El enigma Sydenham


Sydenham era un médico inglés muy famoso y de mucho éxito en su epoca que ha pasado a la historia de la medicina porque hay una enfermedad con su nombre (el corea), pues dicen que Sydenham era un tipo muy inteligente y uno de sus discipulos mas aventajados le pidió algo singular, le dijo que queria saber como pensaba, cuales eran los mecanismos que su mente privilegiada utilizaba para pensar. El discipulo no queria saber algo sobre alguna cosa, queria la cosa entera, es decir apresar el mecanismo de la inteligencia de Sydenham. Asi que este le contestó: “no tengo ni idea de eso, pero lease el Quijote”.
La respuesta de Sydenham evidencia una cosa: hay cosas de las que no es posible hablar, porque pertenecen a algo que no puede ser dicho. En cambio estas mismas cosas pueden ser si no explicadas, al menos si aludidas y podemos asi hablar de ellas. En esto consiste precisamente la metáfora, hablar de algo que en realidad alude a otra cosa.
En otro orden de cosas G. Bateson fue convocado a una prueba de inteligencia artificial donde habia que discriminar que grado de parentesco tenia aquella computadora con el cerebro humano, de modo que alguien de aquel comite le formuló la siguiente pregunta:
– ¿Es usted capaz de pensar como un ser humano?
La pregunta tenia trampa porque sin un minimo de autoreflexión la computadora hubiera sido incapaz de responder algo coherente, después de procesar la infomación contestó:
– Le voy a contar un cuento…..
Y todo el comite de sabios concluyó que la computadora era inteligente, porque sabia que de aquello de lo que no podemos hablar, mejor callar y una forma elegante de salir del enredo y proponer nuevas preguntas era apelar a la narrativa, que alude a algo de lo que no se puede hablar, pero podemos bordear.

No sabemos lo que es la mente, lo único que sabemos es que la mente no equivale al cerebro, ni siquiera que se ajuste del todo a la cabeza, la mente es un constructo, una gigantesca metáfora, de esa “máquina” que justamente se especializó en construir metáforas. Todo en la mente es metáfora, ficción y simulacro excepto el soporte neural que sirve de apoyo a la propia mente. Todo en la mente es ficción en tanto que mental es todo aquello que se representa y por tanto algo que no equivale a la realidad, pero es que además la realidad-real tambien es una ficción, un consenso de opinión con una unica excepción: la realidad que es afectada por la causalidad. Reformulada la cuestión quedaria asi: todo es ficción excepto aquello que está siguiendo las leyes de la causalidad, la determinación, podemos sabe donde está el Este o el Norte porque tenemos la referencia del horizontes, pero el horizonte mismo es imaginario pero no el Sol (al menos de dia). Donde mejor podemos ver lo causal es ahi afuera, el mundo de ahi afuera es donde se cumplen y podemos mejor observar las leyes causales pero en nuestro interior o donde quiera que esté la mente no hay manera de saber distinguir lo causal de lo no causal, porque en la mente hay un enorme espacio de indeterminación.
Es precisamente la realidad-real y sus leyes causales lo que hace que existan metáforas eficaces y metaforas ineficaces, o sea que no hay metáforas ciertas o falsas, sino utiles o inutiles y son precisamente estas metáforas las que se utilizan en psicoterapia y tambien probablemente de las que se nutre la patologia mental.
La psicoterapia incide en una realidad de cosas indeterminada, por ejemplo si yo digo que esta niña es una terrorista en lugar de decir que es una anoréxica estoy construyendo una metafora útil porque este término cargado de afactividad nos permitirá hablar de otras cosas distintas a la comida, y es además acertada como metáfora en tanto la anorexia es (opera como) una terrorista, ha decidido adelgazar a pesar de todo, pese a quien pese y cueste lo que cueste como esos hombres bomba que se suicidan en Irak, sus motivaciones son seguramente similares, aunque para nosotros no nos es posible averiguar las razones intimas ni los porqués de ambas conductas. Solo podemos saber el sexo, edad, clase social, cultura a la que pertenecen, etc, ambos ejemplos. Es precisamente eso de lo que da cuenta la teoria sistémica, que no es en si una nueva teoria sino una antiteoria que permite abrir la mente a explicaciones nuevas, a discursos nuevos, a aquello que no se pudo decir, porque los enfermos y sus familiares se enrocaron en una concepción congelada de las causas. Tan metáfora es decir terrorista como decir anoréxica.
Los fármacos actuan segun las leyes de la causalidad y lo que sabemos de ellos son sus efectos sobre la neurotransmisión, ni siquiera podemos estar seguros de que los antidepresivos sean antidepresivos, lo que si son son magnificos inhibidores de la recaptación de algo. pero mi anoréxica es algo más que serotonina, tiene un plus, un valor añadido que no tiene precio, como las joyas de oro, añaden al metal precioso la tarea del orfebre. Ese plus, que hay entre el soporte neural y la experiencia mental, ese salto cualitativo es precisamente lo que tienen de humano tanto la anoréxica como los terroristas y es precisamente donde suponemos que está la mente y sus leyes de indeterminación.
Los placebos son un buen ejemplo de esto, porque operan “como si” fueran fármacos verdaderos, es decir siguiendo las mismas leyes de la causalidad. Por ejemplo la morfina provoca un deplección de opioides en las sinapsis del mismo nombre pero el placebo morfinico opera igual valiéndose de nuestros opioides endógenos. Con una condición: el sujeto debe saber que el placebo (aunque no sepa que es un placebo) es un fármaco contra el dolor. la guinda es cuando el placebo hace el efecto contrario al que se esperaria, es decir cuando en lugar de analgesia el paciente siente hiperalgesia, a veces el placebo opera con su opuesto (en este caso se llama nocebo), bien pues este fenómeno es precisamente el que explica como operan las metáforas en el cerebro, operan “como si” pero además pueden operar “contra si” del mismo modo que operan los condicionamientos operantes (condicionados e incondicionados), en forma de espejo o de antagonismo con el efecto causal.

Un pensamiento en “El enigma Sydenham

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