El amor es cosa de tres


Recordar es ver lo que se sabe.

Saber es recordar lo que se vio.

Ver es saber sin recordar.

Orham Pamuk (Me llamo Rojo)

Es verdad: en nuestro mundo hay tres mundos aunque la mayor parte de la gente -por escaso entrenamiento- vive tan sólo en dos de ellos, son de hecho seres bidimensionales encerrados en la continua dialéctica de los contrarios, empujados por la contradicción de los opuestos, dia-noche, amor-odio, perdida-ganancia, pena-alegria, etc:

En términos de lógica formal se comportan asi:

Si A no B

Si B no A

Luego si ahora A no B, si luego B no A

De modo que no tienen más recurso cuando A que omitir o suprimir B y al contrario. Obsérvense en ustedes mismos qué es lo que les sucede cuando sienten simpatía por alguien. Inmediatamente suprimen todas las antipatias, todas las cautelas, apagan sus sistemas de alarma y se dedican a amplificar esa simpatía hasta los limites que cada cual tenga en su paleta de acción. Después viene -necesariamente- la decepción y ocurre el fenómeno contrario: se amplifica la antipatía, el rencor y se suprime todo lo bueno que seguramente aún es propiedad objetiva del otrora simpático. El ser bidimensional vive en un continuo vaivén emocional, en una oscilación constante que Freud llamó compulsión repetitiva, una especie de maldición donde lo reprimido acaba por retornar de nuevo a la conciencia: ahora estoy en la simpatia y después en la antipatia, algo muy parecido les sucede a los enfermos bipolares, ahora estoy contento, eufórico y después más tarde quizá como consecuencia de algo banal me vengo abajo, me deprimo.

Otros le han llamado las leyes del karma y Hegel leyes de la dialéctica a algo muy parecido: esa cualidad de eterno retorno de nuestros actos. En un mundo presidido por los opuestos el mayor esfuerzo mental que realizamos los humanos es controlar efectivamente nuestros actos, nuestra conducta pues toda conducta es el resultado de un par de emociones en pugna. Tratamos en lo cognitivo de encontrar espacios de sintesis, que en realidad son espacios de ambivalencia y tolerar la ambivalencia es la unica solución cuando habitamos ese mundo bifurcado que emerge de las categorias. Un mundo que hemos partido en dos debido precisamente a la manera de trabajar de nuestro cerebro.

Sucede asi por una razón de orden filosófico fundamental: los opuestos son un invento de nuestra mente, no existen ahi afuera, son solo Ideas en el sentido platónico de esta palabra. Y nuestra mente lo que hace es categorizar y lo hace para simplificar el mundo. La realidad externa seria absolutamente inaccesible si nuestro cerebro no fuera capaz de construir categorias, abstracciones, representaciones del ahi afuera y del aqui adentro. Categorizamos para hacer el mundo transitable, pero ese mapa – nuestra categorización- no es el mundo sino las etiquetas, los letreros que pusimos, las señales que dejamos para que el cerebro sepa hacia donde dirigirse en un momento dado, qué rutas tomar y qué decisiones adoptar.

Imagínense por un momento que nuestro cerebro en lugar de trabajar de un modo basado en la categorización lo hiciera de un modo dimensional. No habria simpatías ni antipatías, ni euforia o tristeza, sino estados intermedios tanto a nivel cognitivo como emocional, viviriamos en un magma de indiferencia, de neutralidad afectiva, sin valencias de prioridad, careceriamos de motivación, de capacidad de tranquilización, de estimulación interna. Si carecieramos de poiesis, es decir si nuestro cerebro no tuviera capacidad intrínseca alguna para crear lo nuevo y fuera un ente pasivo que se limita a reaccionar a su medio ambiente, nuestra vida estaría en peligro porque un cerebro asi careceria de actividad adaptativa y sucumbiría a cualquier cambio ambiental por mínimo que este fuera.

Nuestra especie no existiría y no estariamos aqui escribiendo ahora este post. Lo realmente excepcional desde el punto de vista adaptativo de nuestro cerebro es su plasticidad es decir su capacidad de modularse por si mismo sin necesidad de depender del todo del medio ambiente. Su capacidad de repararse a través de los contrarios.

Es porque no hay dos sin tres que existe la autoconciencia, ese tertium inter pares que observa desde un lugar elevado -privilegiado- las peleas entre opuestos que presiden el mundo bidimensional y que cuando toma el mando introduce con su observación algo nuevo, una especie de emergencia que es a su vez una superación de las antinomias, de las contradicciones y de las paradojas del mundo de dos dimensiones.

Estoy hablando del cerebro. La idea de que en nuestro cerebro hay en realidad tres cerebros es ya antigua y se la debemos a Mc Lean. Hay un cerebro reptiliano (ganglios basales, hipotálamo y tronco encefálico), un cerebro mamífero (sistema límbico y amigdala) y un cerebro Sapiens (corteza cerebral). Esa delgada capa de algunos milimetros de espesor y que llamamos corteza o tercer cerebro, el más reciente desde el punto de vista evolutivo es la residencia de la autoconciencia. Si sabemos que sabemos es precisamente debido al desarrollo de esta zona anatómica, nuestra recursividad consciente, el saber no sólo acerca de nuestros apetitos sino ese ir más allá que hace que nos preguntemos por qué deseamos lo que deseamos es una función cerebral cortical, la autoconciencia trabajando para nosotros.

Y que desde el punto de vista lógico podemos formalizar asi:

A ◊ B

Que significa que A contiene y excluye a la vez a B.

El agua de la nube sigue siendo agua pero en distinto estado a la del agua del mar, se condensó, es decir cambio su estado, por lo tanto y aunque el número de moléculas de agua que contiene el universo sigue siendo el mismo en cualquier estado fisico, el agua de la nube tiene propiedades que no tiene el agua del mar, alimenta por ejemplo el agua de la lluvia que a su vez interviene en el ciclo del agua de toda la tierra, algo que es imposible para el agua marina.

Lo que en términos lógicos supera el antagonismo de los contrarios. Una vez entra en juego esa nueva emergencia Sapiens que llamamos autoconciencia, el observador sagaz, el mundo ya no puede ser considerado como un forcejeo entre contrarios, pues los contrarios ya no se encuentran en oposición, han sido transformados por la autoconciencia en algo nuevo, en una estructura nueva que comanda la percepción, ese ver trasciende al conocer y el recordar de la cita de Orhan Pamuk.

El ejemplo que me viene a la memoria es el del amor.

El amor es el empuje del Yo hacia el Tu, del sujeto hacia el objeto, pero el objeto es inaccesible, hay algo en el amor que no puede atrapar en el otro, y del mismo modo el amor por sí sólo es incapaz de saltar por encima de lo imposible, ¿qué hacer pues? ¿Cómo explicar esta contradicción? El Yo y el Tu son opuestos, contrarios que no pueden complementarse de ninguna manera, pues ambos estan en contradicción con el otro, hay una grieta de discontinuidad entre el Yo y el Tu tal y como señaló Bataille y como la pasión amorosa es usualmente destructiva precisamente por esta razón.

El tercero en liza en el amor es precisamente la relación, el vinculo, al que llamaremos desde ahora Lo Otro.

Lo Otro es el tercero intangible que observa desde su perspectiva al Yo y al Tu y el que contiene el poder de transportarse en el tiempo y el espacio. Toda negociación amorosa no debe realizarse entre el Yo y el Tu sino entre el sujeto y lo Otro. Asi se superan los contrarios, es asi como el cerebro toma el mando y se suprimen las desdichas. Y las oscilaciones.

Una relativización de las luchas intestinas de la pasión.

Pues lo Otro es el que puede ver sin necesidad de recordar y tiene este poder porque es un ente abstracto sin representación, sin culto y sin estatuas. Es el Espiritu Santo que supera el dilema del padre y del hijo y es la inspiración pentescostal que baja en forma de lenguas de fuego sobre los apóstoles, una metáfora de la iluminación, de la sabiduría, del carisma.

El Espiritu Santo es pues la versión cristiana de la autoconciencia, la superación de los contrarios, la emergencia de un nuevo cerebro que aún no sabemos manejar y en el futuro -a través de su expansión- la medicina tendrá que contar con élla para llevar a los enfermos hacia la autocuración a través de la causación descendente, es decir curarse a través de la mente,a través de la autonciencia de sí y de la intención.

Que no es Yo ni es Tu, ni siquiera una fusión o sintesis entre ambos. Es, en todo caso una sustracción, una reducción, una resta. En la trasnformación del dos al tres hay una pérdida como la hubo del uno al dos. El uno pierde la mismidad a cambio de la alteridad, y la alteridad queda reducida por la autoconciencia de sí que supera la dialéctica entre el uno y el dos, entre sujeto y objeto.

¿Pero entonces qué es, de qué está hecha?

Pregúntenle a la nube cual es su contenido. Pregúntenle al mar cual es su contenido. Pregúntenle al hielo su contenido y los tres responderán lo mismo: agua.

Tres estados.

Tres mundos.

Tres cerebros (inglés, Paul Mc Lean)

Tres cerebros (español)

Ver también:

El simbolismo de los números

La historia de la triquetra

La trinidad celta

Recordando el mito de Demeter: la tripleta femenina

Recordando a Las Erinias, heroínas por triplicado

7 pensamientos en “El amor es cosa de tres

  1. Finalmente era cierto que uno más uno a veces son tres.
    Y además has elegido el mejor ejemplo.
    Aplausos agradecidos por esta inspiración de hoy, largos aplausos silenciosos y contenidos 🙂

  2. Bellìsimo. Y pensar que es por El Otro que hacemos de nuestra vida una ceremonia, una orgìa, un depòsito de sueños rotos, o una celebraciòn. Y su intangibilidad se vuelve materia: lesiòn, dolor, exudaciones, cuando lo perdemos o no pudimos construirlo.

  3. Hola: Veo calidad. Te linko.

    Bueno, desde un punto de vista logico A no puede nunca contener y excluir a B. Lo que puede suceder es que A contenga a B y excluya a B´ donde (B=B´+ e) siendo e una variacion que puede ser incluso infinitesima.

  4. La dulidad ya triada no creo que sea una resta. Lo vivencio como un sumatorio.
    Yo puedo ser yo, puedo se yo+tu, puedo ser yo+tu+nosotros, pudo ser yo+nosotros, puedo ser no-yo, puedo ser nosotros…
    Me lo enseñaron las gaviotas: vuelan solas, vuelan en parejas, vuelan en grupos.
    Nunca pierden su armonía, su completud, tanto si vuelan en grupo como en solitario.
    Pueden ser en solitario, juntas… pueden no-ser siendo.

  5. Sub aespecie aternitatis tal y como decia Spinoza, lo que significa que todas las gaviotas son la misma gaviota, una bandada de gaviotas no es una suma de gaviotas sino una gaviota que se comporta como una Idea (un absoluto) de gaviotas y no una simple adición.

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