La conciencia y sus zombies

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Aquellos de ustedes que leyeron este post que titulé “Culpa y biología” recordarán que comenté alli algunas ideas procedentes  del libro de David Eagleman titulado “Incógnito”, y ya sabrán a estas horas que los investigadores han echado mano con frecuencia de la conocida metáfora del ordenador cuando hablamos del cerebro.

Asi, Marvin Minsky en su libro “La sociedad de la mente” describió al cerebro humano como portador de pequeñas rutinas y subrutinas independientes y encargadas cada una de ellas de ciertas tareas que como sucede en los ordenadores no se inmiscuyen unas en otras, algo bastante diferente de lo que sucede en nuestro cerebro, donde estas rutinas están ampliamente distribuidas por todo el parénquima cerebral y compiten unas con otras como veremos más abajo.

Lo cierto es que esta idea de los cibernetistas se encontró bien pronto con un problema que llevó a la inteligencia artificial a un atasco: los ordenadores no podian simular al cerebro humano a pesar de que cada una de esas partes estuviera bien programada y funcionara correctamente. ¿Por qué?

La primera razón es que los programas de inteligencia artificial son supermáquinas poderosísimas de cómputo pero estúpidas en el fondo. La razón principal de esta estupidez es que carecen de un sistema que coordine toda su actividad oculta y priorice unas salidas sobre otras. La segunda razón de su estupidez es que no saben improvisar e inventar soluciones nuevas aunque algunos programas inteligentes pueden “aprender”. Pero aprender no es lo mismo que plantearse un enfoque nuevo a la hora de encontrar solusiones a problemas. Dicho de otro modo, el problema principal es que carecen de conciencia y aunque tengan una enorme capacidad de cómputo no son capaces de inventar nada nuevo.

Una de las áreas de investigación que más dinero acapara para su desarrollo es la fabricación de un robot para llevar a cabo las tareas domésticas. Es seguro que un robot de estas caracteristicas tendría un enorme éxito comercial y es seguro que los hogares de dentro de 50 años tendrán a su disposicion estos engendros. El caso es que en la actualidad la investigación robótica se encuentra detenida precisamente porque este tipo de máquinas no saben improvisar tareas cuando surge una adversidad y aunque son capaces de llevar a cabo todo aquello que se le ordena secuencialmente son incapaces de encontrar una solución cuando “falta algo” y saltarse la secuencia, esto es improvisar. ¿Qué sucede si no tengo arroz para hacer una paella? Comprarlo. Bien y ¿Dónde lo venden?. ¿Arroz normal o bomba?, etc. Cualquier humano aun muy tonto saldria de forma fácil de ese atasco y comenzaría la tarea alli donde la dejó sin olvidarse de apagar el fuego antes de salir de casa.

Eagleman propone en su libro una forma de salir de este atolladero. En lugar de imaginarse el cerebro como un conjunto de módulos que se encargan de llevar a cabo tareas concretas, plantea un funcionamiento parecido al que llevó a cabo la evolución. Así, propone que estos módulos no se encontrarian separados unos de otros, sino entrelazados y enmarañados de tal modo que el módulo no estaria fisicamente en lugar alguno sino distribuido en toda la red a partir de su conectividad neuronal. La otra cuestión que plantea Eagleman es que estos módulos representarian rutinas competitivas unas con otras y no solamente artefactos que cooperan ciegamente sin saber con quién.

Esta idea de democracia parlamentaria basada en el conflicto, es bastante aproximada con nuestra experiencia subjetiva. Cuando hemos de tomar una decisión ¿no intervienen acaso partes en conflicto que enfocan el problema cada una de una manera llevándonos a un estado de duda? ¿No hay una vocecita interior que nos avisa, confronta y aconseja en sentido contrario cuando queremos hacer algo? ¿No ha oido usted nunca una declaración como ésta: “Se que no me conviene pero le quiero”?

Eagleman llama zombies a estos módulos que funcionan automáticamente y les llama asi porque son tan estúpidos como cualquier programa de ordenador, solo que tienen tres caracteristicas que les hacen imprescindibles: 1) son automáticos, 2) son inaccesibles y 3) operan más allá de la conciencia, es decir son inconscientes.

Que sean inaccesibles e inconscientes tiene consecuencias prácticas para la neurociencia: significa que no sabemos como funcionan por dentro y lo peor: no podemos acceder a ellos. Un zombie es imposible de hackear pero puede ser solapado o inhibido por otro zombie.

El solapamiento de un zombie es lo mismo que hablar de redundancias. Un sistema como el cerebro ha de tener redundancias a fin de reducir el ruido y asegurar asi la permanencia y estabilidad del zombie concreto. Por contra, un zombie puede ser inhibido a través de otros zombies creados ad hoc por la conciencia, por ejemplo una creencia o una idea. Es por eso que solemos decir que es a través de la narrativa que la conciencia humana extrae sentido de la realidad que es en definitiva lo que el organismo necesita: sentido.

De manera que Eagleman pone en cuestión una de las máximas que animan a las psicoterapias del último siglo: ¿Qué significa conocerse a sí mismo?

Desde luego, “conocerse a uno mismo” no significa conocer el funcionamiento interno de los zombies, puesto que nuestro acceso a ellos está denegado (por nuestro propio bien). ¿Pero si conocerse a sí mismo no es conocer nuestro inconsciente qué significa?

Significa que tenemos pocas posibilidades de conocer el por qué de nuestras decisiones, de modo que la introspección y el sobrevalorado insight tienen muy poco valor terapéutico. A cambio, la conciencia humana con su inagotable construcción de símbolos y narrativas es capaz de encontrar explicaciones a casi todo que funcionan como verdades a pesar de que no podamos saber si lo son. Es más que obvio que los pacientes cambian sus narrativas por otras mejores (las que les brinda el terapeuta) y que está es la explicación mejor que tenemos hoy de los beneficios de la psicoterapia.

El nacimiento de la conciencia.-

Eagleman propone que la conciencia emerge cuando el numero de zombies de un organismo son ya demasiados para ser efectivos sin el concurso de un director de orquesta. La conciencia, para Eagleman no es algo que se tiene o no se tiene, sino un fenómeno emergente gradual. Los animales tienen conciencia, de perro el perro y de pollo el pollo y ellos se las arreglan sin esta ultima vuelta de tuerca que la evolución ha guardado para nosotros: una conciencia autorecursiva, es decir una conciencia que se piensa a si misma, ningún animal tiene una conciencia de esas caracteristicas, un bucle de lo mas extraño en palabras de Hofstadter.

Dicho de otra forma: los bucles extraños de Hofstadter y loa zombies de Eagleman son el mismo o muy parecido constructo teórico, siendo la conciencia un metabucle recursivo de alto nivel. Una especie de director general que tiene bastante poco control sobre los miembros de su empresa. Y asi debe ser, estoy seguro de que todos ustedes tienen experiencia en lo mal que funcionan las empresas donde hay un excesivo control, casi tan mal como las que carecen del mismo.

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Para que lector entienda mejor este problema de los agentes zombies que compiten entre si en un parlamento democrático les pondré el ejemplo de la gaviota argentérea de la que ya hablé aqui a propósito de otras cuestiones. Se trata de este dulce animalito que luce un punto rojo en su pico que hace las delicias de sus polluelos como si fuera un sonajero volante.

Lo interesante de este animal, que se ha estudiado mucho por ciertos etólogos, es que si les dan un huevo pintado de rojo, sucede un conflicto entre zombies. Por un lado el color rojo les aumenta la agresividad y por otro se ponen a empollar. O mejor, un zombie quiere empollar y otro quiere asesinar a alguien. Un conflicto enloquecedor, naturalmente las probabilidades no experimentales de que una gaviota se encuentre con este dilema en la naturaleza tienen una probailidad muy baja, no suele haber lluvia de color rojo.

Este mismo conflicto es el que suele darse en la depresión post parto humana.

El postparto es una época donde la mujer ve incrementada su agresividad, al tiempo que disminuye la de su pareja. Este proceso de desactivacion de la agresión en los machos es común en muchas especies de mamíferos (con descenso de la testosterona) pero la activación de la agresividad en las hembras puede observarse incluso en los pavos: su función es defender el nido. la agresión es ahora más necesaria que nunca.

Naturalmente la alta agresividad y las tareas de crianza y amamantamiento (rutinas zombies ambas) se llevan bastante mal y entran en conflicto, el resultado puede ser una depresión o el conocido y tan frecuente post partum blues (tristeza despues del parto) o la psicosis postparto.

De manera que es muy probable que Eagleman tenga razón y la conciencia humana se desarrollara precisamente a causa de conflictos de antagonismo entre complejos y numerosos zombies que amenazaron en algún momento a nuestra especie, que pudo rescatarse a sí misma gracias a disponer de un parlamento grande que dio cobijo a muchos más zombies y más sofisticados que los que presentan pavos y gaviotas.

Elogio del engaño

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¿Si usted tuviera un cáncer inoperable preferiría saber toda la verdad o quizá preferiría que su familia le diera falsas esperanzas o le engañara?

¿Si su mujer o marido le pusiera los cuernos preferiria saberlo o ignorarlo?

Lo políticamente correcto, es decir que al enfermo de cáncer hay que decirle la verdad, pues es precisamente a través de la verdad como el paciente podrá “luchar” mejor contra su enfermedad. Con respecto a la segunda opción hay una atmósfera social a favor de “la sinceridad” de las relaciones entre las parejas, de modo que es muy posible que en los dos casos se alcen muchas voces a favor de lo que en otro lugar llamé la sinceridad radical. La sinceridad se ha vuelto a poner de moda al menos en lo parejil.

Recientemente he tenido ocasión de asistir -en un corto periodo de tiempo- a dos pacientes que habian abandonado a sus esposas (o pareja de hecho en un caso) en dos momentos delicados, uno la abandonó al poco de habersele extirpado una mama a causa de un cáncer y el otro habia “tomado las de San Diego” al enterarse de que su mujer habia quedado embarazada por tercera vez. Lo interesante de estos dos casos es que ambos abandonos no se habian producido en el vacío sino que existía una tercera persona, naturalmente una mujer mas jóven, dispuesta y sana que sus “santas esposas”. Hasta aquí los hechos.

Lo interesante de estos dos casos -vulgares por otra parte y dónde es posible reconocer los motivos profundos que les habian llevado a tal abandono- fueron los argumentos esgrimidos. Son estos:

  • La tercera persona en cuestión no habia tenido nada que ver en el abandono según su declaración.
  • El abandono se habia producido por faltar el amor. Y esta falta de amor no tenia ninguna explicación racional, simplemente se había producido asi, de golpe, de la noche a la mañana sin que mediara conflicto alguno.
  • El abandono era una muestra de sinceridad radical: simplemente el abandonador creía que estaba operando de un modo honesto al no disimular o fingir un interés que ya no existía.

Más curiosa aun, es la respuesta que algunos profesionales me dieron ante este dilema tan humano, más que humano.

La mayoría se adhirieron a la consigna radical: si una persona ha dejado de amar a su pareja lo mejor es romper y cuanto antes mejor. Casi todos estuvieron de acuerdo en que el abandono era mejor que el engaño y que era un acto de nobleza el optar por esta opción a pesar de valorar la extrema vulnerabilidad de ambas mujeres cuando fueron abandonadas.

Era para ellas el peor momento, y sin embargo hubo una mayoria aplastante (más aplastante entre las mujeres jóvenes) en el sentido de poner por delante la sinceridad del abandonador a la vulnerabilidad de la víctima. O quizá estaban emitiendo un juicio sobre la infidelidad.

Y apelaron al sentido moral de los perpetradores. Y es de moral precisamente de lo que va este post. Mas concretamente hablaré de un mode de conciencia que ya tiene nombre en inglés: se llama overdrive (sobrecarga) moral. Precisamente de este tema hablé aqui en este post.

Para que el lector se haga una idea respecto a este tema del overdrive moral volveré a la metáfora del ordenador. Precisamente aqui hablé del mode “a prueba de fallos” diciendo que a veces el cerebro se guarda un as en la manga para hacer frente a situaciones de estrés. Consiste en no cargar todos los controladores -grandes consumidores de energía-, y con esta estrategia el cerebro se desprende del gasto excesivo cuando vienen malos tiempos y funciona a medio gas. Tambien dije en otra ocasión que la depresión representaba ese funcionamiento a medio gas donde, a cambio, se conserva la prueba de la realidad ( Price, 1994).

El otro mode de la mente humana descrito en este caso por O´Connor en 1999, es “la sobrecarga moral”. En este caso sucede lo contrario de lo que sucede en el mode “a prueba de fallos”. El individuo carga todos sus controladores cuando se enfrenta a un dilema o estrés de cualquier clase. Aparece de este modo exquisitamente racional y funcionando de un modo “cartesiano” o como se dice ahora en overshift.

Overshift significa impulsar hacia arriba un conflicto a fin de resolverlo del modo más racional posible, es decir a través de nuestro cerebro más moderno: la corteza cerebral. Aquellos que leyeron este post sobre la depresión de la Sra Turvey ya saben que en ocasiones una depresión se establece precisamente por haber desdeñado las opciones más racionales de resolución de un conflicto y empeñarse en “ganar” una confrontación cuya derrota es más que probable. El conflicto de la Sra Turvey fue descrito en términos de escaladas y desescaladas en un conflicto agonístico que la citada señora mantenia con su nuera y el “modo a prueba de fallos”, es el resultado de conflctos donde el perdedor no se da por vencido y no puede admitir su derrota. Hablamos precisamente alli de que la “sumisión voluntaria” era la solución correcta a un problema de rivalidad con resultados de perdida de todas las opciones.

De manera que en este caso nos fue posible observar como las emociones (la rabia, la envidia, los celos o el orgullo) impidieron la desescalada en el nivel racional.

Una de las prestaciones más racionales de nuestra mente es el criterio moral, es decir la capacidad de los humanos para formarnos patrones adaptativos acerca de lo que es bueno y malo, conveniente o inadmisible y que generalmente viene determinado por el medio cultural. Es el grupo el que presiona para que el individuo se adapte a lo colectivo y es el grupo el que impone una moral determinada a sus participantes muchas veces cargada de contradicciones.

El homicidio es por ejemplo una conducta intolerable en una comunidad, no porque sea inmoral por sí mismo sino porque provoca desgracias encadenadas y aun mayores en el seno de la convivencia de esa comunidad, por ejemplo a través de venganzas y aflicciones que puedes atravesar mas de una generación. De manera que aunque puede ser entendido o explicado en clave individual y egoísta todo homicido es profundamente perturbador para el grupo. Cabria decir que el homicidio rompe la cohesión intragrupal, algo que en entornos ancestrales resultó clave para sobrevivir.

De manera que el sentimiento moral evolucionó desde la necesidad de los grupos de detectar, prohibir y sancionar las conductas egoístas y tramposas de sus miembros concretos. La moral en este sentido evolucionó a través de la selección grupal y no individual, pues la moral siempre es un obstáculo para el placer o el deseo del individuo, solo es beneficiosa para el grupo, pero nunca para el individuo (Aqui hay un post donde hablo precisamente de la selección grupal).

Pero para nuestros interés vamosa recordar esta idea:

El modo en que un rasgo localmente desventajoso pueda expandirse a toda la población es que sea ventajoso a un nivel evolutivo superior, es lo que ocurre con el altruismo: a nivel intergrupal, los grupos altruistas tienen ventaja sobre los no altruistas porque su capacidad reproductiva es mayor.

Volvamos ahora al caso del abandonador de su pareja embarazada o al abandonador de la paciente con cáncer y planteémonos la siguiente pregunta: ¿Es moral o inmoral la conducta del paciente?

Para unos es moral porque sigue su propio deseo y es por tanto “auténtica”, “valiente” y “honesta”. Para otros es inmoral porque abandona a su esposa de repente e indefensa, sin darle tiempo a elaborar una conclusión o planificar una estrategia de retención de su pareja, la abandona a su suerte en el momento es que sus recursos psicológicos no se encuentran del todo disponibles. Es una conducta “cobarde” y reprobable.

En realidad tanto unos como otros están persuadidos de que la moral es un órgano del cerebro, simplemente creen que hay personas morales e inmorales y no caen en la cuenta de que la moral es algo impuesto, algo que nos viene de fuera. Con ello no quiero decir que las personas no nos distingamos unos de otros por la calidad de nuestros preceptos morales, pero en cualquier caso no hay personas morales y personas degeneradas sino personas que se han adaptado a una estrategia egoísta o altruista en función de sus preferencias, sus habilidades y su capacidad o no de identificarse con unas normas y no con otras, incluso hoy se habla de personas que son capaces de practicar el poliamor mientras que otras son fuertemente monógamas y posesivas. Cada uno es tan moral o tan inmoral como sus rasgos de personalidad le permiten y algunos son tan morales que son capaces de anteponer el ídolo mamífero de un amor que se contrapone a otro o la “autenticidad” (ser fiel a uno mismo) por delante del “no dañarás”.

En realidad ser auténtico u “honesto consigo mismo” es una abstracción bastante reciente y que no tiene parangón evolutivo ni circuito neurobiologico que lo regule. No hay que fiarlo todo a la autoconciencia, ese registro tan sobornable y mucho menos cuando uno está en overdrive moral y se le plantea un dilema donde va a ganar una pareja mas atractiva que la que ya tiene. Dicho de otra manera, las personas más perfeccionistas son paradójicamente las que pueden cometer estos errores poniendo por delante de forma egocéntrica una pasión moral (la autenticidad) o una emoción racionalizada (“ya no la quiero o yo quiero a otra”)  del criterio del daño-causado-a-otro que es precisamente el único criterio que puede servirnos de guía en nuestras relaciones interpersonales.

Estoy convencido de que si mi paciente hubiera sido capaz de engañar a su mujer (serle infiel) no hubiera necesitado engañarse a sí mismo con todos esos constructos hipermoralistas y se hubieran por tanto minimizado los daños.

Ser algo “inmoral” o discontinuamente inmoral es la solución para no ser del todo inmoral.

Si tienes que obedecer en tu vida alguna instancia moral, recuerda esta máxima de los médicos “Primum non nocere”.

Y una nota liminar.-

Lo que sí sabemos es que los excesos de autoestima y los idealismos morales proporcionan no pocos pretextos para ejercer de “psicópatas” u “obsesivos”, precisamente los valores con los que más nos identificamos y en los que educamos a nuestros hijos.

“A prueba de fallos” y el narcisismo

Los excesos de autoestima y los idealismos morales proporcionan no pocos pretextos para ejercer de psicópatas, precisamente los valores con los que más nos identificamos y en los que educamos a nuestros hijos.

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Los que leyeron el post anterior es seguro que ya tienen una idea de que pasa cuando alguien sufre en su vida una adversidad. Cuando pierde el trabajo, o le abandona su pareja o pierde un familiar muy querido, o se pelea con un hermano a propósito de una herencia, cuando se arruina económicamente o cuando suspende un examen y pierde una buena oportunidad. Ya sabemos que todas esas cosas pueden sucedernos en la vida y que las consideramos eventos de estrés, Discontinuidades que nos golpean y sobre las que hemos de reorganizar tanto nuestros mapas cognitivos y conceptuales como nuestros esquemas emocionales.

Cuando nos pasa cualquiera de estas cosas las emociones vienen en nuestra ayuda para guiarnos a través de una hoja de ruta. Una hoja de ruta de descenso. Ciertas emociones están diseñadas para las desescaladas: la culpa, la vergüenza, la pena, el miedo. Las sentimos y entonces desescalamos, otra opción es que enfermemos fisicamente lo que consigue el mismo efecto.

Desescalar no equivale a deprimirse. Para deprimirse hace falta algo más. Para deprimirse es necesario una incongruencia entre emociones: unas que pugnan por desescalar (ya señaladas) y otras que pugnan por escalar, el rencor, la ira, la codicia o el asco. De manera que podriamos decir que la depresión seria una situación clinica donde se dan cita emociones contradictorias en cada uno de los tres niveles del cerebro y siempre supone una desescalada en el nivel más reptiliano. Una desescalada que no tiene correspondencia en el resto de niveles .

Para deprimirse hace falta activar el módulo “a prueba de fallos” y bloquear las soluciones inteligentes a los dilemas de la vida. Usualmente lo que se bloquea es la “sumisión voluntaria consciente” o “darse por vencido”.

Pero para darse por vencido sin sentirse “humillado” hay que tener una autoestima funcional. ¿Qué sucede cuando la autoestima es baja o demasiado alta?

Pues que el individuo no puede llevar a cabo el proceso (el trabajo) de recomponer sus mapas cognitivos y emocionales y dirigirse hacia la reconciliación o la salida del campo, bien por imposibilidad o bien por otras cuestiones. Decimos entonces que existe un bloqueo. La depresión es casi siempre el resultado de haber bloqueado las soluciones inteligentes a los conflictos de perdida o de derrota.

Y la principal causa de bloqueo es el orgullo.

Tal y como vimos en el post anterior la autoestima de una persona depende fundamentalmente de los otros es por eso que hablamos de poder de retención de la atención social (SAHP, “self-concept of social attention holding power”) que se refiere a la capacidad de un individuo para atraer la atención y la aportación de otros miembros del grupo (Gilbert et al., 1995). Considerando que la RHP determina el equilibrio entre el ataque y el sometimiento, SAHP determina el equilibrio entre la presunción (escalada) y la modestia (desescalada) en los eventos sociales importantes.

Es por eso que algunos autores hablan de la autoestima como un medidor social, un sociómetro.(Leary, 1995).

O dicho de otra manera: nuestra autoestima -en el mejor de los casos- ha de corresponderse con lo que los demás piensan de nosotros que nos retorna por retroalimentación. En la medida en que nos alejemos de esa “opinión publica” sufriremos las consecuencias de la incoherencia entre lo que pensamos de nosotros mismos y lo que piensan los demás.

En términos psicológicamente comprensibles si la opinión de los demás es buena es mejor quedarse siempre un poco por debajo de lo que piensan los demás, asi tenemos un margen de fluctuación en escalada y seremos catalogados como modestos. Si la opinión de los demás es mala disponemos del orgullo (amor propio) para regularnos al alza. De lo que se trata en cualquier caso es de disponer de un segmento de fluctuación.

Una escalada que recorremos a través de ciertos estados mentales que conocemos como presunción y modestia. Unas veces estamos en up y otros en down, esto es lo adaptativo y lo inteligente: la posibilidad de fluctuar variando la respuesta según la situación.

El orgullo es precisamente lo que bloquea este engranaje de fluctuación entre  presunción y modestia. Las personas orgullosas (excesivamente narcisistas) no recorren el continuo sino que se instalan o bien en una modestia recalcitrante o en una presunción soberbia. Las dos posiciones comparten pues al orgullo como mecanismo -podriamos decir de defensa- en tanto que impide la concienciación del estado mental que se pretende evitar.

En realidad el termino narcisismo es una de esas concepciones malditas que hoy son rechazadas por los investigadores. Pero a mi me parece insustituible pues señala en dos direcciones: por una parte señala a aquellas personas que se sobrevaloran a sí mismas (que es su acepción mas intuitiva) pero tambien señala en la dirección de aquellas personas que “aparentemente” se nos presentan como humildes y cuando escarbamos un poco nos encontramos con un nucleo primario muy consolidado de autoestima hipertrófica (narcisismo)

Como ejemplo de esta segunda cuestión quiero llamar la atención sobre los depresivos graves (melancólicos) y un sintoma común: los autoreproches. Son muchos los clinicos que han señalado la incoherencia de la culpa en los síndromes depresivos graves. Antonio Colina ha dicho con cierta ironía, que “hay culpas que huelen a disculpas”. O que en realidad la exageración de los autorerpoches en los depresivos graves contienen una halo de autoimportancia y de narcisismo patológico.

Asi en un antiguo post titulado “Capitalismo, melancolia y deseo” decía:

El melancólico se propone detener el deseo apenas formulado y se opone a él en tanto en cuanto lo siente o bien como algo inalcanzable o bien porque se opone a sus propias convicciones. El melancólico está en pugna con sus deseos y es por eso que el deseo acaba empaquetado como una condensación de goce que es apenas visible tras la fachada de sus síntomas en los que el celofán que los envuelve suele ser o bien la culpa -que suele ser exagerada o incomprensible por un interlocutor sensible- y la obscena exhibición de una autocondena que aparece como una especie de espectáculo valleinclanesco, una autoinmolación esperpéntica que nadie exigió.

De manera que tan narcisista puede ser aquel que aparece como presuntuoso como aquel que aparece como humilde. Y es lógico pues ambos procedimientos (la modestia y la presunción) evolucionaron con el propósito de embaucar a los demás y obtener ventajas de mostrarse sumiso y obediente o dominante y rebelde.

Algo que el individuo ha de moldear en contacto son su sociómetro.

De manera que la autoestima está lejos de ser un órgano del cerebro sino más bien una función para exhibir ante los demás con objeto o bien de aparecer como mas importante, poderoso o atractivo de lo que se es, o bien para aparecer como más desvalido, incompetente o necesitado de lo que se está. Ambas estrategias son muy adaptativas y si se han mantenido a lo largo de la evolución es porque han proporcionado ventajas a sus portadores, se trata de emociones fundamentalmente sociales que señalan rango y jerarquía.

Lo cierto es que no es lo mismo ser portador de una autoestima alta que baja. Si una persona ha optado por la estrategia de aparecer ante los demás como vulnerable y humilde tiene muchas posibilidades de entrar en “prueba de fallos” ante cualquier adversidad de la vida, pues para no deprimirse precisaria desmarcarse de aquella posición y aparecer como competente deshaciendo su cartel de vulnerable. Si por el contrario su autoestima es demasiado alta la herida de cualquier adevrsidad puede ser inconmensurable al darse de bruces contra el orgullo.

Los primeros (autoestimas bajas) reaccionan a las contrariedades de la vida con una depresión o una enfermedad invalidante y los segundos (autoestimas altas) con violencia. Hay un tercer grupo que reacciona con una competencia desbocada (runaway), más tarde volveré sobre estas personas.

La violencia es el modo “a prueba de fallos” de los que poseen autoestimas hipertróficas.

La agresividad en el modo “a prueba de fallos” se comporta de una forma muy curiosa. ya hemos dicho que el “modo a prueba de fallos” se instala en los perdedores de una confrontación agonística y que sustituye al sentimiento de derrota. De manera que el derrotado ha de aparecer como manso y poco agresivo y sin embargo los clinicos han señalado hasta la extenuación que los depresivos son muy agresivos. ¿Cómo se comporta la agresión en el modo “a prueba de fallos”?

En el modo a “prueba de fallos” la agresión va siempre de arriba abajo, es decir desde el fuerte al débil, del hombre a la mujer, del adulto al niño, del armado al desarmado.

Este síntoma por sí mismo señala en la dirección de un funcionamiento “a prueba de fallos”, lo que tiene interés en más de un sentido. Es muy probable que las emociones de escalada como la rabia sean utilizadas por estas personas para enmascarar una depresión subyacente o bien que la agresión por sí misma puede ser un equivalente de la depresión clinica. Algo que sin duda coincide con la experiencia de que rabia y pena son emociones opuestas: efectivamente, lo son pero no se inhiben mutuamente sino que una induce a la escalada y otra induce a la desescalada como las dos caras de Jano.

En conclusión, el modo” a prueba de fallos” puede ser la matriz evolutiva de ciertos comportamientos y patologías humanas de interés para la psiquiatría o la ley. La condición es que pongan a prueba alguna característica vital para el hombre, asi la depresión compromete la rivalidad, la violencia compromete la aceptación social y los trastornos alimentarios (fundamentalmente la anorexia) compromete el fitness (la reproducción).

Es por eso que en el próximo post abordaré la anorexia y el modo “a prueba de fallos”.

Bibliografía.-

Leary, M. R., Tambor, E. S., Terdal, S. K., & Downs, D. L. (1995). Self-esteem as an interpersonal monitor: The sociometer hypothesis. Journal of Personality and Social Psychology, 68 , 518-530.

Gilbert P, Price J & S Allan (1995) La comparación social, atractivo, social y evolución: ¿cómo podrían estar relacionados con las nuevas ideas en psicología?: La Revista Internacional de Teoría de la Innovación en Psicología, 13, 149-165.

A prueba de fallos

“Cambiar de respuesta es evolución, cambiar de pregunta es revolución.” ~ Jorge Wagensberg

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Seguro que a usted le ha pasado -sobre todo si usa Windows- que su ordenador a mitad de un trabajo se le ha quedado colgado. Entonces, usted puede recurrir a volver a reiniciar su ordenador “a prueba de fallos” a fin de completar las tareas que andaba componiendo. El asunto es que el sistema tiene un mecanismo de seguridad para cuando se cuelga (algo que sucede con mucha frecuencia en Windows) y que le permita guardar lo que andaba escribiendo.

El modo a prueba de fallos es pues un mecanismo de emergencia, pues después de guardar sus documentos usted deberá reiniciar el ordenador en modo normal.

El modo a prueba de fallos significa que usted no carga todos los controladores sino sólo aquello que es necesario para resolver la emergencia.

John Price utilizó esta metáfora informática para explicar su teoría de la depresión bajo la cobertura de lo que llamó “la teoria de la competencia social”. Es como decir que nuestro cerebro tiene un mecanismo de seguridad para cuando las cosas se ponen feas. A ese mecanismo le llamamos depresión, pero como se verá más abajo no sólo la depresión puede encajar en este constructo llamado “a prueba de fallos”.

Se trata en todo caso de un mecanismo conservado evolutivamente en los cerebros de los mamíferos y seleccionado como un mecanismo ritual destinado al apaciguamiento, a mostrar la rendición, a retirarse de la arena o a tomarse unas vacaciones al entender que un proyecto determinado no puede llegar a buen fin, ahorrar energías y coger fuerzas.

Llamamos “modo a prueba de fallos” a ciertos cuadros clinicos que tienen que ver o bien con la depresión o bien con la incapacidad, es decir a aquellos que comprometen la competencia agonística. Más concretamente el modo “a prueba de fallos” equivale a lo que nosotros llamamos “conducta de enfermedad”. Es por eso que Sloman (Sloman 1987) ha hablado de una “subrutina de rendimiento” subsumida en este dispositivo “a prueba de fallos” pues en realidad lo que se compromete en una depresión no es sólo el estado de ánimo, sino el rendimiento y la iniciativa. En la realidad de la clinica, la depresión y la conducta de enfermedad suelen darse juntos: consiste en síntomas bien conocidos de la serie depresiva: fatiga, somnolencia, inhibición psicomotora, anhedonia, pérdida de apetito y alteración del funcionamiento cognitivo. Aunque la conducta de enfermedad puede darse también en ausencia de síntomas afectivos formando parte del sindrome de Briquet o de lo que hoy conocemos como fatiga crónica y/o fibromialgia.

En definitiva, el modo “a prueba de fallos” seria un mecanismo cerebral que habría evolucionado desde los rituales de sumisión agonísticos y estaría destinado a desactivar la agresión de los dominantes y a señalarse como perdedor en un determinado conflicto a través de una especie de “muerte ritual” que señalaria al perdedor como un no-rival.

El funcionamiento “a prueba de fallos” se caracteriza por mantener en todo momento la lucidez vigil de una persona corriente y se diferencia de los estados psicóticos en que no se pierde el sentido de la realidad y del sueño en que no se está durmiendo. Dicho de otra manera: el cerebro sigue funcionando normalmente sólo que no a pleno rendimiento.

En el modo “a prueba de fallos”el individuo es absolutamente inconsciente de haber salido derrotado, lo cual es característico de los depresivos -que no saben por qué están deprimidos- aunque suelen relacionar el inicio de su enfermedad con algun evento vital próximo. En realidad esa es otra de las funciones de la depresión: la salvaguarda de la autoestima en el sentido de que el individuo puede preferir estar enfermo a admitir que ha salido derrotado en una conflagración. Y es precisamente esto lo que diferencia a la depresión de la conducta normal. En la conducta normal el individuo tiene noticia de su derrota aunque la computa en otros términos que Price ha llamado “sumisión voluntaria consciente” y que nosotros para entendernos podemos llamar “darse por vencidos” o “saber perder”.

Y aqui cobra relevancia el concepto de Lopez Ibor que ya en 1966 habló de “equivalentes depresivos”, un concepto de amplia resonancia en psiquiatria y que la práctica clinica señala con vehemencia. Ciertos cuadros clinicos a pesar de que no presentan un humor depresivo parecen emparentados con la depresión a través de otro sintomas del espectro. Lopez Ibor habló de la anorexia nerviosa, la dismorfofobia y algunos cuadros de adicciones o alcoholismo. Hoy podriamos incluir en este pack a ciertos cuadros dolorosos sin explicación médica, la fibromialgia y la fatiga crónica.

De manera que a través de la activación de este mecanismo “a prueba de fallos” se lograria:

  • Desactivar en el perdedor la agresión (de abajo-arriba) y desactivar en el ganador la agresión en sentido inverso.
  • Mantener la autoestima (lesionada por la derrota) al enmascarar con sintomas fisicos que semejan una enfermedad somática las causas del malestar.
  • Disuadir a los simpatizantes y familiares de tomar venganza.
  • Retirar esfuerzos de una empresa destinada al fracaso.

Es cierto, no obstante que no todas las depresiones se deben a conflictos agonisticos y derrotas inconscientes. La depresión es un salón al que se puede entrar por distintas puertas, no es una enfermedad unitaria y más aun: las causas remotas de la depresión son multiples, casi del mismo modo que las causas proximas o contextuales.

Pero existe un cierto consenso en pensar que la depresión ocupa un nicho ecólogico cerebral adaptativo, es decir una situación cerebral que en ambientes ancestrales supuso ciertas ventajas para quien la desarrollara y que se asienta sobre mecanismos fisiologicos similares a los periodos de hibernación que algunos mamiferos utilizan para no desgastarse en los duros inviernos donde los recursos escasean y malgastar fuerzas parece ser una mala idea.

Una de estas teorias es la que plantean Watt y Panksepp (2009) :

“Nuestra tesis básica es que la depresión es un mecanismo conservado evolutivamente en los cerebros de mamíferos, seleccionado como un mecanismo de cierre para terminar la angustia por la separación prolongada (un prototipo de estado emocional en los mamífe ros), que, de mantenerse, sería peligroso para mamíferos lactantes. Sin embargo, este mecanismo de apagado fundamental sigue estando disponible para continuar la maduración del cerebro de mamíferos y homínidos, particularmente aquellos con ciertos polimorfismos en la dotación genética, la pérdida temprana o trauma de la separación, u otros factores predisponentes, que puedan favorecer la reactivación en relación con casi cualquier factor de estrés crónico. Tales mecanismos de cierre evolutivamente determinados podrían hipertrofiarse, y sustituir los mecanismos normales de control adaptativo en las personas vulnerables, para expresar potencialmente todo el espectro de la enfermedad depresiva”.

Hablan pues de un modo “a prueba de fallos” similar. Ponen el énfasis no tanto en las derrotas agonisticas sino en un mecanismo de cierre para dejar de seguir lamentándose ante una separación de la madre. Hablan de un apagado, similar al que sucede en la hibernación, todo lo cual enlaza con otras teorias evolucionistas sobre la depresión como la de Charlton (2000).

El lector puede en este momento leer este post donde se habla de la teoria del malestar en la depresión para advertir que todas las teorias evolucionistas sobre la depresión están hablando de lo mismo, con independencia de sus causas próximas: que la depresión es una adaptación de algun tipo de sistema de seguridad que el organismo utiliza cuando es sometido a ciertos estresores y que tiene la capacidad de ponerle “a prueba de fallos” es decir a medio gas, por decirlo de una forma comprensible.

Bibliografía.-

Sloman, L. & Price, JS (1987) Bajar de comportamiento (subrutina rendimiento) y depresión humana: mecanismos próximos, contextuales y Etología. Sociobiología, 8, 99 (S) -109 (S).

Watt DF, Panksepp J. Depression: An Evolutionarily Conserved Mechanism to Terminate Separation Distress? A Review of Aminergic, Peptidergic, and Neural Network Perspectives. Neuropsychoanalysis 2009; 11:7-51.

Price JS, Sloman L, Gardner R, Gilbert P, Rohde P (1994). The social competition hypothesis of depression. Br J Psychiatry; 164: 309–15.

¿Hay alguna relación entre la proliferación de armas y la depresión?

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“Los seres humanos se cambian a sí mismos a través de la tecnología.” ~ Jaron Lanier

No cabe ninguna duda de que nosotros los sapiens venimos de serie muy mal dotados desde el punto de vista armamentístico, carecemos de las garras de un tigre, ni de los dientes de un león, carecemos de cuernos como los ciervos, ni de venenos para espantar a nuestros depredadores, nuestro tamaño no es para asustar a nadie y nuestro armamento de “retirada” tampoco es demasiado sofisticado: no tenemos una velocidad de carrera suficiente para correr delante de un puma, ni sabemos nadar demasiado bien ni por supuesto volar.

¿Cómo nos las apañamos para sobrevivir en entornos de sabána abierta en tiempos ancestrales?

Algunos autores como Robert Linden (Linden 2010) han llamado la atención de que son precisamente esos hándicaps los que nos llevaron por el camino de la hominización. La historia evolutiva de la hominización es la historia de las compensaciones que llevó a cabo nuestro cerebro para sobrevivir en entornos hostiles en los que anduvimos durante eones de tiempo.

Y lo que encontró fue la inteligencia. Sobrevivimos porque fuimos más inteligentes que nuestros adversarios y es por eso por lo que ya un antecesor nuestro “el homo habilis” inventó las herramientas.

Es verdad que ya algunos animales son capaces de utilizar ciertas herramientas (que tienen a mano) para alcanzar alimentos o extraerlos de alguno lugar inaccesible, pero no son capaces de fabricarlas; no cabe duda de que fue nuestro phylum, el de los homínidos quien encontró una mayor sofistificación y talento para construir artefactos destinados a dos cuestiones: la ornamentación y la caza.

Pero ahora vienen las malas noticias.

Tal y como cuentan Dawkins y Krebs en un artículo de 1979, los armamentos (las defensas) entre las distintas y dentro de la misma especie coevolucionan. El ejemplo más claro de esta cuestión es la relación que existe entre el uso de antibioticos y las defensas que usan los microorganismos para defenderse de ellos. Se trata de una verdadera carrera armamentistica, donde la velocidad de invención por parte nuestra ha de llevar cierta ventaja sobre las adaptaciones de las bacterias si no queremos morirnos de una simple neumonia. Tambien la velocidad de carrera de las gacelas evolucionó con la velocidad de sus depredadores naturales siguiendo lo que Dawkins y Krebs han llamado el principio de vida-cena. Uno corre para salvar su vida (la gacela) y el otro para cenar, de donde puede deducirse que habrá siempre una cierta ventaja en la carrera libre a favor de la gacela. El guepardo tendrá que utilizar otras estrategias como usualmente lleva a cabo: el acecho.

Todos hemos pues de correr como nos enseñó la reina Roja (Ridley, 1993) de “Alicia en el pais de las maravillas”

Pero la invención de las armas, flechas, lanzas, dardos, proyectiles, etc, tiene una segunda lectura: facilita el homicidio, la guerra y cosas asi.

Y lo facilita porque es muy poco probable que un hombre pueda matar a otro usando solo su “armamento natural”. No puede hacerlo a mordiscos, patadas, o puñetazos, a poco que el rival se defienda. Dicho de otra manera: procedemos de una especie poco dotada para la lucha (aunque muy irascible) que por consiguiente no desarrolló los suficientes mecanismos inhibitorios a fin de no masacrar a sus victimas, como si desarrolaron otras especies.

Significa que en cualquier animal: el armamento disponible y los mecanismo inhibitorios de la agresividad coevolucionaron. Y esta es la razón por la que en las confrontaciones agonísticas entre animales no suele haber muertos (aunque si vencedores y vencidos). Dicho de otro modo la selección natural favoreció la implementación de rituales que venian a sustituir al fatal desenlace.

Del ritual hablé precisamente aqui: se trata de una conducta que comunica una señal de sumisión por parte del vencido y otro de triunfo por parte del vencedor y que de alguna manera desactiva la agresión del vencedor y que la “sangre llegue al rio”. El vencedor se da por satisfecho con las muestras de sumisión o huida del vencido que esperará una nueva oportunidad. En la naturaleza son muy poco frecuentes las confrontaciones a muerte.

¿Pero es asi en los humanos?

Lo curioso es que nosotros los humanos hemos cortocircuitado los rituales que mantenian el statu quo de vencedores y vencidos al introducir la variable critica de la tecnología.

Naturalmente no es lo mismo apretar el gatillo de una ametralladora y matar a distancia a decenas de personas que hacerlo “a mano” con cuchillo o espada. Y no es lo mismo porque el cerebro no computa los disparos como asesinatos sino como una especie de videojuego donde se matan marcianitos, algo relativo a lo imaginario. La tecnología armamentistica que hemos inventado desde el puñal hasta el misil tiene una contrapartida: la lucha ha dejado de ser algo que recluta emociones distintas y variadas a convertirse en algo impersonal. Matar hoy es muy fácil y no involucra al individuo en toda su dimensión humana que podria convocar ciertos controladores contra la agresión.

Dicho de otro modo: la carrera tecnológica que construye armas (una carrera rápida) no ha desarrollado paralelamente mecanismos inhibitorios (carrera lenta o evolución) para no usarlas o usarlas en tiempo y forma socialmente conveniente.

Lo mecanismos inhibitorios que hemos desarrollado en nuestra especie son fundamentalmente psicológicos y sociales, asi el autoncontrol, la compasión, el miedo a sufrir daños, el miedo al castigo o a la exclusión social, la empatia o la moral individual han venido a suplantar a los potentes rituales agonísticos que llevan a cabo los animales a fin de no causar o sufrir daños. Y es obvio que toda esta sofisticación psicológica o social por si misma es incapaz de inhibir o detener la agresividad de ciertos individuos.

Y no es probable que la carrera de las adaptaciones iguale a la carrera armamentistico-tecnológica de las cosas que podemos utilizar para hacer daño a nuestros semejantes, de modo que no tenemos más remedio que apelar al aprendizaje social (aprender ex novo) a obtener buenas razones para ser buenos y no dañar a los otros por más que tengamos buenas razones para odiarles.

Y es por eso que existe la depresión y es tan frecuente en nuestros entornos opulentos: se trata de una solución que minimiza los riesgos de la violencia.De tal modo que es posible predecir que a más proliferacion de armamentos y tecnologías para inflingir daños son de esperar mas depresiones entre nuestros conciudadanos.

Pero para entender mejor esta relación, los lectores tendrán que esperar al proximo post donde hablaré de un constructo utilizado por John Price (Price 1994) que llamó “Modo a prueba de fallos”. Se trataria de un patrón preformado en nuestro cerebro a fin de minimizar los efectos de las derrotas en confrontaciones agonisticas y cuya función seria la de señalar en los derrotados una especie de “muerte ritual” -similar a las que muestran los animales que son derrotados en una confrontación- aunque salvando la autoestima personal y eludiendo la concienciación de la derrota.

Pues en realidad el derrotado no se siente derrotado sino enfermo o incapacitado. La enfermedad es el equivalente de una derrota ritual y suprime al mismo tiempo la agresividad.

Bibliografía.-

Price, JS, Sloman, L., Gardner, R., Gilbert, P. & Rohde, P. (1994) La hipótesis de la competencia social de la depresión. British Journal of Psychiatry, 164, 309-135.

Robert Linden : “El cerebro accidental. Paidos. Barcelona 2010.

Matt Ridley: The red queen: sex an the evolution of human nature. Penguin.1993.

El detector de humos

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La teoria o hipótesis del detector de humos es un constructo teórico propuesto por Randolph Nesse (Nesse 2001) para explicar como funcionan nuestras alarmas neurobiológicas a fin de defendernos de ataques bien diversos, como tóxinas alimentarias, ataques de microorganismos, ataques de depredadores, peligros procedentes de fenómenos naturales y diversos siempre entendidos en clave ancestral. Lo interesante de este planteamiento es que aunque estas amenazas hayan desaparecido de nuestro entorno inmediato dichos detectores de humos siguen funcionando “como si” aquellos peligros se encontraran aun en nuestro medio ambiente y aún: funcionan siempre optimizando sus resultados, es decir “más vale que la alarma salte sin fundamento que salte demasiado tarde, tal y como conté en este post.

Vivimos pues alarmados.

Nombraré ahora algunas de las alarmas más conocidas, como la tos (que sirve para despejar nuestras vias respiratorias de cuerpos extraños), la fiebre que es una buena defensa contra las invasiones microbianas, la ferropenia (que tiene la misma función de defensa frente a infecciones), el vómito o las nauseas que nos defienden a nosotros o a los fetos de toxinas alimentarias, la fatiga que nos invita a no consumir energias en malos tiempos, el pánico que desata una reacción de huida, el estornudo que expulsa de las fosas nasales irritantes o tóxicos, etc.

Como el lector habrá observado las alarmas que acabo de nombrar tienen una característica especial: son  bastante toscas, si por toscas entendemos la gruesa forma en que se manfiestan. Son por asi decir domésticas, y todos las hemos experimentado alguna vez e incluso hemos ido al médico para suprimir algunos de sus efectos perniciosos. Efectivamente la tos es una adaptación pero tambien puede estar señalando una neumonía, el vómito lo es sin duda pero tambien puede ser el síntoma de una pancreatitis y la fiebre cuando se da en un niño pequeño nos obliga casi siempre a acudir alarmados a urgencias porque aunque la fiebre sea un mecanismo ancestral para defendernos de las infecciones, ella por sí misma puede provocar crisis epilépticas.

Dicho de otra manera el mecanismo (la alarma) que se enciende en nuestro organismo para defendernos de cualquier cosa puede devenir en un problema por sí mismo, si la fiebre es demasiado alta o prolongada, si la tos es demasiado intensa o el vomito demasiado profuso, ellos por si mismos pueden provocar o ser sintomas de enfermedades.

Pero nuestro sistema de defensa no termina en estos mecanismos toscos y macroscópicos sino que mas allá de eso se integran en un cluster psico-neuro-endocrino-inmunológico. Para conocer más sobre la jerarquización de las alarmas neurobiológicas dirijo al lector a este enlace donde podrá leer un articulo mio sobre este asunto. Francisco Traver: bulimia, somatización, conversión. O bien este post que es una versión resumida del articulo susodicho.

Suponga usted que esta plácidamente viendo su programa favorito y un ratón aparece en la habitación. ¿Cual será su reacción? Bueno, lo lógico (y más si es usted mujer) es que tenga una crisis de pánico y salga huyendo dando instrucciones a su marido para que busque la escoba. Nótese que la alarma activada es mental (psíquica) y la reacción es conductual y está destinada a huir del ratón. Una vez el ratón ha desaparecido o ha sido muerto por el valiente caballero que comparte sofá con usted, la alarma enmudece y usted ya no vuelve a tener miedo, aunque este miedo podrá ser activado la próxima vez, pues su cerebro guarda copia de la acción eferente.

Seria absurdo -ustedes estarán de acuerdo conmigo- en que en una situación asi usted tuviera diarrea, o tos, pues la diarrea o la tos en ese momento no le permitiria correr que es de lo que se trata cuando se huye de un depredador. tampoco seria de recibo que usted tuviera dolor en una pierna o una fatiga extraordinaria o se pusiera a estornudar. Existe una relación causal entre la amenaza y la alarma activada. En este caso el miedo pone en marcha la reacción de huida.

Pero las cosas no siempre funcionan asi, sino que en ocasiones al disparar una respuesta de pánico, el pánico se queda a vivir con nosotros. Es como si, nuestro cerebro no pudiera desprenderse de la alarma que se disparó sin depredador alguno y que ahora parece que se ha pasado de rosca saltando sin motivo. Esta es precisamente la frontera que existe entre las emociones adaptadas y la disadaptación que acaece en la patología. Tener una respuesta de pánico al tener como conterturlio un ratón es comprensible y supone una adaptación pero tener pánico cuando uno va por la calle sin peligro alguno que enfrentar es patológico, hablamos entonces de un trastorno por pánico.

Es como si la mente se hubiera reconfigurado de forma autónoma en torno al miedo y toda ella respondiera automáticamente en ausencia de amenaza alguna o bien que respondiera ante amenazas simbólicas. Un mecanismo seleccionado para evitar los peligros (el daño) se convierte a su vez en un problema.

Es por eso que algunos autores hablan de un sistema inmunitario conductual (Shaller y Duncan 2007) como equivalente de las alarmas que suenan en otros niveles de definición.

Un ejemplo de una alarma mas sutil, es el dolor llamado neuropatico. El dolor es mitad sensación y mitad emoción y en realidad se configura en el cerebro. No cabe duda de que tiene una enorme importancia adaptativa, no tanto para evitar los peligros sino para que una vez recibidos los daños el organismo tome algunas decisiones sobre su cuerpo a fin de evitar males mayores. El dolor provoca ciertas reacciones conductuales la mas importante de las cuales es la inmovilidad, ganar tiempo para que las cosas mejores y evitar daños peores. El problema es que puede haber dolor en ausencia de daño, del mismo modo que puede haber pánico en ausencia de amenaza o vómito en ausencia de tóxico.

En estos casos es posible especular que nuestro detector de humos se ha estropeado y es necesario reconfigurarlo a fin de que deje de sonar. ¿Pero como se las arregla nuestro detector de humos para saltar en ausencia de peligro?

Hablaremos en un proximo post de esta cuestión a propósito del extraño caso de la fibromialgia y su prima hermana: el sindrome de fatiga crónica.

Bibliografía.-

Nesse RM. The smoke detector principle – Natural selection and the regulation of defensive responses. Ann N Y Acad Sci 2001; 935: 75-85.

Empatía, depresión y sobrecarga moral

Lo cierto es que es más fácil nombrar la palabra “empatía” que describirla de manera sistemática. Entendemos como empatía a una capacidad (un talento o inteligencia emocional) que nos sirve para revelarnos las emociones ajenas a través de un curioso mecanismo que podemos entrever en la etimología de la palabra: em= desde dentro y pathos=sufrimiento o pasión. La empatía seria una forma de sentir lo que otros sienten.

En realidad y en un primera aproximación la empatía parece solaparse con el constructo “teoria de la mente” (ToM).

La “teoria de la mente”se refiere a la capacidad muy precoz que tenemos los humanos de atribuir estados mentales y sobre todo intenciones no sólo a las personas que nos rodean sino tambien a algunas entidades no humanas.

Lo interesante es que tanto la teoria de la mente como la empatía no son fenómenos propiamente humanos sino comunes a todos los mamíferos. Lo que sabemos hoy es que la empatía se desarrolla de forma más tardía que la ToM puesto que es necesario para que exista empatía que exista comprensión de la causalidad, de las relaciones entre las causas y los efectos, es por eso que los niños pequeños no tienen empatía pero si teoria de la mente pero sin embargo sabemos que los animales son capaces de empatizar, no sólo con sus parientes o miembros de su misma especie sino incluso con miembros ajenos a su propia especie.

Y es aqui donde la empatía se solapa con al altruismo. De tal manera que teoria de la mente, empatía y el altruismo constituyen un magma conceptual dificil de apresar.

Lo que es seguro es que la teoria de la mente evolucionó porque aporta muchas ventajas a los que la suscriben, no cabe ninguna duda de que atribuir intenciones a los demás nos protege de los intrusos con malas pulgas. No importa si nos equivocamos o no al altribuirles malas intenciones porque más vale pasarse que quedarse corto, al menos para la percepción de las amenazas. Sin embargo y aunque la empatía seria imposible de desarrollar sin una teoria de la mente, lo cierto es que la empatía es un talento especial asociado generalmente a las mujeres y a su función materna. Entiéndase que las necesidades del bebé son “leídas” sin diccionarios por las madres aun en aquellas que carecen de experiencia en tales lecturas, no cabe duda de que este talento ha sobrevivido precisamente porque asegura la comunicación madre-hijo más allá de lo verbal y a partir de unas pocas señales analógicas de malestar, llanto o desasosiego.

En este video donde un hipopótamo trata de socorrer a un Impala herido por un cocodrilo podemos observar un ejemplo de ¿altruismo o empatía? en la naturaleza.

Personalmente me inclino más a identificar este gesto del hipopótamo como empatía, para hablar de altruismo habría hecho falta un “sacrificio” o al menos un riesgo personal más alto, es decir que el hipopótamo arriesgara su integridad. En realidad y en mi opinión el hipopótamo socorre al impala probablemente por una confusión entre el impala y alguna de sus crías. Muy probablemente era una hembra.

Lo que nos lleva a uno de los dilemas fundamentales de la empatía. Pondré un ejemplo para que el lector entienda que no todas las empatías son iguales, algunas de ellas a las que llamaremos on-line o empatía débil es la siguiente. Usted se entera de que un amigo o conocido suyo, ha tenido un accidente y en él su hijo de corta edad ha muerto. Usted asiste al funeral y aunque no mantiene con ese conocido una amistad especial no puede evitar llorar cuando ve la pena que sienten sus padres y familiares. Al fin y al cabo todos podemos identificarnos con esa pena y mucho más si tenemos hijos de la misma edad. Lo mismo nos sucede en las peliculas románticas diseñadas precisamente para hacernos llorar aunque sepamos que es una ficción y no la realidad.

Nótese que la empatía on-line es una empatía por algo que realmente ha sucedido delante de nuestra mirada (no importa si es ficción) y que nos sobrecoge, la pena de los familiares del finado ha logrado penetrar en nuestro cerebro. Sentimos lo mismo que éllos.

¿Lo sentimos?. Naturalmente lo sentimos de un modo aproximado y no tan intenso como sus familiares, comprendemos su dolor y su causa pero es su dolor y no el nuestro y sin embargo lloramos pues la empatía es un fenomeno de imitación y depende de las neuronas espejo y se construye a través de una forma especial de imitación: una imitación sin conciencia de imitación.

Para sentir empatía es necesario pues compartir con el otro un código emocional: uno siente pena cuando sufre una desgracia de ese tipo. Del mismo modo podemos alegrarnos de los éxitos de otros. La pena, la alegría y el dolor son probablemente las emociones más contagiosas, aunque probablemente en el caso del dolor se moviliza una forma de empatía de más alto nivel: la compasión.

Pero hay otra forma de empatía que llamaremos off-line y es la preocupación por algo que no ha sucedido aun, pero que podria suceder. Es el caso de la madre o padre que se preocupan por la tardanza de su hijo cuando sale de noche y todas las rumiaciones sobre accidentes, desgracias, que pueden suceder.

Este tipo de preocupaciones que son muy frecuentes hoy en dia no son, sin embargo, de la misma especie de lo que quiero describir ahora. Me refiero a lo que nosotros los psiquiatras llamamos en nuestro argot “Los sufridores” o “padecedores”. Se trata de personas -usualmente mujeres- que pasan su vida sufriendo por alguien, hijos, maridos o parientes, se preocupan en exceso y constantemente y por cualquier circunstancia dejan de dormir, se les va el apetito o incluso desarrollan cierto tipo de depresiones que hemos llamado distimias.

La distimia es una forma menor de depresión (menor en intensidad pero crónica) y que más se parece a un trastorno de personalidad que a una depresión formal. Responde mal a los antidepresivos y suele estar contaminada de ansiedad. Se trata de los conocidos sindromes ansioso-depresivos de las amas de casa, tan frecuentes en medicina de familia.

Lo interesante de este tipo de depresiones es que son una mezcla de sumisión, culpabilidad, empatía, baja autoestima y sobrecarga moral (O´Connor 1999). Dicho de otra forma, la culpabilidad parece ser el peaje que se paga por la excesiva empatía cuando existen otros dos elementos: la sumisión, la pobreza o falta de estimulos sociales y recompensas y sobre todo el overdrive (la sobrecarga) del sistema moral. Que es precisamente lo que vamos a intentar comprender ahora, después de señalar que en el sindrome del superviviente se encuentran en esencia estas mismas condiciones tal y como ha señalado Lynn O´Connor.

Vamos a ocuparnos pues de la sobrecarga moral para lo cual no tenemos más remedio que recurrir a Jonathan Haidt que ha identificado 5 pilares de la moral en clave evolutiva.

Basándose en Durkheim y Shweder, Haidt clasifica los sistemas psicológicos sobre los que se fundamenta la moralidad en cinco campos en lugar de los tres grandes que utiliza Shweder, pero ambas clasificaciones son en realidad muy similares. Son los siguientes:

  1. Daño/Cuidado
  2. Imparcialidad/Reciprocidad.
  3. Endogrupo/Lealtad ( implica mecanismos que evolucionaron durante nuestra larga historia de tribalismo)
  4. Autoridad/Respeto.(implica antiguos mecanismos primates para manejar el rango social, el estatus, matizados por la obligación de los superiores de proteger a los subordinados, función que cumplen los machos alfa en los chimpancés, por ejemplo)
  5. Pureza/Santidad

Pero para el tema que nos ocupa vamos a ver sobre todo el primero de estos pilares: el de daño-cuidado.

Se trata de una de las dimensiones de la moralidad que mayor consenso agrupa entre los humanos con independencia de la procedencia geográfica, la ideología política o la religión que se profese. Existe un amplio consenso sobre el hecho de que es malo provocar daños a las personas y aun a los animales, que es bueno cuidar a los necesitados, a los enfermos y a los niños. Y tambien que: estas actitudes evolucionaron para favorecer la cohesión de los grupos al tiempo que sirven para detectar a los tramposos o a los que violan estas conductas.

Ahora estamos en condiciones de entender por qué el daño a alguien, la obligación de ofrecer cuidados y la culpabilidad van siempre de la mano. Evolucionaron juntos y ahi siguen.

La moralidad no es pues una categoría (un si o un no) sino un cluster de al menos 5 dimensiones, que explica las razones por las que una persona puede defender una cuestión moral y sin embargo violar otras. Por ejemplo una persona puede ser favorable al aborto (una violacion de daño-cuidado) y ser una defensora de las causas de los animales (pureza-santidad) o un protector de la fidelidad conyugal y un violador económico de los derechos publicos.

Cada persona aparece como un “especialista” en uno de esos pilares morales, asi nuestra ama de casa “padecedora” seria una persona que ha desarrollado hasta el paroxismo sus capacidades morales de cuidado y de protección del daño de los suyos, activando al mismo tiempo las emociones de culpa que van vinculadas con ellos. Excesos de empatía y excesos de “distribución moral” que terminan construyendo una matriz depresiva que se manifiesta como un rasgo permanente de personalidad.

Si usted quiere explorar su propia moralidad y contribuir a la investigación de Haidt puede hacerlo en esta web: http://www.yourmorals.org. Alli encontrará tres tipos de cuestionarios, uno que explora estos pilares morales, el segundo que es el big five (los 5 grandes endofenotipos de las personalidad de Costa y McRae) y por ultimo un cuestionario sobre la sensibilidad al asco. Podrá usted comparar sus puntuaciones con las medias de otros probandos segun sus preferencias politicas.

Bibliografía.-

Empathy and depressión. O´ Connor 1999 -chapter-web

Hacia una taxonomía de las emociones (X)

Fort- Da según Freud.-

Pareja simbólica de exclamaciones elementales, destacada por S. Freud en el juego de un niño de dieciocho meses, y retomada desde entonces no sólo para aclarar el más allá del principio de placer sino también el acceso al lenguaje con la dimensión de pérdida que este implica. Los psicoanalistas han denominado «fort-da» a un momento constitutivo de la historia del sujeto, sustantivando estas manifestaciones de lenguaje centrales en una observación de Freud (Más allá del principio de placer, 1920). La observación freudiana en sí misma es sucinta: un niño de dieciocho meses, uno de sus nietos, de un carácter excelente, tenía la costumbre de arrojar lejos de sí los pequeños objetos que le caían entre manos pronunciando el sonido prolongado o-o-o-o, que constituía un esbozo de la palabra fort («lejos» en alemán). Además, Freud observa un día en el mismo niño un juego aparentemente más completo. Teniendo en su mano la punta de un hilo de un carretel, el niño lo arrojaba a su cuna pronunciando el mismo o-o-o-o, luego lo volvía a traer hábilmente hacia él exclamando: «Da!» («acá» en alemán). Freud remite con facilidad este juego a la situación en la que se encontraba el niño en esa época. Estando su madre ausente por largas horas, nunca se quejaba, pero muy probablemente sufría mucho por ello, tanto más cuanto que estaba muy ligado a esta madre que lo había educado ella sola. El juego reproducía la desaparición y la reaparición de la madre. Más interesantes son las cuestiones y las hipótesis que siguen a este primer nivel de elaboración. Freud le da un lugar importante a la idea de que el niño, que ante el acontecimiento se encuentra en una actitud pasiva, asume en el juego un papel activo, haciéndose dueño de él. Mejor aún, se venga con él de la madre. Es como si le dijese «sí, sí, vete, no te necesito, yo mismo te echo». El punto esencial sin embargo está en otro lado. ¿Está de acuerdo este juego de ocultamiento con la tesis por la cual la teoría psicoanalítica admite sin reservas que la evolución de los procesos psíquicos está regida por el principio de placer» o, dicho de otro modo, que toda actividad psíquica tiende a la sustitución de un estado penoso por otro agradable? No es este el caso aquí. Aun cuando el niño obtenga alegría del retorno del carretel, la existencia de otra forma de juego donde los objetos no son recuperados prueba que el acento debe ser puesto en la repetición de una separación, de una pérdida.(Extraido de esta web)

La hoguera de Gorj.-

Cuando la partida de caza hubo regresado al abrigo en el que el clan pasaba el invierno, Lucy tuvo el presentimiento de que aquel dia se convertiría para ella en un dia aciago. Gorj no habia regresado con sus compañeros de caza. Preguntó y preguntó y nadie parecia saber que le habia sucedido, el caso es que se alejó del grupo mientras acechaban a una gacela y probablemente se perdió en el follaje.

Lucy tuvo inmediatamente respuesta a su presentimiento, Gorj se habia perdido y no supo regresar al campamento. Con aquel frío y a la intemperie el destino de su pareja le parecia muy comprometido. Incluso podria estar herido o haber sido atacado por alguna fiera.

Incertidumbre.

Pasaron los dias y las semanas, Gorj no regresó y aunque Lucy mantenía su hoguera encendida dia y noche pronto o tarde el clan tendria que levantar el campamento y viajar hacia el sur en busca de alimento y abrigo para el verano- Pronto o tarde sería requerida por algun otro macho para compartir su hoguera. ¿Qué seria de ella y de su bebé de pocos meses sin un macho proveedor de carne?

Poco a poco aquella incertidumbre se transformó en una profunda tristeza que la impulsaba al llanto durante las noches y la sorprendía de dia con amargos pensamientos.

Gorj no volvió y Lucy tuvo que dejar el abrigo de invierno siguiendo a su clan.

¿Pero había muerto o simplemente habia desaparecido?

Para Lucy desaparecer no era la misma cosa que morir, aunque para algunos miembros de su clan eran sucesos equivalentes. De la muerte no se vuelve pero un desaparecido puede volver; en ausencia del cuerpo sin aliento de Gorj, no podia saberse con certeza qué había sucedido. La tristeza y la ansiedad permanecieron en el estado de ánimo de Lucy durante unos meses.

¿Hasta cuando tenía que esperar? ¿Cuando darse por vencida?

Como hemos visto en la anterior viñeta clinica la función de la pena es múltiple, por una parte cumple una función de señalización de algo que se perdió, algo naturalmente importante desde el punto de vista del vínculo e incluso desde el punto de vista de la autopreservación y proporciona los argumentos para modificar los mapas cognitivos. Lucy tiene que acostumbrarse a vivir sin Gorj. Los automatismos relacionados con él son incontables y casi cualquier cosa le traerá a la memoria su recuerdo: un recuerdo doloroso, ¿pues qué es recordar sino volver a revivir algo a través del corazón?. Se trata de un proceso que durará meses, quizá años, un proceso que llamamos duelo y que se caracteriza por la pena, la baja actividad, la fatigabilidad, y un sentimiento de desamparo y de preocupación por el futuro.

Su marcador somático es el llanto y señala socialmente el desvalimiento, por eso el llanto evolucionó.

De no ser por la pena, Lucy no podría llevar a cabo esta tarea de desprendimiento que necesita llevar a cabo para seguir viva. Digamos que la indiferencia podría ser igualmente adaptativa pero no es posible la indiferencia ante el vinculo, pues en nuestra especie el vinculo es algo a preservar, algo que individual y socialmente nos protege del espanto de la incertidumbre. El vínculo es un seguro de vida para nosotros seres gregarios y deficitarios.

Aqui hay un buen articulo sobre las vicisitudes del vínculo afectivo.

Lo interesante sin embargo es cómo discrimina nuestro cerebro entre las perdidas (o la separación afectiva) de la muerte.

La respuesta es que no lo hace de forma innata, para nuestro cerebro perder o separarse de alguien es un equivalente a la perdida definitiva, es decir a la muerte. La viñeta clinica que sugiero es precisamente para ilustrar el nacimiento de una nueva subjetividad -la capacidad de simbolizarse algo-, aquella que es capaz de discriminar la perdida de Gorj con la muerte de Gorj.

Algo que en los niños podemos observar perfectamente: los niños son incapaces de representarse la muerte hasta que no tienen 5 o 6 años, a veces más. Pues la muerte es una separación definitiva, y esta palabra “definitivo” requiere en el niño una capacidad de simbolización muy elaborada.

Significa dos cosas: que el niño ha de ser capaz de representarse al objeto en su ausencia, en la confianza de que volverá a reunirse con él y tambien que debe ser capaz de discriminar cuando el objeto ya no volverá.

Algo que los niños de corta edad no pueden llevar a cabo al faltarles esta capacidad de simbolización.

Esto explica precisamente el dilema de Lucy: ante la ausencia de pruebas de la muerte de Gorj, ¿hasta cuando esperar? y en cualquier caso ¿esperar para qué?

Lo que nos lleva hacia la cuestión central, para qué sirve un duelo?

Sirve para dos cuestiones relacionadas con nuestro cerebro social, por una parte una persona en duelo puede recibir ayuda, prebendas y compasión por parte de sus congéneres que empatizan con su dolor. Por otra parte la pena y el dolor aseguran que el duelo, es decir la espera se mantendrá un tiempo prudencial. Pues en cualquier caso, al grupo le interesa que los vinculos entre los individuos sean sólidos y duraderos.

¿Pues qué sucederia si Gorj volviera y se encontrara a Lucy con otra pareja?

El dolor y la pena son pues una defensa del vínculo.

Y la dificultad para discriminar la separación de la muerte es probablemente el resultado (el subproducto) de que ambas cogniciones evolucionaron juntas, o con poco tiempo de separación entre ambas, de tal modo que para los miembros del clan ancestral de Lucy, desaparecer y morir son la misma cosa.

De manera que el duelo se pone en marcha con la separación y se manifiesta a través de sintomas positivos destinados a señalar la situación de desamparo (tristeza y llanto), algo destinado a mostrarse, pues si el duelo no se muestra el individuo no podrá acceder al trato compasivo de sus compañeros de clan. El duelo no es sólo un proceso interno -como acostumbramos a verlo hoy- sino sobre todo un proceso que se desarrolla en sociedad.

Los duelos arrancan con una perdida. Con la perdida de un objeto (una persona) o una situación simbólica, o la perdida de algo material. Pero los duelos no son depresiones aunque se le parecen mucho, sino que son mecanismos destinados a modificar y volver a las condiciones iniciales cuando un sujeto es enfrentado a una contrariedad.

Lo curioso de los duelos es que no son todos iguales, no hacemos el mismo duelo por un padre que por un hijo, por una pareja que por un pariente o amigo. Todo parece indicar que en el duelo se manifiestan a la brava las condiciones evolutivas que lo hicieron posible. Es por eso que el duelo varia según las puntuaciones reproductivas que se le adjudiquen al miembro perdido.

Robert Trivers (1972) a través de su teoria de la “inversión parental” señaló hacia el hecho de que una mujer (sobre todo las mujeres que son las que mas inversion parental dedican a sus hijos) tienen que hacer cálculos muy precisos y complicados para elegir la dedicación, tiempo y recursos en la crianza de sus retoños.

Es por eso que es peor que muera un adolescente que un recién nacido, un joven fértil que una climatérica, una pareja que una madre. Lo que nos permite predecir que la intensidad del duelo evolucionó efectivamente desde la puntuación reproductiva de la pérdida y la valoración de los esfuerzos e inversiones llevados a cabo para la subsistencia del pariente perdido.

Es por eso que para Lucy, la perdida de Gorj es algo más que una adversidad: es sobre todo una amenaza para su vida y la de su hijo.

Pero Lucy aun es joven y deprimirse definitivamente no resultaria una estrategia ventajosa para ella y su hijo, pronto o tarde dará fin a su duelo, seguramente cuando tenga la seguridad de que Gorj ya no volverá y del mismo modo que el nieto de Freud le dirá “ya no te necesito, estas muerto para mi”,por una parte se vengará asi de él y por otra parte logrará empoderarse para una nueva fase de su vida. Diremos entonces que Lucy lo dio por muerto y en la proxima viñeta es probable que la encontremos embarazada de otra pareja, pues al fin y al cabo, la vida continua, al menos mientras sea fertil.

Salir del duelo es la forma en que “matamos” simbólicamente a aquellos que previamente nos abandonaron o decepcionaron.

Bibliografia.-

Trivers, R. L. 1972. “Parental investment and sexual selection”. In B. Campbell, ed. Sexual Selection and the Descent of Man, 1871-1971, Aldine-Atherton, Chicago, pp. 136-179.

Tres en uno, todos para uno y uno contra todos

Paul McLean fue un médico norteamericano que hizo una aportación muy importante a las neurociencias, a la psiquiatria y a la psicología, a través de su conceptualización del cerebro triuno.

Dicha teoria viene a decir que nuestro cerebro es en realidad el fruto de tres evoluciones diferentes en tiempos bien distintos y que corre paralela a la propia filogénesis en cuanto a la coexistencia de un cerebro reptiliano o Paleocortex, nuestro cerebro más antiguo, el sistema limbico como repreentante de un cerebro mamifero y el Neocortex o cerebro propiamante humano con todas sus prestaciones de abstracción, pensamiento y raciocinio.

La formulación de McLean parece algo teórico, algo que sólo contiene un interés descriptivo o anatómico, pero en realidad sus teorias no han sido lo suficientemente exploradas y aplicadas a la clinica. La mayor parte de los cientificos asumen que el cerebro reptiliano lee patrones relacionados con la supervivencia o el apareamiento, el sistema limbico procesa emociones y la corteza cerebral pensamientos. En realidad todos tenemos la idea -la ilusión- de que somos uno y que eso que hemos venido a llamar Yo garantiza una eficaz síntesis entre los tres cerebros, sin embargo no caemos nunca en la cuenta de que sí es verdad que cada uno de esos cerebros procesa la información en términos de sus propios intereses, es lógico que se produzcan interferencias o desajustes entre los “intereses” de cada uno de ellos, lo que hemos llamado conflictos organismo-individuo. Un ejemplo propuesto por Price es el tema del frío. ¿Qué hacemos cuando tenemos frio?

Si tenemos frio nuestro paleocortex nos avisa y se pone a temblar, pero temblar no es una buena solución en términos racionales y se impone una mejor solución: abrigarse. Abrigarse es buena solución si uno anda por la calle pero al llegar a casa hay que quitarse el abrigo, si aun así tenemos frio nuestro neocortex nos dirá: “enciende la calefacción”.
Pero encender la calefacción -que es la mejor solución- entra en conflicto con otras cuestiones, la calefacción cuesta dinero y quizá nosotros seamos tacaños o pensemos que viviendo solos no vale la pena encenderla o quizá no disponemos de calefacción.

Cada uno de nuestros tres cerebros plantea una solución unos en términos de escalada (abrigarse, temblar, encender la calefacción) y otros en términos de desescalada (ahorrar , carecer de calefacción, ser pobre).
Este es el conflicto que aparece en todas y cada una de las decisiones en nuestra vida. hay que poner de acuerdo lo reptiliano (temblar/no temblar) con nuestra parte mamifera (ahorrar/gastar) y nuestra parte racional (abrigarse o poner la calefacción).
John Price tomó prestadas estas ideas de McLean para explorar este tipo de conflictos en nuestro cerebro, de modo que les dejo aqui el articulo completo de Price y que tituló: “la función adaptativa del cambio en el estado de ánimo”, un articulo esencial para entender por qué nos deprimimos y lo que podemos hacer para curarnos. Traducido por cortesía de Antonio Murillo.

British Journal of Medical Psychology, 71, 465-477, 1998

La función adaptativa del cambio del estado de ánimo

por John Price

 

Resumen

Es útil imaginar un “conjunto de estrategias agonístico”, que contienen las dos estrategias alternativas y mutuamente incompatibles de escalada y desescalada. Se accede a este conjunto de estrategias por la pérdida, la amenaza, o alguna otra forma de (“baremo de estrés”). Se sugiere además que este baremo se aborda de forma relativamente independiente en tres niveles del cerebro/mente, de modo que se despliega un conjunto de estrategias agonísticas en cada uno de los tres niveles. Normalmente, en los tres niveles se escala o desescala al unísono, pero a veces un nivel bajo de desescalada se asocia con niveles medios o altos de escalada, y así la resolución de situaciones agonísticas se retrasa y puede aparecer la psicopatología.

La depresión se basa en una estrategia de desescalada

En trabajos anteriores, se ha sugerido que el valor adaptativo de los estados depresivo y maníaco pueden estar relacionados con la transferencia de poder entre los individuos de una díada o grupo (Price et al, 1994.; Price y Gardner, 1995). Un estado de ánimo elevado proporciona los recursos psicológicos necesarios para el ejercicio del poder: confianza en uno mismo, energía, optimismo y sociabilidad. El estado de ánimo depresivo ayuda a la persona a aceptar la pérdida o ausencia de poder y los honores que lo acompañan: falta de confianza, pérdida de interés e insociabilidad permiten que la persona pueda retirarse de la arena y dejar que otros tomen el control; en particular, el pensamiento depresivo elimina la idea de que los logros anteriores podrían ser recuperados por medio de una lucha posterior.

Con el fin de probar nuestra conexión entre la depresión y la pérdida (o la falta) de control, habría que relacionarla con el comportamiento normal de perder. Sin embargo, no hay una psicología normal del perder. Tal vez, en un mundo de académicos de “ganadores”, no ha sido o no se ha creído correcto estudiar la mecánica del perder.

Afortunadamente, existen dos áreas de investigación científica que se relacionan con nuestras necesidades. Una de ellas es el estudio etológico del comportamiento en la lucha (ritual agonístico). La otra es el análisis matemático de los concursos por parejas en términos de teoría de juegos. Ambos campos han desarrollado los conceptos de estrategias de escalada y desescalada.

En etología comparada (Alcock, 1979), aluden a la pelea como un encuentro agonístico (o encuentro ritual agonístico, para remarcar el aspecto simbólico de la conducta). Para que la lucha cumpla su función, tiene que haber un ganador y un perdedor. Cada concursante querría ser el ganador, y en esto ellos tienen objetivos opuestos; pero sí comparten el objetivo de que la lucha termine pronto, porque es un desperdicio de tiempo y esfuerzo, y hace a los animales muy visibles para los depredadores dará lugar a otro tipo de resultado. Este segundo deseo en uno de los dos contendientes puede favorecer que  terminar la pelea prevalezca sobre el deseo de ganar, y ese individuo adopta entonces, o cambia, a una estrategia de desescalada, mientras que se puede decir que el ganador adopta, o mantiene, una estrategia de escalada. La estrategia de escalada aumenta las posibilidades de ganar la pelea a costa de aumentar los costos potenciales de perder. Esto lo manifiesta el individuo porque continúa la lucha, y posiblemente al mismo tiempo amenaza o ataca al adversario, o cambia de una intensidad menor a una mayor en el ritual (por ejemplo, en los ciervos, cambiando de caminar en paralelo a un bloqueo de cuernas). La estrategia de desescalada reduce las posibilidades de ganar y al mismo tiempo reduce los costos potenciales de perder. Se manifiesta por la retirada de la posición o postura ofensiva, y posiblemente por uno o más actos de sumisión.

Los componentes de la estrategia de desescalada se pueden predecir a partir del hecho de que es una alternativa a estar muerto; siendo el resultado de la conducta ritual agonística, es un ritual o una forma simbólica de la muerte. El individuo que adopta la estrategia de desescalada se siente “muerto” ya que se encuentra subjetivamente desmoralizado e incapacitado; se siente demasiado “muerto” para continuar la lucha, y por lo tanto deja de luchar. También le parece “muerto” a su oponente, que por lo tanto lo trata como “muerto” y no como amenaza y deja de luchar, porque uno no continúa la lucha contra un oponente “muerto”.

La escalada y desescalada son los dos “movimientos” básicos de la Teoría del Juegos en el análisis del comportamiento en la lucha (Krebs y Davies, 1993; Archer y Huntingford, 1994). Un “halcón” escala. Una “paloma” desescala. Un “burgués” escala en su propio territorio y desescala en suelo extranjero. Si una paloma se encuentra con un halcón, el halcón gana. Si dos halcones se encuentran, ambos habrán de pagar un costo terrible. Al igualar la recompensa en el juego a la aptitud en un sentido evolutivo, ha sido posible determinar qué estrategias pueden ser “evolutivamente estables” en el sentido de que son resistentes a la infiltración de estrategias alternativas. Un hallazgo importante ha sido que una estrategia mezcla de halcón y paloma tiende a ser estable, y no importa si la población está compuesta por halcones y palomas, o si cada individuo juega como halcón o paloma en diferentes ocasiones, en una proporción halcón/paloma que es constante para ese individuo, pero definida aleatoriamente en cada ocasión específica. Así, cada proporción individual halcón/paloma se convierte en un importante carácter hereditario.

Aparte de la diferencia entre halcón y paloma, y si el lugar del conflicto es en casa o fuera, sólo hay dos variables que influyen en la elección entre una estrategia de escalada y desescalada (Krebs y Davies, 1993; Hack, 1997). Una es el Potencial de Retención del Recurso (RHP, “Resource-Holding Potential”), que es la estimación que un individuo hace de su capacidad de lucha (y le permite compararse a sí mismo con la RHP estimada de un rival), y la otra es el Valor del Recurso, que es una estimación que hace el individuo acerca de lo valioso que es, o cuánto merece la pena luchar por el objeto en cualquier conflicto. Evidentemente, cuantas más probabilidades crea un individuo que tiene de ganar, más probable será que escale. Y cuanto más valioso sea el recurso por el que está peleando, más probable será que escale. Al igual que la propiedad del territorio, el RHP y el Valor del Recurso tienden a anular la actitud básica de “halcón” o “paloma” de un individuo, de modo que un modesto “halcón” de babuino hamadryas cederá (desescalará) ante otro más grande, a menos que esté defendiendo a un miembro de su propio harén contra un extraño, en cuyo caso lo más probable será que escale. Cuando RHP y el Valor del Recurso se igualan el diferencial halcón/paloma [del individuo] determinará la decisión de escalar o desescalar.

El problema de la  sumisión “activa”

El componente del perder que la persona -ritualmente muerta no manifiesta- es el proceso activo de sumisión. La mayoría de las especies tienen un ritual de comportamiento sumiso que requiere alguna demostración activa de habilidades sociales. En nuestra propia especie, puede elaborarse un discurso de sumisión, incluyendo halagos y promesas de obediencia en el futuro. Esto no es apropiado para la persona ritualmente muerta, y no es el tipo de comportamiento que se ve en los pacientes deprimidos. Los pacientes con depresión no muestran sumisión activa, ni su depresión está dirigida a una o más personas dominantes o “ganadores”. En este sentido, no se comportan como los “perdedores”. Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que hay por lo menos dos componentes o “niveles” de sumisión ―uno activo o nivel “voluntario” y un nivel pasivo o involuntario (inducido). Por lo tanto, hacemos hincapié en que nuestra teoría relaciona la depresión sólo a la sumisión pasiva, involuntaria ―lo que hemos llamado la “Estrategia del Subordinado Involuntario” (ISS, “Involuntary Subordinate Strategy”) (Price et al, 1994.; Sloman et al., 1994).

La depresión se basa en una estrategia de desescalada de bajo nivel

Fue en esta etapa de nuestra forma de pensar cuando nos encontramos con la Teoría del Cerebro Triple (“Theory of the Triune Brain”) de Paul MacLean (MacLean, 1985, 1990). MacLean sugiere que a medida que nuestro prosencéfalo [cerebro primitivo anterior] creció en los últimos 300 millones de años, las nuevas partes no sustituyeron a las antiguas, sino que se convirtieron en injertos, modificándolas y complementándolas; y también, que este proceso de modificación no fue continuo, sino que ocurrió en tres etapas principales, lo que nos deja con tres “conjuntos de centrales de procesamiento” en las que la información es coordinada y las decisiones se toman en respuesta a los cambios en el medio ambiente. Sugiere que estos tres conjuntos se influyen entre sí, pero que son relativamente independientes.

Esta teoría nos presentó la desafiante posibilidad de que una elección entre las estrategias de escalada y desescalada no se hiciera en un solo nivel del cerebro, sino en tres niveles separados, posiblemente al mismo tiempo. E incluía la posibilidad de que la opción elegida en cada nivel pudiera no ser la misma, por lo que uno podría tener un cerebro que está escalando en un nivel y desescalando en otro.

 

El conjunto de más bajo nivel del cerebro anterior de MacLean ―lo que él llama el cerebro reptiliano o complejo R― se encuentra en los ganglios basales (sobre todo el cuerpo estriado). Se ocupa de los problemas encontrados durante la etapa de la existencia que compartimos con los antepasados de los actuales reptiles. Se trataba principalmente del comportamiento ritual agonístico y el cortejo. Nuestros antepasados reptiles necesitaban una estrategia de desescalada, por tanto parece apropiado asignar a este nivel el comportamiento normal de pasivo subordinado que describimos como la ISS. La ISS cambia así su nombre por el de estrategia de desescalada reptiliana.

El conjunto del nivel medio de MacLean ―el cerebro paleomamífero― está situado en el sistema límbico, que está aceptado que se relaciona con el comportamiento emocional. ¿Cómo se pone de manifiesto la elección de una estrategia de escalada o desescalada a este nivel? Es evidente que la estrategia de escalada debe estar relacionada con la expresión de la ira. La ira es la emoción del ataque, que es la manifestación del comportamiento de escalada. De forma análoga, la estrategia de desescalada a este nivel deberá involucrar las emociones disfóricas como sentirse castigado (escarmentado), ansiedad social, vergüenza, culpa y humillación. También se incluye aquí la emoción “deprimido” que se diferencia del estado de ánimo depresivo en que se centra en un objeto (Davidson y Ekman, 1994), y en que es reactivo a las circunstancias cambiantes del objeto (mientras que el estado de ánimo depresivo no está focalizado o está auto-focalizado).

En el conjunto de nivel más alto, en el cerebro neomamífero, situado en la neocorteza, disponemos de una elección racional, consciente y voluntaria entre escalada y desescalada. Todo el complejo de información disponible como conocimiento se utiliza en este nivel de toma de decisiones. El resultado es o bien una decisión de continuar la lucha y luchar; o la decisión de dar marcha atrás, escapar, inclinarse, pedir disculpas, tragarse sus palabras (el orgullo), admitir que uno estaba equivocado, y/o comprometerse a llevar a cabo las reparaciones exigidas por el ganador.

El trabajo de MacLean ha sido criticado (Butler y Hodos, 1996), aunque no está claro si estas críticas invalidan su concepto de tres conjuntos centrales de procesamiento en niveles cerebrales diferentes. En cualquier caso, no estamos atados a un modelo del cerebro triple. Un modelo de mente triple es más que suficiente, y este modelo ha estado presente desde que Platón en La República propuso una división “del alma en tres partes, correspondientes a los tres órdenes en el estado. Cada parte me parece que tienen su propia forma de placer y su deseo particular; y cualquiera de los tres niveles pueden gobernar el alma “.

Los primeros estudiosos del esta cuestión (los filósofos helenos) compararon el cuerpo a un carro, cuyo avance está dirigido por un Maestro (que sabe a dónde quiere ir) y guiados por un Conductor (que sabe cómo llegar) y tirado por un caballo, que proporciona la energía. Y los pensadores posteriores también especularon acerca de niveles de la mente para tener en cuenta los diversos grados de control de la conciencia que atienden a las operaciones de las diferentes funciones humanas. Yo diría que el cerebro triple no sólo concuerda con lo que sabemos acerca de la mente triple, sino que ayuda a clarificar las ideas acerca de este complejo campo, acosado como está por los problemas del dualismo mente/cuerpo, y por el uso de un lenguaje técnico (por ejemplo, “consciente” y “voluntario”), que se deriva del lenguaje utilizado por los actores en el drama de atribuir cualidades a los demás, en lugar de un lenguaje apropiado para un observador científico.

Con los tres niveles independientes son posibles ocho combinaciones de escalada y desescalada, y si nos centramos en la depresión, nos interesarán las cuatro que incluyen una desescalada de más bajo nivel. Antes de analizar las implicaciones clínicas, podría ser útil dar un ejemplo de un sistema más sencillo, que ilustre el principio general implicado y las relaciones posibles entre los niveles.

La analogía de lidiar con el frío

Si hay un problema de frío, el conjunto superior lo soluciona utilizando más ropa o encendiendo la calefacción central, mientras que a un nivel inferior se escoje entre tiritar o una vasoconstricción a nivel cutáneo. En el caso del frío, tenemos dos niveles principales, y está claro que en cada nivel se utiliza información diferente para la toma de decisiones. Por ejemplo, la información sobre la integridad del sistema de calefacción central se utiliza para decidir si ponerse más ropa, pero no se utiliza en la decisión de tiritar. Del mismo modo, la información sobre la temperatura interna del cuerpo es probablemente usada en la decisión de tiritar, pero no se utiliza en la decisión de encender la calefacción central. Ambos niveles tienen esencialmente que tomar una decisión sobre si se debe aumentar la producción de calor (o reducir la pérdida de calor), y por lo general van a tomar la misma decisión, el individuo expuesto al frío encenderá la calefacción central y tiritará. Pero en algunos casos, pueden tomar decisiones diferentes. En alguien que es demasiado orgulloso para encender la calefacción central (viéndose a sí mismo como un “tipo duro”) la decisión en el nivel superior puede entrar en conflicto con el del nivel inferor, que decide tiritar. Se debe tener en cuenta que el nivel más alto puede adelantarse o rescindir la decisión en el nivel más bajo: encender la calefacción central puede adelantarse a, o acabar con, la tiritona. Esto representa la tendencia evolutiva, el nivel más alto asume la toma de decisiones en detrimento del nivel más bajo. El nivel inferior se mantiene como un mecanismo a prueba de fallos en caso de que los niveles superiores no hagan frente adecuadamente al problema.

Baremo de stress

En el caso de la conducta agonística, voy a utilizar el término “baremos (ranking) de estrés” para indicar la percepción de una situación que constituye una amenaza al rango actual. Esta podría tomar la forma de la aparición de un rival con intenciones agonísticas o la desaparición o la deserción de un aliado. El “ranking stress” permite que el individuo “acceda” a su “conjunto de estrategias agonísticas”, que, por supuesto, consiste, en cada nivel, en las dos estrategias de escalada y desescalada. No sabemos si los mismos tipos de “ranking stress” son eficaces en todos los niveles ―este es un tema para estudiar empíricamente. Tampoco sabemos la información precisa utilizada en cada nivel para decidir entre escalada y desescalada. Tampoco sabemos si hay algún solapamiento entre la información que se utiliza para activar el acceso al conjunto de estrategias y la información utilizada para decidir entre las dos estrategias en dicho conjunto.

Los componentes de la estrategia de desescalada de bajo nivel.-

Si tratamos de reducir el nivel más bajo de la estrategia de desescalada a sus componentes básicos, tenemos una prueba más de que la capacidad de cambio del estado de ánimo se desarrolló en el contexto de la conducta agonística (Stevens & Price, 1996).

Hay tres constructos básicos hipotéticos que se consideran esenciales por los ecólogos del comportamiento para el desarrollo de modelos matemáticos del comportamiento de lucha (Krebs y Davies, 1993; Hack, 1997). Estos son:

1. Potencial de Retención del  Recurso (RHP), que es una estimación de la capacidad de lucha de un individuo, o más en general, la capacidad de controlar el resultado de las situaciones interpersonales conflictivas. Se utiliza en el cálculo del RHP relativo, que es la evaluación  que hace el individuo de si es más poderoso que un competidor. Con el cambio parcial en los enfrentamientos (durante la evolución reciente de los homínidos) de la competencia agónística por la intimidación a la competencia hedónica por la atracción, RHP está siendo reemplazado por el autoconcepto del poder de retención de la atención social (SAHP, “self-concept of social attention holding power”) que se refiere a la capacidad de un individuo para atraer la atención y la aportación de otros miembros del grupo (Gilbert et al., 1995). Considerando que la RHP determina el equilibrio entre el ataque y el sometimiento, SAHP determina el equilibrio entre la presunción y la modestia en los eventos socials importantes.

La disminución del RHP explica la baja autoestima, la inferioridad y otras formas de auto-percepción negativa que son características comunes de la depresión; y bajos valores de SAHP explican características tales como la culpa, la vergüenza, la ansiedad social y el sentimiento de culpa.

2. Valor del Recurso, que es una estimación del valor de lo que sea por lo que se está luchando. El valor del recurso expresa la inversión del individuo en los objetivos y los incentivos a los que tendría que renunciar al rendirse. Estos pueden ser objetivos particulares tales como conseguir un beneficio o ventaja concreto en algún asunto, o pueden ser más generales, tales como la ambición y el deseo de mejorar socialmente, o pueden ser simbólicos, tales como el logro de una filosofía significativa o religión. En la medida en que las recompensas dependen de la situación social, el valor del recurso representa la ambición y todas las formas de búsqueda de estatus.

La reducción del valor del recurso de los pacientes deprimidos explica la pérdida global de interés, la apatía y la disminución de la eficacia de los refuerzos.

3. La propiedad, que es una convención muy extendida en el mundo animal por la cual un propietario o residente gana una competición y un intruso la pierde. Se aplica a los territorios y en los seres humanos también a las posesiones, y en algunos babuinos se aplica a la posesión de una consorte femenina. Un no-propietario tiene que ser mucho más poderoso para ganar en una competición contra un propietario. La propiedad es un componente de la estrategia evolutivamente estable Burgués en el juego Halcón-Paloma-Burgués (Krebs y Davies, 1993).

El sentido de propiedad se ve afectado en la depresión, y en casos extremos los pacientes sienten que no tienen derecho a existir, a diferencia del paciente con estado de ánimo elevado, para quien “el mundo es su ostra”. Un golfista deprimido lo expresaba con la frase, “no tengo parada en el camino de la vida”. La propiedad ofrece un sentido de derecho, y en la depresión el sentido de derecho se encuentra dañado.

Los mayores índices de estos tres valores se dan cuando el individuo es más proclive a atacar que a retroceder, o a estar muy seguro de sí mismo en vez de ser modesto. Por lo tanto, podemos esperar que todos ellos se reduzcan en la estrategia de desescalada de más bajo nivel, y con mayor razón se reducirán cuando la estrategia es intensa o prolongada y se manifiesta como enfermedad depresiva. El único componente importante del estado de ánimo depresivo que no está directamente relacionado con una disminución de RHP es el Valor del Recurso o Propiedad es Energía. Pero hemos atribuido la pérdida notable de energía del estado de ánimo deprimido a una interacción entre RHP y Valor del Recurso (Stevens & Price, 1996). RHP representa el “ser capaz de” en el conflicto, o la capacidad para superar la oposición; Valor del Recurso representa la “voluntad” en el conflicto, o la disposición a luchar. Cuando ambos ” ser capaz de ” y “voluntad” están presentes en suficiente medida, entonces parece probable que los sistemas motivacionales de la psique proporcionarán la Energía; pero si uno o ambos, “ser capaz de” o “voluntad”, falta, los ingredientes para el combate exitoso estarán ausentes, entonces los recursos de Energía no se proporcionan.

La reducción de estas tres variables básicas puede explicar una gran parte de los síntomas de los estados depresivos.

Una ilustración de la vida en el campo inglés

Permítanme ilustrar el funcionamiento normal de estos mecanismos a través de un ejemplo típicamente inglés. La Señora Turvey, nuestra heroína, está casada con Sir Topsy, y vive en una bonita casa solariega en algún lugar de los Shires. Un día Sir Topsy muere en un accidente de caza. Este es un Baremo de Stress para Lady Turvey, que se ha convertido en la Señora Viuda de Turvey. Sabe que ahora se espera de ella que se mude de la mansión para dejarsela a su hijo y a su nuera, la nueva Señora Turvey. Ella debería irse a vivir a la casa ganancial[1], que es considerablemente más pequeña que la casa solariega.

En el nivel superior, racional, la viuda tiene opciones sobre qué hacer. Su estrategia de desescalada es aceptar lo inevitable y pasar a la casa ganancial. Su estrategia de escalada es quedarse donde está. Ella puede reforzar esta estrategia con muchas justificaciones: su hijo aún no tiene edad suficiente para asumir la responsabilidad de la mansión; su nuera no es lo suficientemente madura para manejar tanta servidumbre; ella tiene que quedarse a supervisar algunos trabajos en la casa llevados a cabo recientemente; y así sucesivamente usaría su fértil mente. En verdad, a pesar de la tradición, ella no quiere dejar la casa en la que ha vivido durante tantos años.

Después de algunas semanas, empieza a estar claro para la familia y amigos que ella no está haciendo ningún plan para mudarse. Ella hace oídos sordos a los argumentos racionales sobre los precedentes. En esta etapa, se accede al nivel medio, o conjunto de estrategias emocionales. El detonante de esto puede ser la crítica a su conducta, o un intento deliberado de inducir el nivel medio de desescalada con preguntas como: “¿No te da vergüenza desafiar las tradiciones de esta manera?” y “¿No te hace sentirte culpable vivir en esa casa enorme por capricho?” Si estos comentarios tienen éxito, e inducen un nivel medio en la estrategia de desescalada, caracterizada por la culpa y la vergüenza, el pensamiento de la viuda en el nivel superior puede verse afectado por estas emociones, y una de estas dos cosas puede suceder: ella puede pasar a un nivel superior en la estrategia de desescalada y mudarse a la casa ganancial; o, la vergüenza y la culpa son insuficientes para superar su deseo de permanecer donde está, y se queda aunque se siente mal por ello. Por otra parte, su conjunto de nivel medio puede seleccionar la estrategia de escalada, y entonces se enoja con estos entrometidos que se tomn la libertad de decirle lo que debe hacer, y en el furor de su ira los tacha de su lista de visitas y da rienda suelta a otros castigos similares sobre ellos. Está impulsada por un sentimiento de superioridad moral.

Después de algunos meses, podemos imaginar que la nueva Señora Turvey está perdiendo la paciencia con su suegra, ya que no puede hacer planes definitivos para gestionar la casa solariega. Luego de unas conversaciones con el abogado de la familia, envía a unos arquitectos a la mansión para hacer los planos provisionales de ciertas reformas que desea hacer.

Esta intrusión en su territorio trastorna a la Viuda, y podemos suponer que también activa el conjunto de nivel inferior de la estrategia agonística. Si ella implementa la estrategia de desescalada (que también hemos llamado ISS), sufre un descenso de RHP/SAHP, del Valor del Recursos y la Propiedad. Todo esto efecta profundamente a su pensamiento de alto nivel. Su descenso en RHP/SAHP o concepto de sí misma, es probable que la haga sentirse inadecuada para llevar toda la responsabilidad de la mansión sin el apoyo de su esposo. El descenso en Valor del Recursos debilita su apego por la casa solariega, que ahora le parece mucho menos atractiva, y que no vale la pena montar tanto escándalo por ella. La caída en Propiedad remarca su conocimiento de que es su nuera, y no ella, la que ahora tiene derecho a la casa solariega. Este “depresivo” cambio de pensamiento puede cambiar su conjunto de nivel alto a desescalada. O tal vez no, y ella puede quedarse en la casa solariega como una persona deprimida, tal vez asumiendo el papel de un inválido crónico, y bien puede ser que finalmente, por razones de salud, sea sacada de su casa de campo en una camilla para ser cuidada en otro lugar. En tal caso, su nivel más bajo de desescalada estaría expresado a través de la metáfora de la enfermedad física (Price y Gardner, 1997).

Como última posibilidad, la intromisión de los arquitectos de su nuera puede implicar, no la depresión, sino la elevación del estado de ánimo. Esto aumentará su autoestima, al hacer que parezca que merece aún más la pena defender la casa solariega y fortalecerá su sentido de propiedad. Entonces ella aumentará el nivel de energía para ejercer presión sobre los miembros de la familia para que se pasen a su bando, para consultar a las firmas de abogados para llevar el asunto a los tribunales si es necesario, y para difundir calumnias viles de su nuera, por lo que todas las demás damas de los Shires se unirán a ella en la condena de la prisa indecente con la que la nuera parece estar usurpando su posición. Tal vez tenga éxito, y entonces la nuera desescalará, y ella seguirá siendo feliz al verse pasando sus días fuera de la casita del jardinero. Pero lo más probable es que la nuera está hecha de “otra pasta”, e insistirá en sus derechos. Este último escenario es la materia con la que se construyen las disputas familiares.

Comentario

Para la viuda, mudarse a la casa ganancial era el equivalente de encender la calefacción central. En cualquier momento, podía terminar con la dolorosa experiencia de su medio y bajo nivel de desescalada simplemente desescalando del nivel superior. Pero era demasiado orgullosa, o demasiado terca. Si uno hubiera sido llamado a tratarla en cualquiera de las etapas, no habría tenido mucho éxito tratando la “depresión” o sus equivalentes somáticos; la única manera lógica de proceder hubiera sido preguntar: “¿Por qué no se mudó a la casa ganancial?”

Podemos apuntar otra similitud con la analogía “del frío”. De la misma forma que el malestar de tiritar puede aumentar la sensación de frío y por lo tanto disponer a la persona a encender la calefacción, así el pensamiento depresivo de medio y bajo nivel de desescalada, aumenta la sensación de perder y por lo tanto dispone a la persona para una sumisión voluntaria. La culpa facilita la aceptación del castigo. La vergüenza facilita la aceptación del rango inferior. El abatimiento facilita el abandono de metas inalcanzables. Del mismo modo, el estado de ánimo deprimido facilita el cambio de la ira al abatimiento. La gente se enoja cuando son insultados por una persona de menor rango (como señaló Aristóteles); el sentido de inferioridad que se produce en la depresión ayuda a la persona a ver al insultador como de rango superior, en respuesta a lo cual la emoción apropiada es sentirse humillado. En una sociedad igualitaria, nos enojamos cuando sentimos que tenemos razón y humillados cuando nos damos cuenta de que no tenemos razón, y el estado de ánimo depresivo nos hace sentir que no tenemos razón ― sentimos que nos equivocamos, y por lo tanto nos sentimos culpables. Nos enojamos cuando alguien coje algo que nos pertenece, y el estado de ánimo depresivo elimina el sentido de propiedad, o de tener derecho a las cosas. El estado de ánimo depresivo también favorece la desescalada en el nivel más alto ―nos quita la esperanza de victoria, nos quita la confianza en nuestras propias habilidades, nos quita el sentido de la importancia que tiene lo que sea por lo que estemos luchando y nos hace sentir demasiado cansados y enfermos como para querer seguir haciéndolo.

Así, el diagrama de flujo se lee: al entrar en una situación de conflicto, o luchas o cedes. Si luchas y aún no ganas, te enojas y luchas más duramente, o te siente humillado y cedes. Si luchas más duramente y aún no ganas, elevas el estado de ánimo y luchas todavía más duramente, o deprimes el estado de ánimo y cedes. En la mayoría de los casos en el EEA este algoritmo probablemente permitió la rápida solución de las controversias. Pero en nuestra sociedad compleja, hay una serie de motivos de “bloqueo de la sumisión voluntaria” que impiden que el agonismo sea funcional, y las disputas sean resueltas.

A veces el bloqueo de la resolución del conflicto no se encuentra en la persona sumisa (el que cede, el perdedor), sino en el “ganador”, cuya función es la de aceptar la sumisión y pasar a la reconciliación. A veces no hay suficiente cantidad de sumisión en cualquiera de los niveles para inducir al otro a ejercer la “misericordia” del ganador (Weisfeld, 1977). Suponga que la nuera siente un odio imperecedero hacia la Señora Viuda de Turvey, posiblemente porque se oponía a su matrimonio con su hijo por su insuficiente nivel social. Entonces, con la viuda expuesta a la venganza al faltarle el apoyo de su marido, puede ser que por muy sumisa que sea la viuda la nueva Señora Turvey continuará castigándola con un trato frío y distante o humillándola por otros medios, y por eso la viuda nunca podrá remitir del nivel más bajo de su estrategia de desescalada. Esto ocurre en situaciones de tortura y otras formas de intimidación. Pero por lo general, el bloqueo de la resolución recae en el perdedor, que es demasiado orgulloso o terco para hacer la apropiada desescalada en el nivel superior. En otras palabras, en el tratamiento de la depresión a menudo estamos manejando “bloqueos de desescalada en el nivel superior”.

Las manifestaciones de la estrategia de desescalada de bajo nivel

Es el nivel más bajo de la estrategia de desescalada con la que estamos clínicamente más interesados, ya que es ésta estrategia, si es demasiado intensa o prolongada, lo que reconocemos como la depresión clínica. En el pasado la hemos llamado por diferentes nombres, tales como “la subrutina de la rendición” (Price y Sloman, 1987; Sloman & Price, 1987) o “la estrategia del subordinado involuntario (ISS)” (Price et al., 1994). Cualquiera que sea su nombre, esta estrategia tiene cuatro funciones principales:

1. Evidencia que no existe “ninguna amenaza” para el ganador, y por lo tanto enfatiza cualquier sumisión de alto nivel que se esté efectuando; o, si no se está hacienda una sumisión de alto nivel, se le asegura al ganador que la víctima no es una amenaza real, digan lo que digan, porque se es demasiado viejo o enfermo o incapacitado para ser eficaz.

2. Señala “fuera de combate” a los amigos y partidarios, dándoles el mensaje “no me empujen a la arena para luchar en su nombre” (Price & Gardner, 1995).

3. Facilita el cambio de escalada a desescalada en los niveles medio y superior, induciendo culpabilidad, vergüenza e inferioridad, y una sensación generalizada de pesimismo.

4. Sitúa al individuo en una camisa de fuerza depresiva, quitándole energía, interés, esperanza, decisión y fuerza de voluntad. De este modo, obliga al individuo a someterse, incluso si en el nivel superior es demasiado orgulloso o terco (o corajudo) para rendirse. En tal caso, la razón social aparente para la sumisión es probable que sea una enfermedad física o debilidad (Price & Gardner, 1995).

Causas de la estrategia desajustada

De acuerdo con nuestro modelo, la causa de la enfermedad depresiva no es la adversidad social, o perder, o un defecto, porque lo normal es que los seres humanos pierdan y fracasen y sean confrontados con la adversidad. Más bien, la causa de la enfermedad depresiva es el fracaso del cerebro triple al coordinar su respuesta a la adversidad social. Una respuesta coordinada asegura el éxito o la retirada exitosa/sumisión. A menudo se encuentra que el nivel más alto de desescalada está siendo bloqueado por alguna razón, ya sea en el paciente o por un tercero. Por ejemplo:

1.El nivel más alto de desescalada está bloqueado por escrúpulos morales.

Cuando alguien trata de mantener una posición imposible, o se aferra a un objetivo irrealizable, lo llamamos valor o terquedad, dependiendo de si simpatizamos o no con el intento. Orgullo, honor y escrúpulos morales son razones para seguir escalando en el nivel más alto a pesar de la agobiante desescalada en el nivel inferior. Milton la tomó con la monarquía, Darwin con la iglesia, y muchos son los mártires que se han negado a doblar la rodilla. La salud se sacrifica a los principios. Hemos descrito un caso en el que el paciente se negó a unirse a sus compañeros de trabajo en un fraude, fue castigado por ellos y sufrió la enfermedad depresiva como resultado (Stevens y Price, 1996). Anthony Trollope proporciona un paradigma de la terquedad auto-destructiva en su novela He Knew He Was Right (Sabia que tenia razón). En estos casos, el terapeuta está en la posición de un médico que atiende a un boxeador que insiste en luchar contra los contrincantes más poderosos.

2.El nivel más alto de desescalada es bloqueado por ignorancia o incomprensión.

La sumisión humana (a diferencia de la sumisión de los animales) implica obediencia, o hacer activamente lo que la otra persona quiere. A veces esto es imposible. Un marido dominante puede insistir en recibir una respuesta sexual entusiasta, una esposa dominante puede exigir que su esposo corrija un tic involuntario. A veces el paciente no sabe qué hacer para complacer al otro: un marido no quería que su esposa trabajara porque tenía miedo de que se relacionase con hombres atractivos, pero le daba vergüenza confesar ese miedo, y por eso la criticó por su pereza y su estupidez hasta que la depresión la volvió incapaz para el trabajo.

3.El nivel más alto de desescalada es bloqueado por un tercero.

Una esposa quería complacer a su marido, que insistió en que estuviera en casa el sábado; pero su madre, que era aún más poderosa que su marido, insistió en que la visitara e hiciera unas tareas para ella el sábado. La sumisión a uno implica resistirse al otro. Ella deseaba desescalar en las dos relaciones más importantes en su vida, pero no la dejaron. En este caso la enfermedad depresiva remitido cuando su madre murió.

4.El nivel medio de desescalada es bloqueado por un sentimiento de injusticia.

Muchos pacientes sufren insultos y agravios que no puede dejar pasar por resentimiento o enojo por la injusticia que ello conlleva. Recientes casos de este tipo en mi experiencia incluyen a personas injustamente despedidas de sus puestos de trabajo, un padre acusado de agredir sexualmente a su hija, y padres que sienten que la autoridad educativa les ha fallado a sus hijos de alguna manera. Estas personas se sienten fuera de sí de rabia, hirviendo de rabia asesina. Incluso si deciden desescalar en el nivel superior, siguen escalando en el nivel medio de las reacciones emocionales, y esto impide la resolución de desescalada de bajo nivel.

Identificar el conflicto

En el nivel superior hay muchas áreas de la vida en que las estrategias de escalada y desescalada se llevan a cabo de forma independiente; por ejemplo, uno puede escalar en su vida amorosa buscándose un ligue, mientras que en su relación parental desescala al aceptar dejar de fumar. En el nivel medio de la respuesta emocional, todavía hay aún más variedad, en el que uno puede estar deprimido por un problema a la vez que está enojado por otro―incluso se puede estar enojado y deprimido a causa del mismo tema. Pero en el nivel más bajo la estrategia es infocalizable, es una cuestión de todo o nada, y afecta a todas las actividades y estrategias. El estado de ánimo depresivo es un fenómeno generalizado. ¿Cómo se decide cuál de las escaladas del nivel superior está produciendo una situación que se extiende hacia este bajo nivel de desescalada? Esta es una de las habilidades del psicoterapeuta. Baste decir que por lo general se relaciona con una de las metas más destacadas del paciente o con sus relaciones.

Consideraciones terapéuticas

La tarea del terapéuta consiste en identificar el conflicto y ayudar al paciente a resolverlo en el nivel superior. A menudo, esto tomará la forma de ayudar al paciente a admitir la derrota, aceptar lo inevitable y renunciar a las aspiraciones poco realistas. A veces, sin embargo, el paciente puede ser ayudado a ganar ―a pesar del hecho de que él o ella estaba perdiendo al principio, por lo que se encuentra incapacitado por la depresión. A veces, el contexto adverso puede evitarse por completo, y lograr resultados mediante la negociación y el compromiso. A veces, los pacientes ven un conflicto donde no lo hay, otros son demasiado sensibles a las amenazas, o acceden a su conjunto de estrategias de bajo nivel agonístico muy fácilmente. Es difícil decir cuál es la proporción de los pacientes que tienen idea del conflicto que está causando la depresión. Sospecho que muy pocos. La mayoría de los pacientes achacan la depresión a factores biológicos tales como comenzar a tomar o pertenecer a la generación de “la píldora” o a los propios síntomas de la depresión, por ejemplo, “estoy deprimido porque no puedo dormir”. Si es necesario hacer comprender al paciente la verdadera causa de la depresión, la analogía de tiritar (ver más arriba) es útil; por ejemplo, el terapeuta dice: “No vamos a perder el tiempo frotando sus músculos temblorosos con pomada ―vamos a explorar la razón por la cual no han sido capaces de encender la calefacción central.”

El rival simbólico o interiorizado

El modelo se basa en un conflicto con un rival real. Esto explica por qué la depresión es tan incapacitante ―incapacita al individuo, mientras que el rival toma el control. Este tipo de incapacidad no tiene ninguna función en la gestión de los estresores impersonales, tales como las condiciones climáticas adversas.

Sin embargo, tal es la capacidad humana para personalizar el entorno que algunas formas de estrés impersonal son percibidos como procedentes de un rival. Job, por ejemplo, vio colmada las desgracias de su familia como actos de un Dios personal; se indignó con Dios y quería llevarlo a los tribunales. En este caso, Job se convirtió en depresivo ―el nivel más bajo de desescalada se asoció tanto con el nivel superior como con el de nivel medio. El remedio fue proporcionado por Eliú, quien señaló a Job que no era apropiado para un hombre entrar en una pugna agonística con Dios. Así Job se sometió a Dios y su depresión desapareció.

En algunos casos el conflicto no es con una persona del exterior, sino con una entidad interiorizada (Weiss, 1993; O’Connor, 1997). Por ejemplo, algunas personas de éxito se ven atrapados entre su ambición y su adoctrinamiento infantil de no eclipsar a sus familiares inmediatos (especialmente a las hijas se les enseña a no eclipsar a sus hermanos). Entonces, cuando tienen éxito como adultos, se deprimen sin motivo aparente. Se ha sugerido que esta depresión es causada por “la culpa del superviviente”, debido a la gran diferencia entre su propio desempeño y el de los miembros de su familia. Pero perseguir el conflicto en las profundidades de la psique está más allá del ámbito de este trabajo.

Referencias

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Weiss, J. (1993) ¿Cómo funciona la psicoterapia: Proceso y Técnica. Nueva York: Guilford Press.


[1]  La “casa ganancial”, o Dower House, es, entre las clases altas británicas, una casa, más pequeña y modesta destinada a la viuda del Sir o Lord. Puede ser un antiguo pabellón de caza, la casita de invitados o, como se señala más abajo, la casita del jardinero. (n.d.t.)

Hacia una taxonomía de las emociones (VII)

Los que hayan leido el post anterior de esta serie sobre las emociones ya sabrán a estas horas que el amor no es ese bálsamo romántico que cura todas las heridas sino que muchas veces las crea. Al tratarse de una de las emociones vinculadas con algo tan potente como la reproducción son de esperar grandes disfunciones en su gestión cotidiana.

Algunos de mis lectores han estado de acuerdo con la opinión de Price de que la depresión es un mecanismo de seguridad para limitar los efectos de la rabia e incluso alguno de entre ellos me ha formulado una hipótesis acerca de las razones de por qué algunas personas no se pueden deprimir.

La razón que me han dado es que las personas que no pueden deprimirse es por orgullo, lo que es lo mismo que decir (en clave psicologica) que hay personas tan narcisistas que no pueden tolerar darse por vencidos, reconocer que han perdido en una confrontación agonística o simplemente reconocer una derrota o darse cuenta de que no tenian razón.

Estoy de acuerdo con esta formulación solo que el narcisismo es un concepto que encaja mal con la teoria evolucionista, el narcisismo es un constructo psicoanalítico que explica muchas cuestiones relativas a la formación del Superyó y la moral, pero no deja de ser un constructo intrapsíquico con poca consistencia psicobiológica. Es necesario pues encontrar otra forma de nombrar las pulsiones morales en los humanos y para esto debemos -otra vez- echar mano de la teoria evolucionista.

¿Para qué sirve la moral?.-

Es obvio que la moral no da ninguna ventaja a aquellos que se someten a ella, algo que precisa de una explicación evolutiva. ¿Si no sirve para nada por qué evolucionó? Todo parece indicar que los individuos egoístas o amorales obtienen más ventajas que aquellos que siguen las reglas al menos hasta que son descubiertos e identificados como tramposos. Sin embargo es necesario decir que la evolución no solamente presiona sobre los individuos concretos sino tambien sobre la especie y sobre los grupos.

Por ejemplo, la pulsión reproductiva es una forma de presión selectiva que se ejerce sobre la especie entera, la autopreservación y la busqueda de bienestar (inclusive fitness) sobre los individuos. Pero la evolución tambien presiona sobre los grupos a fin de regular la vida en común y lo hace a través de la incorporación de reglas, tabúes y prohibiciones.

No se trata sólo de conocer las reglas sino de que se interioricen, es decir que el individuo haga suyas las reglas del grupo por ejemplo ésta: “No matarás”.

El lector puede ya suponer que la presión evolutiva sobre los grupos es mucho más moderna (reciente) que las otras presiones que tuvieron que soportar tanto la especie como los individuos. Seguir las reglas no favorece a los individuos concretos y es neutral desde el punto de vista de la especie pero resulta muy adaptativa para los grupos.

Y seguir las reglas entra en contradicción muchas veces con los mandatos de la especie (por ejemplo la elección del celibato) de la autopreservación, por ejemplo en el suicidio y desde luego entran en contradicción con la satisfacción del deseo individual. Todo pareciera indicar pues que en nuestro cerebro se dan cita intereses muy diversos, muchos de ellos antagónicos con otros.

Lo interesante de la presión ambiental que conocemos con el nombre de “seguir las reglas” es que está determinada por la socialización, se trata pues de un terreno compartido por nuestras tendencias sociales y afiliativas (necesitamos a los demás tanto como necesitamos comer) pero tambien culturales pues todo grupo social tiene sus propias reglas de funcionamiento. Pero inventada la norma inventada la excepción: ¿qué sucede si engaño a los demás haciéndoles creer que sigo las reglas pero en realidad soy un descuidero o un depredador? Un individuo así (los psicópatas por ejemplo) podrian beneficiarse tanto de las ventajas de la socialización como de “salirse con la suya”, haciendo creer al grupo que están siguiendo las reglas. Es por eso que no basta con conocer las reglas sino que hay que interiorizarlas y es por eso que existen las sanciones del grupo con los disidentes y los aprovechados.

Lo que llamamos narcisismo podria ser traducido al lenguaje evolucionista a través de una doble definición: por una parte representaría la supervivencia de una tendencia egoísta y depredadora que busca las ventajas individuales eludiendo o saltando por encima de las reglas grupales. Y por otra sería algo asi como una ilusión de rango en el sentido de que el individuo se engañaría a si mismo y a los demás ostentando las señales de un rango superior al que se posee. A esta emoción le llamamos orgullo o soberbia y es la punta del iceberg del narcisismo visto en clave evolucionista pues es obvio que la ostentación del rango brinda ventajas a los que poseen esta capacidad de engaño y autoengaño.

Dicho de otra manera para seguir las reglas del grupo es necesario un mayor aprendizaje social que el que necesitamos para el cortejo, la alimentación o la autoconservación, sencillamente se trata de aprendizajes que no nos vienen de serie y tenemos que aprenderlos ex novo básicamente mediante la observación de las conductas de nuestro entorno. No hace falta decir que el aprendizaje social puede ir en contra de los deseos individuales y es por eso que aquello que aprendemos de esta manera se opone y neutraliza lo que entendemos como narcisismo. Es a través de este aprendizaje que modulamos nuestra tendencia a creernos más importantes que los demás o a anteponer nuestros deseos a la consideración general.

La erotomanía.-

Si la celotipia es la patología delirante de los hombres, la erotomanía lo es en las mujeres.

Gaetian Clérambault fue un psiquiatra francés del que he hablado mucho en este blog y que describió la erotomanía que desde entonces se conoce con el nombre de sindrome de Clérambault. Consiste en la creencia delirante por parte -usualmente de una mujer- de que un hombre, generalmente de un estatus superior al propio está locamente enamorado de ella. Pero no se trata solo de una invención o de una fantasía más o menos comprensible en algunos casos sino de una certeza, es decir de una creencia delirante que induce conductas concretas. Conductas que van desde la denuncia, a la aportación de pruebas falseadas como cartas de amor, llamadas telefónicas, etc. La erotómana viene a la consulta a quejarse de un acoso concreto que el enamorado lleva a cabo contra ella pero no computa el acoso que ella misma lleva a cabo contra el acosador imaginario. Médicos, pediatras, psiquiatras, psicólogos, principes de Gales, alcaldes, cantantes, deportistas, reyes, gobernantes o personajes públicos de distinta indole y relieve pueden resultar elegidos por estas mujeres para llevar a cabo su delirante idea de que ciertas personas importantes se han fijado en ella y la someten a un acoso intolerable, cruzando casi siempre la frontera desde perseguido en acusador. Lo curioso es que la paciente se siente completamente inocente en este juego de seducción y aparece como víctima de este atropello (como decía una paciente a la que traté) y que muchas veces se salda en los tribunales.

Si he escogido a la erotomanía como ejemplo de una “locura de amor” es porque me parece que representa a la perfección este nucleo irreductible de narcisismo que alimenta a los delirios. Efectivamente la erotómana no puede evitar enamorarse de alguien con más rango que ella misma, se trata en todo caso de algo adaptativo ya descrito por Buss (Buss 2004) y otros investigadores: las mujeres buscan siempre en los hombres un mayor rango. De eso ya hablé aqui.

¿Pero por qué no aceptar que es ella y no él el enamorado? ¿por qué construir un delirio invirtiendo el proceso?

Pues para salvaguardar el narcisismo, hay algo que se preserva a través del delirio. La paciente construye un delirio y renuncia asi a la realidad para mantener a salvo su autoconcepto: no es ella la enamorada sino él y no es ella la acosadora sino él. Lo que nos lleva a pensar que las heridas narcisistas son muy dolorosas y lo son porque estas personas no tuvieron en su momento el suficiente aprendizaje social para orientarse y asumir su posición en la pirámide del rango, sencillamente se sobrevaloran demasiado a veces de una forma incluso patética. Y lo hacen escotomizando (repudiando) todas las señales de la realidad que las impulsarían hacia el principio de realidad, carecen pues de un Ideal del Yo pero a cambio han hipertrofiado su Yo ideal. Permutan deseo por realidad y es asi como enloquecen.

De manera que estoy de acuerdo con aquellos que han señalado al narcisismo como una pulsión al servicio del Yo y en contra de la realidad, a favor del principio del placer y en contra del sentido común. Lo interesante es que ciertas personas (y en un grado menor todos nosotros) preferimos defender esta ciudad amurallada que es nuestra exagerada autoestima y prolongar asi ese divorcio entre la realidad y el deseo.

De manera que ciertos delirios son en realidad adaptativos (Charlton 2003), o fueron adaptativos en época ancestral. Sobre todo los delirios paranoides, como ser engañado, perseguido, envenenado, amado, infectado, aludido, divulgado o señalado, ser victima de una conspiración o excluido del grupo son tematicas delirantes que conectan con temores ancestrales ligados a la interacción social. Es asi como se diferencian de los delirios bizarros de la esquizofrenia, pero eso no les hace más abordables: los delirios paranoides son irreductibles, precisamente porque taponan heridas narcisistas importantes y son a la vez temores fundacionales de nuestra especie.

Bibliografía.-

David Buss: “La evolución del deseo”. Alianza editorial. Madrid 2004.

Charlton BG (2003). Theory of mind delusions and bizarre delusions in an evolutionary perspective: psychiatry and the social brain. En Brune M. Ribbert H. editores: The social brain. evolution and patology. Wiley and sons. 315-337.