Maternaje:”nursing” y “teaching”


El maternaje no puede explicarse mediante la teoría del altruismo reciproco y es abordable desde la teoría del gen egoísta. Efectivamente las madres cuidan de sus crías porque son suyas, tienen la evidencia de que  pertenecen a su linaje genético y además – merced a la cruel atadura de Trivers-  no pueden escapar de sus obligaciones, me refiero a las hembras de los vivíparos y de los pájaros que paralelamente han desarrollado un enorme potencial de nursing similar al de los mamíferos.

No se trata pues de un sacrificio por la progenie sino de una inversión. Una inversión en ese 50% de genes propios que con toda seguridad tiene la hembra acerca de sus hijos como portadores de los mismos (y de los hijos de sus hermanas) a diferencia de los machos. Y además una inversión asimétrica, en el sentido de que el cuidado de las madres hacia sus crías es sensiblemente superior a la preocupación de las madres por sus propios padres a pesar de compartir también con ellos el 50% de sus genes. Todo parece indicar que existe una asimetría de cuidados que va más allá de la propia inversión genética o que al menos esta selección de cuidados opera hacia delante, en el sentido de beneficiar a la generación posterior.

Las conductas altruistas relacionadas con el maternaje se deben a cambios hormonales y están ampliamente desarrolladas en el reino animal, sobre todo entre los vertebrados de sangre caliente (pájaros y mamíferos) El vinculo relacionado con la crianza de los hijos podría responder a un programa como este:

(Si) la cría pía (o llora o gime)

(Entonces) amamantar o traer comida

(Si)  sigue demandando

(Entonces) traer mas comida o amamantar

A este programa se le pueden ir añadiendo líneas para hacerlo más complejo, por ejemplo si no deja de llorar, acunarlo, protegerlo del frio, lamerlo, besarlo, hablarle, etc. La complejidad de la conducta de la madre estará en relación con los modelos de crianza de cada especie y ya sabemos que el bebe humano es una criatura absolutamente desvalida que precisa de cuidados continuos durante su primera infancia.

O bien:

(Si) el bebe sonríe

(Entonces) quererle mas y sonreírle más

Lo interesante de este programa es que “arranca” con el llanto del bebé (en realidad arranca con el parto). La llamada del bebe desvalido y su seducción tierna e intensa ejercen un efecto de protección y de la desactivación de la agresividad que en casi todas las especies se enchufa o activa en paralelo con el maternaje. Efectivamente en situación de nidada es cuando mayormente la agresión debe de permanecer activada a fin de espantar a los depredadores o hacerles frente, la ternura del bebé, sus encantos y seducción operan la desactivación de la agresividad que probablemente tiene que ver – en la especie humana- con la frecuencia del postpartum blues, una situación de mínima depresión por la que atraviesan un gran numero de mujeres (40% del total de partos según Stevens y Price, op cit) tras el parto, una seducción que comparte no sólo la madre biológica del niño sino probablemente toda la comunidad, manada o jauría (con excepción del egoísta caníbal)

La primera pregunta que podríamos hacernos en relación con la conducta de la madre en relación a la alimentación de sus nidadas o camadas es ¿cómo distribuye los alimentos entre ellos?, es decir cómo discrimina las necesidades de sus hijos. La primera impresión que tenemos como humanos es que debería darse más al más necesitado, pero nada de esto parece suceder así en la naturaleza. Aun suponiendo que la madre decidiera ser equitativa entre sus hijos, existe la evidencia de que las madres alimentan primero y con más comida a los que más pían, gruñen , se quejan o más demandantes se muestran en relación con el nursing materno. Este tipo de conductas se han relacionado con la evidencia de que los gritos estridentes de las crías podrían ser un señuelo para un depredador, aunque también pueden interpretarse como una forma de presión selectiva a través de la competencia fraternal que tiende a favorecer al más fuerte, no es una excepción en determinadas especies (depredadores sobre todo) el canibalismo fraternal como más adelante veremos.

Otra pregunta interesante en relación con esta forma de altruismo que representa el nursing es ¿cómo opera en los individuos concretos?, es decir qué clase de pulsiones se ponen en marcha para que los padres dediquen tiempo y esfuerzos en alimentar, cuidar o proteger a sus hijos a veces con riesgo para su propia vida o sucesivas descendencias.

Se dice desde la sociobiología que cada individuo hace continuamente un balance entre su inversión en cuidados y el tamaño de la inversión genética que son los hijos, como también y por aproximación las hembras de todas las especies hacen balance entre el tamaño de sus nidadas con arreglo a la previsión de recursos en un momento dado y a través de lo que Wynne-Edwards (1962) ha llamado censos de población periódicos entre los estorninos de su estudio..

El programa de cuidados parentales que en muchas especies es una tarea compartida entre macho y hembra (aunque siempre con un mayor compromiso de la hembra), tiene que ver con el reconocimiento de la parentela, que a su vez es una subrutina derivada del marcaje sexual. Este reconocimiento en casi todas las especies se produce ligado al imprinting y en otras donde los individuos no se reconocen entre si tiene que ver con el olor o señales acústicas (por ejemplo en las pavas). En los mamíferos ya existe un nuevo programa genético, el apego (Bowlby 1988) diseñado especialmente para aquellas especies cuyas crías precisan de cuidados adicionales al nursing, se trata en estos casos del teaching que obliga a la madre a enseñar técnicas de caza o estrategias de supervivencia en la sabana que muchas veces se limitan al seguimiento basado en la impronta y a un emergente apego observable en aves y mamíferos.

Es en los humanos donde el apego ha desarrollado y multiplicado la duración total de su emergencia, quizá a consecuencia de que el bebé humano es el más desvalido de toda la escala animal y sus aprendizajes precisan de una mayor complejidad y dedicación. Quizá por eso, los humanos seamos tan vulnerables a las pruebas de ternura de un bebe abandonado, o a la seducción de su llanto, una estrategia compasiva que no cabe esperar en la naturaleza exceptuando algunas situaciones puntuales y que en otro orden de cosas seamos también tan vulnerables al abandono parental o a la negligencia de los cuidados parentales

Podemos afirmar que este programa se encuentra en estado potencial en todos y cada uno de los seres humanos (y en realidad de todos los mamíferos y en muchas aves) sean machos o hembras. Cada especie distribuye las cargas del “nursing” de una manera u otra, en algunas sobre todo en aquellas donde la fecundación se realiza fuera del cuerpo de la hembra, pueden ser los machos los que se encarguen de esta función, pero la estrategia más generalizada entre los mamíferos es que esta tarea se encomiende a la madre, probablemente por razones hormonales y también por la evidente incapacidad de la hembra vivípara de deshacerse de su bebé, conducta que podemos observar en algunos peces y cefalópodos.

Los programas genéticos encargados del maternaje son los mismos que los encargados de la reproducción, y existen en todo el reino animal pruebas de que “cuidar a la propia progenie” y “cuidar de la progenie de otros” son el mismo programa genético. Se trate de hijos biológicos a adoptivos la cascada de creencias irracionales acerca de ellos, de su belleza o valor exceden al egoísmo de los propios genes y nos inducen a pensar si no existirá algo más en los seres humanos distinto al egoísmo genético que explica casi siempre las adopciones de bebés en los animales a partir de un “error” en su reconocimiento o bien en una pulsión que aparece tras haber perdido una cría, lo que emparenta desde el punto de vista evolutivo a la depresión por pérdida (duelo) con la adopción

Es decir, la evolución pudo haber presionado sobre los sentimientos de perdida a fin de lograr reponer el hueco sobre los programas de cuidado de las madres, en este sentido el robo de bebés, una conducta que se ha descrito en los simios podría representar la supervivencia del deseo de cuidar activado tras el parto en una madre que perdió a sus crías. Sin duelo, no puede haber, efectivamente reconocimiento de la perdida.

 

Podemos cuidar de los bebes de otros sin importarnos demasiado si son o no nuestros propios hijos. La ternura que nos desencadena un bebé cualquiera es similar a la que sentimos por nuestros propios hijos. Es un hecho que la adopción de bebés no aporta ninguna distinción significativa al “nursing” o al “teaching” que se realiza con los propios hijos. El lector entenderá que esta pregunta es sólo retórica en el sentido de que si existe en el ser humano un programa diseñado para alimentar, cuidar y enseñar a nuestros propios hijos, este programa puede activarse a partir de cualquier estimulo más allá del parto o de las señales hormonales. Los seres humanos somos capaces de una acción sublime y de otra infrahumana, somos capaces de cualquier cosa y a veces a partir de estímulos similares. La razón por la que existen padres adoptivos eficaces que no son padres biológicos es a consecuencia de la indeterminación de los programas genéticos que les sirven a ambos de soporte, no existe un programa que nos induzca a cuidar, amar y proteger a nuestros hijos, sino un programa que nos induce a procurarnos una pareja sexual, sí podemos a mantenerla, si es posible que sea cooperadora. Una vez hayamos logrado reproducirnos el mandato es cuidar del nido, alejar a los depredadores y si no podemos hacer nada, huir y dejar a nuestra descendencia en las mandíbulas del depredador. El resto, es – naturalmente- cultural. La constante yuxtaposición entre agresión y reproducción nos hace comprender que la maternidad no es una pulsión arcangélica, sino un instinto sometido a colisiones, inhibiciones y constantes adaptaciones de compromiso con pulsiones distintas, a veces de signo contrario

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