estas les una ningún vínculo social”. Creo que estoy con Durkheim y con usted, y pienso en los “ideales” de los adolescentes (cantantes, etc) o en desear estar delgada como Twiggy, cuando Twiggy vivió en una época sin redes sociales ni tenía web ni nada similar, ni había vínculo de ninguna clase a no ser por alguna fotografía.
    Buenísimas ideas contenidas aquí, maestro.

  2. Mi opinión viene directamente de la observación.En familias en las que los padres tienen determinadas fobias,la mayor parte de las veces,los hijos desarrollan las mismas fobias,es más en las que tienen mascotas,estas también las adquieren. Lo novedoso es que se ” contagie”,de terceras personas,y que las que hacen de intermediarias,no las tengan,curioso. También habia observado que comportamientos,formas de ver las cosas,en un individuo,fuesen para
    él provechosas, pero al “contagiar”,de alguna forma a otro,las consecuencias fueran nefastas. Creo que lo positivo es más dificil de “contagiar”,no digo que no sea posible,que lo es,pero hay una mayor resistencia.

  3. En resumen, otro estudio anglosajón que viene a revelarnos algo que ya sabíamos: que las personas mimetizamos las conductas de los demás. Sí, el estudio tiene un planteamiento muy moderno y vanguardista, basado en redes sociales, internet, nodos, retículas, etc., pero no deja de llegar a una conclusión a la que hasta mi abuella llegaba cuando decía: “Fulanita se ha echado a perder desde que se junta con malas compañías…”

    Aprovecho para felicitar a Paco Traver por el blog. Hace semanas que lo leo y es de lo mejor que hay en la blogosfera hispanohablante.

  4. Sin embargo echo de menos una ivestigacion mas cualitativa que respondiera a estas dos preguntas:
    1.- ¿se contagian mas las conductas reprobables o poco saludables que las contrarias?
    2.- ¿Y si es asi, por qué?

  5. Pingback: Cuestiones de neurofilosofía recreativa « neurociencia-neurocultura

  6. El sociograma de la imagen http://www.gliffy.com/publish/1522699/ lo hice entre mis amigos suponiendo como nos conocimos y a través de quien fuimos presentado al resto de amigos. Lo curioso es que también quise hacer un segundo sociograma pidiéndole a cada uno que si pudiera elegir irse a una isla desierta con tres de nosotros a cuales eligiría. Este segundo sociograma no participaron todos e incluso hubo alguno que consideró que lo que estaba haciendo era muy peigroso, se quedó a la mitad: http://www.gliffy.com/publish/1523337/

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