La soledad de los numeros primos


Este post contiene spoilers, es decir revela elementos de la trama sobre la novela que se cita. El lector deberá valorar si sigue o no con la lectura de este articulo.

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La soledad de los números primos es una novela de un fisico italiano (Fabio Giordano) que logró un enorme éxito editorial con una historia acerca de dos personas Mattia y Alice heridos por sendos traumas infantiles que parecen “almas gemelas” y que por unas razones u otras parecen no encontrarse nunca a pesar de que conviven muy cerca el uno del otro: el lector tiene la impresión de que Mattia y Alice están hechos el uno para el otro y se da de bruces con la inhóspita realidad: no pueden encajar entre sí.

Este es un post acerca de esta imposibilidad y sus razones.

Un numero primo es un curioso número que es irreductible, sólo divisible por sí mismo o por la unidad. Hay algo pues en ellos que evoca algo completo, un resto o trozo de algo que no puede ser descompuesto en algo más elemental, por alto que sea un número primo está hecho de una materia distinta al resto de números: se trata de algo incorrupto, imposible de descomponer en partes más elementales. Algo de una sola pieza.

Pero hay números primos que son además de primos, gemelos: tienen entre ellos un número que los separa, por ejemplo el 29 y el 31. El 30 lo separa y nunca los dejará estar juntos. Eso les pasa a Mattia y a Alice: entre ellos hay un número o si se quiere decir en términos más psicológicos: un agujero, un vacío, una discontinuidad insalvable que les simpide contactar. En un post anterior hablé precisamente de este tema de la vacuidad.

Si Jacques Lacan viviera estoy seguro que utilizaria este libro para ilustrar -en alguno de sus seminarios- dos de sus conceptualizaciones más oscuras, me refiero al concepto de suplencia y al concepto de sinthome. Como él ya ha muerto soy yo quien lo va a intentar con la ayuda de un amigo mio lacaniano (Dr Adolfo Santamaria) gracias a cuyas ideas y especulaciones en el almuerzo de hoy construí este post.

Para entender bien el concepto de suplencia deberemos entender cómo funciona la mente humana según Lacan. La mente es el lugar de encuentro entre tres registros anudados entre si: lo real, lo simbólico y lo imaginario. La suplencia es aquella fórmula de reemplazo que algunos sujetos buscan y encuentran para anudar cualquiera de estos registros en el caso de no haberlos podido mantener cosidos durante su desarrollo. Es evidente que tanto Mattia como Alice sufrieron ambos en edad temprana dos traumatismos psíquicos devastadores, Mattia abandonó a su hermana melliza, una niña probablemente discapacitada por algun tipo de autismo mientras acudía a una fiesta de cumpleaños, después de eso la niña desapareció sin dejar rastro. Alice por su parte sufrió un accidente de esquí que le valió quedar sepultada en la nieve hasta que fue rescatada, pero se trató de un accidente que tuvo por complacer a su padre quien tenía puesta en ella expectativas irrazonables respecto a este deporte y que iban más allá de los propios gustos de Alice.

Ambos sufrieron -por distintos motivos y circunstancias- el golpe aniquilador de un evento que les dejaria marcados de por vida, una especie de acontecimiento brutal que puso en juego los aspectos más vulnerables de la conciencia humana: su plasticidad, en el caso de Mattia hubo de vivir toda su vida bajo el peso de la culpa y la mirada inquisidora y acusadora de sus padres, en el caso de Alice aprender a convivir con el odio hacia su padre que fue quien la llevó contra su voluntad a aquella expedición de esquí y con su minusvalía fisica, una cojera que no la abandonó nunca.

Los acontecimientos traumáticos lo son porque tienen la capacidad de doblegar, de torsionar nuestra mente o de romper su tensegridad y es por eso que este post está presidido por un toro en evolución y cortado por un plano, una figura geométrica en tres dimensiones que es capaz de modificarse cuando es sometida a torsiones. Es la topología la ciencia que se ocupa de estudiar estas figuras que son capaces de -mediante torsiones continuas- cambiar de forma. Creo que no existe una metáfora mejor que este tipo de formas topológicas para conceptualizar la mente, y el toro en particular me parece adecuado porque combina tanto la capacidad de hacer indistinguible lo que está afuera y lo que está adentro y que además contiene precisamente una clave de la mente humana:

La de estar presidida y enroscada en un vacío.

La mente humana es un vacío con conciencia.

Un vacío que existe tanto en la mente normal como en la mente patológica. Es por eso que existe el deseo.

El deseo es la consecuencia de la vacuidad y es la suplencia que utiliza la mente normal.

Las personas normales -todos nosotros- construimos una suplencia para obturar ese vacío insoportable que es nuestra existencia, el amor, los hijos, la carrera profesional, el éxito, el dinero, el coche, nuestros bienes o colecciones de sellos, nuestra misión en el mundo, nuestras gestas diversas y las causas que abrazamos proceden de ese deseo de ser a que nos impulsa nuestra conciencia de vacío.

La diferencia que existe entre las suplencias más o menos neuróticas que todos construimos para saciar ese apetito insaciable de ser y las suplencias de aquellos que han sido golpeados por un evento del tipo que aparece en la novela es que aquellas suplencias: las de Mattia y las de Alice carecen de sentido.

Se trata de reemplazos que no taponan ni obturan esta necesidad de ser sino que son simples significantes en estado puro, sin relación alguna de contigüidad con ningún sentido otorgado, sin significado. Se trata de un intento de anudamiento destinado al fracaso: hablamos entonces de sinthome, una palabra acuñada por Jacques Lacan para señalar la confluencia entre síntoma y fantasma. El síntoma-fantasma, es decir el síntoma que no comunica de nada más allá de sí mismo (significante vacío) es un sinthome que sigue sin anudarse a lo simbólico.

Es por eso que decimos que los sintomas psiquiátricos son intentonas por parte del paciente de taponar ese agujero, el caso más corriente de este tipo de apaños psicológicos es el delirio. El delirio es la forma en la que el sujeto psicótico trata de obturar su vacío.

Mattia que presenta sin duda una estructura psicótica (psicosis sin delirio) tambien ha construido sus propios sinthomes, por una parte su aritmomania, por otra su aislamiento social, su ensimismamiento autístico y por otra sus autolesiones. El lector que haya leido la novela podrá comprobar como la manía por los números de Mattia es algo vacío y sin sentido, una simple agañaza que parece más bien un pasatiempo lúdico-autístico más que una habilidad matemática útil. Del mismo modo sucede con las conductas autolesivas ¿qué sentido tienen esas conductas?

Alice por su lado tambien construye su propio sinthome en forma de anorexia. Sin embargo y a diferencia de las motivacione usuales en el rechazo de la comida Alice no persigue una silueta ideal, ni una intentona por adelgazar, ser más bella o atractiva, su goce consiste en poder tocar su pelvis y que aparezca como un afilado cuchillo, se trata pues de un goce autodestructivo, una especie de conducta autodestructiva que tiene como pretexto el rechazo alimentario y sus continuos ciclos de vómitos y restricciones. Su anorexia está vacía de intenciones simbólicas.

Ambos sinthomes cumplen en cada uno de ellos la misma función: tratar de taponar un vacío que se sabe irreductible en sí mismo, ambos sin embargo se encuentran bastante estabilizados para estar tan perturbados emiconalmente ¿cómo lo consiguen?

La función de algunos síntomas es precisamente la de alcanzar una cierta estabilidad en un orden de inestabilidad.

El sintoma representa un orden de suplencia, de prótesis que aparece en ausencia una red simbólica que pueda dar cuenta de un sufrimiento. Y desaparece, enmudece o se transfroma cuando el individuo logra darle forma a través de la simbolización.

Y no cabe duda de que en el caso de Mattia tiene una buena carta en su poder: su profesión de matemático y en el caso de Alice parece que ha encontrado en la fotografía algo de lo simbólico que parece no puede anudar de otro modo, ni siquiera su matrimonio con el joven médico parece estabilizarla en lo más mínimo.

Es curioso que el autor de una novela tan psicológica sea un físico, leyéndola caí en la cuenta de una idea de David Bohm que aseguraba que los paradigmas de la psicología y de la fisica llegarian un dia a encontrarse.

Y es cierto porque la psicología no puede por más tiempo operar sin el concurso de las leyes de la termodinámica y del caos. Sobre todo de la segunda ley, la que dice que todos los sistemas vivos tienden a la ganancia de entropía, lo que es lo mismo que decir que todos los sistema vivos están condenados a su destrucción que es aquello que acaece precisamente cuando se ha alcanzado el orden absoluto, es decir la muerte.

La vida transcurre en un delgado segmento de desorden que siempre tenderá hacia el orden relativo, la salud y hacia el orden absoluto la muerte: llamamos vida a lo que sucede en ese latido.

La enfermedad es entonces una situación alejada de este estado de equilibrio relativo que llamamos sentirnos bien o estar sano desde donde sólo es posible esperar una nueva descompensación en forma de enfermedad.

Lo que sucede es que las enfermedades no están todas en la misma linea de salida, por ejemplo las enfermedades agudas están mas cerca del equilibrio que las enfermedades crónicas. Y las enfermedades agudas tienen además la capacidad de evolucionar ad integrum hacia la salud si son superadas y no nos matan.

Las enfermedades crónicas por su parte están mucho más alejadas de las condiciones de equilibrio termodinámico que las agudas y tambien nos pueden matar porque crean las condiciones ideales para que se manifiesten todas aquellas patologías agudas a las que seamos vulnerables genéticamente.

Las enfermedades de Mattia y Alice son enfermedades crónicas, es decir equilibrios conseguidos muy lejos de las condiciones de equilibrio y de esto trata precisamente el sinthome, se trata de un anudamiento estable dentro de la inestabilidad, es por eso que ni Mattia ni Alice están psicóticos, las matemáticas y los sintomas anoréxicos en ella los mantienen lejos de la psicosis aunque envueltos permanentemente en un halo de disadaptación y de enloquecedoras renuncias.

Mattia toma -sin embargo- una decisión heroica que sin saberlo le acercará hacia la “curación” de su sinthome. Es precisamente a partir de un malentendido, un desencuentro con Alice que decide tomar en consideración una oferta para que realice su tesis sobre las integrales de Riemann en algun lugar alejado de sus padres y de la propia Alice con la que no consigue establecer un vinculo maduro y estable.

Es precisamente allí donde Mattia logra coagular su sinthome, es decir llenarlo de sentido y atarlo a algo simbólico y útil: su tesis doctoral. En el entreacto Alice que se ha separado de su marido descubre precisamente en la cola de un ambulatorio a una persona a la que parece identificar como la hermana de Mattia. Según su especulación la niña que no apareció nunca ni viva ni muerta pudo haber sido secuestrada o adoptada por alguien que la encontró aquella tarde sola y aturdida. Quizá ni siquiera supo decirles su nombre. La primera intención de Alice es escribir a Mattia para contarle lo sucedido. Lo hace y Mattia vuelve a casa.

El final de la novela transcurre en un paseo que ambos realizan juntos y donde ella obliga a Mattia a conducir su automovil en un gesto que parece pretender sacarle de su autismo y obligarle a tomar las riendas de su vida. Alice quiere espabilarle y termina por llevarle al lugar donde su hermana desapareció y sentarse en aquel mismo banco donde fue abandonada por Mattia ofreciendo una imagen redentora a su través.

Es entonces cuando Alice decide coagular su propio sinthome y callar lo que sabe llenando de sentido a su silencio. ¿Y si se ha equivocado? ¿De que serviria ahora que Mattia ya ha conseguido encontrar una suplencia para su vida y que ya ha conocido a otra mujer desenterrar las viejas heridas?

Ella decide por él y mantener en secreto esa información y no buscar más. La novela termina en ese momento dando a entender que Alice coagula su dolor precisamente a través de la renuncia, -esta vez con sentido- de Mattia. Ambos se separan y cada cual vuelve a su lugar en el mundo, el a su tesis y ella a la fotografia, ese mundo de instantes coagulados que son metáforas de las detenciones de la vida que siempre está en movimiento.

Como el toro que parece cumplir uno de los axiomas de incompletud de Gödel: el agujero solo aparece cuando esta completo y parece desaparecer cuando se trocea.

Nota liminar.-

Lo dicho anteriormente tiene consecuencias sobre los tratamientos, sobre todo en la dimensión de las expectativas. Determinados sufrimientos mentales como los que acaecen en determinados numeros primos son irreductibles, no podemos pensar en curarlos como se cura una apendicitis o un resfriado. Ni hay ni es de esperar una restitución a las condiciones iniciales. Determinadas heridas son los suficientemente intensas para torsionar ese intangible tan vulnerable que es la mente humana.

Durante mucho tiempo nos hemos encallado en la posibilidad, más bien el deseo de curar, de devolver al paciente hasta el lugar que ocupaba mientras estuvo sano, pero las enfermedades mentales no funcionan de ese modo. Es muy posible que en la enfermedad mental, al menos en algunas de ellas no podamos restituir la salud y hemos de hablar de compensaciones puntuales y recurrentes. Pues la compensación que no alcance el equilibrio volverá por definición a la descompensación, es por eso que las enfermedades mentales tienden hacia la cronicidad y hablamos de procesos.

El objetivo ha de ser conseguir transformar un sinthome en una suplencia más o menos adaptada, es decir que el individuo logre no sólo mantenerse compensado de su proceso sea el que sea sino que consiga anudar su sintoma-fantasma a un sintoma neurótico comun –el suyo-, es decir que logre dotar o teñir de algo simbólico a sus carencias y vacíos.

Es asi como los más lúcidos de mis pacientes se curan y es algo que siempre nos ha fascinado a los terapeutas: observar cómo hacen los pacientes para curarse a veces introduciendo cambios banales en su vida que tienen enormes consecuencias para su estabilidad.

Hoy por ejemplo después de mi animado almuerzo con el Dr Santamaria -a quien debo este post- he tenido ocasión de dar el alta a una muchacha bulimica a la que he tratado durante dos años y medio. De alguna manera la paciente se las ha arreglado para transformar sus sintomas neuróticos en algo realmente util, le ha dado la vuelta al calcetin modificando su autopercepción y acometiendo nuevos retos para su vida, cuando le he preguntado qué habia hecho para hacer perceptibles tantos cambios me ha dicho:

– Me he matriculado en la universidad y me he dado cuenta de que P, (su pareja) ya ha sufrido y ha tenido suficiente paciencia conmigo. Ahora me toca a mi darle lo que tanto le he negado.

O sea tal que Alice, esta paciente ha encontrado su sentido en la vida devolviendo a su pareja lo que le dio durante muchos años de conducta automortificante simplemente porque no tenía el peso y el cuerpo que hubiera deseado tener.

Curar a alguien es acompañarle en un viaje donde deberá trasformar su sintoma-fantasma en un sintoma con sentido.

3 pensamientos en “La soledad de los numeros primos

  1. Siempre pensé -como se dice aquí- que no sólo la psicología y la física irían algún día de la mano, sino la medicina y la cibernética, la filosofía y la neurología… (cuando en el 2005 apareció en los periódicos A. Brú pensé que había acertado: matemáticas y oncología? pero sigo sin estar muy segura de si no sería un sueño idealista).
    Me alegro mucho por esa paciente que ha sabido transformar sus fantasmas.
    Sí, curar es transformar, no hay duda…
    Mis reconocidos saludos también al Dr. Santamaría 🙂 por haber propiciado este gran post.

  2. Hace un año y medio tuve que andar con una escayola durante tres interminables meses, más convalecencia. Y así escribía en mi reposo, explicando mi estado de ánimo a otra persona.

    EL CLAVO.

    Los mitos griegos dañados o modificados en sus piernas están asociados a la Madre-Gea primordial. Desde los centauros hasta Aquiles o los faunos. Es como si poseyeran un vínculo en forma de marca. Estos mitos arcaicos provienen de cuando nuestras sociedades eran matriarcales. Y fueron perseguidos, sustituidos y arrancados de su significado cuando se impusieron los dioses olímpicos, sobre los titanes, de la mano de Zeus y Heracles (el Hércules romano).

    Hace tiempo, en una entrada por detrás cuando ya había rematado a portería, me sacaron el tobillo derecho de su alojamiento, provocándome un esguince de grado III. Una entrada desgraciada. No he vuelto jugar. Y de esto hace ya 6 meses.

    Desde los primeros recuerdos, que conservo por ahí perdidos, siempre hay un balón, rodando por el suelo. Jugar al fútbol ha sido una fuente inagotable de placer. Por las circunstancias del juego, y también por la gran cantidad de personas que he conocido.

    Bueno, pues privado estoy. Por ahora. Cada vez que inicio una carrera, al poco tiempo, una molestia creciente se asienta en el tobillo, como un clavo pasando a través del hueso. Y debo parar. Y dejarlo.

    Por eso, me consuelo pensando que me ha crecido el vínculo sagrado, aún a costa del disfrute más querido, con la diosa madre Hécate. En sus tres versiones, esta diosa es ninfa orgiástica, madre y maga.

    Quien no se consuela, es porque no quiere. Aunque daría cualquier cosa por jugar un partidillo.

    Saludos. Josemari

  3. Saludo que nuestros cafés sean puntos de encuentro donde es posible hacer de “un roto, un descosido”. El tema es largo y, a mi parecer, complejo… sabemos que “complejo” es un concepto que antecede al de “estructura” y que ha sido operativo para el psicoanálisis durante muchos años (aún lo es) y que propició una clínica “de las estructuras”, distinguiéndose, como sabemos, tres: neurótica, psicótico y perversa… de entrada no intercambiables entre sí.
    “La soledad de los números primos” algo nos avanza sobre esto, de cómo desde una estructura el “vínculo social” debe de proveerse de resortes – suplencias- para dar un tratamiento a lo “real”, es decir, a lo que está “fuera de sentido”.
    Alice y Mattia, en su “imparidad” hablan de la no proporción sexual entre los sexos, cada uno genera un artilugio que los saque del impasse donde los aboca ese “real”… sea el síntoma en el cuerpo de Alice por medio de la anorexia que la sitúa en el filo de su cresta ilíaca o sea en la matemática de Mattia (bella resonancia), que lo pacifica en lo que, quizá, sea un synthome, como apunta Paco Traver, no evita sin embargo la emegencia de ese cuerpo que tiene que descompletar por medio de sus autolesiones… aquí se pone en evidencia que la intersección de simbólico e imaginario no son suficientes para apagar el “fuego de lo real”.
    Pero a pesar de todo lo que podamos elucubrar, especular… lo que me ha impresionado del libro es que “la soledad de los números primos” no es ajena a la soledad con la que tenemos que enfrentar el monento en el que debemos aparcar nuestro “furror sanandi” para dejar paso a “ars cundi” donde nos enfretamos a lo real de la psicosis en nuestro quehacer diario.
    Un saludo. Y más café
    Adolfo Santamaría

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