Metacognición y empatía


Round, like a circle in a spiral
Like a wheel within a wheel.
Never ending or beginning,
On an ever spinning wheel
Like a snowball down a mountain
Or a carnaval balloon
Like a carousell that’s turning
Running rings around the moon

(The windmills of your mind, BSO “El caso Thomas Crown”

Confieso que este post me ha sido inspirado por algunos comentarios vertidos en mis últimos y polémicos posts acerca de la conciencia y la inteligencia artificial y mi defensa de la hipótesis de Penrose de que algunas prestaciones de nuestra mente no son computables.

Y que me han recordado esta canción acerca de molinos y de mentes y del cómo el lenguaje nos apresa a veces en una especie de enmarañamiento cuántico, por supuesto.

Y nombro la palabra cuántica porque he observado que es muy polémica, tanto es asi que mereceria otro post por si misma, esta vez con intención psicológica e interpretativa sobre aquellos que parecen tener horror frente a esa parte de la fisica.

En ellos -me refiero a mis comentaristas- he llegado a entrever algunas posiciones sobre la mente que no me gustaria pasar por alto y sobre las que volveré más abajo. Es por eso que me propuse escribir algo sobre la metacognición, una propiedad de nuestra conciencia (humana me refiero) que algunos llaman teoria de la mente. Y que no debe confundirse con un modelo fijo sobre la misma, la teoria de la mente o metacognición se refiere a la capacidad -al parecer innata- de los humanos de atribuir pensamientos o estados mentales a cualquier otra persona o entidad.

En este sentido la palabra “teoría” es equivalente a conjeturar algo acerca de las intenciones, emociones o pensamientos de otro, tal y como dice la wiki, la teoria de la mente es la posibilidad de advertir o “leer” en la mente de otra persona o entidad. Y hacerlo además a distancia, es decir sin contacto entre el observador y su observado.

Una de las prestaciones más conocidas de la teoria de la mente es el aprendizaje por imitación que se encuentra presente en todos los mamiferos y aves y que acaece gracias a lo que los etólogos llaman impronta (Lorentz 1935).

Otra de las prestaciones de esta singularidad es el desarrollo de lo que se conoce con el nombre de empatía, una capacidad cognitiva a través de la que podemos saber -por aproximación- lo que un individuo diferente a nosotros puede sentir y hacernos -a su vez- sentir. Una capacidad humana que nos hace ponernos en el lugar del otro y que Freud y el psicoanálisis  llamaron identificación.

La empatía es pues el efecto retorno de una “teoria de la mente” eficiente y bien establecida.

Al parecer el origen biológico de estas prestaciones, tanto de la imitación como la empatía y el desarrollo posterior de una “teoria de la mente” compleja se encuentra en las neuronas espejo descritas en sucesivos tiempos por Rizzolatti y más tarde ampliadas por Ramachandran.

Tener una teoria de la mente parece pues algo vinculado a la conciencia aunque el término conciencia no sea un atributo exclusivamente humano, lo que es lo mismo que admitir que existe conciencia y mente en todo el reino animal, o que admitir que la conciencia es una cuestión de grado. Pues incluso en los simios podemos observar ciertas condiciones autoconscientes tal y como vemos en los humanos e incluso algunos han descrito que los elefantes poseen una cierta “conciencia espiritual” que les lleva a reencontrarse con sus parientes fallecidos y “visitarles” de vez en cuando en sus cementerios.

Sin embargo la atribución de estados internos a otros (teoria de la mente propiamente dicha) parece ser una caracteristica exclusiva de la conciencia humana. Y parece tambien algo innato que precisa ser activado. Y lo es usualmente a través del contacto, fisico, verbal, prosódico y gestual que se realiza entre progenitores e hijos. Está demostrado y es muy bien conocido el hecho de que sin esa estimulación los niños no desarrollan los primeros estadios de la “teoria de la mente” y sufren graves perturbaciones por esta causa. “El pequeño salvaje” de Truffaut es una buena apología -cinematográfica en este caso- de lo que puede conseguirse  a través de la educación en su acepción extendida.

El estilo de crianza es pues una de las causas mejor conocidas -a través de la deprivación afectiva- que impide la activación de eso que llamamos metacognición.

Pero existen otras causas que aun nos son desconocidas y que no parecen depender de la deprivación en sí misma, en un extremo se encontrarían los llamados trastornos del espectro autista que reclutan variedades distintas de perturbaciones que se caracterizan en general por una incapacidad en estos niños afectados de establecer contactos significativo con sus cuidadores o bien lo establecen de una forma muy bizarra o fragmentaria. En el otro extremo del segmento se encontrarían aquellas personas que desarrollaron una correcta “teoria de la mente” y luego la perdieron a consecuencia de una enfermedad degenerativa, la enfermedad de Alzheimer es un buen ejemplo de ello junto con el grupo de las demencias.

Y entre ambos extremos se encontraría casi toda la patología psiquiátrica: por una parte la esquizofrenia que supone una perdida no total de esta capacidad metacognitiva pero si al menos una disfunción cualitativa en la atribución de significados en el otro, seguida de cerca por las psicopatias que parecen afectar a la empatía en el sentido de que el otro se vive sin “una teoria de la mente propia” como si fuera un ser inanimado como si fuera incapaz de sentir dolor, o cualquier estado que el observador puede inducir. Es por eso que los psicópatas carecen de compasión, uno de los sentimientos derivados de la empatia que es a su vez uno de los inhibidores mas potentes de la agresividad. Sin empatía y sin compasión es imposible regular la agresividad propia.

Lo que nos lleva a otra cuestión: al parecer, en los humanos al menos, la empatía, la capacidad de establecer una “teoria de la mente” es seguramente el mejor  modulador de la respuesta emocional. Es, en tanto que sabemos o sentimos que podemos hacer daño, la mejor forma de inhibir nuestra tendencia a hacerlo si es que albergamos esa tendencia, puesto que es muy probable que la tendencia agresiva y la “teoria de la mente” sean cosas distintas aunque relacionadas o enmarañadas.

Lo cierto es que la gente que tiene una débil estructura en su “teoria de la mente” son personas que necesitan autoregular sus emociones a través del contacto fisico, algunos a través de las peleas y otros a través de la proximidad e incluso de la intrusión fisica. La mejor forma de detectar disfunciones en la empatía es observar a nuestro interlocutor cuando le hablamos, si necesita demasiada proximidad, si quiere pelea o pretende discutir, si nos toca demasiado ya sabemos que esa persona tiene una disfunción en su empatía, me estoy refiriendo a las personas normales que presentan pequeñas disfunciones en su “teoria de la mente”.

Es decir existen pequeñas disfunciones de esta capacidad metacognitiva que no son patológicas pero que señalan en la dirección de un disturbio en su despliegue. Del mismo modo que existe una conciencia en expansión, la “teoria de la mente” es tambien un proceso dinámico que obedece a leyes que hacen tender a los implicados en una espiral de complicidad, la comprensión intuitiva del otro y la epoché, esa forma de eludir conflictos derivados de los enredos del lenguaje que parece presidir las cogniciones de las personas que han alcanzado una conciencia elevada.

spiral-dynamics

En realidad la empatía es un fenómeno que deriva de la imitación o mejor del aprendizaje por imitación. Consiste en desdoblar lo que se vió y construir con esos materiales lo que uno es o hará, algo muy parecido a lo que hacen los bailarines mientras diseñan una coreografia ante el espejo. Algo asi como si pudiéramos introducir en nuestra mente patrones de movimiento que hemos observado en otros. Sin embargo una vez establecido este patrón la empatía parece comportarse de un modo bastante distinto al del aprendizaje por imitación. Lo que hacemos a través de ella es “adivinar” o “intuir” qué es lo que siente el otro. ¿Como se puede producir este fenómeno que parece ser el opuesto al anterior?

Cuando se establecen -a través de las neuronas espejo- estas duplicaciones especulares lo que el niño está construyendo es en realidad la base de la conciencia auto-referente, una conciencia que se sabe a si misma. De una parte el niño tiene que aprender por ejemplo a andar, un aprendizaje que en principio es consciente para más tarde constituirse en la memoria procedimental como algo inconsciente. Usted cuando anda, lo hace de forma automática sin pensar en la enorme cantidad de movimientos coordinados que esta poniendo en juego, pero hubo un tiempo -mientras usted aprendía a andar- en que ese aprendizaje fue consciente, dirigido por su corteza cerebral, su voluntad consciente. En la actualidad esos algoritmos -que Llinás llamó PAFs (o patrones de acción fijos) ya no se encuentran en su corteza cerebral (aunque pueden invocarse conscientemente) sino en su cerebelo, ese gran disco duro de algoritmos o de aprendizajes invariables.

Pero hay algo que sucede de forma paralela o simultánea a este aprendizaje algorítmico, me refiero a que cuando usted anda sabe además que esta andando, cuando bebe sabe que está bebiendo y cuando come sabe que está comiendo. Se trata de un conocimiento bien distinto a los aprendizajes algoritmicos que usted pone en marcha para andar, beber o comer.

Este doble conocimiento implica un doble procesamiento de datos: por un lado aquellos que nos hacen andar y por otro la capacidad de saber que se está andando, su comprensión. En mi opinión este doble procesamiento es el subproducto de la adquisisión de una “teoria de la mente” y es precisamente el accidente que sufren los autistas por ejemplo, incapaces -por razones desconocidas- de activar esta potencialidad.

Dicho de otra manera existe un paralelismo obligatorio entre la adquisición de una conciencia a escala humana y la “teoria de la mente”.

La empatía procede pues de este doble procesamiento que da lugar a la recursividad de la conciencia.

Decir conciencia humana es decir empatía o lo que es lo mismo comprensión del semejante.

Pero entonces ¿por qué existen seres humanos que son incapaces de llegar a sentir esta empatía, por qué algunos humanos son tan inválidos para este menester?

Existen más explicaciones para entender este fenómeno que el contrario y voy a referirme al constructo freudiano del narcisismo, la otra fuerza en juego, el amor a sí mismo.

El narcisismo es lo opuesto de la empatía.

El narcisismo -sin entrar en sus definiciones psicopatológicas- puede entenderse como una forma de egocentrismo en la que el individuo presenta una enorme expansión o hiperdesarrollo de su Yo, de sus convicciones y de su autoestima. El individuo narcisista está apegado fuertemente a sus ideas, su escala de valores y a una, a veces patética, convicción de que su valor excede al del resto de personas que le rodean.

Si en algunas personas superempáticas nos encontramos con déficits en su autovaloración no debe llamarnos la atención pues las personas menos narcisistas suelen ser las mas empáticas  y las que mejor adivinan los estados internos ajenos) , mientras que las más narcisistas son menos empáticas probablemente por el uso que hacen del mecanismo de proyección.

El mecanismo de proyección -descrito tambien por Freud- es aquel mecanismo que hace el camino opuesto a la empatía. En realidad lo que hace es sacar afuera algo -intolerable para el Yo- que está adentro, en forma de atribución a otros de estados deformados que en realidad corresponden a uno mismo.

Pero aun nos queda otro misterio por resolver: ¿qué hace que una persona tenga empatía, además de ese antinarcisismo natural?

La empatía no es sólo la capacidad de reconocer estados mentales en otros sino sobre la capacidad de resonar con ellos. La empatía tendría como ya adelantó Damasio un marcador somático, que se activa mediante la observación del otro. Si podemos reconocer estados mentales en nuestro prójimo es porque somos capaces de reproducirlos en nosotros mismos.

Y eso sólo es posible mediante la comprensión.

Y tanto el uno como el otro (empatía y proyección) operan a distancia, no es necesaria la proximidad entre los sujetos implicados, lo cual nos lleva al menos a acariciar la idea de que la mente es algo que desborda los limites del cuerpo y que pone en cuestión las ideas mecanicistas que tratan de entender cerebro y mente como algo material que puede ser descrito con las precisas reglas fisicas o quimicas de la ciencia clásica.

La idea de resonancia nos obliga a escarbar en las teorias fisicas que puedan explicarla y aqui viene la mala noticia para algunos de mis lectores: habrá que apelar a la cuántica no ser que alguien proponga algo mejor.

En el otro extremo están los que seguramente dirán que la teoria de la mente no existe pues no puede probarse su existencia y que nos retrotraen a Descartes cuando sacó a empujones la mente -por intangible- del estudio cientifico.

Asi seguimos, para algunos la mente simplemente no existe o es algo para dudar y que induce a errores y a ilusiones y para otros es un subproducto de la acción cerebral sin más como la orina es al riñón.

Pero algunos pensamos que sí existe -aunque no existe mente sin cerebro- y que lo que hay que cambiar es de paradigma cientifico: inventar una “ciencia de la conciencia” que haga encajar lo que ya sabemos en una teoria de la mente nueva.

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21 pensamientos en “Metacognición y empatía

  1. Una pregunta impertinente y a lo mejor fuera de lugar. ¿Lo cuantico entonces serviria solo como explicación de la cociencia humana o podría aplicarse también al funcionamiento animal?. Es que me parece que hay primates que son conscientes de si mismos, por experimentos con espejos…..

  2. Muy interesante, aunque no acabo de entender el argumento de que el hecho de que la mente se reorganice a partir del exterior y a distancia (ejemplos, empatía, resonancia; pero otros: la visión, la audición) necesite de mecanismos cuánticos para explicarse y deslegitime los modelos clásicos. La resonancia en principio no debería ser cualitativamente tan distinta al efecto postraumático (percibo visualmente un estímulo, y asocio por similitud o contexto a otro traumático vivido, y emocional y cognitivamente reacciono a ello; reproducible en un perro) sólo que más sutil, más amplia, más compleja, involucrar más niveles de información/vivencia que la amenaza. Un saludo.

  3. Gustavo no acabo de entender eso del efecto postraumatico o que tiene que ver con la resonancia.
    Para mi el misterio de la empatia es como puedo meterme dentro mio un afecto que es de otro. Por ejemplo un amigo pierde a un hijo y tu sientes en ti mismo su dolor y sabes además lo doloroso que esta siendo para él. Este tipo de empatia puede entenderse pensando que es una especie d eproyección del dolor que sentiriamos nosotros de estar en esa misma situación. Pero entonces aparece otro problema ¿es que basta pensar en algo para que aparezcan sus consecuencias?
    ¿Como explicar la resonancia?.

  4. Bueno, la idea es que creo que uno no accede exactamente al afecto de otro, sino a una simulación (más o menos parecida); yo no siento SU dolor, siento una aproximación mía a su dolor. Es información externa que me reactiva a mí, como reexponerme a un estímulo externo asociado al que causó trauma en el pasado me reactiva mi reconstrucción presente de lo sucedido (no me retraumatizo, sino que reconstruyo lo vivido, y a veces con no mucha precisión), pero no sé porqué ha de explicarse físicamente de una manera distinta. Lo que quiero decir es que en la resonancia empática no creo que se transmita la experiencia misma en sí, sino mi representación (reconstrucción) interna de lo que sucede.

    “Studies that examine how people respond to watching others in pain reveal brain activation in areas associated with the emotional content of pain but not with the pain itself (Danziger, Prkachin, & Willer, 2006; Morrison et al., 2004; Jackson, Meltzoff, & Decety, 2005; Singer et al., 2004). Thus when we empathize we are simulating some aspects of another’s experience within ourselves but not all aspects, as we are not experiencing the pain (Preston & de Waal, 2002; Singer et al., 2004). Observing and watching others in a particular emotional state automatically activates a representation of that state in the observer, with its associated autonomic and somatic responses (Preston & de Waal, 2002). This process can be activated through actual observation, listening to stories, visualizing, or imagining various scenarios (Danziger, 2006; Jackson & Decety, 2004)”
    Empathic resonance: a neuroscience perspective. Watson y Greenberg, 2009, en The social neuroscience of empathy, MIT, 2009.
    No es pedantería, es que parece más o menos sensato, y realmente me gustaría entender qué aporta lo cuántico diferencialmente a la empatía (sigo tus entradas, y admito que a veces me queda grande y no lo pillo del todo, pero realmente es un tema curioso).
    Un saludo

  5. Muy interesante tu aportación, en realidad esa es la hipótesis psicoanalitica (Ah Freud!). Viene a decir que si podemos empatizar con el dolor de otro es porque nosotros tenemos una experiencia similar en nuestro pasado. Pero ¿como empatizar con lo nuevo, con aquello de lo que no tenemos rastros mnésticos?

  6. ¿Por qué hay un misterio mayor en la empatía que, por ejemplo, en la imaginación?

    Yo puedo imaginarme perder un hijo y sufrir mientras imagino eso. Los niños a menudo se imaginan la muerte de sus padres,…

    Puedo, ahora, estudiar el mecanismo por el que la muerte del hijo de mi amigo activa el resorte de imaginarme en esa situación.

    Un niño autista (creo) puede imaginarse la muerte de sus padres como ejercicio intelectual, pero tal vez no sienta la muerte. Tampoco sentirá la empatía por la muerte de los padres de otro niño.

    No estoy proponiendo nada, que no sé de psicología. La pregunta es cándida y sincera.

  7. Personalmente no me satisface Jose Luis, la idea de que la empatia surja de la identificación con un dolor que se pudo sentir o imaginar. Creo que la empatia es algo mucho más profundo y de largo alcance que esos ejemplos que tambien puso Gustavo, las personas empáticas suelen tener evidencias a distancia de lo que otros -vinculados con ellas- están sufriendo.
    Hay algo en la empatía que vas más allá de la simulación de un estado mental tal y como ya alguien propuso.
    Del mismo modo la imaginación tiene tambien caracteristicas parecidas, pero nadie que no esté perturbado sufre por sus imaginaciones.
    Por otra parte dudo que un autista pueda imaginar la muerte de sus padres, aunque depende del grado claro y eso abre otro debate y otra olla: si la imaginación y la empatia están relacionadas.

  8. Si no me falla la memoria, creo que hay casos reportados y constatados de gemelos que, estando a distancia, uno p.e. se quemó (recuerdo haber leído el caso de dos gemelas, creo que de UK) y a la otra, desconocedora del suceso, le salió un eritema en el lugar donde la otra se había quemado. ¿Cree que eso también es una conexión a distancia para la que no hay -de momento- explicación newtoniana, o se trataría de otro tipo de fenómeno aún poco estudiado?

  9. pacotraver:

    Gracias por la respuesta. Yo, a veces, me imagino (cosas de la mente) que algo malo les pasa a mis hijas y sí, sufro. No tanto como si pasaran de verdad, claro.

    Ana di Zacco:

    Yo también he leído cosas así. Nunca les doy crédito porque nunca están bien documentadas. No debemos buscar teorías o explicaciones para hechos de los que no tenemos constancia.

  10. Ana di Zacco, pacotraver:

    ¿Estáis proponiendo que demos pábulo a afirmaciones hechas por los charlatanes parapsicólogos? ¿o por el mentiroso de Uri Geller? ¿o el ingenuo de José María Íñigo?

    Por cierto, en el vídeo del enlace de pacotraver no hay nadie levitando. Solo una persona sentada sobre una plataforma sujetada a un palo. La plataforma la tapan los ropajes y no se ve, pero la presencia del palo es suficiente para afirmar que no hay levitación.

  11. Yo creo Jose Luis (y te lo digo sin acritud) que deberias volver a leer ese post, pero esta vez hacerlo con las gafas simbólicas -que sueles llevar- quitadas. Y verás entonces que si pongo ese video es para ilustrar el ilusionismo de un fenomeno. y si lo lees otra vez verás (no se porque usas el plural porque lo he escrito yo solo) que se trata de un post sobre epistemología de lo inexplicable.
    Yo no se si Uri geller era un charlatan o no, y de Jose Maria Iñigo solo conozco su bigote, pero no se de donde has sacado la anti-idea de que lo que sucedió en aquel programa de televisión fue un acto de ingenuidad.
    ¿Y si un dia te quitarás tus gafas y te pusieras las gafas de la epoché?
    (la actitud de no juzgar, solo mirar)
    La suspensión del juicio. Es un ejercicio interesante creeme.

  12. pacotraver:

    No me he metido con las ideas del post, que he leído, pero no me juzgo experto para criticar cosas de psicología. Mi último comentario iba dirigido a los últimos tuyo y de Ana, de ahí el plural. Sólo me he metido con la superchería de los Uri Geller y parapsicólogos. Como buen científico que quisiera ser, intento no tener prejuicios y sí tener la mente abierta, tanto para que entren las buenas ideas como para que salgan las malas. Las parapsicólogas son muy malas.

    No sé qué es la epistemología de lo inexplicable. ¿Qué es lo inexplicable? Dirás no inexplicado.

  13. Muy interesante el post y el tema de la empatía. Creo que es posible, efectivamente, intuir por empatía estados de los que no se tiene experiencia propia, es decir, que se trata de comunicación y no solo de re-presentación de algo propio semejante al mensaje externo. Prefiero no entrar, sin embargo, en la polémica mente-cerebro, de momento me quedo con el fenómeno (curioso).

    Por cierto, precisamente estoy leyendo el libro de Marco Iacoboni sobre las neuronas espejo 🙂

  14. La empatía me ha dado más de lo que pensé que m podría quitar. M e he abierto a comprender los por qués de personas q puedn pasar por personas de poco interés, o sufridoras por sus circunstancias y de otras muchas y lo q he recibido a cambio es una apertura que puede abarcar totalmente a esa persona y su mundo. A veces uno se dedica a estudiar la mente , a concentrarse en emditacion, a ser muy eficaz en la vida cotidiana, pero luego si no tienes empatia y como recomienda el budismo, la compasion resulta q no estás completo, no t sientes al cien por cien, no sientes esa palabra q alos hombres a veces nos cuesta pronunciar y q es parte tambien del ser vivo q es el amor. Claro q a distanncia uno se la juega, pero uno tiene q atenerse a lo q siente y entiende q le están comunicando. Y el error es poco comparado con los aciertos, mira las poesias. A veces uno piensa “no conozco ni el timbre de voz de ésta persona ” pero sin embargo puedes sentir lo q le está ocurriendo, como ud. dice puede ser por comparacion, pero no sé cuan amplia es la gama de matices de los sentimeientos q se pueden experimentar con respecto a las circunstancias, igual tenemos unas cuantas para todas las posibilidades, o según una persona sea mas sensible con su mundo interior puede abrirse a mas posibilidades.

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