Las madres y sus hijos


Aunque por definición la relación madre-hijo es una relación asimétrica en el sentido de Bateson o un conflicto agonistico en la terminología de Price no existen estudios en la literatura cientifica que contemplen las relaciones y dificultades de las madres con sus hijos como un conflicto de poder. Aunque es evidente que este tipo de conflictos se presentan casi a diario en la clinica pediatrica o en psicologia infantil existe una atmosfera de negación en la evidencia de que las relaciones madre-hijo son tormentosas y dificiles y muchas veces cargadas de agresión, los niños evaluan constantemente las relaciones de poder con sus padres y a menudo manifiestan o ponen a prueba la capacidad de los padres para sobrevivir a sus propios conflictos de rivalidad con sus figuras de referencia, de tal modo que se puede hablar de conflictos de rivalidad o agonísticos entre padres e hijos aun en una relación funcional donde predominen las relaciones asimétricas. En este post voy a referirme sobre todo a los conflictos agonísticos de la madre y sus hijos, desde el mismo momento de la concepción.

Conflictos agonísticos in utero

El embarazo es un paradigma excelente (Haig, 1973) para las explicaciones evolutivas de cómo deriva y se reactivan los conflictos no resueltos de rivalidad de la madre En este sentido se ha señalado que más del 70% de los huevos fertilizados no llegarán a implantarse (Nesse y Williams 1994), se sabe que la madre aborta usualmente fetos con malformaciones o fetos a veces incompatibles con la vida o al menos con escasas probabilidades de llegar a la edad adulta y reproducirse. El aborto espontáneo es pues un mecanismo fisiológico que la evolución ha preservado para reducir las inversiones maternas en la crianza de hijos con escasas posibilidades de supervivencia, se trata en este caso –contemplado desde la óptica evolutiva- de un triunfo de la madre en su conflicto agonístico con su feto, su inversión genética, en este caso superflua. Lo mismo sucede con el aborto voluntario, se trata en todos los casos de la hegemonía de la decisión de la madre que prevalece sobre los “intereses” del feto.

Los conflictos de intereses entre madres y sus crías son comunes en toda la escala animal, las “campañas de reducción de la natalidad” que organizan los estorninos en sus constantes y escandalosas reuniones antes de la época de reproducción tienen como propósito realizar periódicos censos de población, a fin de hacer balance entre los recursos alimentarios esperados, la densidad demográfica y el tamaño de las nidadas (Wynne-Edwards 1962).

El canibalismo parental o filicidio se ha relacionado en algunas especies con la falta de previsión y adecuación entre el tamaño de las nidadas y los recursos alimentarios actuales, también en algunas formas de estrés mal conocidas como les sucede a los animales que se crían con fines de peletería o a los mismos hámsteres, donde el canibalismo es ostentado básicamente por la hembra dado que el macho durante la crianza mantiene todo el tiempo inhibida su agresividad. En determinadas especies la maternidad coincide con un incremento de la agresión, debido a que es en ese momento cuando la agresión es más necesaria que nunca a fin de defender el nido, lo que hace que en algunas especies se den errores de reconocimiento como en las pavas que atacan a todo aquel que merodea por el nido, excepto a los que no paran de piar, en este sentido el polluelo que no pía lo suficiente está en peligro de ser atacado por su propia madre, una forma de agresión que es posible contemplar experimentalmente dejando a las pavas sordas (cit por Lorenz 1971).

Del mismo modo el canibalismo fraternal ha sido explicado como un modo de rivalidad agonística entre hermanos y expresivo de la presión especifica que algunas especies como el tiburón-toro o el gavilán soportan en su difícil supervivencia de depredadores.

El embarazo de la hembra humana no ha sido nunca contemplado en clave de un conflicto de intereses, quizá porque a la maternidad se le supone un origen arcangélico que ha dejado en el tintero la evidencia de que la reproducción para la hembra humana tiene un coste adicional a la de cualquier otra hembra. Para empezar el parto es en la mujer doloroso a consecuencia de la estrechez de su canal del parto y de la bipedestación, por no hablar de los costos en vidas maternas ocasionados por los partos y que actualmente y gracias a la moderna Obstetricia han desaparecido por completo en los países desarrollados. Se ha pasado por alto que las enfermedades de la gestación pueden contemplarse en clave evolutiva como un conflicto agonístico entre la madre y el hijo y en todo conflicto agonístico hay alguien que gana y alguien que pierde. La eclampsia, la diabetes, o las malformaciones tumorales de la placenta no han sido jamás interpretadas en clave de este conflicto de intereses, aunque algunos autores han señalado que:

1.- No sabemos como la madre “reconoce” o “sabe” que su feto contiene malformaciones graves que pueden poner en peligro su supervivencia, pero es evidente que los abortos espontáneos y su frecuencia hacen presumir que existe algún mecanismo de “reconocimiento” al menos celular de tal evidencia (Buss 1999).

2.- Las mujeres que presentan hiperemesis del primer trimestre, es decir aquellas que desarrollan durante el embarazo aversiones o preferencias alimentarias (del 75-89% según autores) tienen un índice de abortos espontáneos menor que aquellas que no presentan esta curiosa enfermedad (Profet 1992). Es posible suponer que la nausea o el vómito sean una manera fisiológica de desprenderse de posibles toxinas alimentarias teratógenas o a un fallo del reconocimiento de las mismas especifico y muy activo durante la fase de formación de órganos.

3.- El feto también tiene estrategias de competir con la madre, por ejemplo puede segregar un exceso de gonatropina coriónica (HcG) para hacerle saber a la madre que se encuentra bien fijado al útero y librarse así de un aborto espontáneo (Buss 1999).

4.- El feto absorbe sus nutrientes del torrente sanguíneo de la madre, muchas veces al precio de enfermarla, es el caso de la hipertensión o preeclampsia materna o de la propia diabetes. El mecanismo para extraer nutrientes que utiliza el feto es liberar substancias que tienen efectos sobre la presión arterial de la madre, a través de la vasoconstricción (Buss 1999), de hecho existe una correlación negativa entre hipertensión materna y el ab

Conflictos agonísticos durante el periparto

Después del nacimiento emergen determinadas situaciones en la díada madre-hijo que son también escaladas de rivalidad entre ambos protagonistas. El niño exige, llora, mama, defeca y mantiene la atención permanente de su madre que pierde horas de sueño, nutrientes, capacidad y autonomía física y muy frecuentemente menoscabos en su autoestima.

Es un periodo critico para la madre, porque en ella se han activado no solamente las pulsiones de nursing y de apego sino también las pulsiones agresivas derivadas de las exigencias de su hijo contra el que no puede luchar y del que no puede tampoco huir debido a la “cruel atadura” que prevalece en todos los vivíparos y con más evidencia entre los humanos necesitados de cuidados durante un tiempo mucho mayor que el resto de las crías de toda la escala animal. Se conoce este periodo como postpartum blues, un estado subdepresivo muy frecuente y que tiene que ver con las dificultades de la madre con respecto al manejo de su hijo. Si el hijo vence en esta confrontación el pago de la madre será la depresión o la psicosis postparto, el lugar donde se ubican los perdedores en cualquier confrontación agonística en virtud de la activación de los programas de yielding, lo que Price ha denominado “sumisión involuntaria e inducida”, un constructo explicativo de la depresión desde la teoría del rango (Price 1967) más conocida como la teoría competitiva social de la depresión (Price et alt 1997), un modelo que encuentra refrendo clínico en las teorías de Brown (Brown et alt 1986) y Goldberg (Goldberg 1991).

 

Tomado de Stevens y Price, 2000

Como puede observarse en el anterior diagrama, el apaciguamiento (yielding) se activa en las situaciones más bajas de la jerarquía de rango social, en los perdedores de un conflicto agonístico, se trata en cualquier caso de una activación involuntaria que nada tiene que ver con la sumisión voluntaria o consciente que medimos en determinados tipos de carácter y que objetivamos en rasgos como obsequiosidad, amabilidad o adulación. La razón por la que el programa de yielding ha sobrevivido entre las estrategias de competencia agonística de los humanos es porque permite la supervivencia de ambos contendientes y porque procede de una forma de presión selectiva especifica sobre la reproducción que penaliza de forma desigual a machos y hembras, debido a que para que un macho tenga éxito reproductivo es necesario que tenga más iniciativa que la hembra. Este hecho podría explicar el por qué la depresión es más frecuente en la mujer que en el hombre. Dicho de otro modo la prevalencia de la depresión en los humanos puede estar fuertemente influida por la selección ligada al sexo.

Conflictos agonísticos durante la crianza

La teoría del conflicto entre padres e hijos cuenta con una amplia experiencia y tradición sobre todo desde que Freud teorizara acerca del conocido “Complejo de Edipo”. En esencia este constructo predice una alta rivalidad con el padre o la madre en función del sexo del hijo, Sin embargo Trivers (Trivers 1974) ha señalado que el conflicto es entre padres e hijos con independencia del sexo del hijo. Se trata otra vez de un conflicto de intereses y tal y como los teóricos de la teoría sistémica han evidenciado se trata de un conflicto agonistico, un conflicto de poder.

Me interesa señalar en este momento los conflictos que se establecen entre madre e hija y relacionarlos con la anorexia mental, una patología donde se han descrito quizá con más énfasis que en otras ciertas estructuras de parentesco que con independencia de su valor causal, al menos es seguro que tienen importancia en establecer las razón del por qué unas anorexias evolucionan de forma benigna mientras otras tienden a enquistarse en una lucha despiadada entre madre e hija por el control de la situación.

Al menos en un grupo determinado de pacientes es posible establecer que la anorexia forma parte de una interacción continua y viciada de rivalidad. No me refiero a una forma de rivalidad sexual sino de una forma de rivalidad que tiende a ocupar espacios de poder inexistentes. Así se han descrito multitud de familias con padres ausentes, o padres de escaso atractivo e involucración con la familia, sin embargo esta variable no me parece demasiado especifica de la anorexia mental. Es común en la anorexia que la madre ostente un mayor rango que el padre lo que puede inducir a la niña a aliarse con el padre supliendo su función o bien a establecer alianzas transgeneracionales, donde el síntoma preserve de una forma u otra la estabilidad familiar (Haley 1963).

Frecuentemente la anoréxica hiperesponsable asume voluntariamente la función paterna de la propia madre, otra de las posibilidades en las que es posible observar un conflicto agonístico, la ruptura de la relación asimétrica es desplazada por una relación entre iguales donde la niña frecuentemente asume el rol de conciencia social de la madre. La implicación clínica que tiene la aceptación de la anterior premisa es que las interpretaciones terapéuticas deben ser no agonísticas, implicando si es necesario un lenguaje de madre-niño o en clave paradojal (Selvini-Palazzoli et alt 1986).

De Giacomo ha sugerido como forma terapéutica un mes de vacaciones entre la hija y el padre. Según este autor la intimidad entre la niña y su padre es necesaria para elevar la autoestima de la paciente, la variable critica de una terapia, incluso más allá de la ganancia de peso. Es evidente que en todas las pacientes donde sus programas de yielding se han activado es predecible encontrar bajos índices de autoestima. Sin embargo es necesario señalar que en ocasiones el índice más bajo de autoestima no se encuentra en la paciente identificada sino en algunos de sus padres.

Personalmente creo que para rescatar a estas niñas de la parentización a la que se ven sometidas por la negligencia o insuficiencia paternas, no basta con utilizar el recurso de mantenerla a solas con el padre, ya que este puede ser quizá aun más negligente que la propia madre y obligar a la niña a una doble parentización. El lugar desde el que es posible esperar una ventaja terapéutica para la anoréxica es aquel donde ambas -hija y madre- tengan la oportunidad de reencontrar una estrategia donde no haya vencedores ni vencidos, es decir escapar del conflicto agonístico., para ello se han mencionado las siguientes estrategias (Price et alt 1997):

1.- El conflicto puede resolverse mediante la negociación y el compromiso: reconciliación, penitencia, expiación y perdón.

2.- El paciente (o su madre) puede ser ayudado a vencer en el conflicto.

3.- El paciente (o su madre) puede ser ayudado a convertir sus rutinas de yielding en sumisión voluntaria y ventajosa.

4.- El paciente (o su madre) puede ser ayudado a dejar la arena, es decir el campo competitivo.

5.- El paciente (o su madre) debe ser persuadido de no poner toda su inversión en una única tarea.

En definitiva la terapia de aquellos pacientes que hayan enfermado a consecuencia de la activación de su programa de yielding deben ser ayudados con terapias que sean sensibles a las desviaciones jerárquicas en el seno de la crianza y a impedir las escaladas simétricas en aquellas situaciones donde la funcionalidad esté del lado de la asimetría biológica.

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4 pensamientos en “Las madres y sus hijos

  1. Cuando puedan, favor escribir un artículo respecto a la rivalidad y desamor entre hijo y madre. Cómo confrontar esta terrible situación, cuál sería la ayuda espiritual para esa madre que sufre. Hijo a quien la madre quiso mucho.. Ahora tristemente la madre recibe quejas, quejas y mas quejas, agresiones verbales y hostigamiento continuo y muy malos tratos. El hijo siente un profundo odio hacia la madre, Ve en la madre la antítesis de lo que para él significa ser madre. Hijo que constantemente desea la muerte de su progenitora y para mayor tristeza y dolor la madre ha llegado a sentir lo mismo por ese hijo. La madre necesita tanto un mensaje orientador, de paz, de mucha templanza de espíritu. Madre que no logra tener paz y el hijo que
    se siente víctima de todo lo malo que la madre representa para él. Hijo 34 años, madre 70 años. Si este comentario no es el apropiado y lo que ustedes esperaban, les pido disculpa y descarténlo. Abril.

  2. Lo que usted plantea es un tema que desborda las posibilidades y propositos de este blog, se trata d eun caso particular que presumo es demasiado complejo para ser dilucidado en un entorno como este.
    Suerte y siga los dictados de su corazón

  3. Para Abril: Es posible que el hijo esté consumiendo estupefacientes y no lo sepa usted, si es así su hijo no tiene conciencia de lo que hace…
    Al igual que el doctor, le digo que siga los dictados de su corazón, y sí, el caso es complejo, porque habría que saber el origen de ese trato agresivo para con usted, la madre. Soy abogada y he visto madres solicitando al juez que lleven al hijo a prisión por causa de la droga y en consecuencia del maltrato recibido, pero, una vez en prisión el hijo le escribe pidiendo perdón y la madre ( que es madre ), vuelve al juez a pedir que saquen al hijo, comenzando de nuevo la rueda…
    Debería intenar hablar muy seriamente con él, con todo su amor de madre, es mayorcito, y si no saca en claro nada pues que se busque la vida, por muy duro que sea, no debe, ni tiene ningún derecho a hacerla sufrir.

    Para el maestro: ¿Qué pasa si es el padre el que está enamorado de la hija, y la hija, que no tiene complejo de edipo, no sabe como safarse de eso?

    Y otro tema: Normalmente siempre tenemos la depresión postparto, pero una amiga, desde que tuvo el hijo entró en una depresión y no salió más.
    Excelente post maestro!

  4. Si, las depresiones pueden cronificarse y hacerse resistentes dependiendo d emultiples factores.
    Yo no hablaria de padres enamorados sino incestuosos. Lo que nos aparta de nuestros hijos es la repugnancia segun las ultimas investigaciones en neurociencia.

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