El caos explicado a un psicólogo (IV)


LA CURACIÓN COMO PROCESO DISOLUTIVO Y DISIPATIVO

Entendemos como curación a la vuelta o retroceso a las condiciones iniciales del sistema. Esta afirmación requiere alguna explicación sobre qué son las condiciones iniciales: el estado de cosas o estabilidad alcanzada inmediatamente antes de la intrusión de un agente cualquiera. La condición de un obsesivo antes de una gripe es su estado obsesivo, como así también en el fumador, sus condiciones iniciales son las de ser fumador, algo menos que una identidad o idea-fuerza, un estado de equilibrio alcanzado mediante el hábito o la psicopatología previa.

Después de la enfermedad (en este caso la gripe) pueden pasar tres cosas:

1.- El sistema se descompensa gravemente en la dirección disolutiva y aparecen lesiones nuevas, por ejemplo un anciano diabético hace una neumonía y muere.

2.- El sistema vuelve a sus condiciones iniciales, las previas al ataque exógeno, el fumador vuelve a fumar.

3.- El sistema se disipa, pierde energía y alcanza una nueva organización en un nivel jerárquico superior que implica cognitivamente creencias e ideas-fuerza. El fumador se convierte a la liga antitabáquica.

Las enfermedades mentales solo se curan cuando sucede esta última condición, a las que suceden mediante el mecanismo segundo les llamaremos remisiones y son de esperar nuevos brotes o recaídas en las mismas, dado que en una patología mental las “condiciones iniciales” del sistema son de extrema vulnerabilidad o bien ya es un sistema que inició su proceso de disolución mucho tiempo antes. En este sentido la convulsión critica inducida por el TEC, o la mejora temporal practicada por la fiebre sólo representará una remisión y en cualquier caso nunca una progresión disipativa del sistema. Sin embargo no es posible predecir la incurabilidad de ningún paciente mental por una razón importante: a veces llevando equilibrio a un sistema disolutivo podemos detener o retrasar su tendencia entrópica hacia la disolución es decir hacia la psicolisis, la disolución de la autoconciencia. Sin embargo si podemos prever que ningún sistema puede “curarse” sin defecto, es decir la verdadera curación sin ese salto cuántico que representa el movimiento de causación ascendente que representa la disipación. No es posible curar a nadie si no podemos introducir algún tipo de cambio que incluya por supuesto aspectos cognitivos, emocionales y conductuales. Lo saben todos los psicoterapeutas sean de la escuela que sean; nadie se cura sin dolor y sin introducir en la vida del paciente un elemento de perturbación lo suficientemente intenso para desorganizar el sistema y obligarlo a “ascender” en el sentido de la progresión que representa la disipación. Una perturbación que de forma natural introducen las convulsiones criticas por ejemplo o las fiebres, las experiencias inusuales, las modificaciones de la conciencia o las catarsis intensas, mecanismos que pueden operar a su vez de forma inversa es decir llevando el sistema a la disolución.

Por esta razón se dice con frecuencia que las drogas no son ni malas ni buenas en si mismas sino que sus efectos tienen mucho que ver con el contexto en que se toman. La experiencia con cannabis de un adolescente puede ser psicolitica pero la experiencia del chamán no suele desembocar en una psicosis clínica. Mientras las drogas están en el templo no son peligrosas pero se transforman en verdaderos demonios cuando salen a la calle de un modo indiscriminado. Con todo es imposible predecir quien será beneficiado o perjudicado por el uso de una droga cualquiera aunque su uso indiscriminado nos permite predecir un aumento de la prevalencia de determinadas enfermedades psiquiátricas.

La ganancia de creencias o de ciertas ideas-fuerza podemos encontrarlas incluso en psicóticos que cuando empiezan a mejorar “critican” su delirio, es decir son capaces después de acallar las tormentas que acaecen en su conciencia basal. Existe un modo psicofarmacológico de adquirir autoconciencia acerca de si mismos y de sus vivencias aberrantes como tambien existe un modo de perder la conciencia a través de drogas. A veces esta autoconciencia alcanzada durante el tratamiento se mantiene toda la vida, aunque lo usual es que el paciente aquejado de una psicosis endógena mantenga solo durante un cierto tiempo esta ganancia y vuelva a verse sumergido en sus vivencias psicóticas apenas vuelva a enfrentarse a pequeños y banales estresores de la vida cotidiana aun con tratamiento psicofarmacológico. En este caso podemos descaotizar el sistema proporcionando equilibrantes concretos al paciente, (fármacos anticaos: los normotimicos), en este momento me interesa sobre todo referirme a los procesos disipativos verdaderos como motor de cambio y curación en un sistema desequilibrado por algún complejo emocional puntual.

Casos que es posible observar en situaciones de crisis existenciales que deparan una profunda regresión, como las que observamos en las enfermedades psicosomáticas o en otras con un fuerte componente conversivo o somatomoforme en una personalidad premórbida conservada. En este tipo de casos donde la hospitalización casi siempre opera como un potente restitutivo podemos observar las cualidades terapéuticas de la misma. Sirve para que el sujeto haga una detención en su vida, disponga de un espacio propio donde poder reflexionar en un entorno protector y reglado que haga la contención necesaria para que la progresión óntica pueda ser realizada, tanto si sufre una deprivación como un exceso de amor (toxicidad), sus síntomas serán similares. Recuerdo el caso de una paciente de 26 años que recurría constantemente a la hospitalización a causa de unos vómitos primero espontáneos y luego autoprovocados con una fuerte vinculación a sus necesidades de dependencia y protección. El vómito en este caso no era sino el pretexto para ser cuidada y protegida en el Hospital. Sus afectos estaban absolutamente reprimidos y era incapaz de vincular el síntoma con su complejo de deprivación emocional, pero su regresión emocional le permitió salir “disipativamente” de su marasmo físico, mediante una idea fuerza: la paciente mejoró después de un cierto tiempo de tutela emocional en nuestro hospital construyendo una nueva identidad, en este caso de bulímica, un diagnostico que siempre se le negó en nuestro servicio en la convicción de que se trataba de una histeria conversiva. La paciente pudo salir de su problema construyendo una idea-fuerza, “era bulímica como mis compañeras pero no lo quería admitir (sic)”

El mecanismo de salida de un sistema y lógicas disolutivas es desde luego siempre sorprendente porque choca con nuestras convicciones nosográficas y con nuestras expectativas terapéuticas, pero estoy absolutamente convencido de que al considerarse bulímica la paciente había conseguido dar forma a su sufrimiento de una manera con sentido, autoprovocando un cambio en el sistema y “descartando” otras soluciones neuróticas, como el hábito de vomitar, algo que se había independizado de cualquier consideración emocional y representaba una solución en si misma. La progresión disipativa es por definición impredecible, no podemos saber de antemano que idea-fuerza puede resultar significativa para un individuo concreto y solo podemos acompañar al paciente en este proceso de búsqueda que siempre terminará por sorprendernos por su sencillez y que casi nunca se parecerá a nuestros deseos que incluyen una cierta ganancia de insight o poder de autoobservación. Pero poco importa que la solución no concuerde con ellas, es posible afirmar que cualquier solución que implique cognitivamente un cambio de nivel reorganizará la personalidad entera y desde ahí es posible inferir un cambio y por supuesto la curación, naturalmente mucho más fiable cuantos más cambios cognitivos, afectivos y conductuales implique el cambio en la vida diaria del paciente.

Así es posible afirmar también lo contrario: muchas personas son capaces de aguantar una larga hospitalización o terapia con tal de no cambiar nada, suele suceder con los obsesivos si además tienen elementos histéricos que tienden a complacer al terapeuta. El paciente podrá simular profundos cambios actitudinales que en cuanto sean puestos en confrontación con la realidad desvelarán su carácter ficticio. Los psiquiatras estamos acostumbrados a explorar estas posibilidades antes de dar un alta y sabemos –aunque a veces también nos equivocamos- que algunos pacientes mienten para lograr salir del Hospital fingiendo un cambio que no es tal, desde la docilidad y a veces desde la seducción, muchas veces estos cambios son tan sutiles y poco significativos para nosotros pero quizá tengan sentido para ellos. La recaída temprana es el marcador que nos indicará quien tiene razón.

Los hábitos contienen una enorme fuerza y ya he dicho de donde procede esa fuerza: de su carácter adaptativo. Abandonar un hábito es extremadamente difícil, ya sea el abandono de un tóxico, una conducta repetitiva, o un particular estilo reaccional, lo que nos lleva a plantearnos las bases biológicas de este hecho, algo que tiene que ver con nuestra posición evolutiva en el cosmos y nuestro aspecto inacabado.

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5 pensamientos en “El caos explicado a un psicólogo (IV)

  1. No sé cómo he aterrizado en este espacio; sólo sé que necesito una inyección de sabiduría. Es lo único que puede salvarme en estos momentos. Necesito saber que es posible.

  2. Soy la ausencia de todo, la nada más absoluta; me siento culpable por mi propia mediocridad.
    No me consuela pensar que otros están peor que yo; aunque parezca egocéntrica sólo me interesa mi propia situación, mi fracaso como persona, ya que al fin y cabo la vida es lo único que me queda y lo único que tengo.
    La infancia es la patria de un hombre, es lo más bonito que posee una persona; si los pilares de una casa son sólidos lo que construyas encima resistirá, de lo contrario puede desmoronarse en cualquier momento. Un niño no tiene posibilidad de defenderse, ni es responsable de la familia que le ha tocado en suerte.
    He pensado muchas veces en emprender represalias contra mi familia de la que me considero una VÍCTIMA y qué mejor manera de hacerlo que atentar contra mí misma y además hacerlo a plena luz del día y en su propia casa. Sin tentativas. Simplemente hacerlo y hacerlo bien. Está claro que el tiempo perdido nunca se recupera. No puedo volver a nacer sabiendo las cosas que sé ahora.
    Recibí una educación católica de la que muchos años después renegué; supongo que todavía me queda un pequeño poso. Supongo que esto podría resumirse en la fe del carbonero, en el simple miedo a la muerte, no lo sé.
    Necesito desprenderme de la mediocridad, ser creativa, hacer algo que pase a la posteridad… pero la estupidez no tiene cura, para ello sería necesario una inyección de sabiduría, aunque fuera letal, pero necesito llenar el vacío que siento por dentro, alimentar mi ego.
    No tengo nada, no soy nadie, soy una nulidad.
    No soporto esta situación, no aguanto mi mediocridad.

  3. Supongo que la conversación ha llegado a su fin; soy demasiado estúpida y esa es una de las pocas cosas que no tiene cura. Mi única forma de transcender en esta vida es la venganza.

    Le pido disculpas de antemano, pero peor que la soberbia es la falsa modestia. Usted ha transcendido, vaya sí lo ha hecho y lo sabe, tiene que saberlo. Me conformaría con una milésima parte de su sabiduría y de la ayuda que ha prestado a otras personas. Eso sólo lo puede hacer la gente inteligente como usted, y lo sabe.

    Imposible llenar el vacío y recuperar el tiempo perdido.

    En cualquier caso, gracias por su tiempo

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