El síndrome postvacacional


Cualquier malestar puede ser categorizado, cualquier goce puede serlo también, lo malo que tienen los malestares es que acaban siendo fagocitados por la medicina e incluidos en manuales donde se pontifica sobre la dialéctica locura-normalidad, algo que no ocurre con todos los goces. Es evidente que existe una tendencia a la multiplicación, filiación y catalogación de nuevos malestares identificándolos a “enfermedades psiquiátricas”. No he dicho enfermedades psicológicas puesto que el hecho de que algo sea una enfermedad remite al discurso médico y no al psicológico. De existir el “sindrome postvacacional” sería una enfermedad, o es eso o no es nada.

Afortundamente el sindrome postvacacional no existe, se trata de una frivolidad inventada por cierta prensa a la que cada dia se suman más y más especialistas para afirmar o desmentir que tal cosa exista lo que no hace sino alentar el uso del nombre. No quiero decir con eso que las primeras semanas de trabajo después de las vacaciones sean agradables, pero una cosa es que deba existir un periodo de adaptación entre el “dolce fair niente” y el trabajo y otra endosarle un nombre que ya ha pasado a formar parte del vocabulario que maneja la población, de ahi a que un marido al asesinar a su mujer aduzca en su defensa que padecia un “sindrome postvacacional” hay un paso y otro muy corto para que algun juez lo tenga en cuenta.

Y es que hay que ir con mucho cuidado con los nombres de las cosas y como cualquier cosa puede ser nombrada hay que huir de las etiquetas médicas, que luego crean realidades fácticas y lo peor: generan reclamaciones, demandas de pensiones y bajas laborales ¿Qué haremos cuando algun empleado se coja la baja por “sindrome postvacacional”.

Con esto de las bajas laborales pasan muchas cosas interesantes ya en el nivel del lenguaje, por ejemplo se dice “cogerse la baja” como si la baja se pudiera coger. Olvidan los usuarios que las bajas no se cogen se conceden a los enfermos verdaderos, también a los imaginarios, pero precisamente por esta razón hay que ir con mucho cuidado y no nombrar los malestares eternos del hombre como si fueran entidades naturales que ya estaban ahi esperando a que alguien las descubriera.

Al sindrome postvacacional le pasa como a la depresión y otras enfermedades misteriosas como la fibromialgia que crecen y se multiplican cuando más gente tiene noticia de ellas, ya hemos vivido “epidemias”de artrosis cervical, de fatiga o de dolores inauditos igual que en la edad media habían “epidemias” de flagelantes” o de histerias de conversión en los conventos, son enfermedades que se ponen de moda precisamente porque se vulgariza su difusión, a fuerza de hablar de ellas en los medios y entre si los sufridores terminan por configurarse como atractores de cualquier tipo de malestar y un malestar para ser dicho, para ser reconocido debe tener un nombre, de ahí la manía de las personas de encontrar un nombre para sus teclas. Pero no sirve cualquier tipo de nombre, hace falta algún nombramiento con cierto pedigree, por ejemplo nadie se queja de ser paranoico, a pesar de que muchos de los que se quejan lo son, ser paranoico no goza de buena prensa, sin embargo tener una depresión, un síndrome de fatiga , ansiedad o depresión forma ya parte de lo doméstico, de lo admisible.

El lenguaje es el cáncer de nuestra especie y los que viven de él, usualmente los informadores tienen mucha responsabilidad en la difusión de las enfermedades. No es que la depresión no existiría si no fuera tan común su uso en el lenguaje cotidiano, pero sólo existirían los melancólicos verdaderos. Yo lo que propongo es volver al latín y a la jerga hermética de los profesionales que nunca debimos abandonar, es el mejor favor que podríamos hacer a la higiene pública. Volver al “semen retenutum venenum est” y cosas así.

Divulgar es lo mismo que metastatizar.

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4 pensamientos en “El síndrome postvacacional

  1. Compruebo Paco, con satisfacción, que ya por el 2007 andabas en estos guisos de las etiquetas, “no enfermedades” y demás. Es una buena sugerencia lo de volver al oscurantismo del latín aunque me temo que ya es tarde pues los ciudadanos (pacientes y profesionales) ya lo conocen. Saludos

  2. Joer, si no me equivoco Paco, te adelantaste en la crítica, pero el SPPV es solo mio, ese lo inventé yo ¿eh?. Ya estoy en conversaciones con Roche a ver si es medicable.
    Un saludo.

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