Elogio del resfriado


Tenia 24 años y acababa de entrar a trabajar como médico interno en el Hospital en el que aun sigo trabajando después de múltiples idas y venidas.

Vivía alli en una especie de pisito aledaño donde comiamos, dormiamos y nos distraíamos los médicos internos cuando no estábamos de guardia o de servicio matutino. Allí fue donde pillé unas anginas de aquellas de antes, con pus, disfagia, fiebre alta de casi 40 grados y ese trancazo que caracteriza a las enfermedades agudas y que no te deja otra alternativa más que permanecer -hipocráticamente- en la cama. Cada uno de los compañeros que entraban de guardia venian a visitarme y me recetaban antibióticos, primero de forma oral, más tarde y en vista de que mis anginas parecian resisitir todos los ataques de esos ejercitos antibióticos pasaron a mayores y me pusieron penicilina benzatina, aquellas inyecciones dolorosísimas conocidas como Benzetacil.

Pasó una semana y mis anginas no remitían de manera que una monjita -la que se encargaba de traernos la comida- me miró con cara de pena y me anunció que daría parte (antes se deba parte de todo) all Dr Tal, que era el jefe de servicio de Otorinolaringologia: se trataba de uno de aquellos médicos antiguos que pasaban visita con monja y palangana incluidas y que iban armados de unos de aquellos espejos frontales con los que exploraban las faringes ajenas. El Dr me abrió la boca con aquellos aparatos metálicos y despues de dejarlo en la palangana de la monja adjunta, dijo: “este chico ya está bien, que suspenda los antibióticos”.

Me quedé de una pieza porque yo no me sentía en absoluto bien, pero entendí que aquel hombre habia visto en mi faringe algun signo reconocible de que mi enfermedad estaba en resolución. “Que tome zumo de naranja” -añadió- a modo de despedida.

Y las monjas me lo trajeron, ese dia y al siguiente y al otro.

Al dia siguiente mis anginas se tornaron del color rosado de la carne y aquellos velos blanquecinos que las recubrieron durante una semana desaparecieron. El otorrino tenia razón, yo ya estaba curado sólo que no lo sabia.

Y nunca más volvi a tener anginas, lo que significa que aquel dia acabó mi adolescencia, aquel dia dejé de reaccionar como hacen los niños ante los gérmenes (al menos los niños de antes), aquel dia perdí mi reactividad infantil.

Y no quiero decir que no haya vuelto a tener enfermedades febriles pero todas han sido pequeñas bromas si las comparamos con aquel episodio. Cierto es que he tenido gripes, faringitis, resfriados vulgares, sinusitis, otitis, foliculitis y cosas asi, pero ninguna de estas enfermedades logró mantenerme una semana en cama, ninguna elevó el termómetro hasta los 40 º y ninguna parecía ser tan resistente a los antibióticos como aquel episodio de anginas.

Se trataba de enfermedades light, enfermedades como de broma, enfermedades de adulto.

A los 40 años aproximadamente comencé con una rinitis que arrastraba durante cierto tiempo hasta que un amigo mio alergólogo me hizo las pruebas pertinentes y me anunció que era alérgico a los ácaros. Yo no sabia ni una palabra de esos bichejos pero siempre me extrañó que un hombre que habia sido criado enmedio de ranas, culebras, perros, gatos, galiinas, cerdos, polvo y anguilas pudiera tener alergia a los ácaros. Pero acaté las ordenes de mi amigo alergólogo y me tomé los antihistaminicos que me prescribió. Noté cierta mejoria durante algun tiempo, aunque pronto cai en la cuenta de que mis episodios de estornudos, mocos y obturación nasal nada tenian que ver con los ciclos sexuales del susodicho ácaro sino que iban y venian al azar. Al principio mi rinitis era primaveral pero hoy es todo el año, asi que un buen dia abandoné los antihistaminicos y me puse a pensar acerca de qué es eso de la cronicidad.

Cuando era estudiante de medicina la teoria al uso era que la cronicidad procedia del mal tratamiento de una enfermedad aguda. Y seguramente esto es cierto en las enfermedades traumáticas o en otras, pero no en las infecciosas o en aquellas donde nuestro sistema inmune se encuentra comprometido. En realidad la enfermedad crónica no está traduciendo un mal tratamiento de la enfermedad aguda sino que aparece precisamente porque las enfermedades agudas han desaparecido.

Y no quiero decir que unas vengan a ocupar el nicho ecológico que dejaron las otras, sino que unas aparecen precisamente porque las otras han desaparecido, lo que viene a decir que las enfermedades agudas protegen de alguna forma de las crónicas.

Y esto es lo que estamos viendo los médicos de hoy: las enfermedades crónicas aparecen aun en ausencia de enfermedad aguda. Diriase que una vez que hemos liquidado casi todas las enfermedades agudas lo que nos queda es lidiar con las secuelas de la desaparición de las enfermedades agudas: una gran contradicción. ¿Pero existe hoy algun niño que tenga anginas como aquellas de antes?

Pues claro que no, los niños y los adolescentes de hoy hacen directamente una bronquiolitis o una neumonia sin pasar por las domésticas anginas. Es seguro que aun existen enfermedades agudas pero representan enfermedades más graves de las que padeciamos los niños en los años 50. Y aqui parece existir una gran paradoja ¿cómo es posible que las enfermedades banales hayan desaparecido dejando paso a enfermedades crónicas y a enfermedades agudas mas graves e incluso exóticas?

¿Por qué ha sucedido esto?

Les contestaré a esta pregunta con otra: ¿qué se hizo del sarampión, de la roseola, de la varicela, de la difteria?

Dicen algunos optimistas que estas enfermedades han sido erradicadas, pero no es cierto: lo que ha sucedido es que estas enfermedades han sido reducidas a una expresión sintomática banal,  se manifiestan sin fiebre y casi sin exantemas y pasan así desapercibidas dejando a nuestro sistema inmune en paro ya desde la más tierna infancia. Son los efectos secundarios de las vacunas, es decir de esa forma tan industrial de liquidar y suprimir sintomas de enfermedades que carecen de importancia.

Y aqui esta la clave la palabra “supresión”. Pues suprimir algo (sintomas agudos) tiene efectos secundarios a largo plazo

Es verdad que algunas enfermedades agudas por si mismas pueden terminar con la vida de una persona, pero no todas las enfermedades agudas tienen la suficiente virulencia para hacerlo. Una enfermedad aguda es una oportunidad para que el organismo se limpie, se depure y se resetee como hacemos de vez en cuando con nuestro ordenador. Mis anginas de los 24 años estaban marcando una transición de fase, estaba estrenando mi primer trabajo como médico, aquellas anginas representaban mi iniciación en el mundo adulto y trataba de liquidar todas las tóxinas de las que necesitaba desprenderme para adentrame en una nueva fase, aquella enfermedad me estaba tratando de enseñar algo y aprendi la lección, aunque un poco más tarde: mi cuerpo trataba de decirme, “hasta aqui hemos llegado amigo”, ahora debes reciclar todas tus células, muchas deben morir.

Mis bienintencionados compañeros trataban de enmudecer aquel discurso improvisado con antibióticos pero mi cuerpo se negó a escucharles y solo calló cuando terminó con su proceso de cambio. Sufrí durante una semana a pesar de los antibióticos y menos mal que a nadie se le ocurrió cambiarme el antibiótico a uno de esos de amplio espectro, el estropicio hubiera sido mayor. Sólo el Dr Tal pareció entender que aquel proceso febril representaba la fase de curación de una enfermedad y que habia que dejar que el cuerpo trabajara a sus anchas. Su intervención por si misma me liberó de un trabajo adicional: al dia siguiente estaba en pie sin fiebre aunque muy debilitado por el proceso.

En realidad casi no recordamos que las enfermedades tienen dos fases: una simpática y otra parasimpática. Y que están justificados determinados tratamientos según nos encontremos en una fase o en otra, por ejemplo dar antibióticos durante la fase parasimpaticomimetica es un error porque el organismo ya está en fase de resolución. Las fases son reconocibles por sus efectos y sintomas acompañantes, durante la fase simpática estamos excitados, dormimos mal, no tenemos apenas hambre y notamos los primeros sintomas del trancazo en cuestión. Durante la segunda fase estamos sedados, con mas apetito, dormimos demasiado y ya apenas tenemos sintomas claros.

Como mi supuesta rinitis alérgica: ¿Existe alguna relación entre mi alergia a los ácaros y mis resfriados anteriores tratados con antibioticos?

Claro que si: a mayor intensidad de la enfermedades agudas disminuye la posibilidad de desarrollar enfermedades crónicas. Es evidente que suprimir las enfermedades agudas de los niños propicia una mayor incidencia de enfermedades crónicas como la alergia y otras.

acaro

En realidad la alergia a los ácaros es un epifenomeno no causal de algo interior que se está cociendo en nuestro sistema inmume y que tiene que ver con su incompetencia. El problema no está en los ácaros sino en nuestros linfocitos destinados a producir citoquinas con tal de establecer los limites de nuestra identidad. Pues eso es precisamente nuestro sistema inmune: un sistema de reconocimiento, un Yo auxiliar que viene a determinar qué es Yo y qué es no- Yo.

No es de extrañar que en ausencia de cosas mejores que hacer nuestras células destinadas a la defensa se distraigan cazando células propias y atacando a los mastocitos de nuestra nariz con tal de hacerla producir más histamina, la responsable del moqueo.

Ls enfermedades agudas son pues beneficiosas para estimular nuestro sistema inmune si somos capaces de mantener ese delicado equilibrio entre la hiperergia (simpaticotonia) y la anergia (vagotonia) a la que parecen condenados nuestros niños de hoy a causa de las vacunaciones masivas, los abusos de los antibióticos y de los antitérmicos y tratamientos sintomáticos, por no hablar de la dieta y del estrés, otros de los agentes implicados en una mala resuesta inmune.

Si no consiguen llevársenos por delante las enfermedades agudas son muy beneficiosas para la salud a largo plazo de los humanos, tanto es asi que cuando faltan echamos manos de ellas para que salgan en nuestro auxilio y las inventamos o nos las autoprovocamos. La enfermedad aguda es una bifurcación, una oportunidad de cambio, pero con una condición: tiene que ser lo suficientemente intensa para comprometer el estado general hasta tal punto que sea necesario guardar cama, retirarse de las ocupaciones habituales y exonerar liquidos, calor, fluidos, materia fecal y energia. Sin esta exoneración o purgación biologica ninguna enfermedad aguda pasa de ser una reagudización de uns sistema crónico que se mantiene en anergia, una forma de hiporeactividad estable que es la madre de todas las enfermedades graves. Una buena salud no es pues la ausencia de enfermedad sino la emergencia de vez en cuando de una enfermedad aguda que no debe suprimirse del todo dejándola evolucionar segun los planes de la vida.

julius-wagner-jauregg

Es algo bien conocido desde la antiguedad. El unico psiquiatra que ha recibido el premio nobel de medicina fue Wagner Von Jauregg y lo recibió despues de descubrir que la inoculación de la malaria mejoraba la paralisis general, más tarde la esquizofrenia. Después la cosa se refinó un poco sustituyendo la incoulación de la malaria por los comas diabeticos causados por la insulina y ya más recientemente  Cerletti i Bini sustituyeron los comas -siempre peligrosos- por las convulsiones causadas por la corriente eléctrica más conocida hoy como electrochoque. Sin embargo estas técnicas tienen mala prensa y ya no se usan en nuestro repertorio terapéutico salvando las pocas indicaciones de los electrochoques que se han conservado casi en formol para los casos de melancolia graves y resistentes a los antidepresivos y causando además interminables discusiones tanto en el seno de la psiquiatría como en el público en general.

Es verdad que estas técnicas no son resolutivas y que una gran cantidad de pacientes vuelven a recaer pero tambien es verdad que nadie hasta la fecha ha relacionado estas intervenciones cruentas con la inoculación de un proceso agudo en el devenir crónico de un enfermo hiporeactivo y anérgico que no responde a los fármacos, ni enferma jamás de otra cosa salvo de esa terrible enfermedad crónica que arrastra como un fardo y que le impide enfermar de otra cosa. Ni siquiera anginas tienen los pobres esquizofrénicos crónicos por no hablar de lo que pasa a la mayor parte de la gente cuando abandona la juventud.

Efectivamente nos hacemos todos anérgicos, hiporeactivos y tenemos una menor tendencia a tener fiebres, a reaccionar con pus ante una infección o con exantemas, diarreas o mocos. En lugar de eso las personas de nuestro entorno enferman de psoriasis, enfermedades autoinmunes como la colitis ulcerosa, hacen cánceres diversos o sufren de fatiga crónica, una forma de decir que llevan muchos años sin unas buenas anginas como aquellas que me impulsaron a mi hacia el mundo de los adultos.

hamer

Como puede observarse en este esquema extraido de las ideas de Hamer las enfermedades atraviesan dos estadíos segun predomine el simpático o el parasimpático en su evolución, a veces este tránsito se realiza sin novedad pero cuando la fase simpática ha sido débil o no ha durado lo suficiente lo usual es que la evolución se detenga en el estadio parasimpático, de ahi es dificil salir y hace falta una convulsión que en el esquema aparece como crisis epileptica o epileptoide. Toda cronicidad se desarrolla sobre un predominio parasimpático, en una especie de impasse donde el sistema es incapaz de impulsarse hacia una nueva reactividad que resetee a cero el sistema biológico que mantiene la enfermedad.

Y escribo este post desde un resfriado que arrastro ya durante varios dias: tanto moco ha salido de mi nariz que podria haber llenado varias palanganas, y no he suprimido mis sintomas salvo un dia que tuve que dar una conferencia y que pagué bien caro con un episodio de “mente en blanco” a media charla aunque -eso si- he usado cientos de kleenex.

Y los que me quedan.

16 pensamientos en “Elogio del resfriado

  1. Del mismo modo que su histórico trancazo le impulsó de una fase a la siguiente, esperemos que en esta ocasión su organismo también le esté enviando un mensaje agudo de paso de umbrales. ¿El trayecto final del camino del héroe? 🙂

  2. Pues yo de jovencita tenía un novio con quien siempre antes de irnos por ahí de fin de semana le daban anginas…… ¿me tendría alergia? al menos no lo parecía…..:-)

  3. Muchas personas enferman cuando anticipan algo que desean del mismo modo que enferman cuando anticipan algo que les produce aversion. No lo tomes como algo personal, seguro que no tenian nada que ver contigo sino con la excitación anticipada.

  4. Estimado Paco, he estado tan ocupado con tus artículos desde años atrás que no habia leído aún este último que has subido. Me trajo recuerdos de la infancia, de anginas y bencetazil, y también el recuerdo de la vida estudiantil, de las guardias en el Hospital, de las guardias Internas, con las monjas del Hospital Maciel de MOntevideo o las Monjas del Hospital de Melo (acá en Uruguay).
    Muy interesantes reflexiones y asociaciones, y me trajeron al recuerdo un artículo que he leído hace un par de año sobre el uso indiscriminado de antibióticos durante los primeros 2 años, que determinarían una predisposición a mayor a enfermedades neoplásicas durante la vida adulta, en virtud de que no se permite la maduración de un sistema inmunológico más competente en esas tempranas etapas. Me trajo al recuerdo también el artículo de Stephen King, “la lucha contra las pestes”, y la responsabilidad que tenemos con el uso de estos maravillosos fármacos que bien usados, significan un gran aliado de nuestra salud.
    Un saludo desde Uruguay y seguiremos en contacto

    Ver: Historia de los antimicrobianos y La lucha contra las pestes en:
    http://blog.360.yahoo.com/blog-XNDBRus7f6PxkrRo9vns.cHI_CaUjEo-?cq=1&list=1

  5. Estimado Paco, muy interesante este nuevo artículo que me ha paseado por mi infancia, mi adolescencia y mis años de Hospital, donde también teníamos aún las Monjas que controlaban todo. Mario Martinez nos insiste en ese tema de que muchas veces “enseñamos a nuestro organismo a enfermar”, o que no le permitimos curar. Es un tema apasionante vinculado a la psicoinmunología, y a la psiconeuro.
    Somos coautores de nuestra salud y de nuestra enfermedad, y en tu anterior análisis del libro de Bruce Lipton: la biología de la creencia, ha quedado muy bien definido ese camino. He leído otros artículos tuyos en tu blog que me ha resultado todos fascinantes: Diferencia entre oir y escuchar y el del mes de noviembre sobre los síntomas que son fractales y sobre que es un atractor.
    Este tema de la inmunología es un campo de investigación y nuevos conocimientos que marcan realmente una revolución, el sistema inmunológico es un confirmador biosimbólico, y no solamente un sistema de defensa y ataque. Saludos desde Uruguay y seguiremos en contacto
    Ver: la lucha contra las pestes y que es la biocognición:
    http://blog.360.yahoo.com/blog-XNDBRus7f6PxkrRo9vns.cHI_CaUjEo-?cq=1&list=1

  6. Querido George: recuerdo ahora a propósito de tu comentario que nosotros los valencianos tenemos un dicho que reza asi: “lo que no mata engorda” y debe ser por eso que los de cuandoentonces somos tan resistentes a casi todo, al fin y al cabo cuando yo era niño solo habia penicilina de contrabando.

  7. Yo nunca me resfrío y creo que es porque la cantinela de mi madre cuando bajaba a comprar el pan en manga corta a pleno invierno era “Agggg!!! ponte algo, que te resfriarás!!!” Y nunca me lo ponía.
    Sería interesante, por cierto, que los que no lo saben supieran que si el frío favorece el resfriado es porque “congela” los cilios de las vias respiratorias, que se quedan, por congelados, “tiesos” como un campo de trigo helado, dejando así pasar -al contrario de cuando están en movimiento por el calor- los patógenos sin filtrarlos como Dios manda.
    Ya tienen razón los chinos, ya, cuando dicen que el frío es malo…! (para los no vacunados al menos)

  8. Tu no te resfrias porque tu sistema inmune está preparado para cualquier contingencia, porque sabes sufrir y no estás vacunada contra casi nada y has pasado todas las enfermedades como toca: sin pestañear.

  9. PACO: WILHELM FLIESS ESTABA PROBABLEMNTE LOCO AL FINAL DE SU VIDA PERO, ANTES DE ESTO ERA OTORRINO Y PENSABA QUE LA MUCOSA NASAL ERA UN SUPERFICIE DE ESPECIAL EXPRESIÓN PSICOSOMÁTICA, LUEGO: NO QUIERO SABERLO PERO, ¿TÚ SABES PORQUÉ COÑO TE LLORA LA NARIZ? ¿POR QUIÉN?

  10. Esa es precisamente la diferencia entre un sintoma histérico y un sintoma psicosomático. El sintoma histérico está cargado de sentido y podria perfectamente acoplarse a eso de que la “mucosa llora” pues un sintoma histérico está hecho para mostrarse a otro y aparece en presencia de otros. Sin embargo el sintoma psicosomático no puede traducirse a una expresión discursiva histerica, pues no está hecho ni para mostrarse ni tiene ninguna relación con el otro, pues no existe una relación lineal entre la emocion concreta (el llanto) y el sintoma. Lo psicosomático no solo es cine mudo sino que carece de sentido lo que no niega su causalidad emocional.

  11. Interesante el articulo, estoy creo en el 5to dia del famoso trancazo, tengo 36 años de edad , al leer lo escrito aqui , es como una respuesta a algo que me preguntaba de hace años, personalmente tengo trancazo creo con periocidad de años no son exactos , pero por lo regular me dan creo cada 3 o 4 años segùn recuerdo pensaba que algo muy malo habia, los antibioticos jamas suplieron o alivianaron los dolorosos sintomas, fiebre intensa, dolor de cabeza etc etc..pero la verdad es que despues de este proceso enpezaba un recuperaciòn y me sentia siempre mejor, mi salud mejoraba es mas es lo unico creo de lo que me enfermo a parte de infecciones en la piel por trabajar en lugares donde el agua no es de lo mejor, pero ni gripe me da, siempre despues de este proceso de trancazo me siento como renovado en todo sentido y no se si sea imaginaciòn mia pero me va mejor!!! siento una enrgia corporal buena .
    Personalmente hasta la situaciòn animica o espiritual mejora pro que es como vovler a nacer despues de semejantes episodiso de fiebre … espero nos ea nada malo en mi caso el hecho de sentir con periocidad el famoso trancazo.

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