¿Qué es mobbing?


Lo malo de inventar entidades nuevas, sobre todo cuando estas entidades son jurídicas, sindicales o laborales y luego intentar legitimarlas con diagnósticos y tratamientos es que se termina por oscurecer el propio término que a base de un uso abusivo termina por no significar nada. En este post quiero analizar qué es y qué no es mobbing y además explorar la dificultades del diálogo entre distintas disciplinas a la hora de poner de acuerdo un lenguaje común con el que definir la realidad que se trata de salvaguardar: en este caso el acoso en el medio laboral sobre todo y también las reacciones de la victima a largo plazo desde el punto de vista psiquiátrico.

La palabra mobbing ya forma parte de nuestro lenguaje habitual, como ya ha sucedido con la violencia de género o sucederá muy pronto con la palabra bulliying (el acoso entre niños en la escuela), sin que este conocimiento y divulgación venga derivado en la atenuación o desaparición del fenómeno que más allá de eso parece que se extiende prendido de sus propias etiquetas: no podía ser de otra manera, el que inventa una categoría mediática está al mismo tiempo propiciando su extensión como lacra social, parte de ello viene derivado de su banalización “si todo es mobbing, nada es mobbing”, pero el que inventó la palabra y la categoría no sabía que detrás de esa etiqueta irían a colgarse muchos otros malestares aun sin nombre que precisan también de legitimación, como la explotación laboral, la peligrosidad en el trabajo, el acoso sexual en el trabajo, u otros derivados de la propia naturaleza del puesto de trabajo como la turnicidad, los cambios de puestos de trabajo, el cambio forzoso de población, la jubilación anticipada, etc y sin contar con los malestares de mala fe que tratarán de lograr ventajas sociales y económicas en esta confusión de términos. El peligro sin duda más inmediato es el oscurecimiento de las verdaderas victimas de mobbing que sin duda existen, como sucede ya con las victimas del maltrato doméstico que las sigue habiendo a pesar de las leyes que tratan en principio de protegerlas, mientras asistimos atónitos como en principio al menos no hacen sino exponerlas cada vez más a la violencia.

La confusión del termino mobbing es la primera cuestión que me gustaría tratar:

Mobbing es un término etológico debido a la labor experimental de Konrad Lorenz, se refiere a una coalición de individuos gregarios que se unen para atacar a un depredador solitario, por ejemplo una bandada de palomas atacando a un halcón. Pero existen otras versiones del mobbing que no son tan conocidas:

  • Una coalición de individuos gregarios atacan a un individuo dominante de su misma especie enfermo y herido y lo rematan.
  • Una coalición de individuos gregarios abandonan a su suerte o excluyen de los lugares más seguros de la manada a los individuos huérfanos, enfermos o débiles y propician de esta manera el ataque de un depredador.

En el sentido anterior me parece infortunado el término mobbing trasplantado a la conducta humana, porque el mobbing se ha definido como un acoso continuado en una relación jerárquica con el fin de desacreditar, aislar, humillar o desprestigiar profesionalmente a una victima cualquiera no parece tener nada que ver con el mobbing animal. Pero mi desacuerdo con esta denominación va más allá de las formas, se interna también en los contenidos, porque definir qué es mobbing y qué no es mobbing en una relación humana es extremadamente complejo y lo es por varias razones:

La conducta humana es en gran parte interrelacional y circular: nuestros actos son efectos y son causas de conductas ajenas aunque el interlocutor supone que siempre está respondiendo, en gran manera sabemos que causa y efecto son circulares, significa que el efecto puede preceder a la causa. Este argumento es de esa clase de argumentos que nunca se refieren en una conferencia o en curso sobre mobbing: los conferenciantes o autores suponen que toda denuncia de mobbing es veraz y remite a un problema de acoso lo que inmediatamente genera la fragmentación entre el punto de vista del agresor y el punto de vista de la victima, naturalmente todas las personas de buen talante estaremos contra el agresor y a favor de la victima, pero las cosas no son tan sencillas, muchas veces nos quedamos sin saber quien es agresor y quien es la victima en una situación de confrontación y hay que recordar en este momento que la victima no siempre es la que muestra mejor su sufrimiento o la primera que denuncia. Es más, existen pruebas que demuestran que la victima de mobbing rara vez sabe que está siendo objeto de mobbing.

En el mundo laboral, pero también en el mundo escolar o doméstico existen muchos motivos para la discrepancia y para el conflicto de intereses. Existen injusticias, tratos de favor, exclusiones arbitrarias, simpatías y favoritismos, antipatías gratuitas y celos o envidias más o menos justificadas, existen delatores y correveidiles, pelotas, trabajadores sumisos e insumisos, comprometidos o desimplicados. Pero también holgazanes y cumplidores, eficaces y vagos, listos y tontos, es decir existe un caldo de cultivo ideal para las desavenencias entre los compañeros, sin contar con la rivalidad para ascender, o conseguir prebendas, lo lógico es esperar que en el ambiente de trabajo surjan las mayores fuentes de estrés del adulto después del entorno familiar o muchas veces incluso con más intensidad que en él.

Y eso sin contar con otras muchas situaciones de conflicto que no son decididamente mobbing como la explotación laboral, etc

Dicho de otro modo, intentar identificar todas y cada una de las causas de malestar que pueden darse en el lugar del trabajo o inventar una especie nueva cada día no parece una estrategia razonable teniendo en cuenta que estas especies se difunden de manera masiva y acrítica a través de los medios de comunicación. Sólo tiene interés de entre todas estas formas aquellas que constituyan un delito perseguible por la justicia, es decir el mobbing, lo que hemos llamado mobbing tiene interés jurídico pero no constituye en si una nueva especie psiquiátrica.

Pero el juez necesita pruebas y sobre todo necesita pericias profesionales: alguien que dictamine si ha habido o no ha habido mobbing, es por eso que las victimas de acoso van al psiquiatra o al psicólogo, para obtenerlas y esta es la base del malentendido.

Ni el psiquiatra ni el psicólogo saben si ha habido o no mobbing y yo diría -que desde el punto de vista de su disciplina- no les interesa en absoluto; el psiquiatra no tiene esa función, sino la de explorar a pacientes y extraer de ellos información clínica que luego deberá analizar y clasificar para ofrecer un diagnóstico, un pronóstico y un tratamiento. La condición clínica, terapéutica debe ser preservada por encima de cualquier consideración. El profesional que atiende a un paciente está entrenado para brindarle asistencia, pero no información jurídica, no puede elaborar una estrategia de defensa y su tratamiento no diferirá demasiado tanto si el paciente ha sufrido mobbing o un accidente de tráfico. En este sentido el profesional sólo podrá atribuir con mayor o menor seguridad una determinada sintomatología al estrés que refiere el sujeto y que será con toda seguridad una reacción inespecífica a un estrés crónico. El psiquiatra no va a cuestionar nunca la veracidad de lo que un paciente le cuenta, porque el paradigma de su profesión no es averiguar la verdad, algo irrelevante que la diferencia seguramente del juez que tiene que aproximarse a los hechos de la manera más segura a fin de imponer su sentencia. No quiero decir con eso que el psiquiatra no tenga una opinión sobre la verosimilitud del relato del paciente sino que esta opinión influirá en uno u otro diagnostico, pero no en una u otra actitud que el paciente pueda interpretar como conveniente a su causa, una cuestión que un cliente puede y debe exigir de su abogado por ejemplo. Un psiquiatra puede y debe legitimar el dolor de un paciente suponiendo que es cierto lo que le está refiriendo, pero el psiquiatra conoce los engaños del recuerdo y sobre todo conoce los entresijos de las leyes circulares de la causa y efecto y sabe que muchas veces lo que el paciente percibe como acoso por parte de los demás no es sino una consecuencia de su actitud en las relaciones interpersonales. Pondré un ejemplo para aclarar la dificultad que existe entre nuestra percepción de las intenciones de los demás y nuestra actitud.

Los delirios que suceden en la esquizofrenia y en la paranoia son bastante distintos: en la esquizofrenia son delirios bizarros, extravagantes, fantásticos, como por ejemplo recibir mensajes a través de ondas emitidas por Dios a través de la lavadora, mientras que en la paranoia son situaciones que pueden suceder en la vida de un individuo, como ser perseguido, ser espiado, ser amado en secreto o ser engañado por la pareja. La esquizofrenia está hablando de una imposibilidad fáctica mientras que la paranoia comunica algo que es posible que suceda, haya sucedido o vaya a suceder. Dicho de otra forma la paranoia es la paranoia a pesar de que muchos delirios que cuenta el enfermo están relacionados con experiencias reales de persecución, humillación, engaño o delación. Es pues muy frecuente que en la historia de los paranoicos encontremos circunstancias que explican su modo de apercepción patógeno, se trata de una experiencia comunicable, explicable, pero la experiencia del paranoico sigue siendo una experiencia patológica por más que encontremos explicaciones razonables para su comprensión. Dicho de otro modo el paranoico no dejará de ser paranoico por más que efectivamente haya sido engañado, perseguido, manipulado o humillado.

Cada disciplina tiene su función y el mobbing si es algo es una figura retórica, una entidad que atraviesa multitud de disciplinas y que cuestiona el poder desde muchos ordenes, político, económico, jurídico, social, médico y psicológico y de ahí la ineficacia de determinadas etiquetas: es evidente que el saber más del mobbing, haberlo identificado como especie distinta, no lo va a hacer disminuir, antes al contrario lo que va a suceder es que existirán más denuncias, tanto verdaderas como falsas que nadie podrá objetivar salvo en algunos casos muy puntuales y estridentes.

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