Pan y el pánico


Pan es uno de esos personajes mitológicos a medio camino entre lo divino y lo humano, una especie de daimon habitante de los bosques, despreocupado e irresponsable, dotado de un enorme miembro viril y de un apetito sexual insaciable que merodea por los bosques, duerme en una caverna y se dedica casi en exclusividad a acechar ninfas, perseguirlas y seducirlas.

Otra de las actividades principales de Pan es hacer la siesta, pues se le considera -junto con la flauta que lleva su nombre- su inventor. Una siesta de la que no debe ser nunca despertado si no queremos activar su cólera.

Debussy nos lo narró en este “Preludio a la siesta de un fauno” con siesta, flauta y bucolismo perseguidor de ninfas incluidos, y lo baila Nureyev.

A diferencia de los dioses monoteistas los personajes mitológicos griegos, sean dioses, semidioses o titanes no están hechos de una pieza, es como si los griegos -los clásicos- hubieran entendido que la dualidad no era una buena explicación para lo humano, es por eso que los dioses tienen virtudes y tienen defectos, no son totalmente buenos o malos sino que participan de una serie de rasgos donde podemos identificar lo humano conviviendo con lo animal, lo instintivo y aún con lo divino, lo inalcanzable.

Es por eso que a Pan se le representa con patas de macho cabrío, una imagen que por sincretismo ha llegado hasta nosotros a través de la tradición cristiana, con el nombre de Belcebú, Satanás y también a través de las fiestas en honor de ellos: los aquelarres, ritos paganos que hasta hace recientemente poco tiempo se celebraban a lo largo y ancho de Europa, una reminiscencia de los cultos clásicos en honor de  Dioniso y al propio Pan.

pan

Una cuestión importante para entender e  interpretar los mitos es comprender que un mito es una historia que se repite en una u otra forma en distintas narraciones: una historia fractal que se encuentra plegada en otros mitos, asi por ejemplo Pan es un Dioniso en una octava inferior. Del mismo modo Pan es una Demeter preagrícola: se limita a vagar por las tierras yermas sin preocuparse de cultivarlas, pero es un Dios ctónico como la propia Demeter que nos trajo la agricultura y el cultivo de los cereales, es por eso que los romanos le llamaron Ceres y se la representa con una gavilla de cebada, la bebida sagrada, llamada por los griegos kikeon.

Pero Pan no es sólo un sátiro hipersexual sino que tambien -como su padre Hermes- tiene el don de la profecía y poderes médicos que despliega sobre todo apareciéndose en sueños y dando en este escenario respuestas a los problemas concretos del soñante. Pan es como Hermes un psicopompo, un mediador entre mundos: entre los dioses y los hombres , una especie de instancia psiquica ligada a lo instintivo pero tambien a la comprensión de las necesidades inconscientes.

Pan habita pues el mundo de la pesadilla, pues es en ella donde se manifiesta y despliega su poder onírico; es en el sueño cuando se inhiben todos los controles éticos y realisticos de la vigilia y el individuo alcanza la máxima profundidad de comprensión instintiva. Eso parece querernos decir Pan -en su aspecto benefactor- junto con la cuestión que sigue: sus relaciones con el pánico.

Pan en griego significa “todos” y de esa raiz procede nuestra palabra “pánico”, que puede traducirse como un miedo enloquecedor que frecuentemente se contagia. Efectivamente, la mejor forma de entender qué es el pánico es evocar la imagen de una estampida, esa que lleva a los rebaños hacia una conducta desorganizada, violenta o apragmática que muchas veces se salda con la precipitación de las bestias en un acantilado.

El pánico no es pues el miedo simple, sino un miedo que por su intensidad es capaz de desorganizar cogniciones y conducta de las personas y llevarles hacia un estado de locura. Lo vemos en la sala de urgencias en esos cuadros que llamamos  agitación psicomotriz, que a veces son psicóticos, otras veces tóxicos y otras veces emocionales. Tambien lo vemos en los desastres que provocan los incendios en locales cerrados o en acontecimientos multitudinarios, basta una pequeña llama para desencadenar una reacción de pesadilla, una verdadera tormenta onirica donde podemos observar al Dios Pan ejerciendo su autoridad de irresponsbailidad incompetente provocando verdaderas catastrofes pánicas donde  un horror primigenio precipita a “todos” hacia una espiral de locura.

Donald Klein es un psiquiatra experto en Pan, o como se le llama ahora: “Los trastornos de ansiedad o de pánico”. Klein aportó una nueva conceptualización sobre este tipo de trastornos describiendo precisamente un tipo de perturbación que aparece de forma paroxística, en forma de ataques, que desde entonces se llaman “ataques de pánico”, que vino sino a sustituir si a describir una nueva forma evolutiva de la ansiedad que se presentaba en forma de raptos o paroxismos a diferencia de la angustia normal que es más bien una situación permanente, un estado.

Klein ha pasado ya a la historia de la psiquiatria por otras cosas, una de ellas es que descubrió que los ataques de pánico podian prevenirse con imipramina, un antidepresivo triciclico que modula tanto la serotonina como la noradrenalina. Que un antidepresivo pueda prevenir ataques de pánico puede considerarse un hallazgo excepcional porque indica que existe un nexo de unión o un fondo común entre ambas entidades (ansiedad y depresión) y mucho más allá de eso: que los ataques de pánico representan algo bien distinto a la angustia convencional que no mejora con la susodicha imipramina.

Ya se sabia que los ataques de pánico pueden ser inducidos por la hiperventilación (alcalosis respiratoria) pero Klein demostró que podian ser inducidos tambien con perfusiones de bicarbonato (alcalosis metabólica) y si bien propuso esta prueba como marcador biológico de la propensión al pánico, lo cierto es que existe un grupo de pacientes refractarios, lo suficientemente grande para que dicha prueba biológica no haya sido implantada más allá de algunos estudios experimentales.

Pero para mi el hallazgo fundamental de Klein es la idea de que el ataque de pánico es una señal equivocada de asfixia, algo asi como si nuestro cerebro le dijera a nuestro cuerpo que nos falta oxigeno, algo muy parecido a lo que debe suceder en situaciones de hipoxia neonatal, en esos niños que nacen con algunas vueltas del cordón umbilical sobre el cuello y que no disponen de palabras ni recuerdos verbales para rememorarlo aunque si probablemnte alguna huella preverbal. Hay algo en el tallo cerebral que activa pues una respuesta de pánico con todo el cortejo vegetativo acompañante cada vez que por alguna razón real o banal suponemos que vamos a morir de asfixia, ahogados.

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El pánico es pues una alarma neurobiológica, un circuito que ha sufrido una selección positiva por parte de la evolución por formar parte de un repertorio de conductas destinadas a la preservación del individuo y que puede ser disparado (encendido) por una multitud de causas, todas aquellas que puedan poner en jaque nuestro entorno de seguridad y que seguramente tienen que ver con amenazas para nuestra integridad fisica. Como puede verse en el esquema anterior, ese estimulo amenazante tiene que pasar por tres filtros, el tálamo, una estación de término de todas las aferencias corporales y externas, por el hipocampo, un almacén de recuerdos (un disco duro interno) donde seguramente yacen las memorias ancestrales que representan algun tipo de peligro para nuestra especie y la corteza cerebral, es decir la parte mas racional de nuestro cerebro. La amigdala es el detector de humos que barre tanto la realidad externa como la realidad interna y en un constante bucle arriba y abajo mapea el sistema en busca de “fugas de humos” y de amenazas.

Y a veces cuando no encuentra nada que resulte amenazante lo inventa.

Y sucede por una razón, la amigdala esta conectada a la corteza cerebral y es precisamente aqui donde reside la capacidad de abstracción, anticipación y simbolización. Para los seres humanos la amenaza no es solamente el ataque de una fiera, la persecución de un depredador, la mordedura venenosa de un ofidio, la posibilidad de caerse de un árbol o una amenaza de asfixia, sino todo aquello que simbólicamente gatille esta respuesta.

Dicho de otro modo, nuestra amigdala es un instrumento bastante tosco a la hora de evaluar peligros banales y responde siempre por si acaso, “como si”, disparando un circuito de alarma que tiene correlatos mentales, neurológicos, metabolicos e  inmunes tal y como ya expliqué en este post. Y lo hace de una forma unitaria, como si realmente fuerámos a sufrir un ataque real disponiendo lo necesario para defendernos del mismo, desde el pánico mental que sirve para huir, hasta la activación adrenérgica necesaria para disponer de energia, vertiendo cortisol y adrenalina al torrente sanguineo y disparando las citocinas proinflamatorias y antiinflamatorias como si fueramos a ser mordidos o despellejados.

Pero existe además otra curiosidad respecto a nuestras amígdalas, que existen a pares, la izquierda y la derecha tienen especializaciones distintas, una, la izquierda se dedica a rastrear nuestro cuerpo, mientras que la derecha está mayormente especializada en rastrear el medio ambiente. Asi la izquierda detectará alarmas corporales, de nuestro medio interno mientras la derecha se ocupa en detectar amenazas externas, ataques por asi decir del exterior. Existe pues una asimetria, una especialización hemisférica en esa deteccion de humos que está relacionada con el sexo: las mujeres rastrean su cuerpo y la entonación de las voces con más  frecuencia y eficacia a la hora de detectar amenazas y los hombres exploran su medio ambiente y recuperan más rapidamente información visual amenazante definiendo asi sus temores y tambien la cualidad de sus alarmas. Aqui hay un buen articulo sobre el asunto.

La amigdala da la orden de alerta y nuestro tallo cerebral responde siguiendo las leyes del todo o la nada.

Y es que todas nuestras alarmas son hipocondriacas y se recrean en la suerte como esos toreros que dan demasiados pases a un toro sin relevancia.

Prefieren pasarse que quedarse cortas.

La evolución hizo bien su trabajo.

¿Entonces qué es lo que funciona mal?

Nuestro sistema de atribución que involucra necesariamente creencias acerca lo que es peligroso, lo que es necesario evitar y sobre todo la capacidad personal -nuestro sistema de recursos psicológicos- destinados a evitar el daño o acercarnos al placer. Significa que determinadas personas por la especial configuración de su sistema atributivo tienen muchas posibilidades de desarrollar ansiedad o pánico o sus derivados caracteriales o afectivos. Se trata de personas que han construido un andamiaje fóbico-evitador que a la larga funciona como un detector de humos demasiado sensible.

Urge cambiar de alarma, de creencia y de señalización.

Y el Dios Pan desaparecerá y volverá a su lugar de pesadilla.

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13 pensamientos en “Pan y el pánico

  1. Más allá (o más acá) del ámbito de lo patológico, me parece interesantísimo (y profundísimo) ese nexo etéreo entre alarmas y creencias, ese “sistema atributivo” que me hace pensar en: percepción-interpretación y ese abismo casi instantáneo pero misterioso que media entre ambos.
    Lo pagano lo recuerdo de Eleusis, de mi época de ménade 🙂
    Bravo, maestro.

  2. La atribución está sometida a aprendizaje (experiencia personal, observación de experiencia ajena, instrucción experta). El aprendizaje debiera tener un componente individual, adaptado a las contingencias propias, pero, en mi opinión se ha exteriorizado y profesionalizado. La función atributiva deja de ser una tarea del individuo para convertirse en una consulta al profesional. Si además este inyecta doctrina de vulnerabilidad biológica, genética, es difícil evitar el estado de alarma estacionario, crónico.

  3. O dicho de otro modo existe una yatrogenia social provocada por la excesiva medicalización y psicologización de la sociedad, por la profesionalización del sufrimiento, aun el más banal, es deficil encontrar una disidencia que escape a la asistencia social o un sufrimiento que no se encuentre el los DSMs, algo que no sólo irresponsabiliza sino que aliena al hombre.

  4. Pingback: Lo diabólico en la sexualidad « neurociencia-neurocultura

  5. Quizá lo mejor para evitar el pánico y restablecer un correcto funcionamiento de control de humos sea escuchar a Debussy mientras entramos en un sueño profundo y reparador dejando que la mente actúe para poder eliminar todos los fantasmas que nos atemorizan .
    Encontrarnos con Pan durante la siesta es de las mejores costumbres que los españoles hemos podido internacionalizar a parte del concepto de guerrilla. Quizá para contrarrestrar la mentira de la gripe española.

  6. ¿En el trastorno obsesivo-compulsivo no hay destellos de pánico? ´¿O cuál es la diferencia entre el trastorno de ansiedad (que genera pánico) al obsesivo-compulsivo (que suelen administrar ansioliticos y antidepresivos para controlar la ansiedad)?

  7. Pan fue el padre de Priapo… parece que al tocar su flauta seducía a las ninfas… Pan era irresistible ante las ninfulas ¿Los machos alfas posmodernos son una especie de Pan? ¿quién te puso el pseudonimo de “neuro-poeta” (muy osado y lindo)? Buen día,..

  8. Sos ansioso? sos depresivo, Sos hiperactivo? sos depresivo, Sos un vago tirado en una cama como lechuga marchita? Sos un depresivo. Hay mas de 100 medicaciones antidepresivas, para que sirven?? para que no jodas!!!

  9. Cualquier trastorno mental por temporario que sea, llamese un duelo por la muerte de alguien; te vuelve insportable para todos los demas, por lo que la medicacion es necesaria, imprescindible, y obligatoria asi dejas de joder a los demas!!! JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA NIETSZCHE DIJO: NADA MEJOR QUE MORIRSE DE LA PRIMERA ENFERMEDAD……

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