Caravaggio y la impulsividad


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Definir la impulsividad es algo tan difícil y al mismo tiempo tan intuitivo como hablar de la personalidad. Todo el mundo sabe a qué nos referimos cuando hablamos de impulsividad en las personas comunes pero el término se vuelve confuso precisamente cuando abandona el terreno de la normalidad y nos adentramos en el mundo de la psicopatología, en el mundo de la impulsividad extrema.

Es en ese terreno donde el constructo “impulsividad” adquiere su importancia por no ser un síntoma, ni un síndrome, ni una enfermedad en sí misma sino un punto de cruce de varias enfermedades o trastornos mentales o distintos sindromes y trastornos. Una encrucijada que pertenece a la esquizofrenia, al trastorno bipolar y a la depresión, al autismo, a los sindromes orgánico cerebrales e incluso a algunos trastornos de personalidad como los trastornos border-line o antisocial que parece que mantienen sobre ella -la impulsividad- una exclusividad forzosa.

La impulsividad hace referencia a un impulso, tiene un origen por tanto vinculado a lo instintivo, al deseo o a la consecución de placer: efectivamente sin un impulso vital nadie se levantaria de la cama, nadie buscaria comida o sexo, nadie perseguiria sus sueños o se emplearia a fondo para conseguir sus metas. El impulso asi contemplado es pues un equivalente del “élan vital” a esa energia que nos impulsa hacia un objetivo. Un impulso que podria ser traducido por vitalidad sin desmerecer en nada a su significado. Y asi sucede con la impulsividad en general: decrece con la edad, disminuye en proporción directa a la vitalidad de un ser vivo. Todos somos más impulsivos, imprudentes o temerarios de jóvenes que de viejos, ellos, aquellos que padecen algun trastorno de esta área de los impulsos también mejoran con la edad.

Lo que introduce una sospecha epistémica fundamental ¿Es patológica la impulsividad patológica? ¿Dónde está el límite entre la impulsividad que sufrimos las personas comunes y los enfermos mentales?

Lo cierto es que nadie lo sabe pero volviendo otra vez al terreno de lo intuitivo -señuelo de todo lo psicológico-podemos afirmar que hay personas tan impulsivas que su conducta resulta desadaptada, es decir se trata de una impulsividad tan intensa, súbita o persistente que interfiere gravemente con una buena adaptación al medio en que vive y se desarrolla un sujeto determinado. No es una definición que nos deje satisfechos del todo pero el paradigma de la adaptación-desadaptación es el paradigma que hoy utilizamos en psiquiatría y a falta de otro mejor deberemos seguir echando mano de él.

Un impulso patológico es aquel que presenta las siguientes características:

  • Está precedido por una fuerte tensión emocional subjetiva de carácter insoportable.
  • El sujeto siente una intensa urgencia por descargarlo.
  • El sujeto siente tranquilización y bienestar después de descargarlo, al menos durante un cierto tiempo en que aquella tensión emocional vuelve a presentarse.
  • El impulso suele dirigirse buscando un daño autoinflingido y en ocasiones dirigido hacia un objeto externo, en el primer caso hablamos de daño neurótico y en el segundo caso de daño psicopático sin embargo no es imprescindible que exista una motivación consciente de causar daño y tampoco es necesario que exista una planificación, el impulso irrumpe en la conciencia de forma súbita.
  • El impulso se siente como algo alienado, es decir como algo que procede del no-yo, algo que está más allá de la voluntad del sujeto.
  • El impulso se siente como algo insuperable en si mismo, irresistible.

Impulsión y compulsión son aspectos que se encuentran pues unidos por los bordes. Aunque a veces catalogamos una conducta como compulsiva y no de impulsiva resulta dificil diferenciar a ambas, por ejemplo ¿el vómito de las bulimicas es impulsivo o compulsivo? ¿La conducción temeraria o la promiscuidad sexual son impulsivas o compulsiva?. ¿Fumar cigarrillos es impulsivo o compulsivo?

Lo cierto es que los seres humanos somos muy vulnerables al condicionamiento clásico pauloviano y al condicionamiento operante, basta que algo lo repitamos un cierto número de veces para que nos habituemos a ese algo, no importa que resulte displacentero, cualquier conducta puede ser reforzada indirectamente a partir de una recompensa determinada o bien por la ausencia de un castigo consecuente con ella. La distancia entre una conducta y su condicionamiento deja a cualquier organismo abierto a la oportunidad para sensibilizarse a cualquier tipo de aprendizaje, es asi como aprendemos y es asi como enfermamos, por la misma via y por el mismo mecanismo.

La conceptualización histórica sobre la impulsividad procede de una idea de Esquirol , uno de los puntos fuertes de su concepción de las enfermedades mentales fue la invención del tratamiento moral (que hoy llamamos psicoterapia) para las enfermedades mentales y otro fué el invento de una nueva etiqueta diagnóstica, la monomanie instintive que incluiría lo que hoy llamamos trastornos del control de los impulsos (tricotilomania, piromania, cleptomanía, trastorno explosivo intermitente y ludopatía) junto con otros que ya no conceptualizamos en estado puro como la manía suicida, la manía homicida o la ninfomanía. La novedad que representaban estas nuevas enfermedades descritas fueron muy importantes para la psiquiatría legal pero no tanto para la psiquiatría clinica por lo que esta conceptualización fue y sigue siendo muy criticada: se trataba pues de locuras parciales, razonantes, donde el paciente parecia estar sano en casi todos los aspectos de su personalidad salvo en uno muy concreto, por eso se le llamó monomania, un término que ha llegado hasta nuestros dias en la convicción de que un individuo aparentemente sano puede en un momento determinado presentar un impulso morboso y llevarlo a cabo, lo que siendo cierto no explica nada acerca de su presunta anormalidad mental.

Dotado de la convicción de que las enfermedades mentales eran averías de la voluntad, Esquirol no solo propició un cambio radical en la asistencia a los enfermos mentales sino una nueva conceptualización sobre estas enfermedades como defectos de la voluntad entendida como un modulo de la razón independiente del resto de facultades mentales.

Generalmente los rituales repetitivos compulsivos son bastante mas bizarros que los actos impulsivos que se mueven siempre dentro de una cierta comprensibilidad. Lavarse las manos repetidamente no sólo es inadaptativo sino que es incomprensible tanto para el propio paciente que lo vivencia como algo intrusivo como para el espectador que lo vivencia como algo absurdo, sin embargo un crimen impulsivo puede poseer más “comprensibilidad” a pesar de que moralmente sea más rechazable que el ritual compulsivo. En este sentido un acto impulsivo como las autolesiones pueden comprenderse como maniobras de compensación ante un dolor moral inefable, un dolor sin nombre que resulta más intolerable como experiencia subjetiva que el propio dolor autoinflingido.

Caravaggio ilustra con sus pinturas sórdidas este post pecisamente por tratarse de un caso bien conocido de trastorno por impulsividad de tipo psicopático, al menos en dos ocasiones fue condenado o perseguido por sus crímenes. Aficionado a los duelos con espada, las peleas callejeras o su pasión por lo abyecto, Caravaggio representa al artista antisocial. La violencia se encuentra presente en su obra a través de sus personajes abyectos, prostitutas, seres deformes, pillos o delicuentes de poca monta. Su gusto por la decapitación y la sangre ilustra perfectamente el aspecto más conocido de la impulsividad: la violencia homicida.

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Para el psicoanálisis, sin embargo, no podemos comprender el deseo (el impulso) escindido de la agresión. Todo deseo no es sino un deseo de amor y de muerte, la función de la personalidad es neutralizar la agresión por medio de la libido y descargar las pulsiones tanáticas antes de vertirlas en la realidad. De eso se ocupa la voluntad, una especie de guardia urbano que destina cada pulsión a su finalidad. En este sentido se podría decir que la impulsividad seria un defecto de sintesis del Yo en su función de adaptar o encajar las pulsiones (que siempre son sexuales o agresivas) a su finalidad social u ontológica.

O dicho de otra manera: es imposible comprender la pulsión sin considerar su parte objetal: el impulso siempre va dirigido a algo o a alguien, es imposible una pulsión neutral. Asi las autolesiones e incluso el suicidio no serían conductas neutrales dirigidas a hacerse daño a uno mismo sin más sino a herir, mortificar o matar en uno mismo a un objeto tabú.

Si observamos la cascada impulsiva podemos ver precisamente como la impulsividad siempre supone un ir más allá en los limites que preservan lo sagrado, es decir las restricciones que acompañan la relación del uno con el dos, del sujeto con el objeto, teniendo en cuenta que el objeto puede estar fuera y dentro, en la realidad o en la representación asi hablariamos de una cascada neurótica:

  1. Pone en riesgo su fortuna (ludopatia)
  2. Ataque al principio del placer (autolesión)
  3. Pone en riesgo su salud (adicciones)
  4. Pone en riesgo su integridad fisica (acciones temerarias)
  5. Pone en riesgo su vida (suicidio)

Si tenemos en cuenta el objeto real esta cascada neurótica se transforma en una cascada psicopática:

  1. Ataque a la propiedad ajena (cleptomania, robo)
  2. Ataque a la libertad sexual ajena (violencia sexual)
  3. Pone en riesgo la salud de los demás (tráfico de drogas)
  4. Pone en riesgo la integridad fisica de otros (conducción temeraria)
  5. Ataca la vida de otros (homicidio)

    Como podemos observar en este listado de posibilidades impulsivas, existen dos modalidades segun que el impulso se dirija hacia el objeto o hacia si-mismo, pero la cualidad de los impulsos es similar y además está graduada de manera que existe una gravedad de menor a mayor en las conductas implicadas para llevar adelante la pulsión como si de una carrera de obstáculos se tratara, en cada valla la pulsión tiene que saltar por encima de controles, tabúes, restricciones y prohibiciones seculares, tambien de los sistemas de amortiguación o inhibición. Ser impulsivo es pues muy laborioso en una persona con un cerebro normal y es casi seguro que la voluntad en su triple dimensión, psicológica, ética y metafisica interviene en impedir el paso al acto en todas y cada una de las posibilidades de acción que se dan cita tanto en el individuo impulsivo como en el normal.

    Personalmente no creo en la alienación o urgencia del “impulso irresistible” sino en un fallo de la maduración de la voluntad (sobre todo de sus aspectos éticos) que hacen de dique a la agresión tanática de los humanos cuyo objetivo más adaptativo es la autoconservación.

    Es ese ir más allá de lo permitido y de la norma lo que hace tan excitante y adictiva la transgresión de cualquier precepto y es precisamente el miedo a ser descubierto de la cleptomana, la codicia de ganar dinero del ludópata, la excitación sádica de aquel que comete un crimen, la sensación voluptuosa de poder del violador o una oscura voluntad de dañar y de venganza en el pirómano los elementos inefables de la tensión que induce al impulso a consumarse. No tiene nada de extraño: cualquier persona normal que haya cruzado un límite cualquiera sabe a qué me refiero.

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    10 pensamientos en “Caravaggio y la impulsividad

    1. Hola, Paco, me resulta màs que ùtil el cuadro con ambas cascadas impulsivas, la neuròtica por un lado, y la psicopàtica por el otro. Pero querìa preguntarte què pensàs de los casos en que se imbrican en algun punto. Por ejemplo, pacientes bulìmicas que tienen episodios de cleptomanìa. O ladrones que se provocan autolesiones (descartando el trastorno facticio). Gracias por tu pasiòn, y por tu generosidad.

    2. Bueno, yo creo que ambos casos están presididos por la impulsividad que no es más que el automatismo funcionando sin el control de la corteza frontal. existe un cluster de conductas multimpulsivas que suelen ir juntas en un mismo individuo, como la cleptomania y la bulimia. Las autolesiones es un psicópata serian la otra parte de la misma historia, claro que antes habría que descartar las ventajas que algunos pueden obtener de estas ledsiones, como las que suceden el medio carcelario.

    3. La impulsividad como Sabemos es un rasgo de la personalidad como parametro general que adopta la psicopatología, el DSM y analizado en el HTP, no podemos dejar pasar este estudio al ser nosotros probablemente portadores variables de impulsividad, no como trastorno sino como rasgo

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    5. me siento muy mal porque por rato tengo reaciones impulsivas como hablar y decir las cosas sin pensar y esto esta afectando mi trabajo.
      no se que hacer me he dado cuenta que si no digo eso no estoy tranquila finalmente me siento mal y muy culpable conmigo misma

    6. me siento bastante extrña aveces hasta con migo misma porque por rato me pongo demasida impulsiva no pioenso no razono , muchas veces cuando me decontrolo de una forma tal , quiero atacar angrientemente a quien esta a mi lado y cuanndo no puedo me ataco yo misma me muerdo , lloro, me gorpeo le hablo mal a quien este a mi lado y muchas cosas mas.

    7. La pintura de David con la cabeza de Golliath no es la de Caravaggio. La de él tiene una cabeza de Golliath horrorosa, que no se atreve a vernos. El resto del articulo me parece muy interesante. Felicidades.

    8. me siento desconcertada, porque siempre hago algo para violar las normas y lo que es peor en lugares donde tengo que volver y no me queda otra que abandonar el sitio porque todos me miran mal
      en parte o por momentos me parece que me alieno, porque luego no recuerdo con plena conciencia que es lo que paso , esta todo borroso , solo me queda una sensacion de culpabilidad y que hizo algo muy mal y que ahi no puedo volver
      en el trabajo me aguantan , pero tambien me pasa aunque en menor escala
      me tienen medicada y eso me desesperanza y me hace enojar mas y me genera una tension emocional que luego intento descargar peleandome pero si le cuento esto a la siquiatra me medica mas o me cambia la medicacion como ya hizo una vez y me hizo peor , que hago con mi cabeza? alguien me puede responder
      las sicologas busque un monton y ninguna me gusto , la de la obra social no es mala pero la tengo solo media hora , y no le da la importancia a mi problema sino que me habla de temas triviales me pregunta en gral y de todo eso saca un denominador comun y me plantea lo que piensa para que lo piense , pero no me alcanza , como asi tampoco no encuentro actividad que me ayude a descargar toda esta catarata de energia que bulle en mi interior , que no puede parar pero no activo podria salir a caminar pero doy vueltas y vueltas y al final , no tengo energia , quedo de mal humor , aburrida y con un vacio existencial , a la vez eestoy sola porqe no tengo amigas ,aunque si una buena flia y buena hermana que me ayudan
      bettina

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