El siglo del Yo


Si visitaís este enlace de Entique Eskenazi podreis ver un video donde se repasa la influencia del psicoanálisis en el pensamiento del siglo XX y también la forma en que dicho mensaje ha sido pervertido, disimulado y convertido en un producto de consumo desposeido de su inicial mensaje de búsqueda y encuentro de la verdad acerca de lo humano.

Transformado en una serie de técnicas y mitos que tratan de convertir al hombre en un ser dócil, obediente y preocupado sólo por conseguir bienes de consumo que no necesita para nada, mientras que aquello que realmente precisa para mantener su dignidad de ser humano parlante le es hurtado en nombre de otros discursos.

El discurso de la ciencia que ha penetrado de tal forma en el imaginario de nuestros conciudadanos sustituyendo al discurso sobre la divinidad. Así los Hopsitales se han convertido en las catedrales del siglo XX, estar en lista de espera un artificio sobre la iniciación, estar enfermo es tan normal que visitamos con más frecuencia los quirófanos que las bibliotecas. En los Hospitales de hoy se ofician los ritos de paso de cualquier tránsito y es allí donde al final nos morimos enchufados a siniestros aparatos que tratan de mantenernos con una vida vegetal a cualquier precio. No hace falta estar enfermo para ir a un Hospital y cuando se está realmente enfermo hay un discurso que nos releva de cualquier responsabilidad y somos incapaces de asumir cualquier dolor como propio, como si nuestra subjetividad no tuviera nada que ver con el proceso, asi acabamos alienados por nuestro sufrimiento o nuestro goce y somos incapaces de darnos cuenta de que nuestra enfermedad está de alguna manera relacionada con nuestros deseos inconscientes: que cualquier deseo es una condensación de goce y que cualquier goce contiene en su reverso una dosis tanática adherida al placer. Ese es precisamente la enseñanza del psicoanálisis y su verdad: “usted hizo algo para enfermar”.

Ni se trata de eludir la responsabilidad ni de un retorno a la felicidad salvaje que preconizaron los ilustrados del siglo XVIII, no se trata de suspirar por una utopía new age que proponga una vuelta a “lo natural”o una oposición al progreso, se trata de entender que en cualquier dolor hay un deseo y que ese deseo es casi siempre ambivalente: de ahi que unas veces caiga del lado de Eros y otras veces del lado de Tanatos.

Y que lo que hace que el deseo se incline hacia un lado u otro es una conjunción de imponderables, no hay pues causalidad, sino una indeterminación en lo mental que hace que la fatalidad caiga en un “a posteriori” factual o en la posterioridad interna, una posterioridad que siempre adquiere sentido con la muerte, el único imponderable que es además seguro e irreversible, definitivo.

Tal y como asegura Francisco Mora esta semana en una entrevista publicada en “El cultural” ninguna enfermedad mental está determinada. La fatalidad está en el medio ambiente, en las circunstancias, en esa aleatoriedad siniestra que unas veces conspira para mal y otras -la mayor parte- para dejar las cosas como están.

Y sucede por una razón: porque todas nuestras pulsiones (deseos) son ambivalentes, tenemos ganas de matar pero tambien de amar, de autodestruirnos pero tambien de redimirnos, de abandonar pero tambien de seguir vinculados, de ser únicos pero tambien de pertenecer a algo.

Eros y Tanatos siempre están guerreando como todos los opuestos. Es el azar, la realidad la que complementa y decide quién se manifestara en la próxima vuelta del tiovivo.

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