Eco


El eco es como un disco rayado, ese intangible que es la voz rebota contra lo inerte y se vuelve eco, porque el lenguaje no sabe estar solo y necesita la compañia de alguien, que medie entre él y la realidad, por eso los alucinados son fundamentalmente alucinados
auditivos desde que lo auditivo, el peso del lenguaje, ganó su particular batalla con lo icónico. Sócrates hablaba con su daimon, S. Agustín mantenía conversaciones intelectuales con sus voces que le decian “ven, lee”, S. Ignacio de Loyola les llamaba”loquelae” a esas voces con contenido intelectual y especulativo con las que mantenía conversaciones sobre temas espirituales. Contrariamente a eso, ellas tienen experiencias visuales: Santa Teresa con sus visiones, sus luces, y su erotismo a flor de piel, siniestramente parecidas a las que abrumaban a Juana de Arco o a Jesucristo en el desierto.
La función alucinatoria ha cambiado desde entonces y se ha refugiado en la locura, hoy ya ninguna persona normal alucina espontáneamente (pero si bajo el efectode las drogas) y además la alucinación se ha convertido en algo enloquecedor por sí mismo. Los alucinados además ya no tienen visiones beatificas, espirituales, ni mantienen conversaciones metafísicas o filosóficas con sus daimones particulares, antes al contrario, oyen voces pero no entienden lo que dicen, o bien esas voces les insultan, son voces que se refieren a ellos aunque a veces resulte difícil entender qué pretenden, les llaman “puta” o “maricón”, les critican y sobre todo les amedrantan. No es que la locura no existiese en la época clásica, pero probablemente la alucinación auditiva como paradigma de la esquizofrenia es relativamente reciente.
Algunos autores hacen coincidir este cambio con la aparición de la ciencia y la modernidad, con la abolición de espíritus, y mediums benefactores o maléficos pero en cualquier caso mediadores, demonios o ángeles. En ausencia de estos mediadores herméticos el lenguaje que busca ser siempre hablado por alguien rebota en los cerebros estropeados de los locos y les martiriza con cantinelas sin sentido, son palabras huecas vacías, como aquel nepalés que se pasaba el día oyendo “Om” y le pidió al médico que le curara la enfermedad pero no le quitara el “Om”. Pues el “Om” necesitaba ser dicho, necesitaba encarnarse en alguien para ser transportado a la realidad y dejar de ser un eco, un disco rayado, una palabra sin cáscara, una mujer inane, una ninfa que no posee cuerpo en sí misma y que precisa del abrazo de un mortal, que solo puede encarnarse a través del amor de Narciso.

El eco de las palabras, la alucinación siempre significa lo mismo, “Ven, lee”.

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5 pensamientos en “Eco

  1. El Sócrates ágrafo me entusiasma. No puedo evitarlo. Me resulta así más potente como destructor de verdades, como inexistente, como factible para el invento y la antítesis, para las realidades en suma. Así puedo, o quizá sea que quiero, vaya usted a saber, recelar incluso de ese su daimon con el que nos cuentan hablaba.

    Pero me lío. Sólo quería hacer un apunte… más para mí que para los otros. Estaba pensando cuan curioso me resultaba que tras tantos esfuerzos, comprensivos o justificativos, por comprobar al hombre como esencialmente visual y a la mujer auditiva y verbalizadora… y que sin embargo en cuanto a alucinar ellos tengan ecos y ellas ojos.

    Agradecida por tus letras… un saludo.

  2. No es de extrañar que lo feminenino hay venido siempre asociado a lo visual (a la imagen) y lo msculino al pensamiento (a la voz). En realidad la historia del pensamiento puede contemplarse como la lucha de lo de afuera (experimentación y obersvación) aristotélica frente a lo de adentro -intropsección platónca- Hoy la posición que adoptamos los electicos como yo es ésta: menos conventos y más Serenguettis.

  3. Pingback: Narciso « neurociencia-neurocultura

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  5. Pingback: Mujeres liberadas « La nodriza de las hadas y el rey carmesí

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