Acontecimientos vitales y enfermedad (I)


munch

Eso que llamamos estrés se supone que está causado por acontecimientos vitales concretos pero solo a veces estos estresores son facilmente identificables bien por su intensidad o bien por su corta duración, si somos capaces de detectarlos es por empatía o por que las víctimas de esos acontecimientos nos los gritan como ese personaje de Munch.

Otras veces estos estresores son dificiles de identificar porque forman parte de un estilo o expectativa de vida, un estilo de crianza o de convivencia o los sufrientes los callan, los minimizan o los olvidan. Ambos configuran tipos de acontecimientos vitales distintos: unos son agudos y de corta duración -clasificcables- y otros son crónicos y larga duración, sutiles y que con frecuencia pasan desapercibidos.

Es dificil a veces -cuando se trata de calificar o identificar acontecimientos vitales concretos- trazar una linea de separación clara entre lo significativo y lo irrelevante, este es precisamente uno de las primeros prejuicios que nos encontramos al abordar lo traumático, para un investigador solo es traumático aquello que cumple determinadas condiciones, el resto es insignificante. O sea aquello que resultaria traumático para la mayoría.

Pero esto no es todo sino que cuando deconstruimos una historia traumática los acontecimientos son mutables y andan en patinete, no son fotografias estancas de la vida. es por eso que suele decirse que las desgracias (ni la suerte) vienen nunca solas.

Por ejemplo si a un niño de 4 años se le muere su padre, es tarea dificultosa separar la pérdida en sí misma, del empobrecimiento emocional del hogar, del duelo y el empobrecimiento emocional de la madre, la perdida económica consiguiente y la segura incorporación de la madre al mercado laboral, etc.

Es posible afirmar que las desgracias nunca vienen solas sino que avanzan en paquetes de acontecimientos donde unos van colgados de otros, son por asi decir su consecuencia: una desgracia arrastra hacia otras.

Otro ejemplo: una niña es sometida a abusos sexuales por parte de un niño de mayor edad y familiar de segundo grado. Un dia la niña cuenta  a su madre los hechos repetidos en cada ocasión en que están solos y esta le cuenta a su pariente la situación pero esta responde negando la situación y acusando a la victima de exageración o de mala fe. La ruptura familiar es consecuencia del acontecimiento.

Para esa niña y para su madre hay un cluster de eventos relacionados con la humillación sexual consiguiente, la ruptura familiar y pérdida de vinculos junto con la sospecha de mentir configuran un conglomerado de estresores donde se invocan distintas emociones: la humillación, la vergúenza, el deshonor y la cólera van a viajar en un mismo paquete.

mobbing2

Un padre de familia que hasta el momento fue siempre justo y generoso despues de quedar viudo y comenzar a relacionarse con una mujer comienza a deteriorar por esta causa las relaciones con sus hijos que sospechan quedar al margen del reparto de sus bienes. Cada dia son más hostiles con su segunda esposa  de la que primero sospechan y más tarde  acusan de querer quedarse con lo suyo. Al morir su padre inician una escalada judicial con el fin de recuperar lo que aquella les “arrebató” y que termina llevando hacia la disolución a la familia entera puesto que los hermanos terminan peleados entre sí a causa de la herencia paterna con independencia del fallo judicial.

Estos tres casos con tres ejemplos de la mezcla de eventos que pueden acaecer en tres familias concretas donde resulta dificil identificar el estresor concreto que está operando en cada lugar.

Si en el primer caso citado lal paciente fuera la madre no resultaría dificil identificar el estresor responsable del impacto: muchos afirmarian que es la perdida de su marido la responsable de su estado actual (fuere el que fuere), pero hay otro factor que pasaria desapercibido y es la obligatoriedad de volver a trabajar a una persona con dos hijos que tiene dificil su incoporación al mundo del trabajo.

Si nos fijamos bien el primer denominador común que podriamos extraer de este caso es que la perdida afectiva es una mezcla de dos cosas: perdida de amor y en menor medida necesidad de construir nuevos vinculos de apego o de seguridad. Pero la segunda circunstancia -la perdida económica- está relacionada con una perdida de seguridad, es decir con una disonancia de apego. Podriamos afirmar que en esta persona concreta se darian dos impactos emocionales: la perdida de apego (a su entorno de seguridad anterior) y la perdida afectiva propiamante dicha (perdida de amor).

Pero esto no es más que teoría porque luego las personas individuales -cada uno de nosotros- viven este tipo de acontecimientos de una manera idiosincrásica, asi las especulaciones sobre los sentimientos de esta persona son dificilmente previsibles, lo mejor es preguntarle a ella. Oigámosla.

Médico.- ¿Segun usted qué diria que fue lo que más la impresionó de toda esta circunstancia? ¿Qué es lo más le dolió?

Paciente.- Sin duda lo que más me ha dolido ha sido la humillación de darme cuenta del hábito de trabajo perdido, no puedo competir con mis compañeros, soy como la torpona de la oficina. No se ni siquiera manejar los ordenadores.

Como puede observarse nuestra especulaciones eran erróneas, la paciente no sufre por la perdida del marido o por la perdida económica: hay algo que la hace sufrir aun más, se trata de que al compararse con sus compañeros se siente minusvalorada, esta paciente siente una enorme desvalorización de si misma, es algo diario, previsible, que forma parte de su estilo de vida: si alguna vez enferma fisica o psiquicamente este es su talón de Aquiles, su trauma original, algo que ha vivido desde el miedo a la propia incompetencia.

En el caso de la niña que ha sufrido abusos sexuales hay el impacto del abuso en si mismo que al parecer no fue demasiado grave aunque lo suficientemente perturbador para que la niña evitara el contacto con el perpretador y lo contara a su madre. En este caso la paciente que busca ayuda no es la niña sino su madre la que después de las circunstancias vividas desarrolló un fuerte trauma emocional con múltiples somatizaciones. Podriamos pensar que la madre se sintió indefensa frente a las acusaciones de desvalorización -injustas- por parte de su pariente y relativas a su hija. Tambien podriamos pensar que esta madre perdió después de este episodio a su pariente y a la parte de la familia que hizo causa con ella, pero lo importante es preguntarle a la interesada:

Médico.- ¿Qué fue lo que más le dolió?

Paciente.- Lo peor es que nos dejen a mi hija y a mi como mentirosas.

Dicho de otra manera: en este caso importa poco el abuso en si mismo o la perdida del contacto con el familiar, lo que tiene importancia es la rabia. Se trata de algo que invoca a la indignación, a la injusticia y al oprobio, a la perdida del honor, a la confianza básica.

En el caso de las herencias a quien vamos a escuchar es a uno de los perdedores en el reparto, una de las hermanas que consultó por una depresión con crisis agudas de ansiedad secundarias a multiples peleas familiares donde habia sido acusada de querer quedarse con un bien (en concreto con la casa materna) por otra de las hermanas querelladas.

Oigamos a la interesada:

Médico.- ¿Qué fue lo que le dolió de esa discusión?

Paciente.- La actitud de mi hermana: me di cuenta de que era muy interesada y que no me queria, después de todo lo que he hecho por ella.

Como puede observarse en este caso la paciente no siente que ha perdido nada económico sino que ha perdido el amor de su hermana, su decepción procede por tanto de haber constatado que su expectativa de amor habia sido defraudada. Lo que aparentemente parece una pelea por el territorio en realidad esconde -al menos en la paciente que presento- una decepción amorosa puntual, algo que la paciente seguramente podrá reparar retirando expectativas de su hermana. La paciente vivirá el acontecimiento desde la pena.

Hasta ahora los investigadores que se han interesado por el tema de los acontecimientos vitales y su relación con las enfermedades (mentales sobre todo) han caido en el error de suponer quecada acontecimiento vital podria correlacionar con una enfermedad concreta, sin embargo desde que Holmes y Rae publicaran su famosa escala (en este post se puede bajar la escala susodicha) otorgando puntos a cada acontecimiento específico han sido muchos los que han alzado su voz para criticar este modelo lineal y determinista que parece pretender aislar cada acontecimiento concreto para relacionarlo con una patologia determinada. Lo cierto es que lo único que parece claro es que las perdidas afectivas parecen correlacionar con la depresión reactiva, es decir con uno de los trastornos que se consideran adaptativos, pero tampoco se ha podido demostrar con la depresión endógena o el trastorno afectivo mayor.

Pero en mi opinión este modo de proceder está destinado al fracaso puesto que los acontecimientos no pueden aislarse unos de otros como más arriba he explicado y sobre todo: no pueden aislarse de aquel que los sufre, pues cada persona va a reaccionar al acontecimiento vital otorgándole una importancia concreta, viviéndolo subjetivamente a su manera y sobre todo disponiendo o no de los suficientes recursos psicológicos para minimizar los daños.

Es por eso precisamente por lo que no todo el mundo enferma después de un acontecimiento de este tipo aunque casi todos somos susceptibles de hacerlo después de un acontecimiento extremo como saben los psicólogos de desastres de todo el mundo , por ejemplo perdidas devastadoras, violaciones, agresiones violentas, guerras, crimenes en masa, etc.

Si descontamos estos estresores que casi siempre se saldan con un TEPT (trastorno de estrés postraumático), es bastante obvio que los impactos menores (el trauma con t minúscula) también tiene una relación con la enfermedad: una relación que desde luego no hay que ir a buscar a lo lineal sino a la impredictibilidad de la reacción personal.

Y en la impredictibilidad hay un espacio para la predicción, una predicción que no es causal, es decir no depende del impacto en si.

Lo que es seguro es que el impacto de un acontecimiento vital va a depender de los siguientes factores:

  • Acontecimiento vivido por sorpresa.
  • Vivido en soledad o en aislamiento, lo que muchas veces incluye el secreto o la sospecha inexpresada.
  • En un individuo que carece de los suficientes recursos para sortearlo cognitivamente.

Dicho de una manera más psicológica: es la indefensión entendida como falta de control total sobre el ambiente el estado mental (un estado inusual de conciencia) que es el embrión de estos estado traumáticos con t minuscula y probablemente también de los de T mayúscula.

Se trata de las condiciones para que los acontecimiento vitales  provoquen daños, pero falta aun algo más: la variable critica es como decia más atrás cómo va a vivirlo el sujeto, desde qué lugar de su subjetividad y que en otro post llamé sensibilidad siguiendo a Manuel Almendro.

Este lugar de su subjetividad es precisamente el puente de unión, el enlace entre lo externo y lo interno, entre el acontecimiento y las emociones. Si entendemos a la corteza cerebral como un colchón de seguridad, como un tampón que va a modular tanto las emociones como el impacto en nuestra sensibilidad de los acontecimientos externos, podemos afirmar que eso que he llamado subjetividad, el cómo se vive algo, es la variable critica del impacto más allá de la intensidad o la duración del acontecimiento.

De manera que Freud tenía razón: el trauma (al menos los traumas con t minuscula) en sí mismos importan muy poco, lo importante es lo que el sujeto hace para lidiar con sus calamidades, qué hace para resolverlas o qué hace para olvidarlas, ningunearlas, suprimirlas de su conciencia o derivarlas hacia otro lugar. Esta idea del trauma como responsabilidad del sujeto que es agente de su propio malestar y enfermedad es al parecer poco grata para el público en general y también para una sociedad que se ha acostumbrado a vivir del cuento de la irresponsabilidad de la propia enfermedad y de la idea de que el trauma es algo ajeno, algo que viene de afuera y que tiene una vida independiente del propio sujeto traumatizado. En este orden de cosas el enfermo es responsable de su propia enfermedad pues él eligió hacer esto y no lo otro a la hora de lidiar con su malestar.

Y por la misma razón es el agente de su salud: solucionando sus propios conflictos.

Pero no me gustaria despedir este post sin nombrar al menos los tres clusters de emociones perturbadoras que he hallado en mi experiencia clinica. Antes de hacerlo, quiero manifestar mi asombro de que la psicopatologia no se haya ocupado antes de estos procesos. Pues son procesos y no eventos inmoviles y por tanto identificables, me referiré por tanto a:

  • La mortificación, la humillación, la infelicidad, la desvalorización se vivencian desde el miedo.
  • El resentimiento, el rencor, la indignación se vivencian desde la rabia.
  • La inaceptación, la decepción, el abandono o la perdida se vivencian desde la pena.

Una vez establecidos estos parametros pasaremos ahora a una segunda cuestión ¿qué es lo que hace que un trauma se manifieste a nivel mental (causando una enfermedad o malestar mental) o una enfermedad fisica?

Pero el lector deberá esperar al próximo post.

27 pensamientos en “Acontecimientos vitales y enfermedad (I)

  1. Muy buena anotación, estoy de acuerdo totalmente con la en muchas ocasiones imposibilidad de aislar acontecimientos por el esencial carácter o dimensión temporal del propio ser humano (memoria…) y la complejidad que ya has tratado en el blog.

    Existen siempre retroalimentaciones de origen externo e interno en el individuo (ambas se confunden obviamente o son lo mismo, mi conciencia también me hace caer en clasificaciones). Las retroalimentaciones internas dependen obviamente de “su” sensibilidad y condicionantes de todo tipo (biológico, carácter, entorno social y familiar, desarrollo afectivo o psicosocial previo al o los impactos traumáticos y un largo etcétera) y pueden provocar con el apoyo de la memoria e inconsciente que se vaya amasando una madeja informe sin principio o fin perceptible o previsible desde una lógica lineal o determinista. Las retroalimentaciones externas pueden darse si el individuo no encuentra apoyos externos temporales o resortes que relativicen o minimicen el impacto traumático, que abran el abanico de “su” percepción de la realidad que se “decolora” o “derrite”, de los Valores que dejan de servir como “plataforma” consciente y necesaria para rodar por el mundo.

    Siempre me ha gustado mucho ese cuadro pues hace incapie en esa sensibilidad por definición subjetiva y temporal y como afecta a la percepción del entorno. Un entorno que puede nublarse y derrumbarse para el individuo por mucho que grite. Nadie le escucha porque nadie puede “ver” o percibir como en el cuadro “su” sensibilidad y “percepción” de “su” realidad y subjetivismo.

    No comparto los últimos apuntes o clasificación del miedo, rabia y pena. En el individuo del cuadro puede darse eso y mucho más, rabia o impotencia asociada a la injusticia de su realidad, nostalgia inducida por la memoria de un tiempo mejor que podría volver a serlo pero que el cerebro no puede ver o valorar con tanta intensidad como lo pasado (un problema estructural, que le vamos a hacer, así es el ser humano). No comparto para nada o no entiendo lo del miedo. La pena o la tristeza…Todo se puede resumir en una Vida que deja de ser Vida o pierde valores vitales y se marchita. Vida humana, demasiado humana.

    Saludos

  2. Sí, esperaremos al siguiente post… pero éste me ha gustado una barbaridad.
    La subjetividad, esa gran ignorada..
    Esa escala de Holmes/ Rae me parece una aberración, un insulto a todos los que padecen..
    Efectivamente la persona es el agente de su propio malestar.
    (Hamer&Moriano dixit)

  3. Sì, por cierto, esperaremos el pròximo, ya que este y el anterior son excelentes. Màs allà de la subjetividad implicada en aquello que resulta traumàtico para cada quièn, me pareciò ùtil repasar las tres condiciones que debe reunir un evento para ser considerado trauma. Y si uno las piensa bien, ve que esas condiciones dificultan el procesamiento mental de la informaciòn, facilitando la disociaciòn o la somatizaciòn. Pero mejor espero.

  4. Lo esperaremos, sí, pero mientras tanto (entre un arrobamiento y otro) esta frase
    “el trauma (al menos los traumas con t minuscula) en sí mismos importan muy poco, lo importante es lo que el sujeto hace para lidiar con sus calamidades”
    me recuerda a otra:
    “no importan los acontecimientos sino cómo los vivimos”
    No sé si lo dijo antes Freud o algún hindú del x. V, tampoco importa demasiado quién lo dijera primero 🙂

  5. Ahhh, este post es parecido a la Historia Interminable en cuanto a estímulos (a cómo lo vivimos cada lector :D)…
    “el enfermo es responsable de su propia enfermedad”
    Creo que roza peligrosamente el eterno tema del libre albedrío, Rey.

  6. Claro que hay algo que decir en el resto pero con cautelas “externas”, quiero decir que el trauma o episodio traumático salvo que el individuo sea masoca (que los hay y es un tema psicológico o psicopatológico interesante) no lo elige el individuo, le viene dado o impuesto a su libertad y efectivamente tiene que lidiar con él, pero partiendo de una incisión injusta en esa libertad.

  7. Bueno, el dixit no lo expresé de forma clara. Me refería, Paco, a los tres requisitos de impacto para el trauma, así como a las tres excepciones a la ley del hierro: desde la concepción (las genéticas), los traumatismos y los envenenamientos.

  8. “las que vienen con nosotros desde la concepción (las genéticas), los traumatismos y los envenenamientos”

    ¿serían las más kármicas propiamente dichas?

  9. Bueno Cris, la idea de que el individuo es responsable de su propio malestar no procede de Hamer ni de Moriano sino de Freud y más acá de la sistémica.
    Y si, Ana otra vez el libre albedrio, un tema apasionante al que ya me he referido alguna vez en este mismo blog. Sólo somos irresponsables de las enfermedades que: vienen con nosotros desde la concepción (las genéticas), los traumatismos y los envenenamientos. Del resto algo tenemos que decir, ¿no?

  10. Me lo has sacado de la boca, Cris. Creo que se está tocando el mismo tema con distintos nombres: aquellas de las que aparentemente no tenemos responsabilidad alguna podría ser que se descubriera pasado mañana (si no se ha descubierto ya pero no nos gusta la idea) que también lo somos (algo hay escrito por ahí sobre accidentes que podrían no ser tan accidentales) y las que vienen con nosotros en la concepción serían claramente -supongo- las que Paco llamaría de karma familiar, la “víctima de la estirpe”. Hay algún homeópata que “cura” al niño tratando a la madre. Yo voto por esa especie de memoria, otros creen que se trata de “pagos” de males de vidas anteriores. Esa idea es la que parecería tener más sentido que otras aunque en principio no nos atraiga demasiado porque no está “comprobada científicamente” (aunque hay datos sin explicación alguna que irían en este sentido). Yo la comparo con un programa (algo inmaterial) que necesita un soporte material de cables y sílices para “funcionar” (el PC). Si el PC se rompe o se sustituye y se reinstala el programa en un nuevo PC, aquel sigue funcionando igual que antes e incluso recuerda los datos que “percibió” durante su estancia en el anterior PC.
    Sí, ya sé que las ciencias cognitivas están demodé, sí… 🙂

  11. “Yo” por mi experiencia también “creo” (digo o utilizo esta palabra no en un sentido divino o religioso o con algo relacionado con el karma sino en el sentido de que es una cuestión que no puede verificarse científicamente ni “creo” que pueda verificarse nunca) en algo relacionado con lo que expresas Ana, pero ni siquiera me atrevo a “hablar” sobre el tema. A los niños y a los locos se les da siempre la razón y ni estoy loco ni soy un niño aunque ya me clarea la cabeza 🙂

  12. Un post excelente!!…

    ” el enfermo es el responsable de su propia enfermedad.”.. “..es el agente de su propia salud” …”solucionando sus propios conflictos”… Comentario de vuelo bajito: Acaso eso no es parte del “arte de vivir”??? … No todos nacemos con las mismas aptitudes…

  13. Angeles estos últimos comentarios, el tuyo y anteriores, interesantes, son algo “peligrosos”. Me explico:

    1)Como ya apunta Paco, hay por ejemplo influjos genéticos o, en determinados casos, una mayor predisposición a padecer una enfermedad en “igualdad de condiciones”.

    2) Más ejemplos: El alimento que comemos o el aire que respiramos influye en nuestra salud e incluso en la calidad de nuestros espermatozoides (para los hombres 🙂 ). Y ni esos alimentos los recogemos nosotros directamente de la huerta ni ese aire lo elegimos nosotros. El agua, un bien primario que damos por hecho, no está disponible para mucha gente y puede haber mayores problemas en el futuro (pero no voy a seguir por esta deriva, mejor nos quedamos en el primer mundo ejemplar).

    3) Más ejemplos: La gente o la sociedad con la que te relacionas tampoco la eliges, incluso la familia o el lugar en el que naces.

    Quiero decir, no es ya que no nazcamos con las mismas aptitudes (algo que tampoco es ni mucho menos estático o genético sino que tiene un desarrollo temporal, sino la educación no tendría sentido) es que no nacemos con el mismo entorno y opciones o libertad de elección. Pero, aún así, vivir sigue siendo un Arte, porque no deja de ser menos cierto que a mayor dificultad, mayor mérito.

  14. Si, Niño pero creo que mas arriba ya avisé (o no se donde) de que hay enfermedades que simplemente suceden, no están determinadas por ninguna elección, el niño que viene al mundo con el sindrome de Down, nunca pudo elegir, eso es evidente. me refiero a las enfermedades adaptativas (en psiquiatria) y he excluido a los envenenamientos, las enfermedades geneticas y los traumatismos.
    Otros compañeros dicen (más abajo) que ese es otro tipo de karma: aquellos que creen en multiples vidas y en karmas transgeneracionales, pero yo no me refiero ahora a ese caso, me conformo con saber qué es lo que hace el sujeto individual para trajinar con sus calamidades.

  15. Incluso con esas aclaraciones yo sigo manteniendo muchas cautelas Paco:

    1) Primero aclarar que yo no estoy de acuerdo con eso del Karma o múltiples vidas, pero si me acerco con cierto recelo a la idea del destino o encontrarse a uno mismo (algo fácil de decir y difícil de explicar, entender y digerir, y que no depende sólo de uno mismo, sino de que se den a su vez las “circunstancias” o entorno adecuado para ese “fin” o fin del individuo)

    2) Mis cautelas relacionadas de nuevo con la idea de la temporalidad o tempo en el desarrollo biológico-psicológico-social humano donde la infancia con una “sensibilidad” a flor de piel es esencial y en donde el niño “depende” del cuidado y entorno y donde todo su desarrollo posterior va de alguna manera a verse comprometido o determinado o puede verse comprometido (no de forma lineal o determinista ni de forma necesaria, dejémoslo en probabilística). Quiero decir Paco, en la línea además de muchos temas que ya has apuntado en otras anotaciones, que la propia idea de libertad o voluntad individual tampoco se puede ver de forma lineal o determinista. Lo que hace el individuo para trajinar con sus calamidades viene a su vez influenciado por otras muchas variables con efectos dispares, retroalimentaciones y todo lo que hemos comentado ya en el blog.

  16. De acuerdo Niño, pero con una salvedad: el hecho de que exista un libre albedrio no significa que sus consecuencias sean deterministas. Si te vuelves a leer el post sobre Althusser verás que hay un acontecimiento vital traumatizante (el hecho de que la madre le ame como sustituto de su novio muerto en la guerra), pero este acontecimiento no constituye en si mismo una fatalidad, Es cuando él elige dar la vuelta a su bicicleta cuando el karma se establece y tampoco de una forma lineal. Pues si fuera una causa lineal todos aquellos que tuvieran estas circunstancias serian maniaco-depresivos y esto no es verdad. La misma causa puede provocar efectos diversos por eso hablamos de no-causalidad no lineal. Los sintomas están sobredeterminados, no proceden de una unica causa y no son unívocos. Son sistemas caóticos que se organizan segun las leyes del caos y giran alrededor de atractores, en el caso de Althusser no cabe duda de que el atractor original era aquella relación con su madre que fue la que le condena a la cautividad de por vida.
    Naturalmente Althusser pudo tener otras enfermedades sin relación con esto y si se rompió un brazo (no se si le pasó) no tendria nada que ver con el karma.
    En realidad el karma solo se refiere (en mi punto de vista) a las elecciones que hacemos y que no surgen lógicamente de la nada (nada procede de nada) y que hay condicionantes pues claro, pero fijate la misión de los humanos no es conseguir la salvación eterna sino romper la cadena causal que podemos adivinar en la no causalidad del concepto de Karma.
    Estamos en el mundo para transformarnos nosotros mismos y si podemos algo pequeñito de nuestra realidad.
    Esa es creo nuestra misión.

  17. Estoy de acuerdo en el “caso” particular que me presentas. Reconozco que tengo que estudiar eso del karma 🙂 porque no tengo ni pajolera idea de lo que es exactamente (disculpar mi ignorancia).

    Yo no digo ni mucho menos que “un” concreto individuo (subjetivismo) con “su” sensibilidad y su “tempo” o desarrollo temporal no pueda superar una experiencia traumática, darle la vueltas y demás, retroalimentaciones positivas y al cajón. Ya he apuntado en otros comentarios lo contrario. Lo que digo es que puede perfectamente
    haber casos en que eso sea extremadamente difícil para un concreto individuo, conforme todo lo apuntado.

    También Karl L Frank (no se si lo estoy escribiendo bien) superó la experiencia de un campo de concentración, y aquéllo no debió ser muy agradable, no concibo, tal y como él mismo lo describe, una experiencia más degradante, cruel e inhumana, una experiencia donde cualquier hálito de esperanza, de vida o resorte debería resquebrajarse y, sin embargo, “él” lo superó y nos ha legado su obra (no deja de citar curiosamente a Nietzsche y esa frase excelente de que si tienes un fin casi siempre encontrarás el medio). El propio Nietzsche ya introdujo sus cautelas con el “casi siempre”. Yo, no porque sea Nietzsche, sino por mi observación e intuición, mantengo esas cautelas.

    Le aseguro que tiene en el Niño un ferviente defensor de la Vida, un humanista o amante del ser humano y su capacidad de superación.

    Buenas noches y felices sueños 🙂

  18. No se si vosotros podéis afirmar con rotundidad que seriáis capaces de superar algo así. “Yo” a “bote pronto” no me atrevo a afirmarlo con rotundidad, por mucha imaginación, energía, entusiasmo, vida y colorido que le queramos poner al asunto.

  19. Es probable que “superar” algunas contras de la vida sea difícil, y yo diría que lo creencial toma aquí un papel desmesurado, a veces incluso “para bien” (p.e. la muerte de un hijo o el abandono de un ser querido la toma muy distinto un creyente convencido -Dios lo ha querido así- de un nihilista de un científico reduccionista). Si entendemos “para bien”, desde luego, cierta beatitud interior.
    Pero diría que falta que esta beatitud interior sea genuina y no lo que se conoce popularmente como autoengaño. Puede tomarse homeopatía, hacerse terapia grupal o asistir a un taller de Jodorowsky, y sentirse “flex” con ello, pero hay un plus intangible en el interior que rige las pautas y modula las garantías de éxito, pues como opina Paco aquí y en otros sitios, ni un efecto tiene una sola causa ni una causa un solo efeccto. A Althusser le faltó (a mi modo de ver estos temas) llegar al fondo de sí mismo, ahí donde está la beatitud plena. Al centro de los centros sólo puede llegarse por el pedregal, el duro. No las lágrimas, sino lo más duro, con o sin ellas. Ya lo dicen los orientales, que la verdad está dentro. Y el núcleo del karma acaso también.

  20. Paco se ha borrado un comentario anterior al 19 que obviamente deja sin sentido ese comentario, lo puse ayer de madrugada y lo vi con mis ojos ¿sabes algo de ese comentario? ¿cómo ha desaparecido?

  21. No, no es raro, estaba esperando el permiso mio para publicarlo y hasta que no lo vi esta mañana no lo pude aprobar. Pero si es raro porque usualmente los comentarios que vienen firmado como el Niño los acepta por defecto, quizá los hayas ecrito desde otro email.

  22. No, los escribí con el mismo, sino no sale la Peonza, pero es igual ya ha “renacido”.
    Un apunte Paco de mi interés por Nietzsche, hablando con términos de andar por casa, a mí me parece una especie de Google cultural por lo que voy descubirendo conforme pasa el tiempo. Leerlo bien y entenderlo bien es como tener de golpe lo mejor de oriente, occidente y, en definitiva, del ser humano en distintas vertientes. Un buen aperitivo cultural o comienzo condensado de forma excelente, un excelente “integrador”, “compilador” y “reelaborador” de ideas demasiado humanas.

  23. Quienes nos hemos decidado alguna vez a trabajar con pacientes que atravesaron situaciones lìmites (i.e. violaciòn, secuestro, tortura, asesinato de familiares en presencia del paciente) vimos que hay un consenso cultural con respecto de què situaciones a cada uno de nosotros nos costarìa elaborar. Por otra parte, la empatìa y solidaridad social resultantes de esa identificaciòn, alivia la angustia desorganizadora que ocurre en esos casos. Los hijos de asesinos, por ejemplo, concitan poca empatìa, a diferencia de los hijos de vìctimas de asesinato. Què tema este que se liga con tantos otros de la clìnica.

  24. Si, hay un trauma con T y un trauma con t, ambos comparten un segmento de variables y se sabe que el trauma con T por su violencia deberia afectar a la mayor parte de los sujetos que lo padecen. En mi opinión el trauma con T perturba más intensamente que el trauma con t donde interviene mas la subjetividad. Y aunque hay sujetos que incluso con el trauma con T no desarrollan trastornos mentales (y estos son los que nos interesan) es obvio que en aquellos casos de traumatizados con t -que es a los que se refiere el post- el componente de subjetividad pesa más que el componente “”intensidad”. Por ejemplo Mª Inés tu nombras a los hijos de asesinos, ¿como vivirán ellos esa situación? Más allá del apoyo social que recogen los hijos de las victimas. ¿Qué clase de mecanismos operarán para resolver el problema de la culpa transgeneracional?

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s