La hipótesis aloparental de la homosexualidad femenina

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La idea de que la sexualidad femenina es más plástica que la masculina -que es más rigida e inmodificable- está bien documentada en los trabajos de Roy Baumeister (Baumeister 2000). Sin embargo Baumeister no aborda la relación que puede existir entre esta plasticidad y la orientación sexual.

No cabe duda de que la homosexualidad es una de las patatas calientes de la psicología evolucionista dado que el comportamiento homosexual -que está presente en múltiples especies animales- parece contradecir el principio evolutivo del fitness, esto es que las conductas más adaptadas son las que tienen premio evolutivo. No parece suceder aparentemente esto con la homosexualidad humana que se mantiene constante a pesar de que los homosexuales se reproducen menos que la poblacion heterosexual, asistimos pues a una paradoja reproductiva (similar a lo que sucede en la esquizofrenia). Los homosexuales se mantienen en torno a una cifra alrededor del 10% de la población fijo en todos los tiempos y culturas (y la esquizofrenia en torno al 1%) y que sólo fluctua en una pequeña proporción a partir de la tolerancia de las sociedades. Lo que señala en la dirección de que la transmisión de la homosexualidad (de los genes de la homosexualidad) ha de hacerse a través de los parientes del homosexual que compensan su falta de descendencia, puesto que sabemos que la homosexualidad es una condición heredable a través de la madre.

Es asi que algunos autores han propuesto una teoria para explicar la homosexualidad masculina: algunos hombres portadores de ciertos genes se “sacrificarian” para atender a los genes de sus sobrinos con los que compareten un 25 % de su genoma, una especie de kin selection o selección por parentesco.

Lo cierto es que sabemos más (o por lo menos existen mas teorias que intentan explicar) la homosexualidad masculina que la femenina, siendo esta última teoria la que presenta mas visos de credibilidad. Sin embargo existen pocos trabajos que hayan escarbado en la conducta homosexual femenina y pocas teorias explicativas. Recientemente se ha publicado por Kuhle y Radcke en epjournal.net una teoria que podria aportar alguna luz y ciertas predicciones a esta condición aun más compleja puesto que la condición de lesbiana no disminuye por sí misma el ftness, al menos no en la misma proporción que la masculina, probablemente porque la aversión al sexo contrario es mayor en los hombres que en las mujeres.

Una teoria que sus autores han llamado hipótesis aloparental.

La aloparentalidad puede definirse como el desempeño cooperativo de una persona para la crianza de otra que no es propiamente su hijo, una cooperación ancestral entre madres que se asegurarian recursos en sobre todo tres casos: 1) la violación, 2) la desaparición o desinversión del macho proveedor o 3) la muerte del macho proveedor.

El caso más común y conocido es la doméstica abuela que consumió recursos en ayudar a sus hijos en la crianza de sus nietos descargando a madres y padres del peso de la crianza. Es obvio que las abuelas son un socorrido recurso en nuestras sociedades aun en las más opulentas, una institución que se ha conservado porque ha aportado ventajas a la colectividad y sobre todo a la parentela. Pero hay algo más en eso: para que una abuela sea realmente una abuela ha de ser climatérica, es decir ha de hallarse fuera del campo de rivalidad reproductiva, asi algunos autores han especulado con la idea de que la menopausia seria una adaptación que tendria como fin señalar el fin de esta rivalidad y propiciar la ayuda en la crianza de los hijos de la hija (alomaternidad) o genéricamente de los hijos (aloparentalidad).

En este sentido la homosexualidad femenina pudo ser en entornos ancestrales una estrategia para conseguir apoyo aloparental y que se apoyaria en la idea de plasticidad erótica de Baumeister o fluidez erótica de Kuhle y Radcke que curiosamente titulan su articulo con el nombre “Born both ways” (Nacidas en ambos sentidos), lo que parece apelar a la idea de que la sexualidad femenina es indeterminada (plástica) y se acopla a cualquier “gusto” de su pareja o situaciones de diversa adversidad, claro está dependiendo del número o el peso de sus genes homosexuales.

Esta teoria permite llevar a cabo las siguientes predicciones: que el comportamiento homosexual femenino será mas frecuente si se da cualquiera de estas condiciones:

  • El comportamiento homosexual femenino será mas frecuente en las mujeres que han sufrido abusos por parte de algun hombre.
  • Tambien en mujeres con antecedentes de violación.
  • La ausencia del padre durante la crianza ((Belsky, Steinberg, y Draper, 1991; Ellis, 2004)
  • Las mujeres abandonadas por sus maridos (por otra mujer) y especialmente si se tienen hijos.
  • Las mujeres cuyos maridos han muerto, especialmente si se tienen hijos.
  • En ausencia de pareja, abandono o muerte y tambien en las mujeres cuya inversion conyugal ha disminuido por parte del marido tienen más probabilidades de comportamientos homosexuales.
  • El alto valor de pareja de una mujer predice menos comportamientos homosexuales y más y sucesivos emparejamientos heterosexuales aun en presencia de los factores nombrados anteriormente.
  • Las mujeres que han forjado vinculos profundos de amistad con otras mujeres y que exhiben aloparentalidad (cooperación en el cuidado de los hijos) es más probable que hayan participado en conductas homosexuales.
  • Las mujeres que experimentan estrés extremo asociado con la crianza de los hijos son más propensas a reportar haber participado en conductas homosexuales que mujeres sin tal estrés.
  • Las mujeres con una sociosexualidad sin restricciones (Jackson y Kirkpatrick, 2007; Simpson y Gangestad, 1991) es más probable que entablen relaciones homosexuales que aquellas que tienen restricciones.
  • Las mujeres con pocos parientes disponibles para la aloparentalidad tienen mas relaciones homosexuales que aquellas que disponen de apoyo familiar o parental.
  • Las mujeres serán más propensas a involucrarse en relaciones sexuales del mismo sexo durante las fases no fértiles de su ciclo puesto que las fases fertiles correlacionan con las oportunidades reproductivas, mientras que tal comportamiento en las fases no fértiles podria promover la formación y la preparación de aloparentesco entre mujeres (Fleischman, Fessler y Cholakians 2012). Hallazgos que sugieren que la motivacióm homoerótica en las mujeres se asocia positivamente con el nivel de progesterona y que su motivación homoerótica aparece como una disminución del riesgo de concepción.
  • Si la plasticidad erótica sirve para promover en la mujer vinculos diversos es predecible que las mujeres heterosexuales con altos niveles de plasticidad (por ejemplo, la mayor parte sin patrones específicos de excitación genital) deben tener un número mayor de amigos masculinos en comparación con mujeres heterosexuales con menores niveles de plasticidad.

En conclusión la idea de los autores es que la paradoja homosexual se resuelve al pensar la homosexualidad femenina no como una inadaptación que perjudica la reproducción puesto que en realidad la facilita . A la luz de la teoria aloparental un rasgo que antes parecía conducta inadaptada entre las mujeres es una refundición de su plasticidad erótica. Esta hipótesis de adaptación puede haber aumentado en entornos ancestrales la capacidad de las mujeres para formar vínculos de pareja con mujeres que poseian hijos dependientes de ellas y que habian quedado solas bien por violación masculina, la muerte, abandono y la desinversión de los recursos,
así como en tiempos de crianza de estrés, o sin recursos cuando ella misma presentó una situación similar. Haber nacido con la capacidad de ir bidireccionalmente en dos sentidos pudo haber sido beneficioso en entornos ancestrales.

No quiero despedir este post sin nombrar la vieja idea de Freud que no aparece nombrado en todo el articulo:

La libido es bisexual

Pues parece que en las mujeres más y que ese plus esta relacionado con la cooperacion de las hembras entre si.

La razón fronteriza

El limite ha dejado de ser muro y se ha transformado en puerta.

(E. Trias)

Eugenio Trias es un filósofo español que ha investigado sobre lo que él mismo llamó teoria del limite. Para Trías el límite es un lugar que es al mismo tiempo un estímulo a la transformación y lo es en la medida que no queda en él sino el finiquito de la nada y la destrucción o la transfiguración, es decir, rehacerse en un nuevo plano. Es un espacio que se habita -se acepta el límite- y es una disyuntiva que sólo cabe resolver en esa transfiguración -más allá del límite-. La razón fronteriza para Trías estudiaría todas las mediaciones simbólicas que dejan rastros de tales procesos. Dice Trías en una entrevista concedida en cibernous: “Ante todo esto tenemos que ser capaces de rescatar la vigencia de las formas simbólicas, de las comunidades de relato, de la propia tradición, tan olvidada por la modernidad”. “También hay que rescatar el concepto de persona, en su sentido etimológico, es decir la máscara a través de la cual una voz propia se expresa”.

La razón fronteriza estudia como habitar el límite y superar esa experiencia en una cierta transfiguración o metamorfosis ya que no queda otra. Supone que la razón atienda a cosas que cierta ilustración, especialmente la tecnocientífica, ha despreciado mucho como, por ejemplo, todo tipo de mediaciones simbólicas.

¿Qué son los mediadores simbólicos.-

Entre el hombre y lo desonocido (lo sagrado o lo Real) existe un intransitable itinerario que debe ser recorrido con suficientes protecciones para explicarse o dotar de sentido a lo desnonocido y deslindar asi lo probable de lo imposible. Esa es la función de los psicopompos o daimones, los primitivos mediadores.

Asi como los dermatólogos recomiendan no exponerse al sol sin protección nosotros los psiquiatras deberiamos aconsejar a las personas no cruzar determinados limites sin la armadura de una buena colección de símbolos y asi y todo, hay limites que ningún humano debería cruzar.

Apareció así el hombre mítico de donde proceden esas figuras que han llegado hasta nosotros con el nombre de psicopompos, es decir mediadores entre el hombre y Dios, que es lo mismo que decir los mediadores entre lo humano y lo imposible, lo incognoscible o lo desconocido. En el libro “El fuego secreto de los filosofos” de Patrick Harpur hay un amplio recorrido por todos estos daimones ancestrales y a través de todas las culturas demostrando que estas presencias élficas o faíricas existen en todas las culturas y se parecen de una manera siniestra unas a otras, como si respondieran a patrones repetitivos de una necesidad humana fundamental.

Pero en un momento determinado -que algunos situan en la Ilustración- los daimones desaparecieron y el hombre quedó solo frente a lo sagrado con la unica ayuda de su razón.

Para Trias se trató de una irresponsabilidad tremenda del pensamiento ilustrado: haber dejado de lado la cuestión religiosa. La actitud despreciativa ante el hecho religioso es muy grave porque arruina la comprensión de casi todas las formas de cultura que se han generado. Por esto mismo, o te reconcilias con la religión a algún nivel para así poder comprender toda esa gama policroma, o el acercamiento a esas formas de cultura no es posible. Por eso en el libro, “La edad del espíritu”, intentó hacer una evocación de las diversas formas de cultura y pensamiento en sus contextos simbólicos y religiosos, extendiéndose en lo que entiende por filosofía del límite. Cuando Trias habla de límite se refiere a aquello que estimula ese espacio humano de transformación y metamorfosis entre dos momentos estelares. El límite es una franja vital, un lugar para habitar. El más allá del límite es una referencia que se expresa a través de mediaciones simbólicas. El espíritu no es algo abstracto, es lo que impregna las formas simbólicas.

La función psicopómpica es pues una función de mediación entre lo humano y lo sagrado.

Y fueron necesarios muchos mediadores, uno para cada función, para cada tarea.

Asi:

Hermes (Mercurio), es el principal psicopompo, un Dios hijo de Zeus y de Maya, a él le toca la tarea desagradable de acompañar a los muertos hasta el mundo de abajo, aunque para hacer bien su función precisa de otros tres compañeros: Hipnos, Morfeo y Tanatos, los tres hermanos intervienen previamente a Hermes. Hipnos prepara al sujeto para el sueño y le inmoviliza, Morfeo que le sumerje en un profundo sueño y Tanatos que separa el alma del cuerpo, es entonces completada la secuencia cuando Hermes sale al paso en su función de transporte del alma al Hades.

De manera que una abstracción tan incomprensible como es la muerte precisó de al menos cuatro psicopompos, cada uno de los cuales, con su función y alguno de ellos compartido con el sueño daban sentido a algo que aun hoy se nos revela incomprensible y sin sentido.

Lo simbólico, ese toldo que nos protege de los embates de los Real ha sido socavado por la laicización del mundo sustrayéndole sentido y obligando a los hombres a construir nuevos parapetos que le acompañen en su periplo más allá de su limite y explica además porque muchos de ellos no consiguen esa transformación o metamorfosis de la que hablaba Trías y perecen en el intento.

El hombre es un limite del mundo, no sólo atraviesa puertas sino que él mismo es una puerta tal y como podemos ver en este cuadro de Magritte, pero precisa un marco de referencia, un contexto para que encaje su interpretación de ese mundo tal y como se ofrece a sus sentidos con su representación.

Lo que explica mucho las razones de por qué existen hoy tantos malestares y tantas enfermedades mentales, tal y como conté en este post sobre la banalidad del sufrimiento.

Y precisamente de esto hablaba esta mañana con algunos de mis psiquiatras y a propósito de la “epidemia” de “trastornos de personalidad” que estamos sufriendo, más concretamente de casos de TLP. Si aun no conoce este síndrome puede visitar la wikipedia o verlo en este post. Lo que le hace interesante desde el punto de vista conceptual es precisamente su modernidad, su frecuencia entre jóvenes, su refractariedad a los tratamientos convencionales y su gravedad, por las conductas autoliticas asociadas.

Lo que caracterza a la organización de este tipo de personalidad es la incapacidad de los sujetos para construir símbolos protectores, es como si hubieran quedado a la intemperie entre lo Real y su propia subjetividad, algo asi como si carecieran de sistemas de inhibición, como si no aceptaran los limites impuestos por su propia organización social. Y de ahi viene la asociación entre la teoria de Trías y la denominación de “limites” aunque la caracterización de “adicción al limite” ya habia sido planteada por una psicoanalista en los años 30 y en realidad se pensaba que los límites eran patologias entre la neurosis y la psicosis y de ahi su denominación.

Los límites son los que van más allá del límite.

Después de leer el concepto de Trias sobre la teoria del limite he comprendido mejor algunas cosas que suceden cuando ciertas personas se educan en una sociedad que ha renegado de los simbolos y lo ha fiado todo a la razón, al emotivismo subjetivista, a la apariencia y al consumo como garantía de un derecho inalienable a poseer cualquier capricho como una forma de identidad personal. La mercantilización de las relaciones, la cosificación del otro  y la mala o nula gestión de las emociones son las consecuencias de este estado de cosas. Pero me gustaria poner un ejemplo por lo que les propondré un ejercicio mental.

¿Qué es un padre?.-

Un padre más allá del padre que nos haya tocado en suerte es un simbolo, algo que va más allá de nuestro propio progenitor, hay un Padre que está más allá del limite del padre. Abarca el mito, el relato, la Justicia, el ordén familiar, el linaje, abarca a todos los dioses que en el mundo se hayan inventado. Por eso decimos que el padre es una función, una metáfora, pues cualquiera, puede ejercer ese rol en cada imaginario.

La función paterna consiste en separar al hijo de la madre y lograr introducirle en el mundo de la cultura, es decir en el bando del patriarcado. Algo que se consigue sólo mediante la desalienación del vínculo entre madre e hijo, un lugar donde hay tanto goce adherido que solo a través de ese corte simbólico que representa el Otro (el Falo) puede ser interrumpido.

La metáfora paterna significa que el padre como símbolo (más allá de la paternidad somática) ha sido integrado en la mente del individuo, lo que es lo mismo que decir que se ha integrado el orden patriarcal, con sus prohibiciones, castigos, amenazas, coerciones, y límites. El poder fálico puede ser asumido o expulsado de la mente individual de los humanos a través del repudio: de ese no querer saber que caracteriza la verleugnung. Eso es lo que hacen algunas mujeres (y tambien hombres), aquell@s que han renegado del patriarcado o se hallan en lucha con él.

Y no cabe ninguna duda de que la abolición de la religión, la laicización del mundo le feminizó al descolgar las prohibiciones de su origen divino y no encontrar -a cambio- ningun otro mensajero más allá de la civilidad, una ética débil para la disuasión.

Si el padre como simbolo ha sido amputado del imaginario de nuestros conciudadanos ¿qué podemos esperar en el orden social? ¿Quién tiene el poder de prevención de la transgresión? ¿Quién administrará las sanciones? ¿Cual es el modelo a seguir? ¿¿Cual es el quicio de esa puerta que parece girar sin goznes?

Afortundamente el padre no ha sido amputado como símbolo en todas las mentes, pero piensen ustedes ahora en un padre incestuoso, un abusador sexual, que abusa de sus hijas. ¿Como quedaría en la mente de esas niñas un padre asi?

Naturalmente las niñas con un padre asi, no serán capaces de construir un símbolo paterno protector y tenderán a repudiar-le, carecerán d eun padre interno y por tanto carecerán mas tarde d eun marido interno, quedarán a solas con su hijo si es lo que lo tienen en un vinculo alienante donde siempre faltará algo. A menos que durante su crianza alguien haga el papel adecuado para reconstruir esta imagen, se producirá una discontinuidad en la generación del símbolo paterno que llevará a la paciente hacia un camino de adversidades o de psicopatología sobre la que nada podemos decir pues en todo caso es algo que discurrirá en la incertidumbre de lo complejo.

El incesto es un limite que no se puede traspasar y es algo que está absolutamente demostrado que es absolutamente perturbador. Pero no se trata de una causa única en el TLP.

Lo que señala en la dirección de que el TLP no es una enfermedad directamente relacionada con una averia genética, sino que serian los propios genes relacionados con la transformación, es decir genes relacionados con la hominizacion del cerebro los que estarian detras de las conductas que hoy entendemos como inadaptadas o impulsivas. En realidad no serian los genes sino la ausencia de “cuturalizacion” de símbolos transitables los que estarían ausentes en esta patología tan relacionada con la postmodernidad, es decir con la claudicación y la amortización de los valores que entendíamos como tradición.

Bibliografia.-

Francisco Traver y Gonzalo Haro:

Personalidad, dopamina-y-evoluciocion. Revista Persona.

Un apunte liminar.-

Doy las gracias a Lourdes Tebé que me puso en contacto con las ideas de Trias y a Jose Carlos Aguirre que me ayudó a comprender sus conceptos, algunos textos de este articulo pertenecen a una entrevista realizada por Jose Carlos Aguirre y su equipo al profesor Trias.

Empoderamiento, estrés e indefensión (I)

Una causa es el evento que ocurre entre los horizontes externos cuando los contextos coemergen para lograr relevancia. (M. Martinez)

Recientemente he tenido ocasión de tratar a una mujer de 40 años casada, con dos hijos, competente, profesional, asertiva y con una gran firmeza pisquica aparente que consultó conmigo por una razón muy poco psiquiátrica. Era la quinta vez que tenia una neumonía que en ocasiones habia tenido un pronóstico grave e incluso habia sido diagnosticada en dos ocasiones de sepsis e ingresada en una UVI. Afortunadamente esta ultima vez el brote habia sido mucho mas leve y el tratamiento antibiótico pudo ser administrado ambulatoriamente.

La razón por la que consultaba conmigo nacía de una pregunta que se hacía a sí misma acerca de la posibilidad de que sus continuas recaidas -que habian sido etiquetadas como inmunosupresión, sin causa conocida- tuvieran alguna explicación psicológica. Naturalmente, sé lo que las personas comunes entienden como psicológico, lo que entienden es algo asi, como “porque yo quiero” o algo asi como “me lo hago yo”. “debe haber algo mal en mi cabeza puesto que atento gravemente contra mi vida”. Asi que le dije una media mentira cuando redefiní su pregunta en el sentido de que no habia causa psicológica que provocara neumonías.

Y digo media mentira porque está demostrado que el estrés puede provocar toda clase de enfermedades fisicas y psíquicas a través del sistema inmunológico, nervioso y endocrino, y este era precisamente el caso: sus neumonías obedecían a un estado de inmunosupresión crónica que se manifestaba por infecciones sin ningun foco detectable.

En un post anterior hablé de estas enfermedades que vuelven y vuelven y las llamé circulares, (como manda la tradición) decía alli que:

La circularidad es su caracteristica más visible. Con circularidad quiero señalar que suponemos que hay algo que hace volver los sintomas, como si la causa y el efecto tomaran el relevo, lo que ayer fue causa hoy es efecto y más aun: el efecto puede preceder a la causa. La similitud sintomática entre episodio y episodio es una de sus señas de identidad: la vuelta de lo mismo.

Lo que caracteriza causalmente a las enfermedades circulares es su no linealidad, sean cuales sean sus causas,  su evolución indica una morfologia caótica, no lineal y por tanto impredecible. La iteración es el proceso que caracteriza este tipo de enfermedades y que repiten la autosemejanza de una forma en un espacio fractal.

Y a veces -como sucede en el trastorno bipolar- la primera enfermedad que fue caracterizada como circular, lo que viene es todo lo contrario de lo que se fue. En el sentido de que lo que nos viene es el remedio de lo que hubo, la cura de la depresión es la manía y la cura de la mania es la depresión. ¿Por qué sucede algo asi?. Más abajo podremos comprender el problema de las neumonías de mi paciente: la vuelta de lo mismo, pero ahora me limitaré a señalar que la cadena causal, los enlaces entre causas y efectos pueden ser lineales o no-lineales, en el sentido de que una A puede llegar a ser B sin perder nada en el trayecto (causalidad lineal) o bien A puede llegar a ser B solo a través de un fragmento de A (no-lineal), pues en todo fragmento de A se encuentra contenida por iteración la totalidad de A.

Pero antes deberemos repasar algo sobre el estrés, el legado de Hans Selye.

El estrés es una sobredemanda o una amenaza percibida que desencadena una serie de reacciones fisiológicas que conocemos como síndrome general de adaptación. Debemos a Selye el conocimiento lineal de tres etapas en la reacción de alarma con sus correspondientes correlatos neuro-hormonales. De todos ellos el estrés (visto de forma lineal y secuencial seria una sucesión de estas tres etapas:

  1. alarma de reacción: cuando el cuerpo detecta el estímulo externo y reacciona a través de la lucha o la huida.
  2. adaptación: cuando el cuerpo toma contramedidas defensivas hacia la agresión.
  3. agotamiento: cuando comienzan a agotarse las defensas del cuerpo y que se caracteriza por la indefensión.

Sin embargo esta reacción de alarma no sucede siemprey sólo de forma lineal sino que combina ciertas propiedades lineales con otras no-lineales, asi M. Martinez dice en su artículo (citado a pie de página) que:

Cuando un evento se interpreta como alarma, se gatilla con linealidad una cascada de
hormonas (CRF, ACTH, cortisol etc.) a través de los conductos neuro-hormonales que se manifiestan con localidad en los diferentes portales físicos (tensión muscular, cambios respiratorios, digestivos ,etc.), y simultáneamente sin linealidad, esa interpretación también se impresa instantáneamente sin localidad como un potencial de alarma en la totalidad del campo bioinformaciónal (ej. en todas las células). El potencial de alarma que se archiva en la totalidad del campo bioinformaciónal (sin linealidad y sin localidad) se gatilla hacia la expresión cuando otros contextos de alarma coemergen en un proceso que intenta máxima relevancia de contexto (con linealidad y con localidad).

Todo campo biocognitivo además busca sobre todo la concordancia es decir la “máxima relevancia conceptual”, significa que cualquier suceso tiende a ser procesado para encajar con la totalidad histórica individual, cultural y sobre todo en consonancia mentecorporal para un individuo dado. La totalidad biocognitiva se dirige hacia una búsqueda de sentido individual de cualquier suceso. Para ello el modulo pionero amplifica, delimita y permeabiliza sus bordes constantemente -como una membrana celular- de manera que se prioriza sobre todo la relevancia contextual que siempre está por encima del principio de la realidad.

Lo que sugiere que:

Ha de existir una continua flexibilización de los bordes (horizontes) Los bordes pues, están sometidos a un bombardeo sísmico casi continuamente porque debemos encajar cualquier suceso -sobre todo los nuevos- con la totalidad del sistema. Esta caotización de los bordes (horizontes) es característica de todo proceso de aprendizaje, de crecimiento y de crisis, mientras que la estabilidad (orden) es el resultado de rechazar, ignorar o negar lo nuevo con un intento de llevar linealidad máxima al sistema.

Los estados crónicos de alarma mantienen una reacción de stress sin
resolución a través de los conductos psiconeuroendocrino y simultáneamente también mantienen una impresión de alarma sin resolución en la totalidad del campo bioinformaciónal. Cuando estos patrones de alarma crónica se impresan (archivan) en el campo de bioinformación, lo predisponen a superponer configuraciones de estres en las nuevas experiencias perpetuando inadvertidamente una relevancia de contexto patológica.

Para entender mejor porque se cronifican las enfermedades es necesario que veamos ahora otro concepto importante: el de las estructuras disipativas de Prigogyne.

La cronificación de una enfermedad sucede por el mismo tipo de lógica que aprendemos, crecemos o modificamos nuestro punto de vista sobre las cosas, sucede porque al aprender cambiamos, es decir se forman nuevas estructuras que se montan y emergen de las anteriores. Una de las características de estas estructuras -llamadas por Prigogine- disipativas es que son definitivas: una vez alcanzadas ya no hay marcha atrás salvo al mismo punto en que emergió tal estructura.

Las estructuras disipativas son un nuevo estado de la materia (ni gas, ni solido, ni liquido) y son dependientes de sus condiciones iniciales de las que se formaron, pero una estructura disipativa una vez formada ya no puede operar hacia atrás, solo puede volver a esa condición inicial. Por ejemplo si un enfermo esquizofrénico tiene una neumonia puede curarse la neumonia si recibe antibióticos y recuperar su estado inicial y su estado inicial es seguir siendo esquizofrénico. Es imposible pretender volver al momento en que aun no era esquizofrénico porque esa posibilidad se perdió con las sucesivas estructuras disipativas que ha ido creando hasta llegar a ese estado.

Dicho de otro modo: la repetición de las neumonías en el caso de mi paciente anterior nos está hablando de que existe una estructura disipativa patológica que periódicamente se transforma en una enfermedad aguda y que aparece sin estrés actual.

Las estructuras disipativas se forman a través de un salto de la linealidad a la no-linealidad. En un momento determinado mi paciente sufrió una bifurcación y creo una estructura disipativa patológica (su tendencia a hacer neumonias como resultado de un estrés que se hizo crónico y se manifestó linealmente en su sistema inmunológico)

Las estructuras disipativas aparecen en un momento critico que se conoce con el nombre de bifurcación. La bifurcación que equivale psicológicamente a un momento de crisis existencial, es un momento delicado porque existen dos alternativas predecibles: o bien se retorna al punto inicial con un itinerario predecible hasta la proxima crisis o bifurcación o bien se crea otra estructura disipativa que contenga la anterior pero por decirlo asi la trascienda, vaya mas allá de ella, siendo además impredecible su resultado. Una vez creada esta nueva estructura disipativa ya es intocable y coexistirá eimpregnará a  todos los sucesos lineales y con localidad (trazos) que vayan archivándose en el campo cognitivo, hasta la próxima bifurcación que inexorablemente sucederá si el sujeto sigue aprendiendo, es decir si su código pionero sigue expandiendo sus bordes.

De manera que como podrá observarse el proceso del conocer, el proceso de crecer o madurar y el de enfermar tienen el mismo origen termodinámico, la tendencia de las estructuras disipativas en bifurcarse e ir creando nuevas estructuras distintas que emergen (aunque no son causa) de la anterior.

La causa que despliega una estructura disipativa a través de una bifurcacion no es necesariamente un trauma (aunque los traumas crean constelaciones patológicas) La causa por la que se llega a esta bifurcación es un evento cualquiera, un suceso anodino y azaroso que pone en marcha el famoso “efecto mariposa” que gobierna la fractalidad. Ese pequeño suceso banal casi siempre termina por provocar una catástrofe que el sujeto tiende a manejar volviendo al punto de equilibrio, es decir negándose a crecer o aprender si estamos en el campo de la psicologia.

Una vez llegado a ese punto el sistema se estabiliza otra vez y el sujeto vuelve a ser insensible a cualquier argumento “que le obligue a ir mas allá de si mismo”, algo fundamental si estamos haciendo psicoterapia con un enfermo, la tendencia al “impasse” a ese punto -condición inicial- que representa la estabilidad pero también con la caracteristica de ser un bucle repetitivo: el lugar desde el que de nuevo habrá que comenzar, a este proceso se le llama resistencia en psicoterapia y es un fenómeno tan común que cualquier persona sabe a que me refiero, el ser humano , es en esencia “un animal que se resiste”.

Y es por eso que las nuevas técnicas de terapias psicológicas ya no ponen el acento en el insight o en la comprensión sino en el empoderamiento pero de eso hablaré en mi proximo post.

Bibliografia.-

La teoria biocognitiva de Mario Marinez en pdf

Hans Selye: The Stress of life. New York: McGraw-Hill, 1956

Manuel Almendro: “Psicología y caos”

Una tarea entre varios

Fruto de la colaboración entre varios amigos on line surgió esta idea del GMS (Global Mind Squeezing) que dio sus frutos con un trabajo colaborativo transdisciplinar que titulamos “Cerebro y códigos” que he resumido en este pdf que abajo cuelgo y que es el resultado de múltiples y saltigrados post que fueron publicándose en este blog durante 2011 y 2012.

Los autores que han participado en esta fórmula “entre varios” son: Agustin Morales, Antonio Grandío, Patricia Cantú, Ana di Zacco, Antonio Rodriguez Sellés, Belen Nieto, Gonzalo Haro, Rosana Peris, Cristina Bernard y yo mismo.

A todos ellos les doy las gracias por su dedicación y entusiasmo por lo nuevo.

Para ser la primera vez que se intenta ir más allá de la multidisciplinariedad el resultado es bastante provechoso, pero debemos seguir investigando las posibilidades de un enfoque entre varios.

GMS (Cerebro y códigos)

Lolita y la moral desconcertada

La razón es y solo debe ser la esclava de las pasiones

David Hume

Jonathan Haidt es un psicólogo que se dedica a cuestiones de eso que ahora se llama neurofilosofía, que es otra forma de hablar de decisiones morales desde un prisma psicológico. Aqui en Tercera cultura hay un articulo muy reciente de este autor donde se habla de su último libro “La hipótesis de la felicidad”, que por sí mismo mereceria un post aparte.

En este post voy a referirme a sus ideas sobre moral relativas al tema del incesto y propondré un experimento mental que es el siguiente:

Dos hermanos muy unidos entre sí y adultos deciden en un viaje al extranjero tener una relación sexual. Se protegen para evitar un embarazo doblemente, con píldoras y con condones. Deciden igualmente no volver a hablar de este tema y no volver a repetir la experiencia jamás a fin de no sucumbir a “enamoramientos” más o menos letales que pudieran oscurecer aquella experiencia, para ellos imborrable.

La pregunta que hace Haidt a sus alumnos es ésta. ¿Qué opina usted de esta decisión? ¿La condena o la tolera? Y ¿por qué?

Naturalmente casi todo el mundo condena esta historia, pero lo que Haidt pretende averiguar es en nombre de qué lo hacemos.

Como el lector ya habrá podido entender el experimento (mental) se hace en unas condiciones casi quirúrgicas, evitándose los embarazos (que pudieran dar pábulo a las explicaciones sobre malformaciones) y evita tambien la repetición de la conducta que pudiera llevar a la pareja a un callejón social sin salida. Lo que Haidt quiere saber es qué hacemos para justificar ciertas decisiones. Más concretamente Haidt quiere saber ¿por qué aceptamos la prohibición, el tabú del incesto de una forma casi universal y sin rechistar?

Lo cierto es que sea como sea no existe ninguna otra prohibición que haya tenido tanto éxito como la del incesto, aunque es cierto que existen excepciones, la mayor parte de las personas comunes aceptamos sin pestañear y casi sin pensar esta prohibición, casi tanto como la del parricidio. Pero Haidt lo que quiere es precisamente hacerles pensar. Saber por qué respetamos esa prohibición de forma casi universal, es decir en todas las culturas humanas. En un post anterior ya abordé las insuficientes razones que se han dado desde la ciencia, la antropologia y el psicoanálisis sobre esta cuestión.

Lo que Haidt pretende demostrar es que existe un juicio moral desconcertado cuando se hacen ciertas preguntas como ésta, aparece una especie de disonancia cognitiva pues el individuo no puede dar razones racionales para justificar su rechazo. Es por eso que Haidt apela a la intuición: hay algo en nuestra intuición que nos hace rechazar este tipo de relaciones, primero las rechazamos y después las racionalizamos o apelamos a la repugnancia, etc.

Para Haidt la mayor parte de nuestras decisiones morales se encuentra en nuestras intuiciones automáticas, no en la razón. Después podemos razonarlo, desde luego, pero sólo para preparar la interacción social y no la búsqueda de la verdad. Asi el tabú del incesto es una prohibición automatizada, pero no se encuentra homogéneamente distribuida segun los actores que intervienene en la interacción. De hecho el incesto es más frecuente de padre a hija que de madre a hijo. Y mucho más si el padre es adoptivo.

El lector interesado en averiguar los costes segun los actores intervinientes en el incesto les recomiendo que lean este post.

Padre adoptivo es precisamente Humbert Humbert el profesor de la novela de Vladimir Nabokov, la fascinante Lolita, probablemente la novela mas profunda y bella de todas las que han abordado este espinoso tema del incesto, en este caso entre padre e hija-stra.

¿Cuales son las razones de esta fascinación del viejo profesor por la núbil Lolita?¿Por qué algunas personas son especialmente sensibles a los encantos de muchachos o muchachas prepúberes? ¿Qué hay en las ninfas -muchachas a medio hacer- de atractivo?

Se trata de preguntas imposibles de responder desde la ciencia. Para entender algo de las cárceles del alma no tenemos más remedio que recurrir al arte, en este caso a la literatura, al relato subjetivo de Nabokov. Es obvio que el drama de Humbert es quizá el mismo drama de Nabokov, nada en él hace sospechar que se trate de un psicópata, pero Humbert sabe que es un pederasta, bien distinto al que le roba su “preciosa posesión”, pero un pederasta como él al fin y al cabo. Racionalmente Humbert sabe que lo que hace con Lo es algo execrable, sabe que se llama incesto y que se trata tanto de un delito como de una lacra moral, sabe que no hay lugar para ellos en el mundo y por eso se pasan la novela errantes de aqui para allá, de motel en motel sin encontrar un lugar que les ubique como pareja.

Pues carecen de futuro.

Lo sabe y sin embargo no puede hacer otra cosa sino obedecer a su pasión infantil, viviendo en una continua disonancia cognitiva, una moral desconcertada que no puede sino obedecer al Amor.

¿Pues no es amor lo que siente Humbert por Lolita?

Observe la cara de Jeremy Irons y digame ¿qué ve?

Lo que podemos aprender de la lectura de esta novela y de las reflexiones de Haidt es que el tabú del incesto es un hecho a medio camino entre lo biológico y lo social, pero discrepo con él cuando dice que es un constructo social, la fuerza del tabú no podria proceder tan sólo de esta fuente y necesitamos meter alguna otra cosa en la ecuación. Nada hay de monstruoso en esta conducta que casi siempre está vinculada al amor, un amor inmaduro psicosexualmente hablando pero amor al fin y al cabo. No podemos especular que este automatismo se encuentre en nuestros genes, pero tampoco podemos rechazar de plano las hipótesis evolucionistas que han explicado que esta conducta ha sido seleccionada negativamente por la evolución (dando castigo evolutivo). Lo más probable es que la aceptación de este tabú ancestral sea la consecuencia de la presión social sobre las conductas sexuales individuales y que dicha presión se encuentre facilitada por mecanismos biológicos relacionados con el apego, el reconocimiento de parientes destinado a proteger ciertos alelos letales y a promover la diversidad. Es necesario apelar a un constructo intermedio, donde el automatismo encuentre oportunidades para desplegarse en los cerebros individuales sin necesidad de pasar por el raciocinio. A este constructo le llamamos exocerebro.

Postdata.-

La primera versión de Lolita fue realizada por Stanley Kubrick en 1962, se trata de una versión mucho más contenida y ambigua que la realizada por Adrian Lyne en 1997 y a la que pertenece esta secuencia de youtube.

El trastorno límite de la personalidad y la postmodernidad

La mayor parte de las personas creen que eso que llamamos Yo, es en realidad una especie de órgano u homúnculo que agazapado en el cerebro, guia, decide y sintetiza todas las señales que viniendo de afuera o de adentro acaban transformándose en pensamientos, conductas, cogniciones o emociones.

Pero en realidad el Yo es un constructo teórico, una abstracción como las ideas, modernas, de la libertad, la igualdad o la fraternidad. El Yo de ser algo es algo en interaccion con el medio ambiente y es sinónimo de la palabra “identidad” Aqui hay un post donde me preguntaba qué es la identidad y aqui hay otro.. El Yo es una instancia histórica, interpersonal, social o cultural más que una instancia biológica.

Asi que no es de extrañar que el Yo sea una entidad dependiente de variables culturales y no es de extrañar tampoco que eso que llamamos Yo sea un constructo de la modernidad, más concretamente que el Yo se construyera en el siglo XVIII. Más concretamente el Yo es un invento romántico.

Pues antes del “sturm und drang” no existía -más que en estado embrionario- ningún Yo. Lo que los individuos creian que eran estaba relacionado con su pertenencia, con su filiación, con su oficio, con su clase social, su procedencia o su periplo vital. No hay más que rastrear los apellidos -nuestros apellidos- para saber de dónde procede ese Yo que se transmite a través de ciertas voces.

Los apellidos son un buen método para averiguar el nicho de actividad de dónde procedemos, asi los apellidos de una persona pueden hacen referencia a:

1.- Topónimos (Valencia, Madrid, Avilés, Torreblanca, etc)

2.- Cualidades del individuo o de alguna cosa (Valiente, Cortés, Raro, Rojo,etc)

3.- Oficios (Zapatero, Carpintero, Molino, Sastre, etc)

4.- Nombre del padre o “hijo de”: Gonzal-ez, Martin-ez, Garcia, Per-ez, etc)

5.- Actividades de un antecesor: “El que estuvo en” o “hizo o tuvo tal cosa” (Polo, Guerra, Portugal, Cruzado, Torres, etc)

De manera que antes de que emergiera un yo individual e interno, no eramos sino una hazaña de algún otro, una caracteristica colectiva, un oficio o una actividad y cuando todo fallaba, el nombre de algun lugar. Y si fallaba el lugar de nuestro nacimiento todavia habia una alternativa: el Calvario, la Iglesia o Expósito, apellidos que se daban a niños abandonados en orfanatos.

El Yo, tal y como lo consideramos hoy es -como he dicho más arriba- algo muy reciente que precisó de grandes cambios sociales que acabaron por internalizarse en las mentes individuales convirtiéndose en algo material y dando paso a la psicología como disciplina de estudio del engendro. No voy a referirme a los cambios que tuvieron lugar en la Europa pre e industrial y que coinciden con multiples cambios sociales sino para señalar que en un determinado momento los individuos internalizaron que el Yo -anteriormente vinculado a lo colectivo o lo común- era algo que iba más allá de su clase social, su oficio o lugar de nacimiento y que representaba su intimidad, su mismidad. En un momento determinado nombre y apellidos se transforman en una instancia interna: una instancia que reclama subjetividad, que impone subjetividad, que discrepa, tiene opiniones y sobre todo, una subjetividad que quiere expresarse en el mundo.

Caracterizan a la modernidad, la racionalidad, la esperanza en la ciencia, el abandono de la religión, la educación como método de alcanzar los ideales sociales de igualdad, el culto a la libertad y la emergencia de la responsabilidad como recambio de la antigua y difusa culpabilidad religiosa. La modernidad alumbró (cuando pudo) una sociedad laica, racional, igualitaria y republicana, tambien una nueva poesia, una nueva literaura, musica, y artes plásticas que renegaron de los moldes antiguos y que propugnaban no un nuevo patrón sino en ocasiones la desaparición de los moldes mismos.

No es de extrañar que la psiquiatria emergiera precisamente en este terreno politico y social señalado como “modernidad”, un territorio afin a las descripciones que buscaban encontrar respuestas “naturales” a la idea de la antigua alienación mental teñida de la idea de castigo o de predestinación de origen religioso. Asi, hoy somos psiquiatras y ya no alienistas, médicos y no sacerdotes, cuidadores y no monjes.

Pero después de la segunda guerra mundial el mundo viró hacia una sociedad bien distinta a la que habia dado origen la modernidad del siglo XIX. Una sociedad que podriamos llamar de la opulencia y de los excedentes y que marcó una linea roja en la evolución de la subjetividad y de los Yoes individuales. A esta sociedad presidida por el individualismo feroz, el consumismo como nueva religión, la relativización de lo biológico y de las diferencias, la caducidad de los ideales de la modernidad y la decepción por la ciencia se le llamó postmodernidad (Lyotard). En ella estamos.

En cierto modo la postmodernidad no es sino el paroxismo, el éxito de la modernidad. Si la modernidad con la aparición de nuevas subjetividades (pienso ahora en el efecto Bovary, una de las heroínas de Flaubert que encarna el nacimiento de nuevas frustraciones para el imaginario femenino) puso a muchas mujeres en el diván de los psicoanalistas, siendo la histeria el lugar común de reivindicaciones sobre el cuerpo y el lugar de la mujer en el mundo, la postmodernidad ha propiciado la emergencia de nuevas enfermedades -histerias modernas y multifrénicas- mucho más desorganizadas que las anteriores y que se caracterizan por lo que Erickson ha llamado la “difusión de la identidad”.

No es de extrañar que estos malestares que hoy tendemos a rotular como trastornos de la personalidad (el TLP) hayan nacido con la evolución de la modernidad hasta esta secuela social que llamamos postmodernidad.

Los trastornos de hoy no son ya parálisis, o déficits sensoriales, amarguras más o menos reprimidas de mujeres obligadas a cuidar de sus padres enfermos o confinadas, contra su voluntad, a ejercer de eternas cuidadoras de hijos, padres o maridos. Los trastornos de hoy están relacionados con la relativización de todo aspecto moral, la delegación de la educación en manos ajenas, la superabundancia de estímulos, la carencia de ideales, la desinvolucración de los padres en la crianza, la ausencia y rechazo de cualquier clase de autoridad salvo el emotivismo individual, la idolatría del cuerpo o de lo que se posee en contraste con lo que se sabe o se es. La pérdida de valor de los valores tradicionales, la ausencia de referentes históricos, míticos o familiares que den sentido a la vida individual y la suplantación por goces rápidos, consumibles que apenas han aparecido ya anuncian su hastío.

Todos estos valores en los que creemos hoy configuran una sociedad donde los individuos crecen desorientados, fiándolo todo al propio deseo o a la perfomance del “aparentar ser”. Los individuos han pasado de ser seres continuos con una emergencia de pensamientos y emociones con una enorme gama de grises a conformar respuestas explosivas a sus sobredemandas, las emociones se han transformado en un “si” o un “no”, han pasado a configurar entidades discontinuas o discretas. O todo o nada, y ahora y aqui, podría ser el eslogan de la posmodernidad, el lugar donde no se contemplan los matices y que por lo tanto no contempla la posibilidad de contención del deseo, el aplazamiento, la supresión en espera de tiempos mejores, la sublimación o la simple espera. El paciente con TLP se intoxica con sus propias emociones pues carece de inhibiciones frente a su omnipotente deseo que aparece como una necesidad irreductible que le impulsa hacia el placer que siente como un derecho y a quien se lo niega como un enemigo.

Nosotros, la generación moderna somos los padres de esa generación X que aparece fragmentada, sin proyectos, sin capacidad de autotranquilizarse, de autoestimularse o de autoproyectarse en el futuro. Hemos criado en el mejor de los mundos posibles  -en el que creímos- a la generación mas infantiloide, exigente y manipuladora de la que tenemos noticia.

Eso es un border-line, ese es el resultado no esperado del progreso económico, social, cientifico y politico en el que creímos los que por aquel año de 1968 alcanzamos la mayoria de edad.

Kenneth Gergen fue un psicólogo social americano que en 1991 escribió el libro que preside este post aportando una visión constructivista de la realidad psicológica y apoyando las ideas que he vertido en este post. Para Gergen la clave psicogenética de todo este galimatías se encuentra en lo que llamó “el yo saturado”, dicho de otra manera, la causa del TLP y de todos los trastornos postmodernos no está en un trauma (como sucedía en la histeria clasica, aunque puede coexistir con él) o en la insatisfacción debida a los déficits o a la sumisión a la autoridad falocentrica sino a la desaparición del falocentrismo como eje vertebrador del goce. En su libro y en toda su obra pueden explorarse los argumentos que relacionan ciertos modelos sociales (como el nuestro actual) con la emergencia de ciertas enfermedades mentales.

Esta hipótesis, sin embargo no niega la evidencia de que el TLP (como todos los trastornos mentales) tenga una causalidad doble: por una parte una vulnerabilidad biológica que estaría presidida por una “debilidad” a la hora de integrar las emociones opuestas y de hacer emerger en cada síntesis un nivel de complejidad nuevo. Es así como maduramos las personas corrientes: integrando aquello que parece antagónico y abandonando los restos de cada naufragio en el inconsciente. Por otra parte no cabe ninguna duda de que el individualismo, el yoísmo (el narcisismo contemporáneo) y los valores mercantiles en los que se basa nuestro mundo actual operan como causas sociogenéticas de enorme importancia en la génesis del dolor y las dificultades individuales. Los modelos educativos, los estilos de crianza, el mundo del trabajo, la participación politica, el arte y la trascendencia individual (el sentido de misión en la vida) pueden jugar un enorme papel en la prevención y curación de estos trastornos de personalidad border-line (TLP), aunque no es el unico desorden o malestar psiquico dependiente del modelo social.

En el próximo post pretendo abordar precisamente los trastornos comórbidos del TLP y cómo hacer para tratarlos. Principalmente las adicciones, la bulimia y la anorexia mental, la depresión con especial atención al suicidio.

El trastorno limite de la personalidad y la DBT

Cuando yo era médico interno de mi Hospital actual y me pasaba la vida de guardia, tuve ocasión de ingresar a una mujer jóven (aunque un poco mayor que yo) que presentaba un cuadro emocional intenso a raiz de una discusión sentimental. El cuadro era tan aparatoso y el riesgo de suicidio tan alto que no tuve más remedio que ingresarla para evitar males mayores.

Al dia siguiente mi superior clinico en el servicio, la exploró en mi presencia y no encontró ninguno de los síntomas que justificaban un ingreso manicomial. No habia delirios, ni alucinaciones, ni un cuadro melancólico severo que aconsejara el ingreso y ulterior tratamiento. Recuerdo estas palabras:

- Es una histeria moderna.

Lo cierto es que aquel caso fue -con toda probabilidad- el primer caso de trastorno limite de personalidad (aunque entonces desconocíamos este diagnóstico) con el que tuve que enfrentarme en la clinica diaria (en adelante TLP). Era un cuadro ciertamente curioso, no era una esquizofrenia, ni una depresión, ni una psicopatia, ni un estado secundario a drogas , ni mucho menos un cuadro orgánico. Parecia un trastorno emocional, una pan-neurosis, donde todas y cada una de las emociones aparecian disfuncionales, una especie de reacción exagerada a ciertas emociones. Se trataba de una persona que se metía en lios, que era promiscua, inestable, incapaz de mantener un trabajo o responsabilidad, que tenia accesos de rabia y acusaba a todo el mundo de tener la culpa de sus problemas y que no conseguía establecer un plan de vida al cual acogerse.

Lo curioso de esta enfermedad es que la conocemos desde hace poco tiempo y ha logrado venir para quedarse entre nosotros, es por asi decirlo una enfermedad moderna que fue descrita en 1938 por Stern, aunque hubo una psicoanalista llamada Helene Deuscht que la describió con otro nombre: “personalidad como sí”, más abajo volveré sobre esta etiqueta que habla por sí misma de su contenido. Hoy es probablemente el trastorno psiquiátrico grave más prevalente entre la población general y mayormente responsable de intentos y suicidios consumados. De ahi su interés para los investigadores y los clínicos. La frecuencia de suicidios (consumados o no) entre personas diagnosticadas de TLP es superior a la que presentan la depresión y el trastorno bipolar juntos.

El rubro de Deuscht “personalidad como sí”, dice mucho de su ubicación nosográfica. Es una depresión sin serlo, una neurosis que no es similar a las neurosis transferenciales clásicas, una psicosis que no es una psicosis, una psicopatía que no es una psicopatía. El TLP pone patas arriba uno de los paradigmas clásicos de la psiquiatría, ni es una neurosis ni es una psicosis, ni es un cuadro endógeno ni reactivo, ni orgánico ni psicógeno.

Todo parece señalar hacia la idea de que es una forma de transición -una forma de continuidad- entre la histeria clásica y la psicosis, tal y como comenté en este post sobre dialécticas blandas. Y que a juzgar por su prevalencia es un cuadro clínico facilitado por la forma de vivir actual, por los modelos de crianza y educativos. En definitiva es un cuadro clinico que huele a sociogenético y que sin duda alguna está relacionado con la postmodernidad.

Marsha Lineham es una psicóloga americana que antes de cocinero fue fraile. A los 17 años fue ingresada en una institución psiquiátrica aquejada de un cuadro que hoy diriamos que era sin duda un TLP. El caso es que ella misma fue capaz de inventarse -después de hacer estudios pertinentes en psicología- una técnica útil para rescatar a los pacientes que, como ella, vivian en el filo de la navaja del suicidio y de las autolesiones. Esta técnica que llamó “terapia dialectico-comportamental (DBT)” y que es hoy una patente suya, es una mezcla de elementos procedentes de otras terapias y filosofías de vida como el zen. El conocido término de “mindfullness” fue utilizado por ella para aplicarlo a la comprensión de ciertas emociones a las que los pacientes de TLP son analfabetos, dicho de otra manera el paciente TLP no sabe leer sus propias emociones y las manifiesta todas “como si”, cuando son y cuando no son ni pertinentes ni adaptativas. El paciente de TLP vive en una especie de caos vital, intoxicado por las consecuencias que en su entorno interpersonal generan sus explosiones emocionales.

El caso es que la propia Linehan nos da una importante clave de qué es lo que falta o sobra en estas personas afectas de un TLP. En su experiencia y mientras estuvo ingresada en el Hospital pensó en rezar y pedirle a Dios alguna clave para salir de aquel pozo sin fondo en que se encontraba su vida. Halló precisamente en estas “conversaciones” con Dios la clave para reconducir su vida: encontró su misión.

Su misión no era otra sino rescatar a todos los pacientes con TLP que pudiera de los estragos de su conducta y sus emociones. Encontró en esta misión la clave de lo que más tarde ella supone el Santo grial del TLP: la autovalidación.

Para entender mejor qué es esto de la validación, suponga la siguiente secuencia. Imaginese que de pequeño/a al volver de su colegio usted fuera a su madre a contarle los pormenores del dia y suponga que cada vez que usted se disgustara con algún compañero o tuviera alguna dificultad en el colegio su madre le diera un Valium.

Dirá usted que el ejemplo es radical y es cierto, pero sirve para entender cómo los niños aprenden rápidamente cuando sus emociones no son validadas como genuinas.

En realidad poco importa si le dan un Valium o cualquiera otra maniobra de distracción, de minusvaloración o de invalidación. El efecto a corto plazo es que ese niño o niña no podrá establecer una lectura adaptada de su emoción sea la que fuere.

Sigamos con el ejemplo: ahora imagine que usted al llegar a su casa en lugar de contarle a su madre lo que le sucedió en el colegio, comienza -en un ataque de rabia- a romper todos los muebles. Es seguro que su madre ante la intensidad de su ataque al mobiliario tendrá alguna reacción: Una reacción que validará su rabia. Usted ha aprendido que para que le hagan caso lo mejor es usar estrategias rompedoras e intensas. La rabia es mucho mejor atendida que el desvalimiento y como usted quiere que le presten atención (o salirse con la suya) la proxima vez repetirá la experiencia.

Asi, poco a poco las emociones pierden su poder adaptativo y se convierten en ataques disregulados e independientes de su origen para transformarse en demandas rigidas o intempestivas dirigidas a obtener consuelo, poder o control sobre cualquier cosa.

Todas las emociones aparecerán a la larga como monoliticas, estereotipadas, exageradas dejando detras de su explosión un vacio existencial, rellenado con la culpa y con la autodevaluación que a su vez derivarán en un circulo diabólico destinado a sobrevivir en la marea de esas emociones.

Dicho de otro modo, hoy tendemos a pensar que el TLP es una disregulación del humor, sobre todo de tres emociones principales: la soledad, el vacío y la rabia.

Imaginese usted a si mismo/a como una persona incapaz de modular esas tres emociones. ¿Qué cree que le sucederia?

Un video sobre el TLP.-

Bibliografia.-

Linehan, M. M. (1995). Comprendiendo el Trastorno límite de la personalidad: Manual sobre el enfoque dialéctico. New York: Guilford Press

La traumática historia del trauma (y II)

No hay nada éticamente tan abyecto que practicar una ética que solo busca tener la razón, una ética que en lugar de preocuparse por el futuro y la responsabilidad frente a él , se pierda en cuestiones insolubles y estériles, sobre “cuales han sido las culpas en el pasado” y que incurriendo en esa indignidad culpable pasa además por la inevitable falsificación de todo el problema. Una falsificación rapaz que perpretadores y víctimas (la negrita es mia) utilizan al pretender conseguir ventajas en la confesión de la culpabilidad ajena.

Max Weber (citado por Javier Cercás en “Anatomía de un instante”)

Hace algunos años anduve interesado en elaborar un cuestionario que pudiera explorar los estilos de crianza recibida en individuos adultos para que -retrospectivamente- calificaran en terminos cualitativos los eventos remotos de su vida. Me interesaban sobre todo aquellas cuestiones que hoy conocemos como eventos o acontecimientos traumáticos a fin de correlacionar aquellos con la patología actual.

Los pacientes tenian que autoadministrarse el cuestionario (que constaba de unas 100 preguntas) y hacerlo en términos de verdadero o falso. El cuestionario que se publicó aqui y que por razones presupuestarias no puedo finalizarse se llevó a cabo con una muestra de pacientes adultos psiquiátricos ambulatorios y se comparó con una muestra de trabajadores sanitarios.

Una de las preguntas del citado cuestionario era ésta:

“Sufrí abusos sexuales durante mi infancia”

Mi sorpresa fue que el 11% de la población-muestra contestara afirmativamente a esta cuestión, mientras que la población psiquiátrica apenas rozaba el 8%. Encontré pues todo lo contrario de lo que esperaba.

Obviamente el citado cuestionario contenia errores de bulto y no llegó nunca a ser factorizado pero ese 11% de abusados encontrados en la muestra señalaba hacia alguna verdad relacionada con estas apreciaciones:

1.- O bien los abusos sexuales son más frecuentes de lo que creemos.

2.-O bien existe una trampa semántica en la palabra “abusos sexuales” que puede dar lugar a varias interpretaciones por parte del “abusado”.

3.- O bien el método no era el adecuado pues los cuestionarios retrospectivos tienen además otra dificultad: la falsificación del recuerdo.

Personalmente estoy convencido de que las palabras acojen una gran cantidad de significados que cada cual adjudica de forma subjetiva y no sólo subjetiva sino de acuerdo con la semántica actual de cada palabra, de modo que caeríamos en un error si consideráramos y diéramos por buena la construcción de esa pregunta. El lenguaje contiene desencuentros segun cada interpretación.

A lo largo de mi vida profesional he escuchado muchas narraciones sobre este particular, unas verosímiles, otras inverosímiles, otras fantásticas o dramáticas. La cuestión que se plantea es que el narrador se encuentra en el presente mientras que el hecho narrado se situa en el pasado y como sabemos la memoria puede hacernos jugarretas en cuanto a la exactitud de lo narrado. El pasado cuando se presentifica se reescribe y deja de ser pasado. Esta es la razón por la que los recuerdos son poco de fiar y aun más: se pueden insertar recuerdos falsos en la memoria bien por sugestión o bien por persuasión tal y como comenté en este post sobre abducidos.

Sin embargo desde el punto de vista psicológico aquellas cifras hay que darlas por buenas. Dado que el cuestionario fue anónimo me fue imposible reexplorar tanto a pacientes como a la muestra que contestaron afirmativamente a aquella pregunta. No hay más remedio que hacerlo de forma indirecta, a través de los testimonios de otros pacientes.

¿Qué es un abuso sexual?

Para contestar a esta pregunta no tenemos más remedio que apelar a los criterios siguientes:

1.- Es abuso toda aquella conducta sexual que procede de un adulto y va dirigida a un menor .

2.- Es abuso sexual toda aquella conducta sexual que se comete por la fuerza.

Voy a centrarme en el primero de estos supuestos.

Nadie podrá reprocharle a esta definición su operatividad, pero el lector sagaz ya habrá detectado en ella ciertas generalizaciones y ciertos apriorismos, de tal modo que aquella definición es más útil para un juez que para un psicólogo o psiquiatra. Efectivamente desde el punto de vista jurídico, un abuso es una conducta reprochable de un adulto que se aprovecha de la indefensión o de la confianza de un niño para satisfacerse sexualmente.

Otra cuestión es definir qué es un adulto y qué es un niño y cuando un niño puede o no decidir si mantiene o no relaciones sexuales con un adulto. Otra vez aparecerá aqui la cuestión jurídica de la edad. Según esta apreciación sería abuso cualquier satisfacción sexual con un menor de edad. ¿Pero qué sucede si esta satisfacción (el perpetrador) es a su vez un menor de edad?

Al jurista no le importa si además hubo complicidad, complacencia o voluntariedad del menor a la hora de acceder al intercambio sexual, lo que le interesa definir es si el menor está cualificado jurídicamente o no para dar su visto bueno, lo que le interesa desde este punto de vista es la edad que tenía cuando se produjo el hecho. La jurisprudencia apela pues al criterio estadístico.

Personalmente y orientando el asunto hacia lo psicológico me parece apropiado trazar una frontera entre dos grandes grupos de abusos: los que van acompañados de violencia y los que no. Los primeros antes se llamaban estupro y a los segundos seducción infantil. Dos terminos históricos que han sido barridos por las leyes: hoy se considera tan abuso a los “toqueteos” en el autobús como a la violación con penetración vaginal o anal.

La justicia y la psicologia empastan mal, pero lo peor de todo es que la psicología ha sido infectada por los criterior jurídicos relativos a la culpabilidad y al castigo. A un juez lo que le interesa saber es si hubo o no abuso, pero a un psicólogo lo que le interesa saber es cómo sucedió todo y qué secuelas dejó el mismo a fin de correlacionar los sintomas actuales con aquella experiencia, sabiendo de antemano que realidad y ficción mantienen segmentos de contacto y solapamiento. A un juez le interesa saber si hubo o no hubo abuso, pues lógicamente de aquel hecho se derivan acciones punitivas contra el perpetrador, pero al psicólogo lo que le interesa no es la veracidad o no del abuso (que damos por cierto siempre) sino el despliegue posterior de apegos, rasgos, carácter, creencias relacionadas o no con aquella experiencia.

Al psicólogo lo que le interesa es la narrativa que construye el paciente. A la justicia, tal y como decía Foucault, vigilar y castigar . Comprender, explicar y sanar atañen al psicólogo. A la justicia la veracidad real de los hechos, el psicólogo posterga la realidad de lo ocurrido y presta atención al desarrollo posterior, al relato subjetivo.

Pero hay otros agentes interesados en el asunto, agentes que proceden del campo de la politica.

Es obvio que al lobyye feminista le interesara desvelar y que adquiriera visibilidad esta cuestión central para sus demandas de igualdad, pero no deja de ser una causa politica, no higiénico-sanitaria. Allá por los finales del siglo XIX las mujeres salieron del armario con dos tipos de reivindicaciones: el sufragio universal y la denuncia de los abusos infantiles. Algo de lo que ya hablé en el post anterior y que de alguna forma vino a emborronar los incipientes hallazgos de Freud en esta cuestión. Y lo emborronó porque introdujo un criterio no neutral sobre el asunto del “trauma”. A partir de ese momento en que se sensibilizó a la opinión publica sobre lo intolerable de ciertas conductas domésticas el trauma ya no volvió  a ser lo que era, sino una suposición con tintes politicos y reivindicativos que las mujeres usaron para salirse con la suya con la legitimación de la Ley.

Pero este “salirse con la suya” tiene aspectos que seguramente escapaban a los que emprendieron la causa reivindicativa contra los abusos. Se les olvidó que una de las causas fundamentales de los síntomas en los traumatizados consiste en evadir la responsabilidad de sus propios actos. Dicho de otra manera es imposible favorecer la visibilidad de lo traumático sin que afloren tambien aquellos casos donde uno pueda deshacerse de la responsabilidad de sus propios actos a través de la victimización.

De la victimización o de una elaboración destinada a eludir las propias y actuales responsabilidades. Recuerdo ahora un caso de una paciente adolescente y bulimica que un dia se presentó en mi consulta y me dijo:

- Ya se de dónde viene mi problema. El otro dia vi un reportaje en la TV donde explicaban qué era el incesto. Eso es lo que a mi me pasó. Cometí incesto.

Lo que para mi paciente fue un incesto retrospectivo en realidad no era sino un juego sexual entre niños con un primo suyo (al que ahora detestaba) y que no tuvo en aquel momento mayores consecuencias más que esos inocentes juegos de médicos y pacientes que casi todos los niños juegan (o jugaban) y que están relacionados con el descubrimiento de las diferencias sexuales. No tengo que decir sino que esos juegos no son abusos, por más que haya uno en la pareja (usualmente el mayor) que lleve la batuta de las reglas del juego.

Sin embargo para mi paciente aquel descubrimiento representó un insight, un descubrimiento falso que le llevaba a asociar aquel episodio banal remoto con su bulimia actual. No es necesario recordar que las bulímicas son personas que vomitan porque quieren, o lo que es lo mismo: el vómito, aun compulsivo, es un hecho intencional (con el propósito de adelgazar) y aunque se han descrito este tipo de conductas de purga en sujetos disociados, aquel no era el caso. Sin embargo el argumento del “incesto” era un magnifico pretexto para aparecer ante su familia como un efecto a largo plazo de aquel supuesto episodio de abuso.

El abuso relegaba su responsabilidad por los vómitos que ahora sí, tenian una causa perceptible. Su plan era conseguir que su madre rompiera las relaciones con su hermana a fin de no volver a ver a su primo.

Este tipo de casos son muy frecuentes en la clinica y señalan hacia el hecho bien conocido de que la memoria trabaja para sí misma, al servicio de su propia configuración y no tiene nada que ver con la veracidad histórica de los hechos. Verdad y construcción mnéstica guardan muy malas relaciones, tanto como la Justicia y la Libertad.

Con todo el problema de fondo en esta cuestión de víctimas y perpretadores no es el uso malintencionado que algunas personas hacen de sus supuestas vejaciones sino algo mucho más complejo a lo que alude la cita de Max Weber que preside este post.

Y para ello voy a referime al mayor trauma colectivo e individual que ha sufrido la sociedad española: la guerra civil.

No cabe ninguna duda de que la guerra civil fue un trauma colectivo para los españoles. Como en todas las guerras hubo victimas inocentes y victimas culpables, revanchas, venganzas, exilios forzados, humillaciones, violaciones y atrocidades en los dos bandos, antes, durante y después de la guerra. Después de 40 años de dictadura y tras la muerte de Franco habian dos posibilidades a la hora de construir un regimen democrático y homologable con el resto de Europa: o bien se rompía con todo lo anterior (la hipótesis de la ruptura que defendian algunos) o bien se reformaba el régimen demoliéndolo desde dentro como el que el Rey encargó a Adolfo Suarez (la hipótesis de la reforma).

Decir que se iba a reformar el franquismo cuando en realidad se perseguía su demolición.

Es obvio que la ruptura representaba lo Justo. Ajustar cuentas con el antiguo régimen era lo que predicaba cierta izquierda (que quedó confinada al extraparlamentarismo en las primeras elecciones democráticas) y que es precisamente lo que cierta derecha no estaba dispuesta a admitir. Los vencidos y exiliados clamaban por una ruptura con todo lo anterior y les asistía la razón democrática, es decir la credibilidad incluyendo a la credibilidad internacional. Pero cierta derecha no estaba dispuesta a cederles terreno a aquellos que habian sido derrotados en el campo de batalla. ¿Cómo resolver este conflicto entre las dos Españas?

Lo resolvieron entre tres personas (cuatro si incluimos al Rey). Adolfo Suarez (un falangista), Santiago Carrillo (un comunista) y el general Gutierrez Mellado (un militar). Los tres con antecedentes personales mas bien sospechosos y con desmanes que hacerse perdonar.

En un post anterior ya esbocé cómo se sale de una dictadura. De una dictadura se sale a través de una guerra civil. No hay otro camino. ¿O si?

Suarez, Gutierrez Mellado y Santiago Carrillo nos enseñaron que es posible hacerlo sin una guerra civil. No es que hicieran borrón y cuenta nueva o que se olvidaran de sus principios democráticos (quienes los tenian) sino que prefirieron sacrificar la Justicia y apostaron por la libertad.

No hubo olvido del trauma sino recuerdo: el necesario para evitar otro enfrentamiento civil.

Para mí esta es una enseñanza fundamental de cómo enfrentarse al trauma. Una confrontación entre el poder real (franquista y ejército) contra la legitimidad democrática que en esos momentos ostentaba el Partido comunista, la única oposición que tuvo el franquismo en la clandestinidad hubiera terminado muy probablemente en otra guerra civil.

Que era precisamente lo que buscaban los grupos terroristas como ETA, el GRAPO, los grupos de ultraderecha y cierta mayoria del Ejercito. Todos los españoles temíamos una nueva confrontación y eso fue lo que aquellos lideres trataron de exorcizar a través de su sacrificio personal.

Un sacrificio que precisó de traiciones a los propios compañeros, de partido, de ideología o de armas. Suarez, Carrillo y Gutierrez Mellado traicionaron a los suyos en aras del bien general, sus días estaban pues contados. Y asi fue como terminaron sus andanzas politicas, en el oprobio, Suarez en el Alzheimer -metáfora del olvido- Gutierrez Mellado en un accidente de tráfico y Carrillo apartado de un PC que nunca volció a reflotarse en democracia hasta desaparecer del panorama politico.

Con los tres, este país tiene una deuda de gratitud.

Pues no se equivocaron en lo esencial. La manera de sanar un “trauma”, no está en la Justicia, ni en la venganza, ni en el ajuste de cuentas, ni en un juicio histórico para ver quien tiene razón. Sino en el perdón.

Ninguna Justicia, ninguna declaración, restitución, pena de privación de libertad, recompensa económica, ni reparación publica puede sustituir o reemplazar al perdón privado.

Pues el perdón depende de cada cual y la Justicia de la verdad jurídica que no se corresponde nunca con la verdad histórica de lo sucedido sino en su apariencia.

PD.-

Este es el ultimo post del año 2012. Gracias a todos los que haceis posible este proyecto con vuestras visitas y ánimos. Neurociencia-neurocultura os desea un feliz 2012, sin recortes (o los menos posibles). Y recordad que lo único que no nos pueden recortar es el deseo de ser libres, intelectualmente libres.

La traumática historia del trauma (I)

Dicen algunos autores que ya en la Ilíada puede rastrearse el trastorno que hoy llamamos TEPT (trastorno de estrés postraumático) y le atribuyen a Aquiles el ser el primer “traumatizado” de la historia, pero lo cierto es que carecemos de textos o documentos que señalen hacia la evidencia de que este trastorno haya existido desde siempre a pesar de que en la antigüedad -en Grecia o Roma- los jovenes combatian constantemente, eran heridos o participaban en masacres organizadas para intimidar a los enemigos.

Lo cierto es que no fue hasta mediados del siglo XIX que comenzamos a tener noticias del traumatismo psíquico como entidad nosologica. Fue Oppenheimer quien lo describió por primera vez a raiz de un accidente ferroviario en Inglaterra con multiples víctimas y con el nombre de “neurosis traumática”. Desde entonces el TEPT ha quedado unido a las indemnizaciones, a los desastres, accidentes y calamidades de la vida y esta es en mi opinión la mayor debilidad de esta categoría diagnóstica que aun hoy lleva aparejada una sospecha de victimismo, rentismo y simulación.

Pero es conveniente que distingamos entre TEPT y la noción mucho más familiar y doméstica de “trauma”. Para diagnosticar un TEPT es necesario que se cumpla un criterio mayor, el llamado criterio A. Consiste en que:

Criterio A para el diagnóstico del TEPT:

La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que se ha presentado lo siguiente:

  1. la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno o más acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás
  2. la persona ha respondido con temor, desesperanza u horror intensos. En los niños estas respuestas pueden expresarse mediante comportamientos desestructurados o agitados.

Dicho de otro modo, para hablar de TEPT es necesario que el individuo haya sido expuesto a un acontecimiento “fuera de lo común” donde haya visto peligrar su vida y además es necesario que el episodio haya sido vivido desde la impotencia o la indefensión. Hoy sabemos que es condición para desarrollar un TEPT que el individuo haya sentido un terror experimentado desde la congelación emocional (freezing). Aquellos que se enfrentan al acontecimiento traumático luchando (moviéndose) o intentando ayudar a otros tienen menos posibilidades de desarrollar un TEPT.

Sin embargo el criterio A del TEPT ha sido y es muy criticado por diversos autores y por otras agencias sociales, pues de hecho impide que pueda diagnosticarse esta enfermedad en diversas situaciones (de las que más abajo hablaré) y que pueden llegar a ser tan morbosas como el hallarse expuesto de repente a un acontecimiento de este calibre.

El asunto tiene interés por dos cuestiones fundamentales: una de ellas es la vigencia de las indemnizaciones, saber cuando hay que desagraviar económicamente a una victima y cuando no impone que los criterios de TEPT sean realmente objetivos, pero es necesario señalar que los traumas psíquicos no dejan huella a diferencia de las lesiones fisicas derivadas de accidentes. La segunda cuestión es la visibilidad y la aceptación social del sufrimiento: algunas personas buscan el desagravio a través de la posibilidad de poder contar su experiencia, en realidad que sea público lo que siempre fue secreto.

De manera que el trauma psíquico ha sido desde su origen (y por las razones que mas abajo explicaré) victima de sí mismo y de las sucesivas conceptualizaciones que cada época ha ido añadiéndole. No existe ninguna otra entidad psicológica, mas politizada que el TEPT: feministas, seguros, políticos, gobiernos, militares, médicos y victimas han ido tensando la cuerda de este concepto hasta el punto en que hoy “el trauma” forma ya parte de la jerga común de nuestros conciudadanos y quizá por la misma razón se encuentra desacreditado entre los médicos que asocian trauma a reinvindicación, querulancia, histeria, simulación y búsqueda de exenciones, prebendas, ventajas o indemnizaciones.

Puesto que si todo es trauma entonces nada es trauma. La historia del trauma ha terminado con la banalización del mismo, hasta el punto en que todos nosotros asumimos que hemos tenido en nuestra vida algun acontecimiento traumático que ha tenido influencia en nuestra manera de ser o pensar.

Una banalización que tienen consecuencias prácticas: a pesar de ser muy frecuentes, los trastornos disociativos -la consecuencia psiquiátrica mas conocida de los traumas-, se encuentran infradiagnosticados.

Todo comenzó en la Salpetrière, en el servicio de Charcot, donde Freud y Janet coincidieron en la idea de que la causa de la histeria era traumática y más concretamente se debía a un trauma sexual tal y como conté en este post.

Lo cierto es que la objetivación del trauma sexual y remoto (en la infancia) resultó ser muy escurridizo en primer lugar por la tecnología utilizada (la hipnosis) y en segundo lugar por el deseo de las pacientes de decir lo que los investigadores querian oir y tener asi una oportunidad para la notoriedad. Hoy sabemos que los recuerdos remotos son poco de fiar, además se pueden falsificar y lo peor: se pueden injertar falsos recuerdos durante las exploraciones. De modo que la exploración hipnótica de la memoria fue perdiendo vigencia entre los médicos.

Pero lo cierto es que las feministas nunca le perdonaron a Freud que cambiara de opinión con respecto la la idea del “trauma sexual”. Las feministas de aquella época y de principios del siglo XX estaban muy sensibilizadas frente al hecho de los abusos sexuales en la infancia e iniciaron una batalla para hacerlos visibles y castigar asi a los perpetradores. Tal y como hoy sucede con los malos tratos domésticos, las feministas animaron a “salir del armario” a todas aquellas mujeres que habían sufrido abusos sexuales en su infancia, naturalmente aquellas campañas sacaron a la luz (hicieron visibles) muchos casos de abusos sexuales que otrora se encontraban en la intimidad de los recuerdos con o sin secuelas psicológicas de por medio.

El lector que haya llegado hasta aqui habrá comenzado a relacionar ya las neurosis traumáticas de Oppenheimer  con la histeria clásica de Janet y Freud. Sin embargo es conveniente recordar que el TEPT de las victimas del accidente ferroviario y la histeria no parecen ser la misma cosa. En el primer caso hay un cuadro psiquiátrico perfectamente establecido y en el segundo sólo algunos sintomas inexplicables fisicamente. TEPT y trauma no son pues la misma cosa, pues casi ningun “trauma” cumple el criterio A para el diagnostico del TEPT.

Pero la cosa se complicó en la primera guerra mundial (1914-1918), una guerra de barricadas y de combates cuerpo a cuerpo que generaron entre los combatientes (usualmente del bando aliado) episodios de parálisis, déficits sensoriales o síntomas histéricos que representaron un enorme problema para los psiquiatras militares de aquella contienda. Los soldados que presentaban aquellos síntomas eran evacuados y tratados en hospitales de campaña con el fin de devolverlos inmediatamente al combate. Los médicos se preguntaban si aquellos cuadros psiquiátricos se debian a algun efecto físico de las bombas, pero al final cayeron en la cuenta de que eran efectos psicológicos del miedo y de que aquellos síntomas se parecían de un modo siniestro a los que Freud, Charcot, Janet, Babinsky o Briquet habian descrito en sus investigaciones sobre la histeria en las mujeres en la Salpetrière. Pero en este caso eran hombres los que sufrian esta enfermedad ¿eran los hombres tambien histéricos?.

Una primera diferencia:

La histeria de combate es una reacción aguda de terror mientras que el TEPT es un desarrollo crónico después del episodio traumático pero ambos participan de un mismo mecanismo: la disociación.

Sea como fuere, esta idea de que las histerias de combate eran también histerias proceden de un médico psicoanalista americano que se habia analizado con Freud. Kardiner devolvió el diagnóstico a un primer plano de actualidad, la sorpresa era que, efectivamente, la histeria no era sólo cosa de mujeres superemotivas sino que los soldados tambien podian desarrollar estos cuadros. ¿Falseaban tambien los síntomas con el fin de eludir el combate?

No fue hasta la guerra de Vietnam que el TEPT adquirió fundamento clinico y estatuto jurídico y visibilidad antropológica y social y lo hizo paradójicamente a través de la perdida del prestigio social de la guerra. Los veteranos de Vietnam que habian entrado en combate, habian visto morir a muchos compañeros y habian participado en atrocidades desarrollaron inevitablemente un TEPT por una razón no exclusivamente clinica: no hallaron la comprensión de sus conciudadanos a su vuelta a casa. De repente se encontraron solos, abandonados por su propio país, desprestigiados por sus conciudadanos que no veian aquel conflicto con buenos ojos y excluidos socialmente. En este contexto aprendimos alguna cosa más sobre el TEPT y el trauma: el apoyo social, la “purificación” después de una guerra, el ser aceptado como un héroe y la legitimación social de la guerra previenen el TEPT mientras que lo contrario  lo agrava y predice su aparición.

Es conveniente ahora tomarse un receso en la lectura y recordar Taxi driver, la historia de un ex-combatiente que desarrolla un cuadro psiquiátrico de TEPT.

No es sólo el impacto del trauma o el trauma por sí mismo lo que tiene importancia en el desarrollo de secuelas psicológicas posteriores, recapitularé pues lo hablado hasta ahora: la posición del sujeto en relación al impacto del trauma, el entorno social (apoyo social,) la visibilidad o reconocimiento del sufrimiento, la reparación del daño y sobre todo las expectativas racionales compartidas por una misma cultura sobre qué es y qué no es tolerable en las relaciones humanas, qué daña y que no daña: sobre este asunto volveré más tarde a la hora de definir qué es y qué no es trauma.

Después de la guerra de Vietnam y el reconocimiento de TEPT por parte de las autoridades sanitarias habia algún otro frente que atender: me refiero a las victimas del Holocausto nazi, que nunca habian sido reconocidas como tales victimas (me refiero a victimas de un desorden psiquiátrico). El confinamiento, la tortura, el hambre y las condiciones de vida en aquellos antros llamados “campos de concentración” parecieran haber conformado en los cautivos un patrón de conducta basado en la indiferencia o en el aplanamiento afectivo y más tarde en trastornos psicosomáticos. Pero no se trataba de un impacto como las bombas, ni algo puntual como un ataque o una violación, de manera que se estaba rompiendo la idea  de que el TEPT era necesariamente una reacción a largo plazo causada por un acontecimiento puntual y se introducia la variable evolutiva o temporal. El criterio A quedaba especialmente herido de muerte ante esta evidencia, si aquellos supervivientes tenian un TEPT, lo cierto es que el citado criterio A quedaba obsoleto.

Asi los psiquiatras llegaron a otra conclusión el TEPT podia diferirse, es decir podian pasar muchos años antes de que aparecieran los primeros síntomas. Otra vez la conveniencia politica intervino en el criterio médico.

Ignoro qué sucederá con el DSM-V en esta cuestión, lo cierto es que los constructos teóricos de trauma, estrés, estrés postraumático y el fisiológico trabajo de adaptación (duelo) parecen haberle ganado la batalla a la vieja histeria aunque el abuso sexual y recientemente los maltratos domésticos (la llamada violencia machista) vuelve a asomar su hocico por los tratados estadisticos. Asi Judith Herman (Herman 2004) una de las personas que más saben de “trauma” del mundo, ha propuesto una nueva revisión del concepto planteando la existencia de un “trastorno por estrés postratumatico complejo”, cuyo epígrafe (criterio A) rezaría así:

Una historia de sometimiento a un control totalitario en un periodo de tiempo prolongado (de meses a años). Los ejemplos incluyen rehenes, prisioneros de guerra, supervivientes de campos de concentración y supervivientes de sectas religiosas. Los ejemplos tambien incluyen a aquellos sometidos a sistemas totalitarios en la vida sexual y doméstica, incluyendo supervivientes de malos tratos domésticos, abusos fisicos o sexuales en la infancia y la explotación sexual organizada.

Como el lector habrá observado, de lo que se trataba era de incluir en este epígrafe a las victimas de maltrato doméstico y los abusos sexuales que de ahora en adelante (de prosperar este nuevo criterio A) podrán ser diagnosticados de TEPT.

Otra vez la politica.

Naturalmente esta modificación del criterio A no es compartida por todo el mundo puesto que asocia la violencia a la patologia psiquiátrica y abre una puerta por dónde “colar” cualquier cosa y además ya hemos visto a través de la historia de las ideas sobre los traumas que estas conceptualizacioenes aparecen y desaparecen de los manuales diagnósticos en función de criterios no clinicos, fundamentalmente politicos y de presiones por parte de los lobbyes. De hecho si escribo este post es precisamente para señalar que los limites entre un acontecimiento traumático y uno banal puede hacerse de forma retrospectiva, es decir interpretando desde el presente un acontecimiento como traumático que cuando sucedió no supuso ninguna disfunción y que sirve de pretexto para la elusión de responsabilidades.

Y otra cuestión aun más importante: el traumatismo psíquico genera -si está mantenido en el tiempo- una cascada de acontecimientos que socavan el apego de los individuos. En esta forma de ver las cosas la patologia mental no procederia tanto del impacto del trauma en sí -tal y como acertó Freud a proponer- sino de la patología desplegada en el tiempo por los apegos que, por si mismos, provocarían disociaciones emocionales, mnésticas y cognitivas importantes. Por ejemplo si un niño es abandonado por su madre apenas nacer, este abandono puede ser considerado en sí mismo como un trauma por el observador, pero en realidad el niño va a comportarse ajeno a él puesto que no tiene el aparato comprensivo suficiente para saber que ha sido abandonado. Si es apadrinado por “otra madre” que no sea algo impersonal como sucede en los orfanatos, el niño no percibirá los efectos del abandono hasta que sea capaz de hacerse preguntas retrospectivas. Pero el abandono de la madre biológica no sucede por azar sino que se contextualiza en el entorno de una familia disfuncional donde el niño está condenado a crecer y educarse. Ese mismo niño desarrollará en este contexto familiar apegos desorganizados o por lo menos inseguros o ambivalentes (Bowlby 1999).

Y este apego patológico no es algo estático y puntual como el trauma sino que se mantiene a lo largo de la vida como una caracteristica de lo interpersonal. En mi modo de ver las cosas el apego al ser móvil y con tendencia inclusiva es el responsable de la disociación que presentan ciertos enfermos y es por sí mismo (y no el trauma en sí) el responsable de la patologia ulterior.

Con ello no voy a negar los efectos “traumatizantes” de ciertas experiencias “fuera de lo común”, sino que reivindico precisamente este tópico de “fuera de lo común” para aislar y conceptualizar el trauma psíquico.

Por contra, las crianzas que se desarrollan en ambientes impredecibles, inconstantes, desorganizados y -donde esta impredicibilidad es precisamente la constante esperable dentro de la vida interpersonal- no son traumáticos sino por el desarrollo anómalo de los vínculos entre los individuos protagonistas de la acción. Aqui no hablaríamos tanto de trauma como de estresores inespecificos y de una patologia vincular o del apego que da lugar a desarrollos bien distintos al TEPT.

En el próximo post voy a ocuparme precisamente del abuso sexual y de los sobreentendidos que sobrevuelan en este término.

El principio de no-contradicción (V)

La culpa es una disculpa

Fernando Colina

¿Se puede estar vivo y muerto al mismo tiempo?

María perdió a su hijo de 6 meses de forma súbita, inesperada y brutal. El embarazo había sido difícil, precisó de una cesárea por un embarazo de riesgo que provocó en la madre una diabetes gestacional. El niño nació prematuro y se debatió en sus primeras horas entre la vida y la muerte debido a infecciones respiratorias y otras complicaciones. Aquel niño enfermizo y débil -único hijo- constituia el proyecto de vida de Maria, de manera que es comprensible que después de su muerte súbita la madre sucumbiera a una depresión. Un duelo no elaborado o patológico dijeron los psiquiatras.

Al principio Maria reaccionó de un modo normal, apenada si, pero sin excesos ni contención emocional, reaccionó normal al decir de su marido mucho más afectado que ella durante las primeras semanas. Pero progresivamente fueron apareciendo síntomas que precisaron sucesivas consultas con distintos especialistas, hasta la fecha actual: Maria sigue tratamiento especializado y no parece que su estado haya sufrido grandes modificaciones a pesar de los esfuerzos e interés de sus terapeutas.

El estado actual de Maria puede resumirse en las siguientes condiciones psiquicas:

  • Negativa a hablar del niño.
  • Autolesiones de baja letalidad.
  • Bulimia de tipo purgativo.
  • Alucinaciones de voces -llanto-  del niño llamándola, usualmente hipnopómpicas o hipnagógicas.
  • Alucinaciones visuales de baja intensidad y formalización (luces, destellos, etc)
  • Ideación suicida explicita.
  • Estado de ánimo fluctuante de tipo disfórico-ansioso.
  • Ideación de culpa en parte inducida por otros y en relación con la muerte del hijo.
  • Dificultades matrimoniales con continuas entradas y salidas del marido que la acusa directamente de no haber cuidado adecuadamente al niño.
  • Negación de la muerte del hijo y exhibición del dolor.
  • Abandono de toda actividad lúdica y profesional.
  • Conducta controladora de su propio discurso y adquisición de un rol directivo en relación con la terapia.
  • Presencia de intensa angustia en sus terapeutas por sus continuas amenazas de suicidio.

No cabe ninguna duda de que la muerte del niño de Maria es un evento (un suceso) traumático, algo que procede de los inconvenientes de estar vivo, algo terrible, un suceso que es comprensible para todos nosotros y que convoca , la “compasión”, la empatía y también la impotencia, pues nada puede hacerse por recuperar a aquel hijo, nada de lo que hagamos puede retorcer el pescuezo a los acontecimientos ya vividos. La muerte del niño es algo que está en el pasado y es por tanto irrecuperable.

¿Lo es?

Observemos el estado mental de Maria y nos daremos cuenta de que en él se dan cita dos clases de sentimientos, dos clases de maniobras psíquicas de signo bien distinto:

1)        por una parte la evitación (Maria no quiere hablar del niño, no quiere recordar)

2)        y por otra parte la reexperimentación del trauma, hay también ciertas conductas que pueden entenderse como “conductas de escape”, los vómitos bulímicos, las autolesiones de baja letalidad y de bajo nivel comunicacional.

Hay algo en ella que la impulsa a olvidar y otra parte de ella se “regocija” en una especie de rememoración indirecta de las condiciones de su sufrimiento. Un sufrimiento que se exhibe y que sirve de desafío a sus terapeutas a los que ha conseguido llevar a una situación de desamparo bastante similar  a la que ella llegó.

Se trata de un caso real donde sus terapeutas han tenido que ser evaluados en su contratrasferencia por sus supervisores.

Y que nos lleva a hablar de la negación o de las cuatro formas de decir “no” de las que hablé en este post. Decia alli que:

Hay un “no” más moderno que la oposición a algo o al repudio de algo desde el punto de vista psicológico y se refiere a lo que Freud describió como negación que es seguramente un repudio evolucionado. La negación es una especie de represión de baja intensidad, lo negado no está oculto en el inconsciente sino semienterrado y activo. Usualmente lo que negamos es aquello que entra en contradicción con nuestras expectativas, nuestra autoestima o nuestros deseos. Se trata de datos precintados que no queremos computar pues entran en conflicto con algo de nuestra personalidad que queremos preservar. Al contrario del repudio -con el que sin embargo se relaciona por continuidad-, la negación no afecta a la simbolización sino a la resonancia afectiva de lo negado. Lo que se niega no es algo que rechacemos en sí sino porque entra en conflicto con nuestro autoconcepto o con el principio del placer.

Nos interesa mucho abordar este mecanismo de defensa porque es muy común y probablemente se encuentra en el origen de muchos trastornos mentales cuando es el patrón habitual de interacción. Imagínese que usted es un niño pequeño y descubre que algo es blanco, suponga que su progenitor le dice que es verde y que cada vez que usted dice que es blanco le administrara un Valium. Es un ejemplo extremo y seguramente esperpéntico pero sirve para entender como el adulto que practica la negación constantemente acaba perpetrando un percepticidio, es decir socava la percepción normal del niño.

Y rellena la vida de irrealidades para quien lo sufre. Este es el caso de Maria: habia negado (aunque sabia perfectamente de) la muerte de su hijo. Pero si traigo este caso es para hablar de cómo funciona este asunto de la negación ¿como es posible que el individuo crea a la vez que su hijo está vivo y está muerto? ¿Como es posible que el cerebro de María procese de forma antagónica un mismo evento?

Freud fue el primero en hablar de que en el inconsciente existía un principio de no-contradicción que desafiaba a toda lógica, de modo que se puede desear una cosa y su contraria, saber que algo existe y que no existe al mismo tiempo. ¿Pero cómo se las arregla nuestro inconsciente para mantener esta dicotomía?

Este doble proceso merece explorarse a través de la lente de la “teoría dialógica” de Bakhtin (1981), una visión del mundo que, lejos de estar plagada de categorías recíprocamente excluyentes, las mantiene coexistiendo en una dinámica centrífuga – centrípeta (de cambio y similitud, de pérdida y retención, de entropía negativa y positiva). Esta lente resulta pertinente en particular para analizar la manera en que estas personas incorporan el devenir cotidiano de logros y pérdidas inmersos en una fusión entre mundos y premisas en apariencia incompatibles (DeSantis, 2001).  Desde esta perspectiva merece preguntarse ¿Dónde trazaríamos la frontera del self de María y dónde lo trazaría ella misma? (Puede tomarse como punto de partida la descripción del self propuesta por Kohut (1977) como la experiencia cohesionante del ser que regula la persona toda que , a su vez, contiene cinco variables clínicas significativas (Person, Cooper y Gabbard 2005)

1)        La experiencia de la frontera entre el individuo y los demás

2)        La autoestima o autovalía

3)        La experiencia de totalidad y continuidad

4)        Lo genuino (la fusión relativa entre lo privado y lo público)

5)        La experiencia de agencia (De iniciativa de acción)

Y se puede agregar lo que Falicov (1998) llamó el self familiar, un constructo que incluye las relaciones cercanas como “parte de uno mismo”. Gergen por su parte describe al self como un “manipulador estratégico del entorno”.

Si hablamos del Self, siempre resulta utilizar preguntas circulares: ¿Cómo es qué María lo hace? (motivación interna o externa), María lo hace negándolo. ¿Y cómo es que María lo niega? María lo niega afirmándolo, en conductas desorganizadas mal-adaptativas.  Al generalizarlo sería ¿Cómo es que una persona se niegue a aceptar (hablar, enfrentar, asimilar) un hecho de la realidad dura?. La realidad tiene que ver con la interpretación de la misma, esa interpretación se describe como un trauma – reacción de incredulidad para aceptar (percibir) el hecho como real, y la re- interpretación tiene que ver con la percepción del sí mismo en relación con el objeto desaparecido.  La realidad interpretada y reinterpretada es una dualidad que coexiste entre otra dualidad la organización y desorganización.

Incluso la definición de lo que es traumático contiene elementos culturales importantes, la posición de víctima es socialmente atractiva, aunque ese constructo sea contradictorio “no deseo ser víctima por que sería aceptar que me pasó algo malo, pero sé que siendo víctima me salvo de algo y por lo tanto será bueno”, así los diagnósticos se convierten en procesos interpersonales en las descripciones narrativas de ellos. Buscamos descripciones (casi cualquier descripción!) que nos ayuden a recuperar nuestro sentido y orden, que re-interprete o re-estabilice nuestros supuestos acerca del mundo.  Es decir, las narrativas “habitan” en este espacio interpersonal y la red social puede contener diversas historias, a veces incompatibles, a veces contradictorias, con una realidad, que implica que para negar algo es preciso afirmarlo. Incluso los fantasmas suelen proveer cierta continuidad entre los vivos y los muertos y, a veces, entre el pasado y el presente.

Si bien estas distorsiones pueden ser “ilusiones” en el sentido existencial de esperanzas idealizadas, puede ocurrir que a la manera de las profecías autocumplidas, alguna persona se va pareciendo cada vez más a esa fantasía o, bien, por el contrario, que la presencia persistente de ese personaje imaginado, que usamos como modelo ideal impertérrito, contra el cual la persona real del otro queda indefectiblemente menoscabada, atenta en contra de la posibilidad de descubrir en el “otro” sus propias características y no tenemos más que la alusión o ilusión del personaje creado. Así es que como dice (Sluzki 2011) “nuestra cotidianidad puede incluir este tipo de fantasmas cuya sobrevida nos facilita o complica la vida, dependiendo de la textura emocional que evocan”.  Las pérdidas pueden adquirir características fantasmales y narrativas de negación y afirmación.

El caso de María, es una narrativa de su propio sistema constituido por personajes, es una historia dominada por la pérdida, la culpa y distorsiones potenciales.  Su experiencia traumática, las consecuencias morales y de comportamiento de las mismas, han dejado a María atrapada en un mundo en el cual su capacidad de autoafirmación, reconocimiento, autoría, autonomía, crecimiento, alegría y enriquecimiento emocional están drásticamente disminuidas y la situan en una posición de víctima de las circunstancias de la vida (indefensión), de la pérdida de su hijo o de su esposo  que la culpabiliza, cuando en nuestra cotidianidad se fundamenta sólidamente un supuesto de que nuestros padres, cónyuge, hijos, amigos cercanos, nos protegerán en caso necesario, favoreciendo nuestro bienestar, y no harán cosas que puedan dañarnos.  Esto pone en jaque el cómo concebir y describir su vida, su alrededor, destruye su inserción en el mundo y la conexión con lo humano, socava la confianza básica a causa de haber sido ultrajada por las premisas básicas de seguridad y respeto recíproco, de ese apoyo que se suele esperar de una pareja en una pérdida que debería compartirse.  María en su red social fue despojada en cada caso del requisito de coherencia necesario para vivir en lo predecible, razonable y ordenado, pero aún tiene que comunicarse, y dentro de esa comunicación como en todo sistema, cada elemento de su narrativa se ve afectado por otros.

María requiere una reorganización con el entorno y reconstruirse a sí misma con la nueva relación con las cosas, personas y actividades, es una cuestión de adaptación.  La mala adaptación a amenazas crecientes para la supervivencia aparece con mucha frecuencia en los estudios sistémicos, esto nos remite un poco la analogía del experimento de la rana. Si depositas en una olla de agua hirviendo a una rana, inmediatamente intentara salirse, mientras que si la depositas en un olla con agua a temperatura ambiente y enciendes la flama para que gradualmente vaya aumentando su temperatura, la rana no se dará cuenta, incluso cuando sienta que está demasiado caliente estará tan aturdida que no podrá salir de ella y morirá cocinada. Estamos diseñados para tener reacciones de alarma ante sucesos grandes, no a los que aparecen gradualmente, nos  preparan para el ataque o fuga ante lo inesperado, o riesgoso, es adaptativa, automática y funcional,  en ella se activa el eje de hipófisis – tiroides – adrenal y sus efectos son de alerta y preparación física, sube la presión y la coagulabilidad sanguínea, la glucosa también va en aumento, en la sangre, en músculos, en el aparato digestivo, etc. Cuando ni ataque ni fuga es posible, en ciertas condiciones es: sobrecarga, inmovilidad, “inundación del self” (Es una pesadilla!!), potencial del trauma.

De la misma manera, éstas descripciones alteradas ofrecen a María un respiro temporal de su olla que ahora esta en ebullición, una salida provisoria para el espantoso sentido de traición de las premisas básicas de vivir, (Una madre no debe enterrar a sus hijos, un esposo no debe culpabilizar a la madre por la muerte de un hijo, etc,etc)  estas mistificaciones cuestionan que la traición tuvo lugar y las justifica utilizando la culpabilidad o la locura, pues puede tomarlo como un acto de amor (pensar que a él le preocupa), de educación, o un acto forzado como víctima y puede hasta disfrutarlo. De esta manera olvida lo que ocurrió o bien lo desdibuja a la vez que adapta la historia distorsionada (escuchar al hijo muerto y decir que lo escuchó). Esas alternativa, a la que muchas personas en circunstancias de concebirse como víctimas se aferran como tabla de salvación, ocurre a expensas de abandonar toda introspección, validación y protagonismo ético.

Esta acción de negación es la misma acción de adaptarse o “mal adaptarse”, en el inconsciente es lo mismo saber y no saber, organizarse y desorganizarse , requiere un esfuerzo psíquico intenso para ser mantenida, dado que tiene lugar a costo de una “negación” de señales que provienen del feedback de los otros, del propio cuerpo y aún del sentido común; por lo tanto, esta estrategia fomenta el embotamiento emocional, la olla en ebullición mientras ya es imposible moverse de ella. Utilizada en los casos traumáticos,  aumenta el riesgo de autodaño y de la repetición del daño, dado que no favorece comportamientos protectores necesarios para evitar la situación vivida, obscurece la necesidad de una reparación por el sufrimiento, dado que los personajes aparecen y desaparecen como tal de la historia, la “adapta” o “mal adapta” cimentando una visión solitaria y desesperanzada de la realidad, ya que la visión del mundo adoptada implica una negación de la realidad dual.

Nos encontramos pues en la dinámica de un trauma psicologico, algo sobre lo que volveremos a hablar cuando abordemos qué es un recuerdo normal y qué es un recuerdo traumático (idea fija).

Texto y pretexto: Patricia Cantú y Francisco Traver

Proyecyo GMS (Global mind squeezing)