Disociación, estrés traumatico y conversión

Dr. Francisco Orengo García

Introducción

Llevamos décadas hablando, especulando, investigando y – a pesar de ello-  dándonos de bruces con la realidad clínica que representa la clínica disociativa / conversiva, antes histérica.

Por otro lado, desde que se consiguiera el gran logro de crear en el DSM III (DSM, 1978)  el diagnostico de estrés postraumático en la nosografía y nosologías psiquiátricas, pensamos, estudiamos y analizamos la interrelación entre disociación y clínica postraumática. Nos interesa de manera especial conocer, saber, en que medida los mecanismos y síndromes histero – disociativos se establecen de forma peritraumática o están presentes en mayor o menor grado antes, durante y después de las experiencias traumáticas severas. La repercusión que a su vez tienen las secuelas psicotraumáticas sobre los mecanismos generadores de respuestas disociativas es también de gran interés.

Para los psiquiatras y psicólogos, pero también para los neurólogos, es de una importancia máxima dilucidar todas estas cuestiones que afectan a la manera de diagnosticar todo tipo de cuadros clínicos. De manera muy especial, el interés sobre está cuestión está relacionada con el propio estado mental del observador clínico. Por ejemplo: Debido a la volatilidad, fluctuación e inaprensibilidad de los fenómenos disociativos, con frecuencia son poco menos que ignorados, no vistos. Esta actitud conlleva un déficit diagnostico importante pues ignora nada menos que, por ejemplo,  alteraciones de consciencia leves pero cualitativamente decisivas como son los fenómenos de microtrance o consciencia cualitativamente disminuida en la disociación o bien alteraciones de la memoria que denominamos hipo e hipermnésicas, que son inherentes a la condición disociativa pero que pasan desapercibidas en este contexto y son adjudicadas a cuadros de otra semiología.

Para la práctica neurológica es esencial por otro lado hacerse con una “Neurología de lo psicotraumático” y manejar de una vez una neurología funcional que de respuesta a cuadros de miedo, terror, riesgo o sensación de peligro que amenazan la supervivencia psíquica y física de la persona.

A continuación vamos a realizar un nuevo repaso y puesta al día de todas estas cuestiones con el fin de seguir reintentando que toda esta problemática no recaiga en el olvido.

¿QUÉ ÉS DISOCIACIÓN?

De acuerdo con Putnam (Putnam, 1994), disociación es un proceso que produce una alteración en los pensamientos, sentimientos o actos de una persona de forma que, durante un periodo de tiempo, ciertas informaciones que llegan a la mente no se asocian o integran con otras, como sucede en condiciones normales.
Por otro lado, M. Steinberg (Steinberg, 1994) comenta que las experiencias disociativas se caracterizan sobre todo por una “compartimentalización de la consciencia”. Esta expresión se refiere al hecho de que ciertas experiencias mentales de las que se espera normalmente que se procesen juntas y al mismo tiempo (pensamientos, emociones, sensaciones, recuerdos y el sentido de la identidad), se encuentren aisladas funcionalmente unas de otras permaneciendo en algún caso inaccesibles a la consciencia o a su recuperación mnésica voluntaria. Más abajo comentaremos las ideas de Holmes et al.  (2005) y Cardeña (1994) al respecto.

Por otro lado, la última revisión del DSM IV postula que  “… disociación es el proceso en el cual las funciones normalmente integradas de la consciencia, identidad, memoria o percepción del ambiente están interrumpidas”. A su vez la OMS (CIE 10, 1992) sostiene que los Trastornos Disociativos  poseen un rasgo común consistente en “la pérdida parcial o completa de la integración normal entre ciertos recuerdos del pasado, la consciencia de la propia identidad, ciertas sensaciones inmediatas y el control de los movimientos corporales”.

Más recientemente, Butler, Duran, Jasiukaitis, Koopman y Spiegel (1996) ven en la interrupción de la atención y del control voluntario un elemento central en la definición de disociación.

En este sentido, la disociación puede ocurrir en el ámbito de la percepción (p.ej. atención focalizada como en la absorción), conducta (p.ej. acciones automatizadas como conducir un coche), afecto (p.ej. el embotamiento de la respuesta emocional ante circunstancias abrumadoras), memoria (p.ej. amnesia de acontecimientos traumáticos) e identidad (como la inseguridad respecto de la propia identidad durante una despersonalización).

Las definiciones de disociación también difieren dependiendo de si lo que se discute son rasgos o estados.

La noción de un estado disociativo implica que la disociación puede ser un fenómeno episódico. La disociación como estado es experimentada por algunas personas, durante algún tiempo, generalmente un tiempo limitado y, presumiblemente, disparado por una situación concreta.

Por el contrario, el rasgo disociativo se refiere a la disociación como una característica común de la personalidad que, como todas ellas, está expresada en mayor o menor grado en cada individuo.

Finalmente, la condición de la disociación como una defensa es reconocida en la literatura psicoanalítica (ver Cameron, 1963, Ellenberger, 1970).

Se entiende como “ Un intento de preservar la integración del ego reduciendo su  amplitud,  a base de eliminar algunas funciones del mismo con el fin de bajar la tensión emocional a límites manejables…La persona normal practica  la disociación como una manera de mantener a distancia algo traumático, es decir para poder prepararse para aceptarlo, digerirlo y finalmente asimilarlo” (Cameron, 1963, p. 341).

EL “CONTINUUM” DISOCIATIVO

Esta gradación de menos a más de fenómenos disociativos estaría constituida por una secuencia que iría de uno a siete, de la siguiente manera:

1. Estados de absorción
2. Despersonalizaciones transitorias
3. Fenómenos hipnóticos
4. Trastorno de despersonalización
5. Amnesia disociativa
6. Trastorno de somatización
7. Trastorno de identidad disociativo

Todos ellos van desde la normalidad constituida por los fenómenos de absorción a las más graves formas de Trastorno de identidad disociativo.

Al mismo tiempo, veamos qué síntomas psíquicos, estados y procesos mentales están asociados con la etiqueta “disociación”. Nada menos que los siguientes:

Despersonalización, desrealización, pensamientos / sensaciones intrusas, flashbacks, pérdidas de control y sentimientos de “lo ya hecho”,  atención disminuida, estados de posesión y trance, sugestiones hipnóticas, absorción, atención dividida, amnesia psicógena, alteración de identidad e identidades múltiples, confusión de identidad, síntomas médicos “inexplicables”.

La teoría neodisociativa

Ernest R. Hilgard en su libro “Divided Consciousness. Multiple controls in human thought and action. Wiley – Interscience. 1986. p. 188.”, introduce tres conceptos fundamentales:

  • el concepto de “observador escondido”, es decir de aquella instancia psíquica que “ se percata pero no sabe” junto con los de “distanciamiento” y “compartimentalización”.

Esta conceptualización “del que se percata pero no sabe” se encuentra en relación con la forma de percibir no consciente, implícita, fruto de la investigación en la hipnosis clínica y de la percepción inconsciente (Perrig, Wippich y Perrig – Chiello).

Todas estas aproximaciones de larga tradición en Psicopatologia nos permiten acercarnos paso a paso a las más recientes concepciones de J.R. Brown (Brown J.R. Different types of “Dissociation” have different psychological mechanisms.  J. of Trauma and Dissociation. Vol.7. Nº 4. 2006) sobre la reorganización nosográfica de los dos grandes grupos de fenómenos disociativos, es decir, los fenómenos llamados de compartimentalización y los denominados de “distanciamiento” o “desvinculación” (detachment).

Veamos en primer lugar el grupo de los fenómenos de distanciamiento o desapego (detachment).

DISTANCIAMIENTO / DESAPEGO

Este grupo lo constituyen, de acuerdo con el planteamiento de Brown,  las siguientes experiencias psicopatológicas:

1) EMBOTAMIENTO EMOCIONAL
2) DESPERSONALIZACIÓN
3) DESREALIZACIÓN
4) EXPERIENCIAS DE FUERA – DEL – CUERPO
5) AMNESIA POR DEFICIT DE CODIFICACIÓN

COMPARTIMENTALIZACIÓN

Por otro lado, entre los fenómenos de COMPARTIMENTALIZACIÓN encontramos los siguientes:

1) SÍNTOMAS NEUROLÓGICOS NO EXPLICABLES
2) FENÓMENOS HIPNÓTICOS
3) EXPERIENCIAS  DE LO “YA HECHO”
4) IDENTIDADES MULTIPLES
5) AMNESIA DEBIDA A UN DEFICIT DE RECUPERACIÓN

Habría un síntoma que se describe  “a caballo” entre ambos grupos que sería la llamada “confusión de identidad”, es decir la sensación subjetiva  de incertidumbre, perplejidad o conflicto en relación con la propia identidad de uno.

A continuación veamos las bases biológicas de estos dos tipos de fenómenos psicopatológicos.

Bases biológicas del distanciamiento o desapego

Según Holmes (2005), siguiendo a Sierra y Berrios (1998), se trata de un mecanismo de defensa biológico desarrollado para minimizar los efectos potencialmente debilitantes de una experiencia emocional extrema en situaciones de amenaza. Se desencadenaría cuando un aumento importante de la ansiedad provoca que desde el lóbulo prefrontal medial se inhiba el procesamiento emocional por el sistema límbico consiguiendo así una respuesta simpática reducida. El resultado es un estado deprivado de experiencia emocional que facilitaría la conducta adaptativa frente a una amenaza.

Como respuesta a corto plazo ante situaciones ocasionales de peligro es eficaz, pero se torna  contraproducente para el sujeto si persiste o debe cronificarse ante amenazas traumáticas continuas.
Así se construiría por ejemplo un trastorno de despersonalización.

A nivel psicofisiológico se caracteriza por:

Medidas de la reactividad emocional:

1) Reducción significativa de las amplitudes de la conductancia de la piel y
2) Latencias de conductancia cutánea aumentadas A ESTIMULOS DESAGRADABLES pero no a neutrales o inespecíficos.

Y, en relación con respuestas neurales ante imágenes aversivas:

1)    Respuestas neurales reducidas en regiones cerebrales típicamente activadas por estímulos emocionales (insula y cortex occipito – temporal) y

2)    Respuestas neurales aumentadas en regiones asociadas con la regulación emocional (cortex prefontral ventral)

Bases biológicas de la COMPARTIMENTALIZACIÓN

1)    El fenómeno, según Holmes et al.  (2005) y Cardeña (1994), incluye un déficit  en la capacidad de controlar deliberadamente acciones o procesos que se encontrarían normalmente bajo control: incapacidad para codificar de manera integrada (p.ej. procesos o acciones inconciliables)

3)    El déficit no puede ser superado por un acto de voluntad

4)    El déficit es, en principio, reversible. Y

5)    Puede ser demostrado que las funciones aparentemente interrumpidas operan normalmente y continúan influenciando los procesos cognitivos, las emociones y la acción.

Esta definición incluye síntomas como:

Amnesia disociativa, fugas, T. de Identidad Disociativos, síntomas físicos de conversión y somatoformes.

Fenómenos similares como amnesia, anestesia, pseudoalucinaciones, alteraciones motoras etc.  que pueden ser producidos usando sugestión hipnótica también se incluyen dentro de los fenómenos de compartimentalización.

Como adición actual a estos fenómenos de compartimentalización se añaden los síntomas de “lo ya hecho”, es decir acciones que suceden a la persona sin tener la sensación de haber sido hechas por ella. Estas son consideradas como despersonalizaciones por excelencia.

Los fenómenos de compartimentalización irían desde experiencias no patológicas como las obtenidas por hipnosis pasando por alteraciones leves como las amnesias transitorias, hasta formas más graves como los TID.

En cada caso, las funciones aparentemente interrumpidas se dice que estarían “compartimentalizadas”.

Veamos a continuación con mayor detalle el demostrativo estudio de Kuyk, Spinhoven y van Dick (1999) con dos grupos de pacientes:

1: Con amnesia después de crisis convulsivas generalizadas no comiciales
2. Con amnesia después de crisis comiciales generalizadas

Se les hipnotiza algún tiempo después de la crisis y se les suministran sugestiones para la recuperación de recuerdos que conciernen eventos que ocurrieron durante la crisis.

Los resultados de la investigación mostraban que:

A) Un 85% de los pacientes con crisis no comiciales recuperaron información sobre la crisis sobre la que previamente habían sido amnésicos.

B) De los del grupo con crisis comiciales ninguno lo pudo hacer

La conclusión que se obtiene es que los primeros “compartimentalizaron” aunque no podían acceder a la información sin ayuda y, los segundos, simplemente no registraron la información periictal.

Otros casos de la llamada “percepción implícita” debida a o en presencia de compartimentalización, se da en pacientes con trastornos de conversión (por ejemplo, en cegueras psicógenas que demuestran que “si perciben”) como veremos a continuación.

Llegado a este punto, quisiera hacer unas consideraciones sobre mis propias investigaciones realizadas hace 20 años en relación con el problema de la histeria de conversión y sobre  las concepciones a las que llegué y que se relacionan directamente con la temática que vengo comentando.

SOBRE LA CUESTIÓN CONVERSIVA DESDE UNA PERSPECTIVA NEUROPSIQUIATRICA

Durante mi estancia en Washington en la Unidad de T. disociativos de Frank W. Putnam el Nacional Institute of Mental Health, me dediqué al estudio de los textos clásicos sobre la histeria como por ejemplo los prácticamente desconocidos, procedentes de la Deutsche psychiatrische Klinik en Praga de los años 20 con Otto Pötzl al frente (24), los trabajos de Goldstein y Gelb (28) sobre agnosia aperceptiva o los de Anton (29) y von Monakow (30) sobre agnosia visual, es decir sobre todos aquellos mecanismos que dan lugar a alteraciones de la percepción en el sentido del “no – darse – cuenta”, de “lo no percibido” activa o pasivamente. En otras palabras, de lo que venimos llamando compartimentalizado o de lo que llamaríamos  “no consciente pero presente”.

Uso esa expresión para nombrar todo aquel estilo perceptivo presente en un grupo de trastornos neuropsiquiátricos en los que el paciente no es consciente de lo que percibe o, dicho de otra forma, no sabe, no registra conscientemente que está percibiendo lo que está percibiendo.

EN CLAVE FREUDIANA NEUROANATÓMICA

Desde una terminología en clave freudiana, me estoy refiriendo con lo mencionado más arriba a la expresión, por ejemplo en forma de síntomas conversivos, de lo que el paciente “no-sabe”, es decir no le es consciente, pero aún así tiene alojado en su Inconsciente. Janet denomina a este mismo plano anatomofuncional “subconsciente” dándole así una acepción topográfica más evidente. Morton Prince denominó a ese mismo plano “co consciente” y Bernheim y los hipnotizadores clásicos “doble consciencia”.

Es este saber / no saber y su interacción en el plano neuroanatómico y fisiológico lo que interesó al máximo al Freud neurólogo y a tantos otros, antes y después que él.

Freud describió en un primer momento esos dos niveles de lo “consciente” por un lado y lo “no consciente o inconsciente” por otro, para posteriormente hacer de este mundo “de lo no emergido”, todo un iceberg invisible hundido en el océano del cerebro humano pero constituidor esencial  de nuestras mentes y nuestra cultura.

Dado que la “línea de flotación” de la parte emergida del iceberg, es decir el plano de la interacción “consciencia de / inconsciencia de” está regulada, siguiendo a Freud, por el verbo “reprimir”, actuando de acuerdo a la censura yoica, me interesaron, en relación con el estudio neuropsiquiatrico de la histeria, aquellos estados mentales y condiciones neurológicos que cursan:

1)     con consciencias parciales, alteradas de  déficits somáticos y, en segundo lugar

2)     las alteraciones de consciencia de la histeria y el trance disociativos.

Veamos a continuación los primeros.

1) ESTADOS MENTALES Y CONDICIONES NEUROLÓGICOS QUE CURSAN CON CONSCIENCIAS PARCIALES, ALTERADAS DE DÉFICITS SOMÁTICOS

Respecto a esta cuestión, me interesa especialmente el trastorno anosognosico que descubrí por primera vez en una publicación de 1914 del que iba a ser sucesor de Charcot en la Salpetriere, Josef  Babinski (31). El término anosognosia (no conocimiento de la enfermedad) fue empleado por este, al presentar a la Sociedad de Neurología de París dos pacientes con hemiplejia izquierda que no tenían conciencia de su defecto motor, a pesar de conservar la vigilia y la capacidad de juicio en otros aspectos. Babinski  describe en este trabajo(y esto se ignora sistemáticamente)  la anosognosia al mismo tiempo que  la llamada anosodiaforia o indiferencia a la presencia de enfermedad (adiaforia quiere decir indiferencia). Estas  manifestaciones aparecen generalmente   en cuadros secundarios a lesiones del lóbulo parietal derecho, del tálamo óptico derecho y de la proyección tálamo – cortical.
Otra variante, para mí de gran interés, en este contexto es la que es llamada “personificación de la hemiplejia” en la que el enfermo se refiere a la extremidad paralizada como “eso” o “ella”. Otros dicen de ella “es flojo, se cansa”. Este trastorno no es raro en el período de recuperación de la anosognosia.
Critchley (32) cita un paciente que llamaba a su brazo “el comunista” diciendo que se negaba a trabajar. En otros casos que aparecen en la literatura, el paciente llama a su miembro paralizado con nombres propios como “Mary”, “George” o “silly Billy”. Juba (33) fue el que denominó a este fenómeno ya en 1949  “personificación”.
En este orden de cosas, también tiene interés mencionar que el mismo Critchley  (32) denominó misoplejia a una actitud crítica hacia la extremidad paralizada, y refiere que en casos extremos los pacientes pueden llegar a golpearla. La misoplegia puede desarrollarse a partir de la desatención, denegación o falta de consideración o personificación del miembro (34).

“CONVERSIÓN Y ANOSOGNOSIA: ¿UN MECANISMO FISIOPATOLÓGICO COMÚN?”
Como resultado de la practica neuropsiquiatrica acumulada y de estas y otras lecturas, publiqué un artículo titulado  “Conversión y Anosognosia: ¿Un mecanismo fisiopatológico común?” (36).

En este trabajo hago los siguientes avances de hipótesis:

1)    existiría un mecanismo por describir que es capaz de realizar una desactivación parcial y funcional de estructuras neuroanatomicas cerebrales a través de una desconexión y aislamiento interhemisférico, de arriba abajo y de derecha a izquierda.

El mecanismo, en el plano puramente anatomoclínico, se conocería en sus diferentes formas, a partir de los trabajos de Antón sobre la entonces (1899) llamada “ceguera histérica” y posteriormente de Babinski  como anosognosia /anosodiaforia tras lesiones cerebrales. Otra acepción en esta línea quedaría capturada en el concepto de desatención (neglect, hemineglect), tanto tras lesiones cerebrales como en procesos consecutivos de adaptación postlesional.

2)    La forma funcional y reversible de la anosognosia / anosodiaforia sería  en el plano anatomoclinico (aquí está la principal hipótesis) el correlato de los conceptos de represión y disociación, en definitiva, el mecanismo que mantendría durante el estado de vigilia y consciencia, ciertos contenidos mentales en lo que Freud denominó Inconsciente.

3)    La diferencia fundamental entre la actividad de estos mecanismos en casos funcionales (psíquicos) o postlesivos (tras lesiones vasculares por ej.) seria que, en lo funcional, la actuación de los mismos sería cualitativa, es decir selectiva para determinados contenidos psíquicos a reprimir, a “desatender”, a disociar, es decir a compartimentalizar. En el caso de las lesiones físicas no hay selección cualitativa alguna y todo el déficit, cuantitativamente, se pone de manifiesto.

Obviamente, estos mecanismos neuropsiquicos al servicio de la desconexión parcial de áreas o circuitos cerebrales, podrían actuar reversible o irreversiblemente. A un nivel local, restringido, en casos leves o de una manera mucho más global como en el caso de grandes traumas infantiles que exigirían mantener disociadas parcial e intermitentemente grandes grupos de funciones neuropsiquicas en conflicto histérico de contraposición (atención, memoria, motórica, determinadas emociones etc.) de manera constante.

De acuerdo a lo postulado, en este sentido, lo no consciente, lo in consciencia de algo sería lo activamente apartado de la conciencia, lo no percibido por impercicibible. Así se conseguirían olvidar, “amnesificar” transitoria y adaptativamente ciertos contenidos experienciales traumáticos. Visto así, lo olvidado sería más bien lo no atendido, lo desconectado, lo realmente denegado, en este sentido lo a – noso – gnosico.

4) Finalmente, deseo añadir que, en esta misma línea, es decir de lo que es o no consciente a nivel neuroanatómico / funcional, publique un trabajo especulativo titulado “Tálamo y consciencia: el error de Charcot y sus eventuales consecuencias sobre el Psicoanálisis” (38). En este trabajo aludo a un error en la interpretación anatomofuncional que prevaleció en la literatura a finales del s. XIX y principios del XX a causa del prestigio de Charcot.

Se trataba de la creencia de que  las vías que llevan la sensibilidad periférica hacia el córtex no tenían un relé o sinapsis talámica. A mi juicio, este error pudo haber influido en las concepciones de Freud (formado por Charcot en esa época) a la hora de ignorar ciertos grados de elaboración sensorial a nivel subcortical lo que, a su vez, hubiera permitido  localizar mucho antes los lugares en el cerebro donde se esconde o aísla lo que no debe llegar a la consciencia.

Quiero decir con esto que la consideración de una elaboración natural preconsciente o subcortical permite concebir la creación de estados de consciencia más o menos separados unos de otros sin necesidad de tener en cuenta toda la entrada de información procedente de las áreas asociativas corticales. Con este planteamiento, es posible pensar en conductas operativas con niveles de consciencia “bajos”, parciales, sin necesidad de alcanzar un estado de “encendido cerebral” completo. Serían por tanto, según esto, estados parciales de encendido cerebral los que constituirían ciertas conductas asociadas a traumas y a estados disociativos. De aquí vendrían las conocidas y clásicas  alteraciones de consciencia en la histeria (39).

En resumen, en mi opinión es a nivel subcortical y a través del mecanismo anosognósico por denominarlo de una manera global, donde estaría establecido lo que podríamos llamar “el diafragma de la consciencia y de la vigilia” al servicio de la realidad psíquica.

CONCLUSIONES

Como conclusión de todo lo anterior, debo decir que el último y mejor hallazgo para mí, de todos, fue darme cuenta de que bastantes cosas de las que suceden en el cerebro y le ocurren a los pacientes, son denominadas de distinta manera según la disciplina que los maneje…aunque se trate de los mismos fenómenos clínicos.

Este hecho es causa de una enorme desintegración en el enfoque global del problema de la mente y su resultado es una incapacidad de compresión de muchos acontecimientos psíquicos y de su correlato neuroanatómico. Por tanto, debido a esta tesitura, es decisivo un trabajo constante interdisciplinar de superposición conceptual como el que se pretende a lo largo de esta Jornada.

9 pensamientos en “Disociación, estrés traumatico y conversión

  1. Hola, buenas tardes;
    Me gustaría hacer una pregunta. Hasta ahora nunca me dio por interesarme en estos temas, pero el pasado domingo por la noche me cambió la vida. Mientras mi hermana y yo estábamos haciendo de cenar en la cocina llegó mi madre, se puso a hablar con nosotras tan normal, y de repente se cayó al suelo, se desmayó, pero no pasó ni un minuto cuando se levantó del suelo por su propio pie. Yo, la ayudé y la senté en el sofá, y al preguntarle qué tal se encontraba me respondió con la mirada perdida y sonriendo que estaba mal, que se sentía mal cuerpo. Vi una actitud muy rara, y me quedé mirándola pudiendo ver que tenía la mirada completamente perdida pero sí que me miraba, a mí y a mi hermana, sonría, y entonces se levantó y levantando los brazos soltó unas carcajadas. Del pánico, estábamos llorando los cuatro hermanos que ya estábamos juntos ante esta situación, mi madre seguía haciendo movimientos raros con las manos y la cabeza, sin dejar de reír y sonreír, y a pesar de que los cuatro hermanos estábamos frente a ella, sólo nos miraba a mi hermana y a mi. Le hablábamos y no respondía, no era mi madre, por último cuando ya estábamos llorando desconsolados al borde de un ataque de nervios, me acerqué a ella y la agarré del brazo diciéndole que parara ya por favor, y entonces, agachó la cabeza, cerró los ojos, y acto seguido “despertó”. Su reacción al despertar, fue preguntar qué pasaba, y que por qué llorábamos, pero lo dijo muy tranquilamente, decía que no recordaba absolutamente nada, y sigue diciendo eso mismo. A pesar de todo, está muy tranquila, y no se ha alterado cuando le hemos contado lo que hizo, es más, le provoca risa, yo no sé que pensar, no se si eso es normal. Mi madre está separada y no tenemos relación con nuestro padre, no tenemos más familia, así que nos vemos solos frente a todo esto que nos viene grande. Dormimos turnandonos por la noche por temor a que pase algo, no vamos solos por la casa, y tenemos pestillos en las puertas de las habitaciones, ni siquiera dejamos que haga la comida por temor a que le eche algo… no podemos seguir viviendo así, la llevamos al hospital y nos dijeron que había tenido un episodio disociativo, una desconexión de la realidad…
    Mi madre es una persona que ha tenido una vida muy dura, con muchas complicaciones, ha pasado por el abandono, el maltrato, los abusos sexuales, un desahucio, un aborto, perdió a 3 hijos frutos de 2 anteriores matrimonios al de mi padre, y ahora está saliendo con un hombre un tanto raro, que por ejemplo le dice que los hijos no sirven para nada, que él no quiere hijos ningunos, que odia a los hijos… Yo no se qué pensar, vamos a volvernos locos.
    Me puede orientar un poco por favor? Muchísimas Gracias, un saludo.

    • Bueno, yo no se si es un t. disociativo o un ictus con amnesia global transitoria, a veces los ictus son muy recortados y duran muy poco tiempo. Las caidas al suelo no encajan bien con lo disociativo. De modo que yo miraria por ahi.

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