Hilos, nudos, vínculos


El apego segun el misticismo indio: ligaduras, nudos, hilos, tejidos,
urdimbres, caminos, senderos, vinculos, apegos y su solución. (Imagen: El nudo de Isis)

Un texto
de René Guenon:

Hemos hablado ya en varias oportunidades sobre el simbolismo del hilo, que presenta múltiples aspectos, pero cuya significación esencial y
propiamente metafísica es siempre la representación del sûtrâtmtâ, el
cual, tanto desde el punto de vista “macrocósmico” como desde el
“microcósmico”, vincula todos los estados de existencia entre sí y con su Principio. Poco importa, por lo demás, que en las diferentes
figuraciones a que da lugar ese simbolismo se trata de un hilo
propiamente, de una cuerda o de una cadena, o de un trazado gráfico,
o inclusive de un camino realizado por procedimientos arquitectónicos, como en el caso de los laberintos, camino que uno está obligado a
seguir de un extremo al otro para llegar a su término; lo esencial en
todos los casos es que se trata siempre de una línea sin solución de
continuidad. El trazado de esta línea puede ser también más o menos
complicado, lo que habitualmente corresponde a modalidades o a
aplicaciones más particulares de su simbolismo general: así, el hilo o su equivalente puede replegarse sobre sí mismo formando
entrelazamientos o nudos; y, en la estructura del conjunto, cada uno
de esos nudos representa el punto en que actúan las fuerzas que
determinan la condensación y la cohesión de un “agregado”
correspondiente a tal o cual estado de manifestación, de modo que,
podría decirse, ese nudo mantiene al ser en el estado de que se trata
y su “solución” o acto de atarlo entraña inmediatamente la muerte a
tal estado: ello se expresa, de modo muy netamente, por un término
como el de “nudo vital”. Naturalmente, el hecho de que los nudos
referidos a estados diferentes figuren todos a la vez y de modo
permanente en el trazado simbólico no debe considerarse como una
objeción a lo que acabamos de decir, pues, aparte de que es algo
impuesto evidentemente por las condiciones técnicas de la figuración
misma, responde en realidad al punto de vista desde el cual todos los
estados se consideran en simultaneidad, punto de vista siempre más
principial que el de la sucesión. Haremos notar, a este respecto, que
en el simbolismo del tejido, estudiado por nosotros en otro lugar, los puntos de cruzamiento de los hilos de la urdimbre y los de la trama,
por los cuales se forma el tejido íntegro, tienen también una
significación similar, siendo esos hilos, en cierto modo, las “líneas
de fuerza” que definen la estructura del cosmos.

nudoisis.jpg

Mircea Eliade ha hablado de la “ambivalencia” del simbolismo de las
ligaduras y los nudos, y es éste un punto que merece examinarse con
alguna atención; naturalmente, puede verse en ello un caso particular
del doble sentido generalmente inherente a los símbolos, pero además
hay que darse cuenta de aquello que justifica la existencia de ese
 doble sentido en lo que concierne más precisamente a los símbolos de
que aquí tratamos. En primer lugar, cabe advertir a este respecto que
una ligadura puede considerarse como lo que encadena o como lo que
une, e inclusive en el lenguaje ordinario la palabra tiene
generalmente ambos significados; en el simbolismo de las ligaduras,
 corresponde a ello dos puntos de vista que podrían decirse mutuamente
inversos, y, si el más inmediatamente aparente de los dos es el que
hace de la ligadura una traba, ello se debe a que ese punto de vista
es en suma el del ser manifestado como tal, en cuanto se ve a sí mismo
como “atado” a ciertas condiciones especiales de existencia y como
encerrado por ellas en los límites de su estado contingente. Desde
este mismo punto de vista, el sentido del nudo es como un refuerzo del de
la ligadura en general, pues, según antes decíamos, el nudo
representa con más propiedad lo que fija al ser en tal o cual estado;
y la porción de ligadura por la cual el nudo está formado es, podría
decirse, lo único de ella que puede ver el ser mientras sea incapaz de salir de los límites de ese estado, escapándosele entonces
necesariamente la conexión que esa ligadura establece con los estados
restantes. El otro punto de vista puede calificarse de verdaderamente
 universal, pues abarca la totalidad de los estados, y para
comprenderlo basta remitirse a la. noción del sûtrâtmâ: la ligadura,
considerada. entonces en su extensión total, es lo que los une, no
solo entre sí, sino también, -repitámoslo- con su Principio mismo, de
manera que, muy lejos de seguir siendo una traba, se convierte, al
contrario, en el. medio por el cual el ser puede alcanzar
efectivamente su Principio, y en la vía misma que lo conduce a esa
 meta. En tal caso, el hilo o la cuerda tiene un valor propiamente
“axial”, y el ascenso por una cuerda tendida verticalmente, al igual
que el de un árbol o un. mástil, puede representar el proceso de
retorno al Principio. Por otra parte, la conexión con el Principio a
través del sûtrâmâ está ilustrada de modo particularmente notable por
el juego de títeres: un títere representa aquí un ser individual, y el operador que lo hace mover por medio de un hilo es el “Sí-mismo”; sin
 ese hilo, el títere permanecería inerte, así como, sin el sûtrâtmâ,
toda existencia no sería sino pura nada, y, según una fórmula, extremo-oriental, “todos los seres serían vacíos”.
Ya en el primero de los dos puntos de vista a que acabamos de
referirnos hay también una ambigüedad, aunque de otro orden, referida
a la diferencia de los modos en que un ser, según su grado espiritual, puede apreciar el estado en que se encuentra, ambigüedad que el
 lenguaje traduce bastante bien por las significaciones que da a la
palabra “apego” o “atadura” (attachement). En efecto, si se
experimenta apego por alguien o por algo, si se le está “atado”, se
considera, naturalmente, como un mal estar separado de ese objeto,
i
nclusive cuando la separación deba en realidad traer aparejada la
liberación con respecto a ciertas limitaciones, en las cuales uno se
encuentra así mantenido por ese apego mismo. De modo más general, el
apego de un ser a su estado, a la vez que le impide liberarse de las
trabas inherentes a él, le hace considerar como una desdicha
abandonarlo, o, en otros términos, le hace atribuir un carácter
“maléfi
co” a la muerte a ese estado, la cual resulta de la ruptura del “nudo vital” y de la disolución del agregado que constituye la
 individualidad. Solo el ser a quien cierto desarrollo espiritual
permite aspirar, por el contrario, a superar las condiciones de su
estado, puede reconocer (réaliser) a éstas como las trabas que en
efecto son, y el “desapego” que experimenta entonces respecto de ellas es ya, por
lo menos virtualmente, una ruptura de esas trabas, o, si se prefiere otro modo de hablar quizá más exacto, pues nunca hay ruptura
en el sentido propio del término, una transmutación de “lo que
encadena” a “lo que une”, lo cual en el fondo no es sino el
reconocimiento o la toma de conciencia de la verdadera naturaleza del
sûtrâtmâ.

.

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s