Conflictos territoriales y anorexia mental


Hace algunos años publiqué aqui un articulo que titulé “Los trastornos alimentarios: una forma de presión selectiva ligada al sexo”. La atmósfera en la que transcurría aquel articulo era -o pretendia ser- un recuento de las hipótesis evolutivas que distintos autores habian pergeñado hasta la fecha en la convicción de que todo lo humano incluyendo la psicopatología no podia existir sin un sustrato neural que debería ser entendido y explicado a través de la teoria evolutiva es decir del por qué dicha estructura neural habia sobrevivido a la deriva evolutiva y qué ventajas aportaba al individuo concreto.

Sí existe una enfermedad humana que conocemos con el nombre de anorexia mental es porque existe una posibilidad biológica de enfermar  -dejando de comer- y no sólo de resultar vulnerable a otras enfermedades por la propia inanición. Dejar de comer parece que activa algun tipo de programa neural autónomo que implica determinadas cogniciones que tienden a reforzar esa conducta que en términos lógicos -jasperianos o comprensibles- resulta inexplicable. Más allá de eso aun resulta más inexplicable el que la anorexia mental no reclute entre sus seguidoras una mayor cantidad de enfermedades infecciosas que se suponen relacionadas con la inanición.

En el citado artículo señalaba la paradoja de que la conducta alimentaria restrictiva desafiaba la psicopatología en el sentido de que no podia considerarse una fobia, ni una obsesión-compulsión, ni una forma de suicidio, ni una psicosis o una neurosis vulgar y corriente sino una enfermedad en la que lo psiquico y lo físico se anudaban en una extraña combinación que recordaba en cierto modo a nuestra vieja conceptualización de las enfermedades psicosomáticas por más que la anorexia mental recuerde más bien a una enfermedad puramente mental debido a la imperturbabilidad y la resistencia del paciente a renunciar a sus practicas restrictivas por encima de cualquier consideración bienintencionada. O que aun contando con la voluntad decidida del paciente resulte tan dificil recuperar el peso perdido.

Del mismo modo las distorsiones del esquema corporal que acompañan a algunas formas de anorexia ponían en tela de juicio nuestros modelos psicopatológicos, no eran alucinaciones, ni ilusiones ni pareidolias. Todo parecía indicar que la anorexia mental era una enfermedad nueva. Y lo cierto es que no lo es.

¿Qué falla entonces en nuestra conceptualización de esta enfermedad?.

En aquel artículo pasé revista a las principales teorías que los investigadores evolutivos habian lanzado a modo de hipótesis:

  • La hipótesis de la rivalidad entre mujeres de Abed.
  • La hipótesis de las ventajas de la subfertilidad propuesta por Volland y Volland. O la muy similar del “crecimiento ralentizado” de Montagu y cols.
  • La hipótesis de las aversiones alimentarias, y la supervivencia del asco o el disgusto como emociones discriminativas que favorecen la supervivencia.
  • La hipótesis del horror a la obesidad de Rusell.
  • La adaptación a modelos hiperfemeninos de Gordon.
  • La relación de la anorexia mental con la monogamia (Kandhelwal)
  • La hipotesis del altruismo alimentario de Demaret.
  • El autosacrificio frente al temor arcaico a morir de hambre de Hilde Bruch, algo que sólo puede darse en entornos de opulencia alimentaria.

Con independencia de las aportaciones de estos autores siempre pensé que en todo este catálogo faltaba algo. Pero para saber qué era ese algo que faltaba tuve que entender el significado de la territorialidad en los seres humanos.

Algunos investigadores habian conceptualizado esta idea de territorialidad pero hacía falta que estos investigadores reunieran en sí las habilidades de un etólogo y de un psiquiatra. Asi me encontré con Albert Demaret que publicó hace bastantes años un libro que pasó casi desapercibido (quizá por escribir en francés) y que se titula precisamente asi: “Etología y psiquiatría” y que está publicado en español por Herder.

Fue la primera vez que leí la idea de que los seres humanos somos como casi todos los mamíferos muy vulnerables a las pérdidas, intrusiones, o amenazas a nuestro territorio. Pero habia otro concepto que tambien merece la pena señalar: se trata del concepto de rango social de Price. Como es sabido este autor construyó una teoria  para explicar la depresión humana desde el punto de vista evolutivo. Para él las depresiones tienen dos origenes que suelen coincidir en su forma con el sexo del paciente: los hombres sufren más depresiones de derrota y las mujeres más depresiones por deprivación, incluso escribí un post donde apoyándome en las teorias de Price especulé en torno a la diferente inclinación según el sexo para las toxicomanias y trastornos afectivos,  el post en cuestión se denominaba ¿Por qué las mujeres se deprimen y los hombres se drogan?.

Pero nos hace falta una definición de qué es un territorio.

La más fácil es decir que territorio es todo aquello que sentimos como nuestro, como propio o como íntimo, aquello que nos pertenece. Territorio es un concepto etológico y biológico que tiene que ver con la alimentación, las nidadas y la reproducción, algo que puede adquirir multiples metáforas o versiones psicológicas.

  • Territorio es mi casa.
  • Mis posesiones, fincas, ganado, dinero, objetos o bienes.
  • Territorio es mi trabajo y mi profesión.
  • Territorio es mi sillón, mi despacho, mi ordenador, etc.

Territorio es pues mi ámbito de poder, de influencia, pero tambien es aquello íntimo que puede resultar al mismo tiempo un intangible: mi tiempo libre, mis aficiones, mi espacio interior, este post, etc. Como el lector ya habrá comprobado territorio es siempre un posesivo, siempre lleva un “mi”.

Sin embargo el concepto de rango descrito por Price parece algo más próximo a lo humano y a nuestra jerga: al fin y al cabo todos tenemos jefes y subordinados, compañeros que se encuentran en el mismo escalón de esa pirámide de poder que es la sociedad humana y que compiten con nosotros por esos mismos bienes que tanto deseamos. Rango podria definirse como aquella condición que designa el lugar que cada uno de nosotros ocupa en lo colectivo en términos de poder. O esta -menos etológica- de la RAE: rango es la categoría de una persona en relación con su situación profesional o social.

Para un mamífero el tener poder (rango social) es muy importante porque esa posición garantiza no solamente un harén de hembras con las que copular y la reproducción o el pase de sus genes en exclusiva a la generación siguiente sino que asegura una mejor salud, menor conflictividad y ataques que los subordinados, más oportunidades de llevarse a la boca el mejor bocado y la garantia de ser desparasitado por los congéneres con más frecuencia y dedicación. Un mayor rango garantiza menos enfermedades y una mayor longevidad que los estresados individuos periféricos aunque tambien conlleva algunas prestaciones como la defensa del territorio.

Dicho de otra manera el adquirir rango social es para los mamíferos gregarios muy buena cosa, de lo que no cabe ninguna duda, rango o territorialidad son las condiciones que hacen que un individuo resulte atractivo y parece que las especies han optado por alguna de estas dos propuestas a la hora de regular socialmente sus clanes: o bien se regulan a través del territorio -en las especies nomádicas- o bien lo hacen a través del rango, en aquellas con aposentamientos fijos.

Ahora bien ¿como se manifiestan y se enroscan estos conceptos etológicos en los humanos? ¿Cómo y desde donde regulan nuestra conducta, nuestros deseos y nuestras apetencias?

Para mí ambos conceptos son equivalentes y se encuentran solapados en nuestro cerebro arcaico. Nuestro cerebro está programado para reaccionar ante una pérdida o amenaza de territorio-rango segun dos modelos el masculino y el femenino, el subordinado y el lider.

Pero como en este post he de hablar precisamente de la anorexia mental tendré que circunscribir mi exposición al modelo femenino y sobre todo al concepto de territorialidad de los adolescentes puesto que la anorexia mental es una enfermedad que afecta predominantemente a mujeres en torno a la edades de 14-18 años.

Significa que una perdida-amenaza-intrusión de territorio a esa edad no va a ser categorizada necesariamente como un conflicto por un adulto ni por supuesto los adultos van a  reaccionar del mismo modo. Porque lo que quiero decir en este momento es que una forma de reaccionar ante una amenaza al territorio es precisamente la perdida de apetito o dejar de comer, algo que los etólogos ya describieron en animales de cautividad por ejemplo (Vieira, 1979) y tambien cuando son amenazados por un congénere dominante.

O dicho de otro modo: dejar de comer es la forma universal como los mamiferos reaccionan ante un conflicto de territorio, más concretamente los individuos que ostentan menor poder o rango en la piramide social y las hembras que no tienen misiones de defensa o nidos o crias que defender.

¿Para qué comer si lo que tenemos encima es una amenaza de muerte?

Todo parece indicar que la inhibición de la alimentación es un programa genético destinado a la posibilidad de huir si esa amenaza es una intrusión amenazante por parte de algun depredador, un programa que tiene un equivalente neuroendocrino y que depende de determinadas hormonas conocidas como hormonas de estrés. En este sentido perder el hambre es una especie de sacrificio de algo que se hace para mantener las posibilidades de fuga, se trata de un aplazamiento de un instinto que garantiza la supervivencia.

Es natural pues pensar que los niños/as a esa edad puedan ser considerados como  individuos subordinados si lo contemplamos desde el punto de vista etológico, al fin y al cabo un adolescente es alguien que tiene menos poder que sus padres (en términos ideales). Ahora bien lo paradójico de este planteamiento es precisamente el hecho de que socialmente nunca antes los niños y adolescentes habian tenido tanto poder en sus familias como ahora. ¿Como podemos compatibilizar la idea de que dejar de comer sea un reflejo de la falta de poder en un entorno donde el adolescente tiene mas poder que nunca?

Dejaré ahora en suspenso esta pregunta e intentaré definir qué es para un adolescente humano un conflicto de territorio. Pondré algunos ejemplos (extraidos de pacientes reales) que considero causales o desencadenantes de una de una anorexia mental:

    1.-Una muchacha de 17 años comienza una dieta restrictiva cuando sus padres le prohiben que siga viendose con el muchacho dle que se siente enemorada.

    2.-Una chica profesional de 24 años comienza a adelgazar subrepticiamente al cambiar de ciudad e irse a vivir con otros compañeros con los que se lleva bien, pero que al cabo de un tiempo traen un perro a vivir con ellos sin pedirle permiso. La muchacha no simpatiza con los animales y el perro comienza aplantearle problemas de disciplina que no sabe como atajar.

    3.-Una chica -hija única- tiene que irse a vivir con su madre después del divorcio de sus padres y tiene que compartir su habitación con la hija de la nueva pareja de su madre.

    4.-Una muchacha de 17 años es excluida por su grupo social después de haber sido abusada durante una fiesta y decidir denunciar la agresión.

    5.-Una muchacha pierde a su pareja sentimental y poco después se entera de que ha la abandonado para irse con su mejor amiga.

    6.-Una chica cuenta de que carece en su casa de intimidad, comparte su dormitorio con otra hermana es además fisgoneada continuamente por su madre que ha terminado leyendo su diario íntimo.

    7.-Una muchacha de 16 años universitaria comparte habitación en un colegio con una amiga y un buen dia se instala alli un amigo de ésta.

Como puede observarse en todos estos ejemplos -que podrian multiplicarse hasta el infinito-, el desencadenante de la dieta restrictiva es siempre un conflicto territorial: en el primer caso los padres deslegitiman la elección de la muchacha, lo que afecta directamente a su autoevaluación reproductiva, aqui el territorio está centrado directamente con lo reproductivo.

En el segundo caso el conflicto es mucho más ostensible, se trata de un conflicto territorial con un perro, uno de los animales más territoriales que existen, la muchacha se ve incapaz de controlar la situación y deja de comer.

En el tercer caso lo que hay es una perdida de rango, desde una posición de hija única la paciente debe compartir su territorio con otra hermana. El ataque está dirigido directamente al territorio intimo lo que tambien sucede en los casos quinto, sexto y séptimo.

En el caso cuarto: el de la muchacha que es excluida por su grupo social después de una denuncia lo que hay es una perdida por exclusión, uno de los peligros más notorios de los mamiferos, ser excluido es ganar un boleto muy importante en cuanto a las posibilidades de morir, el grupo para un mamifero es siempre una defensa, una garantia de supervivencia.

Después de este conflicto hay varias posibilidades y no todo el mundo va a enfermar de una anorexia mental: las que lo hacen son las que recurren con decisión y constancia a una posición de poder. No cabe duda de que entendemos que estos conflictos planteen conflictos de territorio pero para enfermar hace falta algo más: una decisión consciente de recuperar poder en terminos conductuales e interpersonales.

Y es aqui donde incide el nivel de poder que los niños y adolescentes tienen hoy si los comparamos con los que éramos adolescentes en los sesenta. Los niños de hoy recurren a una estrategia de poder porque ya las conocen casi todas y han puesto a prueba numerosas estrategias de coacción. Utilizarlas les devuelve cierto sentido de autoestima y autoeficacia, un beneficio que opera como reforzador de la conducta restrictiva.

Y una vez puesto en marcha el programa neural consiguiente ¿por qué se mantiene tanto tiempo, por qué manifiesta tanta irreductibilidad, por qué las anorexias se cronifican con tanta frecuencia?¿por qué se lleva el juego tan lejos?

Porque la anorexia pone en marcha  un programa que elude precisamente uno de los temores -horrores- arcaicos por naturaleza: morir de hambre que es precisamente el temor que se desafia metonimicamente.

La conducta anoréxica -restrictiva- efectivamente parece contradecir el anterior argumento ¿si una persona tiene miedo a morir de hambre no seria más logico comer más de lo necesario? Desde el punto de vista de la corteza cerebral si, pero imaginemos que existe un bloqueo desde el cerebro limbico a la corteza cerebral: esta desaferentización cortical volveria el bucle hacia atrás y abajo, el tallo cerebral tomaria el mando de la supervivencia y lo haría en términos neuroendocrinos y musculares: deteniendo todos los programas reproductivos y activando los resortes de huida o fuga.

De tal manera que si no fuera por este horror primordial no habra ganancia de control ni por tanto enfermedad. Algo que tiene implicaciones terapéuticas inmediatas: si fuéramos capaces de desactivar ese temor primordial no habría necesidad de que nuestro sistema limbico se ocupara de ganar poder para compensar la perdida territorial consiguiente y al no existir refuerzos emocionales la conducta restrictiva que pudo iniciarse a raiz del conflicto se extinguiría por si sola.

Albert Demaret cuenta en su libro otra de las claves de la ganancia territorial que refuerzan la conducta anorexica sin embargo pasa de largo sobre la secuencia que describo aqui. A él le corresponde el mérito de haber señalado que en la anorexia se encuentra una cierta conducta hipomaniaca, una cierta cognición perfeccionista o de hiperactividad que ha sido señalada por casi todos los investigadores. Pero Demaret no fue capaz de precisar que esa conducta hipomaniaca -de ganancia territorial-era la consecuencia de las maniobras de poder de la enferma a fin de conseguir restablecer su amor propio después de esa perdida de territorio que inició el bucle.

anorexia

En este gráfico podemos contemplar precisamente el bucle de la conducta anorexica y el por qué la conducta y las cogniciones anoréxicas resultan tan resistentes: sirven para conjurar un temor arcaico y aunque las anoréxicas creen que tienen el control sobre su conducta lo cierto es que es el tallo cerebral el que tiene el mando junto con sus programas filogenéticos que han sobrevivido en la evolución de los seres humanos.

Hasta la fecha el tratamiento de una anorexia mental está basado en intervenciones psicoterapeuticas sobre las cogniciones propias de la enfermedad, el futuro del tratamiento de este tipo de enfermedades será necesarimente actuar sobre el tallo cerebral desactivando ese horror primordial desde donde el tallo cerebral asume el mando del cuerpo preparándolo para la huida y la carrera.

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5 pensamientos en “Conflictos territoriales y anorexia mental

  1. La propuesta que haces sobre la explicación territorial en la anorexia me ha parecido muy interesante. Creo que se aproxima mucho a las explicaciones que apelan al control, entendiendo que la pérdida de control sobre algún aspecto de la vida de la persona hace que ésta intente de alguna manera “compensarla” ejerciendo un control excesivo sobre otro aspecto: el apetito.

    Un saludo, y enhorabuena por el blog.

  2. Espléndido artículo, Paco, se me cae la baba como a mi hermanita……
    Con todo, a mí mi madre me fisgoneaba el diario “íntimo” de adolescente y juro que ni aún así perdí el hambre…..
    ¿hay que ir entonces a lo miasmático o similares? o sea ¿por qué a unos eso les supone un conflicto de intimidación de territorio y a otros no? (o por qué unos reaccionan perdiendo el hambre y otros no, etcétera……) No hay cánones…. ¿o sí?

  3. Ayyy, una cosa que se me olvidaba: leí de un perro que al morir su amo se quedó junto a su tumba (lo digo como mamífero también) y se negó a comer hasta que murió de hambre. ¿qué se supone que perdió, el territorio, el nido, o qué otra cosa? (es para seguir con lo etologico)….

  4. Se le murió el amo: no todas las pérdidas tienen que ver con el territorio sino con los vinculos.
    Con respecto a tu pregunta anterior decir que si yo fuera un cientifico ortodoxo te diria que hay algo que se llama vulnerabilidad individual. Yo no creo demasiado en ese vago concepto más bien creo -tal y como señalo en el articulo- que los niños- adolescentes de hoy tienen mas poder del que pueden manejar con sus recursos y es por eso que se meten en esos complots contra sus padres. A ti, por tu edad no creo que te diera tiempo a perder el hambre, pero no es sólo la perdida del apetito sino ese algo más que se hace para recuperar el control sobre la situación.

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