Hilanderas del destino


Si observamos el cuadro de Velazquez conocido como “Las hilanderas” veremos una escena dividida en tres planos, en el plano frontal aparece un taller de hilanderas, con tres personajes centrales: son Cloto, Laquesis y Atropos, las tres hijas de Ananqué (Necesidad) más conocidas como las Moiras, diosas del destino, deidades que siempre aparecen en numero de tres como las fases de la luna, igual que las Erinias o las Nereidas, se trata de deidades preolímpicas, anteriores al propio Zeus y a las que el mismo Dios del trueno y del relámpago se hallaba subordinado. Ellas vigilan el derecho natural, sostienen la rueca, trazan la longitud del hilo y por ultimo lo cortan cuando la vida de un mortal ha llegado a su fin.
En un segundo plano, casi al fondo del cuadro aparecen tres damas vestidas de época, una de las cuales parece contemplarnos desde el fondo del cuadro, son en realidad tres figuras femeninas, “alter egos” de las hilanderas que vemos en primer plano pero mejor ataviadas. Dos de ellas están concentradas en contemplar lo que parece ser un tapiz que cuelga de la pared del fondo. Allí está Atenea (Minerva) reconocible por su casco y a su lado está Aracné la muchacha que fue castigada por la propia diosa por su jactancia. Sucedió que Aracné provocó a la propia diosa Atenea diciéndole que ella era la mejor tejedora sobre la tierra y los celos de las diosas no pueden ser tomados a la ligera. Atenea condenó a Aracné a tejer eternamente convirtiendola en una araña hacendosa, desde entonces las arañas no hacen otra cosa sino tejer sus redes para apresar su alimento sin que hayan aprendido nada nuevo.
El oficio de tejedoras fue un oficio de mucho prestigio en la Grecia clásica y no es de extrañar que diosas y mortales compitieran por esa tarea, un trabajo que remite a otro: el tejido del destino de los hombres está en manos de las mujeres, ese fue el pacto entre Zeus y su madre Rea. Las redes, cadenas, hilos y velos son desde entonces simbolos eternos del destino, más allá de lo cual nos es posible adivinar las fatidicas e inexorables decisiones de las Moiras. Zeus suavizó mucho el concepto de destino añadiéndole una novedad: el designio divino masculino y presidido por el Logos debería confrontarse con la implacable decisión de las Moiras. Desde entonces sabemos que esos hilos que hoy llamamos vinculo se trenzan con estos dos materiales, la Necesidad (lo compulsivo o anancástico) y la Justicia de Zeus que vino a imponer un nuevo orden, aunque el paso definitivo no se daría sino siglos más tarde cuando Afrodita dio a luz a Eros, desde entonces Amor y Necesidad pelean por el destino de los hombres presididos por el gran padre Zeus o Jupiter.
No conozco una mejor manera de decirlo sino recurriendo a Heráclito: “en el hombre su caracter es igual a su destino” donde parece desprenderse la modernidad (al menos la modernidad que sigue hoy vigente), la fatalidad no existe, la predestinación tampoco, pero ellas las Moiras siguen tejiendo y destejiendo los hilos vinculares entre madres e hijos.

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5 pensamientos en “Hilanderas del destino

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