La ilusión central


Una de las caracteristicas de los seres humanos, aquello que nos distingue de los simios es la capacidad de pensar y hablar. Pensamiento y lenguaje son funciones mentales que coevolucionaron de forma simultánea y que forman parte de un todo común -que percibimos como un todo- pero que se sustentan en dispositivos neurobiológicos diferenciados. Cuando hablamos no somos demasiado conscientes de que nuestro discurso sigue un hilo sutil que es paralelo a la dicción, un pensamiento. Pero tambien podemos hablar sin pensar o al menos podemos hablar diciendo extravíos, lo que viene a decir que el pensamiento y el lenguaje hablado pueden ser descompuestos en unidades más simples y aparecer divorciados o escindidos: eso parecen decirnos las averias que encontramos en la esquizofrenia, el robo del pensamiento, el pensamiento impuesto, la divulgación del pensamiento o su eco son experiencias bien conocidas de la esquizofrenia y que parecen estar relacionadas con una disonancia entre pensamiento y lenguaje.

Una de las formas en que el pensamiento se articula en nuestros psiquismo es a través de las creencias. En realidad las creencias son atajos -simplificaciones- para la comprensión del mundo, algo que nos facilita el tránsito por la realidad y que nos permite establecer conexiones de sentido y predicciones sobre el porvenir haciendo la realidad más sencilla, disminuyendo la complejidad del sistema. Hay varios tipos de creencias: están las convicciones y los valores por ejemplo que son creencias con distintos estatutos de certeza, más allá de eso están los delirios que por más bizarros que nos resulten siempre se rodean de un halo de convicción, muy parecida a la certeza con que tratamos nuestras más intimas creencias.

No solemos pensar que creer y crear son dos verbos muy parecidos que comparten conjugación, al menos en la primera persona: “yo creo” vale tanto para decir que creo en algo o que estoy inventando algo. No es baladí porque toda creencia es, efectivamente, una creación individual. Nombraré ahora algunas de las características que poseen las creencias: su adherencia, su sentido profundo de verdad y su inextinguibilidad. Traten ustedes de convencer a alguien de que está equivocado y entenderán seguramente lo dificil que es persuadirle de cualquier cosa. Las creencias profundas son en este sentido representaciones invariables del mundo y en gran parte son además inconscientes, es decir el sujeto rara vez sabe nombrarlas o evocarlas salvo a través de sus derivados. Algunas de estas creencias pueden ser consideradas como un error o distorsión cognitiva, no pocas creencias son falacias, exageraciones, generalizaciones o paradojas pues una de las características de estas ideas es que están construidas con los ladrillos del lenguaje, ese contorsionista de la realidad, pues la realidad es aquello que conocemos y el conocimiento procede de la realidad, dicho de otro modo conocimiento y realidad son la misma cosa.

Son precisamente estas creencias profundas, arraigadas e inconscientes las mas resistentes a la extinción, pero no sólo eso sino que lo que pretendo demostrar en este post es que son precisamente esas creencias “profundas” las que causan malestares y enfermedades tanto mentales como fisicos.

El origen de la enfermedad y del sufrimiento está en una creencia que en este caso he llamado “la ilusión central”. Para entender la composición de estas ilusiones centrales tendremos que volver a leer este post, donde explico precisamente qué es un PAF. Un patrón de acción fijo es una secuencia de disparos neuronales de ciertos grupos neuronales que aprendieron a activarse simultáneamente, pero además de eso se caracterizan por ser inconscientes y se encuentran almacenadas en nuestra memoria procedimental en el caso de ser movimientos coordinados (En este post hay una explicación sobre el funcionamiento de los ganglios basales). En realidad los investigadores han hecho hincapié en estos PAF para explicar el movimiento y nos han hecho entender que gran parte de las conductas que desarrollamos a diario son aprendizajes antiguos que se ponen en funcionamiento sin pensar demasiado en ellos: la cantidad de movimientos finos que pongo en marcha mientras escribo este post son demasiado complejos y numerosos para estar presentes en mi consciente, es por eso que mi cerebro guarda las secuencias de teclear en algun lugar de mi cerebro profundo (ganglios basales) y desde alli son evocados estos PAF de forma voluntaria cuando me pongo a escribir. Una creencia es tambien un PAF, pero un PAF cognitivo del mismo modo que las ideas o los ideales. En este post expliqué como Rodolfo Llinás habia descubierto y teorizado que las emociones son interiorizaciones del movimiento.

Del mismo modo nuestro pensamiento (una no-acción) es del mismo modo una interiorización de una acción o conducta cuyo máximo refinamiento filogenético se halla en los qualia que se pueden definir como los aspectos cualitativos del pensamiento.

Creer y crear son pues dos verbos (dos acciones) muy parecidos, no sólo por compartir algunas conjugaciones de sus tiempos, sino porque en la esencia de las acciones que representan, hacer y ser son la misma cosa pues el hombre no puede ser sin viviry la vida es sobre todo movimiento. En efecto, realidad y conocimiento son la misma cosa y la ilusión central es una creación, algo que el sujeto hizo a través de una experiencia de conocimiento repetida que dejó una huella, un surco, una impronta definitiva en su mapa del mundo y que al mismo tiempo eligió sobre otras posibilidades. La capacidad de elección no termina aqui sino que en la siguiente bifurcación vuelve a entreverse otro tipo de elecciones como las que nombraré más abajo.

La ilusión central en este sentido es una creencia, es decir un PAF cognitivo.

El término ilusión central es una teorización de un homeópata holandés llamado Jan Sholten. En sus investigaciones ha tratado de encontrar temas recurrentes o imágenes mentales para cada remedio homeopático y he tomado prestado de sus investigaciones este concepto de “ilusión central” para plantear como estas creencias profundas se derivan en componentes matizados por el lenguaje y como cuando aparecen en la conciencia lo hacen a través de síntomas o derivados mentales diversos.

Para ilustrar estas transformaciones voy a poner un ejemplo: imagínese que su ilusión central es esta:

– “Soy pequeño e insignificante.”

Esta creencia matriz derivará a través de los mecanismos de defensa y de otros productos mentales derivados del lenguaje en otros contenidos, las posibilidades serian las siguientes:

  • El (mi padre) o ella (mi madre) son pequeños e insignificantes (proyección de objeto).
  • Ellos (mis iguales) me ven como alguien pequeño o insignificante. (proyección de sujeto)
  • Soy grande y famoso o haré algo grande e importante. (inversión)
  • Ellos me persiguen por mi pequeñez, son sabedores de ello y comentan sobre el asunto (hipersensibilidad)

Como puede observarse la ilusión central sufre transformaciones metafóricas y metonimicas siguiendo las leyes del desplazamiento y la condensación, pero hay más: hay un acto creativo, algo que el individuo hace con su tema central sin que sea en absoluto consciente de sus contenidos radicales. El miedo y el desvalimiento son los sentimientos que acompañan esta temática de inferioridad matizando y desplegando una cáscada de derivados mentales unos más adaptados que otros.

En realidad este concepto de “ilusión central” está emparentado con el concepto freudiano de “pulsión sobre el que escribió Freud con el nombre alemán de “trieb“, traducido por algunos como instinto, pero que en realidad significa “brote” en su acepción más vulgar. La pulsión tal y como expliqué en este post, es el instinto después de haberse humanizado, es decir después de sucesivos pasos por el filtro del lenguaje. El hombre -el ser humano- no tiene instintos sino pulsiones. Pero es imposible imaginar una pulsión sin una etiqueta cognitiva, es por eso que el concepto de “ilusión central” me parece más pertinente para explicar la cascada de eventos mentales que se despliegan a través de está función, de esta idea con valencia afectiva.

Y que más acá de eso, se puede nombrar. Hasta ahora el concepto de pulsión se encontraba en una nebulosa que invocaba lo prehumano, decir pulsión es lo mismo que hablar de sexo o de muerte, no es de extrañar que el propio Freud imaginara sus “trieb” como una especie de dragones encantados (algo diabólico) desprovistos de cualquier civilidad. La ilusión central aun representando a la propia pulsión es sin embargo un constructo con sentido gramatical y sobre todo semántico: las ilusiones centrales son ideas, pero no una clase cualquiera de ideas sino de ideas con una enorme resonancia afectiva. la ilusión central es la cocina de los desplazamientos de las ideas, -creencias o no- que se sujetarán a ella con todos sus nudos. Averiguar la ilusión central de alguien es pues la tarea a la que se dedica un psiquiatra o un psicólogo, averiguar no tanto la procedencia histórica del malestar sino la procedencia de sentido de ese malestar, pues todo malestar es una creación en movimiento, una especie de danza que las palabras anudadas en aquel origen escalan hasta hacerse síntomas.

Para entender mejor esta teorización podemos imaginar e incluso predecir qué sucederá con un paciente que presentara aquella ilusión central, ¿qué derivados emergeran de cada una de aquellas cuatro bifurcaciones que nombré más arriba?

Podemos especular que un paciente con aquella estructura de inferioridad será una persona vulnerable a la exclusión y al mismo tiempo con un deseo de valoración o legitimación desde su medio ambiente, sin embargo ninguna persona que sostenga una idea tal de pequeñez e irrelevancia podrá soportar las pruebas de la realidad que contradigan aquella versión de si mismo que se instaló en el centro de su ser. Hará lo posible para conseguir que la imagen que los demás le devuelvan coincida con aquella expectativa pero al mismo tiempo necesitará construir una compensación imaginaria que le libere del peso de este complejo. Es muy posible que un individuo así termine delirando y que aparezca en la consulta bien como paranoide o bien como paranoico portador de un delirio de divulgación, de persecución o de grandeza.

La paranoia no tiene una única causa sino al menos tres:

  • El haber vivido en ambientes aterradores. (El miedo)
  • La inferioridad (la humillación).
  • Rencor y resentimiento (la venganza).

El primer caso es fácil de detectar: el paciente es miedoso y sospecha de casi todo, se protege y tiene además un fondo afectivo, un fondo de pena. El tercer caso es el paranoico clásico activo y querulante, malicioso y malvado. En el segundo caso, los paranoicos que tienen su origen en la inferioridad son personas sin rasgos paranoides de personalidad, parecen más bien neuróticos pero se psicotizan en situaciones donde tienen que enfrentar su ilusion central. Los casos descritos por Kretchsmer como delirios sensitivo-paranoides encajan perfectamente con este tipo de personas acomplejadas por un sentimiento crónico de pequeñez y nula importancia que parecen evitadores pero que se psicotizan dando una paranoia clínicamente significativa y en ocasiones una psicosis reactiva breve.

Como puede observarse en este enlace la Psiquiatria solo clasifica como paranoides a las personalidades rencorosas (el tercer grupo). Visitar esta web sobre el trastorno paranoide de la personalidad.

Para saber más sobre la conceptualización de la paranoia y sus tratamientos alternativos pueden visitar este post donde abordo algunos sintomas psiquiátricos y su tratamiento homeopático.

2 pensamientos en “La ilusión central

  1. Pingback: Cerebro y belleza (II) « neurociencia-neurocultura

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