Oir y escuchar


Esta madrugada ha llovido, lo se porque me ha despertado la lluvia, ya con los ojos como platos he pensado: “llueve”, oia la lluvia. Al poco he dejado de oirla y me he puesto a escucharla. ¿Han escuchado ustedes alguna vez la lluvia? Es como un instrumento percusivo, un traqueteo constante, cadencioso y en cierto modo mágico. ¿Pero hay alguna diferencia entre oir llover y escuchar la lluvia?

Si.

Oir es como pensar la lluvia, es una percepción distinta a la que sucede cuando el pensamiento no interviene, en su primera acepción “oir” ocurre a través de un filtro cuya función es identificar el sonido y darle un nombre, discriminar el sonido de la lluvia con el sonido de una manguera por ejemplo. Oir con el pensamiento es algo bien distinto a escuchar, ¿qué sucede cuando simplemente escuhamos la lluvia?

Lo que sucede es que lo que percibimos al escuchar es una percepción directa entre la conciencia y la lluvia.

Oir es identificar con el pensamiento y escuchar es oir sin pensar.

Conciencia y pensamiento son segun David Bohm los dos modos en que funciona nuestra mente.

Yo me lo imagino como las nubes en el telón de fondo del cielo. El cielo seria ese trasfondo no-conceptual sobre el que se van formando nubes u otros fenómenos meteorológicos. Lo interesante de esta manera de contemplar lo mental es que fondo y forma tienen distintas connotaciones:

  • La conciencia solo puede estar iluminada o a oscuras, contando con todas las tonalidades de transición, claroscuros y sombras.
  • Los contenidos de la conciencia (los pensamientos) son erráticos e impermanentes, mudables y cambiantes.

Lo que sugeria David Bohm es que sólo la conciencia representaria lo que en biología se conoce con el nombre de emergencia mientras que los pensamientos representarian la actividad cerebral propiamente dicha. Personalmente esta idea me parece elegante aunque confieso que me perturba por su carácter dualista: la idea de que en la mente existan dos salsas, dos principios nos vuelve a retrotraer a una especie de cerebro con alma si bien esta vez el alma no procedería tanto de Dios sino de una emergencia biológica. ¿Pero por qué hacer esa separación entre fondo y forma, entre continente y contenido?

Si leen ustedes este post entenderán la razón: algunos añoran a Dios y lo han sustituido por un Dios a escala biofisica, Bohm le llama “orden implicado” en su libro ya clásico “La totalidad y el orden implicado”

Lo cierto es que Bohm y los espiritualistas necesitan recurrir a estos conceptos trascendentales porque en el fondo son creyentes (o desean serlo), en realidad el concepto de orden implicado se refiere a un orden cósmico que sugiere que existe una interconexión entre todo lo vivo y que lo sujeta a algo que no podemos ver, ni tocar, ni medir. Una especie de superestructura o matriz inteligente que atraviesa galaxias y agujeros negros y que a nuestra escala se manifiestaría en eso que llamamos conciencia y que se hallaría -a su vez- atravesada por una especie de nebulosa celeste donde todas las conciencias pasadas, presentes y futuras se hallarían conectadas entre sí. Esta idea es desde luego muy poética pero necesita fracturar los planos de definición entre los que transcurre lo vivo y la materia. A nuestra escala de definición las leyes de la gravedad y la fotosíntesis son reales, pero en un nivel einsteniano de definición el espacio es curvo y los protones -en lo diminuto- no siguen las mismas leyes que siguen los planetas en sus circunvoluciones. La idea de mezclar los tres niveles de definición: el humano, el cósmico y el cuántico es una idea muy extendida entre los profetas de la new age. El problema es que lejos de superar el dualismo cartesiano y después de suprimir el alma hay algo espiritual que nos retorna, esta vez con nuevos nombres que llevan encima el marchamo de la ciencia, su legitimidad.

Yo no niego que en el hombre exista una dimensión espiritual pero no necesitamos inventarnos algo fuera de nosotros que nos sirva de sostén porque en cierto modo somos enteogénicos (tenemos un Dios interior en forma de potencialidades emergentes) y ahora vuelvo a la idea que ha dado origen a este post: la diferencia entre oir y escuchar.

Todos tenemos la experiencia que más atrás relataba, existen dos maneras de oir algo: una es a través de los filtros del pensamiento y otra la mirada ingenua de un niño que aun no ha codificado la realidad y carece por tanto de una estructura que haga de dique entre su percepcion y la misma. El resultado de esta forma de mirar (o de escuchar) es el asombro, a veces, la perplejidad en otras. ¿No es precisamente eso lo que les sucede a los esquizofrénicos? Ellos oyen sus propios pensamientos, o les rebotan en forma de eco, o los sienten como impuestos o que alguien se los está robando, es como si todo en ellos careciera de esa conciencia que ilumina, ese trasfondo que engloba y encuadra toda percepción, es como si ellos solo fueran cuerpo. Un cuerpo sin horizontes, sin trasfondo.

Efectivamente hay dos formas de oir algo, una al menos nos las enseñaron estos enfermos a través de sus experiencias y fenómenos elementales (las alucinaciones de voces) y otra nos la contó Freud con aquella conceptualización sobre la escucha flotante.

Es por eso que existen profesionales de la escucha pues no todo el mundo tiene adiestrada esta facultad, la mayor parte de la gente solo quiere hablar (aunque no tengan nada que decir) y muy pocos son los que prefieren escuchar a hablar, pero aun en esta franca minoria de personas hay pocos que sepan escuchar en su dimensión mas dura: pues escuchar en realidad es oir sin pensar y sobre todo oir desde la ingenuidad no desde un sistema de creencias en donde encajar lo que el interlocutor nos dice. Es eso precisamente lo que hacen muchos profesionales sin seguir aquella máxima inventada por Freud y reformulada por Bion, en aquella famosa (y hermosa) frase de “escuchar sin tiempo y sin deseo”.

Escuchar no implica comprender, escuchar es contener, sostener y validar. La escucha es la medicina más barata que existe.

Fíjese en usted mismo como se comporta cuando alguien le cuenta un problema. ¿No está pensando enseguida en minimizar, en aconsejar, en reestructurar, en hacerle ver a su interlocutor que está exagerando, que no hay para tanto o en el peor de los casos: que usted tiene la solución?

Todos operamos asi en nuestra vida privada, es decir oímos a nuestro interlocutor pero no le escuchamos. Si lo hiciéramos caeríamos en la cuenta de que nuestros pensamientos, nuestras hipótesis, nuestra formación o nuestros condicionamientos nos impiden escuchar realmente al otro y caeriamos además en la cuenta de que nuestra conciencia se encuentra permanentemente atravesada por nubarrones de todo tipo, es muy difícil despejar todos esos intrusos que pueblan nuestra mente, hace falta un entrenamiento que conocemos con el nombre de “presencia plena” o mindfulness.

Con este entrenamiento somos capaces de -al profundizar en su práctica- controlar el flujo de los subproductos de nuestra mente, y lo hacemos a través de nuestra propia mente, de su recursividad. Precisamente porque nuestra mente es recursiva (puede referirse a sí misma y puede autoobservarse) podemos planear en ese cielo despejando pensamientos y nubes. En realidad todos estos subproductos de la mente sólo aparecen porque somos muy distraídos por naturaleza y tenemos un enorme tendencia a distraernos mirando el panorama. De lo que se trata es de impedir de que los árboles no nos dejen ver el bosque.

Pero el bosque y los árboles son la misma cosa o al menos se encuentran acoplados del mismo modo que las abejas y las flores lo están tal y como comenté en este post. Es verdad que el bosque no es sólo una población de árboles sino algo más con su propio microclima, su fauna y su flora, su humedad y sus constantes biológicas, el bosque es un nicho ecológico, una emergencia de los árboles que ni existe ni no existe, es como la mente de los árboles. El bosque no podría existir sin los árboles pero los árboles pueden existir sin ser bosque.

Eso les sucede a los pensamientos de los esquizofrénicos, son como árboles sin bosque y esa es la idea que quiero reiterar aqui, no necesitamos creer que existe una trascendencia del bosque o una conciencia cósmica de los bosques para explicar su existencia real, porque el bosque es algo más que una idea sin dejar de ser una abstracción, una palabra de seis letras que no podemos despejar diciendo que no existe (pues todos tenemos una representación mental de qué cosa es un bosque) sin embargo el bosque no existe del mismo modo que el árbol, se trata de dos planos diferentes de la palabra “existir”. Al bosque no se le puede meter el dedo, al árbol si.

Eso le sucede a la mente, no puede verse ni tocarse y sin embargo todos tenemos la experiencia directa de que no sólo nosotros sino que nuestros semejantes poseen a su vez una mente, es algo que no precisa demostración, se trata de un axioma. Sin embargo en la mente no sólo hay pensamientos, hay otra cosa que seguramente coevolucionó con ellos me refiero al lenguaje.

Y ahora me gustaria autocitarme: procede de un antiguo post titulado “Mente y lenguaje

Decía esto:

“Efectivamente las cosas mismas no hablan, están mudas, porque es el ser consciente quien habla, quien recrea, quien entona o declama, el depositario del énfasis, de la silaba desde donde emanan el resto de sonidos que encadenados entre si tejen una trama con sentido, con sentido semántico, Fuera de la forma, fuera de la literatura no existe sino conversaciónes banales, pero tambien existe el aksara, la vibración sagrada, matriz de todas las formas, un silencio que opera como pantalla de los significados, de todos los significados, es por eso que el silencio es tan intolerable y es por eso que el silencio en ocasiones es mortifero como una arma cargada de infinitas intenciones, aquel que sólo habla y nunca escribió o calló, nunca terminó por meterse en el yugo que encadena los bueyes a las formas, y es prisionero de la ilusión de la normalidad”.

Lo que viene a decir que hay algo en el lenguaje que nos parte en dos que nos escinde y que Freud llamó la Spaltung: efectivamente ser bosque o ser árbol no es la misma cosa, oir o escuchar no son el mismo fenomeno perceptivo, hablar o escuchar no son la misma conducta, ver y mirar no son la misma opción, una palabra es una palabra pero significa cosas bien distintas a la palabra en sí.

Y no lo son porque hay algo en la estructura de lo humano que nos obliga a representarnos la realidad y algo que nos obliga a generarla y en esa interacción o acoplamiento habitamos. Y ese algo sólo puede ser el lenguaje que nos escinde entre significante y significado, es decir entre una palabra y lo que evoca en la realidad. La palabra “árbol” no está evocando la misma realidad que la palabra “bosque”, observe usted que el árbol existe, puede verse y tocarse y todos tenemos la experiencia sensible de haber visto alguno, pero la palabra “bosque” pertenece a un nivel distinto de jerarquia, no apela a una realidad tangible, al menos no del mismo modo que la palabra “árbol”.

¿Como se las agencia nuestra mente para diferenciar ambas realidades?

Lo hace a través de una larga evolución filogenética que dio como resultado el nacimiento de un tercer cerebro: la corteza cerebral, allí donde anida nuestra inteligencia. Las neuronas tiene que hacer una gran caminata desde su lugar de origen hasta su destino final allende la corteza: se trata de un camino lleno de dificultades -la migración neuronal- y como siempre les sucede a los inmigrantes que viajan en patera, unos llegan y otros perecen: cualquier migración presenta una extrema vulnerabilidad a las averías tal y como conté en este post.

Para diferenciar entre pensamiento pensado y pensamiento hablado nuestro cerebro tiene que disponer al menos de cuatro módulos:

  • Un módulo que le permita saber reconocer que es un árbol (frontal izquierdo)
  • Un módulo que le permita comparar lo que ve con algo, un matorral por ejemplo y extraer sus consecuencias nominales (frontal derecho)
  • Un módulo que nos permita nombrar al “árbol”. Temporal izquierdo, area de Broca).
  • Otro módulo que nos permita saber qué significantes se hallan adheridos a la palabra “árbol” (temporal derecho)

Si todos estos módulos cerebrales funcionan adecuadamente y se encuentran permeables, todo sucede casi en un santiamén; vemos un árbol, lo comparamos con otros, sabemos que es un pino, lo nombramos y sabemos que lo que estamos nombrando es una verbalización, una palabra. Además asociamos otras caracteristicas de los pinos, sabemos que hay piñas, ardillas, etc, vinculados con esta idea. Sabemos que un “pino” es una palabra y que el “árbol pino” es un vegetal, una cosa que está ahi afuera. Si no hubiera permeabilidad, veriamos un pino y creeriamos que es un gigante, pues los significados personales de la palabra pino estarian averiados y saldrían otras significaciones, lo veriamos como algo amenazante o quizá como algo que existe en si mismo (la palabra “pino”) , etc. Esto les sucede a los esquizofrénicos y por eso sabemos que este tipo de pacientes sufren una avería de los sistemas que codifican el lenguaje, por eso la esquizofrenia se ha vinculado a accidentes que proceden de esta capacidad del ser humano de construir símbolos, decodificarlos, nombralos, asociarlos y crear un mapa del mundo comparable con la realidad. De ello hable en este post.

Efectivamente los humanos estamos disociados, tal y como Freud adelantó, esta disociación procede de la necesidad de codificar un sistema puramente simbólico como es el lenguaje de la realidad-real. Esta disociación contiene ganancias y averías como la esquizofrenia. La ganancia es que nuestra mente es capaz de observarse a sí misma -conocerse a si misma- y supone en la práctica la experiencia de división entre observador y observado, esta disociación lejos de ser perjudicial es enormemente ventajosa para nosotros los humanos que podemos modificar los contenidos de la mente con un poco de entrenamiento y la ventaja adicional de influir de arriba-abajo en nuestro cuerpo.

De estas posibilidades aun poco exploradas y que conocemos con el nombre de causación descendente tenemos mucho que hablar. No necesitamos apelar a trascendencias externas para compartir la idea de que la espiritualidad (el manejo de la mente influyendo sobre el cuerpo o sobre la realidad) es una experiencia que debemos fortalecer, sin embargo y en mi opinión la creencia en ese algo externo, omnipotente y misterioso no hará sino retrasar el necesario desarrollo de una tecnologia para alcanzar aquellos fines.

Menos trascendencia y más corporalidad.

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11 pensamientos en “Oir y escuchar

  1. La diferencia entre oir y escuchar debe ser parecida a la que hay entre mirar y ver.
    O entre ser visto/a y ser mirado/a. Y bienaventurados los que han sido mirados/as porque ellos conocerán lo inefable.
    En la segunda lectura seguro que me hará pensar más aún, Rey Carmesí.

  2. Segunda lectura:
    Si me lo permite, yo no entiendo que la idea de la conciencia como emergencia constituya un principio de dualismo, o al menos yo no lo entiendo así. Mente y pensamientos quizá sí podrían conformar un dúo, pero la idea (enriquecedora) de emergencia la veo como una salida al caos dual. Una salida elegante, coincido con usted.
    Ya sabe usted bien que Bohm tuvo ciertas charlas muy interesantes con Krishnamurti, el cual opinaba de la mente que “una taza sólo sirve cuando está vacía” (de pensamientos).
    “El problema es que (…) hay algo espiritual que nos retorna” Su opinión del porqué esto es un problema –y de qué naturaleza- sería valiosísima, tanto que igual merece un post por si sola…
    “existen dos maneras de oir algo” Eso mismo pretendí decir una vez en mi post “Una percepción distinta” sólo que usted lo dice de un modo más diáfano.
    Interesantísima también su referencia a lo difícil que es escuchar al otro “de verdad”, sorteando esos nubarrones de lo –diría yo- subjetivo. Las gafas esas de colores que enturbian normalmente, o tiñen, lo oído, lo visto, incluyendo los problemas ajenos. Supongo que hay algo de cierto en el hecho de que incluso un “psi” es, después de todo, un ser humano (subjetivo).
    Mi admiración suprema e invariable, que dejo aquí aunque no quepa toda 😉

  3. Lo que dice Böhm es que de la mente sólo la conciencia seria una emergencia pero no el pensamiento. A mi me gusta la división de la mente entre conciencia y pensamiento, yo a la coniciencia la llamo de otro modo, algo asi como el “observador elevado” en su plataforma. Lo que yo digo es que ese obervador es lo mismo que lo observado solo que forma parte de esa escisión (Spaltung) que nos provocó el lenguaje. Para mi la mente entera es una emergencia de la materia y para mi la mente son seis sentidos (incluyendo el pensamiento), pero esa con queridciencia u observador elevado no es el alma, ni tiene ninguna trascendencia ya que morirá el dia que el cerebro que lo soporta muera. No habrá reunión en nebulosas galácticas de todas las coniciencias. Ya me sabe mal, ya, pero asi es como yo lo veo.

  4. “No habrá reunión en nebulosas galácticas de todas las coniciencias. Ya me sabe mal, ya, pero asi es como yo lo veo”.

    Majestuoso y como dicen de donde provengo “estas robao” 🙂

  5. “Tas Robao” = Tú has sido robado y no puedes hacer nada. Mayormente utilizado por el delincuente armado con un tono de burla cuando realizaba una fechoría pero luego con el tiempo paso a formar parte del dialecto juvenil por supuesto con un significado distinto, menos agresivo e inocentón.

  6. Estimados todos,
    Excelente lectura enriquecedora de conciencia, que los lee en silencio y aprende. Mas alla de los pareceres personales y gustos, quiero darles las gracias tanto a quien mantiene este Blog (https://pacotraver.wordpress.com/) como a Humanismo y Conectividad (http://humanismoyconectividad.wordpress.com/ ) ya que he descubierto y reido como puede Krishnamurti hacerle entender a Bohm su posicion, y como flexiona el ingles sus posiciones tratando de entenderlo a Krishnamurti. Si bien me siento mas identificado con Krishnamurti en lo espiritual, tambien me identifica Bohm en lo fisico-psicologico-biologico. Digo yo, ya que “todos somos uno”, ya que “ya somos libres”, y que evidentemente “no habrá reunion de conciencias en las nebulosas” puesto que yá somos Dios en sí mismo (cualquier objecion, reclamarle a Sathya Sai Baba)…. puesto que ya somos Uno y LIbres, solo tenemos que darnos cuenta : tomar conciencia.

    Ahora bien, tomar conciencia, resolver la Sombra individual (dualismo psicologico humano , cualquier duda, reclamar a Carl Jung) … ¿se logra como? ¿con terapia? ¿con premisas? ¿con paradigmas nuevos?

    Si somos concientes de que :
    a) Algun dia moriremos,
    b) La vida es un misterio -a pesar de todos los pensadores-,
    c) Yo soy un ignorante y no se nada,
    d) No pretendo nada sino lo necesario, y
    e) Me encuentro y reflejo en el otro ….

    …pues….. creo que sería un excelente camino de la conciencia no individual sino colectiva … y nos encontraríamos en esa mente superior, en ese superhombre, dando paso a una nueva humanidad – porque ¿alguien puede estar conforme con “esta” humanidad?

    Abrazo a todos, amigos de la conciencia.

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