La manada egoísta y el síndrome de maripili


WD Hamilton fue un etólogo precursor de la sociobiologia de Wilson e inventor de una nueva disciplina que conocemos hoy con el nombre de psicologia evolucionista o darwiniana que, a su vez, ha tenido mucha influencia en las conceptualizaciones modernas en neurociencias, sobre todo en lo que respecta a conceptos como territorialidad, conducta sexual, cooperación, agresión y organización social.

En este video hay una buena explicación de qué es la sociobiología.

Entre sus aportaciones, ya clásicas, hay que señalar estas dos fundamentales: sus aportaciones sobre el egoismo/altruismo que más corrientemente se conoce como la regla de Hamilton, una sencilla fórmula matemática que explica -en parte- el éxito evolutivo del altruismo y permite calcular la toma de decisiones de un individuo a la hora de salvar a otro de la misma especie -con riesgo para la propia vida- y con el que se encuentra emparentado. Hamilton descubrió que la lógica que se imponía en este cálculo de riesgos era el egoísmo genético y aunque hoy su teoria -vista desde el punto de vista del gen- se encuentra muy criticada y en cierto modo superada por las aportaciones de la teoria de los juegos, (vease “el dilema del prisionero“), lo cierto es que nos brindó un punto de vista nuevo a la hora de entender como operaba la evolución a la hora de calcular costos y beneficios.

ñus

Sin embargo una aportación de similar importancia a su teoria explicativa acerca de la persistencia del altruismo, es su conocida teorización sobre la geometria de las manadas. Intuyó que en las marchas nomádicas de ciertos rebaños de herbívoros existia un orden casi militar de desfile. Para mí lo importante de su formulación reside en la descripción que hace de los lugares de honor en esa marcha que no son otros sino el centro. La periferia de esta columna es ocupada por aquellos sujetos prescindibles desde el punto de vista del rebaño: los viejos, los heridos, los huérfanos o las climatéricas son los individuos que son desplazados a estos lugares de riesgo y los que pierden la vida con mas facilidad en su trashumancia por las praderas africanas.

Este hallazgo -aunque parezca banal- tiene una enorme importancia en psicologia humana porque entronca con uno de los temores humanos mas conocidos y universales: el miedo a la exclusión social.

No cabe ninguna duda que el miedo a la exclusión social es un temor que evolucionó conjuntamente con la mayor complejidad de la organización social y que sólo puede darse, por tanto, en especies gregarias, en aquellas que viven en manadas o clanes, cazan y comen juntas y que disponen de ciertas reglas para organizar tanto la alimentación, la crianza y defensa de los cachorros y el acceso a las hembras. Y no cabe duda de que nosotros los hombres procedemos de una estirpe de simios que combinó dos estrategias aparentemente opuestas en tanto en cuanto a la búsqueda de alimento y de caza, me refiero a que somos el resultado de una adaptación a entornos cambiantes, fluctuantes e inciertos que exigían tanto permanecer como explorar. Asentamientos y migraciones alternaron durante eones de tiempo mientras nuestros ancestros buscaban comida, se aseguraban  protección en determinados entornos naturales y constituian entramados sociales cada vez mas complejos hasta la llegada de la agricultura en el Neolítico que revolucionó nuestro sistema social de un modo colosal.

Del mismo modo la protección del clan es necesaria para que los hombres sobrevivieran, es imposible hacerlo en solitario debido precisamente a esta dispersión de los recursos, las escasas habilidades para la carrera y por tanto el escaso éxito predecible para un cazador solitario. Vivir en grupo es para el individuo un seguro de vida, el excluido del grupo estaba condenado a muerte por inanición o a ser devorado por una fiera.

No es de extrañar pues que el miedo a ser desplazado al borde de la manada sea un terror que aun permanece en nuestro imaginario.

Lo que sucede es que nosotros, los humanos disponemos de un registro adicional para enfrentar ese miedo, me refiero a la corteza cerebral que añade y resta condiciones simbólicas a ese “miedo a la exclusión” que en los animales es muy fácil de definir pero no tanto en los humanos por nuestra capacidad casi infinita de construir símbolos y analogías.

Para nosotros los humanos “ser excluido de la manada” tiene prolongaciones semánticas alguna de ellas tan alejadas de su propósito inicial que resultan casi irreconocibles o imposibles de seguirles el rastro. Sin embargo en otras ocasiones este miedo resulta muy cercano al horror al ágora que en la pradera algunos herbivoros deben sentir cuando son desplazados a la periferia. Me refiero a las minorias étnicas: se sabe que la pertenencia a una de estas minorias favorece el desarrollo de casi todas las enfermedades mentales conocidas, naturalmente me estoy refiriendo a una minoria étnica desplazada de su lugar de origen, condición sine qua non para ser considerada como tal, tambien es sabido que los entornos urbanos propician el desarrollo de enfermedades mentales que no se producirían en entornos rurales. Hay algo en las “diferencias” y en las ciudades que enferma a los hombres y ese algo es el aislamiento, la deprivación social.

Sucede a veces que determinadas conductas apuntan a ese horror primordial aunque de un forma indirecta y velada por los desplazamientos en la cadena simbólica: el lenguaje ha impuesto a los hombres un alejamiento del determinismo puro (esa es su consecuencia beneficiosa) pero al mismo tiempo le ha permitido construir nuevas alarmas que evocan aquel horror a la exclusión -sinónimo de la muerte- y este es su efecto pernicioso. El lenguaje es pues un arma de doble filo: nos aparta del horror por un lado y es capaz de generar nuevos horrores por su propia estructura simbólica que evocan el espanto sin ser él mismo el espanto.

Me referiré pues a uno de los horrores de la postmodernidad: la obesidad y su patologias psiquiátricas, la glotoneria (el trastorno por atracón) y la bulimia nerviosa.

gloton

Ya forma parte del lenguaje coloquial: la ansiedad da hambre.

¿Pero qué relación mantienen entre sí, la ansiedad y el hambre? ¿Puede una persona aliviar su ansiedad con la voracidad?

Habrá que recordar ahora que la ansiedad es la forma humana en que nuestra corteza cerebral (nuestra parte mas inteligente y moderna) despacha los miedos atávicos que son de alguna forma afásicos, es decir carecen de simbolización directa al haber desaparecido la amenaza real que le dió origen. La ansiedad es un miedo difuso, un miedo sin nombre y sin razón, nadie sabe por qué tiene ansiedad. La ansiedad solo puede sentirse y sufrirse, a veces en forma de ataques de pánico y otras veces de una forma persistente, continua y desesperante. La caracteristica principal de la ansiedad es que no puede emparejarse con nada real o actual que la justifique, de lo contrario hablaríamos de preocupación: la forma menor y adaptativa de la ansiedad. La ansiedad se caracteriza por un estado de incertidumbre, por un chequeo de riesgos exagerado, por una evaluación de amenaza que hace nuestro cerebro y de la que nuestra mente no posee noticia, hay algo que se ha disparado en nuestro cerebro sin motivo y que nuestra mente no alcanza a nombrar.

Y entonces las personas hacemos muchas tonterias, una de ellas es ponerse a comer. No es que la comida calme la ansiedad sino que al inventar una conducta de escape obtenemos cierto alivio momentáneo a la ansiedad (hacer algo devuelve al individuo cierta ilusión de control), otras personas recurren al alcohol, otras a las autolesiones, otras a las carreras de fondo, otras a una vida apresurada. Cualquier conducta puede ejercer de ansiolítico segun la habilidad de cada cual para construirse placebos alternativos.

Y asi mucha gente come en exceso no porque tenga hambre sino porque tiene ansiedad.

Lo curioso de esta clase de ansiedad es que sólo se presenta en entornos de opulencia es decir en entornos donde el hambre -por falta de comida- es imposible. Puesto que si no tuviéramos que comer no tendriamos ansiedad sino hambre. De manera que la ansiedad y el hambre son emociones muy curiosas que mantienen entre si curiosas relaciones de vecindad.

La glotoneria es una forma escapista de enfrentar la ansiedad pero tambien es una forma de engordar y engordar es una buena solución para las personas timidas o ansiosas que temen la interaccion con los demás y que sospechan que van a salir mal parados en las comparaciones; como vemos la cosa se complica, no sólo recurrimos a la comida como ansiolitico-placebo sino como una forma de quitarnos de enmedio en los escarceos sociales. Estar gordo es nuestros entornos es poco atractivo y está asociado fuertemente con la incompetencia de forma que la mejor manera de constituirse en una persona poco atractiva es abandonarse a los placeres de la comida, sucumbir a la gula.

Esto tiene poca importancia para los hombres que de alguna manera tienen otros resortes para resultar atractivos pero puede ser letal para la mujer. Una mujer gorda y con poco atractivo se ve impulsada hacia uno de sus atavismos que he nombrado más arriba: el miedo a la exclusión se dispara por el miedo más simbólico de “no resultar atractiva” o “querida”.

Como podemos observar el “ser querida” es un evento subjetivo que entronca directamente con el miedo a la exclusión puramente animal. Asi no es de extrañar que algunas mujeres que sienten que no van a ser queridas (por las razones que sea) pongan en marcha este programa ancestral y se disparen señales de miedo que sentirá como ansiedad y tampoco es de extrañar que comience a comer en exceso tratando de calmarse. Si engorda demasiado recurrirá al vómito o a la conducta purgativa en un bucle sin fin atracón-vómito-restricción o bien desarrollará una complacida obesidad.

Lo que es realmente curioso es el por qué si una mujer teme no resultar atractiva y ser asi excluida tiende a abandonarse a si misma en esa espiral de glotoneria o bulimia. Lo lógico es que hiciera la contrario, es decir disciplinarse para no engordar.

Eso hacen precisamente las anoréxicas, el grupo de mujeres temerosas más disciplinadas y perfeccionistas. Es esta la razón por la que ser bulimica es más fácil que ser anoréxica y es tambien la razón por la que la bulimia recluta entre sus seguidoras a personas más impulsivas e irresponsables que el grupo de sus primas anoréxicas restrictivas que en cualquier caso responden con una estrategia distinta al mismo temor.

Pero es verdad que falta algo: no todas las personas preocupadas por su figura o su destino sexual se convierten en glotonas o en anoréxicas. ¿Qué falta?

Hemos hablado de un miedo ancestral (el temor a la exclusión) y de un miedo simbólico “el temor a no ser atractiva”, tambien hemos hablado de que la ansiedad puede ser combatida con un apetito voraz, pero ¿de dónde sale la ansiedad,  de dónde proceden los disparadores que hacen que una conducta tan disparatada como esta se constituya en el eje de torsión de una persona cualquiera?

Lo que falta es hablar del desamparo, de la indefensión aprendida (helplesness). Un concepto introducido en psicologia experimental por Martin Seligman que investigando con ratas y sometiéndolas a una cierta cadena de observaciones llegó a la conclusión de que podia inducirse en ellas un estado afectivo que tomó como modelo animal de depresión. La indefensión humana no es exactamente igual a una depresión pero seguramente es un estado precursor: significa que la persona ha aprendido que la realidad no va a mejorar a partir de sus esfuerzos, que haga lo que haga las cosas no van a mejorar. El constructo de Seligman es necesario para entender el por qué las personas que temen ser excluidas en realidad se abandonan y no pelean para dejar de serlo, simplemente creen que no van a poder cambiar las cosas y se rinden. Las cosas entonces funcionan asi:

Desamparo+Opulencia=Obesidad

O dicho de otra forma: los gatillos conductuales que llevan a alguien al borde de la manada son culturales y conductuales: vivimos en una sociedad facilitadora de estos mecanismos y se encuentran además muy cerca de lo que entendemos como bienestar y opulencia.

Carmen Garcia Ribas es una periodista con un blog curioso que sólo tiene dos entradas  y que escribió un libro donde trata precisamente de estos casos de autosabotajes con que algunas mujeres tratan de aliviar su sensación de vacío y de incompetencia que los psicólogos llaman “baja autoestima” y que aqui hemos llamado indefensión aprendida.

El libro en cuestión para aquellos que quieran profundizar en ello, lleva el simpático nombre de “El sindrome de Maripili: el miedo de las mujeres a no ser queridas” y en él aconseja a las mujeres con este curioso síndrome un truco viejo como la humanidad: transformar las actitudes de complacencia en seducción. La citada autora recomienda hacer un curso para que este tipo de Maripilis hagan frente de una vez a sus autoritarios Manolos.

Bibliografia:

WD. Hamilton: “Geometria de la manada egoista”. J. theor. Biol. (1971) 31, 295-311

Aqui está el articulo entero en inglés:

geometry

About these ads

10 pensamientos en “La manada egoísta y el síndrome de maripili

  1. Excepcional post que pone sobre el tapete esas verdades que todos sabemos y muy pocos dicen.
    Como dice C. García en aquel artículo que publicó hace dos años, “vivimos en la cultura del miedo”. Se desprende de ahí también que vivimos en la cultura de un vacío que -metafóricamente- llenamos al llenar el estómago (¿otra metáfora más mente-cuerpo?…)
    Un gran tema y hecho aún más interesante por su original y heterodoxo estilo…

  2. Exactamente es asi, el desamparo procede y es alimentado por vivir en una cultura del vacío, en una sociedad liquida, sin forma, es precisamente ese el estimulo que en algunas personas dispara su sensación de desamparo y lo que las induce a “llenarse” con comida. Pero no debemos detenernos en esa metáfora del llenado sino ir un poco más allá y verlo desde el punto de vista evolutivo: ese horror al borde de la manada, a la exclusión es precisamente el programa que se activa mediante los estimulos sociales y medioambientales, no es que comamos para llenar el vacio (metafora psicoanalitica de dudoso interes para el tratamiento) sino que comemos para exorcizar el miedo a la exclusión que nostros mismos propiciamos al sentirnos incapaces de darle nombre.
    ¿A proposito quien es C. garcia?

  3. Me permito continuar este curso de pensamiento planteándome que la necesidad de ser queridos y, como lógica consecuencia, no ser excluidos, se dispara no sólo desde el exterior (digamos por un instinto gregario) sino desde el interior. Pensaba que la bulimia, la anorexia, la obesidad u otras formas de reacción conductual, son en definitiva, autolesiones, es decir, castigos infringidos por la persona misma. Y aquí viene lo interesante: no puede desprenderse del autocastigo, como si paradójicamente, hubiera cierto placer en el dolor. Por supuesto, la persona no tiene ni idea de que ésto es asi. Pensaba que no sólo hay Manolos y Maripilis, sino que peor aún, hay Manolos dentro mismo de las Maripilis. ¿A qué monstruo imaginario aman esas personas? ¿Querrán desapegarse de ese placer sufriente que las deprime? Todo un desafío para la ciencia de la mente…

  4. Marta: me temo que has dado un salto en el nivel de deficnición del problema, abordas el problema del masoquismo y sobre eso no puedo sino remitirte a mi ensayo “Un estudio sobre el masoquismo”, aho creo que están las claves.
    Gracias por tu profundidad.

  5. Paco: enhorabuena por el post, que suscribo. Hay un interesante artículo en Science (13 feb 2009) con comentario incluido, en el que estudian la ubicación funcional del dolor y la exclusión social con Resonancia Magnética funcional. Lo que encuentran es que la envidia por el éxito ajeno se correlaciona en imagen topográfica de actividad sináptica con el dolor y el resentimiento (la alegría por el fracaso del rival) lo hace con el sistema de recompensa.

    El dolor es una percepción de intención homeostática-alostática y la exclusión social cumple la misma intencionalidad de informar al individuo e inducirle a conductas homeostático-alostáticas de recuperación de un lugar más central en la manada.

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s