Enfermedad mental y poder (III)


Hasta este momento he hablado en esta miniserie que he titulado “Enfermedad mental y poder” de algunos aspectos que relacionan las pulsiones eróticas y las pulsiones de poder, he hablado también del emparejamiento eterno de ambas y en el post anterior me extendí sobre todo en relacionar el sufrimiento mental con este déficit de empoderamiento que suele acompañar a aquellos que manifiestan trastornos mentales, también aprovecho ahora para volver a nombrar un concepto que me parece esencial para la salud mental y es el de empoderamiento, un término que hasta ahora se ha utilizado en relación con el desarrollo económico y social de paises empobrecidos y también por los grupos feministas en relación a los cambios en los modelos de mujer pero que carece de raigambre o tradición en lo que respecta a la psicología. (Ver empoderamiento en inglés y la concepción del budismo tibetano)

El empoderamiento -en su versión psicológica- es la adquisición de un poder suficiente para autogobernarse y dirigir la propia vida, tomar las decisiones de manera autónoma y -en el plano subjetivo- percibirse como alguien libre, alguien que sigue los designios de su propia voluntad. Esa es la definición que dí a esta palabra aplicada al individuo, algo que se opone a la palabra alienación: el individuo empoderado es lo opuesto al individuo alienado. Utilizaré el termino alienación en su sentido político y filosófico: el alienado es aquel en cuyas manos no se encuentra la dirección de su destino . La alienación que puede llegar a la sutilidad de lo más subjetivo de la persona: la sensación de que uno no tiene en sus manos los mandos de su propia vida.

En el sentido filosófico marxista el alienado no es un esclavo, sino un esclavo que no sabe que está siendo esclavizado y que de cualquier manera no encuentra en si mismo la voluntad de escapar a esa esclavitud.

En este post me voy a ocupar de distintas estrategias, aquellas que siguen determinados individuos a fin de conseguir poder. Bien entendido que existen tres formas de disminuir la distancia de poder entre unos individuos y otros.

  • una forma es aumentar el poder propio sobre el otro, arrebatándoselo (competir) o compartiéndolo a través de alianzas (seducir).
  • otra manera es socavar el poder del otro sobre uno mismo.
  • la tercera no está relacionada con lo interpersonal, se trata de una estrategia dirigida a aumentar la sensación de control subjetivo sobre los acontecimientos y el devenir.

En términos generales es posible afirmar que la ganancia de poder de una forma u otra supone una ganancia de control subjetivo, por esta razón el poder y el control están relacionados y no pueden separarse el uno del otro.

Definiré el control como el autodominio o el dominio de las conductas ajenas a partir de una determinada estrategia conductual, es algo que el individuo hace en el plano fenoménico, controlar supone siempre una acción observable, también en los individuos hipercontrolados podemos observar este fenómeno usualmente en forma de restricción afectiva o de parsimonia. De lo que se trata en el control – en su versión psicológica- es de disminuir la libertad de un sistema y hacerlo predecible. Dicho de otra manera: el control es la misma cosa que el dominio, si bien muchas veces este aspecto de dominio queda oscurecido por la propia estrategia destinada a obtener control sobre la incertidumbre que se presenta en forma de desapego o desinterés.

Me voy a referir a las conocidas estrategias histéricas, bien descritas y conocidas por terapeutas, psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas con independencia de sus referencias teóricas, tanto a las que pretenden aumentar directamente el poder propio como las que se encargan de socavar el poder ajeno.

Modalidades histéricas.-

De estas estratetgias descritas bien reconocibles, el lector no deberá pensarlas desde el lado de la patología a pesar de llevar la etiqueta de histéricas, obsesivas u otras. El lector deberá entender que si las agrupo bajo un determinado epígrafe es porque determinadas estrategias forman parte del repertorio habitual de determinados caracteres. Algunas de ellas, son incluso normales, si por normal entendemos una práctica habitual, sin embargo lo que describiré sera la esencia de cada una de las estrategias y su relación con la ganancia de poder en una relación cualquiera o bien la ganancia de control sobre una circunstancia determinada.

Me referiré a estas cuatro estrategias:

  • La seducción
  • La queja
  • La coacción
  • La reivindicación

La seducción

¿Qué pretende esta mujer, ocultar o mostrar?

A los que hayan leido un post mio titulado “Por qué las mujeres se deprimen y los hombres se drogan” ya habrán visto que los psicólogos evolutivos llevan muchos años intentando relacionar la patología humana actual con una serie de conductas sociales destinadas a obtener rango o estatus, que es la manera en que los psicólogos evolucionistas, los etólogos y los primatólogos nombran a lo que nosotros llamamos poder. Price, el psicólogo que estudió las distintas modalidades de estrategias relativas a la ganancia y mantenimiento de poder para relacionarlas con la depresión subrayó un grupo de ellas a las que llamó seductoras y que estaban basadas en el atractivo personal , las llamó rivalidad hedonística para diferenciarlas de aquellas otras formas de rivalidad que se basaban en la intimidación, la amenaza o la confrontación directa y que llamó rivalidad agonística.

Dicho de una manera comprensible: los individuos tiene dos formas de salirse con la suya, una mediante la seducción y otra por la fuerza.

Lo sorprendente de esta teoría es que Price por primera vez llamó a las cosas por su nombre: la seducción no es sólo una forma de conseguir amor -que es la forma arcangélica como se la imaginan algunos- sino una forma de competir y de obtener “pagos” adicionales, prebendas o exenciones. Aquel que seduce intenta conseguir aquellos dones que están en otro lado, usualmente en lo alto de la escala del rango y lo hace para asegurarse un estatus parecido al que lo ostenta por méritos propios.

Aunque nosotros los humanos estamos acostumbrados a convivir con jerarquias y por tanto con intentos de seducción de abajo arriba y de arriba a abajo, y aunque todos estariamos de acuerdo en preferir a un director dialogante que un director autoritario al final ellos son los que tienen el poder y no el subordinado que en el mejor de los casos sólo puede expresar su opinión.

Pero el subordinado puede hacer otras cosas y de hecho las hará: una de ellas es tratar de influir en las decisiones del poder a través de la seducción o la sumisión (yielding), puede tratar de hacerse imprescindible, el hombre o mujer de confianza de su jefe, en un plano más mundano puede incluso hacerse su amante.

Este tipo de subordinados pronto contarán con todas las antipatías de sus compañeros que nunca le perdonarán ser el “pelota”, pronto será acusado de ello por todos y estará en todas las conversaciones pues todos compiten por el favor de ese jefe, y hay alguien que ha apostado más fuerte dejando a los demás excluidos.

Y ese plus de energía que ha invertido esta persona en hacerse imprescindible para su jefe tiene a su vez un peaje que pagar porque su dedicación ha dividido la empresa en dos: el y su jefe y los demás. La rivalidad agonística con sus compañeros está pues asegurada.

Erich Fromm, escribió “El arte de amar”

Pero ni siquiera el amor escapa de esta disonancia que propicia la seducción, pues ¿qué pretende el enamorado sino llegar a poseer en exclusividad a su objeto amado?. Lo que comienza siendo algo inmaculado , el amor, acaba siendo una conquista militar, un amor-para-si. Algunos pensadores como Fromm nos llamaron la atención sobre nuestro desconocimiento de las leyes que gobiernan en el amor y que nada tienen que ver con esa idealización emotivista con que nos lo imaginamos. Fromm nos habló del amor tal y como se presenta en la realidad social y psicológica humana; el amor ideal sacrificado y abnegado simplemente no existe, el amor-como-renuncia es un ideal romántico y si existe es muy sospechoso psicológicamente cuando no francamente patológico. Ningún amor puede ser más intenso que la autoestima o el auto-amor.

Es precisamente el lado oscuro del amor el que vamos a encontrarnos en la patología, las secuelas de una seducción exitosa son pronto o tarde la decepción. Una decepción que lleva a la mortificación, al ajuste de cuentas, al reproche, a las escenas demostrativas de desamor, a los celos y a la codicia comparativa. Este tipo de estrategias destinadas en realidad a socavar el poder del otro a disminuirlo en su atractivo o su valor son las estrategias que conocemos en la patología con el nombre de histéricas. Pero para que puedan llevarse a cabo es necesario el amor del otro, puesto que sin amor no puede haber escalada de reproches. Sin amor la histeria no puede darse: precisa pues de testigos abnegados o enamorados, pacientes y bienhechores, personas entregadas en la pira del sacrificio que el otro miembro diseñó para socavar su poder, usualmente el poder masculino, pues es en las histéricas donde podemos observar más frecuentemente esta estrategia de crítica, descalificación y desvalorización constantes.

Lo que comenzó prometiendo mucho acaba siendo una tortura, el parasitismo de la histérica es tal que sólo mediante la ruptura del juego puede terminar la escalada de mortificaciones que impone a sus parejas, sobre todo a las sexuales. Pero después de la ruptura se iniciará de nuevo otro episodio con otra persona donde se repetirá la misma escenografia y quizá el mismo resultado.

Como podemos observar en el caso de la histeria se reproducen en tres tiempos las maneras en las que se cuestiona el poder del otro:

  • primero se le seduce induciéndole a una relación especial, una relación de exclusividad.
  • después se le socava o se le mortifica a fin de disminuir su poder.
  • por último se trata por todos los medios de que la relación se termine aunque inyectando ese deseo en el otro. La histérica busca ser abandonada, ¿pero para qué?

Para reproducir este mismo patrón de seducción, mortificación y pérdida. La histérica -como en realidad tdoas las relaciones patologicas- persigue el amor, con independencia que la persona que lo suscita. la histérica está enamorada del amor, el objeto es secundario. De esta misma opinión es D. Juan, algo que ya describí en este post, el formato que toma la histeria en el sexo masculino: la colección de mujeres seducidas como si fueran trofeos que exhibir.

¿Y qué hacen las histéricas cuando ya no pueden seducir, es decir cuando han perdido atractivo?

Entonces se especializan en estas otras estrategias: la queja y la reivindicación, algunas de ellas incluso combinan las tres simultáneamente pero el destino de la histérica a largo plazo es o vivir quejándose o vivir reivinidicando, algo que veremos en el próximo post.

Anuncios

9 pensamientos en “Enfermedad mental y poder (III)

  1. Yo también estoy enganchada doctor, pero no debo haber entendido algo bien ,pues tal como lo pintas parecería que el deseo de exclusividad sea síntoma histérico y yo se de muchos que han firmado contratos y todo donde se hace expresa mención de exclusividad, y de ahí a que el amor sea una conquista militar… Vamos, que no he acabado de pillarlo, imagino. A ver si en la próxima entrega nos lo aclaras, ¿eh?
    🙂 🙂

  2. Si, lo hago adrede como en aquellas novelas por entregas que antes publicaban los diarios y que ahora ya nadie lee, una especie de capítulos para mantener el interés del lector.
    Permanece atenta a la pantalla.

  3. Si Argentum hay algo de histérico en el amor y hay algo de histerico en la sexualidad. Lo que comparten es la demostración, pues sin demostración ni hay amor ni hay sexo, ni hay seducción, ni hay nada. Hasta los animales saben eso, a más pluma, más exhibibión y mas éxito reproductivo.

  4. El deseo de exclusividad es efectivamente histérico porque divide el mundo en dos: el-ella y los demás, el amor es una coalición contra el mundo y es en ese sentido en que el amor comporta una buena dosis de exclusión de los otros, siempre se ama contra alguien.

  5. Pingback: Copiones y bots « La nodriza de las hadas y el rey carmesí

  6. En cuanto a la relacion con una histerica que hacer, es la gran pregunta.

    Tengo 53 años , estoy casado con una histerica(48) que ahora tiene una relacion con un ex amante de 65 años. Ella fisicamente es una mujer muy atractiva y de paso le gusta hacerse desear.

    Cuando descubri su infidelidad casi se me cae el mundo o la mato. Y a su actitud de menoscabarme llevaba como un año y medio hasta que descubri lo inevitable. Ellos se ven de vez en cuando ya que el vive en USA y nosostros en Venezuela.

    Yo reconoczco he sido excesivamente fiel y a la espera de su aceptacion ya que soy sexodependiente.

    Quiero su ayuda a saver como enfrentar la situacion y para saber como desarrollar la relacion de la mejor manera posible.

    Gracias

  7. Saludos muy cordiales para todos: humildemente trataré de poner mi granito de arena para intentar aclarar muchas cosas ocultas y que en estos tiempos ya deben ser develadas. Científico de profesión, egresado de un Tecnológico Francés, me interesó desde temprana edad el desarroyo psíquico, espiritual y mental, conocimientos que día a día crecían con mis experiencias cotidianas, los usaba en mis estudios academicos y en el desarroyo de mis labores como profesional en las distintas ocupaciones que tuve en la industria donde he trabajado. Actualmente, después de 34 años ininterrumpidos de trabajo en empresas, estoy dedicado tiempo completo a ofrecer ayuda psíquica y espiritual a toda persona que asi lo requiera. Estoy ubicado en La Ciudad Comercial La Cascada, en Maturín, Estado Monagas, Venezuela. email: petrocellig@yahoo.com Tlf. 0414-7676580. La Consulta que atiendo es de Radiestesia Holística, se trata del estudio de las energías electromagnéticas del cuerpo humano,como comprenderán , el cerebro emite energías electromanéticas y cada órgano del cuerpo individualmente también emite energías electromagnéticas, como radiestesista sensible a estas energías las puedo captar y así poder saber que le está sucediendo a la persona consultada desde todos los puntos de vista de su existencia cotidiana. Hay persona compatibles e incompatibles, y también hay personas asimétricas magnéticas, estas últimas y las incompatibles no pueden llevar una vida feliz y armónica en parejas, y ésta es la causa del 95% de los divorcios y rupturas amorosas. No importa el nivel cultural o académico de la persona, porque el problema que se presenta es a nivel de las energías electromagnéticas cerebrales. Ya he tenido la visita de Psicólogos de Posgrado de Universidades y de Psiquiatras que ahora entienden el problema disfuncional en las parejas con estas patologías. Los asimétricos no pueden amar ni pueden sentir amor, sufen de depresiones, son dicotomicos y bipolares, y se sienten constantemente amenasados y victimas.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s