Sexualidad masculina y cáncer


johnmaynardsmithhalf

Maynard Smith es un conocido biólogo evolucionista que tiene -como profesor universitario- una manía. Suele preguntar a sus alumnos qué es y para qué sirve la sexualidad. Sólo admite como respuesta válida ésta: la sexualidad es un hito evolutivo que tiene como función adaptativa la de conseguir organismos diversos: la sexualidad -la reproducción sexual- es la forma como la evolución se aseguró la diversidad y la neutralización consiguiente de mutaciones delétereas incompatibles o inadaptadas al medio ambiente o al plan de la vida.

Es algo que está ya bien establecido: la reproducción sexual es una forma inteligente mediante la que los genes se aseguran vehículos eficaces para seguir con ese plan que no es otro sino pasar los genes individuales a la generación siguiente.

Y si existe un ser vivo que ocupe la cúspide de ese plan de diversificación somos nosotros, los Sapiens, que tenemos algunas ventajas sobre el resto de mamíferos que nos precedieron: la primera de estas ventajas es el cambio de las reglas de la hembra humana con respecto al resto de las especies. Un cambio que tiene que ver con el ciclo reproductivo que mutó desde una regla solar a una regla lunar (28 dias), pero este cambio llevó aparejado otros: la desaparición del estro tuvo consecuencias sobre la ovulación de la hembra humana haciéndola silenciosa e invisible, lo que equivale a decir que la hembra humana se diferencia de cualquier otra hembra de mamifero en que es accesible sexualmente todo el tiempo puesto que el macho ni ella misma sabe cuando ovulará.

Y la consecuencia inmediata de este cambio es el establecimiento de vinculos perdurables con los machos fecundadores: no cabe ninguna duda de que una hembra accesible todo el tiempo tiene más probabilidades de encontrar ayuda para la crianza de sus hijos que aquellas hembras que solo son accesibles una o dos veces al año: es por eso que la ovulación silenciosa se impuso al estro de los mamiferos que nos precedieron.

Pero hay otra consecuencia sexual que viene colgada de este hecho: el sexo y la reproducción son la misma cosa y aunque nosotros los Sapiens hayamos inventado el sexo recreativo y divorciado de la reproducción tenemos algunos peajes que pagar por esta causa. De eso va este post que tratará de relacionar la conducta sexual masculina con el cáncer, fundamentalmente con el cáncer genital, un legado evolutivo que está incrustado en la naturaleza humana y en su sexualidad planteando algunos enigmas.

Maynard Smith suele señalar que el invento de la perpetua disponibilidad de hembras y machos es la causa del éxito reproductor humano. En efecto, hubiera sido dificil que nuestra especie hubiera evolucionado en ausencia de estos vínculos entre machos y hembras sin cooperación entre ellos. Piénsese solamente en la dificultad que las hembras humanas tienen con sus embarazos, partos y lactancias en relación con el tamaño de sus caderas y la continua dependencia de sus retoños hasta su emancipación. No cabe ninguna duda de que la “cruel atadura” de la hembra hacia sus hijos hubiera resultado inviable evolutivamente hablando de no haber sido por ese vínculo entre hombres y mujeres que aseguraba la cooperación del macho en la defensa y mantenimiento de la prole: la cooperación entre machos y hembras es un subproducto de la continua disponibilidad de la hembra.

La siguiente cuestión es por qué los machos están siempre disponibles sexualmente hablando y qué consecuencias tiene este hecho para nosotros los hombres de hoy. Efectivamente los hombres estamos siempre disponibles sexualmente y somos siempre fértiles con independencia de la edad. No tenemos eso que en las hembras humanas conocemos con el nombre de menopausia (por más que el deseo sexual vaya disminuyendo con la edad y también la fertilidad), aunque lo cierto es que este hecho -sin ser una ruptura como en las hembras- tiene consecuencias importantes sobre nuestros coetáneos.

La clave de esta diferencia es que la sexualidad masculina depende de la actividad de una hormona: la testosterona que se segrega a través de pulsos (de forma discreta o discontinua) dependiendo de estimulos sexuales, mientras que la sexualidad femenina depende de los ciclos hormonales estrógeno-progestágeno y no depende de pulsos de secreción sino que representa en sí misma una continuidad hasta su cese definitivo: la secreción de estrogenos-progestagenos asume un modo ciclico mientras que la secreción masculina es de por vida y se produce a través de pulsos.

Debe ser por eso que los humanos tenemos la próstata más grande de todos los mamiferos. ¿Saben ustedes que los hombres tenemos la próstata mas grande que el toro?. La pregunta que ahora deberiamos responder es ésta: ¿para qué queremos tener una próstata tan grande con los problemas que este esponjoso órgano nos da a los hombres por encima de los 50 años?

Lo cierto es que los perros tambien tienen este problema y dicen los biólogos evolucionistas que en el pecado está la penitencia. Los hombres tenemos una próstata tan grande por nuestra continua disponibilidad sexual puesto que la próstata es un aparato lubricador que dota de liquido a nuestra producción espermatológica que procede del testículo. Que estamos siempre a punto por si adviene una urgencia sexual y ahi en nuestra lubricidad se encuentra precisamente el peaje, puesto que somos los hombres y los perros los mamíferos con mayor incidencia de cáncer de próstata.

El cáncer de próstata y en menor medida la hipertrofia prostática es el precio que debemos pagar por haber llegado a ser tan competentes reproductivamente hablando, se trata de un legado evolutivo, nuestra próstata está siempre dispuesta a crecer con tal de llegar a ser competente en esa tarea de lubrificación.

El cáncer de próstata es despues del cáncer de pulmón el cáncer mas frecuente en las sociedades avanzadas que son aquellas en los que los hombres no se mueren antes de cualquier otra cosa. Es tan asi, que dicen los biólogos que si consiguiéramos llegar a un estado sanitario de cosas tal que todas las enfermedades hubieran sido vencidas nos moriríamos -los hombres- de un cáncer de próstata. Porque lo cierto es que nuestra próstata comienza a envejecer y a multiplicar sus células al poco de la adolescencia coincidiendo con los primeros escarceos sexuales. Y lo hace a través de una proteina llamada PSA que se ha convertido en un marcador clinico universal de riesgo de cáncer de próstata. En realidad el PSA es una orden que dan las células para que comience la lubrificación y es por eso que el PSA asciende después del coito (o la masturbación), el PSA da la orden de que comiencen a segregarse nuevos fluidos lubricantes. Asi estamos programados los hombres: a quedar siempre bien, de lo que se trata es de asegurar la reproducción.

De manera que está absolutamente establecido que el cáncer de próstata está relacionado con la actividad sexual masculina y su especial modo “siempre en posición”. Pero esto qué quiere decir de cara a la prevención del cáncer, ¿es bueno o es nocivo mantener relaciones sexuales hasta el dia del juicio? ¿Es protectora para los hombres la castidad? o ¿por el contrario es protectora la actividad sexual?

Los datos estadísticos son poco esclarecedores por la dificultad para definir qué es y qué no es actividad sexual, por ejemplo resulta fácil medir el riesgo de cáncer de próstata en poblaciones distintas como hombres casados y hombres célibes pero no resulta nada fiable porque el hecho de estar casado no significa necesariamente mantener relaciones sexuales regulares ni al contrario el celibato asegura la castidad, tampoco sabemos como opera la masturbación sobre un grupo u otro ni tampoco la promiscuidad. Lo cierto es que algunos estudios epidemiológicos señalan en la dirección de que el cáncer de próstata es menos frecuente en los sacerdotes católicos célibes en relación con otras creencias religiosas donde no está prescrito el celibato y que tambien es menos frecuente que entre los hombres casados. De manera que si aceptamos la relación entre hombre casado y sexualidad regular tenemos que aceptar que el cáncer de próstata es más frecuente entre las poblaciones de hombres que practican sexo hasta una edad provecta.

Otros investigadores proponen que la variable critica es la satisfacción sexual y plantean esta pregunta discriminadora ¿está usted satisfecho con la cantidad y frecuencia de sus relaciones sexuales? o esta otra esclarecedora: ¿Cuantas parejas sexuales ha tenido usted en los ultimos 10 años?

Con todo es dificil -como el lector sagaz ya habrá entendido- definir qué es y qué no es una práctica sexual idónea en términos preventivos y que en cualquier caso al ser la secreción de testosterona una secreción discreta que depende de los estimulos sexuales es fácil entender que la “función hace el órgano” y que la castidad más que proteger del cancer de próstata disminuye tambien el deseo sexual lo que en términos mentales asegura una mala calidad de vida.

Claro que una vez llegado a este punto habria que señalar en la dirección de que una vida sexual sana es -desde el punto de vista de la próstata y probablemente de nuestro tallo cerebral- una vida reproductiva sana y no tanto una vida recreativa desde el punto de vista sexual, este es un concepto que veremos mucho más claramente en el post que seguirá cuando analicemos la sexualidad femenina y el cáncer.

Si en el hombre la relación que tiene el cáncer con la sexualidad está vinculada a los pulsos de testosterona que no dependen de la edad sino de los estimulos ambientales en las mujeres es precisamente el estrés estrogénico que depende de la disminución de la fertilidad electiva la responsable de la mayor incidencia del cáncer de mama: el más frecuente en la población femenina occidental.

Lo que si sabemos es que el cáncer de próstata es menos frecuente entre los hombres japoneses que viven en Japón y que esta protección de vivir en comunidades rurales japonesas deja de funcionar en japoneses que habitan en entornos occidentales. Existe pues una protección que procede de la alimentación, una específica: la soja una leguminosa que protege tanto a mujeres como a hombres y otra genérica: la alimentación baja en calorias que tambien ha demostrado su participación tanto en los cánceres femeninos (mama) como masculinos (próstata).

Y si la soja ha demostrado su papel protector es porque impide el paso de testosterona a dihidrotestosterona, una particularidad que comparte con el Sabal serrulata o palmito, otra planta que inhibe las reductasas que son los enzimas responsables en degradar la testosterona a dihidrotestosterona, un andrógeno muy potente que se supone en el origen de los cánceres masculinos hormonodependientes como el de próstata. Pero aqui nos encontramos con la primera paradoja: ¿si la dihidrotestosterona es la responsable de la calvicie significa linealmente que los calvos tienen más riesgo de desarrollar un cancer de próstata?

No lo parece pero lo que si es cierto es que el finasteride, un fármaco que en principio se investigó para hacer crecer el pelo demostró con el tiempo ser un buen anticanceroso y un mal crecepelo (aunque se venda clandestinamente para esta función), de manera que existe una relación entre ambos fenómenos. No cabe duda de que la unica estrategia terapeutica que tenemos contra el cáncer de próstata pasa por la feminización del paciente, es decir por la abolición del efecto de la testosterona en las células de la próstata.

Con independencia de estos argumentos me gustaria señalar otras cuestiones que casi nunca se abordan cuando se habla del cáncer de próstata, me refiero al papel de la limpieza – o mejor de la falta de ella- de ese órgano inaccesible y casi siempre sometido a estresores por radicales libres y restos orgánicos que por si mismos deterioran el ADN celular. Lo cierto es que la próstata es uno de esos pocos organos que dependen para su limpieza de servicios ajenos a la sangre dado que la próstata es un órgano espongiforme poco vascularizado sometido crónicamente a infecciones y traumatismos que etiquetamos como prostatitis. Solo hay dos formas de limpiar la próstata: a través de determinados oligoelementos como el zinc o el selenio y a través de una práctica que tiene mala prensa: el masaje prostático. Otras alternativas menos comprometidas para el pudor son el ajo (a través de ese antibiotico que le da su peculiar olor la alicina) y una planta bien conocida pero poco empleada para este menester preventivo, me refiero a la equinacea u otras como los comestibles espárragos o las semillas de calabaza.

O dicho de otra manera: todo parece indicar que el riesgo de cáncer de próstata asciende en los hombres con relación a la edad y está relacionado con la actividad sexual y la testosterona circulantes. Pero más que con las practicas sexuales  o el número de parejas sexuales parece que la variable critica es algo biológico inscrito en nuestros genes y que tiene que ver con la función prostática: la necesidad de mantener siempre lubrificado el canal fecundador sin renunciar a los conflictos que puedan surgir de la insatisfacción de esta necesidad biológica intimamente relacionada con la reproducción.

Periódicamente aparecen en la prensa noticias como esta: “masturbarse protege del cáncer de próstata” que se parece siniestramente a aquella frase clasica que señalaba al semen retenido como venenoso “semen retenutum venenum est”  decian los clásicos. Ni que decir que todas estas recetas son falsas pero contienen algunas gotas de verdad. Los que advirtieron de que el semen retenido es veneno no dijeron para quien, me refiero a qué órgano perjudicaba tal retención.

Lo que quiero decir es que una determinada práctica puede ser letal para un órgano y favorecedora en otro. Los biólogos que han estudiado este fenómeno la bautizaron como “teoria pleiotropica” de la que ya hablé en este post y explican por qué los machos con altos niveles de testosterona tienen ventajas mientras son jóvenes (mayor fertilidad) y ventajas cuando son mayores (menor osteoporosis) y ciertas desventajas como el citado cáncer de próstata. La vida seria entonces una especie de balance entre los planes de la propia vida y las posibilidades del individuo concreto de adaptarse a los planes de la filogénesis consiguiendo un mayor éxito  aquellos que han logrado establecer un equilibrio con su propia ontogénesis y su proyecto de vida.

Quizá la respuesta a todas estas cuestiones sea que vivimos demasiado tiempo, pero ¿quien está dispuesto a renunciar a la longevidad y a la actividad sexual?

Bibliografia:

Mel Greaves: “Cáncer: el legado evolutivo”. Drakontos (Critica). Barcelona 2002.

John Maynard Smith and Eors Szathmary: “Ocho hitos de la evolución: Del origen de la vida a la aparición del lenguaje”. Metatemas 67. Barcelona 2001.

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13 pensamientos en “Sexualidad masculina y cáncer

  1. Resulta razonable la justificación que expones de que la actividad sexual frecuente sea un factor de riesgo para el cáncer de próstata, pero recuerdo que en 2007 apareció un artículo en una revista científica importante (no recuerdo cuál), que tuvo mucho eco en medios de comunicación y que indicaba precisamente todo lo contrario: la conveniencia de tener una actividad sexual intensa hasta una edad avanzada para prevenir dicho mal.
    En fin, no es la primera vez en que aparecen estudios con resultados bien contradictorios. Mientras se aclara la cosa continuaremos disfrutando hasta que el cuerpo aguante.

    Un saludo cordial

  2. A raíz de lo leído, me pregunto por el tamaño de la próstata de los bonobos, ya que estos monos -a parte de tener casi idéntica información genética que los humanos- están absolutamente las 24 horas del día predispuestos a tener sexo. Para los bonobos, tener sexo constituye una conducta de acercamiento básica y frecuente, tan básica y frecuente como para nosotros lo es mirar, hablar, dar la mano, dar las gracias, besar, acariciar..
    No sé, imagino que no habrán estudios al respecto. Me refiero al tamaño de la próstata de bonomos y menos todavía supongo sobre la indicencia de cáncer.
    Y teniendo en cuenta que tampoco comen soja…

  3. Quien piense que usted ya no puede superarse a sí mismo en temas enriquecedores, sabios, multidimensionales y bellamente contados, desde luego se equivoca…
    Leí una teoría por ahí -sobre el ocultamiento del estro femenino- que dice que se debe a que la hembra, al empezar a serle doloroso el parto (por lo cabezones), habría hecho lo posible por ocultar su disponibilidad para no quedar embarazada si bien, justamente por eso, estaría “disponible” más tiempo con lo cual finalmente dejaba más descendencia que la que no lo ocultaba. Claro que de teorías hay muchas.
    Fascinante tema, que da tanto de sí que hay que recortarse un poco en cuanto suscita, y quedarse pensándolo un tiempo 🙂
    PS: me encanta que haya mencionado el masaje de próstata, como sabe yo me decanto por la perspectiva taoista de la sexualidad 🙂

  4. Con respecto a lo que dice Cristina una aclaración: los bonobos son efectivamente promiscuos pero la promiscuidad no correlaciona con un mayor tamño de la prostata sino de los testiculos, de hecho los simios con menor tamaño testicular son los gorilas que adoptan u modelo de poligamia en sus interacciones sexuales. Es lógico porque a menor competencia menor necesidad de tener testiculos gordos, sin embargo los chimpancés y el hombre tienen un tamaño similar. Y un dato los chimpancés tienen 1.4 parejas por embarazo, y los humanos 1,2. Parece pues que el tamaño de los testiculos correlaciona con la promiscuidad pero no el de la prostata.
    Si.

  5. Con respecto a lo que dice Alfredo:
    Yo no me decanto en absoluto por la idea de que la mejor proteccion para el cáncer de próstata sea la castidad, más bien creo que la castidad precisamente por provocar otro tipo de problemas mentales puede ser igualmente estresante para la próstata. Lo que probablemente explique la contradicción entre “mucho y poco sexo” con que se encuentran los investigadores obsesionados por la estadistica. Lo que digo es que los humanos estamos diseñados para ser competentes hasta la muerte con el sexo y que es precisamente esta competencia -vista desde un punto de vista evolutivo- lo que nos lleva o nos hace tan sensibles al cancer de prostata, puesto que el crecimiento de la prostata no para hasta la muerte.

  6. No, no entiendo la diferencia entre ser promiscuo y estar predispuesto o preparado para serlo.. No no va por ahí la cosa, Paco?? Podrías deshacerme el lío? Gracias.

  7. Te agradezco la explicación, Paco. No obstante, sigo sin comprender.. ¿Acaso la práctica de la promiscuidad no requiere estar permanentemente lubricado? ¿No está lubricado el bonobo cada vez que tiene un coito? Pregunto..

  8. Cristina estar permanentemente lubricado no es lo mismo que ser promiscuo. Imaginate a Lucy que tiene tres coitos seguidos con tres hominidos diferentes, ¿de quien se quedará embarazada? Naturalmente de aquel cuyos espermatozoides corran más, es decir de aquel con mayores indices de testosterona , del macho mas viril por asi decir. Ahora bien, los tres podran competir en esa carrera porque los tres tienen prostata y podrán lubrificarse para tener un coito en ese momento o en cualquier otro.
    En las especies donde las relaciones sexuales son promiscuas llevan ventaja los “machos viriles”, es por eso que los chimpancés tienen testiculos mas grandes que el gorila: han de competir con otros machos, sin embargo la próstata de los chimpancés es similar en todos los casos y desde luego más pequeña que la humana.

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  11. que los bonobos tengan relaciones sexuales constantes no quiere decir simplemente que practiquen la cópula sin parar, (aunque también lo hagan) lo que el señor Smith se niega a reconocer cuando exige la respuesta que le gusta a la pregunta de que es la sexualidad es que esta es un medio elemental de relación social y de regualción del funcionamiento tanto del grupo como del individuo, o es que se os a olvidado lo agusto que se queda uno después de un orgasmo!?, pretender reducirlo a un mero mecanismo reproductivo es ridiculo y cae de su propio peso si observamos el uso que tiene tanto en primates como en las sociedades humanas mas desinhibidas. leed a Reich!

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