Psiquiatría y espiritualidad

FRANCISCO TRAVER

PSIQUIATRA

DIRECTOR DE SALUD MENTAL

CONSORCIO HOSPITALARIO DE CASTELLÓN

No cabe duda de que vivimos un momento histórico de incremento en lo que se refiere a intereses espirituales, trascendentes o religiosos, así aunque es difícil una definición de espiritualidad, voy a explorar en esta conferencia las relaciones que existen entre ciertos fenómenos a los que llamaremos “espirituales” para entendernos que me parece un adjetivo mas abarcador que el de religiosidad aunque muy probablemente ambos fenómenos se encuentren solapados.

Si hiciéramos una pequeña encuesta entre nuestros conocidos con esta pregunta: ¿Crees en Dios? tendríamos una muestra bastante representativa de las opiniones generales, que son estas posiciones elementales:

  1. Los que dicen que creen en él y siguen alguna religión y abrazan algún tipo de rito o liturgia.
  2. Los que dicen que creen en él pero que no practican ninguna religión.
  3. Los que creen en “algo” que no saben nombrar y que de cualquier forma no se halla presente ni en su vida ni en sus elecciones.
  4. Los que no creen en él, son los ateos.
  5. Los que nunca se lo han preguntado y viven de espaldas a esta idea, son los agnósticos.

De modo que como podrás comprobar en tus propias estadísticas -que serán muy parecidas a estas- el personal está muy dividido, entre los que creen mucho, los que creen algo, los descreídos y los que no se lo plantean.

Todo lo cual señala en la dirección de que quizá el error estriba en nuestro concepto de qué cosa es Dios, a mi cuando me preguntan sobre este asunto confieso que me ponen en un aprieto.

Y me ponen en un aprieto porque yo no sé qué definición tiene mi interlocutor sobre Dios y es por eso obligatoriamente tendré que definirlo en este articulo, para averiguar cual es la naturaleza de Dios en caso de que existiera, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de Dios?

Como todas las abstracciones no es fácil un acercamiento a todos los conceptos que cuelgan de este significante “Dios”, no es desde luego una palabra vacía de sentido, al contrario parece que colgados de este concepto hay no sólo otros valores sino incluso leyes, prohibiciones, promesas de tiempos mejores, dones de inmortalidad y sobre todo preceptos sobre el Bien y el Mal, normas sobre como conducirse en la vida y guías para resolver conflictos entre los individuos, guías de convivencia.

Mas adelante volveré sobre el efecto protector que tiene esta creencia sobre la salud humana.

La identificación entre Dios y la religión de nuestro entorno es bastante comprensible desde esta forma de entender a  Dios pero implica un coste adicional: como cada cultura inventó a su propio Dios y cada cual cree que el suyo es el verdadero y el otro falso, el conflicto entre culturas está servido.

Y no sólo entre culturas sino que en la misma cultura existen conflictos entre aquellos que creen en Dios y aquellos que no creen en él, más abajo volveré también sobre este asunto.

Lo cierto es que la palabra “Dios” nos trae a la cabeza no solo un Creador del Mundo sino también una especie de homúnculo justiciero con barbas que dejará las cosas en su sitio en la otra vida repartiendo prebendas y castigos. Ignoro por qué Dios se encuentra tan unido con los afanes de inmortalidad del hombre, pero lo cierto es que un Dios que no proclamare la inmortalidad con un Edén más allá de la vida sería un Dios menor, un Dios con pocos acólitos.

Algunas personas parece que creen en Dios un poco como premio de consolación por una existencia y una vida seguramente injustas –tal y como sostuvo Freud- o donde no han recibido aquello a lo que se creyeron merecedores. Es por eso -dicen algunos- que el cristianismo tuvo tanto éxito entre los pobres y los parias y es por eso que Carlos Marx dijo aquello de que la religión es el opio del pueblo un poco siguiendo la idea de que esos premios de consolación que los pobres persiguen les impiden tomar conciencia de su estado y hacer algo para cambiar las cosas.

Pero también volveré más adelante sobre esta idea: en realidad la religión no es el opio del pueblo sino -como dice el cínico House-, el mejor placebo que existe.

Y si Dios puede impartir esta justicia otoñal -después de morir- es porque todo lo sabe (es omnisciente), todo lo puede (es omnipotente) y está en todas partes (omnipresente), tampoco puedo entender por qué los que inventaron a Dios le colgaron tales habilidades como si crear el mundo fuera una tarea fácil.

Pero Dios – en la mirada de un creyente convencional- no se conforma con todos estos poderes sino que además dicta a los hombres su legislación, es decir se nos revela de una u otra forma: las tres religiones monoteístas tienen sus libros sagrados dictados directamente por Dios a los hombres como una Verdad inapelable: la Torah, la Biblia y el Corán son ejemplos bien conocidos de esta revelación como la Cosmogonia de Hesíodo le fue dictada por las Musas con la intención de que fueran leídas como Verdad más que como un relato mítico de indudable calidad literaria y que es explicativo sin intención de explicar nada: la función del mito tal y como sostiene Mircea Eliade.

De manera que no se qué contestar cuando me preguntan si creo en Dios porque -efectivamente- no creo en un Dios legislativo, ejecutivo o judicial como un Estado moderno  ni que después de mi muerte vaya a compensarme de lo que me faltó en vida o que vaya a  castigarme por lo que hice o dejé de hacer durante ella.

Otra cosa es el tema de la Creación.

Y cuando digo creación me estoy refiriendo a la creación del universo, no hablo de la creación de la vida, en este sentido yo soy darwinista y me pliego a las condiciones de la Evolución para explicármela. Pero una vez dicho esto he de confesar que no creo tampoco en “La santa Evolución” es decir no hago de la evolución un Dios –con intención- al que adorar sino que la contemplo como una teoría incompleta sobre la que aun queda mucho que decir. Darwin descubrió un continente pero aun falta descubrir algunas islas, por ejemplo la evolución con su selección natural -selección del más fuerte- no explica la especiación, es decir la aparición de nuevas especies tal y como sostienen algunos darwinistas “heréticos” como Lynn Margulis o Steven Jay Gould.

Cuando hablo de la creación me refiero pues a lo que sucedió un segundo -un poco antes de que hubiera tiempo propiamente dicho- antes del big-bang, ¿qué había allí?, ¿que fue lo que explotó?

Los físicos dicen que lo que había allí era una singularidad y una singularidad desde el punto de vista físico es un estado en el que no se cumple ninguna ley de la física tal y como la entendemos hoy, no había materia, ni luz, ni teoría de la relatividad, ni física cuántica que fueran aplicables en aquel momento previo a la explosión. Lo que explotó entonces fue “algo” que seguramente estaba sometido a una energía intolerable y que precisó desplegarse en un universo lleno de materia, energía, tiempo y Luz que no ha dejado de expandirse desde entonces sobre la Nada.

Lo curioso de nuestro cerebro es que es capaz de plantearse preguntas que ese mismo cerebro es incapaz de responder.

Es seguro que el invento de Dios procede de la incertidumbre, del miedo y de la ignorancia de un hombre primitivo viviendo enmedio de una naturaleza hostil e implacable, sin embargo el tema de un Dios creador dista mucho de haberse zanjado con el progreso y la seguridad, pues todo parece señalar en la dirección de que cuanto más sabemos más parecemos encontrar en la Evolución un cierto propósito a pesar de admitir que la evolución -contemplada desde un punto de vista darwinista- es un proceso ciego.

¿Qué necesidad tenia la evolución de dirigirse hacia un simio con conciencia?

¿No podía haberse conformado con la perfección de los insectos, el vuelo de los pájaros o la astucia de las ratas?

Todo parece indicar que la selección natural sí tiene un propósito y aunque la palabra propósito parece relacionarse con una voluntad en este caso sobrenatural, siguiendo a Margulis es posible establecer que el propósito de la evolución es el aumento progresivo de la complejidad.

Y esa mayor complejidad es por una razón física relacionada con la segunda ley de la termodinámica: el planeta necesita disminuir sus gradientes de energía y lo hace aumentando la complejidad de la vida. Luego la evolución tiene una finalidad: la de asegurar que la vida siga adelante y que sea cada vez más compleja a fin de concentrar esa energía en organismos cada vez mas complejos.

Y la mayor complejidad conocida en la naturaleza es la conciencia humana.

El cosmos se entiende a sí mismo sólo a expensas de la conciencia humana, luego el propósito de la evolución es precisamente ese: entenderse, explicarse y mostrarse a sí misma.

Así se entiende que Heidegger dijera que la evolución es un proyecto inconcluso y que aún no ha terminado, es posible entender esta flecha que señala hacia el futuro hacia una mayor complejidad del cerebro, la mente humana y ese proceso se llama frontalización, individuación (Jung) o transhumanización (Huxley). Es predecible decir que el hombre se dirije hacia una mayor frontalización de su conciencia. Es posible entonces hablar de un “Homo cosmicus” (Rojo) que dejará al Sapiens al pie de los caballos.

Ahora y volviendo a esa encuesta doméstica que os he sugerido al principio del articulo haced a vuestros entrevistados esta otra pregunta: ¿has tenido alguna vez en tu vida una experiencia espiritual?

Quizá algunos de vuestros entrevistados respondan que si, pero lo más probable es que la mayoría contesten con un “no” sorprendido. La sorpresa procede del hecho de que el personal identifica espiritualidad con religión pero los que practican religiones convencionales no han tenido nunca una experiencia mística o trascendente. La gente moderna, asertiva, materialista, racional y comprometida consigo misma no tiene ese tipo de experiencias que de alguna forma se hacen equivaler a la locura, a la intoxicación por drogas o a la extravagancia.

Pero imaginemos por un momento que en lugar de Dios creemos en una conexión entre todo lo vivo, que creemos que nuestra misión en el mundo es comprender cual es la naturaleza de las relaciones entre esos vínculos, que deseamos contribuir al bienestar de nuestro entorno, que queremos ampliar el conocimiento que legaremos a los demás, que estamos convencidos de que los malestares del hombre pueden llegar a desaparecer cuando lleguemos a frontalizarnos a voluntad y seamos capaces de manejar la causación descendente (Campbell 1974), que podemos desafiar la enfermedad y la violencia de nuestra condición de simios, que podemos reinventarnos a nosotros mismos día a día y podemos morir y renacer tantas veces como precisemos a pesar de seguir siendo mortales.

De creer en esta progresiva expansión de la conciencia en lugar de hacerlo en un Dios creado a imagen y semejanza de nuestro egoísmo chauvinista tendríamos más experiencias espirituales y no tantas discusiones sobre los preceptos que emanan de las religiones oficiales que fueron creadas para gobernar a personas infelices, pobres e ignorantes y  que se especializaron bien pronto-  más como códigos jurídicos que espirituales- en gobernar las más bajas pasiones en lugar de enseñar a explorar caminos de perfección humana.

La función de la religión en este modo de pensar lo humano ha concluido, es la hora de la espiritualidad. Hay quien piensa incluso que la espiritualidad es la terapia para las religiones, su fin y su cura.

La espiritualidad es la superación de las religiones y de los dilemas kantianos de la moral así como de las morales laicas que emergieron de la revolución francesa.

La supervivencia de las religiones es patética y lleva a la confrontación pero no debemos olvidar que la tendencia de los humanos es a construir nuevas religiones, una de ellas es la pretensión laica de que la ciencia es el único soporte del saber y que nos dará en el futuro explicaciones a nuestra ignorancia de hoy.

Esta concepción laica y modernista es también una forma de religión que entra en conflicto con las otras, las canónicas. Lo único que puede oponerse a la religión y al progreso del que hablan los políticos es el despertar de la conciencia, es decir el funcionamiento no convencional de nuestra mente y la superación de los opuestos y las guerras dialécticas que toman al cerebro humano como escenario.

Podríamos decir que la espiritualidad es el uso y disfrute de las facultades humanas mas alejadas de la adaptabilidad y la dialéctica de los contrarios, gracias a la capacidad humana fundamental: la capacidad de creer. Es muy probable que “creer en algo” sea una prestación usual de nuestra mente que puede considerarse como una mezcla de creencias y emociones que combinadas con el lenguaje y la percepción dan lugar al pensamiento.

Cuando hablo de creencias, me refiero a creer sin pruebas, el terreno de la creencia propiamente dicha y no al territorio de las opiniones. Por fin la espiritualidad es un concepto mucho más abarcativo que el religioso, baste con observar el éxito que tienen hoy en día religiones no teístas como el budismo que más que con dogmas opera con experiencias y tecnologías espirituales destinadas a ampliar la comprensión del sí mismo.

Si hago esta distinción entre religiosidad y espiritualidad no es por distinguir un fenómeno de otro, uno adosado a la creencia religiosa mientras el otro se encuentra relacionado con la mentalidad laica, con demasiada frecuencia se confunden ambos términos pero lo que creo es que la religiosidad y la espiritualidad participan de los mismos registros cognitivos tal y como más adelante les contaré: son el mismo fenómeno aunque den lugar a practicas diferentes.

Una de las ideas más repetidas entre los especialistas es la idea de la extrema vitalidad de la religión que parece resistir todos los embates posibles que le vienen de la política, y seguramente de las otras religiones con las que compite por el mismo nicho creencial, pero es verdad que creer en algo sin pruebas es una de las prestaciones de la conciencia humana con el mismo valor espiritual que hacer música o ejercer las matemáticas. La clave para entender las creencias no consiste en investigar sobre su contenido sino en la capacidad de nuestra conciencia -nuestro cerebro- de inventar, imaginar o especular acerca de las preguntas que nuestro propio cerebro es capaz de construir. La capacidad de creer es una prestación cerebral extraordinaria con independencia de lo que se crea y que induce cogniciones y conductas bien distintas aun en aquellos que comparten creencias.

El problema de las religiones y quizá su debilidad más patente es que son muchas a competir en el mismo mercado y cada una de ellas, -al menos entre las más importantes- están contaminadas de un etnocentrismo que en algunos casos puede ser salvaje y en otros casos esterilizante. El problema es que algunas de ellas se encuentran tan ligadas a lo cultural que es posible que los fieles de cualquier religión lleguen a practicar varias al mismo tiempo: el sincretismo religioso es muy frecuente en el mundo tal y como sostiene el Dr Pedro Ruiz, psiquiatra del Bronx en Nueva York con amplios intereses y conocimientos en religiones precristianas de origen africano. Una religión para afuera y otra para adentro. Eso sucede en amplios grupos hispanoamericanos en USA.

Las creencias religiosas, (pero también las creencias políticas y transformadoras de la sociedad) tienen un efecto protector en los seres humanos, les protege de los efectos indeseables del estrés, tal y como nos contó Victor Frankl en su peripecia en un campo de concentración nazi. La religión protege contra el estrés porque disminuye la impredictiblidad y favorece ciertas prestaciones que ninguna otra actividad humana puede por sí misma ofrecer.

La religión es un sistema de la actividad humana compuesto por creencias y prácticas acerca de lo considerado como divino o sagrado, tanto personales como colectivas, de tipo existencial, moral y espiritual. Se habla de «religiones» para hacer referencia a formas específicas de manifestación del fenómeno religioso, compartidas por los diferentes grupos humanos. Hay religiones que están organizadas de formas más o menos rígidas, mientras que otras carecen de estructura formal y están integradas en las tradiciones culturales de la sociedad o etnia en la que se practican. El término hace referencia tanto a las creencias y prácticas personales como a ritos y enseñanzas colectivas.

Dicho de otra manera, la religiosidad es un sentimiento que consta de una creencia nuclear: la existencia de un ser superior al que llamamos Dios (al que otras religiones como el budismo llaman Nirvana, más bien un estado que una entelequia o entidad), con el que podemos comunicarnos a través de ciertas prácticas como la plegaria y la oración, que es principio y fin de la vida y que incluye un amplia gama de subcreencias y preceptos que tienen que ver con prepararse para “la otra vida” es decir la convicción de que existe una vida después de la muerte cuyo sentido es la reunión con ese principio activo que llamamos Dios que preexistió a todas las cosas que derivan de El.

Dicho de otro modo: la esencia de toda creencia religiosa es la convicción y la nostalgia de cuando fuimos (o creímos ser) Uno, algo que las tradiciones gnósticas llaman el pleroma, Huxley la simetría y Bohm el orden implicado. Las creencias religiosas y también algunas formas espiritualizadas de la conciencia humana comparten esa creencia que es a fin de cuentas la superación de la dualidad.

De ahí la etimología de la palabra “religión”,  religare, un vínculo de reunión de algo que se perdió -en la convicción de que en algún momento estuvimos fundidos con él- que mantenemos los humanos con lo sagrado, lo desconocido, lo que no podemos saber, con el Numen o el misterio que encierra la vida humana y el cosmos. Y contiene además una amplia serie de preceptos, creencias, rituales, convicciones, experiencias personales y una secreta certeza de que Dios existe aun sin la evidencia de pruebas.

De donde se desprende que ese rasgo que llamamos “religiosidad” es sobre todo una nostalgia de la Unidad, algo que no debe resultarnos raro si entendemos que lo humano se encuentra presidido por lo dual, lo bipolar y lo cíclico tal y como decía Heráclito. La religiosidad más que un rasgo es un cluster de muchas otras cosas que en ningún caso pueden reducirse a una única entidad, algo muy parecido a lo que entendemos como sociabilidad. Entre el rasgo “religiosidad” y el rasgo “ color de la piel” hay un amplio trecho que hace que en la práctica resulte fácil averiguar la penetrabilidad del gen del color de la piel y muy difícil apresar (si los hubiera) un gen o grupo de genes destinado al fin de construir cerebros religiosos.

Y sin embargo “la religiosidad” existe y es además un sentimiento muy profundo, potente y extendido a lo largo de distintas culturas, casi el 80% de la población USA se declara religiosa y parece, según Adolf Tobeña, que estas cifras se mantienen estables en el tiempo. Algo parecido ocurre entre los científicos que oscilan entre el 40% de creyentes, siendo los biólogos los más descreídos y los matemáticos los más convencidos y entre los médicos somos los psiquiatras los más descreídos.

¿Cómo podemos entonces explicarla?

Me referiré primero a algunas de las funciones “económicas” y protectoras que para la mente humana significa el sentimiento religioso y que se encuentran en Larson y Whitman  y que han sido señaladas por Adolf Tobeña.

  • La religión disminuye la incertidumbre de la vida.
  • Aumenta la resistencia a las adversidades.
  • Provee de sentido y significados profundos a la realidad.
  • Es profundamente optimista respecto al futuro más allá de la vida.
  • Contiene preceptos que operan como guías de la conducta y que nos permiten no pensar.
  • Propicia la sumisión a la autoridad que es una variable critica para no meterse en líos en esta vida y medrar en sociedad.
  • Propicia la idea de que existe una conexión entre todas las cosas, una causalidad  secreta e inescrutable que sólo tiene sentido en los planes de Dios, es en este sentido autoexplicativa.
  • Contiene rituales de una enorme fuerza y poder simbólico y de sentido colectivos.
  • Nos confiere fe, esperanza y paciencia lo que tiene efectos dramáticos sobre el sufrimiento humano.
  • Puede modificar nuestra consciencia pudiéndose alcanzar a su través grados evolutivos inalcanzables para la mayoría de vecinos, hasta el éxtasis o los fenómenos místicos de una enorme trascendencia y júbilo.

Otra de las ideas que sostienen ciertos autores como Van Praag y el resto de autores de este libro (Religión y psiquiatría, op cit) fue la explicación de que el vigor de las ideas religiosas estaba determinado biológicamente. Van Pragg, uno de los defensores de esta idea ya formulada en la revista Nature por Larson y Whitman en 1997, mantiene la idea de que la religiosidad es un rasgo mientras que la religión , es decir la práctica de una determinada forma de religiosidad seria algo determinado y dependiente de la cultura.

Una de las pruebas que aporta Van Praag para demostrar esta idea es epidemiológica: existe cerca de un 70% de la población mundial que dice creer en Dios (En España la cifra es similar pero solo un 12 % confiesa que va a misa). La siguiente es el estudio de gemelos homozigoticos. Las pruebas sin embargo no son concluyentes.

Y no lo son porque en mi opinión el cerebro humano (casi todos los cerebros humanos) comparten rasgos cognitivos y experienciales que pueden correlacionar con la religiosidad sin ser su causa inmediata, de hecho estos rasgos pueden estar presentes en otras características humanas. La religiosidad es -en cualquier caso- un conjunto o cluster de rasgos que aisladamente nada tienen que ver con la religiosidad como destino común. La confianza, la autotrascendencia, la amabilidad, la compasión, la credulidad, la escrupulosidad o  el empiricismo ( la tendencia a fiarlo todo a las propias experiencias) son rasgos comunes a todos los humanos y que pueden dar lugar tanto a sentimientos religiosos como a sentimientos de reforma política (desde una posición atea) o a una pulsión por la creación o por el viaje, la exploración del inconsciente, la investigación científica, la poesía o el arte en general o la militancia activa en una causa. Además se trata de rasgos tan omnipresentes que hasta existe una relación de ellos con la esquizoidia (espectro de temperamentos esquizoides), no es de extrañar pues que muchos delirios esquizofrénicos compartan rasgos con el misticismo o se encuentren infiltrados por creencias religiosas, iconos religiosos o mitologemas del origen o el destino del cosmos tal y como Ramón Sarró describió.

Probablemente el núcleo común entre ambas experiencias consista en un endofenotipo esquizoide sin prejuzgar con ello ninguna psicopatología sino una serie de rasgos comunes a toda la humanidad y que conocemos con el nombre de carisma.

Misticismo y locura.-

Indagar en las diferencias entre el genio y la locura y también entre esa extraña coincidencia entre arte, locura, creatividad o estilos visionarios de algunas personas que catalogamos como místicas o carismáticas han congregado esfuerzos entre los distintos y diversos investigadores aunque es un interés relativamente jovén en la investigación psiquiatrica. Los investigadores, sin embargo, no se ponen de acuerdo y se polarizan y agrupan en dos grandes bandos:

  • Los que creen que genio, locura, creatividad o estilos místicos son equivalentes (Lenz 1979).
  • Y los que creen que se trata de fenómenos bien distintos como Arietti (1967).

El estado de cosas tal y como revelan las investigaciones de múltiples autoridades en el tema son las siguientes conclusiones a primera vista paradójicas:

  • El proceso creativo, los arrebatos místicos o el talento artístico tienen cierto parecido con las enfermedades mentales y existe un solapamiento evidente entre ellos y ellas.
  • Parece sin embargo que la eclosión de una enfermedad mental inhibe y destruye las potencialidades creadoras de las personas que las sufren disminuyendo y aun clausurando la actividad artística “per se”.

Lo que nos lleva a una profunda contradicción ¿es o no es la enfermedad mental o algunas de sus características condición para llevar a cabo una tarea creadora, revolucionaria, reformadora, mística o artística? ¿Como conjugar los hallazgos de unos y otros si parece que ambos extremos, aun contradictorios, responden a la verdad?

Hasta que me encontré este texto de Ken Wilber (El proyecto Atman) andaba todavía poniéndome mas del lado de Arietti que de aquellos que pretendían asimilar los estados místicos con las enfermedades mentales, lo cierto es que aunque mi intuición y mi práctica clínica me habían llevado hacia el camino de no identificar ambos fenómenos, es sólo desde que existe un interés por construir una ciencia de la conciencia que podemos distinguir -a tientas y con muchas precauciones- entre ambos tipos de experiencias.

Es evidente que la psicología evolutiva profunda ha avanzado lo suficiente para conocer bien los estadíos de la conciencia prepersonal o los estadios mas bajos de la evolución de nuestra mente usualmente conocidos como adaptativos (destinados a la preservación y a la reproducción) pero ha avanzado muy poco en el entendimiento de los fenómenos más elevados de nuestra conciencia y que algunos psicólogos llaman transpersonales. La distinción entre “pre” y “trans” se hace en este momento esencial para entender que ante cualquier calamidad o dificultad no es lo mismo hacer una regresión masiva a la infancia en busca de seguridad que una elevación hasta la divinidad, el punto omega o la fusión con la Unidad. El error ha sido considerar que todo abandono de la conciencia lógico-racional llevaba necesariamente hacia atrás, a una especie de vuelta oceánica al Yo urobórico, ese periodo de felicidad ignorante en el que creímos ser dioses.

Y aunque en realidad en ese periodo urobórico fuimos uno y aduales, esa unidad “pre” es bastante distinta de la unidad “trans”, la primera es una unidad estúpida e ignorante y la segunda es una unidad noética, basada en el conocimiento y en la sabiduría, la primera es un atajo, la segunda una escalada.

Fueron los psicoanalistas los primeros en hablar de una regresión al servicio del Yo, es decir una regresión momentánea y adaptada que no destruía las conexiones con el principio de realidad y que permitían al sujeto volver sanos y salvos después de una excursión seguramente liberadora a su estadío normal de conciencia que suele ser siempre el lógico-racional. Algo de esto sucede con ciertas experiencias psicodélicas causadas por drogas, se trata de regresiones con red y billete de vuelta.

Sin embargo y tal como el propio Arietti señala, el diagnóstico de psicosis es posible en el caso de ciertos creadores o místicos pues el elemento de fanatismo se encuentra compartido tanto en los enfermos mentales paranoicos como en los reformadores, sin embargo en estos últimos es notable la ausencia de amargura y resentimiento.

Para Arietti la distinción entre ambos puede hacerse desde la clínica:

  • Las alucinaciones de los místicos suelen ser visuales y no auditivas (verbales).
  • Las alucinaciones invocan a personas protectoras y no amenazadoras o torturantes.
  • Su contenido suele ser grato, incluso jubiloso.
  • Se experimenta un profundo aumento de la autoestima.
  • Un importante sentido de misión.
  • Insights especiales y significativos.
  • Experiencias que aportan conocimiento.

Lo cierto es que es verdad que tanto en las experiencias psicóticas como místicas existen elementos que proceden de estadíos suprareales como prepersonales, las invenciones de los delirantes, el sentimiento de haber sido escogido por la divinidad para una importante tarea, la identificación con la divinidad misma,  las inspiraciones delirantes de los paranoicos, las torturas psicosomáticas y cenestesias delirantes, las torturantes alucinaciones auditivas y las imprecaciones, la hiperconexión con poderes sobrenaturales e invisibles son producciones que en su mayor parte no pueden ser explicadas a través de la regresión simple a la infancia e invocan una infiltración de niveles supra o transreales como si se hubieran colado a través de grietas o hiatos temporales. Al mismo tiempo es imposible desconocer que muchos místicos presentan severas patologías narcisísticas, megalomanías irreducibles que proceden de los niveles más bajos –egocentricos- de la evolución de la conciencia, lo que nos permite aventurar la hipótesis de que ambas poblaciones -psicóticos y místicos- pueden compartir experiencias “pre” y experiencias “trans” sin dudar de que ambas experiencias son distintas y que pueden identificarse clínicamente.

Más allá de eso es posible aventurar que la psicosis es un atajo a la propia evolución de la conciencia y que sucede más frecuentemente al alcanzar el desarrollo egoico o lógico-racional. Todo parece indicar que este estadío es un cuello de botella evolutivo que provoca atascos en la evolución individual hacia el nivel superior (el meme verde en la terminología de Wilber) porque supone el abandono de determinadas certezas basadas en el egocentrismo, el etnocentrismo y el paso a una ecología mundocéntrica, donde el Yo y el Tu quedan obsoletos por el nosotros y el Todos.

Significa que cuando una estructura egoico-racional se tambalea se abren compuertas por arriba y por abajo, las de arriba inspiran determinadas cogniciones transreales que pueden resultar amenazantes o incomprensibles a la vez que el flujo regresivo impele al individuo hacia abajo en busca de seguridad y quizá también en busca de la ignorancia primordial.

En palabras de David Cooper:

Desde el momento del nacimiento, la mayor parte de las personas evolucionan a través del aprendizaje social en la familia y en la escuela hasta llegar a alcanzar la normalidad social. Y, una vez alcanzado este estadio de normalidad, el desarrollo suele estancarse. Hay quienes se derrumban en algún momento de este proceso y retroceden a lo que en el diagrama anterior llamamos locura. Otros, muy pocos, atraviesan el estado de inercia o estancamiento representado por la estadística normalidad y prosiguen evolucionando hacia la cordura (o estadíos transpersonales de Wilber), conservando la conciencia del criterio de normalidad social y manteniendo un estilo que trata en todo momento de evitar la invalidación social que procede de la identificación del loco con la persona de conciencia avanzada. Conviene darse cuenta de que  la normalidad es un estado de alienación tan lejano de la locura como de la cordura. La cordura se parece a la locura pero existe una distancia importante, una diferencia: este es el punto omega que según Teilhard le Chardin explica del siguiente modo:

“Creo que el Universo es una Evolución. Creo que la Evolución va hacia el Espíritu. Creo que el Espíritu culmina en lo Personal”

Es decir tal y como sostiene Cooper, se trata de un viaje de ida y vuelta hacia lo personal.

¿Es la religiosidad un rasgo biológico?.-

Según Van Praag casi el 70% de la población mundial cree en Dios, lo que a su parecer fortalece la idea de que el sentimiento religioso es predominante y resistente a la extinción como cualquier rasgo biológico.

Pero yo no estoy de acuerdo con eso por las siguientes razones:

1.- A la mayor parte de la población mundial también les gusta mucho la música, seguramente sería difícil encontrar a alguien que no respondiera afirmativamente a la pregunta ¿Le gusta a usted la música?

2.- Sin embargo el responder afirmativamente a esta pregunta no significa que ese probable 90% de la población al que le gusta la música tenga el mismo goce al escucharla, algunos tendrán un compromiso mayor que otros con ella, otros talentos específicos para ejercitarla y diferencias de gusto y usos: a algunos les gustará la música introspectiva mientras que otros solo la usarán para divertirse, etc.

3.- El que la música guste a mucha gente no significa que exista un gen (o genes) para la música o que el gusto por la música preexista biológicamente. Es posible que la música nos guste a todos porque tiene que ver con los modelos que aprendimos en la adolescencia y la evocamos como acompañante necesario de escenas inolvidables.

4.- Tampoco demuestra que la música exista en ausencia del hombre o le anteceda, la música es un invento del hombre, sin él no habría música solo gorjeos, sonidos, rumores, ruidos y todo lo más armónicos de pájaros en celo sin el sentido espiritual que le damos los hombres a la música. No quiero decir con ello que la música no podría darse sin una conciencia que la escuchara, lo que quiero decir es que no seria posible sin una conciencia que la inventara.

Cuando se hace la pregunta ¿cree usted en Dios? sucede lo mismo: hay muchas formas de creer en Dios y la mayor parte de esas creencias son banales y pre-personales debidas al miedo o a la incertidumbre o a la pereza intelectual; no inducen conductas concretas ni preguntas filosóficas, ni metafísicas que impulsen hacia la expansión del universo cognoscible ni mucho menos cambios en la vida que impliquen modificaciones en el estado de conciencia o estados de fusión mística, ninguno de los católicos que conozco han tenido jamás una experiencia espiritual y se adhieren a sus creencias religiosas de una forma acrítica, por costumbre.

De manera que no creo que la religiosidad tenga una base biológica y si la tiene se encuentra tan alejada de la creencia religiosa formal –la que se manifiesta en el fenotipo- que no vale la pena desgajarla de otras actividades humanas de búsqueda de sentido o autocomprensión. También creo que la espiritualidad está unida a esa red semántica de búsqueda de sentido que alimenta el hecho religioso del mismo modo que la poesía o cualquier otra actividad humana de elevación espiritual.

Lo cierto es que la espiritualidad laica parece tener perdida la batalla con la religiosidad. Esta es una idea que sostienen algunos de los teóricos de la neuroteología (como Adolf Tobeña) y que no tengo más remedio que recordarles desde aquí que Sigmund Freud ya sostenía -desde un punto de vista bastante pesimista- la misma opinión. Freud pensaba que la ilusión que empuja el sentimiento religioso nunca podría ser vencida por el empuje de la razón de manera que la única forma de progresar en la conciencia humana es integrar y superar las fases etnocéntricas de su desarrollo tal y como propone Wilber. Sin esa trascendencia ni la religión ni el sentimiento religioso no podrán nunca desembarazarse del fanatismo y de la idea de que representan la Verdad revelada.

En necesaria pues –tal y como propone Francisco Varela- renunciar a ese fundamento divino y construir una ética sin fundamento, una ética que deberá integrarse en el gen hasta alcanzar a ese hombre gen-ético (Rojo).

Bibliografía.-

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Arietti, S: “Creativity: the magic síntesis”. Ney York Mental Books, 1976.

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Rojo Sierra M. “El Hombre Cósmico. Aportación al Transhumanismo de Julian Huxley”. Ed. Promolibro, 1999

Teilhard de Chardin, P. “Como yo creo”. Taurus, Madrid, 1970

Huxley J. “Nuevos odres para vino nuevo”. Editorial Hermes, 1959

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Herman Van Praag, Peter Verhagen, Juan J,. Lopez Ibor et alt: “Religión and psychiatry: beyond boundaries”.

Larson, E.J. and Whitman L. 1997: “Scientists are still keeping the faith”. Nature 386, 435-436.

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David Cooper. “La muerte de la familia” Editorial Ariel, 1976.

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Mediavilla, Jose Luis: “Análisis temático y estructural del delirio” Mito y delirio. Cartas de Ramón Sarró. Oviedo. KRK ediciones 2001.

Nota liminar.-

Conferencia pronunciada el 15-12-10 en la “Fundación de estudios avanzados” y editada en el 3er encuentro “Sin salud mental no hay salud”. Monográfico sobre problemas y soluciones actuales.. Valencia 2010.

22 pensamientos en “Psiquiatría y espiritualidad

  1. Hola Francisco soc Josep el que li acaba de picar per telefono.

    Usted dice en su escrito mas arriba “De manera que no creo que la religiosidad tenga una base biológica” y en esto se equivoca, si contesta le puedo demostrar que no es asi.
    Un saludo

  2. Pues creo que en el post pongo argumentos suficientes para discriminar lo que es una practica religiosa concreta (que viene definida culturalmente) de la “busqueda de sentido” que es sin duda algo que nos viene de serie. La religiosidad procede de la numinosidad por asi decir, y eso si que es biologico.

  3. Gracias por su contestacion.
    Lo que queria decirle es que la tendencia en creer en algo superior o sea este sentido religioso es natural en el hombre se ve en todas partes de la historia y en todo lugar geografico sea que esten aislados o no

  4. Usted tambien dice
    “El que la música guste a mucha gente no significa que exista un gen (o genes) para la música o que el gusto por la música preexista biológicamente. Es posible que la música nos guste a todos porque tiene que ver con los modelos que aprendimos en la adolescencia y la evocamos como acompañante necesario de escenas inolvidables”.
    No podria ser que esta extraña sensacion llamada belleza en todos sus aspectos los cuales incluye también la musica y la poesia es debido a los armonicos, y el hombre esta totalmente dotado para detectarlos estén donde estén?

  5. Pues despues del ver el blog se me ocurre lo siguiente:

    El murmullo del agua,
    el son del viento,
    el susurro del bosque estremecido por sus inquietas ráfagas,
    el lento arrullo de la tórtola,
    el graznido del cuervo vagabundo,
    todo acento por ave, fiera o eco producido,
    el nombre santo de su Dios pronuncia,
    su gloria canta, su poder anuncia.

    (José Zorrilla)

  6. Dios está en todas partes si tú lo quieres ver y en ningún lado si no. Recuerdo un proverbio árabe que decía: ” Si tu crees en Dios, Dios existe y tienes razón, si tu no crees en Dios, tienes razón y Dios no existe”. La idea de Dios es un asunto absolutamente personal, y va ligado precisamente a nuestra propio desarrollo, cambia con los años y las circunstancias. Personalmente, he pasado la mayor parte de mi vida no creyendo en nada, o creyendo en todo, que para mí es exactamente lo mismo. Desde hace un tiempo intento creer, pero no me es posible. Es como si mi estructura emocional y racional se hubiera comprometido en la deriva. Y quizás me opongo porque yo creo en un universo mutable y cambiante, en una Humanidad politeísta y diversa, es decir, creo en el movimiento continuo a la manera de aquel viejo Heráclito y eso no se lleva bien con el concepto de Dios como algo inmutable, eterno y “quieto”.
    Todo se mueve.
    Salud.

  7. Bns nchs. Muy interesante la ponencia. Para releerla varias veces. Profunda. Conecto con la misma pues a mis 5 anhos me surgio espontaneamente la pregunta: quien le creo a Dios? La existencia de Dios la daba x descontado. Pero mi pregunta iba mas alla. Lo busco desde hace un poco mas de 50 anhos. Exactamente hace casi 53 anhos. Hoy tengo casi 58. Que es ese tiempo dentro de generalidad? Soy catolico. Pero me tome unos anhos sabaticos. Me hice reikista, explore el budismo, el feng shui, el hinduismo. Nada. Lo sigo buscando. A veces y con determinadas personas “salgo al balcon a tomar una bocanada de aire puro“. Hago unos dibujos raros. Creo que es un lenguaje del alma. Me hace muy bien. Entro casi en extasis y al regresar me siento muy bien. Centrado. Ultimamente investigo algo sobre sicologia transpersonal de Stanislav Grof. El estado alterado que lograba con drogas, ahora lo logra creando una frecuencia especial con sonidos,aromas, y otros. Para poder acceder al subconsciente, y producir la sanacion. Ahora estoy volviendo a mi pozo, el catolico. San Francisco de quien soy devoto desde los 16 y Juan Pablo II son mis referentes celestiales.Bueno, es apasionante este tema. Seguire comentando. Saludos.

  8. Paco, bn dia. Tengo 57 anhos. Hace 52 anhos q busco a Dios. A los 5 anhos me pregunte: quien creo a Dios? Ahora estoy en crisis. A mi hija se le diagnostico TB. Y tuvo su primera gran crisis a los 27 anhos. Un tsunami familiar. Me obligara a replantear mi paradigmas. Ej. Que el estado normal es la salud. Q restablecerla es identificar donde se tranca el fluir de la energia. La verdad q en estos 52 anhos no le senti a Dios. Y como Job le digo: no te niego. Solo q no me gusta tu forma de ser. Especialmente eso de esconderte. Para que? Tb otras cosas: el diablo. Hace lo q quiere. El dolor, la enfermedad. La muerte. Eso es lo q mas me revienta. Para q vivir si tenbenmos q morir. Un absurdo total. Otro: somos 7 mil millones de humanos. Tan bien nos adaptamos, q eso mismo es un problema. Ya no hay guerras. Ni la 2da guerra mundial, ni ahora lo de Siria logra frenar la espiral ascendente q nos lleva a la catastrofe. Desapareceremos como especie. Otro: nos puso el instinto sexual incontrolable. Sirvio antes. Ahora es un problema.Otro: el deseo del hombre es mas en el tiempo. La mujer a los 50 ya no. Introduce un desfasaje, no resuelto. Hay q ir con mas joivenes. En fin es un caos esta vida. Hacia donde vamos? Ahora es posible sentirnos mas cerca x las redes y la globalizacion. Sentimos q una problenmatica de un hombre del 3er mundo es igual al del 1er mundo. Aparentemente el ser humano es una sola cosa. Pero que es? Mi nombre se inspiro en Alexis Carrel, el medico frances q se convirtio impresionado por curaciones en Lourdes. Y escribio: La incognita del hombre. Otro comentario: investigue s/ Feng Shui, lei s/ Budismo, me hice Reikista. Lei s/ Logoterapia. Estudie PNL. Buscando respuestas. Cuando crei tener alguna nocion, me viene esto del TB de mi hija. Todo en foja cero. Para terminar: cree ahora un Blog: alexgaliani.wordpress.com donde abundare en detalles. Te invito a seguirme. Por ultimo: por motivo laboral viajo mucho: 8 horas semanales. Conduciendo. Propongo: tener tus notas en MP3. Asi te podemos escuchar mientas viajamos, y luego comentamos en Facebook. Hay un sitio ivoox.com donde se descargan audios. Un periodista tien en espacio Cita con la Noche y opera asi. Dsd ya grcs x tu atn. Slds. Alex

      • Grcs x tu atn. Es cierto. A veces piensoo obligados a vivir. Nadie nos preguntoi si queriamos venir. Al hacer balance de lo positivo y lo negativo, creo que la mayor parte de la humanidad,le dara negativo. La religion es una salida. Despues tendran su recompensa. La fe es muy importante para no pensar en la posibilidad que nada haya despues. Que raro todo! Que habra pensado Dios, al disenhar todo asi? Desde luego que a Dios lo hacemos a nuestra imagen y conveniencia. Que necesidad tiene El de ser bueno.

  9. alexgaliani dice usted “nadie nos pregunto si queriamos venir” y con este pensamiento parece que tenga usted razon, pues solo pude tener razon en un mundo de desagradecidos, porque es de bien nacidos ser agradecidos, y para hacer un buen regalo no hace falta pedir permiso, la vida es un gran regalo, ademas a uno que no ha nacido no se le pude preguntar nada, esto Dios se lo pregunta a uno a lo largo toda una vida, se necesita tiempo para responder a esta pregunta y aunque Dios nos hizo sin nuestro permiso no nos salvara sin nuestro consentimiento.
    Ademas puede irse cunado lo crea conveniente nadie se lo va a impedir

  10. Estimados!

    Hace 10 anos a dia de hoy Yo me creia ser el Mesias. No siempre lo creia, pero por momentos si, no lo puedo negar.
    Hoy 10 anios luego, he podido reencaminar mi vida, tengo una casa propia, un trabajo estable y una familia. Que ha pasado en esta decada que me ha hecho cambiar de parecer, o que ha sucedido que ha generado un cambio tan drastico en la percepcion y entendimiento de la realidad?
    Hay un factor importante: El mandato familiar, social y personal de lo que uno debe ser. Es muy poderoso y complejo. Cuando uno se siente lejos de ese deber ser, no lo identifica, no lo razona, no lo percibe, esto genera una disociacion interior dificil de lidiar. Esa segmentacion, fragmentacion de pequenias partes que tironean, con cierta autonomia, cada una para su lado, generan un colapso en la conciencia.
    Necesitamos algo mas grande, mas sabio, mas fuerte y ordenado, que nos baje linea y nos de instrucciones. Y a veces queremos empersonificarnos con esa energia que podemos llamar espiritu santo y otros nombres, y porque no, sentirnos bien, lejos de esa basura fragmentada que debemos lidiar cada dia. De la negacion al dolor nace el delirio, y la separacion de lo real, de lo sensato, de lo cuerdo. Pero este es un camino sofisticado de poder tener una vision global, elevada (de la realidad) del problema, y a la vez un respiro de la miseria de los males del caos mental. Asi desorganizados, pero sintiendonos guiados por algo superior que nos unifica, tenemos la libertad de avanzar, deprimir la depresion, y empezar el arduo y doloroso camino de la defragmentacion del ser, con altos grados de paciencia y dolor, pero com la fe inamobible de estar haciendo algo que e correcto por estar amparado por la inteligencia suprema. Mas por estar escindidos parcialmente de la realidad el camino presenta abruptos sobresaltos, donde el rigor de la verdad terrenal hace estrago sobre nuestro traje sutil que hemos adoptado. Y en la batalla entre lo terrenal y lo que es elevado, y bice versa, nos podemos trenzar en una epopeyica guerra interior. Que vista desde afuera puede ser nombrada y clasificada, e intercedida con mayor o menor acierto. Pero siempre siempre es una baltalla entre partes de uno, que provienen de distintas corrientes geneticas propias, que buscan predominancias y equilibrios internos y hasta sometimientos.
    Si. Despues de anios de batalla, el hijo del rey, el mesias, fue encontrando su propio poder, que en un principio, fruto de cortocircuitos y preso del caos no podia tener su sentido a cada dia que se presentaba por la manana, inexorablemente.
    Dice un dicho Aleman: ” si no sabes para donde correr, para que correr”. Es eso. Uno no sabe para donde correr. Y como uno se tiene que mover, opta por hacerse amigos de los angeles.
    Existen los angeles? Estan alli cuando uno los busca. La significacion que uno le da a las personas y a los objetos define su significado en la trama vital, y eso es innegable. Que esto sea positivo, eso es para cada quien, muy relativo y dificil de ponderizar. Pero que es un fenomeno parte y necesaria de la sanacion de la enfermedad vital, de eso no hay duda.
    Muchas gracias por leer mis palabras, seria encantador para mi poder recir sus opiniones sobre mis reflexiones.
    Sin mas, attentamente.,
    MJC

  11. Agrego a mi post:
    Si uno hace un calculo matematico y el mismo da un resultado correcto sentimos que existe verdad alli. Lo que sentimos como verdadero nos produce un sentimiento.
    De esta misma manera, Dios tambien es un sentimiento. Cuando vemos un magestuoso amanecer sentimos lo sublime, lo mismo cuando tenemos la suerte de estar en lo alto de una montania. Ese sentimiento relativo a lo sublime, lo perfecto, lo sobrehumano, lo divino se lo puede llamar Dios y le podemos atribuir infinidad de caracteristicas que estan asociadas a lo divino, que lo ligan a esa sensacion, que luego pueden ser decodificadas en mandamientos, preceptos, aforismos, etc.
    Lo que si vi en primera persona es que esta sensacion espiritual puede ser estimulada a drede y con mucha intensidad. Esto hacen los llamados Hare Krishna cuando cantan incansablemente su mantra circular y eterno. Es una excitacion del sentimiento divino, se lo puede ver en sus ojos, ellos estan sintiendo ESO. Sus escrituras hablan que esta dicha es el fruto de su devocion, de la entrega a este sentimiento.
    Esto lleva a una modificacion de la conciencia, no es algo para tomarse demasiado a la ligera. Pero si, es una clara exposicion de la exacerbacion del sentimiento divino.
    Creo que ahora si, sin mas,
    Martin

  12. COMENTARIO REVISADO. GRACIAS.

    Meditación acerca de Dios y la conciencia.

    Un “Sub” Dios ordena a todo lo que es materia, así como la presencia del sol ordena los días y las noches de la tierra.
    Un “Sub” Dios de lo inmaterial, de lo sutil, la conciencia individual y la conciencia colectiva, y de la conciencia de las conciencias.

    Los “Sub” dioses responden a Dios. Dios puede ser un concepto, un sentimiento o algo mas allá del pensamiento y sentimiento.

    Para trabajar con la conciencia individual se puede tener diálogos internos.

    Para trabajar con la conciencia grupal se habla con terceros.

    Para trabajar con la conciencia que integra todas las conciencias, humanas y no humanas, se habla – cuando la sentimos mas presente – en silencio, en dialogo interno….y con otros en momentos divinos.

    Dios se hace palpable cuando nos sentimos muy pequeños frente al universo, nuestra insignificancia frente al universo es notable.

    La conciencia de la conciencia debe estar atenta a lo que pensamos y decimos, pensemos bien entonces.
    Slds.,
    Martin

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