Desprogramando alarmas


En el post anterior prometí que iba a dedicar un post al tratamiento de esas quasi enfermedades que engloban patologias muy variadas y frecuentes en clinica y que en medicina llamamos funcionales a causa de no poseer ninguna evidencia de su “organicidad”.

Hablé del dolor neuropático y de la fibromialgia, dolor torácico y la jaqueca pero me gustaria dedicar este post a otras entidades “misteriosas” que generan muchas consultas y exploraciones asi como gran decepción en los médicos que las tratan, nombraré -sin ánimo de ser exhaustivo- las siguientes:

  • el colon irritable.
  • la dispepsia cronica.
  • los vomitos ciclicos.
  • el sindrome de boca seca y boca ardiente.
  • la fatiga crónica.
  • el trastorno por atracón y la obesidad.
  • las cistitis de repetición.
  • La dismenorrea.

Entidades que acumulan en torno a si demasiados mitos cientificos de los que ya he hablado suficientemente en este blog. Sólo quiero recordar al lector que detrás de la palabra “funcional” lo que existe es la evidencia de una averia en las alarmas neurobiológicas que regulan la respuesta de los organismos vivos frente a las amenazas ambientales o aquellas que proceden del interior del propio cuerpo. Recomiendo ahora al lector que visite este post para obtener mayor información acerca del funcionamiento de estas alarmas.

Y recordar de paso algunas de ellas, como el vómito, la diarrea, la rinorrea, el estornudo, la tos, el dolor, el hambre ,la amenorrea o las perentorias ganas de orinar por nombrar sólo a las más conocidas.

Hace algunos años publiqué aqui un artículo donde planteaba un esbozo de una teoria sobre las alarmas neurobiológicas. En sintesis la idea es la siguiente:

Siguiendo la idea original de Hawkins sostengo que nuestro cerebro no es un ente pasivo que se representa la realidad sino que la construye simultáneamente a la percepción de la misma.

Percepción es pues sinonimo de ser y estar en el mundo (Dasein) tal y como suponia Berkeley.

Hawkins construyó un modelo al que llamó memoria-predicción que en síntesis es algo muy parecido -o al menos no se contradice- ni con el modelo de la enacción de Varela o al modelo de autopoyesis de Maturana.

Significa que la percepción está guiada por el movimiento y la intencionalidad, se trata sobre todo de una hipótesis que nuestro cerebro adelanta sobre lo que va a suceder (percibir). Pero esta hipótesis no se construye en el vacio sino que se enrosca sobre la experiencia es decir sobre la memoria.

Las alarmas neurobiológicas pueden ser contempladas como hipótesis acerca de alarmas: las riesgos que esperamos encontrar. Una tarea que lleva a cabo nuestra amigdala cerebral casi constantemenete rastreando tanto el medio ambiente como nuestro cuerpo. Sucede que este mecanismo de detección tiene conexiones con la corteza cerebral lo que equivale a decir que las abstracciones y los símbolos pueden operar como disparadores o gatillos de alarmas ancestrales. Es la razón por la que el mecanismo del disparo no obedece tan solo a la percepción instintiva de un peligro real sino que está sujeto a elaboraciones, conjeturas e hipótesis mentales acerca del riesgo.

Pero sucede además que las alarmas siguen una estructura jerárquica, una estructura que de abajo arriba seria la siguiente:

  • Alarmas inmunológicas.
  • Alarmas metabólico-endocrinas.
  • Alarmas nerviosas.
  • Alarmas mentales.

foto_parnot6002En este esquema podemos observar la jerarquia en las alarmas concretamente en el caso del vomito. Puede observarse como cada una de ellas puede ser entrada y salida, es decir podemos vomitar por muchas razones, hasta por motivos mentales.

Significa que cada alarma se encuentra especializada en una u otra forma de amenaza, para los linfocitos una amenaza es algo relacionado con su hábitat, con su ambiente natural, su octava de vibración. Lo que sucede cuando una amenaza no es reconocida en el nivel inferior es que es lanzada hacia arriba, hacia el nivel inmediatamente superior hasta que encuentra una alarma especifica que la reconozca. Si es reconocida por el nivel jerárquicamente superior es de nuevo enviada hacia abajo para que la alarma correspondiente se ocupe de ella, de forma que cada especialidad se ocupe de las agresiones correspondientes, seria absurdo que un circuito nervioso relacionado con el dolor se ocupara de un virus, los virus deben ser detectados, reconocidos y abatidos en el nivel inmunológico.

La evolución hizo bien su trabajo.

Sin embargo este sistema de detección de señales no funciona como un compartimento estanco sino como un todo, más aun cuando la amenaza procede de arriba (entra por el nivel mental) y es codificada e identificada por las alarmas mentales: todo el sistema se pone en marcha, desde el nivel mental hasta el nivel celular, pasando por el nivel nervioso y metábolico. Es lo que conocemos con el nombre de estrés y sabemos que el estrés tiene manifestaciones en todos los sistemas, lógicamente puesto que todos los niveles de alarma son activados, desde la ansiedad en lo mental, el sistema nervioso vegetativo, el eje HIIA y el nivel celular. Cuando somos perseguidos por un depredador todo el sistema participa de la huida, no solo huyen nuestros músculos sino el corazón, los pulmones, las cápsulas suprarenales derraman adrenalina y cortisol y nuestro sistema inmunitario se prepara para cicatrizar heridas poniendo en marcha programas de activación de la inflamación en previsión de mordeduras o hemorragias y todo por un gatillo mental, en este caso el pánico.

Pero es importante retener que si estos sistemas pueden funcionar como un todo no es porque exista una linealidad entre ellos, no funcionan como una cadena de engranajes de relojeria sino como fractales. Cada una de estas alarmas está subsumida en la otra, es autosimilar a la que le precede pero opera en una octava distinta. Magritte nos lo dibujó:

magritte

En un post anterior ya expliqué las ideas de Rodolfo Llinás respecto al concepto de interiorización. Para Llinás la contractibilidad miogénica que presentan las fibras musculares es filogenéticamente más antigua que la contractibilidad neurogénica. En un momento dado de la evolución el sistema nervioso tomó el mando de la contractibilidad muscular que se subsumió en la actividad neurogénica. Lo que no significa que el mando de la motricidad muscular haya desaparecido para dejarle sitio al nuevo dueño del control simplemente se interiorizó: la evolución no puede operar hacia atrás y no puede desdeñar los diseños antiguos aunque estén pasados de moda.

Lo mismo sucedió seguramente en el caso de las emociones: evolucionaron desde el movimiento, y el movimiento se subsumió en la emoción, puesto que no existe emoción sin movimiento. Las emociones nacieron para ser mostradas y aun hablando de emociones estamos hablando de movimientos interiorizados, plegados y en cierta forma ocultos, como sucede con estas muñecas rusas: podemos verlas todas o solo una de ellas.

munecas-rusas

Lo que significa que en el caso de las alarmas ancestrales: huir, luchar, congelarse, existen resortes neurogénicos que las incluyen y subsumen. Por ejemplo en el pánico, hay un gatillo mental alojado en una cognición “miedo a morir o a volverse loco”, una alarma neurogénica (taquicardia, diarrea, etc) y una alarma ancestral subsumida en todas ellas: la fuga a la carrera como si nos persiguiera un animal. No importa si el animal existe o no, en realidad el hombre moderno puede activar esta alarma en un sin fin de ocasiones a través de su codificación del mundo, lo importante es recordar que cuando se activa el pánico, estamos activando otras alarmas que se encuentran en niveles más bajos del sistema y que aunque el pánico sea ancestralmente una emocion del tallo cerebral, en realidad la orden del disparo procede de la corteza cerebral, es decir de nuestro cerebro más moderno, ese que es capaz de reconocer peligros que son solo simbólicos y mandar un mensaje cifrado en clave de alarma hacia la amigdala donde es de nuevo enviado hacia abajo para que nuestro cerebro reptiliano ponga en marcha el programa “Lucha o huye”.

Después de esta explicación, queda claro que algunos malestares humanos, esas quasi enfermedades a las que me he referido más arriba son reacciones exageradas de nuestros sistemas de alarma que se han sensibilizado a causa de nuestra -casi infinita- capacidad de procesar símbolos o dicho de otra forma son peajes evolutivos que pagamos por ser tan inteligentes como somos.

De manera que no están indicados tratamientos demasiado complicados o comprometidos y se impone el sentido común.

Primum non nocere.

Es por eso que la primera actividad que el médico debe realizar cuando se entra en contacto con un enfermo de estas caracteristicas es evitar la yatrogenia y no sólo eso sino deshacer las consecuencias de las experiencias anteriores.

La yatrogenia puede definirise como aquellas enfermedades supernumerarias que proceden de las actividades médicas, es decir de las exploraciones, la cirugia o los tratamientos. Pero existe un concepto duro de yatrogenia que no tiene tanto que ver con lo que se hace con un enfermo determinado sino con las convicciones y las expectativas ligadas a la evolución de una determinada enfermedad, algo que ya no tiene que ver con la actividad médica sino con la sociedad mediática en la que estamos inmersos. Antes de darle la culpa a los médicos o a los medicamentos hay que pensar que nosotros los médicos tambien somos victimas de esa yatrogenia social que yace en la publicidad, en la politica, en las campañas sanitarias o en la información que se brinda en los medios de comunicación. La verdadera yatrogenia se encuentra en las expectativas que comparten amplias capas de la población, es decir en sus creencias sobre las enfermedades: las certezas compartidas son el nucleo duro de la yatrogenia, algo mucho más dificil de medir que los efectos adversos de un fármaco cualquiera.

Lo segundo es hacer psicoeducación, es decir explicar en qué consiste ese dolor, esos vómitos, esos atracones o esa diarrea, de forma sencilla y comprensible para el paciente: hacerle llegar un mensaje que pueda entender de acuerdo con su formación y comprensión. Les recomiendo la metáfora de las alarmas que conté precisamente en este post.

Hay que evitar tanto la medicalización como la psicologización del malestar: la mente es sólo una puerta de entrada accesible en el discurso medico-paciente pero no existen razones psicológicas para la mayor parte de los sintomas  a los que me he referido en este post (tal y como ya expliqué en el post anterior), por tanto las exploraciones psiquicas en profundidad generan nueva yatrogenia. Las alarmas neurogénicas del dolor por ejemplo se activan o inhiben por debajo de la conciencia -carecen de Logos- igual que la micción, la diarrea y otros. Sin embargo el pánico que es la alarma que se pone en marcha cuando el organismo siente que va a ser atacado por una fiera o en circunstancias de asfixia si puede ser psicologizado, es un sintoma mental y existen tratamientos cognitivo-conductuales eficaces.

Establecer una buena alianza terapéutica es condición sine qua non para poder realizar cambios en los pacientes: hay que currárselo y la confianza seguramente no aparece sino espontáneamente. Es evidente que los enfermos que establecen relaciones cordiales, seguras y de confianza con su médico tienen mejor expecativa ante cualquier situación clinica que aquellos que insisten en recibir medicamentos, pretenden imponer exploraciones o buscan simplemente exenciones para su actividad laboral.

La curación es un proceso donde el médico actua como guía, no están indicadas en ningún caso las actitudes paternalistas o impositivas, el proceso de cambio sucederá con una total implicación del paciente en su bienestar o no sucederá, el paciente debe abandonar tanto las expectativas titánicas como las actitudes dependientes. El paciente es el mejor agente de su salud y su mente y raciocinio un aliado.

Pueden usarse medicamentos como filtros sintomáticos pero los fármacos no cambian las creencias y los circuitos de nuestras alarmas son muy resistentes a la extinción. Y lo son por razones evolutivas, para ser eficaces el individuo tiene que mantenerlos operativos y en marcha, una alarma que dejara de sonar dejaria de ser una buena alarma, es por eso que nuestros circuitos neurogénicos guardan copia de todas las ordenes eferentes hasta que reciben la orden de “erase”. Y esa copia es muy dificil de borrar, es por eso que el dolor, el vómito, la diarrea, la rinorrea o la cistitis son sintomas recurrentes, vuelven y vuelven: puesto que se encuentran emparejadas (condicionadas) a un sin fin de situaciones neutrales de la vida cotidiana.

No están indicadas las restricciones alimentarias, ni de estilo de vida que no estén directamente implicadas en el formación del sintoma. Las dietas, prohibiciones o restricciones acaban convirtiéndose en yatrogenia porque cristalizan en convicciones irracionales: por ejemplo el chocolate provoca dolor de cabeza. Sólo en el caso de la anorexia o de la obesidad ligada al trastorno por atracón están indicadas estas maniobras que por si solas tienen muy poca capacidad de modificar nada: han de ir vinculadas a un tratamiento que implique a las creencias.

Y la mejor forma de cambiar las creencias es sustituir las viejas por algo nuevo, -imitando a la evolución- sin desmantelar las antiguas y es por eso que los pacientes que mejor responden a los tratamientos son aquellos que mantienen una comprensión intuitiva alrededor de la idea de que la expansión de su conciencia es capaz de  disminuir la disonancia entre como se perciben a si mismos y como perciben las causas de su enfermedad. Sin cambio de creencias no hay cambio interno.

Lo nuevo no desvanece lo antiguo sino que lo bifurca y aparece una nueva constelación de cogniciones.

La mejor forma de graduarse las alarmas es entrando por el nivel mental lo que no significa que estén indicados tratamientos psiquiatricos o psicologicos convencionales, paradojicamente con esta idea somos los psiquiatras y los psicólogos los especialistas en el Logos, es decir en hablar. Aunque estas enfermedades no van a responder a maniobras psicoterapeuticas concretas, lo cierto es que son muy sensibles a las relaciones interpersonales y a todo aquello que sucede entre las bambalinas de las relaciones (el afecto y el respeto), la mejor forma de cambiar algo es cambiar la forma de relacionarse con el otro, no para caer del lado de la fascinación que opera en la hipnosis o en la sugestión, ni en la exploración del inconsciente freudiano sino en la simple pedagogia con ayuda o sin la ayuda de alguna de esas técnicas que estimulan el placebo interior.

Me refiero a las posibilidades de autocurarse por uno mismo pues al fin y al cabo solo uno tiene el mando a distancia de sus alarmas.

13 pensamientos en “Desprogramando alarmas

  1. Es grato leer artículos con tanto sabor biológico evolutivo. Damasio critica a los cognitivistas puros (creo que la crítica se puede extender a todos los colectivos de profesionales de lo neuronal, es decir, psicólogos, psiquiatras y neurólogos) la ausencia de referencia a organismo, evolución y homeostasis.

    En mi opinión la percepción es una función premotora, algo que prepara e incita a la acción.

    Es un poco deprimente comprobar cómo el tema que genera más volumen de prestación sanitaria y más sufrimiento (los síndromes “sin explicación médica”) no sólo no son atendidos y entendidos por los médicos sino que, involuntariamente (tú podrás precisarnos cómo entender este complicado adverbio) se contribuye a cerrar el bucle de autoalimentación.
    Se necesitan más reflexiones como las de este post. Bravo.

  2. Muchos también recalan en Neurología. Me temo que son colectivos de pacientes no queridos y ellos lo captan pero, en ocasiones, ellos mismos rechazan un enfoque pedagógico-orientativo-activo pues están instruidos en el modelo terapia para todo Hoy mismo, en la consulta, el hijo de un paciente de 87 años con una vitalidad física envidiable me pedía que le diera algo para que “ande menos” (sic) . No me ha resultado fácil convencerle de que no disponemos de ese tipo de remedios.

  3. Los médicos hemos sido educados y formados en una determinada “ideologia” que es la dualidad, hasta las especialidades han fragmentado la unidad cuerpo-mente y se han erigido en los nuevos idolos de los médicos en formación y tambien entre los pacientes. la consecuencia de esta forma de pensar es la multiplicación de las entidades (de las especialidades) y la fragmentación del saber.
    Es lógico que ante un sintoma inexplicable el médico se sienta impotente y rechace al paciente, lo más probable es que acabe en psiquiatria.

  4. “nuestro cerebro adelanta sobre lo que va a suceder (percibir)”
    Me impresionó mucho la entrevista de Punset a Hawkins (que tituló precisamente “Construyendo la realidad”!), y a la vez cuando dice “los riesgos que esperamos encontrar” me ha traido inmediatamente a la memoria ese concepto de “historicidad” de B. Goodwin (“cuando el cerebro está trabajando para reconocer un patrón, lo que realmente esta haciendo es formular una hipótesis de lo que cree que es eso y tiene la intención de verlo, e interpretarlo de un modo particular. Eso es una intención. No vemos nada a no ser que tengamos la intención. Así que tenemos que aprender a intentar. Si vamos probando y si encontramos algo que encaja, nos quedaremos con esa idea hasta vernos forzados a cambiarla. Hay una historicidad, esa es la palabra técnica, una dependencia histórica”)…
    Leo entre líneas en este post -sublime como pocos- un sincretismo o multidisciplinariedad que al menos a mí me embriaga (un poco de Llinás, otra gota de Berkeley, un chorrito de Damasio-Varela, una onza de holismo, ideas precursoras de M. Martínez, hasta a Zeitgeist sabe esto, y todo ello agitado por su prodigiosa mente de neurobarman!)…
    “Cada una de estas alarmas (…), es autosimilar a la que le precede pero opera en una octava distinta” ¡Hasta fractales nos pone en este cocktail mágico! ¡Y música! (no podía ser de otra manera viniendo de usted…) Tanto tiempo poniendo patas arriba los esquemas clásicos de la causalidad y tengo la impresión de que ya tiene al toro cogido por los cuernos, Rey Carmesí…
    Extraordinario, extraordinario… Que bellísimo post, qué gran día de arrobamiento, cuánta sialorrea!… Si me permite decirlo aquí, yo diría que se se está superando a sí mismo…

  5. Pingback: Pan y el pánico « neurociencia-neurocultura

  6. Les voy a hablar desde el lugar de donde tantas metáforas y descripciones escriben. Está a un paso. Es la locura. Concretamente: trastorno obsesivo compulsivo, rasgos fóbicos y, de un tiempo acá, también, dolor neuoropático, que yo interpretaría como una de las facetas o fiel acompañante de las fobias. He vuelto al post del maestro después de un tiempo.

    Vine para traerles unas palabras. Y estas palabras pertenecen a un pequeño trabajo que realicé a medio camino entre filosofía, literatura y autosanación. Iba dirigido a alguien que no tenía, o quizá sí, ni remota idea de que el mismo cerebro puede crear las sombras más terribles y las más bellas luces. Y además en intervalos de medio minuto. En fin.
    Como es tanto y de tan alto valor lo que se entrega en este post casi semanalmente, no me queda sino regalarles esta lectura. Qué menos. Casi todo está dicho. Pero lo que es distinto es cómo se dice y la circunstancia de quien lo dice. Salud.

    Lucidez y locura. El miedo
    A mi modo de entender, los dos rasgos más característicos de las enfermedades mentales y que las distinguen del resto de enfermedades, son: el sentimiento de culpabilidad y el dolor psíquico, cercano a la desesperación. Una persona no se siente culpable cuando se parte un brazo al escurrirse por una ladera, no se siente culpable si su hígado se hincha y tiñe de amarillo las células de su piel, no se siente culpable cuando viene la fiebre después de una mala noche de invierno. El loco, sí. Él se siente profundamente culpable de lo que le ocurre. Por eso no se comunican las experiencias a nadie, al menos en los primeros momentos, y siempre hay una sensación de vergüenza cuando trata de exponerlas. Las enfermedades asociadas a los trastornos de ansiedad suponen ya un 5-9% de la población, y sus síntomas se presentan en prácticamente todas las demás, incluyendo los casos más severos de neurosis y esquizofrenia, y en la muy extendida depresión.
    Lo que abruma de todo esto es la intensidad de los síntomas, su poder cancelativo, aun de las actividades más cotidianas y agradables, y la velocidad con que se propagan desde que aparecen, saltándose todo cuanto uno ha aprendido desde su más tierna infancia. La primera reacción, y la más equivocada, es enfrentarse con las imágenes y pensamientos dolorosos que van surgiendo, tratando de anularlos y expulsarlos de nuestra cabeza. Esta actitud, muy humana ya que uno siente una total indefensión frente a todo lo va perdiendo, amplifica todavía más los síntomas. Además esto se realiza diariamente. En la cabeza del enfermo, hay una guerra donde rivales y campo de batalla son él mismo. El loco es la persona que más sufre porque no tiene esperanza alguna.
    Es después, en un proceso donde la paciencia se vuelve casi una ciencia, y uno ante el espejo reconoce como suyo todo ese dolor, todos esos descalabros mentales y frustraciones, no intentando enterrarlos sino sacarlos afuera, a la luz del día; cuando comienza de nuevo, cuando casi no lo recuerda, a entenderse. Y ahí comienza el camino, no menos tortuoso, de la reconstrucción. Pero eso ya eso es otro cantar.
    Cuando uno no comprende lo que ocurre, surge el miedo. Cuando la mente no metaboliza las sensaciones que penetran por sus sentidos y permanece rígida, extraña, incapaz de dar con una salida adecuada. Cantaba Atahualpa Yupanqui: “caminante que no camina, le camina el pensamiento”.
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    La superación de la dualidad maniquea bueno/malo. El mundo de la ideas y de los sentidos.
    Ya he comentado en la introducción el peso funesto que los valores absolutos ejercen sobre nuestra conducta. Y esto es una realidad psicológica, es decir propia nuestra naturaleza. Siempre que un grupo de hombres ha intentado imponerse sobre otros, ha utilizado, en su provecho, todos estos mecanismos en beneficio propio. Digamos que ha inducido, en determinados momentos históricos, todo este conjunto de síntomas, que individualmente definen las enfermedades mentales. Estoy pensando en las estructuras de poder de las dictaduras, sean de partido único, de junta militar o de casta sacerdotal. Y estoy hablando del nuevo poder que gobierna el mundo: el de los medios de comunicación, que ni siquiera ocultan su verdadero fin, los beneficios, al precio mental que sea, sacralizando el pensamiento único. Y estoy pensando en la educación religiosa, que en los años 50, recibieron mis padres; hasta lo que conozco, el paradigma de cuanto he comentado.

    Ya Nietzsche, en el siglo XIX, acusó al Cristianismo de poner el fin del hombre más allá de la vida, más allá de él mismo, con el objetivo de seguir manteniendo todos los privilegios y atar las almas para salvarlas de la perdición, o de la libertad. Totalmente de acuerdo. Otra vez psicología aplicada.
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    El relativismo como principio adaptativo de nuestra mente.
    Las ideas obsesivas son absolutas porque no dejan un desliz para colar una nueva interpretación, una perspectiva nueva. Son un martillo que golpea, sin acogerse a novedades, con la misma fuerza y en el mismo sitio. Lo duro es que crean una estructura mental permanente y hacen caer en su laberinto todos los intentos de diálogo interno positivo. Se les llama ideas concéntricas y también fobias. La mente entra en un bucle y da vueltas sin provecho alguno. Pero el cerebro no ha muerto todavía. En él, también, está la semilla de su renovación para crear estructuras nuevas. Otra vez la bella paciencia. La perspectiva es el camino, la aceptación y la confianza en las posibilidades. Y es duro, porque, en una mente fragmentada y miedosa asentar el sosiego necesario, es ardua tarea. ¿Pero acaso hay más alternativa? O de otro modo: ¿Hay algún otro proyecto más grande y hermoso que merezca nuestra dedicación?

    La base racional de nuestro cerebro
    Es curioso que a los locos se les llame a veces irracionales. Otra idea preconcebida y errónea. Hablemos de mi experiencia. Mi formación ha sido técnico-científica. Ni siquiera los momentos más agudos de esta enfermedad me han privado de resolver problemas, elaborar esquemas, redactar trabajos o explicar a mis alumnos el papel fundamental del centro de gravedad para la estabilidad de las estructuras de edificios y máquinas. Claro está, envuelto en aturdimiento, mareos y con una menor dispersión expositiva. Pero nunca para mí, 2 y 2 fueron 5. Y el triángulo equilátero tuvo siempre 3 lados iguales. Recuerdo a Descartes sentado a la lumbre, después de una jornada soldadesca: en los sueños, donde la realidad sensorial está tan alterada con respecto a la vigilia, las figuras geométricas, abstracciones matemáticas, conservaban los mismos lados y propiedades. Luego vino el “Pense, donc je suis”. A mi entender dio en el clavo.
    Es curioso como aprenden los niños el lenguaje, y como construyen a partir de un sustrato lógico los tiempos de los verbos. Conocidas las formas regulares, las aplican siempre, y al llegar a un tiempo irregular se equivocan. ¿Pero de verdad se equivocan? Lo que ocurre es que son, ya desde el principio, racionales, una base heredada de nuestros lejanos antepasados. Aprenden a usar la razón. Pero con la racionalidad ya salen del huevo materno.

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    La lucha por la vida.
    Una pregunta recurrente que el psiquiatra hace al paciente, en cada consulta, es si ha pensado o piensa en el suicidio. Desde luego que ha pensado. Largo y tendido, como una de las posibilidades más a mano para eliminar tanta ansiedad y dolor. Y lo ha pensado fríamente, en esos instantes en los que aún puede reconocer su voz interior y su ser reflexivo. Y lo ha pensado en la desesperación. En Cuenca, los suicidas tienen un lugar de despegue, el Puente de S. Pablo. Y de ahí al río Huécar, sesenta metros más abajo. No quiero ser cínico, pero sí dejar claro que tan humano es ser saberse feliz como saberse desdichado.
    Frente al abismo que supone cuestionarse, si merece o no, seguir existiendo tal y como es nuestra vida, en ese interminable laberinto de tiempo y emociones rotas que no cesa, el camino que uno toma es instintivo, emocional. Racionalmente, uno piensa que no merece la pena seguir respirando. Pero hay algo interior que se rebela contra ese sentimiento, contra ese simulacro de realidad instalada en la mente, a todas luces irracional. En mi caso, así fue.

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    La abstracción del dolor y la aceptación de la realidad.
    Ponerse en marcha, trasmutar el dolor, hacer de la debilidad una fuerza y confiar en lo que uno no ve ni percibe. Casi, o sin casi, un acto de fe. Creer en lo que no se vislumbra por ningún lado. Así se arranca uno de cuajo de esta abominación. Fe ciega.

  7. Este trabajo apareció en el post hermano Mito, narrativa y salud mental. De la distancia nace el olvido. Y del olvido, el recuerdo. Porque nada más trasportarlo, me acordé de haberlo dejado en otro lugar. Pero pensándolo bien, bueno es repasar las cosas. Y leerlas de nuevo para tomarlas en sus justas proporciones, transcurridos casi dos años. Un saludo.

  8. Pingback: Ontologia de las cosquillas « La nodriza de las hadas y el rey carmesí

  9. Me emocionó el artículo. No soy ni médica, ni psicóloga, ni bióloga. Mi campo de acción es la danza, soy improvisadora en movimiento y profesora de Técnica Alexander. Mis lecturas e intereses relacionados tienen que ver con autores e investigadores que conciben al individuo como totalidad, de ahí que llegué a este artículo buscando relaciones entre Damasio, Llinás y Varela. Así que leer sobre la superación de la dualidad, o el reconocimiento de que los médicos hayan sido educados en una ideología dual que fragmenta cuerpo y mente es un atisbo de conciencia integrada, en mi humilde comprensión del concepto, una felicidad esperanzadora. Gracias!

  10. Un artículo que si bien no lo he entendido todo me ha parecido muy interesante e innovador, a la par quen me ha dado datos de personslidades de esta parte del conocimento con sus diferentes observaciones que son de lo más creativas e impensables desde la óptica cotidiana, cada dia queda uno más prendido de la enormidad, de las posiblidades de esto que llamamos vida, mente, cerebro, creatividad. Si no hay obstáculos seguiré leyendo sus articulos y siguiendo el rastro de nuestra evolucion.

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