El amor y las historias de amor


El amor es éxtasis

Rumi

La razón por la que existen tantas y diversas historias de amor es que nadie sabe a ciencia cierta qué cosa es el amor.

Al amor le pasa lo mismo que a los olores: no disponemos de palabras para nombrarlo, así llamamos amor a ese sentimiento tan chovinista que sienten las madres por los hijos explicitado perfectamente en este video de más abajo con la Caballé cantando un aria de Puccini, a ese otro sentimiento que dudosamente vincula a los hermanos entre si ¿fraternidad?, al amor de pareja, ¿faire l´amour“?, un invento de franceses ligado al bidé, y hasta llamamos amor a eso que algunos sienten por la patria, la naturaleza, con alguna idea política o con el dinero. Amor señala desde luego algún tipo de emparejamiento, unión o enlace con personas, abstracciones, o placeres concretos.

Y a veces hay no solo emparejamientos reales sino virtuales como el amor a trois que existe en Seda. Hervé Joncour recibe precisamente a través de su esposa el regalo, el don de una ilusión que jamás pudo materializarse. ¿Qué clase de amor es el de Heléne por Hervé?

O sea que no existe un amor único, sino distintas versiones del amor que a falta de etiquetas denominamos con la misma palabra: esa de cuatro letras en casi todos los idiomas y que conocemos con ese nombre: “amor”, algo al que todos acceden pronto o tarde al menos en su versión menor, en su octava más baja: el enamoramiento, un cóctel que se mantiene en sangre unas pocas semanas, hasta que se desvanece.

Si se han escrtito tantas y tan variadas historias de amor es porque cada ciudadano tiene la impresión de que en su amor hay algo de especial, algo que merece la pena ser contado, algo que hace del suyo algo especial. Asi no es igual el amor de Ana Karenina, amor fatidico y el amor de Amiel aquel filósofo que se la cogía con papel de fumar y en el que se inspiró Marañon para escribir un ensayo bastante cursi sobre la timidez y que leimos cuando eramos adolescentes, como tambien hicimos con Fromm que se posicionó claramente a favor del amor-sacrificio como tocaba en una época donde la religión no sabia que hacer con la pasión de los individuos carnales y encarnados.

Y es que hay amores-sacrificiales y amores-desquicio, como hay amores-refugio como sucede en la bolsa y amores de paso y amores al raso: estoy parafraseando a Javier Krahe que escribió tambien sobre el asunto. La lista de poetas, músicos, novelistas o pintores que se han inspirado en el amor seria demasiado larga para ser expuesta en un post y mereceria una tesis doctoral.

Lo mejor es leer esa letra del propio Krahe donde resume perfectamente todo lo que se conoce de ese curioso qualia que llamamos amor:

Abajo el Alzheimer

Sí que los recuerdo, fueron los mejores,
con muchos detalles y vivos colores
aquí van las cuentas de mis cien amores.
Veamos si tengo o no memoria.

Un amor eterno, otros casi tanto.
De siempre me prenden los cinco en su encanto,
tan sólo por ellas he vertido el llanto.
Peaje de amor, cantidad irrisoria.

Amores de suerte, amores de paso,
amores refugio, amores al raso,
parques del Retiro, museos Picasso.
Incluso una suite en el Waldorf Astoria.

Amores insólitos por lo singulares,
hay reinas del mar por los siete mares.
De amores sin par, unos quince pares.
Y todas tangibles, ninguna ilusoria.

Descuéntame uno y van treinta y cuatro,
el uno que tacho fue puro teatro,
una tontería y no lo idolatro.
Ocurre que es que no tuve escapatoria.

De cinco minutos, media mañana,
de fin de mi vida, de fin de semana,
de mi via amoris de mi real gana.
Cada uno su cruz y la mía es de gloria.

Amores de ida, amores de vuelta,
amores debidos al Ebro y al Delta,
y al imperio ruso y al folclore celta.
También llevo bien geografía e historia.

Van ochenta y casi me olvido la lluvia
mojando los rizos de mi única rubia.
Y a mi diosa blanca. Y a mi esclava nubia.
Y a mis tres Marías, Marías Victorias.

Y a las seis menores aunque muy crecidas.
Sus seis casi estrenos me dieron seis vidas.
Me obligó el espejo a seis despedidas
de seis aplicadas en arte amatoria.

Las ocho que faltan las guardo en secreto,
que yo fui Montesco y ellas Capuleto,
y me comprometen o las comprometo.
Mi alegre canción iba a ser mortuoria.

Y ya están las cuentas de mis cien amores,
que claro que sí, fueron los mejores.
Y si queréis más, yo, de mil amores.
Y ruede la rueda y gire la noria.

(Javier Krahe)

La tesis central de Krahe tal y como puede observarse en el anterior poema con rima consonante es que el amor tiene mucho que ver con la memoria, con la capacidad de recordar, pues sin memoria ni recuerdos ¿podriamos comparar amores antiguos, amores modernos y los intermedios?

Y sin comparación todos los amores son iguales, en nada se diferencian y es por eso que aun no hemos puesto nombre a cada amor, por la misma razón que no le ponemos nombre a los olores y todo queda confundido en ese magma sin nombre que llamé en otro lugar el Tao del perfume. Tampoco tenemos nombre para cada uno de nuestros pasos aunque algunos recomiendan precisamente nombrarlos al menos en grupos de cuatro como un compás de compasillo (SA-TA-NA-MA) ni lo tenemos para cada una de esas lágrimas que hemos vertido en honor de una u otra amante, amigo o amiga, padre, madre o abuelo, es por eso que la historia se hace interminable y cada amor parece que es diferente -siendo tan parecido- a aquel que le sirve de referencia, nuestro primer amor, aquella que nunca pudo ser nuestra del todo: mamá y que dividió el universo posible en dos bifurcaciones: el amor carnal y el amor sin carne.

Pues fue mamá nuestro primer objeto amoroso, si, pues fue ella la que construyó nuestras primeras percepciones sensoriales sobre las que construimos después una interpretación del cuerpo y fue ella la que le puso nombre a las cosas, al placer y al displacer, al calor o al frio, a los aires y a la caca. Fue ella, la guardiana de los significados que ahora parecen atractores extraños como la espiral de Lorentz que es infinita pero nunca se sale del papel. Y se parece a una mariposa.

De manera que todas las historias de amor remiten a ese qualia primigenio que es el cuerpo de una madre, es por eso que los legionarios se tatúan en el pecho este anagrama “amordemadre”, un poco para distinguirlo de los otros amores, de los amores profanos, de esos amores mercantiles y tambien de los otros: los sosegados y prácticos que -en el mejor de los casos- algunos disfrutamos aun con un contrato reproductivo sobrevolando como una mariposa de Lorentz en el horizonte.

Pero los humanos no somos unidimensionales y poseemos al menos tres planos o mundos:

  • Uno presidido por la realidad y sus principios de realidad que divide el mundo entre lo posible y lo imposible.
  • Un plano cuántico donde todo es posible siendo a la vez imposible pero donde no hay referentes ni leyes universales, se trata de un plano que necesita ser construido, negociado y renegociado continuamente.
  • Un plano presidido por la autoconciencia que es observatorio pero que al mismo tiempo puede resultar mazmorra y liberación. Es el plano que integra y ajusta los dos mundos anteriores y les da forma y se ocupa del timing u oportunidad.

Y luego está el sexo por el sexo, una actividad al alcance de cualquiera y que hasta las chonis saben practicar desde que las mujeres se quitaron las fajas y descubrieron su placer. Es la amortización del sexo puesto que entonces dejaron de ser objetos sexuales y se constituyeron en sujetos deseantes, en objetos inercambiables y cuánticos que ahora están y más tarde desaparecen como el gato de Schrodinger. Desde entonces ser objeto sexual es una rareza y por eso existen cada vez más profesionales a pesar de la liberación de los refajos y la relajación de las costumbres.

Es sólo cuando el observador toma el mando que el sexo por el sexo se transforma en vino tal y como aseguraban los sufies. Los efectos embriagadores del vino solo pueden darse cuando la autoconciencia desciende a los genitales y recuerda que los genitales tambien son parte del cuerpo, rebota en ellos y vuelve a ascender en comunión con otra autoconciencia que le hace de pantalla imaginaria.

Entonces ya no se llama amor sino éxtasis y da igual si el objeto existe en esa realidad que hay ahi afuera o si por el contrario está interiorizada o externalizada porque los limites del cuerpo han sido desgarrados y amamos más allá del objeto aún en ausencia de él.

El amor ha dejado de ser una palabra y se transforma en un puente, una obra de ingenieria que une dos mundos a través de una membrana.

En algo concreto como un fractal que contiene en sus rugosidades todos los amores que la memoria ha logrado conservar.

14 pensamientos en “El amor y las historias de amor

  1. “sin memoria ni recuerdos ¿podriamos comparar amores antiguos,amores modernos y los intermedios?”
    Está claro que no. Y las comparaciones son una navaja de dos filos, por eso son odiosas. Para unos más y para otros menos 🙂

  2. Veo que hace falta una reedición del verbo “comparar” en clave neurobiologica. El cerebro no “compara” igual que lo hacemos nosotros cuando decimos, “esto tiene más peso, es más grande o tiene un distinto color”. Comparar para el cerebro es algo asi como encontrar enlaces de autosimilitud como en un fractal, dado que el amor originario, el primigenio procede de la madre y la madre está prohibida, cualquier tipo de amor tiene que encajarse en esa dificil pirueta, tiene que encontrar enlaces o emparejamientos entre aquel amor sensorial que grabó nuestras primeras impresiones y las siguientes que crecen por aposición arboriforme en un dificil equilibrio, es por eso que no existe una equivalencia lineal entre un amor de madre legionario y el resto pues el mundo quedó didvidido (bifurcado) en cuanto apareció el padre con sus leyes edipicas .
    El cerebro no sonstruye enlaces entre objetos sino entre sensaciones o perceptos sensoriales por eso el orgasmo es un equivalente al llanto, a caminar, a un sentimiento mistico o estético o a una convulsión epiléptica con independencia de su procedencia, pues todas estas sensaciones tienen la misma función y se encuentran disponibles en el mismo cajón: resetean el cerebro como cuando un ordenador se cuelga y lo desenchufamos para que se reinicie desde el principio..

  3. Suerte que la ópera acaba bien y ella no debe lanzarse al río como Ofelia, aunque ¿hay mayor prueba de amor que no desear una vida sin el amado? El lado romántico responde negativamente, aunque sin olla tampoco hay cítara. Qué gran dilema, en el que sólo apuestan los convencidos. Pero es bello. Y Seda también.

  4. El amor, Presi, a mi modo de ver no tiene que ver con pasar la vida literalmente junto al amado. Veo más admirable en algunos casos vivir de amor que morir de él. Como bien apunta Paco, hay universos paralelos, otras dimensiones en las que el amor puede llevar un cauce tranquilo sin necesidad de pagar recibos ni ocuparse de la educación de los hijos. Un amor cuántico, por así decir. Respeto profundamente los amores que -como también apuntaba P. no sé dónde, quizá fuera en mi blog- consisten en tener siempre la nevera llena de cervezas mientras él ve el fútbol, siempre que además de la nevera llena exista algo más, otra dimensionalidad que se salte el espacio y el tiempo convencionales. Ese algo más es la pértiga con que saltarse la grieta de la alteridad y todas las grietas imaginables al igual que puede serlo el sexo lúcido y transformador al actuar, como dice el autor, de puente entre el uno y esa otra autoconciencia que hace de pantalla o, si prefieres, de espejo.
    Bellísimo post, bellísimo.

  5. ¿Es porque el orgasmo se compara, neurobiològicamente, con la angustia, que no pueden acceder a èl los pacientes con trastornos de la ansiedad?

  6. Bueno Inés, esa es una vieja idea de Freud que hoy ya no sostiene nadie. La angustia humana es el resultado de emociones que no han llegado a hacerse palabras, cogniciones o pensamientos aunque pueden transformarse n conducta (acting out) un miedo informe incapaz de ser expulsado, exorcizado y que el sexo no siempre logra neutralizar (casi nunca), pues no es el sexo la pócima contra la angustia sino el lenguaje.

  7. Y si coinciden ambos (el lenguaje en el sexo, el sexo en el lenguaje) entonces es el éxtasis, p.e. cuando él, en el momento más álgido de la angustia primigenia, la nombra a ella con ese lenguaje intransferible, la mágica palabra de su nombre secreto. Se unen ambos (nombre y goce), el milagro se produce y entonces ella, o esa abstracción de mujer, renace una vez más de sus cenizas porque es nombrada: existe.
    María Inés, una alegría verte por aquí otra vez.

  8. Caramba, resulta que habìa enunciado esa pregunta de manera tramposa, querìa saber còmo me la respondìas en lenguaje neurobiològico, y tanto tù como Ana me la respondieron como yo no esperaba: sòlo hay orgasmo cuando palabra y sexo se ligan, es decir cuando hay poesìa. Y poesìa y mujer se crean en el mismo instante. Bueno, amigos poetas, acaban de hacerme renacer como mujer. Abrazos

  9. A propósito de la idea de Ana acerca de Eros como esa pertiga que sirve para saltar a través de los contrarios me gustaria pegar aqui un comentario que he encontrado en el anlace de más abajo:

    Eros es para Platón un intermediario que se somete a la ley del significante procedente por pares de contrarios; se sitúa metafísicamente entre la dimensión de la falta de ser, cuya función es estructurante para el deseo, y el saber-hacer o el saber-ser, entre el conocimiento y la ignorancia, entre dioses y los hombres por la interpretación de los deseos de estos últimos.

    Efectuamos un salto de Platón hacia nuestro contemporáneo C. Lévi-Strauss, (1958): para éste, en la mitología americana el mito designa una clase de herramienta lógica destinada a operar una mediación entre dos términos opuestos, como la vida y la muerte, el paso de la caza a la agricultura en su aspecto periódico (ciclo del tabaco y del maíz por ejemplo): aparece el personaje llamado el “trickster” el astuto, el que hace farsas, trucos, en este caso el coyote o el cuervo que va a permitir la toma de conciencia de algunas oposiciones, y operar su mediación progresiva. Más cerca de nosotros en la clínica, Winnicott (1971) no nos habla del espacio transitorio (objeto transicional) requerido para la evolución del niño, situado entre la realidad psíquica y el mundo exterior, espacio del entredós, entre separación y compromiso entre el dedo y el osito de peluche.
    http://cabinet.auriol.free.fr/Documents/spanish/eros-sp.htm

  10. Cuando él y ella piensan que su amor no es posible, es cuando surge el amor. Esto, mas o menos, es lo que vino a decir Francisco. Un acierto incluir a Krahe en este tema. Dos pelis que me gustaron por el tipo de amor ( porque creo que hay tantas formas de amor como personas), ” El marido de la peluquera” y ” la buena estrella”, Gracias Francisco.

  11. ” ese sentimiento tan chovinista que sienten las madres por los hijos ” creo que el chovinismo es extensible también a los padres en la misma medida, otra cosa es el sentimiento de posesión o pertenencia que parece desarrollarse en algunas madres como si los hijos fueran suyos y solo suyos y el padre no fuera responsable de su formación.

    El hecho de que la madre engendré y funcione de incubadora humana parece que hace que sea la responsable de la creación; pero ella no es nada más que un soporte, porque conscientemente no es responsable de nada por eso sorprende tanto cuando el niño nace y aparece con una forma tan perfecta, como si de un milagro se tratara teniendo en cuenta lo poco que ha costado, intelectivamente hablando, haber creado un ser así. Ahora , eso sí, es la madre la que pone su vida en juego durante el parto y en algunos casos su salud durante el embarazo y la que llevaba la mayor carga de la crianza durante los primeros meses de vida del bebé.

    Para el hombre el proceso tiene una escala diferente iniciándose el verdadero sistema de apego una vez se produce el nacimiento, esto es otra cosa.

    La madre ve al hijo como una parte de su cuerpo fuera de sí, por lo que no es de extrañar que ame tanto a los hijos porque el amor es sobre todo un amarse a sí mismo en las diferentes proyecciones que de nuestra persona hacemos en los seres queridos que nos rodean.

    En cuanto al enamoramiento no creo que sea su octava más baja, sino que sería la octava más alta, para luego ir bajando en intensidad hasta llegar al amor más relajado que sería el del apego. Ese cóctel en sangre es fundamental para que surja una verdadera unión entre dos personas, y cuanto mayor sea la cantidad de ese cóctel, llegando a la pasión, mayor será la unión, que posteriormente dará lugar a un mayor apego . Algo así como el efecto de la oxitocina que se produce en grandes cantidades durante el parto.

    Y citando a Lope de Vega en su magistral soneto, sólo decir que : ” Quien lo probó lo sabe ”

    Pero tu post, como de costumbre, es mucho más complejo y también hablas del lenguaje uniéndolo con el olor, con el olor de la madre que es la primera que pone nombre a las cosas. Una Eva dando de comer del árbol del conocimiento, diciendo lo que está bien y lo que está mal. Porque el mundo surje y nuestra consciencia se inicia cuando somos capaces de nombrarnos y nombrar lo que queda fuera de nuestro Yo. El lenguaje queda en un lugar sagrado muy unido al árbol de la vida. ¿ Por qué será ?

    Lo de las chonis lo dejo para otro día y así unirlo con el mismo descubrimiento que hacen los horteras.

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