El inconsciente: una reconceptualización


laberinto

En Creta se desarrolló una civilización -que se llamó minoica- muy adelantada según algunas pruebas de la que apenas nos ha llegado algún rastro arqueológico tal como las ruinas de Cnosos, algunos mitos, leyendas y la casi seguridad de que esta cultura se fundió con la griega dominante en una especie de sincretismo, que dio lugar a una enorme riqueza de saberes que nos han llegado fundamentalmente en forma de mitos como representación de las primeras torsiones de la subjetividad humana.

Y de ahí su interés.

El mito mas conocido de aquella civilización es probablemente éste:

Minos era el rey de Creta y estaba casado con una mujer llamada Pasifae que era pariente de la vieja Europa, la cual había sido raptada por Zeus en forma de toro. El caso es que el dios Poseidon le hace a Minos un regalo en agradecimiento por la devolución de algun favor político.

El regalo es un toro.

Admirado por la esplendidez del toro, Minos decide quedárselo para sí en lugar de entregarlo al pueblo tal y como había quedado con Poseidón. Pero ahí no acaban las dotes seductoras del toro, porque Pasifae queda absolutamente prendada de su belleza y planea cómo copular con él.

toro

Lo hace ordenándole a Dédalo -precursor minoico del artesano Hefesto- la construcción de un artilugio metálico para llevar a cabo el antinatural proyecto. De esta unión nacerá un monstruo, el Minotauro, que al nacer es confinado en el laberinto, una especie de sótano que construye el mismo Dédalo debajo del palacio de Cnosos.

Desde allí el Minotauro reclama su botín continuo de adolescentes a los que devorar, y Minos -para tapar la ofensa que Pasifae hizo a las leyes naturales- no puede sino acatar. El Minotauro reclama cada vez mas sacrificios humanos hasta el punto de que el pueblo está cada vez más en contra de sus gobernantes hasta que aparece Teseo, que liberará al pueblo cretense de la dictadura del monstruo bien auxiliado por Ariadna, hija de Minos y Pasifae.

Hasta aquí el mito. Ahora observemos este sueño de un paciente real al que llamaremos el Sr X.

Sueño.-

“Soñé que mi mujer estaba embarazada pero no de mí sino de algún otro. No se de quién. Al tiempo da a a luz una especie de monstruito, mitad lagarto y mitad ave, lo llevamos al pediatra pero nos dice que no sabe lo que es ni qué le podemos dar para comer.

Me planteo si arrojarlo a un contenedor o qué hacer con él, puesto que no era humano, pero temo que me descubra la policía (tal y como sucede con algunos fetos abandonados) y decidimos mantenerlo oculto en una especie de cueva que existe en un anexo de nuestra casa.

El caso es que  mi mujer le coge mucho asco y al final soy yo el que tiene que alimentarlo con pollos.

Todo el sueño transcurre en una enorme angustia porque no sé qué hacer con él, cómo alimentarlo ni cómo deshacerme de él. También me planteo el aspecto moral de la cuestión, lo que me lleva a un estado de intensa ansiedad. Entonces me despierto.”

Interpretación.-

Lo primero que llama la atención es la similitud entre el mito griego y el sueño particular del Sr X. Evidentemente no son del todo iguales y no es de extrañar porque el mito también tiene diversas versiones, añadidos y distintos desenlaces. Lo que importa desde este punto de vista es el parecido, el tema.

Lo similar resuena con lo similar.

¿Cómo puede haber tanto parecido entre un sueño particular y un mito griego de hace más de 4000 años?

Para entender este vínculo habremos de plantearnos qué y como nació el inconsciente humano; más que eso: dónde se encuentra ese inconsciente y cómo accedemos a él.

Aunque la idea del inconsciente es hoy en día aceptada tanto por psicólogos de distintas orientaciones como por todos los neurocientíficos, hay que hacer notar que desde su nacimiento ha seguido un largo y tortuoso camino. Tan largo y tortuoso como algunas buenas  ideas de Sigmund Freud que terminaron por abrirse paso milagrosamente en un mundo científico que siempre renegó de él de una pieza.

Lo cierto es que la mayor parte de nosotros estaríamos dispuestos a admitir que el inconsciente es una parte de nuestros recuerdos que no son accesibles a la conciencia; se trataría de una memoria latente o quizá secuestrada por la represión. Los neurocientíficos más reduccionistas han terminado por admitir que el inconsciente existe y le sitúan en el cerebelo, una extraña formación en la base del encéfalo que tiene una complejidad neuronal endiablada para ser un simple administrador de nuestra posición en el espacio.

En un post anterior ya escribí sobre las diferencias que existían entre la forma en que los neurocientíficos convencionales se imaginan el inconsciente y la forma en que los psicoanalistas lo hacen. Es evidente que el inconsciente freudiano poco o nada tiene que ver con la memoria procedimental que disponemos para hacer conscientes determinados algoritmos (secuencias) sobre movimientos determinados aprendidos previamente.

Pero ambos están de acuerdo en algo: el inconsciente es memoria, por tanto es algo que debe estar disponible en los cerebros humanos, como los recuerdos que evocamos a veces con algún esfuerzo y a veces sin él. Ellos teorizan que algunos recuerdos son de alguna forma irrecuperables, sobre todo aquellos que se grabaron en nuestro disco duro antes de que cognitivamente pudiéramos ponerles etiquetas.

De manera que la metáfora del ordenador sigue siendo la preferida tanto para unos como para otros; en este sentido el inconsciente sería aquella parte del disco duro no accesible a la conciencia por alguna razón particular.

Pero ¿es así? ¿nos podemos dar por satisfechos con esta explicación, un tanto determinista sabiendo como sabemos que el cerebro no es un ordenador digital?

La segunda cuestión que nos puede llamar la atención tanto del mito de Minos y Pasifae como el sueño del Sr X es su absurdidad, su temática fantástica, su inverosimilitud y la escasa probabilidad de que cosas así sucedan en la realidad.

Y es precisamente de esta inverosimilitud de donde extrae el mito toda su potencia comunicativa: en un sistema abierto la mayor información procede de la configuración más improbable (G. Cullmann, M. Denis-Papin y A. Kaufmann, 1967).

Del mismo modo que la electricidad precisa para fluir una diferencia de potencial, la información lo hace de lo más improbable y más alejado del equilibrio hacia lo más probable y cercano al equilibrio, del desorden al orden.

Tal y como enseñan en todas las facultades de periodismo, lo que le da a una noticia su carácter de noticia (novedad) es su extravagancia, su excepcionalidad. La rutina de la vida cotidiana nunca es noticia porque su configuración es probable y por lo tanto mantiene un equilibrio que está muy alejado de las condiciones de desequilibrio que gobiernan las noticias y el interés de los lectores de periódicos.

En ese sentido los mitos podrian ser entendidos como noticias que proceden de un tiempo y un lugar indeterminados -noticias del origen- que, aún sabiendo que son mentiras que nunca ocurrieron en la realidad, poseen un poder de penetración -de resonancia- precisamente a causa de su poder de informar sobre algo.

Pero antes de averiguar sobre qué informan los mitos (o los sueños) tenemos que averiguar cómo nació el inconsciente.

No cabe ninguna duda de que el inconsciente fue el subproducto de distintos repliegues y torsiones de la conciencia humana. En un momento determinado de la evolución del Sapiens, hubo algo que fue declarado ilegal o prohibido. La mayor parte de los antropólogos, psicoanalistas y estudiosos de la conciencia creen que lo que fue declarado ilegal fue la sexualidad y también el homicidio tal y como dice Bataille porque:

Fue necesario limitar el goce sexual (y el de dar muerte) en las comunidades primitivas para hacerlas ordenadas y laboriosas.

Naturalmente la que fue declarada ilegal fue la sexualidad de la mujer, no cualquier sexualidad puesto que el control masculino de la sexualidad femenina fue mayormente puesto de manifiesto en el momento en que los varones entendieron que su participación en la fecundación era necesaria. Es por eso que algunos autores proponen que el conocimiento de la filiación paterna supuso un giro decisivo para la condenación de la sexualidad (libre) al sótano de la historia humana.

De lo que se trataba era de controlar la sexualidad femenina que desde entonces se consideró lasciva, peligrosa, devoradora (belleza atroz) para los planes de los hombres que eran en definitiva los que transmitían el patrimonio familiar, algo que se consolidó con la aparición de la agricultura y la acumulación de excedentes y propiedades.

Dicho de otra manera: el Minotauro es el subproducto del pecado (la trasngresión) de Pasifae, su pecado de bestialismo. Más allá de eso: el Minotauro es Pasifae misma, la mujer, el Dragón, la serpiente (en otras mitologias).

El inconsciente es pues información que activa algo que se encontraba hasta ese momento latente -en este sentido el mito de Minos y Pasifae- activa el  sueño del Sr X que, por cierto, sospechaba que uno de sus hijos no era suyo y es por eso por lo que resonó con el mito concreto del Minotauro y no con otro. En este sentido podríamos decir que el mito había reactivado sus temores sobre la filiación de sus hijos.

Algo que curiosamente no necesita de un conocimiento previo del mito. El Sr X tuvo el sueño que he relatado sin conocer una palabra de mitología, lo que viene a señalar en la dirección de que existen formas de trasmisión del conocimiento que no pasan por los sentidos ni son aprendizajes convencionales: se trata de un saber que se activa y desactiva y que contiene información sobre algo que en ese momento resuena con el sujeto.

Es necesario entender además ago más sobre el concepto de información para entender las configuraciones que toman aquellas cosas que logran comunicar algo y que no son materiales, como un mito en este caso.

La información no es materia y en cierto modo tampoco es energía pero la podemos considerar como un submenú de la energía: se trata de una forma de energía que no se degrada. Y no lo hace porque permanece casi siempre estable, es decir, en estado latente. Para que un sistema informe sobre algo es necesario que se encuentre bien lejos de las condiciones de equilibrio, es decir, debe de poseer cierta entropía negativa. Es precisamente esa entropía negativa de donde procede su poder de informar. Dicho de otra manera: neguentropia (desorden) e información son la misma cosa; en el momento en que el sistema llega a un estado de equilibrio desaparece la información.

Y una de las formas en que la información contacta con un receptor biológico es a través de la resonancia que es la condición para que la información transcurra desde un emisor hasta un receptor.

No cabe ninguna duda de que el Sr X debía resonar con este mito puesto que su problemática personal iba en la misma dirección que el mito señala: una transgresión femenina. Y es por eso que soñó ese sueño.

Lo que nos lleva hacia la pregunta fundamental que guía este post. ¿Entonces el inconsciente y por supuesto los sueños no están en  el cerebro?

No me cabe ninguna duda de que eso que llamamos inconsciente no habita en nuestro cerebro sino -digámoslo asi- en la cultura y en sus discursos de poder, en sus discursos normativos (aqui hay un post que habla precisamente de qué cosa en un discurso), esa especie de entramados donde habitan significantes y significados sancionados por la costumbre y los consensos.

Con respecto a si existe un inconsciente personal, yo tengo la impresión de que si existe alguna versión individual de este constructo no tiene nada que ver ni con el modelo freudiano ni con el neurobiologico y lo considero como una especie de bombero del hipocampo que no da lugar a los mismos tipos de sueños como los del Sr X: los sueños arquetípicos  nada tienen que ver con los sueños vulgares que soñamos la mayor parte de las veces todos nosotros y que se alimentan de cadenas redundantes que buscan ser expulsadas de la memoria.

En este sentido, es muy posible que en el sueño exista un doble procesamiento de información, una que procede del interior y que trata de evacuarse (retornar al equilibrio perdiendo entropía) y otra que conecta con esa base de datos externa donde se encuentra el inconsciente propiamente dicho que, si informa de algo, es porque se encuentra en situación de entropía negativa y que tanto se parece a un mundo subterráneo, a un mundo en penumbra y prohibido.

Quiza no sea baladí contar cómo terminó la historia del Minotauro porque contiene en su resolución una clave esencial de los repliegues de la conciencia humana:

Cuando Teseo dio muerte al Minotauro gracias a la ayuda que le prestó Ariadna, ésta le recordó la promesa que le había hecho: a cambio de su ayuda Teseo debía llevarla consigo al partir.

Así fue, Teseo navegó con ella rumbo a Naxos, donde la abandona a su suerte.

La tercera parte del mito habla del intento de suicidio de Ariadna y cómo posteriormente es rescatada por Dioniso -rescatador de mujeres- que acaba llevándosela con él al Olimpo.

Pero me interesa detenerme en la segunda parte que es el éxito de Teseo -el poder masculino- sobre el monstruo gracias a alguien que le sostiene el ovillo (es decir gracias a las sutilidades de una mujer) y cómo este traiciona de nuevo a su amante y la abandona, una forma de decir que la masculinidad del héroe sólo puede presevarse si se distancia de todo lo femenino que hay en él.

El Sr X no terminó de resolver sus dudas sobre la paternidad de uno de sus hijos pero acabó divorciándose de su mujer, y hasta donde yo conozco la historia se buscó una mujer unos veinte años más joven que él con la que tiene otros dos hijos.

El orden se impone sobre el caos, lo masculino sobre lo femenino.

Asi se fundó lo humano. Es natural que la gente tenga tanto miedo a su inconsciente y que mas allá de eso las enfermedades mentales sean irrupciones del inconsciente y del caos en la conciencia. Es la venganza del Minotauro, la venganza del toro.

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7 pensamientos en “El inconsciente: una reconceptualización

  1. Interesantísimos paralelismos entre inconsciente, lo femenino y el mito… ¿será por eso que somos más intrincadas?…
    Es evidente que todo héroe encuentra una Ariadna en cada tramo de su trayecto…
    Buenas también, a propósito del mito, las versiones de Borges (La casa de Asterión) y de Gide (Teseo).
    Este blog también tiene algo como de viaje…
    Aplausos y vuelta al ruedo 🙂

  2. Paco, buscando información acerca de los efectos que tendrá el Benzetacil en mi teniendo psoriasis me encontré tu blog. Estoy absolutamente maravillado con tus escritos. Claramente llevas varios años escribiendo y tendré para mucho tiempo de aprender gracias a ti. Mi post va a que si existe alguna forma de descargar tus escritos ya que tendré que viajar a zonas remotas de mi país (Colombia) en donde no tendré internet pero si tiempo libre y deseo leer TODO lo de esta página. Te agradezco de antemano por la atención prestada y, de ser posible, por la colaboración con los escritos. Me puedes escribir a cavorka216@hotmail.com

  3. Pingback: El trauma del nacimiento « neurociencia-neurocultura

  4. ¿Los padecimientos mentales ” enfermedades mentales” se deben o se encuentran en el inconsciente del hombre?, si es así, ¿cómo se los puede curar?, cuando el paciente no acepta que está enfermo y no quiere curarse, ¿cómo se puede enseñar a conocerse a si mismo? sino tiene la voluntad propia de hacerlo. El alma humano he escuchado que es lo que nosotros llamamos inconsciente, la parte espiritual de cada persona que se encuentra dormida, que constituye el 97% de la capacidad humana. Existen estudios respecto a este tema, y en que libros se los consulta públicamente y gratuitamente.

  5. Me ha extrañado que este post tenga tan pocos comentarios porque si hay alguno que habla de algo de suma actualidad es precisamente éste.

    La capacidad del mito de dar pie al debate sobre todo lo humano es algo que no ha perdido con el paso del tiempo. Los mitos siempre son interpretables, hay mitos antiquísimos sustentados sobre arquetipos de la humanidad y otros de segundo grado desarrollados con el nacimiento de la literatura. El mito del Minotauro pertenece al primer tipo y ciertamente se sustenta sobre un arquetipo que habla directamente al inconcsciente de la comunidad donde se representa o es leído. El Minotauro señala la Bestia a la que hay que doblegar para poder saltar hacia el inicio de la sociedad occidental. Cuando se doblega la sexualidad femenina es cuando entra en funcionamiento la sociedad patriarcal frente a los matriarcados que regían las comunas de humanos ancestralmente.

    El hombre se compromete en esfuerzo, dedicación, y defensa de la mujer y su prole cuando se asegura que la descendencia es suya. A partir de aquí surge la primera institución política reglada por normas que es la familia- no estoy hablando desde un punto de vista religioso sino desde una orientación puramente lógica y analítica. Como dice Miguel Angel Sánchez- Quiñones, el anima femenina serían los ingredientes de la paella, y el animus masculino serían las reglas o normas para hacer esa paella. Ambos elementos sumamente necesarios pero que entran en juego dentro de la civilización a partir del patriarcado, sólo en el momento en que MINOS contruye el laberinto donde PASIFAE debe esconder al MINOTAURO a cambio de realizar el sacrificio de entregarle jóvenes o descendientes reconocidos por vía materna y no por vía paterna.

    En la sociedad actual es justamente esto lo que se está dirimiendo, ¿ podemos sacar al Minotauro ? ¿ Una vez fuera, cuáles son las consecuencias ? ¿ Puede haber un nuevo orden regido por reglas sin que el hombre pueda tener implicación y responsabilidad en su paternidad ?… Las preguntas pueden continuar en esta línea lógica, en busca de una solución adecuada sin necesidad de Teseos y Ariadnas abandonados cada cual a su suerte en distintas islas.

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