Clérambault el maestro


Este verano he aprovechado para leerme algunos incunables que tenia en lista de espera desde hacía años. La obra de Clérambault un psiquiatra parisino muy famoso maestro de Lacan y uno de los microfenomenólogos mas importantes que han habido en la historia del saber. Leyéndole en su obra -donde se ocupó de atrapar fenómenos sutiles del inicio de las psicosis- he entendido algo muy importante, su noción de automatismo mental: las experiencias tempranas del pensamiento de los sujetos normales y de los locos son muy parecidas, los dejà vu, el eco del pensamiento, la interrupción del pensamiento, la ideorrea, los olvidos, la sustitución son fenómenos que se dan tanto en el inicio de una psicosis como en las personas normales, en la fatiga, la intoxicación y en otras condiciones psicopatológicas.

¿Quien no ha tenido en el curso de su pensamiento una interrupción, una sensación inefable de lo ya pensado, de lo ya dicho, ¿quien no ha pensado, de qué me suena este sitio?¿esta conversación, este interlocutor?
La diferencia extrema y radical entre lo psicótico y lo normal es el lugar- la topología – desde donde se intuye que se produce el fenómeno. Los locos piensan que estos fenómenos les son impuestos y además: que estos fenómenos les conciernen en persona, les señalan de un modo esencial, les aluden, son de otro que habla de él pero no son suyos y de ahí la extrañeza. Y entonces me he preguntado algo que al parecer ya se preguntó Lacan ¿por qué las personas normales no sentimos que nuestros pensamientos nos son impuestos? ¿por qué los sentimos como obra nuestra? Y esto lo digo por una razón ,usualmente las personas cuando te cuentan un sueño son muy poco conscientes de que ese sueño les pertenece, de que son autores de su guión. El que sueña en algo y lo cuenta cuando es confrontado con su sueño delata su alienación con respecto a él, como si alguien hubiera puesto ese sueño allí para que él lo soñara. En contraste con esto la mayor parte de la gente se cree dueño y señor de sus pensamientos y de sus ideas (aunque no tanto de lo que dice o hace), solo los locos parecen sentirse divididos con respecto a ellos y sienten que esa experiencia inefable procede de afuera, de lo real, que es impuesta y que le atañe. De ahí la perplejidad y el enigma que procura una experiencia así, ¿como explicarla? Según Clérambault cuando el delirio eclosiona la psicosis ya es antigua, lo que quiere decir que el delirio es una construcción para explicar la enigmática experiencia inefable que usualmente se vive bajo el gobierno de la perplejidad, de la confusión o del rapto. Psicosis y delirio son pues cosas distintas. El delirio es una creación explicativa de la experiencia mientras que la psicosis es un desgarramiento del discurso del Yo, del pensamiento muy parecido al que tenemos todos los días las personas normales que no estamos psicóticos. La pregunta entonces es ésta: ¿Qué diferencia la experiencia normal de la experiencia psicótica?
La falta de algo, hay un déficit en la cadena significante que hace que el psicótico se sienta aludido en persona por su experiencia, mientras que los sujetos normales simplemente no damos importancia a este fenómeno y lo olvidamos aun pudiéndole dar explicaciones más o menos racionales, lo cierto es que cuando yo me olvido de una palabra o siento que mi pensamiento ha sido interrumpido o sustituido por otra cosa no caigo en el vacío de la irrealidad sino que me olvido del asunto hasta que recuerde o mis ideas se ordenen. El psicótico hace algo con su experiencia distinto a lo que hacemos las personas normales, el psicótico hace algo más o algo menos, pero lo cierto es que su experiencia no es pareja a la mía, yo no me siento concernido por esa experiencia, lo que significa que en su cadena de significación hay una falla, algo que falta y que no puede hacer de dique a esa experiencia normal de dejar correr el asunto.
Según Lacan eso que falla en el psicótico es un significante esencial “El nombre del padre” que es el significante que inscribe al sujeto en la cultura. esto parece difícil de entender pero es muy sencillo e intuitivo: como somos seres hablantes (parlêtres) estamos muy alejados del instinto y de la naturaleza, los humanos somos sobre todo cultura, no tenemos instintos sino pulsiones , no tenemos necesidades sino deseos que no son otra cosa sino los instintos y las necesidades después de pasar por el filtro del lenguaje. Se dice con mucha frecuencia que el ser humano es un ser que se ha alejado de la naturaleza, de ese supuesto orden natural que gobierna todo el cosmos, pero esta es una idea falsa y casposa: nada hay tan antinatural como el ser humano, nada en él es natural, todo es social, cultural, verbal y parcial, el retorno a lo salvaje como ideal no es posible ni desable. Ni siquiera las enfermedades mentales son entidades naturales, no son plantas ni animales, no son especies, ni están en el cerebro individual, somos cultura, y sobre todo lenguaje y ellas son errores en la codificación de ese lenguaje.

Y lenguaje es eso que nos divide y que hace que no podamos dar al otro lo que necesita puesto que nosotros mismos estamos divididos y no somos ni tenemos lo que el otro nos atribuye, sólo podemos dar amor si sabemos que el amor es precisamente dar aquello que no tenemos. Cuando alguien da lo que no tiene hace crecer al otro, porque mantiene abierto su deseo, pero cuando uno da lo que le sobra inunda al otro y su amor se vuelve tóxico.
Y por eso hay enfermedades mentales que son precisamente la experiencia de ese amor que no pudo darse porque estaba disfrazado de exceso, la pulsión al contrario del instinto siempre es excesiva, la demanda inagotable, el deseo infinito, de eso se trata precisamente de dejar ir al sujeto hacia el infinito y de darle lo que necesita pero no lo que desea.

Porque ningún deseo puede colmarse ni siquiera el deseo de colmar el deseo de aquellos a quienes amamos.

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3 pensamientos en “Clérambault el maestro

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