De Stendhal a Bogart y un poco de etología


Enamorarse es exagerar la diferencia entre una mujer y otra.

G. B. Shaw.

HumphreyBogartPicture

Antes de leer este post es necesario que recuerde usted esta escena de “Casablanca”.

Después de haberlo visto -quizá por enésima vez- intente usted contestarse a esta pregunta. ¿Por qué Humphrey Bogart renuncia a su amor por Ingrid Bergman y se la pone en bandeja al tal Victor?

Esta es la pregunta que Jose Antonio Rivera se plantea en su ensayo “Lo que Socrates diria a Woody Allen” en el último capitulo del libro donde aborda el gran tema de la humanidad: el amor y sus enigmas.

Algo que antes de él ya intentaron Ovidio, Stendhal, Ortega y Gasset, Dovstoievsky, Lampedusa, Erich Fromm y otros , me refiero a su conceptualización, a escarbar en la naturaleza del amor como sentimiento humano. Jose Antonio Rivera nos trae la opinión de Stendhal, la que dejó escrita en “Del amor” un ensayo poco conocido pero que rezuma modernidad en lo que nos interesa a los neurocientificos: la relación entre el amor y el cerebro.

En el caso de Bogart es evidente que lo que se pone en marcha en su cabeza es el amor-sacrificio muy probablemente la versión más elevada del amor en contraposición al amor-conveniencia que es seguramente la versión más limitada y cutre del amor. Pero ambas no se encuentran tan alejadas entre si como aparentan.

Desde el punto de vista neurobiológico es evidente que el amor -en todas sus versiones- se asienta sobre los circuitos del placer-recompensa. Amamos aquello que nos proporciona placer y aqui está precisamente el malentendido pues lo que para unos es placentero para otras personas es aversivo y no sólo eso sino que para algunos practicantes del amor-pasional el amor y el dolor son la misma cosa tal y como describí en este post. Algunas personas no se conforman con el placer y aspiran a introducir en su vida un orden de perturbación lo suficientemente intenso para escapar de la monótona repetición mecánica de un acto placentero que tiende a disminuir con la repetición del estimulo que lo provoca. Simplemente nos habituamos al placer lo que hace que la respuesta placentera sea cada vez más escasa y tediosa.

El enemigo del placer es pues la monotonía como todos ustedes ya saben, algo que en principio se opone al ideal de un amor para siempre.

Y es que en los humanos no cuenta sólo el reflejo condicionado por el placer, hay algo que se le añade y le convierte en goce, tal y como describí en este post y que suele transformar el previsible deleite en algo más: en el caso de Bogart en una renuncia con sentido altruista y patriótico, algo cercano a lo sacrificial, al estoicismo griego que le da a este final de pelicula un empaque universal, un mensaje moral.

En otro orden de cosas es posible además sentirse enamorado sin amor y aqui estamos ya en el campo de la creencia, (véase este post donde hablo del por qué algunas personas se sienten enfermas sin estarlo): precisamente porque el placer sexual ha llevado siempre adosado un peaje de deuda, culpa y transgresión social que el amor aparece muy a menudo como un pretexto y dado que la reproducción es un mandato biológico el amor puede ser un sentimiento adherido a la simple atracción sexual. En este caso y ahora vuelvo a la hipótesis original de Stendhal, el amor es un engaño de nuestro cerebro, o mejor dicho un autoengaño. Las mujeres suelen ser sus victimas principales, las consumidoras esenciales de ese romántico placebo.

Pero no hay que olvidar que todo autoengaño evolucionó desde el engaño. Engañar a otros es una estrategia evolutiva bien definida y descrita por los etólogos. Si nosotros los hombres hemos llegado a perfilar tan bien nuestros autoengaños es precisamente porque llevamos un enorme bagaje evolutivo destinado a engañar a  los demás. Somos verdaderos artistas del engaño. De la mentirijilla piadosa, al disimulo, pasando por la ficción, la mitomania o el sindrome de Munchausen existe una extensa bibliografia y literatura destinada a mostrar a otros las habilidades de las que somos capaces para engañar. Es evidente que los hombres hemos desarrollado mucho más estas habilidades que ellas, las féminas, aunque depende para qué.

Existe un argumento evolutivo que explica el por qué los hombres hemos desarrollado más las conductas de engaño que tienden hacia  el aseguramiento de un mayor éxito reproductivo mientras que las mujeres han desarrollado más aquellas estrategias que tienden a asegurarse una mayor protección de sí mismas y la prole, e incluyo aqui a las conductas de enfermedad que describí precisamente en el post anteriormente mencionado.

Dicho de una forma comprensible es asi: el amor para una mujer está basado en la pregunta, ¿me amará despues? mientras que en el hombre la pregunta se refiere al presente, ¿me ama?, todo lo cual define los temores atávicos que la etologia nos aclara.

El cerebro de las mujeres es seguramente más alarmista que el cerebro de los hombres al menos en lo que se refiere al miedo al abandono, a la enfermedad o al daño, mientras que los hombres muestran un mayor alarmismo hacia la pérdida o descensos del rango social.

En lo que se refiere al cuidado del nido sin embargo las hembras muestran tanto alarmismo como los machos en su territorio, obsérvese como estas aves simulan estar lisiadas para que el depredador se fije en ellas y lograr asi alejarlos de su nido, otro ejemplo de altruismo.

Niklas Tinbergen describió esta conducta como “sindrome del ala rota” una especie de simulación o engaño con el que algunas aves que anidan en la tierra defienden a sus pequeños de los ataques de los intrusos. Pero en realidad los etólogos no hicieron mas que apropiarse de viejas ideas de los psiquiatras europeos cuando plagiaron la idea observada por ellos respecto a ciertas reacciones innatas destinadas a la autopreservación.

Ernst Krechtsmer fue un prestigioso psiquiatra alemán que describió precisamente estos mecanismos innatos, lo hizo en “Histeria, reflejo, instinto” una curiosa variante de las convulsiones epilépticas que llamó “tempestad de movimientos” en oposición a otro tipo de reacción que llamó “inmovilización cadavérica”. Más tarde Lopez Ibor les cambió el nombre por el de reacción de “sobresalto” y “sobrecogimiento” que cambiaron nuestra idea original que partía de una conceptualización patologica y evolucionó gracias a los etólogos hasta un cluster de movimientos instintivos causados por el miedo bien visibles en lo que los psicólogos evolutivos llaman hoy fight or flight (luchar o huir). O freezing (congelarse). Tres opciones con qué enfrentarse al terror de muerte.

Hoy sabemos que el estupor, el parkinsonismo, el temblor, las contracturas, la catatonia, las parálisis histéricas, la depresión, el dolor neuropático, las anestesias, etc, son variantes de estas dos reacciones biológicas que derivan de aquellos mecanismos arcaicos de defensa contra el horror a morir. No es de extrañar pues que en las salas de urgencias  de los hospitales de todo el mundo sigan viéndose estos aparatosos cuadros que simulan una enfermedad orgánica pero no son sino crisis emocionales o bien errores de reconocimiento de un peligro o daño.

En realidad se trata de formas de engaño y autoengaño del cerebro en perfomance. Observen a este pequeño herbivoro como elude el zarpazo de los leones haciéndose el paralítico y dejando de correr. La inmovilidad es precisamente la que lo salva -en una primera instancia- de morir, hasta que se le acaba la suerte y los leones adolescentes descubren el engaño.

Inmovilizar a alguien es necesario para que ese alguien se “crea inmovilizado”  Precisamente esta gallina cree estar inmovilizada por su perpretador, nótese que lo que conocemos con el nombre de hipnosis, es la inducción de una respuesta -un reflejo de inmovilización- en un animal que se queda quieto porque supone que ha sido inmovilizado y que una cuerda o fuerza lo sujeta.

Lo que entendemos como hipnosis es en realidad la articulación de un reflejo arcaico en una creencia: la gallina no se mueve porque cree que no puede hacerlo.

De manera que es en las creencias donde hay que ir a buscar estos reflejos innatos que conocemos desde la época de Kretchsmer y que los etólogos rescataron del catálogo de conductas innatas destinadas a la preservación de sí mismos o de sus nidadas.

Estos programas filogenéticos -por nombrar los más conocidos- son los siguientes:

  • Fight or flight (lucha/huida)
  • Freezing, congelación o inmovilización.
  • Alimentación.
  • Sexualidad.
  • Sueño.

Lo curioso de estos programas es que unos refuerzan o inhiben a los otros, por ejemplo es imposible alimentarse mientras se huye o es imposible dormir mientras se copula. En el terreno práctico es imposible  huir y quedarse quieto, un antagonismo muy frecuente en los humanos y que da como resultado el conocido sintoma del mareo o desmayo.

Sin embargo en la paleta de conductas prácticas en los sujetos individuales pueden darse versiones comprimidas de unos programas solapándose en otros. El más conocido de los cuales es la activación del programa “sexualidad” junto con fight or fligth.

¿Se pueden mantener relaciones sexuales mientras se huye o se lucha?

Es evidente que no, pero tambien es evidente que en la cópula existe cierto solapamiento de instrucciones de programas como luchar o huir y del freezing (congelación o inmovilización).

Por alguna razón -quiza a consecuencia de la expectativa de daño-  las hembras de muchas especies huyen cuando son requeridas sexualmente, debe ser por eso que los machos deben perseguirlas e incluso inmovilizarlas para llevar a cabo el coito. Vease este ejemplo, se trata de una lagartija que tiene que echar mano de repertorios poco caballerosos para lograr que su pareja se esté quieta.

Este juego de conductas interactivas se conoce con el nombre de ritual, en este caso de cortejo y parece estar destinado a inducir en el otro señales de aceptación de la relación. El macho reconoce a la hembra porque recibe señales de su disponibilidad al mismo tiempo que la hembra huye: es este solapamiento entre la fuga y la evidencia de disponibilidad que induce en el macho una conducta de persecución y posteriormente de placaje que hace posible el coito. Simultáneamente la hembra solo se apareará con el macho que sea capaz de inmovilizarla, algo que suele suceder en aquellas especies donde el reconocimiento sexual es dificil a través de la vista o el olor, es entonces cuando se echa mano del ritual.

Sin embargo no cabe duda de que los rituales de cortejo han persistido incluso en las especies dimórficas (aquellas donde los sexos se distinguen a simple vista), lo que ilustra la enorme potencia arquetipica que poseen estos programas arcaicos.

Dicho de otra manera: la sexualidad y su cumplimiento tiene mucho que ver con una creencia, es algo asi como si la lagartija hembra se dijera a si misma, “puesto que no puedo escapar, lo mejor será que me quede quieta”, mientras que la lagartija macho piensa, “esta que huye es una hembra”.

Lo que nos lleva de nuevo  a la concepción stendhaliana del amor, puesto que en nuestra especie el amor no es sino una sexualidad extendida por una conciencia pensante. Stendhal supo ver que el amor era un producto de la imaginación, como los sueños o las creaciones artisticas, incluso diseñó una teoría para explicar como los pensamientos acerca del amor se transforman en creencias a través de lo que él llamó la teoria de la cristalización que explica desde el amor hasta el delirio. Oigámosle:

Si en una mina de sal dejamos caer una rama de árbol bien despojada de sus hojas, y la sacamos al cabo de tres meses, estará cubierta de cristales brillantes, las ramillas mas diminutas no son mas gruesas que la pata de un pajarillo, parecen guarecidas de infinitos diamantes, trémulos y deslumbrantes, imposible reocnocer la rama primitiva. Lo que llamo cristalización es la operación del espiritu que en todo suceso y en toda circunstancia descubre nuevas perfecciones en el amado.

O sea que enamorarse para Stendhal es aquel proceso de transformación mediante el que un determiando sujeto añade y resta cualidades al objeto de su preferencia, algo asi como hace el artista al pintar un cuadro, el músico al componer una sinfonía o el soñante al construir su guión onírico.

Es evidente que Bogart optó por la épica en lugar de la lírica cuando renuncia a la Bergman y se la pone en bandeja a su rival Victor Laszlo. Pero quizá haya algo más que renuncia en este gesto.

Quizá algunas personas -que intuyen la monotonia de una relación cómoda- sepan que no pueden volver a repetir algo que ya ha sido sublime en algun momento de la vida y decidan deliberadamente o movidos por las circunstancias optar por ese ascetismo de por vida que se elige precisamente porque ya saben imposible aceptar otros placeres inferiores.

Es por eso que la frase “siempre nos quedará Paris” resume perfectamente las intenciones de algunos: aquellos que no permutan comodidad por pasión.

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22 pensamientos en “De Stendhal a Bogart y un poco de etología

  1. Si esas lagartijas fueran humanas las veríamos practicando la sutilidad del bondage 🙂
    Creo que estoy de acuerdo en que el amor tenga mucho que ver con la creencia.
    Y en lo que dice al final también estoy de acuerdo. Por suerte hay quienes luego se salen del círculo y siguen accediendo a nuevos placeres…
    Buenísimo, aplausos 🙂

  2. Es un cinico enamorado que se cansa de ser cinico y en una decisión heroica decide darle a su vida un giro lleno de sentido. Un sentido moral que el policia acepta como desafio y es por eso que no le denuncia y ordena detener a los sospechosos habituales. Siguen siendo cinicos los dos, pero e sun cinismo heroico.

  3. Vengo a comunicarte que he enlazado este blog en la página de inicio de BE.
    Por otra parte, quiero reconocer la calidad de este blog.
    Espero poder venir por él con más calma.

    No he leído el artículo al completo, pero como siempre he tenido una teoría sobre eso de ‘siempre nos quedará París’, intentaré aportarla.
    Mi padre dice aquello de ‘las tordas cuando pasan’. Así lo veo. Pasó el momento.
    Queda recordar.
    Intentar vivir de nuevo es perder lo bueno del pasado y quemar.
    Los bucles del tiempo no se repiten.
    Tuvimos ese bucle y queda guardar el recuerdo emocional.
    Seguir no es fácil, pero no tenemos otra posibilidad.
    Vamos dejando fantasmas en el camino. No nos es dado volver.
    Hay retrocesos.
    Entonces revivimos.
    Hacemos una narración a nuestra medida.

    Saludos.

  4. Quizá porque es una película de amor y en nuestra cultura nos encantan las historias de “amor y muerte” que a la vez propagan el mito del amor pasión al menos desde el siglo XII. Denis de Rougemon en el libro clásico “Amor y occidente” da su teoría sobre su aparición que achaca a la filtración de algunas ideas cátaras en el universo católico:

    “Necesitamos de un mito para expresar el hecho oscuro e inconfesable de que la pasión está vinculada con la muerte y que supone la destrucción para quienes abandonan a ella todas sus fuerzas. Queremos salvar esa pasión y amamos esa desgracia y, por otra parte, nuestras morales oficiales y nuestra razón las condenan.”

    El amor feliz por tanto “no tiene historia”. Y la historias de amor que nos fascinan se prodigan a lo largo de los siglos desde “Tristan e Isolda” a “Los puentes de Madison” o “Casablanca”. La pasión desaparece cuando los amantes se tienen y quizá es eso lo que quería evitar Bogart y que tan bien explicas con otros argumentos. Por eso Denis de Rougemón pensaba que el amor no podía legitimar el matrimonio porque era incompatible con él. Sin embargo el amor legitima los matrimonios desde el siglo XVIII y eso es la base de muchos problemas.

    Octavio Paz en su último libro “La llama doble” hace un precioso recorrido por la historia del amor y apunta que todas las formas de amor que hemos tenido en Occidente están marcadas al menos por estas 4 carácterísticas:

    • la exclusividad (¿porqué amamos a esa persona y no a otra?;
    • el obstáculo y la transgresión (el amor se nutre con los obstáculos: orden social, el rango, las rivalidades, la raza, las diferencias ideológicas );
    • El dominio y la sumisión (la relación amorosa se funda en una ficción: el código de cortesía. El enamorado elige voluntariamente a su señora y al hacerlo elige también su servidumbre. Además incluye otra trasgresión de la moral señorial: la dama de alta alcurnia olvida, voluntariamente su rango, y cede su soberanía.
    • La fatalidad y la libertad: la creencia en el filtro amoroso de cuyo poder no podemos librarnos

    Lo interesante es como la cultura determina un cerebro que genera ciertas emociones, que funciona de forma física de una determinada manera. Helen Fisher entre otros ha hecho PET a cerebros enamorados y parece que se activan especialmente el nucleo caudado y el area tegmental ventral (http://www.muyinteresante.es/index.php/todas-entrevistas/19/3227-helen-fisher) o como un cerebro que se ha conformado evolutivamente de cierta manera determina la aparición de una cultura. Esto me parece lo más interesante de tu post que es magnífico. Un tema auténtico de neurociencia neurocultura. Otra cuestión es si el amor puede educarse. Sobre esto escribía algo aquí http://elcuadernodepidauro.blogspot.com/2009/03/amor-pasion.html

    Por cierto si no lo has leido te recomiendo el artículo de martin Garzo sobre “deseo peligro” la película de Ang lee, otra película de amor ¿o de erotanatismo?.
    http://www.elpais.com/articulo/opinion/diamante/Ang/Lee/elpepiopi/20080203elpepiopi_4/Tes

    . Es fantástico, como la película.

  5. Bueno Ramón tus comentarios dan para una tesis doctoral sobre el tema, te agradezco el esfuerzod e sintesis. Con respecto a helen Fischer te diré que es mi antropologa de cabecera y que me he peido casi todo lo que ha escrito, es muy dievrtida. El ultimo enlace sin embargo está “castrado”, no funciona.

  6. Bueno Anna, muchas gracias por tu vinculo a mi blog, lo que yo creo e interpreto acerca de la frase de Bogart en esa escena está reflejado en el post. No se trata de una renuncia sino de un cambio de registro en el deseo de él que logra transformar el amor en algo que le trasciende. No es qu haya dejado de estar enamorado sino que sacrifica su amor por la conveniencia de ella.
    Por otra parte creo que hay que ir con cuidado con las idealizaciones del pasado, una cosa es haber estado en el paraiso y otra muy diferente renunciar a la navegación por suponer que nada podrá estar a la altura de lo pasado.
    Cualquier tiempo pasado no necesariamente fue mejor. Y si lo fue mejor, para intentar ir más allá.

  7. Buenas tardes, Paco; siento venir tan de tarde en tarde. Te sigo, como sabes bien ,aunque tu prolífico ritmo excede mi tiempo libre, que últimamente es menos.
    Me encanta no sólo el post y todos los temas que tocas (como siempre tan bien enlazados entre ellos).
    También me gusta mucho tu última aportación en los comentarios. Estoy contigo en que la sal de la vida son esos “cambios de registro”, como les llamas tan bonitamente. También estoy de acuerdo en que no todo tiempo pasado fue mejor, es cierto aunque los nostálgicos tendemos a “encallarnos” en ellos.
    Dicho esto, quizás he echado en falta algo que dices en algún artículo tuyo de esos que tenemos en la superbiblioteca de tu club de fans, 😀 y era que en el hombre el amor – cuando llega a darse – pasa por el sexo, mientras que en la mujer es al revés y el sexo pasa por el amor. ¿No era algo así?
    Sólo me queda felicitarte cariñosamente.

  8. Hola Presi, lo cierto es que me acabas de leer el pensamiento porque acabo de subir un post en mi otro blog que puedes ver aqui:
    http://neurobudismo.wordpress.com/2009/05/27/dios-y-el-boson-de-higgs/
    Escribiéndolo he estado pensando en utilizar precisamente el par polar masculino y femenino para explicar los conceptos que alli expongo sobre el bosón de Higgs.
    Verás entonces como hombre y mujer somos en realidad opuestos reciprocos, lo que uno tiene encima, el otro lo tiene debajo, lo que en uno es continuidad en el otro dicontinuidad, de eso irá ese post, pero tendrá que esperar a que el Barcelona gane la Champions.

  9. Busco el artículo original en el periodico y el enlace parece roto. Así que lo pego. Merece la pena.

    TRIBUNA: GUSTAVO MARTÍN GARZO
    El diamante de Ang Lee

    GUSTAVO MARTÍN GARZO 03/02/2008

    El sexo es la raíz, el erotismo es el tallo y el amor es la flor. ¿Y los frutos? Los frutos del amor son intangibles y ése es su verdadero misterio”. Esta frase pertenece a La llama doble, el último libro de Octavio Paz. Tenía más de 80 años cuando lo escribió, y puede considerarse su testamento poético y vital. Es raro que un anciano dedique los últimos momentos de su vida a hablar del amor, aunque lo cierto es que nunca dejamos de hacerlo. No importa la edad ni las historias que se hayan vivido, el amor sigue a nuestro lado, siempre diferente y desconocido, con sus frutos intangibles y su cortejo de titiriteros. Nos enfrenta al misterio de la presencia de las cosas, un misterio muy superior a esos vanos enigmas que alimentan la intriga de los grandes best sellers. Alguien dijo que nos hace ver al otro con los ojos de la divinidad. Pues bien, es de ese sentimiento, y de su hondo poder disruptivo, del que habla la última película de Ang Lee, Deseo, peligro (Lust, caution) del director taiwanés afincado en Hollywood.

    El cine de Ang Lee gira sobre el cuerpo que se transforma a instancias del deseo
    El diamante es el símbolo de lo que los amantes hallaron, pero no se quedarán

    Ang Lee es un caso singular en el cine actual. Tras sus primeras películas, El banquete de bodas o Comer, beber, amar, en que con un tono de comedia de costumbres, ácido y lúcido, se refiere a ese conflicto tan oriental entre modernidad y tradición, se instala en Hollywood, donde se mueve con sorprendente habilidad en los géneros más diversos. El resultado es media docena de películas tan distintas entre sí que no parecen haber sido dirigidas por la misma persona. Tormenta de hielo, es un retrato implacable sobre la hipocresía de la familia americana; El Tigre y el Dragón, una melancólica película de aventuras; Hulk, una revisión del mito de El doctor Jekyll y Mr. Hyde; Sentido y sensibilidad, un canto a ese mundo de la intimidad femenina siempre en lucha con las restricciones sociales; Cabalga con el diablo, un western crepuscular sobre la guerra de secesión norteamericana; la premiada Brokeback Mountain, una intensa y dolorosa historia de amor homosexual. Y por fin Deseo, peligro, que obtuvo el León de Oro veneciano y que es sin duda su mejor película hasta el momento.

    Elías Canetti dijo que el poeta era el guardián de las metamorfosis y todo el cine de Ang Lee gira sobre ese cuerpo que pide transformarse a instancias del deseo. En sus primeras películas quiere escapar de la cárcel de la tradición, y en las últimas, pienso sobre todo en Brokeback Mountain y Deseo, peligro, lo hace siguiendo la oscura llamada del amor. El cine de Ang Lee habla de ese cuerpo que se transforma en otro siguiendo las leyes no escritas que rigen los encuentros de todos los amantes del mundo. “Yo he sido un niño, una muchacha, una zarza, un
    pájaro y un mudo pez que surge del mar”. Así resume Borges el misterio de ese cuerpo tocado por el deseo. Ang Lee sigue el rastro de ese cuerpo. Ése es el único tema de todo su cine, el descubrimiento del amor.

    Y, ciertamente, Deseo, peligro contiene alguna de las imágenes más perturbadoras y hermosas jamás rodadas sobre el encuentro de los cuerpos en los instantes de la entrega. En realidad, Ang Lee no hace sino volver, a su manera, al mundo de El Cantar de los cantares. Y así vemos cómo, más allá de la violencia implícita en el deseo sexual, nos descubrimos de pronto en ese extraño jardín donde los amantes se confunden con las otras criaturas del mundo. Y son peces, corderos, ciervos, halcones, bandadas de palomas; y la alcoba en que se encuentran la cámara de un tesoro.

    Ang Lee sitúa la acción de su película en la China de la Segunda Guerra Mundial. Su protagonista es un siniestro comisario que colabora con los japoneses. Un grupo de patriotas quiere matarle y se sirve de una hermosa muchacha. Pero enseguida ambos se verán arrebatados por una pasión tan intensa como fatal. La oscura violencia de los encuentros sexuales, y la forma casi alucinada en que la muchacha y el torturador se buscarán para repetirlos, hace recordar la frase de George Bataillle que relaciona el erotismo con la muerte.

    Pero ¿es verdad que todos los amantes quieren morir? No es verdad. Puede que muchos terminen muriendo, pero no es eso lo que buscan. El amor es una afirmación del eros frente a las fuerzas disgregadoras de la muerte. Ésa es la enseñanza del Cantar: el amor nos devuelve al mundo del génesis, nos sitúa en el tiempo de la creación. La película de Ang Lee lejos de recordar el intenso y fúnebre mundo de El imperio de los sentidos de Oshima, recuerda a la casta y misteriosa Pickpocket de Robert Bresson, donde se habla de los caminos extraños que deben recorrer los que se aman para encontrarse. “Qué difícil ha sido llegar hasta ti”, le dice Hulk, el hombre masa, a la joven científica cuando finalmente recupera su figura humana. Ésa es la historia de Deseo, peligro, la historia de cómo alguien muerto encuentra inesperadamente en medio de la oscuridad un camino de conocimiento y vida. Las repetidas escenas sexuales, en las que Ang Lee se demora con el asombro lúcido del naturalista, hablan de las metamorfosis de los cuerpos en los instantes del deseo. Estamos en el mundo de El Cantar de los Cantares, aunque sin aquella dulce placidez. Los cuerpos son ríos, águilas que vuelan juntas, son rosales, espinos blancos, peces y felinos. Como en el romance del conde Niño, nada puede detener su deseo de enlazarse. Pocas películas han llegado más lejos en este afán de mostrar ese espacio ovidiano en que Deseo y Metamorfosis intercambian sin descanso sus nombres (en nuestro cine, sólo Pedro Almodóvar ha rodado escenas así).

    Pero el problema no es sólo lo que se guarda en esa alcoba ardiente, ni siquiera qué les pasa a los que la visitan, sino sobre todo si es posible el regreso. Si hay un camino entre su alcoba y la vida real. Tal es la pregunta de todos los amantes, qué hacer con lo que encuentran en el corazón mismo de su entrega. Decir que los frutos del amor son intangibles no es distinto a pensar que no hay forma de saber en qué consisten ni qué puede hacerse con ellos. En Deseo, peligro esos frutos están simbolizados por el anillo que la muchacha recibe de su amante. A ella le basta con tenerlo en sus manos para arrepentirse de su traición. Y le confiesa su culpa, aún sabiendo lo que eso significa. A esas alturas, no le importa morir. El diamante es el símbolo de lo que hallaron, pero también de lo que no se podrán quedar. Su nombre procede del griego adamas, que significa inconquistable.

    Ese diamante pertenece a la cueva de Alí Babá, al mundo del Cantar y de los ladrones de Las mil y una noches, y habla de bellezas sin nombre, de cámaras sumergidas llenas de tesoros. Pero también de la imposibilidad de traer esos tesoros al mundo. Siempre es así. Todos los amantes encuentran algo único en sus camas al enlazarse y buscan la manera de llevarlo con ellos cuando se levantan. ¿Puede hacerse? En Deseo, peligro se nos dice que no, por eso el diamante quedará abandonado y la película concluye con la separación de los que se aman. El diamante no es el símbolo de lo que tienen, sino de lo que inevitablemente deben perder para regresar al mundo y recuperar la razón. Ése será su último y más doloroso descubrimiento, que el amor es lo que nunca podrán tener de la vida.

    Gustavo Martín Garzo es escritor.

    Pegado de

  10. Hola Paco,

    Hoy he descubierto tu bitacora tras buscar algo sobre la ciclicidad. Me he llevado la agradabilisima sorpresa de encontrarte.

    Y nada, te dejo un saludo y regreso ya ya a leerte, que hay mucho por aprender aqui.

    Un abrazo y muchos saludos desde Leiden, Holanda. Hasta pronto, Yanina

  11. Olvidé mencionar que me ha gustado mucho también el paralelismo entre ese “estar enamorado sin amor” y el sentirse enfermo sin estarlo.

  12. Si, puede que Bogart piense que lo que ha vivido no puede volver a repetirse, pero ¿ que piensa ella?, porque a mi me parece que se queda un poco fastidiada, tambien deberia tener la posibilidad de decidir que es lo mejor para ella, y no que lo decidan por ella…….Bonito gesto, pero algo cruel, y puede que egoista y cobarde, es posible que por hacer un bien, la haya hecho desgraciada forever……Un saludo.

  13. Luego no es capaz de dejar a Lazslo por pena, porque sin ella no es el mismo….ella tambien sacrifica su amor, y, como dice la canción,” da como limosna su querer…”

  14. De haberse enamorado tan pronto y haber olvidado a Laszo: una persona tan buena y maravillosa que además estaba vivo…..

  15. Estaba pegandole vueltas y creo que el final de Casablanca es la coronación de Bogart como personaje; creo que renuncia a ese amor para transcender, es decír: si el lo convierte en una amor convencional, repetitivo, deja de ser automaticamente algo excepcional, busca transcender; al fín y al cabo renunciar al sexo nos situa en un plano más elevado donde uno empieza a alcanzar su pleno potencial como ser humano. El final magistral para protagonizarlo un personaje como Bogart, el héroe, gana a los malos y renuncia a la chica!!. Final apoteósico; desde luego. Ya no se hacen películas así, ni hay Bogarts, ni Bergmans, ni nazis, jajaj.
    El post es magnífico, gracias.

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