Placer y goce: las amistades peligrosas


Las amistades peligrosas es una novela escrita por Choderlos de Laclos en el siglo XVIII y una obra maestra del género epistolar. En ella el protagonista Valmont se escribe con la marquesa de Merteuil viuda, sofisticada y adinerada aristócrata pero maquiavélica y perversa mujer que reta e incita a Valmont a ese ir más allá libertino que caracteriza toda su correspondencia.

La novela, -bien conocida por el gran público a partir del estreno de una pelicula con su mismo nombre y protagonizada por Glenn Close, John Malkovich, Michelle Pfeiffer y Uma Thurman -narra las intrigas tramadas por Valmont y la marquesa -cuya relación se ignora aunque se supone que han sido amantes- a fin de seducir a una joven pura educada en un convento, Cecilia Volanges, una especie de Doña Inés tenoriana pero en versión francesa.

Decía Baudelaire que el supremo placer erótico era la convicción de estar haciendo el mal, lo que es otra manera de decir que hay algo en la sexualidad que va más allá del placer sexual puro y duro y que es precisamente ese plus de placer lo que hace falta regular, de eso se ocupan, la religión, la moral y el Estado .

Y de transgredir esa regulación se ocupa precisamente el sujeto individual. Hay algo pues en el deseo sexual que siempre se sitúa en un lugar de exceso, de subversión, de invención y de un ir más allá del simple placer: una rebeldía tan humana que nos resulta incluso familiar y a veces justa.

A ese ir más allá del placer le llamó Jacques Lacan, el goce, (la jouissance) y lo definió del siguiente modo: “placer es aquello que se añade a la vida y goce es aquello que se sustrae a la muerte”. El concepto de goce es algo facilmente reconocible en la conducta de nuestros semejantes y algo además imprescindible para entender el deseo humano, algo que va más allá del reflejo condicionado skinneriano y que situa a lo humano en una dimensión más poperiana que skinneriana, más epistémica que conductual.

Asi Velmont desea seducir a Cecilia Volanges, pero lo que le interesa de ella no es tanto su belleza sino su inocencia. Educada en la moral más rancia y convencional del momento Cecilia acapara en sí los dones que Valmont pretende socavar a través de sus engaños y su constancia en el acecho de la presa. De lo que se trata no es tanto de conseguir a Cecilia sino de retar su resistencia y someterla a la prueba del nueve de la seducción. Es la apuesta que Valmont y la marquesa mantienen y es algo que sólo puede llevar a cabo Valmont, puesto que la marquesa en virtud de su posición no puede acometer por sí misma tamaña heroicidad sin ponerse en entredicho aunque es precisamente ese el deseo que asoma en ella a través de la inducción constante que hace a Valmont acerca de esa posibilidad, asi es la marquesa la que induce, espolea y mantiene.

Y una vez conseguida de lo que se trata es de abandonarla pues el goce no está diseñado para acomodarse a una vida hogareña confortable y práctica, sino precisamente para eludir los compromisos del amor y escamotearle al deseo una cama doméstica aun siendo una cama confortable y acogedora. De eso va el deseo libertino, un deseo que se alimenta en ese recorrido del apetito, resistencia, engaño y consumación. Siempre es necesario el engaño puesto que el plan consiste en abandonar a la presa apenas rendida por amor y es precisamente esta rendición que se hace en nombre del amor lo que hace a la presa tan peligrosa y cuando se ha llegado a este punto lo que se impone es cambiar de victima y buscarse un nuevo reto, un más dificil todavia dejando a la anterior mancillada de por vida y enclaustrada en un convento.

Naturalmente ese arquetipo masculino de goce se encuentra en franco retroceso, no porque haya sido superado por los hombres modernos sino porque ya ninguna mujer resulta mancillada por un escarceo amoroso, todo lo más decepcionada. Es precisamente la actividad que los D. Juanes de hoy practican en un juego sin fin que ha perdido parte de sus condiciones trágicas, y que ha sustituido probablemente el convento por el suicidio o el gesto suicida de la victimizada. Para las mujeres -como en una maldición bíblica- sigue siendo la principal causa de sufrimiento mental y de tentativas de suicidio- me refiero al hecho de ser abandonada a pesar de que ya no exista lacra moral alguna en entregarse a un hombre y que la mayor parte de las veces se haga sin amor.

De manera que el deseo de Valmont es precisamente reiterar el mismo deseo, es el deseo del deseo, el deseo de estar siempre deseando algo dificil y complicado: monjas, doncellas, mujeres casadas de la alta sociedad y con recursos morales para resistirse, este es el goce de Valmont y el goce de D. Juan, otro de los arquetipos -este en versión española de Tirso de Molina- en este caso más democrático puesto que D. Juan no le hace ascos ni a las criadas ni a las campesinas. Queda claro que hay algo más en esta conducta que va va más allá de la consumación del placer, lo que señala en la dirección de que está por hacer una nosologia del goce, puesto que lo que nos interesa de las personas no es tanto como son -su manera de ser- de lo que se ocupan las caracterologias sino su forma de gozar, “dime como gozas y te diré quien eres”, en este sentido una nosología del goce o un mapeo del deseo nos daría a los psicólogos y psiquiatras actuales más datos de nuestros pacientes que eso que en algún lugar se ha llamado rasgo de personalidad, un constructo que aunque se considera cientificamente objetivo, en realidad es furtivo y dificil de atrapar.

Vale la pena recordar ahora otro de estos personajes inmortalizados, esta vez en la musica de Mozart, me refiero a D. Giovanni y a esta aria de la opera.

Como vemos en ese aria “Madamina, il catalogo è questo“, Leporello le enseña a una ex-amante de Don Giovanni, Donna Elvira, el catálogo donde están señaladas las conquistas de su señor: en Italia 640 mujeres, en Alemania 231, 100 en Francia y en Turquía 91, peeeeeeero… en España… en España son ya 1003… No hace distinción entre campesinas, criadas, condesas, baronesas, marquesas o princesas, mujeres de cualquier rango, cualquier tamaño o cualquier edad.

De lo que se trata es de engrosar la lista, es decir asegurarse que el deseo no para y que renace en cada nueva conquista eludiendo al mismo tiempo el amor y abandonando rapidamente a la seducida con objeto de no encariñarse con ella.

Lo cual nos lleva a una reflexión paralela: ¿por qué algunos hombres temen al amor?

El amor suele ser peligroso para los hombres por la misma razón que para las mujeres es la condición para que la rueda del deseo se despliegue. Trataré de hacerlo comprensible:

Los hombres no cambiamos de objeto, pasamos de la madre a la mujer sin solución de continuidad, en un momento determinado nos separamos de nuestra madre (fuente de amor y de dominio) y nos buscamos la vida con objetos sustitutivos, tambien mujeres como ella aunque diferentes en algunas cosas y similares en otras. Este tránsito tiene muchas dificultades, las vicisitudes del deseo masculino tropiezan una y otra vez en ese fantasma edipico: “esa es demasaido parecida a mi madre, esa se llama igual, aquella es demasiado dominante, esa otra seria mas amiga de ella que mia”, etc. La mayor parte de los hombres resuelven este dilema disociando a las mujeres, por una parte las idealizadas: la madre y de otraslas devaluadas “las putas” algo que se conoce como el complejo virgen-puta, es con ellas con quien fornican y solo con ellas, mantienen asi el universo de su deseo impermeable, hay madres y hay putas, “todas las mujeres son putas menos mi madre”, eso es lo que hacen la mayor parte de los hombres que conozco con distinta intensidad pero ese mecanismo por otra parte facilitado socialmente para que los varones no teman el sexo.

Las mujeres no necesitan devaluar o idealizar porque ellas abandonaron a su madre al comenzar su periplo edipico, la abandonaron por amor a su padre, por lealtad con la diferencia sexual y al deseo de tener un hijo con él. Por eso las mujeres no necesitan “putos”, pues no precisan disociar el mundo en putos y santos, es por eso que las mujeres no suelen disociar el sexo del amor y es por eso que las mujeres suelen tener más problemas con el sexo que con el amor que es siempre una reminiscencia de su amor por el padre. Y es por eso que los problemas que tienen las mujeres con el sexo se dan precisamente por el amor, tienen como condicion el amor, si no hay amor, no hay juego y el sexo y el deseo pueden establecerse, pero la dificultad está en que Eros y Afrodita vayan de la mano.

Asi hay diferencias respecto al sexo:

  • En los hombres se da más el miedo al amor si hay sexo.
  • En las mujeres más el miedo al sexo si hay amor.

Es por eso que existen Valmonts, paralelamente a la existencia de Cecilias.

Y más allá de eso porque existe una reglamentación social que trata de embalsamar el deseo individual haciéndolo imposible o regulándolo de tal modo que resulta irreconocible. Es por eso que Cecilia y Valmont juegan el mismo juego sin saber a qué juegan, un juego de subversión que pone el orden social patas arriba al mismo tiempo que sostiene al propio sistema sin cuestionarlo.

9 pensamientos en “Placer y goce: las amistades peligrosas

  1. Muy buena la exposición, me quedo con esto último que pones:
    * En los hombres se da más el miedo al amor si hay sexo.
    * En las mujeres más el miedo al sexo si hay amor.

    Tengo la sensación de que es tal cual así.

    Un saludo.

  2. ¿O sea que el goce de èl estaba en poseerla, para luego abandonarla, quedàndose sin amor, y el de ella en quedarse amando a quien la abandonaba? ¿Esa serìa la porciòn de muerte que ellos anticipaban en su actuaciòn? Formidable, Doctor Traver, y què lindo encadenamiento de un post con otro, y a la vez con los comentarios . . . yo agregarìa otra pelìcula a las nombradas por Ana ; Portero de Noche, con Dick Bogard y Charlottte Rampling.

  3. María Inés, de Portiere y otras de mismo corte habla Paco en el blog La Nodriza para tratar otro tema (el masoquismo en el cine). Yo creo que se trata de ideas distintas, pero sobre lo que dices tú sobre las que aman a los abandonadores tipo don Juan hay un libro que según he oído es bastante bueno, de título “Las mujeres que aman demasiado”, que imagino que son las que van de víctimas, de sacrificadas. Pero no lo he leído, y por cierto que al parecer es un síntoma más femenino que masculino.
    Saluditos.

  4. Si, se trata de perfiles distintos de goce, Portero de noche es una pelicula de culto sobre la pasión entre verdugo y victima (por cierto algun dia hablaré de ella) y Las amistades es una peli sobre el goce sofisticado del libertino y su sentido trágico.

  5. Pingback: De Stendhal a Bogart y un poco de etología « neurociencia-neurocultura

  6. Muy buena la exposición, me quedo con esto último que pones:
    * En los hombres se da más el miedo al amor si hay sexo.
    * En las mujeres más el miedo al sexo si hay amor.
    * las mujeres son putas es una frase común en los ebrios.

    Los ebrios cuando llaman a mujeres valoran siempre a ellas en base a un puntaje de 9. Eso lo he notado en los mujeriegos. Interesante reflexión

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