Acontecimientos vitales y enfermedad (II)


victor-frankl

Victor Frankl fue un psiquiatra vienés contemporáneo de Freud que ha pasado a la historia por haber sido uno de los pocos psiquiatras que cumplieron cautiverio en Auschwitz y Dachau durante la segunda guerra mundial y que nos legó observaciones muy interesantes en su libro más conocido “El hombre en busca de sentido”. En síntesis las observaciones más interesantes de Frankl son reflexiones en torno al tema de la supervivencia a las condiciones de horror e indignidad que se vivía en aquellos lugares. Frankl observó que los prisioneros que sobrevivieron tenian algo en común, una idea que extrajo al comprobar que los comunistas y los católicos resistian mejor las condiciones de extrema degradación que se vivia en aquellos lugares. Concluyó que el dotar de sentido a una experiencia cualquiera aumenta la resistencia al estrés de esa misma experiencia.

La segunda observación interesante que extraje de ese libro es la resistencia de los cautivos a las enfermedades podriamos llamar banales. Frankl llama la atención de la inexistencia en los prisioneros de resfriados, gripes o malestares triviales. Lo explica mediante el hecho de que los prisioneros aun agotados o esquilmados por la inanición debian mostrarse activos y en buen estado de forma con tal de no ser condenados a las cámaras de gas. Sea como fuere la observación de Frankl es interesante para los argumentos que pretendo exponer a lo largo de este post.

Uno de los cuales es una experiencia personal.

Durante mi formación en psiquiatría trabajé en uno de aquellos antros llamados manicomios donde se mezclaban oligofrénicos profundos con esquizofrénicos crónicos, catatónicos con pacientes agudos en fase maniaca o depresiva, sifiliticos cerebrales y personas sin diagnóstico que vivían allí  durante muchos años y que se habian institucionalizado adquieriendo todos los mimetismos de la institución. Convivian en dos pabellones separados hombres y mujeres: un total de 220 enfermos variopintos que reian, gritaban o parloteaban solos: se trataba de un entorno demencial pero amable: los locos de manicomio eran bien tratados y asistidos en todas sus necesidades básicas y casi nunca enfermaban.

Esa es una de las cosas que más llamaron mi atención durante mi formación como medico psiquiatra: que aquellas personas casi nunca enfermaban de enfermedades fisicas. Como no sabía a qué se debia esta circunstancia le pregunté a mi jefe de servicio que no le dió demasiada importancia a mi inquietud y que tampoco me resolvió la duda, aunque apuntó a una observación clásica segun la cual los enfermos mentales era resistentes a las enfermedades fisicas aunque aprovechó para contarme una historia siniestra sobre la llamada “oreja del loco” -una enfermedad descrita en locos manicomiales – que se creia que era una enfermedad de los cartilagos auriculares cuando en realidad era producida por los tirones de orejas de los cuidadores.

Ahi quedó el tema.

Pero investigué el asunto más a fondo y descubrí que esa pregunta se la habian formulado muchos otros antes que yo y que incluso algunos publicaron sus hallazgos en revistas de la época. La opinión de los profesionales estaba dividida entre los que pensaban -guiados por su experiencia- que efectivamente los enfermos mentales son resistentes a la enfermedad fisica y los que pensaban -apoyándose en trabajos estadisticos reglados- que los enfermos mentales tienen las mismas enfermedades que la población general y aún: que tienen más probabilidades que usted o yo de padecer otras como cardiopatias,  EPOC (enfermedad obstructiva pulmonar crónica) o sindrome metábolico.

El asunto en la actualidad está de esta manera (provisional):

Los pacientes mentales tienen más probabilidades que la población general de sufrir muertes violentas, tienen una expectativa de vida menor que la población general y hay quien dice que las dos únicas enfermedades cuya incidencia es menor en la población psiquiátrica comparada con la población general son estas dos : la artritis reumatoide y el cáncer de pulmón.

Naturalmente no voy a describir las dificultades que tiene la ciencia a la hora de responderse esta pregunta pues la ciencia está d ehecho coartada por su propio método. Pero las tiene y muchas, me refiero a dificultades metodológicas. Pero en realidad mi observación juvenil no se refería a toda la patología psiquiátrica sino tan solo a los pacientes institucionalizados, de manera que cuando alguien compara población psiquiátrica con población general y dado que ya no existen instituciones cerradas como los antiguos manicomios definir qué es y qué no es población psiquiátrica pondria en aprietos a mas de un investigador.

Más tarde cai en la cuenta de que efectivamente preguntas como la que yo me hacía no tienen respuesta dentro de las coordenadas de la ciencia, hace falta algo más que ya no es ciencia y que llamaremos sentido común y capacidad observacional. Tampoco la ciencia puede ni podrá jamás responder a preguntas de este tipo:

¿Por qué hay tantos crimenes domésticos o machistas como se dice ahora?

¿A qué se debe que existan tantos accidentes de tráfico?

¿O tantos embarazos y abortos de adolescentes?

Como puede observarse la ciencia es incapaz de responder a este tipo de preguntas que en cualquier caso deben buscarse siempre fuera de la ciencia, en otros campos o disciplinas que no se encuentren encorsetadas por sus propias reglas.

Yo lo que creo en función de mis observaciones y mi experiencia es que los enfermos mentales que tienen asistencia y cuidados tienen un promedio de vida tan largo como el que nosotros podamos esperar. Que los enfermos psiquiátricos abandonados a su evolución tienen efectivamente muchos riesgos sanitarios y además me adhiero a la idea antes expresada de que el cáncer de pulmón no es una causa de muerte frecuente en los pacientes psiquiátricos a pesar del mucho tabaco que consumen y que nunca he visto una enfermedad autoinmune en un paciente de manicomio.

Y a pesar de que “cientificamente” está demostrado que el tabaco es cancerigeno. Hasta las autoridades sanitarias nos lo recuerdan.

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Lo que significa que los enfermos psiquiátricos sin ser inmunes a las enfermedades fisicas tiene cierta resistencia a algunos tipos de enfermedades: esas que han venido en llamarse enfermedades de la opulencia.

Pero para entender esta cuestión es necesario reparar en algunos aspectos “económicos” de las enfermedades: algo que procede de los saberes médicos tradicionales:

  • Una enfermedad puede ser el remedio -la protección- de otra. Es el caso de la mucoviscidosis que protege del asma o de la anemia falciforme que protege del paludismo.
  • La enfermedad grande se come a la pequeña o al menos la desplaza y la minimiza, es un hecho ampliamente observado que a veces un diagnóstico de cáncer cura una neurosis.
  • A veces con una enfermedad basta: no es necesario acumular dos o tres: la comorbilidad siempre es sospechosa de que nuestras clasificaciones no se ajustan a la realidad.

Y otra dos cuestiones que a menudo pasan desapercibidas en los contextos médicos modernos:

  • Que la enfermedad no es siempre algo a derrotar sino que muchas veces representa una defensa del organismo para exonerarse, limpiarse o cambiar de nivel de maduración. Muchas veces una enfermedad representa una mudanza, un cambio de jerarquia o de un limite entre etapas de la vida. La enfermedad es una crisis emergente tal y como sostiene Manuel Almendros y los psicólogos transpersonales y como aparece en este post.
  • Que la enfermedad es una oportunidad de cambio y que a veces nos obliga a replantearnos toda nuestra vida: la enfermedad tiene pues un sentido que para algunas personas sólo alcanzan a entrever a través del hecho de enfermar.

Tambien nos hemos olvidado de algo que algunos médicos actuales (Hamer y colaboradores) recalcan constantemente: que las enfermedades son bifásicas, es decir tienen un periodo de predominio simpático y otra fase de predominio parasimpático donde se encuentran y se ponen en juego precisamente los mecanismos reparadores de la enfermedad. Es posible afirmar que toda enfermedad trata de curarse o se cura a través de una fase parasimpática y también: que toda enfermedad dispara un mecanismo que los hipocráticos llamaron restitutio ad integrum, es decir tiende a restituir el estado anterior a la enfermedad.

Y que es precisamente en esta fase parasimpática cuando la enfermedad presenta síntomas objetivos. Cuando nos sentimos enfermos por regla general estamos en fase de resolución de la enfermedad, solo tienen ustedes de observar que les sucede cuando tienen una simple gripe. Ustedes no van a sentirse mal cuando se contagian o toman frio sino cuando su organismo va a responder a la agresión del virus con fiebre, malestar, postración, etc.  Identificamos como “estar enfermo” no a la agresión propiamente dicha -que permanece casi siempre invisible- sino cuando nuestro cuerpo responde alterando su temperatura o haciéndonos llegar el mensaje de que guardemos cama.

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Este es el esquema de las enfermedades en dos fases y donde podemos observar que cuando nos sentimos enfermos es en realidad cuando nuestro organismo está tratando de curarse. No es de extrañar pues que los cautivos de los campos de concentración no enfermaran -salvo aquellos que ya traian enfermedades crónicas- la razón de esta “inmunidad” es que las enfermedades no se manifiestan -casi nunca- en la fase simpaticotónica y es obvio que los prisioneros de aquellos campos vivieron durante su cautiverio en fase de simpaticotonia, les iba la vida en ello.

Y es también por eso por lo que enfermaron tiempo después cuando ya se hallaban a salvo.

Esta podria ser una explicación del por qué los enfermos mentales cuando están en fase activa son dificilmente abordables y que hay que esperar a que se calmen para poder conversar o razonar con ellos. La simpaticotonia es el estado que predomina en las enfermedades mentales agudas y en los prisioneros de los campos de concentración y ahi no hay posibilidad de manifestarse ninguna enfermedad pues los mecanismo curativos aun no se han puesto en movimiento . Lo que está en juego en esta fase es la simple preservación.

En el trastorno bipolar por ejemplo podemos observar la secuencialidad en dos fases de la enfermedad, la mania con o sin depresión o la depresión con o sin mania establecen un continuum de reparaciones que llevan al sistema a oscilar entre la euforia y la melancolia. Es como si el organismo no se decidiera a establecerse en ese termino medio que llamamos eutimia.

Qué papel juega el uso de antidepresivos en que se desestabilice ese delicado sistema de reparación que llamamos tristeza, es un tema de debate universal en la psiquiatria.

Pero yo creo que los que piensan que el incremento de la enfermedad bipolar está relacionado con el uso abusivo de antidepresivos aciertan. Pues en esta lógica de cosas la depresión es una magnifica oportunidad de curarse un trastorno bipolar, otra vez la fase parasimpática de la que se sale con lo que Hamer llama una convulsión (que no necesariamente es una convulsión epiléptica), en el esquema gráfico de arriba podemos ver como la forma de salir de la fase parasimpaticotónica es a través de la enfermedad propiamente dicha, es decir mediante una torsión energética que en otro lugar llamé crisis y que es una palabra que procede del griego y que significa “elección”.

Efectivamente, la crisis nos pone en la tesitura de elegir qué grado de disipación podemos tolerar a fin de mudar energéticamente.

En nuestro entorno cientifico existe la idea -nunca convenientemente refutada- de que las enfermedades (todas o casi) tienen un origen genético. Esta idea es una consecuencia del desarrollo prodigioso de la ingenieria genética (y del prometedor negocio que se vislumbra) y no debe asumirse como un dogma de fe. Recuerdo perfectamente que en el entorno en que me formé la idea predominante era la hipótesis social (ambiental) de las enfermedades. Nuestra conceptualización de las enfermedades va cambiando según los intereses de la industria, las creencias de los ciudadanos, las ideas difundidas por los mass media, las expectativas de vida y sobre todo de la formación humanística de los médicos.

Ahora, lo politicamente correcto es creer en los genes y en una determinación lineal y fatal. Pero yo no comparto esta idea y sin negar la influencia de los genes en las vulnerabilidades de las personas concretas  creo que los clinicos debemos dedicarnos a lo visible y dejar a la ciencia experimental que diseñe sus hipótesis sobre lo invisible.

Lo cierto es que los factores ambientales han sido ninguneados, negados, ocultados y minimizados. Nadie ya se dedica a investigar sobre los eventos precoces de los lactantes en relación con sus madres desde que el psicoanálisis ha sido barrido de los manuales y de los lugares de poder universitarios. No hay aportes nuevos sobre cómo se establecen, protegen o y dañan esos vinculos delicados entre madres e hijos desde los trabajos de Melanie Klein, John Bowlby o Margaret Mahler. Nadie ha seguido investigando por este costado de la ciencia aunque todos los clinicos están convencidos de que en el tejido de ese vínculo y en sus averias (por no hablar de lo que sucede antes de nacer) se encuentra la clave que explicaría la patologia del adulto junto con la aparición del padre y la triangulación sobrevenida. Solamente algunos psicoanalistas se atreven a sostener aquel concepto de “estrago materno” es decir el daño sobrevenido a un bebé en función de los cuidados o la negligencia de la madre, me refiero a los daños sutiles y probablemente inconscientes, invisibles, tan invisibles como el genoma porque no pensamos en ellos y nadie cobra patentes.

Y todavia hoy existen psiquiatras que no saben que para un hombre el momento de mayor riesgo para su salud es ese momento en que le dicen que va a ser padre mientras que para una mujer el mayor riesgo es después de haber sido madre. Por hablar solo de esos momentos vinculados a palabras “padre” o a hechos “maternidad”.

No es de extrañar que ante un discurso asi surjan fenómenos como el de Hamer y la llamada “Nueva medicina germánica” que sostiene que todas las enfermedades excepto los envenenamientos, las enfermedades congénitas o los traumatismos tienen un origen ambiental, en este caso psíquico. Dicho de otra forma: todas las enfermedades proceden de un conflicto que opera en dos fases: una fase simpática donde el individuo trata de enfrentar ese conflicto y una fase parasimpaticotonica donde el individuo está resolviendo o ya ha resuelto dicho conflicto. Hamer observa que es precisamente en esta fase donde aparecen los cánceres y lo que el llama las enfermedades oncoequivalentes que tendrian una etiología similar.

En esta web hay un video recomendable para entender las teorias de Hamer.

En esta web hay una conferencia entera (dividida en cuatro partes) del Dr Fermin Moriano seguidor españolisimo y castizo de Hamer.

Como resulta que yo voy a oirle la proxima semana ya les contaré mis impresiones y asi de paso cerraré esta miniserie sobre “Acontecimientos vitales y enfermedad”.

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17 pensamientos en “Acontecimientos vitales y enfermedad (II)

  1. Tratas infinidad de temas en esta anotación y lo cierto es que no ando yo muy inspirado, se me ha escapado la musa o he preferido recostarme en el engaño consciente, es mucho más llevadero, “social” y “medicinal”.

    Pero, repitiéndome, Todo está interrelacionado. La genética no es “determinante”. El “tempo” es una variable fundamental (en “todas” sus vertientes, interna o psicológica (con el influjo inconsciente y el tremeno poder de la mente o cerebro), social, biológica…). La “infancia”, la etapa de ese “tempo” con mayor sensibilidad a cualquier influjo, siendo clave en esta etapa de mayor dependencia el papel de los padres y, por supuesto, por naturaleza, genética, instinto, evolución y todo lo que queramos añadir el papel de la madre. Olor, sonido, tacto, estos pequeños detalles se comienzan a desarrollar en esa fase altamente inconsciente (en su ser y en su parecer) en sus primeros pasos. Luego parece que el consciente toma la batuta, pero es un delirio llevadero y narcotizante. El cuerpo sigue caminando. Todas las enfermedades mentales son como es lógico o de sentido común “cognitivas” o tienen su origen, desenlace o retroalimentación negativa en la conciencia con lastres de memoria. Si la biología o la genética además suponen otro lastre o dificultad para no deslizarse por esos cauces pues el “campo” queda reconcentrado y autoaniquilado en la cabeza.

    Cuando el consciente se desvanece o pierde en buena medida su “sustento” (el Yo) el inconsciente emerge y el “punto de vista” se dilata asombrosamente. Todo lo que te rodea te inhunda como si fueras “realmente” parte de un Todo y no sólo en apariencia. Por eso los esquizofrénicos sienten o perciben que les espían u otros comportamientos por esa “inhundación” de realidad o “Ser” que hace imposible una vida normal. La conciencia o el Yo son necesarios. Es la puntita de la Peonza. Sin ella tropiezas y te pierdes en el Caos que es el Ser. Dejas de ser “humano” y social, o pierdes la realidad humana y social y entras en una realidad más “animal”, “natural” o “límite”. Tocar el abismo es muy peligroso. No es nada “agradable perder totalmente el “rumbo” o la guía. Y esa guía necesaria la da la conciencia. Una simple puntinta para todo el profundo y caótico inconsciente.

    La complejidad es enemiga del lenguaje (conciencia) y amiga del inconsciente y por ello no se si sabría o podría explicarlo mejor.

  2. Un apunte adicional fruto de mi observación e intuición (yo como ya le he dicho no soy científico ni psiquiatra ni nada por el estilo, las etiquetas también las pone el consciente-lenguaje, dejémoslo en que soy persona como vosotros, ser humano, “demasiado humano”).

    Intuyo que hay fuertes diferencias entre el trato niño-(Madre y/o Padre) y el trato niña-(Madre y/o Padre), no se si sabéis algo sobre el tema y sus raíces, ramificaciones y demás descendencias.

    Güenas noches y gracias de nuevo por el blog, abriendo brechas 🙂

  3. Guau, què lindo post, y què bien articulado con los anteriores. En primer lugar, por la cita inicial a Frankl, el gran superador de los traumas con T. Luego, por la relaciòn entre simpàticotonìa y disminuciòn de las patologìas fìsicas banales. Tengo entendido que existen algunos estudios sobre incidencia de neurosis en la poblaciòn civil durante la Segunda Guerra, y luego en la postguerra, y dieron resultados similares a los hallados en los prisioneros.Es decir, la gente se enfermò menos durante la guerra, y mucho en la post.
    Has abierto un montòn de temas para seguir pensando. Seguirè hacièndolo

  4. Si, Mª Ines aunque resulte obsceno decirlo, las guerras son buenas para muchas cosas: la solidaridad aumenta y los resfriados -a pesar de la escasez- disminuyen, como tambien disminuyen las enfermedades banales. A mi juicio esta idea de la evolcuion bifasica de las enfermedades es -aunque antigua y olvidada- un gran hallazgo.

  5. hola:
    me he decidido a escribir.
    No es un gran aporte, pero tuve un maestro que me hizo notar como la sintomatología productiva en la psicosis desaparecía cuando el paciente padecía una infección, por ejemplo.
    Admiro tu capacidad de teorizar sobre tu experiencia.

  6. Hola cerriwden:
    Y no sólo eso sino que Von Jauregg (el unico psiquiatra que tiene un Nobel) descubrió que inyectando la malaria a pacientes esquizofrenicos estos curaban. Mas tarde se utilizaron los comas insulinicos, aunque estas tecnicas por su peligrosidad ya no se usan, vale la pena tenerlas en la cabeza: a veces una enfermedad puede curar de otra.

  7. ¿Usted me aconseja que en la guardia, cuando estamos luchando a brazo partido con una excitación psicomotriz, le haga una zancadilla?
    Es chiste, es chiste…
    En la guardia, aunque el paciente padezca un carcinoma, como estaba con medicación psi, siempre lo depositan del lado de la psiquiatría.
    Es la lucha permanente con los clínicos.

  8. Paco, no encuentro otra explicación (inconsciente) a lo que apuntas de la malaria y el Nobel que la “sensibilidad” de los esquizofrénicos, su “inteligencia” inconsciente o propiamente inteligencia sin más. Esa sensibilidad y estado de alerta inconsciente continuo probablemente funcione en todos los frentes o ante cualquier agente extraño o in-humano. Como si la autodefensa se incrementara prodigiosamente y de modo inconsciente.

    Es sólo una hipótesis aventurada de este Niño que de ciencia no sabe un carajo 🙂

  9. ¿Existe algún medio consciente de generar esa autodefensa inconsciente en cualquier paciente? ¿Algún tipo de experiencia o estímulo fuerte? Si estamos aquí despues de tanta evolución y adaptación es por algo, digo yo, y nuestro sistema inmune debe tener alguna forma de “auto o retroalimentación”.

  10. Paco ¿tienes algún enlace interesante o información de ese Nobel Julius Wagner-Jauregg y todo lo que hizo? Estoy buscando pero no encuentro nada. ¿Le dieron el Nobel sin saber exactamente cómo se producía eso? ¿Y el proceso inverso no existe (creo que te había leído al revés 🙂 ? Parece como si se pudiese “estabilizar” al paciente engañando al “sistema”. Al final va ser más que cierto que la mentira (consciente) es terapeútica.

  11. He encontrado esto: “Algunos autores creían que el beneficio del procedimiento terapéutico era debido a la leucocitosis, pero esta explicación pronto fue desechada, ya que se comprobó que en el paludismo no hay hiperleucocitosis. También se propuso la tesis de la existencia de incompatibilidad entre las espiroquetas y el hematozoario. Los que defendían esta teoría se apoyaban en que en los países en los cuales reinaba el paludismo existían muy contados casos de parálisis general.

    En 1923 Straussler Koskinas escribía que, en los paralíticos paludizados, las lesiones actuaban de una forma estacionaria, al mismo que se aumentaban las defensas del sistema nervioso. También se defendió la teoría de que la inoculación del paludismo provoca en el organismo del enfermo una producción de anticuerpos que vencen al espiroqueta y al germen inoculado.” (Fuente: http://medcine.4t.com/nobel1927.html)

    No entiendo la mitad de las cosas, pero es obvio que el sistema inmune es inconsciente y tiene memoria y tempo.

  12. Respecto a Von Jauregg te diré que fue una de las metidas de pata más grandes de la historia de la Academia sueca, porque sus “tratamientos dejaron de usarse muy pronto y efectivamente nunca se supo por qué algunos pacientes respondian a la malrioterapia.
    Respecto a tu ultimo apunte te diré que aqui en este blog hay un articulo del Dr Tomas Alvaro que sabe mucho de inmunologia y que seguramente el suscribiria eso de que el sistema inmune tiene memoria y tempo:
    https://pacotraver.wordpress.com/hola-soy-tu-sistema-inmune/

  13. Me parece un excelente artículo Paco del sistema inmune, muy ameno y sencillo, como a mi me gusta 🙂 pero me fastidia que no se sepa algo más de este asunto. Es lo que tiene el inconsciente, es por naturaleza el gran desconocido, pero viendo casos como éste donde por “azar” o “eureka” se encuentran ciertas evidencias o posibles caminos, no entiendo que no se profundice más en su complejidad. El Dr Tomas Alvaro también hace referencia al caos. Veo que el tema está mucho más extendido de lo que pensaba, buena señal. En este caso vemos que introduciendo un estímulo “fuerte” en “un” sistema complejo “desequilibrado” (no se si funcionaba siempre o si siempre se hacía en las mismas condiciones, edad y una serie de variables) se consigue una “estabilización” o “contrapeso” y eso, a mi por lo menos, me da mucho que pensar.

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