¿Locura o neurodiversidad?

La esquizofrenia es el precio que paga nuestra especie por tener un cerebro asimétrico para dar cabida al lenguaje (T. Crow)

A más cultura más malestar (S. Freud)

La esquizofrenia es una adversidad estadistica (M. Bleuler)

neurodiversidad

Una de las criticas  que se hacen al DSM es la proliferación feroz de entidades en el eje I, una carrera que empezó desde su primera edición y que ha ido aumentando a lo largo de sucesivas ediciones, asi:

Mientras el DSM-II, de 1968, listaba 180 trastornos; el DSM-III, de 1980, hizo subir la cifra a 265. Y el DSM-IV, de 1994, a 297.

Ahora, el DSM-V no sólo añade nuevas patologías definidas como entidades separadas (tales como el “trastorno de acumulación compulsiva” o los atracones nocturnos), sino que también va a bajar en algunos casos los “umbrales diagnósticos“, lo cual permitirá incluir a más personas de la población general como enfermas.

Tomado de este blog

Lo cierto es que la batalla gnoseológica no procede -como dice el citado bloguero- de un enfrentamiento entre psicoanalistas y biologicistas sino de un distinta comprensión de los fenómenos mentales por parte de los psiquiatras europeos -de formación psicopatológica clásica- y los americanos con una formación más biologicista. Esta es una guerra cultural donde la industria farmaceutica y la APA son los líderes de opinión de una disciplina que nunca debió verse fracturada en función de ciertos intereses espurios: el dinero de las multinacionales y la hegemonía de USA.

Efectivamente, los nichos nosográficos se han multiplicado hasta el paroxismo hasta tal punto que hoy casi cualquier conducta humana podria “patologizarse” con el DSM-V en la mano (y que está a punto de salir). Esta es otra critica con fundamento, pues ningún manual contiene instrucciones para trazar una linea roja entre la patología y la excepcionalidad.

Otra critica que se hace a los manuales diagnósticos es que tratan ciertos síntomas como si fueran entidades autónomas, es decir se desciende a un nivel muy bajo (ateórico) de definición para acotar un determinado trastorno, por ejemplo, el “trastorno por acaparamiento” es en realidad un sintoma que acompaña a vaces al TOC (al que pertenece heurísticamente), no se entiende demasiado bien la razón por la que se desagrega este sintoma del conocimiento que ya tenemos del trastorno obsesivo-compulsivo clásico.

Otra cosa que se le critica a los DSMs es el borramiento que se hace de la normalidad añadiendo “vecinos” nuevos que emborronan aun más esas diferencias. Un ejemplo es el “trastrono por atracón”. ¿Cómo diferenciar la obesidad por cebamiento de toda la vida con el atracón? Bajo este punto de vista todos los obesos cabrian dentro de una etiqueta psiquiátrica. La gordura no es una enfermedad mental ni siquiera es una enfermedad sino una condición de riesgo.

Y las condiciones de riesgo no deberian patologizarse, ni fumar, ni la osteoporosis, ni la obesidad, ni la eyaculación precoz, ni el embarazo, ni la calvicie son enfermedades. Por tanto no precisan tratamiento médico, su inclusión en un manual diagnóstico tiene consecuencias de gasto para el sistema de atención publica y es una justificación del uso de fármacos que sustituyen a la búsqueda de condiciones de vida razonables y saludables.

Enmedio de esta polémica me encuentro con el libro de Amstrong que me parece aportar un nuevo punto de vista entre tanto “ruido” mediático de personas que estan en contra de los DSMs, aunque es posible que esta oposición no sea tan homogénea como parece. Más abajo , sin embargo diré lo que opino de sus ideas.

Lo cierto es que sabemos más del cerebro que lo que propone la APA en su DSM-V. Por ejemplo sabemos que la homosexualidad no es una enfermedad, es algo que ya sabiamos en los 70 y quizá por la presión de los grupos gay se liquidó esta caracteristica diagnóstica, hoy tendemos a considerarla un efecto neutro de la neurodiversidad. A lo que sigue mi siguiente pregunta ¿Por qué existe todavia un grupo de “trastornos” llamados parafilias?

Las parafilias es el nombre moderno que le damos a las perversiones sexuales de antaño. Me resulta muy curioso que sólo la homosexualidad haya sido removida de este capítulo. ¿Es una enfermedad el trasvestismo, el sado-masoquismo o el exhibicionismo? ¿Es una patologia la pederastia?

Lo cierto es que sobre gustos no hay nada escrito y las parafilias son un catálogo de gustos sexuales periféricos y que además llevan una enorme carga de naftalina e incienso, pues fueron aisladas y descritas en el siglo XIX con enfoques muy moralizantes, religiosos y medico-legales en la convicción de que eran perturbaciones cerebrales que llevaban a conductas “pervertidas” o “degeneradas”, un término que hoy ya nadie defiende en ningún foro cientifico. La supervivencia de estas entidades relativas al gusto sexual se mantiene pues por inercia y quizá tambien porque no hay asociaciones de personal masoquista o exhibicionista influyente que presione a la APA para que retiren estas anticuadas etiquetas. Lo cierto es que hoy la mayor parte de las parafilias se encuentran mejor clasificadas en lo que se llama “estilos de vida”.

La pederastia por ejemplo es un delito no una enfermedad, el solapamiento entre las categorias delictivas, las morales y las psiquiátricas ha envenenado nuestra profesión desde el siglo XIX hacia acá, es la sociedad la que pone la linea roja sobre lo intolerable y hoy existe una amplio consenso en que los abusos sexuales son intolerables desde el punto de vista social. ¿A qué viene mantener este tipo de conductas en los manuales psiquiátricos?.Para eso están las leyes: seducir o violar niños es un delito que tiene particularidades jurídico-legales pero no médicas. Las parafilias no son enfermedades aunque pueden acompañar a enfermedades verdaderas.

Ni están todos los que son ni son todos los que están. Algo asi sucedió con la histeria clásica, un trastorno que aun existe y que pone patas arriba toda la coreografia de las clasificaciones: la histeria es un trastorno sexual, del deseo de poder, un trastorno de las emociones si se quiere, de lo fantasmático y de lo traumático (TEPT) del eje 2 (personalidad o rasgos) y del eje 1 (estados) y que muestra un cortejo proteiforme de síntomas incluyendo a los psicóticos, los impulsivos, los disociativos y los conversivos sin olvidarnos de los alimentarios. La histeria existe y es un compendio de psiquiatría en sí misma pero se acopla mal a las conceptualizaciones de la APA y además de eso: no se cura con fármacos. Por eso no existe en los manuales.

De manera que hablando en términos generales podriamos asegurar que en el DSM-V hay una plétora artificial de entidades y todo parece indicar que el futuro de la psiquiatria pasa por acortar el numero de patologías y optimizar los diagnósticos, separando definitivamente la patologia de la neurodiversidad, es decir lo excepcional, lo raro o lo poco frecuente de lo patológico.

El concepto de neurodiversidad -calcado del de O. Wilson, diversidad- me parece un constructo adecuado para pensar lo psiquiátrico desde otro punto de vista. Las ideas que expone Amstrong son algo empíricamente conocido, ciertas patologias como el autismo o la esquizofrenia correlacionan con talentos especiales, siempre que…..se eluda la patologia.

Lo cierto es que la mayor parte de autistas son retrasados mentales y no genios de la música o de la informática, como nos cuentan -a partir de casos excepcionales- aquellos que quieren minimizar el impacto de los diagnósticos psiquiátricos. Es verdad que en el espectro autista podemos encontrarnos personas excepcionales pero lo mas frecuente es el caso contrario. Lo mismo sucede con la esquizofrenia y el trastorno bipolar, en sus formas mitigadas pueden emerger talentos especiales, sobre todo artísticos, tal y como ya conté en este post, sin embargo no he conocido en mi vida a ningún esquizofrénico -clinicamente afectado por la enfermedad- que sea capaz no solo de crear algo nuevo sino tan solo de ser independiente de los demás.

De modo que hay que andarse con cuidado cuando se relatan este tipo de “supuestos dones” que se encuentran detrás de la patología mental a fin de no idealizarla. Tanto el autismo como la esquizofrenia son enfermedades devastadoras, lo cual no significa que ciertos esquizoides como Dali o el caso mas conocido de Nash puedan llevar a cabo tareas creativas de diversa índole, siempre y cuando no enfermen del todo.

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Una forma de ser (carácter) no es una enfermedad sino un factor de riesgo. Los distintos caracteres existen precisamente para favorecer lo diverso: para que haya de todo, por decirlo en terminos coloquiales. Una de las consecuencias (fortalezas) de la reproducción sexual que viajan en el mismo paquete de la vulnerabilidad. Usualmente son nuestras fortalezas las que nos hacen vulnerables y a nivel evolutivo no cabe duda de que la ventaja que supuso la capacidad de nuestro cerebro de simbolizar se encuentra detrás de nuestra tendencia a la esquizofrenia y que nuestra tendencia a sistematizar está detras de los genes del autismo.

Ahora bien, el concepto de neurodiversidad lo que propone es una nueva forma e pensar las patologías. En este caso la patología sería el extremo de un desarrollo continuo de ciertos talentos o habilidades específicas de ciertas personas. Más concretamente nos remitiría a los talentos sistematizadores, de detalle, de gusto por las cosas o por saber como funcionan o de qué estan hechas y por otro lado los talentos hipermentalistas, destinados a la simbolización, a la narrativa, sociales o interpersonales. (El lector puede visitar este post titulado “fisico o poeta”)

Un pensamiento literal y un pensamiento simbólico junto con las habilidades que cuelgan de ellos y que representan probablemente talentos que evolucionaron por separado en nuestra especie.

Otra de las ideas que se desprenden del libro de Amstrong es la de que nuestros cerebros están diseñados para favorecer la diversidad de tal modo que fueren cuales fueren las circunstancias de nuestro medio ambiente la especie encontraría soluciones a sus problemas de supervivencia gracias a la dispersión de los talentos individuales. Seguramente no hemos sido capaces de construir una sociedad que garantice el bienestar de la mayoría de sus miembros y hemos complicado las reglas sociales hasta el paroxismo. Lo que viene a decir Amstrong es que más que psiquiatrizar las conductas de los individuos lo que convendría es chequear nuestra organización social, pues es probable que sea esta la que genera la mayor parte de disadaptaciones en personas vulnerables y que puede ser tambien que estas personas tengan talentos sin desarrollar que en otro tipo de sociedad y con otras reglas de convivencia pudieran resultar útiles.

De tal modo que: lo que en nuestra sociedad pueda ser inadaptativo, en otro tipo de organización social pudiera resultar adaptado. Algo que los hombres modernos de hoy conocemos bien: ciertos entornos son muy insaludables, pero llenos de oportunidades, me refiero a la urbanicidad y a pesar de eso todos preferimos vivir en ellas.

Lo que habla en favor de la idea de que nuestras vulnerabilidades y fortalezas viajan en el mismo paquete.

Los dilemas de la moral (I)

Para Sigmund Freud la moral era una especie de instancia intrapsíquica a la que llamó Superyó.

El Superyó a su vez tenia dos hijos, el “Yo ideal” y el Ideal del Yo”. El Yo ideal representa a lo imaginario en el principio del placer ( es ideal en tanto en cuanto coincide con mis deseos, incluyendo a cómo me imagino los deseos de los demás), el Ideal del Yo sin embargo es algo impuesto que procede de un lugar ajeno al principio del placer y que contiene censura por parte de alguna instancia extrapsíquica.

Naturalmente Freud no conocía nada de psicología evolucionista y no sabía que en realidad la moral habia evolucionado como un constructo social destinado a limitar los beneficios del egoísmo individual (el principio de placer individual), uno de los problemas que todas la comunidades humanas han tenido que soportar desde el principio de los tiempos: lo que es ideal para el individuo puede ser letal para la comunidad.¿Cómo hacer a los grupos humanos laboriosos, cooperativos y cohesionados?

La moral emergió basicamente para controlar la conducta de los demás, pero no la conducta propia, y es ahi donde Freud se equivocó al situal al Superyó como un homúnculo interno hipervigilante. La verdad es que la mayor parte de los transgresores no reconocen su transgresión ni aun después de haber sido castigados por ella.

La forma en que controlamos la conducta ajena es diversa, por una parte están los códigos penales de los Estados modernos, antes códigos religiosos, pero tambien existen códigos no escritos de costumbres y usos, pragmáticos y no escritos destinados a regular las relaciones de unos con otros: el ninguneo social, el exilio emocional, el descenso de contractualidad social o la muerte civil son algunas de las condenas que estigmatizan a los incumplidores, y eso que hemos convenido en llamar reputación es su defensa.También existe otra forma más doméstica de controlar a los tramposos: el cotilleo, que algunos autores han correlacionado como un factor de salud mental (Brown 1991) y sobre todo un absoluto antropológico.

Es así como solemos enterarnos de quién y qué instancias morales ha transgredido nuestro vecino y de ahi que algunos autores supongan que cotillear es una tarea que ha evolucionado desde edad ancestral hasta nuestros dias debido a que contiene una ventaja social: la de señalar a los transgresores y burlarse de ellos con el fin de censurarlos publicamente o disminuir su rango o prestigio.

Lo cierto es que la moral es una forma de inteligencia emocional y no una categoría que se tiene o se carece de ella, además es una instancia dimensional y no categorial tal y como conté en el post anterior. Al ser dimensional es frecuente que existan contradicciones y antagonismos entre ciertas dimensiones y otras. El ejemplo más frecuente es el de aquella persona conservadora que abomina de la infidelidad matrimonial pero es capaz de sustraer recursos colectivos a través de ciertas formas de corrupción. O el de aquella persona progresista que está a favor del aborto pero en contra del maltrato a los toros en la llamada “fiesta nacional”.

De manera que para comprender mejor estos antagonismos y contradicciones vamos a repasar los cinco pilares de la moralidad descritos por Haidt, recordando que los dos primeros responden  a una ética individual (la etica de la autonomía), los dos segundos a una ética comunitaria o colectiva y el último a una ética de la divinidad o por decirlo de una manera más comprensible, una ética de lo sagrado.

Dimensiones de la ética individual.-

1.- Daño-cuidado. De todas las dimensiones de la ética, la del daño-cuidado es la que recoge un mayor numero de consensos. El 90% de la población estaria de acuerdo es que es bueno cuidar de los enfermos, los ancianos, los necesitados o los niños, asi como que es malo hacer daño a los demás, incluyendo a los daños que se inflingen de forma gratuita a los animales o al medio ambiente como quemar bosques, etc.

Algunas personas como las que nombré en el post anterior han edificado su moral alrededor de esta fundación o dimensión y se han especializado en el cuidado de otros o bien temen el daño propio o el ajeno, elaborando toda una teoria cognitiva alrededor del daño y el dolor o el sufrimiento ligado a la responsabilidades adquiridas por estos mandatos.

Los problemas morales que suelen atormentar a estas personas son los temas del sacrificio individual y los dilemas que proceden del altruismo: “o yo o él/ella”.

2.-Justicia-equidad.- Venimos al mundo equipados con una fuerte sensibilidad a las injusticias y que procede del hecho de que bien pronto en nuestro desarrollo empezamos a compararnos con lo que otros tienen u obtienen, principalmente comparándonos con nuestros hermanos. Desarrollamos asi y de manera muy precoz un catálogo de injusticias percibidas con meridiana claridad. Lo curioso de esta percepción es que parece estar diseñada más bien para detectar las injusticias siempre y cuando nos perjudiquen a nosotros, pero somos ciegos para percibir aquellas que nos benefician. Asi pues, la ética de la justicia-equidad es poco de fiar y aunque representa fundamentalmente los derechos individuales lo cierto es que cuando nos confronta con los derechos de otros comienzan a aparecer las discrepancias.

Hay quienes son más “justicieros” que otros y hay quienes pelean por la igualdad toda su vida, algo que divide a las personas en dos grandes grupos: aquellos que prefieren la libertad y aquellos que prefieren la igualdad. Lo cierto es que libertad e igualdad son valores contradictorios y que dividen a la población en dos grandes grupos, aqui comienzan a haber distinciones y diferencias éticas entre unos y otros. En este post analicé precisamente esta cuestión y la relacioné con el proceso democrático que vivimos en España. Y como se puso fin a la dictadura eligiendo la libertad frente a la justicia.

En los Estados modernos existen muchas injerencias sobre la libertad individual, piense usted por ejemplo en la obligatoriedad de vacunarse contra la gripe en una supuesta epidemia o en abrocharse el cinturón de seguridad cuando conducimos. ¿Tiene el Estado derecho a meterse en estos asuntos?. Si usted valora más la igualdad dirá que si y si valora más su libertad dirá que no.

Paradójicamente esta escala de valores sufre algunas modficaciones en cuanto a gustos, por ejemplo los conservadores defensores de la libertad estarán de acuerdo en prohibir el uso y venta libre de drogas mientras los progresistas defensores en otro lugar de la equidad manifestarán quizá su tolerancia al uso libre de las mismas.

De manera que los consensos casi universales que se obtienen en la dimensión daño-cuidado parecen haberse roto en esta segunda dimensión: aqui ya no hay tanta homogeneidad ni acuerdos sobre qué conductas individuales son morales o no.

Como veremos a continuación en la proximas dimensiones todavia hay menos razones para el consenso.

Dimensiones éticas colectivas.-

3.- La dimensión lealtad-traición.-¿Hasta que punto estamos obligados a permanecer leales a las reglas de nuestro grupo de pertenencia? ¿hemos de seguir las reglas que nos marcan nuestros padres, nuestra etnia, pueblo, nación o cualquier otro colectivo al que pertenecemos? ¿Dónde queda pues nuestra libertad?

¿Hemos de renunciar a nuestros deseos de pertenencia para ser libres?

La mayor parte de la gente se adhiere de una forma casi “perruna” a los hábitos que aprendieron de niños a los que dan por buenos sin ninguna critica, salvo cuando interfieren con sus planes y entonces se permiten echar una cana al aire.

Uno de estos dilemas morales es el tema de la fidelidad a nuestra pareja. ¿Debemos renunciar a tener relaciones sexuales con otro/as solo por el hecho de estar casados o emparejados? ¿Qué grado de compromiso moral tenemos con nuestra pareja?

Se trata de un dilema muy frecuente y que da lugar a mucho sufrimiento e incluso patología. Lo cierto es que se trata -en cualquier caso- de una trangresión muy frecuente, tan frecuente que hemos desarrollado no sólo estrategias de cotilleo para desviar la atención del dilema a otras cuestiones sino que todos (los hombres más) somos complacientes con las escapadas.

Lo cierto es que la monogamia y el amor romántico son una imposición social. En realidad evolutivamente hablando somos bastante parecidos a los bonobos, pero tambien es cierto que una sociedad con libertad sexual total no hubiera sido capaz de medrar tanto como la nuestra. Se impuso pues alguna restricción para saber quién era el padre de quién y otras restricciones para que las mujeres tuvieran asistencia por parte de un grupo familiar potente y cohesionado que pudiera tomar el relevo ante la posible desaparición del hombre.

La libertad y la pertenencia son pues polos en continua dialéctica, existe pues también una ética de la traición, fundacional en los humanos.

4.-La dimensión autoridad-sumisión.- No cabe ninguna duda de que estamos insertados en una sociedad fuertemente jerarquizada y donde la distribución de oportunidades, riqueza, poder y distintas prebendas ofrecen un modelo de pirámide cuya base está ocupada por una mayoria de personas desprovistas de bienes y que en cuya cuspide una pequeña minoria. Desde el punto de vista evolucionista la pregunta seria la siguiente nuestras mentes están estructuradas “con anterioridad a la experiencia social” para la jerarquía o para la igualdad?

Aqui existe un debate interesante porque los datos antropológicos de los que disponemos son más bien confusos, como puede verse en este gráfico, en tanto en cuanto a nuestra procedencia ancestral parece que nuestros origenes simiescos están relacionados con una fuerte jerarquía, sin embargo con el tiempo estas jerarquías fueron debilitándose y convirtiéndose en una sociedad mas igualitaria y cooperativa.

Pero en el Neolitico, la cosa comenzó a torcerse y la curva de la jerarquía comenzó de nuevo a crecer hasta nuestros dias. Todo parece indicar que la aparición de la agricultura y la acumulación de excedentes alimentarios supusieron un cambio radical en las sociedades de cazadores-recolectores, un cambio que precisó de nuevas reediciones de las antiguas jerarquías a fin de asegurar la convivencia. Naturalmente este hecho es interpretable.

En cualquier caso, todo parece indicar que nuestra mente está tan acostumbrada a las jerarquías como a detectar los abusos de la misma, tal y como podemos leer en este post. Algo que nos amarga la existencia a todos con continuos conflictos con la autoridad a la que siempre percibimos como abusiva, incapaz o incoherente.

Etica de la divinidad.-

Pureza-santidad.-La etica de la divinidad o de lo sagrado existe porque existe descomposición, degradación y corrupción en las cosas y hemos desarrollado profundas defensas de repugnancia frente a las mismas, incluyendo la repugnancia moral. Defensas que son inconscientes y fuera de toda lógica racional, se trata de una repugnancia que procede de las tripas y no de la razón, razones que buscan la recomposición, la integración de los restos y los detritus. Es por eso que a esta fundación se le conoce como ética de la divinidad o de lo sagrado, pues opera con entidades incomensurables, invisibles, con algo que se situa mas allá de la reflexión o del raciocinio.

Por eso pueden existir repugnancias morales y no sólo alimentarias, pues ha habido un proceso de moralización y de desmoralización en la genealogia de nuestra concepción de la moral. De ello hablaré en el próximo post.

Nota liminar.-

Para quien quiera cotillear sobre las puntuaciones que obtuve en yourmorals.org, el test de Haidt sobre moralidad puede verlo aqui. En verde están mis puntuaciones comparadas con una población de progresistas (azul) y de conservadores (rojo). Como se puede observar no encajo demasiado con los estandares politicos de nuestro tiempo, cosa que no me ha sorprendido demasiado por el carácter estereotipado de las etiquetas “progresista” o “conservador” diseñadas para la población USA.

Una reconceptualizacion evolucionista del masoquismo

La palabra “masoquismo” apenas se usa en psicología fuera del contexto psicoanalítico, por el contrario es muy utilizada en la vida común como un sinónimo de conductas que buscan placer en el sufrimiento, la exposición a situaciones desfavorables repetitivas, bien una conducta de enfermedad, o un regodeo en la queja o exhibición del dolor. Lo cierto es que la palabra acumula tantor errores conceptuales que se ha vuelto inútil para utilizarla en la clínica.

El principal contrasentido que envuelve a esta palabra es que los masoquistas serían por definición personas que encuentran placer en el dolor. Es por eso que los clásicos, llamaban algolagnia a ciertas prácticas donde el dolor aparecía del lado de ciertas actividades eróticas calificadas como perversiones, hoy parafilias. ¿Pero son masoquistas los depresivos, los enfermos psicosomáticos, los que se quejan de dolor sin causa médica que lo justifique, los eternamente cansados o los que fracasan en sus relaciones amorosas?

Lo cierto es que los masoquistas, si por masoquistas entendemos personas que extraen placer del dolor, simplemente no existen. No existe ningún placer en el dolor y de hecho ningún masoquista erótico busca el dolor por sí mismo sino que lo soporta como parte de un ritual que tiene otras consecuencias psicológicas.

Es absolutamente inconcebible que los investigadores -incluyendo al propio Freud que escribió dos articulos sobre el masoquismo- no hayan caido en la cuenta de que las prácticas sado-masoquistas, -conocidas hoy genéricamente como BDSM- forman parte de un ritual, es decir de una simulación. Y todo ello a pesar de que la celebre novela de Sacher-Masoch -a quien debemos el nombre de “masoquismo”- es una historia de ficción, la narrativa de un ritual muy elaborado.

No es lo mismo jugar a pelearse que pelearse realmente, hacerse el muerto que morir. Las diferencias son notables, una pelea “verdadera” es sobre todo una confrontación agonística (o tú o yo) y se termina con la muerte o el “fuera de combate”, las heridas o la invalidez del contrincante. Una pelea ritualizada tiene como objetivo eludir los daños graves entre ambos, y suele saldarse con la rendición (yield) de uno de ellos que se da a la fuga o se somete dejando al otro como vencedor. Eso sucede en la naturaleza, rara vez los enfrentamientos entre dos individuos se saldan con la muerte o heridas importantes en uno de ellos y eso sucede porque la mayor parte de las conductas agonísticas (competitivas) se encuentran ritualizadas.

¿Qué es un ritual?

Un ritual es una conducta demostrativa que tiene lugar entre dos o más individuos y que se lleva a cabo en función de su valor simbólico. Por ejemplo el homenaje a una bandera, las tradiciones, las celebraciones familiares en Navidad o los ritos y liturgias religiosos se llevan a cabo a través de la captura facilitada por las creencias o los recuerdos compartidos de aquellos que conviven en un determinado entorno y que consensuan como definitorios de su cultura o de sus expectativas.

Caracteristicas de los rituales.-

1.-Son conductas que escapan a la razón y mantienen un cierto aspecto de supersticiones

2.- Son repetitivas y automáticas.

3.- Su supresión desencadena perplejidad, confusión, ansiedad o agresión.

4.- Son antieconómicos, en el sentido de que representan conductas redundantes, hacen perder tiempo y representan esfuerzo.

5.- Son reconocidos por los miembros de la misma especie o por los individuos que comparten una misma cultura.

6.- Son extraños para aquellos que no comparten una misma cultura o para individuos de distintas especies e inducen conductas de desasosiego o de interpretaciones erróneas.

7.- Su propósito es inhibir la agresión, señalar la jerarquía o la disponibilidad sexual, además de por efecto contrario profundizar los vínculos entre individuos.

8.- Son exagerados, dramáticos y exhuberantes y recuerdan a la farsa teatral.

El cerebro social.-

Admitir que somos seres sociales supone admitir dos cuestiones, una de ellas está relacionada con el apego, el eje horizontal de esta carta ortogonal que aparece más abajo. Cada uno de nosotros ocupa un lugar en ese eje, unos son mas dependientes -de las recompensas del mismo- que otros (extremo izquierdo o integración), mientras que en el extremo contrario ciertos individuos permanecen aislados, independientes o marginales. Pero también que en nuestra especie (eje vertical) funcionan jerarquías sociales y que cada uno de nosotros ocupamos en esa jerarquía un rango determinado. La jerarquización social no es una consecuencia del capitalismo ni de la politica sino una consecuencia de nuestro linaje de simios que no hemos sido capaces aun de liquidar a través del aprendizaje social. Más bien lo que hemos hecho es introducir modificaciones y nuevas definiciones del rango de carácter cultural, por ejemplo el dinero concede a quién lo posee más rango que a quién no lo posee, pero esta es una causa proximal y artificial de la jerarquización social que es algo biológico y que viene de serie en nuestra estirpe. Ubicarse en esa jerarquía supone una de las mayores dificultades de nosotros los humanos. Ascender o medrar en ella una de las tareas que más recursos consume en nuestra vida.

Existen cuatro estrategias de interacción entre individuos y que definen el lugar que ocupamos en esa jerarquía que por otra parte se encuentra modulada por el apego y son los siguientes: la cooperación o la lucha, el apaciguamiento, el escape (flight) y la rendición (yielding) y que nos permiten entender como nos relacionamos con aquellos que tienen más rango que nosotros, el mismo rango o un rango inferior.

Para entender mejor estas cuestiones volveremos a J. Price (del que hablé en el post anterior) a fin de ilustrar los dos grandes grupos de maneras de competir que tienen los individuos: el modo agonístico donde la estrategia es la lucha con o sin ritual y donde de lo que se trata es de vencer o de imponerse al rival. Hay un ganador y un vencedor, uno que gana y otro que pierde, es por eso que se llama agonística.

Pero la manera más común de competencia en nuestra especie es la hedonística, aqui el subordinado (que sabe que ocupa un lugar inferior en cuanto a rango) trata de seducir, agradar, apaciguar, someterse o adular al dominante merced a ciertos gestos o actitudes que podemos observar en todas las especies de animales vertebrados y sociales. Se trata de una conducta que tiene como objetivo desactivar la agresión y aumentar la confianza del dominante a fin de conseguir recursos, favores o prebendas que en nuestra especie se encuentran bien diversificados y son a veces muy sutiles.

Las estrategias hedonísticas tienen muchas ventajas sobre las agonísticas, para empezar no hay vencedores ni vencidos, sino una especie de complementariedad donde el miembro subordinado obtiene ciertas ventajas de su posición “de favor” y el miembro dominante un reconocimiento de su lugar en la jerarquía. Ambos ganan y no hay heridos, ni secuelas.

La sumisión como estrategia hedonística.-

Los que se encuentran en los niveles más bajos del rango social (cuadrantes inferior izquierdo e inferior derecho) disponen de ciertas estrategias para escalar en el eje del rango según sus gustos, más integrados y sociales en la izquierda y más aislados en la derecha, pero en cualquier caso es necesario que estas personas sepan qué lugar están ocupando en cada momento en ese eje dominancia-sumisión. Bien entendido que no siempre estamos ocupando el mismo lugar y que según entornos las personas concretas se mueven arriba y abajo. Basta con pensar en el lugar que ocupamos en nuestro trabajo por ejemplo (y que no suele coincidir con el que ocupamos en otros entornos), todos tenemos la experiencia de tener un jefe al que debemos respeto y cierta sumisión, es una buena estrategia llevarse bien con el jefe.

Pero lo cierto es que no todo el mundo opta por esta estrategia, existen tambien los rebeldes, los que se mueven por el cuadrante superior izquierdo que buscan “guerra”, el enfrentamiento agonístico (llevado siempre hasta el limite de lo razonable) y están tambien los evitadores, los esquizotipicos o los que se limitan a negar la jerarquia sin cuestionarla, alejándose de ella (cuadrante superior derecho) o repudiándola. Lo cierto -como todo el mundo sabe- es que las jerarquías existen y todo el mundo sabe también cual es mejor estrategia para medrar en lo laboral.

Lo cierto es que algunas personas por la razón que sea son incapaces de relacionarse con los elementos dominantes de su entorno de un modo “educado” o “socializado”, dando señales de humildad y de sometimiento (por ejemplo callarse cuando el que habla es una autoridad o el jefe que te paga). Sea por lo que fuere, estas personas tienen bloqueada la capacidad de someterse en aquellas condiciones en las que someterse sea lo que aconseje el sentido común. Dicho de otra forma son incapaces de jugar la estrategia de “sumisión voluntaria consciente”.

Segun Price (Price, Slomam et alters, 1994) son estas personas las que tienen un mayor riesgo de deprimirse cuando se confronten a una situación agonística que les obligue a reconocer su derrota. Pues recordemos que este tipo de personas son incapaces de jugar estrategias hedonísticas, algo que sucede cuando existe una percepción de descenso del rango (por ejemplo en una jubilación, un despido, un abandono amoroso, etc), pero también en aquellos casos en que la derrota parece haberse instalado como modo o expectativa de vida, diríamos en la personalidad. Price ha llamado a esta estrategia “sumisión involuntaria inducida”. Se trataria de lo que nosotros hoy entendemos como depresión clinica.

La sumisión como ritual erótico.-

Ahora que ya sabemos qué son y para qué sirven los rituales y también que existen dos formas de sumisión, una involuntaria y otra voluntaria y consciente, es necesario recalcar que la conversión de una estrategia inconsciente en una consicente es por sí misma terapéutica. Asi el propio Price usa la metáfora del ordenador al referirse como “a prueba de fallos” el funcionamiento del cerebro de un depresivo. Se trata de un funcionamiento estandard, seguro, pues suele conservarse el principio de realidad pero al que le falta algo: como al ordenador le faltan los controladores, que en el modo “a prueba de fallos” no se cargan a fin de dejar memoria libre para el funcionamiento normal. En este sentido la depresión sería un modo de funcionamiento de bajo nivel pero no defectuoso, en el sentido de que lograria eludir la competencia (rivalidad) con aquellos que al detectar las señales de derrota del depresivo le dejarían en paz al comprobar que no dispone de fuerzas para llevar a cabo un ataque. La depresión a través de signos de sumisión involuntaria logra comunicar a los demás la baja actividad, el humor bajo y la escasa energía e iniciativa para la competencia o una escalada de hostilidades.

Sin embargo conviene no olvidar que a pesar de sus concecuencias inadaptativas el depresivo puede conseguir mucho poder a pesar de aparentar no tenerlo. (Price y Gardner, 1995),.

Algunas personas utilizan ciertos rituales en sus relaciones eróticas, una serie de actividades que se conocen con el nombre genérico de BDSM. Se trata de un juego de roles donde el elemento sumiso se pone a disposición del elemento dominante a fin de conjurar el eterno dilema del poder en la pareja. Dado que se trata de un juego pactado, las claúsulas que lo conforman pueden establecerse de común acuerdo asi como los limites de la humillación, el dolor o las sevicias.

No cabe ninguna duda de que este ritual proporciona beneficios a quienes lo practican siempre y cuando no se pierda de vista que se trata de una confrontación agonística ritualizada donde “la sangre no debe llegar al rio”, no es lo mismo el BDSM que el maltrato o abuso de la pareja, en este caso el funcionamiento pasaría a definirse como “a prueba de fallos” y estaríamos en el mismo lugar que en la patología: simplemente los controladores no han sido instalados.

Los juegos BDSM permiten a sus jugadores optar a roles que quizá en su vida real solo conozcan de pasada. Mujeres sumisas u hombres dominantes, no son patrones políticamente correctos según en qué entornos y menos aún hombres sumisos y mujeres dominantes: ambos roles están censurados en la vida publica y muchas personas ni siquiera pueden optar a ellos, bien por el misticismo de la igualdad o bien por ocupar bajos niveles de rango. Y de ahi el aumento de practicantes de este juego. Hay algo en el BDSM que resulta transgresor.

Y que permite conectar quizá a una mujer rebelde, competitiva y asertiva con su parte más arcaica y femenina y a un hombre mediocre o atemorizado por su jefe en un dominante macho alfa. Lo importante es saber que el juego de dominación-sumisión no es mas que una simulación de lo que en la vida real sufrimos con más dolor.

Pero cuando digo simulación no debe entenderse que estamos ante una formula teatral, por más que el perfomance fetichista de los entornos BDSM asi lo hagan creer, un ritual tiene como objetivo ser dramático, exhuberante y exagerado, de lo contrario carece de efectos sobre la percepción que se pretende alcanzar. Nuestro cerebro no lo computaría como tal si no es creible

De modo que hablar de sado-masoquismo es algo ya obsoleto, la psicología evolucionista nos ha permitido por fin entender que el yielding (rendición) es una estrategia de alto nivel que nos permite reestablecer conexiones con nuestro verdadero lugar en la pirámide social.

Pues nuestro cerebro no distingue las fórmulas ritualizadas de las desritualizadas. Es por eso que los rituales son atajos a una comprensión racional: se trata del poder de los símbolos de los que dependemos.

Bibliografía.-

Price, J.S. (1992) The agonic and hedonic modes: definition, usage, and the promotion of mental health. World Futures, 35, 87-115.

Price, J.S. & Gardner, R. (1995) The paradoxical power of the depressed patient:  a problem for the ranking theory of depressionBritish Journal of Medical Psychology, 68, 193-206.

Abusos infantiles en niños y niñas: ¿distintos efectos?

¿Tienen los abusos infantiles distintos efectos (a largo plazo) según los sufran niños o niñas?

Se trata de un tema poco estudiado, pero la evidencia clinica y la observación práctica sostiene que los niños (varones) que han sufrido abusos infantiles en su infancia se convierten a su vez, en abusadores en la edad adulta. Más concretamente se convierten en pederastas. Sin embargo esta “reconversión” es dificil que suceda entre las mujeres. ¿Por qué sucede esto?

La razón hay que ir a buscarla entre ciertos conceptos como el que Baumeister ha llamado “impresión o impronta sexual”. Parece que los hombres son en conjunto más rígidos en sus respuestas sexuales y mucho mas dependientes de la situación original, mientras que las mujeres son más plásticas y sus gustos sexuales son más dependientes del contexto. Dicho de otra manera, cuando un hombre aprende algo sobre sus “gustos” sexuales mantiene una conducta estereotipada de por vida en relación con ese gusto, mientras que las mujeres cambian más de gustos -fundamentalmente acoplándose a los de su pareja- y aprenden durante toda su vida.

En este articulo de Baumeister puede el lector ponerse al dia sobre la teoria de plasticidad erótica de la mujer.

De ser cierta esta teoria se podría explicar por qué los hombres dependen más que las mujeres de la situación orginal traumática (por ejemplo haber sido seducido por un adulto durante su infancia), la persistencia de esta conducta en los hombres adultos vendría a darle la razón a Baumeister sobre este asunto. Las mujeres abusadas tambien sufren perturbaciones que afectan al desarrollo de sus emociones y pueden desembocar en rasgos límites, impulsividad o trastronos alimentarios, por no hablar del destino hacia la prostitución, también trastornos psicosomáticos pero no suelen convertirse ellas mismas en abusadoras.

Pero hay más, se trata del destino de las pulsiones sexuales desde el punto de vista de las parafilias. Segun Hanna Aronson cuenta en el libro “Maladapting Minds” cuyos editores son Adriaens y deBlock, el fetichismo tiene tambien este mismo recorrido pulsional distinto en hombres y mujeres.

Lo que nos lleva a un viejo concepto freudiano que ha sido sofocado por la prevalencia del término “trauma”. Freud habló de escena primordial y la vinculó a una excitación, una impresión sensorial, no a un trauma, a un goce no a un dolor. Contemplar algo profundamente excitante en la infancia puede ser- para los hombres- igualmente favorecedor del gusto posterior. Es como si una determinada escena atrapara una enorme excitación que buscara replicarse a sí misma mediante la repetición.

De manera que no sólo los abusos infantiles tienen distintos efectos en niños y niñas sino que también lo tiene la exposición a ciertas escenas sensorialmente excitantes.

El lector interesado en la relación que existe entre practicas sexuales y nivel educativo junto a las diferencias sexuales puede leer este post donde hablé precisamente de esta cuestión. Del mismo modo podrá observar lo que las parafilias tienen de aprendizaje y de imprinting.

Asi nos recuerda Baumeister que:

La evidencia experimental del proceso de impronta sexual en las ovejas y las cabras (Kendrick et al., 1998) es consistente con la idea de que los varones son sexualmente maleables durante la infancia e inflexibles durante la adultez. Los efectos tempranos de la impronta fueron fuertes e irreversibles para los machos, pero débiles y reversibles para las hembras, lo que indicaba que la sexualidad de la hembra quedaba sujeta a la influencia ambiental durante la adultez en un grado mucho mayor que la sexualidad del varón, incluso aunque los machos fueran más fuertemente afectados por el ambiente de aprendizaje en la infancia.  La influencia ambiental durante la infancia fue inconfundible porque las ovejas machos que habían sido criadas por cabras no se apareaban con su propia especie, sino solamente con su especie adoptiva.

De manera que hoy creemos que: las parafilias se originan en la infancia y son muy dificiles de remover en la edad adulta y que la sexualidad del varón es relativamente indiferente  a las influencias sociales y culturales durante la adultez. Y yo añadiria: a los castigos.

Tenemos ejemplos de primera mano para ilustrar esta “fijación” a las impresiones sensoriales infantiles. Se trata del caso de Rousseau que en sus “Confesiones” nos legó su propia experiencia y de la que hablé en este post.

En las palabras de Rousseau podemos aprender algo de su fetichismo, en este caso masoquista.:

“La srta Lambercier tenía para con nosotros el afecto de una madre, pero también tenia su autoridad y nos castigaba cuando lo merecíamos. Mucho tiempo se mantuvo con las amenazas y esta amenaza de un castigo nuevo me parecía muy terrible, pero después de la ejecución lo encontré menos terrible en la prueba que en la espera y lo más extraño es que este castigo me hizo amar más a quien me lo había impuesto (…) un castigo en el que había encontrado una sensualidad que me había dejado más deseo que temor por experimentarlo otra vez por la misma mano.”

Las influencias educativas en las prácticas sexuales

Roy Baumeister es un psicólogo norteamericano que ha investigado sobre múltiples cuestiones aunque quizá es más conocido por sus ensayos sobre la sexualidad humana y su teoría de la plasticidad sexual de la sexualidad femenina. Según Baumeister, la mujer tiene una sexualidad mucho más versátil que la del hombre con una excepción: la sexualidad del hombre es muy dependiente del contexto en edad infantil o adolescente, mientras que la sexualidad de la mujer lo es durante toda su vida aunque con un grado menor dependiente de una menor actividad sexual. Dicho de otro modo, la sexualidad de la mujer es mucho más dependiente del contexto mientras que la sexualidad del hombre -con aquella excepción- se muestra rigida y constante durate toda su vida.

He elaborado este post extrayendo algunos párrafos de esta web donde se encuentra traducido al español el total del articulo de Baumeister sobre su teoria de la plasticidad erótica femenina y donde el lector podrá encontrar la bibliografía que apoya esta teoría.

Prácticas sexuales concretas.-

Sexo Oral. Comenzando con las prácticas sexuales principales, es claro que las diferencias asociadas con la educación y la religión son consistentemente más grandes para las mujeres que para los hombres. En el ítem de si la persona ha alguna vez le ejecutado sexo oral a una pareja  tener un alto nivel de educación elevó las respuestas afirmativas de los hombres del 59% al 80.5% (un aumento a grandes rasgos de un tercio), en tanto que las de las mujeres aumentaron del 41% al 79% (casi el doble; nótese, sin embargo, que podría haber un efecto techo, dada la similaridad entre los hombres y las mujeres de alta educación. En la pregunta complementaria de si la persona había alguna vez recibido sexo oral, los hombres más educados y los menos educados diferían en menos (81% y 61%) que las mujeres más educadas y las menos educadas (82% y 50%). De este modo, en dar y recibir sexo oral el nivel de educación predecía diferencias mayores en la conducta sexual de las mujeres.

Con la religión, las diferencias entre las categorías más liberales y las más conservadoras fueron otra vez más grandes para las mujeres. Las diferencias entre ejecutar y recibir sexo oral, respectivamente, fueron 12 y 13 puntos de porcentaje para los hombres, en tanto que para las mujeres fueron 22 y 19.  Los efectos de la religión son por tanto opuestas a la educación, y a decir verdad la religiosidad parecía hacer a las mujeres más diferentes de los hombres, en tanto que la educación los hacía más similares.

Sexo Anal. El sexo anal provee un contrapunto útil porque las tasas de base fueron muy bajas, en contraste con el sexo oral, que tenía altas tasas de base, y de este modo los descubrimientos son menos vulnerables a explicaciones basadas en los efectos de techo. La diferencia entre los desertores de la escuela secundaria y las personas con grados universitarios de Master  (o más) fue solamente de 8 puntos de porcentaje para los varones pero de 16 para las mujeres. Yendo más allá, el cambio proporcional hace que la diferencia sea todavía más espectacular: La educación producía solamente alrededor de un tercio de incremento en la probabilidad de que los varones se involucraran en sexo anal (del 21% al 29%), en tanto que la probabilidad de las mujeres se duplicaba y algo más (del 13% al 29%). Patrones similares se encontraron para la religión: Las mujeres mostraban mayor variación que los hombres, y la diferencia entre categorías representaba más que duplicar la probabilidad de las mujeres (del t7% al 36%, o 19 puntos), en  tanto que los varones aumentaban solamente alrededor de la mitad (de 21% a 34%, o t3 puntos). La diferencia es todavía más espectacular si se considera solamente la incidencia del sexo anal en el ultimo año, lo que es probablemente una medición más precisa y más estrechamente vinculada a la religiosidad que se tenga en el momento: Los hombres religiosos más educados y los menos educados apenas diferían (7% vs. 9%), en tanto que las más educadas (6%) y las menos educadas (17%) de las mujeres religiosas mostraban muy diferentes tasas de incidencia de relación sexual anal.

Masturbación. Con la masturbación, las comparaciones son difíciles porque las tasas de base diferían sustancialmente entre los varones versus las mujeres y porque se puede argüir que la actividad es diferente en los diferentes géneros. Parecía no haber clara diferencia genérica en las correlaciones entre nivel de educación y frecuencia de masturbación. El éxito de la masturbación (medido por la probabilidad de informar que uno siempre o generalmente tiene un orgasmo durante la masturbación) ciertamente variaba más en función tanto de la educación como de la religión en las mujeres que en los varones, lo que es consistente con la hipótesis de la plasticidad erótica. El efecto de la educación, sin embargo, no fue grande. En una postura conservadora, considero que los datos de masturbación no son concluyentes.

Variedad sexual. En el siguiente lugar, considérense los intereses y excitación sexuales como respuesta a prácticas noveles y diversas en calidad. Los investigadores de la NHSLS ofrecieron una lista de prácticas sexuales y pidieron a las personas que indicaran cuántas los atraían. Los hombres menos educados expresaron interés en 2.3 prácticas (de 15 presentadas), en tanto que las mujeres más educadas expresaron interés en solamente 2.6, así que la diferencia era negligible. Sin embargo, para las mujeres la diferencia fue de 1.3 a 2.1, de entre 14 totales. (El ítem sobre sexo anal activo fue borrado par alas mujeres.)

Los resultados para religión no fueron informados en su trabajo, presumiblemente porque las diferencias en general no fueron significativas. Es también posible comparar respuestas ítem por ítem, pero estas simplemente confirman el patrón reflejado en las medias del resumen [summary means]: El nivel de educación predecía diferencias mayores en la amplitud de los intereses sexuales de la mujer que en la de los hombres.

Actividad homosexual. La educación y la religión también están vinculadas a la actividad del mismo género. Se usaron varios ítems. Tres preguntaban si la persona había tenido alguna vez parejas del mismo sexo en el año anterior, en los cinco años anteriores, o desde los 18 años. Éstas no mostraban efectos lineales de educación, ni hubo ninguna consistencia en relación con el hecho de que los hombres o mujeres diferían más a lo largo de las categorías, de modo que no nos proveen de información útil relevante a la hipótesis de plasticidad (Laumann et al., 1994, p. 302).

Los resultados más claros se obtuvieron preguntando si el individuo se autoidentificaba como gay o bisexual. La educación universitaria duplicada la probabilidad de que los hombres se volviesen gays, en tanto que para las mujeres, la probabilidad se elevaba en un factor nueve. De modo similar, un compuesto de ítems que preguntaban por el deseo, o la atracción [attraction, or appeal] del mismo sexo descubrió que al aumentar la educación, la probabilidad de que los hombres diesen respuestas positivas aumentaba cerca de la mitad (5.8% a 9.4%), en tanto que para las mujeres el aumento era casi cuádruple (3.3% a 18%). Al determinar la actividad e interés sexual del mismo género, los autores mismos articularon el efecto diferencial de la educación diciendo que la “educación… parece ocupar un puesto destacado en las mujeres de un modo en que no lo hace en los hombres” (Laumann et al., 1994, p. 309) y que el aumento en la sexualidad del mismo género en función de la educación fue “más pronunciado y más monotónico para las mujeres” que para los varones (p. 309). Para la religión, también, los efectos predictivos en la identificación de gay/bisexual y en el compuesto de intereses fueron más grandes para las mujeres que para los hombres. La identificación de las mujeres como  gay/bisexual difirió por un factor de 15 (de 0.3 a 4.6) al comparar los protestantes conservadores con personas sin religión, en tanto que la identificación de los hombres difería en un factor de solamente nueve (de .7 a 6.2; adviértase sin embargo que dada la alta tasa de base, los varones aumentaron un punto de porcentaje extra). En el ítem compuesto, las mujeres aumentaron de 5.5 a 15.8, en tanto que los hombres aumentaron de 5.6 a 12.9.

Anticoncepción.La última de las prácticas sexuales principales que considero es el uso de contraconceptivos. La anticoncepción en el casamiento es un tema muy complejo y multideterminado para usarlo con los propósitos de este artículo, en la medida en que las personas pueden estar teniendo sexo o no para tener hijos. La anticoncepción en actividad extramarital o extradiádica es, sin embargo, mucho más simple y directa, porque es razonable dar por sentado que si uno está casado o en pareja, no quiere crear una preñez con otra persona. Para este ítem, los investigadores restringieron sus datos a personas que estaban teniendo parejas sexuales extradiádicas, lo que significaba que muchas categorías tuvieron muy pocos puntos con datos para informar. Sin embargo, todavía hubo suficientes datos para permitir comparaciones basadas en la educación (Laumann et aL, 1994, p. 451). La categoría de gente que informaba usar siempre contraconceptivos con la pareja secundaria mostró un incremento significativo entre las mujeres como función de la educación creciente, del 55% al 79%.  Irónicamente, para los hombres las mismas dos categorías educacionales mostraron una pequeña tendencia en la dirección opuesta, cayendo de 65% a 54%, lo que sugiere que los hombres más educados eran en realidad los más descuidados en relación con la anticoncepción. En cualquier caso, la correlación con la educación fue mayor para mujeres que para varones.

¿Qué Pasa con las Parafilias?

Otro patrón importante y potencialmente contrario se encuentra en las diferencias de género en las parafilias (también conocidas como variaciones sexuales o perversiones). Casi todas las fuentes informan  que los varones se involucran en ellas más que las mujeres, aunque hay algunas ambigüedades en la evidencia (e.g., ciertos patrones tales como el exhibicionismo y el bestialismo pueden ser más tolerados entre las mujeres y por tanto no considerados como parafilias; véase Amsterdam Sex Museum, 1999). Si los varones se involucran en prácticas sexuales más variadas, ¿constituye esto una forma de plasticidad sexual en la que los varones sobrepasan a las mujeres?

Como ya se advirtió, mis predicciones en relación con la variación están limitadas a la variación intraindividual. La variación interindividual bien puede tener una fuerte base genética. Es posible que la mayor variación en los gustos sexuales del varón refleje variación genética en lugar de plasticidad sociocultural.

Retomando el punto, algunas parafilias parecen incontrovertiblemente aprendidas. Por ejemplo, el látex no existió sobre el planeta lo suficiente para influir en los procesos evolutivos y los marcadores genéticos, y por tanto un fetiche de látex parece que debe interpretarse de modo máximamente plausible como algo aprendido y no innato (aunque es difícil descartar la posibilidad de que este fetiche sea un producto lateral de alguna otra tendencia genética e innata; yendo más allá, los fetiches relacionados con el látex pueden ser populares en ambos géneros). Si los varones tienen más probabilidad que las mujeres de adoptar estas parafilias, entonces ciertas variables sociales y situacionales aparentemente tienen efectos más fuertes en varones y no en mujeres.

La investigación no ha provisto todavía una comprensión clara de las causas de las parafilias. Para los propósitos de este artículo, es meramente necesario sugerir algún modo plausible por el cual los hombres pudiesen mostrar parafilias mayores y más variadas sin contradecir la hipótesis principal de este artículo sobre la mayor plasticidad de la mujer. La sugerencia máximamente plausible, en mi opinión, es que los varones en realidad tienen un breve período de plasticidad durante la infancia, después del cual los patrones sexuales son razonablemente rígidos. Una diferencia de este tipo en la infancia no iría en contra del cuerpo sustancial de evidencia reseñado en este artículo, que ha pintado a la sexualidad de la mujer como más socioculturalmente maleable durante la adultez.

La evidencia experimental del proceso de impronta sexual en las ovejas y las cabras (Kendrick et al., 1998) es consistente con la idea de que los varones son sexualmente maleables durante la infancia e inflexibles durante la adultez. Los efectos tempranos de la impronta fueron fuertes e irreversibles para los machos, pero débiles y reversibles para las hembras, lo que indicaba que la sexualidad de la hembra quedaba sujeta a la influencia ambiental durante la adultez en un grado mucho mayor que la sexualidad del varón, incluso aunque los machos fueran más fuertemente afectados por el ambiente de aprendizaje en la infancia.  La influencia ambiental durante la infancia fue inconfundible porque las ovejas machos que habían sido criadas por cabras no se apareaban con su propia especie, sino solamente con su especie adoptiva.

La evidencia actual también es consistente con una tal caracterización de la sexualidad humana. Un trabajo reciente del Instituto Kinsey (Reinisch, 1990) informó que ahora se cree que las parafilias se originan en la infancia (véase también Money, 1990). Yendo más allá, parecen ser muy difíciles de cambiar durante la adultez. El tratamiento terapéutico profesional se apoya intensamente en tratamientos hormonales o en castración, y los dos son intervenciones biológicas fuertes y por lo tanto sugieren que las intervenciones basadas puramente en significados no son efectivas: una conclusión que sería muy consistente con la creencia de que la sexualidad del varón es relativamente indiferente  a las influencias sociales y culturales durante la adultez.

El proceso de impronta sexual en niños varones bien puede ser usado para explicar los patrones de homosexualidad que se presentaron más arriba. La idea de que la homosexualidad es puramente innata y genética sufre de la implausibilidad de que la selección natural produjese genes para un patrón de comportamiento que excluye la reproducción. Sin embargo, algunos datos sugieren que las experiencias de infancia tienen un efecto mayor en los varones que en las mujeres en dictar si uno se vuelve homosexual (Laumann et al., 1994), y estos datos encajan con una explicación de impronta sexual. Hay evidencia convergente que fue provista por Bailey y Zucker (1995), que resumieron estudios que buscaban predecir la homosexualidad adulta a partir del comportamiento del sexo opuesto [cross-sex behavior] durante la infancia. Advirtieron que los efectos eran más grandes y más fuertes para los varones que para las mujeres. Aunque bien podría haber factores genéticos responsables tanto por el comportamiento infantil como por la orientación sexual adulta (cfr. Bern, 1998), así como posibles factores metodológicos que considerar, estos descubrimientos son consistentes con la idea de que la sexualidad adulta del varón es moldeada de modo más firme e irrevocable durante la infancia que la sexualidad de la mujer.

El mayor poder de las improntas de infancia en los varones está también sugerido por los recientes hallazgos sobre disfunción sexual. Usando el conjunto de datos de la NHSLS, Laumann, Paik y Rosen (1999) descubrieron que la experiencia sexual infantil  (i.e., ser tocado sexualmente antes de la pubertad) tenía mucha más probabilidad de conducir a disfunciones sexuales adultas en los varones que en las mujeres, y que también predecía diferentes tipos de disfunción. Las mujeres no son inmunes a los efectos del trauma, y a decir verdad, la victimización adulta, como la violación, tiene efectos fuertemente adversos en la sexualidad de las mujeres, pero las experiencias de infancia tienen mayor efecto en los varones.

Estos hallazgos hacen surgir la posibilidad de oportunidad en el desarrollo durante la cual el impulso sexual del macho es maleable. Un estadio de impronta sexual puede estar mandatado biológicamente para los varones, y durante él las influencias ambientales (y por tanto socioculturales) pueden ejercer un efecto poderoso. La hipótesis de una mayor plasticidad de la mujer puede por tanto tener que reconocer como excepción las experiencias de infancia. Sin embargo, desde la adolescencia en adelante, parece que son las mujeres las que son más flexibles.

En conclusión:

Las prácticas sexuales de las mujeres están mucho más determinadas que en el caso de los hombres por su educación y por la religión.  y tambien que:  para las mujeres el sexo está impulsado por factores socioculturales, interpretaciones, contexto, expectativas y cosas así. La pregunta de “¿Qué significa?”, en otras palabras, qué significa un acto sexual en particular y qué comunica es centralmente importante para la experiencia sexual de la mujer, antes, durante y después. Para los hombres, en contraste, los diferentes significados posibles importan menos, y el sexo puede a menudo ser una experiencia perfectamente hermosa, incluso si no significase nada en absoluto. Estas diferencias podrían hacer que la comprensión intuitiva mutua entre mujeres y varones pudiera ser elusiva.

El espiritu y la carne

San Mateo 26: 41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación;
el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.

Lo cierto es que esta máxima del evangelio no puede ser más correcta aunque no tanto su interpretación. Según la doctrina oficial de la Iglesia lo de velar y orar es un método para evitar el pecado pero en realidad se trata de un método de meditación, tal y como aquel que describí en “El poder del ahora”. El tuiteo de Jesucristo (si es que lo dijo realmente asi) lo que quiere significar es que tenemos que escapar de nosotros mismos de nuestro Yo e instalarnos en el Ser y la mejor forma de lograrlo (o al menos la mas barata) es a través de la mortificación del cuerpo: una via de autocuración que llamaremos la via ascética.

Más adelante volveré sobre esta via de restricción y su capacidad de sanación, pero en este post voy a referirme a la via del exceso, a la via dionisiaca.

Pasamos demasiado tiempo en compañia de nosotros mismos, nos autoevaluamos constantemente y nos intoxicamos con nuestro parloteo autoreferencial. De manera que tan beneficioso es orar como coser, de lo que se trata es de no pensar.

La via dionisiaca.-

Pero hay otra mentira en la interpretación canónica del evangelio y es que orar y velar son una solución para la evitación del pecado -caer en la tentación-, porque en realidad de lo que se trata es de pecar de vez en cuando. Sólo los pusilánimes y los puritanos se creen que es posible vivir en una continua virtud. Pues en realidad no es posible la virtud sin el vicio o sin el pecado -si queremos llamarlo asi- o con el más civil apelativo de transgresión.

Dioniso es la otra cara de Apolo.

La mejor forma de quedar anegado en los territorios del pecado es precisamente la de no pecar jamás de modo voluntario y consciente y hacerlo compulsivamente como si uno no tuviera nada que ver. Seguir siempre las reglas es la mejor forma de morir aplastado por ellas, casi tanto o más que transgredirlas constantemente. Lo que no es consciente acaba siendo compulsivo-adictivo o irremediable y alienado.

Tanto es asi que hoy sabemos que las experiencias de felicidad de tipo espiritual se computan en el mismo lugar donde lo hace el goce sexual, tal y como podeis leer en este post. Una vieja idea sufí que antes de que las religiónes oficiales nos la raptaran ya sabían que lo espiritual y la carne eran el haz y el envés de la misma experiencia, asi para Rumi, “la trenza de la amada era la cuerda que ataba lo espiritual o divino con el placer del sexo”.

De esta misma opinión es Roy Baumeister que en este libro  titulado “Escapando del Self: alcoholismo, masoquismo y otros vuelos en el limite de la autoevaluación” ,nos recuerda el valor de ciertas conductas de escape como el alcoholismo, la bulimia, el atracón, las autolesiones o ciertas actividades masoquistas de las que hablé en este post y en éste..

Lo cierto es que es dificil contemplar conductas como las anteriores en una perspectiva positiva, estamos acostumbrados a pensar el alcoholismo como una adicción, al suicidio como una enfermedad, la bulimia como un trastorno alimentario pero no estamos entrenados para ver todas esas conductas como un modo de escapar de uno mismo y de refugiarse en un placer estereotipado que a la larga se confunde con una enfermedad o con la misma muerte. Abusamos demasiado de la psicologización y con ello nos perdemos el valor antropológico, filosofico e incluso metafisico del dolor o el placer y de las operaciones que hacemos a fin de disociarlos de ciertas funciones corporales (ascetismo) o de erotizarlos (masoquismo).

En el placer hay algo que desborda nuestra capacidad para el mismo. Situarse más allá del principio del placer es el destino seguro cuando se ha rebasado la capacidad de goce del Yo y es entonces cuando Eros y Tanatos se encuentran.

Dioniso es un mito por sustantivación, es decir se trata de un divino personaje que representa  el exceso, la locura, la embriaguez, el éxtasis y la transgresión, el mito fue retomado por los romanos que le dieron el nombre de Baco aunque siguió con la misma función: recordarnos que de vez en cuando necesitamos todos echar una “canita al aire” a fin de mantenernos en equilibrio en un mundo presidido basicamente por recomendaciones, controles, obligaciones y renuncias.

Pero lo dionisíaco no es solo una escapatoria puntual de las personas con sentido común sino una estrategia psicológica que se encuentra -tal y como sugiere Baumeister- en las entretelas de muchas de las patologías psiquiátricas que se encuentran presididas por una busqueda del placer y que muchas veces se caen -al cruzar el borde- en patologias o adicciones precisamente por haberse situado más allá del principio del placer.

En realidad, nosotros los humanos tenemos un cerebro diseñado para buscar y encontrar comida y sexo. Todo pareciera indicar que nuestros sistema dopaminérgico y tambien otros sistemas excitatorios como el glutamitérgico se encuentran diseñados (a medio hacer) a fin de encontrar satisfacciones en nuestro medio ambiente relativas a esos dos grandes que llamamos sexo y comida.

Seria interesante preguntarnos a nosotros mismos ¿por qué comemos?. Es natural que a esta pregunta la gente respondiera que comemos para vivir, es decir apelando a la necesidad de supervivencia y que además de esta necesidad de alimentarse obtuviéramos alguna información adicional si investigáramos el hambre, cómo se regula y para qué sirve. Casi todo el mundo supondrá que nos alimentamos porque somos capaces de sentir hambre. Pero tal y como apunto Lorentz lo cierto es que ” la causa del hambre no es la necesidad de alimentarse sin embargo el propósito del hambre es la alimentación”.

Causa y propósito son pues conceptos distintos.

La pregunta  tiene una dificil contestación: no comemos para vivir, ni comemos por instinto o porque tengamos hambre sino que comemos porque alimentarse forma parte de un programa participado y compartido con otras redes neuronales que tienen que ver con el precepto: creced y multplicaos y que seguramente mantienen entre si una relación de complicidad y amistad evolutivamente estable, es decir se trata de redes neuronales acostumbradas a salir de copas juntas y que cuando están de fiesta se invitan mutuamente.

Dicho de otra manera: no es posible hablar de alimentación sin hablar de placer ( o recompensa), comemos porque obtenemos placer en la comida bien por ella misma bien por los rituales que la acompañan, y además de eso: se trata de un emparejamiento fácil, siempre será más facil -en nuestro entorno- encontrar comida que encontrar sexo. Es por eso que la adicción a la comida es más frecuente que la adicción al sexo. Y es por eso que la obesidad es más prevalente que todas las enfermedades de transmision sexual juntas.

Pero además sucede otro fenómeno. Me refiero a que la obesidad se encuentra demonizada- estigmatizada- social, psicologica y médicamente. Estar gordo, no solo es algo de mal gusto que hace al individuo menos atractivo sino que además existe siempre la sospecha estigmatizante de que el obeso es una persona descontrolada,  indisciplinada o ineficaz. Para acabar de enunciar los refuerzos negativos de la publicidad, todo el mundo sabe ya del colesterol y los riesgos cardiovasculares y metabólicos de la obesidad. ¿Hay alguien que ignore eso?

Estar gordo (comer en exceso) tiene pues efectos secundarios pero si existe una compulsión a la comida es por el hecho de que comer es placentero, sobre todo para aquellos que han aprendido a que la comida les guste. O dicho de otra forma a aquellos que han emparejado la comida con el placer y que más allá de eso: abusan del exceso dionísiaco del placer que la comida les procura o lo que es lo mismo, han desbordado su capacidad de asimilación del placer, hablamos entonces de bulimia, trastorno por atracón (binge eating) u obesidad por cebamiento.

En este post hablé precisamente de la bulimia y su relación con la gula, un pecado capital. Nótese que a diferencia del pecado que se comete contra alguien, la bulimia (el constructo clinico) es una instancia alienada, sin sentido, algo que uno comete contra sí mismo de un modo incomprensible para sí mismo. Sucede asi precisamente por la naturalización de aquella conducta pecaminosa. Al quedarnos sin pecado y sin posibilidad de pecar nos hemos situado en un territorio biologico, donde se buscan genes y neurotransmisores pero el sujeto queda despoblado y alienado con respecto a sus propias dinámicas y recursos naturales. Ni que decir tiene que para tratar una bulimia hay que hablar del placer y sobre todo: qué otros placeres han sido obturados por la comida.

En el otro extremo nos encontramos con otro tipo de conductas que buscan precisamente lo contrario: disociar o desemparejar el placer y la comida, las podemos englobar en el rubro “operaciones ascéticas” cuya representante psicológica mas relevante es la anorexia mental.

Pero ese es otro post.

Hechizos y miradas

Poco se sabe de la mirada a pesar de que sabemos mucho del ojo. Ese órgano que -diria un materialista o un ingenuo- es el órgano que sirve para ver.

Y no es que no sirva para ese menester, pero sirve para otras cosas que usualmente no se contabilizan entre las funciones del mismo.

El ojo sirve para mirar y para ver si alguien nos mira. El ojo es una lente, si, pero tambien es un espejo.

De manera que al verbo “ver” hay que añadirle otro infinitivo el verbo “mirar”. Ambas funciones del ojo se realizan simultáneamente pero hasta un ciego sabe mirar si bien no puede ver.

Dicho de otra forma: la función del ojo, es una función disociada. Podemos ver y mirar cosas distintas. Podemos mirar sin ser vistos (espiar) podemos ser mirados sin percatarnos de ello, una inversión pasiva del acto “activo” del mirar y mirar al mismo tiempo. Más que eso: podemos tener la sensación ilusoria de que nos miran sin que, en realidad, nadie lo haga. Sucede porque percatarse de algo es bien distinto a saber-conocer algo. Percatarse y saber son dos funciones disociadas sobre las que ya hablé en este post sobre “Susana y los viejos”.

Hay quien mira y hay quien es mirado, aunque en la vida comun todos miramos y somos mirados (somos sujetos y objetos) sin caer en la cuenta de que existe un goce especial cuando se elige posición. Naturalmente no me estoy refiriendo al gusto por exhibirse o hacerse visible que presentan algunas personas histriónicas sino al gusto por ser absorbido (o absorber) que probablemente no está en el repertorio de los histerico@s sino en las actividades privadas que se realizan a solas. Es por eso por lo que en ciertos rituales eróticos se vendan los ojos al que hace de objeto mirado, a fin de que, a su vez no pueda mirar y quede a merced del mirador. Una disociación forzada entre sujeto y objeto, entre depredador y presa.

Fotografía de Helmut Newton

Lo cierto es que mirar y ser mirado son dos goces eróticos que reclutan una enorme cantidad de aficionados (a la pornografia o al simple desnudo) sin que ni ellos mismo sepan que en realidad su afición está considerada una parafilia conocida como voyeurismo, una perversión pues el hecho de mirar-ser mirado puede llegar a ser tan placentero que incluso puede sustituir a la cópula propiamente dicha.

Algo asi le pasa a James Stewart en “La ventana indiscreta“. Le interesa tanto lo que ve a través de aquella ventana que parece no prestar ninguna atención a Grace Kelly en la plenitud de su belleza y entrega.

Pero esto no debe preocuparnos porque voyeurs somos todos y es absolutamente normal, lo dificil del acto de mirar es convertirlo en una pulsión que vaya más allá del simple acto de percatarse de algo, usualmente un desnudo.

Lo dificil es convertirlo en una experiencia inusual de conciencia. Y que además sea placentera.

Con los ojos vendados una persona queda a merced del que la mira, no puede ver ,ni mirar y no tiene más remedio que someter su voluntad al que mira. Algunas personas han desarrollado incluso una sinestesia y son capaces de sentir sensaciones táctiles a través de esa mirada, pero para poder llegar a este estado de conciencia es necesario conocer qué es la fascinación, la alteración de conciencia que es condición para el obtener el goce de ser mirado.

“Fascinas”, es una palabra latina que significa encanto. Es interesante observar que seducción, magnetismo, atractivo, absorción, hechizo y fascinación son sinónimos y apelan a un estado de sobrecogimiento o succión que ha sido vulgarizado por fórmulas o sortilegios casi mágicos y a veces por estereotipos sociales banales como cuando decimos al conocer a alguien :”Encantado/a”. En realidad no estamos encantados y todo es una fórmula de cortesía. Estar encantado es algo asi como le sucede a la serpiente con la flauta del faquir, un estado de fascinación, un trance hipnótico.

Estar encantado es sentir que nuestra voluntad ha escapado de nuestro control a pesar de permanecer conscientes y de percatarnos de los estimulos sensoriales circundantes. Estar encantado es no poder escapar de la “posesión” o “seducción” de la voluntad del otro que nos tiene como absorbidos, es como si hubieramos abandonado nuestro cuerpo y habitáramos en un cuerpo o mejor una mirada ajena. Es como si hubieramos roto las barreras de discontinuidad que separan a los cuerpos. Es como levitar.

Los que tienen o han tenido experiencias de este tipo saben perfectamente que tienen mucho que ver con lo erótico, con la entrega sexual pero no de una entrega administrativa o banal sino una entrega bañada de devoción, algo que va más allá y trasciende al tosco amor terrenal y que elude todo el tiempo que puede la siniestra confrontación de los cuerpos y lo elude a través de la pasividad contemplativa, a través de la espera.

Alguién con carisma de santidad nos lo dejó bien explicado en esta frase:

Un dardo como de oro brillante y de fuego que me parecia meter en el cuerpo y arrastraba al sacarle, mis entrañas y me dejaba abrasada en amor a Dios. (Teresa de Jesús)

No cabe duda de que la santa estaba hechizada, fascinada, absorbida o seducida, ¿verdad?

Se trata de un estado inusual de conciencia que tiene su cara y su cruz. Muchas personas pueden tener este tipo de experiencias “contemplativas” y pasarlo muy mal,  tal y como comenté en este post. El sindrome de Stendhal es un claro ejemplo de lo mal que lo podemos pasar cuando no sabemos a qué carta quedarnos, si queremos ser activos (y mirar) o queremos ser pasivos (y que nos miren), si queremos entregarnos o luchar, si queremos someternos o dominar. Es por eso que el sindrome de Stendhal es un trastorno disociativo y no una psicosis.

Lo que se disocia aqui en estos casos de captura icónica es la posición que queremos ocupar en relación con ser sujeto u objeto. El cerebro se hace un lio y se cuelga como un ordenador mareado.

En realidad todo este fenómeno está explicitado en la mitología, a través de la historia de rapto de Perséfone. Hija de Demeter y de Zeus, Perséfone explicita la inocencia de la virginidad y de la adolescencia, algo que se caracteriza por una percatación que no sabe. Pues la doncella no sabe de la intensidad de deseos que convoca en los hombres y es asi que mientras recogía florecillas por el campo, la tierra se abrió y Hades irrumpió raptándola y llevándola consigo a su reino: El Hades que es el equiivalente griego de nuestro infierno.

La historia de Perséfone se caracteriza por explicitar la idea de rapto o paroxismo. Alguien es transportado a un lugar inaccesible para los mortales y es llevado por la fuerza, a través de un episodio ictal como un ataque epiléptico. Demeter, la madre de Perséfone hace todo lo posible para que su hija le sea devuelta y pide ayuda a Zeus a fin de que Hades devuelva a Perséfone al reino de los vivos. Pero Hades no está dispuesto a renunciar a su joven y bella esposa y la misma Persefone parece que le ha cogido gusto a ser la reina del subsuelo.

Perséfone ya no es una doncella: ha atravesado la linea sexual que divide el mundo de los niños de los adultos y ya no puede volver. Persefone ha sido fascinada por su esposo y Demeter no tiene más remedio que tratar de calmar su duelo a través de nuevos maternajes y de su bulimia divina.

Se trata de un mito donde observar las claves de la fascinación, de los hechizos que penden de la mirada. En este caso de la mirada lasciva de Hades que transforma la candida niñez de Persefone y la convierte en una experta de la belleza, es por eso que desde entonces los mortales acuden a ella en busca de filtros de seducción. Algo asi lleva a cabo Psyché durante sus pruebas de femineidad.

Algo asi sucede en este poema en prosa debido a la especial sensibilidad de Ana di Zacco: “La mirada y la lluvia”, donde podemos entender la relación que existe entre la mirada y el renacimiento.

Las voces masoquistas (II)

Si traduces un concepto de un campo para usarlo en otro donde es deconocido será algo siempre fresco y poderoso. Recurriendo a lo ajeno realizas un arbitraje intelectual, donde el único limite es tu voluntad en traducir continuamente, de forzar lenguas extrañas para hacerlas tuyas, de vivir entre medias, de estar en las dos partes y en ninguna.

Chandler Burr

El masoquismo tal y como conté en mi anterior post es una estrategia compleja que involucra mecanismos de defensa, aspectos cognitivos, emocionales, conductuales y sobre todo eróticos aunque lo importante es señalar que no se trata -por si mismo- de un rasgo, ni un estado, ni un trastorno o de una enfermedad mental sino de un cluster de tácticas -relacionadas con enlaces entre experiencias distintas- destinadas a lidiar con el sufrimiento y que se encuentra muy representada en nuestra vida cotidiana.

Puse como ejemplo el conocido supuesto de alguien que ama sin ser correspondido. ¿Por qué sucede esto? Lo lógico es amar a quien nos corresponde pues nuestro orgullo y nuestro autoconcepto se resentirían de lo contrario.

La mayor parte de las personas a las que les sucede tal cosa -y que acumulan varios episodios similares de amores desgraciados- pueden sufrir conscientemente por esta razón pero lo cierto es que amar en ausencia de correspondencia o de mutualidad es una estrategia que cumple una función económica en nuestro psiquismo. Puede suceder que una persona salga malparada de una relación, haya sido abandonada o traicionada y quede con un enorme montante de excitación amorosa en stand by junto con una autoestima herida y quiza con un enorme montante de rencor. Este tipo de personas necesitan un objeto sobre el que proyectar esos restos de amor y al mismo tiempo resolver su duelo. Y la mejor forma de resolver un duelo es la erotización del sufrimiento.

Y puede suceder tambien que queramos estar solos, algo que sucede con cierta frecuencia entre mujeres masoquistas -que optan por la soledad- aunque ellas mismas no lo hayan interiorizado. Y la mejor manera de estar solo es conseguir que no nos amen y podamos al tiempo amar.

Las personas que aman sin ser correspondidas en realidad lo que buscan no es tanto la reciprocidad sino poder redimirse de su anterior perdida. Y no habría redención si hubiera correspondencia, de modo que se las arreglan para no ser correspondidas, elegir a alguien con escasa capacidad para el amor o elegir a alguien inadecuado. Quien así se comporta puede ignorar lo que en realidad hace con su organización pulsional y que no es otra cosa sino la de amar a solas, con una especie de amor pasional muy parecido al amor cortés, a fin de conseguir vertir afuera ese sobrante que quedó congelado en la anterior relación y al mismo tiempo sufrir por la no correspondencia. La paradoja es precisamente que es la falta de mutualidad lo que persigue inconscientemente y lo que a fin de cuentas reparará el dolor.

Poner juntas dos magnitudes como el dolor y el amor es desde luego una buena estrategia de curación y reparación. Y eso es lo que hace la mayor parte de la gente por sí misma de forma espontánea. El peligro de esta combinación es naturalmente la posibilidad de obsesionarse con el amor no correspondido, algo que sucede con cierta frecuencia en las personas que carecen de la suficiente introspección para conocer las operaciones inconscientes que se libran en su psiquismo o no están dispuestos a aceptar las ventajas de su estrategia.

Esto mismo parece sucederle a Edith Piaff y que  nos cuenta en este tema ya mitico. Ne me quite pas.

Un poco lo mismo le sucede a Bogart en Casablanca cuando consigue que la Bergman siga a su marido hacia la libertad mientras el se redime de su rencor -por haber sido abandonado en Paris- al tiempo que se postula como un patriota redimiéndose asi de su cinismo. El gesto de Bogart es un gesto sublime de altruismo pasional que a su vez opera como un reconstituyente moral de un individuo depravado por el dolor.

Otro ejemplo de la vida cotidiana es lo que nos sucede en relación con la envidia. Hay una gestión evitativa y una gestión masoquista de la envidia. ¿Qué hacemos cuando envidiamos a alguien?

Lo usual es -siempre que podamos- evitar a aquellas personas que envidiamos, puesto que cuando estamos en su presencia nos sentimos mal. Se trata de un experiencia muy común, a los que envidiamos les evitamos con o sin racionalizaciones acerca de su carácter, sus defectos o su superioridad. Algo que nos permite salvar nuestra autoestima que vuelve a encogerse en su presencia.

Pero los masoquistas no evitan a quienes envidian sino que buscan su compañía, se pegotean a las personas que envidian a veces de una forma tan obsesiva que resultan pesados y repelentes. Y acaban siendo rechazados, que es precisamente lo que buscan.

Todos tenemos la experiencia de amigos o conocidos que no nos aportan nada y que nos vampirizan, ellos parecen ser refractarios a nuestras señales de incomodidad e insisten una y otra vez en acaparar nuestra atención. Naturalmente este fenómeno es mucho más frecuente en Internet donde existe un anonimato protector disfrazado de “discusión intelectual” o de defensa de las opiniones. El fenómeno troll es un fenómeno cibermasoquista donde la admiración y la envidia no terminan de ponerse de acuerdo en neutralizarse.

Transformar la envidia en admiración y que esa admiración se mantenga dentro de los limites de lo razonable -sin el desbordamiento de la idealización o de ponerse cargante- es un proceso de erotización similar al que describí más arriba como reparación de los duelos o las perdidas, sucede por una razón. La envidia puede manifestarse a través de dos circuitos que operan en paralelo:

  • Por una parte existe un dolor por el éxito del envidiado.
  • Y por otra existe un placer por los fracasos del envidiado (Schadenfreude).

El problema es que mientras el “placer por los fracasos” se computa como recompensa cerebral (es decir como placer), el “dolor por los éxitos ajenos” no se computa como placer-recompensa sino como algo aversivo que pertenece al Yo (a un Yo insuficiente) y no al otro. Esta dicotomía del procesamiento cerebral explica el porqué, la envidia (o la parte aversiva de la envidia) suele reprimirse o negarse, mientras que la parte apetitiva de la misma se siente como placer y permanece en el consciente y se manifiesta a las claras en la interrelación.

No existe una emoción tan fácilmente detectable como la envidia. Hay una psicología de la evidencia de la envidia tanto como sucede con el amor, ambos no se pueden ocultar y no precisan demostración.

La transformación de la envidia en admiración o gratitud es la solución para ese componente inconsciente destructivo de la envidia. Y como en el caso anterior se realiza a través de enlaces semánticos, si usted es capaz de enlazar la envidia con la erotización de la misma (y no perecer en el intento) habrá logrado neutralizar la carga negativa de esa emoción que por otra parte es tan normal como cualquier otra, a fin de cuentas la envidia sirve para señalar nuestra posición en una supuesta pirámide de valor comparativa con nuestros congéneres lo que resulta muy adaptativo.

Otro de los ejemplos que quiero utilizar para apoyar mi tesis de que los dinamismos masoquistas son muy frecuentes en la población general, es el tema de las dietas, del ejercicio fisico y de la mitologia de la delgadez.

Casi todas las mujeres que conozco se muestran de una forma u otra descontentas con su cuerpo. No se si habrá alguna mujer aun que no haya hecho alguna vez en su vida una dieta, pero como mi campo de conocimiento principal son los trastornos alimentarios he de decir que estas patologías son un magnifico observatorio para la observación del masoquismo femenino de nuestro tiempo.

Lo sacrificios alimentarios, el machacamiento de los gimnasios, la cirugía estética, las caminatas, la ortorexia y las dietas o las purgas por sí mismas son formas electivas de inducirse dolor, restricción y sufrimiento. No cabe duda de que la forma más frecuente de autosacrificio en nuestro tiempo es el deseo de mantenerse a linea. Y que este deseo es mucho más frecuente en mujeres.

Freud decia que las mujeres eran “naturalmente masoquistas”, o dicho de otra manera el masoquismo de la mujer era según él consustancial con la condición femenina. Se apoyaba en el hecho de que la vida sexual de la mujer discurría entre privaciones, partos, amamantamientos, dolor y preocupación constante por los hijos. Para Freud la maternidad era el eje del masoquismo primario, consustancial de la mujer, algo que venía de serie. Naturalmente esta idea está pasada de moda y ha quedado obsoleta desde que la maternidad es un hecho electivo, lo cual no significa que las mujeres hayan dejado de ser masoquistas sino que su masoquismo se manifiesta de otra manera, aunque lo cierto es que el masoquismo erógeno era -en época de Freud- mucho más frecuente en los hombres, algunos de ellos grandes hombres como Baudelaire, Swinburne, Socrates o Rousseau.

El masoquismo femenino en la actualidad se manifiesta a través de eso tan valorado como la delgadez. ¿Pero por qué quieren las mujeres estar delgadas?

La mayor parte de ustedes pensarán que las mujeres quieren estar delgadas para ser más atractivas, pero esta idea es falsa o al menos no representa toda la verdad. Las mujeres no quieren adelgazar para ser más atractivas (al menos no primariamente), sino para competir con sus iguales en el terreno de la seducción, se vaya a utilizar o no como estrategia de emparejamiento.

Del mismo modo que sucede en la envidia, el par dialéctico que aqui se halla en fricción es el par atractivo-rivalidad. La paradoja de este conflicto es que tal y como señalé en este post que ser más atractiva no significa linealmente tener más éxito con las iguales con las que se miden las chicas jovenes (sino quizá menos, asi como resultar un frecuente blanco de agresión), mientras que tener escaso exito con la siguales no invalida a una muchacha para ser muy atractiva para el sexo opuesto. En realidad la delgadez es un valor femenino al que los hombres prestamos poca atención. Asi se puede adelgazar por:

  • Disfrutar del éxito del atractivo para vencer imaginaria o realmente en la competencia con otras rivales y que se computa como placer.
  • Alegrarse por el fracaso de las rivales en una competición donde se ha salido perdedora se tenga o no atractivo.

En un post anterior exploré precisamente las relaciones que existen entre los trastornos alimentarios con la rivalidad intrasexual.

En conclusión: las estrategias masoquistas que he descrito hasta ahora formarían parte de lo que Freud llamó “masoquismo moral”, es decir formas de autosacrificio o renuncia destinado a reparar las consecuencias imaginarias de ciertas tendencias destructivas inconscientes, envidia, rivalidad, rencor, perdida, etc. Estas estrategias son muy frecuentes en la población general y forman parte de un muestrario de tácticas destinadas a eludir el sufrimiento, a reparar ciertas emociones que quedaron huérfanas en nuestro inconsciente y desde donde nos amenazan provocándonos malestar. A pesar de tratarse de claras tácticas masoquistas no son identificadas como tales por el conjunto de la sociedad sino que más allá de eso son privilegiadas como valores morales a seguir. Ha sido descrito por Gordon (Gordon, 1972) que estos valores normalizadores de una cultura determinada son la fuente de un difuso malestar étnico que se termina manifestando en ciertas enfermedades que tienen que ver con la cultura donde se presentan y los valores que abrazamos consensuadamente.

No sucede lo mismo con el masoquismo erógeno que sigue considerándose una perversión sexual, algo abyecto y comparable con la necrofilia, el bestialismo o la pederastia.

En el próximo post me ocuparé precisamente de quién o quienes y por qué recurren a  estas formas de masoquismo erógeno y me ocuparé además de distinguir estos emparejamientos pactados de la sexualidad forzada o la victimización inducida.

Las voces masoquistas (I)

Movido por el afán clasificador y naturalistico de su época Richard Von Kraft Ebing escribió en 1886 un tratado psiquiátrico titulado “psicopatias sexuales” lleno de casos clinicos de sexualidades insólitas y curiosidades morbosas que hicieron las delicias de sus contemporáneos, tal y como hoy sucede con los realitys shows tipo Gran hermano. Lo cierto es que hoy ya sabemos que lo que más nos gusta es averiguar qué es lo que hace la gente en la intimidad de sus dormitorios y esa fue la razón de que aquel tocho de procedencia psiquiatrica tuviera un enorme éxito de publico -similar al que más tarde tuvo el mono desnudo de Desmond Morris- sirviendo de inspiración a escritores como Oscar Wilde que lo tomaron como libro de cabecera.

Lo que hizo Kraft-Ebing fue describir una serie de conductas sexuales, unas más bizarras que otras y dotarlas de un sentido nosográfico, les llamo psicopatías, pero tambien se conocen como perversiones y hoy como parafilias.

En realidad estas conductas “desviadas” no son psicopatías, de modo que poco a poco fueron cayéndose de tal conceptualización. Con respecto a la palabra “perversión” -desafortunada como la anterior- a fuerza de generalizarse ya no sabemos qué significa y los psiquiatras ya no la usamos. Si perversión es toda aquella conducta que se encuentra desviada de su propósito original y se ha transformado en otra cosa, necesitaríamos saber para qué usamos la sexualidad y si concluimos que la sexualidad sólo sirve al propósito de la reproducción con la esposa o marido legales y en la posicion del misionero entonces habremos de convenir en que todos somos perversos, lo que significa que nadie es perverso.

La verdad es que la conducta sexual humana resiste cualquier clasificación y es por eso que hoy decimos que es inclasificable y ya hemos abandonado ese antiguo prurito naturalista y reduccionista. Y desde luego no es competencia de la psiquiatría salvo cuando coexiste con una enfermedad mental.

La verdad es que existe muy poca literatura interesada en el estudio y comprensión de estas “desviaciones” que parecen haber seguido caminos cegados para la neurociencia, algunos de ellos por prejuicio, otros por miedo al ridículo, otros por la presión de ciertos colectivos y otros por el miedo que despiertan entre los bienpensantes o quizá por el temor de ser considerado un “pervertido”. Es por eso que sabemos tan poco de las perversiones, tanto que no hemos sido capaces de construir un discurso que las rescate de lo abyecto, del crimen o de la cutrez.

En el año 2006 publiqué un libro que titulé “Un estudio sobre el masoquismo” que tuvo una distribución limitada entre profesionales y muy poco éxito de publico señalando hacia la idea que más arriba comenté: el masoquismo sigue siendo considerado una actividad ruín, un vicio incomprensible y paradójico a pesar de estar tan generalizada en la clinica y el comportamiento normal, en el arte y en la cultura humana que merecería por sí mismo una tesis doctoral sobre esta cuestión.

Mientras me documentaba para escribir aquel libro me di cuenta de que no tenia más remedio que basarme en los clásicos trabajos de Freud, Reich, Reik, Anzieu y otros investigadores malditos que habian corrido con el riesgo de aventurarse en tierras tan pantanosas, naturalmente releí el prólogo que Castilla del Pino había escrito para la edición de Alianza sobre “La venus de las pieles” de Sacher-Masoch a quien debemos el malventurado nombre de “masoquismo”que más que iluminar oscurece la esencia de los mecanismos mentales que subyacen a tal estrategia de goce. Lo publicado en pubmed era absolutamente banal y prescindible. Hasta que me di de bruces con Anita Phillips y su “Defensa del masoquismo”.

Anitta Phillips es probablemente el seudónimo de una escritora freelance que por razones obvias nunca quiso desvelar su identidad, pues se trata del primer caso de la historia donde una mujer masoquista sale del armario con una buena dosis de argumentos que coincidían con mis obervaciones clinicas y con las revelaciones que algunos pacientes -hombres y mujeres- me habian hecho en la consulta.

El masoquismo reformulado.-

El primer prejuicio que se comete con el masoquismo es la idea de que resulta paradójico que el dolor provoque placer. Naturalmente el dolor no provoca placer en nadie cuando supera un cierto umbral, pero lo interesante es que este binomio placer-dolor suele considerarse como un par de opuestos donde uno excluye al otro, en lugar de considerarse como el haz y el envés de la misma experiencia. En realidad todo aquello que limita el dolor es placentero y al revés, lo que significa que incluso neurobiológicamente las vias del placer y las vias del dolor están relacionadas y mediadas por neurotransmisores y circuitos similares y conectados. Hoy tendemos a considerar que la polaridad placer-dolor no es tal polaridad sino un continuum de sensibilidad.

Dicho de otra manera si otorgamos a la insensibilidad absoluta un 0 y la sensibilidad extrema un 10, nos encontrariamos que puntuarian 0 los psicópatas, ciertos criminales, sádicos y las personas indiferentes con los demás, los anhedónicos y probablemente un buen puñado de pacientes mentales que giraran en torno a la palabra “narcisismo”. La insensibilidad extrema, la alteridad 0.

En el otro polo nos encontrariamos a personas hipersensibles y sometidas a las tensiones de tal organización nerviosa, serán personas que podrían percibir hasta el arrastre de un caracol en su dormitorio, todos los estímulos les llegarían y serian muy vulnerables psicológicamente debido precisamente a este exceso de estímulos percibidos. Una embriaguez sensorial continua. Estos individuos serian anti-narcisistas y tendentes a relacionarse a través de la admiración, la abnegación, el altruismo o la devoción del otro. La alteridad 10.

Para entender que se debe sentir con esta sobredosis de estímulos recomendaria ahora a los lectores que recordaran el estilo literario de Marcel Proust o de Virgina Woolf, una escritora bipolar -que terminó suicidándose, en una época donde no existían psicofármacos para este mal- y cuya narrativa está llena de tantos detalles que incluso llega a saturar a aquellos que, como yo, estamos poco interesados en ellos. Pero sirve para entender el universo de percepciones constantes en los que se debaten estos cerebros hipersensibles.

Para entender mejor el concepto de sensibilización desde el punto de vista neurobiológico dirijo al lector interesado a este post donde hallará las dos formas en que nuestras células aprenden: la habituación y la sensibilización. Decía alli que la sensibilización habia surgido como mecanismo adaptativo porque:

“Un estímulo que cuando apareció era nuevo o amenazante propicia una reacción a largo plazo en el sentido de que aumenta la respuesta cualitativamente relacionada con aquella señal. Bien pensado tambien tiene su lógica evolutiva: imagínese usted viviendo su primer año de vida en un ambiente deprivado, sin estímulos o empobrecido en su variedad de cuidadores, parece lógico que en un ambiente asi nuestro sistema nervioso haga algo por sí mismo a fin de neutralizar aquella deprivación ambiental. Lo que hace es sensibilizarse, es decir autoprovocarse una especie de estimulación artificial a fin de llenar el ambiente de predictibilidad, seguridad y sincronías”.

La hipersensibilidad por sí misma no prejuzga patología, pero no cabe duda de que existe una constitución hipersensible y no cabe duda tampoco de que el masoquismo es una estrategia de los hipersensibles para eludir el sufrimiento.

Más arriba he dicho que los fenómenos masoquistas son muy frecuentes en nuestra vida cotidiana, pero existe un “pero”. El masoquismo empasta mal con la virilidad y peor aun con los ideales de independencia, competencia, autodirección y asertividad que forman parte de los valores de nuestra sociedad que privilegia el éxito, el dinero, el triunfo, el poder o el trabajo fuera de casa en el caso de las mujeres. De ahi se puede predecir que los masoquistas estarán precisamente en estos grupos de población: los hombres de poder y en las mujeres triunfadoras. A cada valor le corresponde un antivalor cuyo destino es el secreto.

Y es tan frecuente y enredado con nuestra cultura y valores que no nos hemos parado nunca a pensar en una experiencia muy común, quizá la más común de todas las experiencias masoquistas. ¿No ha estado usted nunca enamorado/a de una persona que no le corresponde en absoluto?. Ahi lo tiene, el masoquismo no es tan raro.

Ahi va un ejemplo de una mujer que le canta a su “hombre” Jim, una verdadera declaración masoquista de amor.

Nótese que el tono de la letra no es de reproche, de queja, reivindicación, protesta o victimización sino una simple, estoica y resignada experiencia de que las cosas son como son. Jim nunca le traerá las flores que prefiere Billie Holiday y asi y todo y sabiendo que acabará abandonándola declara que: “siempre llevaré la antorcha de Jim”. Hay algo de espiritual, de ascesis sagrada en esa resignación y por qué no decirlo tambien un guiño sarcástico, un giro sobre la dirección del dominio, una subversión del goce.

En el proximo post hablaré de las razones por las que nos enamoramos de personas que no nos corresponden y cual es la estrategia -seguramente inconsciente- que subyace a esta “adversidad”. Y seguiremos hablando de la neoconceptualización del masoquismo y lo más importante hablaré de las cualidades terapeuticas del mismo.