La anorexia un replicante cultural


La opulencia alimentaria es un fenómeno tan reciente y ubicuo que no nos puede hacer perder de vista que hasta hace recientemente poco tiempo las hambrunas consumían grandes partes de la población en nuestra hoy opulenta Europa. Es posible afirmar que el ser humano se ha enfrentado desde su origen como especie a las terribles consecuencias de la falta de alimento tanto por las condiciones climáticas adversas, como por la dificultad en acceder a los alimentos de un modo programado y previsible

Aun hoy el hambre es un azote para media humanidad y las enfermedades consuntivas que se derivan de ella la principal causa de muerte infantil tanto en Africa como en Sudamérica sin que hayamos sido capaces de articular estrategias globales para erradicar ese mal.

En un orden de cosas más novelesco es posible imaginarse al Homo Sapiens como un forrajeador constante en busca de frutas, vegetales, raíces, pequeños reptiles y huevos que debía andar varios kilómetros diarios para procurarse el alimento necesario para un solo día, para volver después a su base de operaciones. Eso suponiendo que nos lo imaginemos instalado en un campamento o abrigo permanente, cuestión que hoy se pone en cuestión debido precisamente a esa necesidad nomádica que probablemente le hacia alejarse cada vez más dejando atrás paisajes esquilmados por él mismo: una actitud que el hombre sólo pudo abandonar haciéndose sedentario bien entrada la historia reciente y con ella el nacimiento de la agricultura.

Las cacerías y la dieta carnívora fueron probablemente una excepción. Con o sin herramientas es difícil imaginarse un Sapiens cazador con la única arma de sus brazos, su resistencia para la carrera o sus trampas artesanales, con todo es posible imaginarse que puntualmente alguna bestia enferma o herida cayera en sus manos y con ella las proteínas necesarias para darse un festín o – en clave más actualun atracón.

Más probablemente los humanos se iniciaron como especie carroñera y probablemente caníbal alternando con sus forrajeos, aunque ambas estrategias no resultaran evolutivamente estables y terminaran por extinguirse a favor de una dieta omnívora pero predominantemente vegetariana que compartieron tanto machos como hembras, aunque en este sentido no hace falta utilizar el verbo compartir en tanto que ese forrajeo necesario para la alimentación pudo ser individual y autónomo con la sóla excepción de la hembra y sus crías destetadas.

Las actividades a las que más tiempo debieron dedicar nuestros ancestros del paleolítico debieron ser la continua búsqueda para el consumo diarios de alimentos: una búsqueda que debió ir evolucionando desde ese forrajeo individual hacia otras formas de compartir alimentos cuando las estrategias de caza lograron ser mas eficaces sobre todo con la invención de las primitivas armas de sílex

Compartir debió representar algo así como especializarse en algo, una especialización que volveremos a retomar en el capitulo sobre la agresión pero que aquí conviene conocer de pasada porque representó un cambio en la organización social de la horda: si unos se dedicaban a la caza, otros debieron dedicarse a la magia para invocar a la buena suerte, otras debieron seguir dedicándose al forraje y otras al cuidado de las crías. Este reparto de tareas ha sido señalado por Fischer (Fischer 1984) como el resultado de la ganancia de intimidad entre la pareja humana y probablemente lo fue.

Alimentarse, como beber o aparearse no necesitan explicación, simplemente suceden, se trata de la emergencia de un instinto, lo que cambia en los humanos es la organización social que modela este instinto, pero no el instinto en . Aunque para ser exactos los instintos necesitan alguna explicación dado que estamos acostumbrados a pensarlos como un fin en si mismo, de un modo finalista: el instinto de alimentarse puede considerarse una pulsión autónoma, como sucede con los cuatro grandes (huir, aparearse, agresión) y toda pulsión precisa de un impulso. No hay pulsión sin impulso (Lorenz 1971) y en este caso, en el caso de la alimentación el impulso es el hambre. Sin embargo el hambre no es la causa de la alimentación, dado que en la misma participan aun otras pulsiones que nada tienen que ver con la alimentación, por ejemplo la sexualidad y el gregarismo (otra de las pulsiones menores del instinto). En este sentido el carácter actual con el que se contemplan los instintos es una especie de disociación entre propósito y causalidad: el propósito del hambre es satisfacerse pero la causa de la alimentación no es el hambre sino una malla intencional que entronca con otras fuentes del ánimo.

Aunque es igualmente eficaz de cara a la reproducción, no es lo mismo copular de espaldas que copular de cara mientras se observa a la pareja. La especie humana nunca hubiera podido evolucionar si no hubieran habido ciertos cambios en la vagina de la hembra humana. De no haberse producido un giro de 90º en el sentido de la anteversión ese tipo de copula nunca hubiera podido tener lugar y por tanto el apego y el vinculo entre las parejas tampoco hubiera sido posible.

Comer para los humanos no consiste solamente en el forrajeo individual, comer significa compartir, algo esencialmente humano emparentado con los instintos gregarios que viene a substituir a los rituales alimentarios de los animales, y que – no obstantesiguen manteniendo algunos vestigios derivados del comensalismo. Comer para los humanos significa algo más que alimentarse tal y como se deduce de la propia etimología de la palabra comer (cum cudere); estar o compartir algo con alguien. Basta con comer sólo para saber a que me estoy refiriendo: la mayor parte de las personas que comen a solas, comen de pie, rápidamente, comida fría o escasamente elaborada, picotean o apacentan, pero no comen en el sentido ampliado de la palabra. Comer significa sobre todo hablar mientras se come, comentar, educar o instruir, un placer que precisa ser compartido, comunicado y legitimado por alguien que es el que en definitiva opera la necesaria abreacción del resto instintivo que se vincula con el acto de la alimentación.

El comensalismo (Bilz 1971) es una conducta ampliamente representada en la naturaleza que viene a representar algo así como un turno en el acceso a la comida o por decirlo en palabras de Lorenz ;un orden de picada, que viene a representar a la propia jerarquía o rango entre los animales. Lo usual es que los machos dominantes se alimenten primero y después las hembras y los cachorros. Un rasgo que es aun observable entre la forma en que se alimentan los grandes depredadores y donde el único altruismo que es posible reconocer es el ubicuo altruismo alimentario de la hembra con su cría. El comensalismo representa pues la alimentación social.

No todos lo animales se alimentan siguiendo estas reglas sociales de los leones, otros optan por otra conducta muy curiosa que se denomina “vagabond feeding” (alimentación vagabunda). Consiste en comer deprisa y a solas, esconder o enterrar comida, robar comida y sobre todo hacerlo mientras se está de pie o de un modo furtivo. El "vagabond feeding" representa un modo individualista y "esquizoide" de alimentarse en cualquier caso una alimentación sin relación al rango

En ambos casos, tanto en el comensalismo como el "vagabond feeding" están presididos por unas reglas de rango y territoriales no escritas que penalizan ampliamente sobre todo a los intrusos como sucede con la agresión en general, hecho del que se desprende una de las grandes reglas de la etología: "el que lucha en su territorio lleva siempre las de ganar", un aspecto modificado del cual sería "que aquel que conserva su territorio o su rango tiene más posibilidades de sobrevivir y de llevarse el mejor bocado"

En general la alimentación está presidida por grandes reglas que tienen que ver con el territorio, el rango y la agresión extraespecífica de las que ya hablaremos en respectivos capítulos.

¿En qué condiciones puede afectarse este instinto natural de alimentación?

En aquellas situaciones que representen perdidas de territorio, disminuciones en el rango social o la amenaza de intrusos en el territorio

Vieira (1979) ofrece la observación de que los animales salvajes recién enjaulados rechazan el alimento en condiciones de hacinamiento o de estrechez. Hediger (1953) interpretó que si el animal no disponía de un refugio para poder tener cierta intimidad a relativa distancia de las rejas deja de alimentarse ofreciendo un modelo animal de inanición.

En casi todos los animales salvajes hay que preservar, en condiciones de cautividad, un equilibrio entre la distancia de huida y la distancia de ataque, un equilibrio que se halla en oscilación critica y que se relaciona con la alimentación y con la agresión. Asimismo señala Demaret (1983) que en aquellas especies con una jerarquía muy acusada y que se expresa con una distancia interindividual, la proximidad de un animal dominante inhibe el comportamiento alimentario del dominado que en todo caso se servirá el primero (Bilz 1971)

Estas explicaciones me sirven ahora para ilustrar el misterio clínico de la anorexia humana , una enfermedad multicausada y que según Plogg (1964) pudiera tener alguna relación con la intromisión de la madre en el territorio de la adolescente, bien sea a causa de su conducta solicita o bien a causa de la propias directrices educacionales: la madre puede invadir el territorio lábil del psiquismo prepúber que puede terminar por fomentar la aparición de la anorexia. Sin embargo las cosas no son así de sencillas en los humanos.

¿Cómo explicar el miedo a engordar?, un temor difícil de explicar desde la teoría evolutiva pero un síntoma común que atraviesa de parte a parte a nuestros conciudadanos y sobre todo a esas mujeres que conocemos con el nombre de anoréxicas.

Como es sabido la anoréxica no es simplemente una mujer que ha perdido el apetito, es sobre todo una mujer que rechaza el peso que le correspondería por su talla y edad. Este rechazo no siempre esconde una distorsión del esquema corporal o una total falta de sentido común respecto a la perdida de salud. Naturalmente tampoco es una forma sutil de suicidio. Pero entonces qué es la anorexia? ¿Qué puede aportar la psicopatología evolutiva?

Para explicar mejor mi opinión sobre este aspecto listaré a continuación algunas verdades irrefutables sobre la anorexia e intentaré más tarde construir su matriz de significados.

1.- La anorexia afecta sobre todo a jóvenes postpuberales

2.- La anorexia es un estado de inanición electivo

3.- La anorexia se solapa con infertilidad

4.- La anoréxica da mucha importancia a la imagen, a la belleza y a los rendimientos.

5.- La anorexia es una condición de autosacrificio.

6.- La anoréxica conserva su capacidad de cuidar de otros.

7.- Existe un horror fóbico a ganar peso.

Estas siete verdades generales nos dan algunas pistas sobre posibles procedencias genéticas y también sobre el origen ambiental de la dolencia. Podríamos afirmar que los genes implicados tendrían que ver con la inanición, el miedo, la competitividad y el altruismo alimentario, además podemos – siguiendo nuestra labor detectivesca – asegurar que es una enfermedad de mujeres (predominantemente) y también podemos involucrar a los memes relacionados con la belleza física, el miedo sanitario a la obesidad, la mitología del rendimiento y del éxito. y la ganancia de control, poder o predictibilidad sobre la conducta ajena

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