De ratones y hombres


ratones-y-hombres.jpgDe ratones y hombres es una novela homónima de John Steinbeck que recientemente ha sido llevada al cine por Gary Sinise y protagonizada por el propio Sinise y John Malkovitch. Trata de las andanzas de un par de granujas de poca monta en su deambular en busca de trabajo en la época de la gran depresión y a través de ranchos de la America profunda. Lenny (John Malkovitch) es un retrasado mental que acaba como victima propiciatoria de un mundo donde la solidaridad no es más que una palabra subordinada a los intereses y a los prejuicios y que siempre acaba sucumbiendo a la maldad. Lenny es un poco el opuesto a Forrest Gump, aquel antihéroe delicioso llevado al cine por Robert Zemeckis y protagonizado por Tom Hawks. El aspecto transgresor de esta película es precisamente el destino de éxito que parece acompañar a Forrest Gump a pesar de ser un inocentón en contraste con las calamidades del resto de los personajes de la pelicula, personas normales por asi decir. En este sentido esta película es la contraportada, la antítesis del film más realístico de Sinise aunque no tan simpático: al fin y al cabo, es cierto, los ratones acaban siempre en la ratonera y los hombres que somos mucho más listos – a pesar de tener un cerebro muy parecido- somos más bestias y terminamos con los más débiles sin piedad. Esa suele ser la regla. Aunque es verdad que esta regla tiene sus excepciones, pues lo más sublime de los humanos viene siempre adosado a la ignominia.

En esta fotografia puede verse como el ratón tiene el mando al menos de mi ordenador.

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Y lo cierto es que la ciencia va a veces también de eso, de lo sublime, uno de los hallazgos mayores de la conciencia humana junto con el arte. Y digo todo eso porque precisamente “De ratones y hombres” es tambien el titulo de una conferencia que el año pasado (2007) se pronunció en Barcelona a cargo de Eric Kandel, premio nobel de fisiologia en el 2000, que es además de eso, psiquiatra, biofisico y director de uno de los centros de neurobiología más importantes del mundo, el de Columbia.

Pues Kandel fue cocinero antes que fraile, es decir psicoanalista antes que neurobiólogo y se le nota. Se le nota que abandonó las especulaciones freudianas -aunque creyó en ellas- y cayó fascinado por la investigación y supongo que tambien por el dinero que se mueve a su alrededor, a pesar de que el propio Kandel aseguró que hubiera ganado más dinero si se hubiera dedicado a la psiquiatría privada que a la propia investigación. Argumento que siendo cierto está obsoleto pues es casi seguro que en el aqui y ahora ha dejado de serlo.

Aquellos que quieran ver el video (dividido en tres partes) del mayor genio que existe en estos momentos en el panorama psiquiátrico internacional pueden hacerlo aqui. Se trata de un video difícil de entender para todos aquellos que no estén acostumbrados a las curvas, estadisticas y gráficos, pero son interesantes tanto las conclusiones (lo que las ratas nos enseñan de nosotros mismos) como los comentarios del propio Kandel, un hombre sin duda singular.

En este post sobre ratones y hombres me he propuesto hacer algunos comentarios no tanto a la conferencia magistral dictada por Kandel sino al pensamiento dicotómico que sigue apresando a los investigadores de la mente y que parece no tener fin a pesar de que todos se muestran conformes en que hay que hacer un esfuerzo de integración, entre aquellos que investigan de abajo-arriba (bottom-up) es decir de la molécula a la conducta, de aquellos (psicólogos, psicoanalistas, antropólogos, sociólogos, psiquiatras) que investigan de arriba-abajo, es decir aquellos que vemos cómo es la realidad de nuestros pacientes y tratamos de encontrar una justificación para entender o explicar su conducta. Lo que solemos encontrarnos son razones psicologicas que no son neurobiológicas en si pero que son tambien razones de peso. ¿Es la psicologia una ciencia?

Se trata de un callejón sin salida, porque es muy poco probable que sin una teoria unificadora ambos investigadores se encuentren en algun lado. Hay una torre de Babel que divide y aisla a los unos de los otros, un muro de incomprensión y hasta una jerga distinta. A los clínicos nos interesa ayudar a las personas más allá de si existe o se supone una avería neurobiológica y a los neurobiólogos lo que les interesa es identificar circuitos que se encuentren implicados en una determinada patología. En teoria esos circuitos deben servir para curar enfermedades en las personas, pero lo cierto es que la distancia que hay de la molécula a una emoción humana -por ejemplo- es demasiado larga para ser recorrida por un ratón aunque sea corredor de fondo.

Y eso es precisamente la mente, un artefacto emergente del cerebro que no equivale pieza por pieza al cerebro, porque la mente pertenece más al campo de la cultura que al campo de lo biológico, puro y duro, puesto que la mente adulta no nace con el cerebro sino que va formándose, desarrollándose y desplegándose en contacto con el medio ambiente. Entre la mente y el cerebro sigue habiendo un agujero negro que parece tragarse todas las verdades, un hiato organopsiquico del que hablaban los antiguos. Un agujero negro que hace que las evidencias de los filósofos, psicoanalistas, sociólogos o psiquiatras no tengan correspondencia biológica, y un agujero que se traga los genes, las moléculas y los circuitos neuronales ante la evidencia de que algunas enfermedades mentales pueden darse sin evidencia de lesión neurobiológica alguna, ni herencia genética.

Los genes estan más para poner limites a lo que puede ser que para explicar todo lo que ha llegado a ser o dicho de otra manera: lo que es es eterno, lo que no es ni ha sido ni será (proverbio sufí)

Tomé algunas notas respecto a algunas frases de Kandel que me impactaron, una de ellas fue ésta: “La ciencia tiene que reducir una especulación filosofica -como la anterior- a una hipótesis demostrable. Eso es la ciencia. Estoy de acuerdo en que eso es la ciencia, pero ¿quien construye las hipotesis a verificar?¿Alguien se ha tomado la molestia de demostrar si la evidencia descubierta por Freud de que la depresión (la tristeza) inhibe la rabia, es una evidencia que podemos poner a prueba? ¿es o no verdad que en la depresión podemos encontrar una supresión de la rabia tal y como la medicina tradicional china viene teorizando desde hace miles de años?. Esta sería mi pregunta:

¿Es la supresión de la rabia una causa de la depresión?

Una pregunta que busca un neurobiólogo que la trascienda a verdad “cientifica”.

Otra cosa que dijo el profesor es que a la ciencia lo que le interesa es predecir. Con todos mis respetos yo diria que a la ciencia lo que le interesa es la verdad, la verdad de los cómos y los porqués. Por qué funcionan las cosas y cómo funcionan las cosas. La predicción es un paradigma menor de la ciencia y le puede interesar a un fabricante de jabones del mismo modo que le puede interesar a un sociologo electoral. ¿Quién ganará las próximas elecciones? o ¿será efectivo este detergente que hemos investigado para quitar las manchas de vino en la ropa?

Predecir es muy util en medicina, desde luego pero lo veo como algo secundario para un psiquiatra acostumbrado a trabajar en el terreno de lo inmaterial y donde cada sujeto en su individualidad es dificilmente reducible a una experiencia ratonil.

A mi lo que me gustaria es que los neurobiólogos diseñaran experimentos destinados a demostrar o explicar aquellas hipótesis sobre las “verdades” que ya sabemos pues de lo contrario nos podemos encontrar en que cuando la tecnologia lo permita no exista ninguna enfermedad psiquiátrica codificada por genes y si por la subjetividad, es decir por el trasiego psicológico de sentido que las personas construimos para habitar este mundo y hacerlo vivible.

Mientras tanto, ¿quien construye las preguntas que se ponen a prueba en los laboratorios?

Busquen el beneficio.

7 pensamientos en “De ratones y hombres

  1. Probablemente el ansia de los positivistas fuera controlar. El buscador (héroe) busca la Verdad porque no puede hacer otra cosa. También el buscador científico es un héroe. Yo creo que este es un tema filosófico en el que hasta Popper pediría la palabra, y sería un debate de esos para quedarse sin aliento. El mundo psi es espeluznante, la grieta entre el après-coup y el positivismo se pierde ahí abajo en un abismo en que no habría por qué separar lo pragmático del puro altruismo terapéutico.
    Y la verdad, siempre la Verdad ahí delante como un poderoso atractor esperando ser desempolvado de sus telarañas. Pero la verdad sólo lo es hasta que se demuestra lo contrario, ¿estará ahí la gracia que empuja al héroe a seguir buscando?

  2. Perdón pero no pude dejar de meterme (después de todo para eso están los blogs: para dejar entrar). Y es que lo que el positivismo entiendo que propuso es una reducción de la filosofía (amor al saber, a la verdad) a unas “ciencias sociales” que dieran cuenta de lo sensible (lo inmediato) y se abstuvieran de pronosticar nada. Con el tiempo, el gurú del Círculo de Viena lo “cerró” (al círculo) diciendo “De lo que no se puede hablar hay que callar” (Wittgenstein). Eso sí, se permitía de esta forma que la burocracia gobernante y potencialmente gobernante (la tecnocracia) gobernara y controlara sin contestación filosófica, es decir, “ilustrada” mientras los “filósofos” le daban cobertura lógica…
    Bueno, ya volveré de tanto en tanto por aquí desde mi mirador literario y filosófico.
    Un saludo cordial y buena suerte.

  3. ¿Existirá en algún país o en alguna institución una profesión que se ocupe específicamente de generar esas hipótesis o en todo caso que se haga cargo de “traducirlas”? Dicha profesión me caería bien. (Perdona Paco la ingenuidad

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