La heurística del experto

Elhombretatuadocubiertopormaquillaje3¿Tiene este hombre un doctorado por Harvard?

Heurística es un procedimiento generalmente abreviado y automatizado, consciente o inconsciente que nos sirve para tomar decisiones en nuestra vida cotidiana. Piense usted en la manera en que aparca su coche, se guía por estímulos visuales, apreciaciones ” a ojo” de las distancias y movimientos coordinados guardados en su memoria procedimental de tantas veces que ha llevado a cabo dicha maniobra.

Hay una heurística vulgar y cotidiana que nos sirve para usar en nuestra vida diaria y que nos permite apenas pensar en el procedimiento propiamente dicho. La heurística vulgar se caracteriza por las siglas WYSATI, un acróstico en inglés propuesto por Kahneman a fin de dar a entender que esa heurística atiende tan solo a un principio: “lo que ves es lo único que hay”, Los que leyeron el post anterior ya saben que este tipo de heurística tiene sus limitaciones, es por eso que podemos hablar de una heurística mejorada o una heurística del experto.

Es la forma en que piensan los policías, los jueces, los ingenieros y por supuesto los médicos. El diagnóstico médico es un buen paradigma para hablar de la heurística del experto. Pero antes de abordar como nos las arreglamos los médicos vamos a hacer una incursión en un procedimiento de Sherlock Holmes.

Taxis verdes y azules.-

En una ciudad cualquiera, una noche cualquiera un taxi atropella a un peatón y se da a la fuga. La policía comienza con sus indagaciones.

1) En la ciudad existen dos clases de taxis, unos verdes y otros azules.

2) Hay un único testigo poco fiable -según la policía- que asegura que el taxi era de color azul.

3) La policía averigua que los taxis verdes en la ciudad representan el 80% del total, siendo los azules solo un 20%.

¿Era el taxi, de color verde o como asegura el testigo era azul?

El lector puede hacer aquí su propia predicción.

Y ahora contemplemos el asunto visto de otra manera.

Y añadamos una información más:

“La mayor parte de los taxistas verdes son unos imprudentes, extranjeros y en su mayor parte ilegales”

¿Variaría en algo su predicción anterior?

Lo cierto es que la mayor parte de nosotros daríamos a esta segunda versión más peso de verosimilitud que a la primera. La razón de esta predilección es que mientras en la primera versión sólo tenemos tasas estadísticas frías que no informan de nada, en las segunda hay un dato causal: si es verdad que los taxistas verdes son imprudentes entonces ya tenemos una hipótesis causal, existe una historia, un relato, una narrativa. En realidad el primer supuesto -puramente estadístico- informa mucho más que el segundo, pero atendemos más al segundo al considerarlo más plausible. Sin embargo lo más probable es que el taxi fuera verde si atendemos a las tasas de frecuencia de taxis de la ciudad.

Dicho de otro modo es mejor echar mano de las tasas que de los estereotipos. Aunque la mejor estrategia es una combinación de ambos.

Los estereotipos.-

En realidad los estereotipos nos parecen detestables, cuando señalan razas, nacionalidades, sexo o religiones. Son una especie de prejuicios incompatibles con nuestra idea de la democracia, pero los estereotipos existen y representan atajos en el razonamiento de manera que un buen policia no debería negarlos o subestimarlos. Entre otras cosas porque aun habiendo estereotipos que son falsos, como este (salido en la prensa de esta semana)

“Las mujeres que se perfuman son unas fornicadoras”

No todos son falsos sobre todo cuando se combinan con el pensamiento de tasas.

Naturalmente, el caso de  “las fornicadoras” es un estereotipo falso, las mujeres que se perfuman no son más fornicadoras que las que no usan perfume suponiendo que fornicar signifique adulterio, que es al parecer la asociación-generalizacion que llevó a cabo el imán de Ceuta.

Pero hay otros estereotipos que son en todo caso inciertos y en algunos casos refuerzan el pensamiento en forma de tasas. Un policia haría mal en no sospechar -ante el asesinato de una mujer- en que el criminal es su marido o una pareja o ex-pareja. Aunque la “violencia machista” es un estereotipo contiene cierta verdad en relación con un pensamiento bayesiano.,Efectivamente la mayor parte de crímenes contra las mujeres los cometen parejas agraviadas. Es poco probable el asesinato de una mujer por otra mujer.

El diagnóstico médico.-

El diagnóstico médico es un buen ejemplo de heurística por dos razones fundamentales:

1) a veces nos falta información para poder llegar a un diagnóstico de seguridad

2) a veces los síntomas que presentan los pacientes son recortados, es decir existen presentaciones atípicas que no permiten un diagnóstico estandarizado.

3) a veces los pacientes mienten u ocultan información importante.

Recientemente una lectora de este blog me escribió un email preguntándome sobre su caso, la pregunta era muy breve y era ésta ¿Puedo ser una anoréxica si no tengo entre mis propósitos adelgazar?

Si, se puede diagnosticar una anorexia mental aunque no exista el propósito de adelgazar. En realidad el propósito de adelgazar no define a la anorexia, sino la imposibilidad de recuperar el peso que correspondería por talla y edad, si además:

  • Estamos hablando de una adolescente.
  • Con amenorrea.
  • Cuyo IMC (indice de masa corporal es inferior a 18.

La causa más frecuente de inanición en nuestro entorno en una muchacha joven es la anorexia mental, las otras causas de inanición (cáncer, tuberculosis o hipertiroidismo) representan solo un 10 % de probabilidad, mientras que la probabilidad de padecer una anorexia mental es del 90 % si se cumplen estos criterios.

Si atendemos a las tasas podemos estar casi seguros de que la muchacha en cuestión es una anoréxica mental aunque su sintomatología sea atípica o recortada. El problema es que las tasas informan poco o nada de la causa de la enfermedad y es por eso que preferimos adherirnos a otro tipo de explicaciones más “psicológicas”. Nos gusta construir historias y es casi seguro que nuestro cerebro -si es algo perezoso- preferirá una interpretación “con sentido” que la fría estadística que no presume relación causal alguna.

De modo que recomendé a mi contertulia que leyera este post donde hablé de un caso que atendí personalmente y que como ella tampoco quería adelgazar, lo que buscaba, era -más difícil todavía- engordar infructuosamente. En realidad se trata de un post donde aventuré una hipótesis causal si bien mi diagnóstico estuvo basado en tasas (probabilidades)

La idea que quise transmitir en ese post y en el actual es que en realidad el diagnóstico es una etiqueta (una conceptualización y no una cosa) y no debe ser considerado como algo inmutable. Una niña a esa edad puede haber perdido peso de manera brutal por cualquier razón distinta a hacer dieta para adelgazar, pero una vez se ha entrado en inanición, el organismo cambia y trata de mantener el estatu quo. La inanición es una especie de anorexia natural, que lleva a la paciente a una obsesivización e hiperactividad que mantienen la propia inanición, llamar anorexia o llamarla inanición es banal. Lo importante es saber que su tratamiento es el mismo.

Lo interesante por volver al principio del post y al caso de los detectives que buscaban al taxista culpable, es la siguiente idea:

Pensamiento bayesiano.-

1)Muchacha joven que perdió peso y se queja de que no puede recuperarlo,

2) Hay testigos (los padres) que dicen que come lo suficiente.

3) Existe amenorrea.

Si parece un cerdo, tiene hocico y cuatro patas y tiene rabo es un cerdo

Este es un ejemplo de pensamiento bayesiano que atiende a tasas.

Pensamiento causal.-

1) Las anoréxicas tienden a engañar.

2) Que manipula a los padres.

3( Que es muy dominante, perfeccionista o narcisista.

No añade más que un relato causal y con sentido para un psicólogo, pero no aporta mas verdad sobre la cuestión como la que aportan las tasas de taxis verdes/azules en la ciudad en la que se produjo el atropello

La verdad es estadística pero no sabemos qué significa.

Bibliografia.-

Daniel Kahneman: “Pensar rapido, pensar despacio”. Debate 2012

Pensar rápido, pensar despacio

pensar

Daniel Kahneman es un psicólogo americano (aunque de origen judío) que recientemente obtuvo el premio Nobel de economía. Sólo por esta razón merece la pena detenerse en su obra y su personalidad. Y es por eso que este verano me he entretenido con leer una de sus obras traducidas al castellano.

Confieso que acerté al elegirlo como lectura veraniega, pues se trata quizá del libro mas interesante, profundo y asequible -para el gran publico- que he leído en los últimos tiempos y que aborda temas muy complejos a través de un acercamiento que no dudaria en calificar como cibernético en el buen sentido de la palabra y casi sin nombrar la metáfora del ordenador

En realidad he dudado en escribir este post puesto que encontré un blog que se había ocupado de ello con mucho acierto e interés divulgativo. Aqui hay una entrada que os habla del libro. De forma que voy a ceñirme a ciertos aspectos que para mi resultan de interés para cualquier investigador con poca formación sobre estadística.

Para Kahneman existen dos tipos de procesadores cerebrales, les llama el tipo I y el tipo II. El de tipo I es un cerebro intuitivo, mientras que el de tipo II es un cerebro riguroso que utiliza cálculos matemáticos y una cierta operación estadística a fin de tomar decisiones sobre la verdad o falsedad de las percepciones que nos entran por los sentidos.

Para comprender intuitivamente las funciones del pensamiento tipo I y del tipo II lo mejor es recurrir a esta ilusión óptica bien conocida por todo el mundo

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¿Cual de las dos lineas es mas larga?

Supongo que todos conoceís la respuesta correcta: son iguales. Lo que interesa señalar es que sabemos que son iguales si tenemos a mano una regla para medirlas porque intuitivamente nos parece que la de la derecha es más larga. Lo interesante de esta ilusión es que aunque sepamos (porque ya las hemos medido) que son iguales, seguimos viendo la derecha más larga. Eso me sucede al menos a mi.

Nuestro cerebro tipo I percibe la desigualdad de ambas lineas por una razón contextual, las bordes que se abren hacia adentro nos hacen percibir la linea mas corta que cuando esos bordes se abren hacia afuera. El cerebro tipo I lanza una respuesta intuitiva e impulsa su intuición hacia el cerebro tipo II que puede ser engañado si es muy perezoso o bien -si es diligente- se pone en guardia frente al engaño. El tipo I no sabe una palabra ni de matemáticas ni de estadística y tiene además prisa en llegar a una conclusión, porque lo que le caracteriza es que tiene respuestas para todo, hasta para aquello que no sabe.

Otro ejemplo, con un poco de cálculo.-

Un bate de beisbol y una pelota cuestan 1,10 euros, sabiendo que el bate vale 1 euro mas que la pelota ¿cuanto vale la pelota?

Nuestro cerebro tipo I lo tiene bien claro, es intuitivo. La pelota vale 10 centimos. ¿no es eso lo que diriamos casi todos?

Nuestro cerebro tipo II, no sale al encuentro si está ocupado en otra tarea o cansado. Si la pelota valiera 0, 10 euros el total de bate y pelota costaría 1,20 euros puesto que el bate cuesta un euro mas que la pelota.

Dejo al lector interesado en calcular a través de su cerebro II cuanto cuesta esa pelota.

Lo que le gusta al cerebro tipo I es inventar historias coherentes y las mejores historias se construyen con poca información. Lo que le gusta al cerebro tipo I es llegar a conclusiones coherentes aunque sean falsas de forma rápida puesto que está diseñado para eso, para lo fácil y lo cotidiano, lo esperable, pero está poco poco dotado para la sorpresa. De hecho para el cerebro tipo I la información es un hándicap puesto que a más información lo que aumenta es la ambigüedad y el cerebro tipo I detesta la ambigüedad y la duda, tanto es así que rechaza aumentar su información y se conforma con construir una narrativa que le resulte significativa sobre cualquier cosa. Y casi siempre se consigue. Somos grandes narradores de historias coherentes (aunque incompletas o falsas, gracias Gödel) merced a nuestro cerebro tipo I.

Un ejemplo de la poca información con la que construimos nuestros juicios es la primera impresión que nos causan las personas. Después de hablar dos palabras con alguien sabemos si nos agrada o nos desagrada. Esta sensación es intuitiva, es decir no responde a una información completa ni correcta sobre la persona que tenemos delante, pero elaboramos una impresión y esa impresión determina lo que se llama un sesgo de confirmación.

El sesgo de confirmación significa que vamos a ir construyendo y añadiendo rasgos y opiniones sobre esta persona enroscadas en la primera impresión. Es así como se construyen juicios sesgados, puesto que las cadenas asociativas del sesgo refuerzan la primera impresión. El sistema II ha sido engañado por el el I y construye una creencia falsa,

Este tipo de sesgos son muy importantes si estamos evaluando a alguien que busca cierto trabajo. Imaginemos que buscamos un líder para dirigir una empresa cualquiera, un director de algún proyecto con empleados a su cargo. Hemos de tomar una decisión.

Algo que puede influir en este tipo de decisiones es el efecto halo. El efecto halo es la tendencia a maximizar o minimizar las cualidades o los defectos de alguien simplemente por su parecido con otra persona de la que guardamos registro en nuestra memoria, En este sentido es necesario recordar que hay un Yo que experimenta y un Yo que recuerda y que ambos no son el mismo Yo. Es por esta razón que si tienes que tomar una decisión que implique buscar a alguien con dotes de liderazgo es mejor que tengas en cuenta que nuestro sistema I es capaz de reconocer a estas personas de un solo vistazo de forma intuitiva. Las cualidades de fortaleza y dominio son fáciles de detectar pero no tanto la crueldad o la corrupción.

Nuestro cerebro tipo I se pasa el tiempo buscando relaciones de causalidad entre las cosas, teje por asi decir hipótesis causales que adopta como creencias si el sistema II anda dormido, pero no sólo causales sino de intencionalidad y de agenticidad. Es lógico puesto que nuestro sistema I está diseñado para detectar amenazas o subrayar apetitos, es por eso que contestar rápidamente a las preguntas ¿Quién es? ¿Que intenciones tiene? ¿De donde procede la amenaza? son cuestiones vitales que funcionan automáticamente y en parte de forma inconsciente. Nuestro sistema tipo I no cree en el azar y es por eso que se encuentra inclinado a creer en patrones falsos (los patrones falsos son los que no llevan información) aunque lo parezca.

Una de las curiosidades del azar es que genera patrones que parecen intencionales. es por eso que es necesario conocerle bien, pues tendemos a subestimarlo. Como ejemplo de los guiños del azar hablaré en un próximo post de la enfermedad de los futbolistas. ¿Padecen los jugadores italianos una epidemia de ELA (esclerosis lateral amiotrófica)? tal y como parece desprenderse de esta noticia.

¿Que diría de ello nuestro cerebro II? Y más que eso ¿Que diría un cerebro II que sabe estadistica?

Otro tema es el de las abstracciones que todos creemos saber a qué se refieren. Un tema recurrente es el de la felicidad pero quizá sea mejor oir al propio Kahneman hablar sobre los engaños de la experiencia y la memoria.

Una entrevista a Kahneman en el ABC.

Nota liminar.- La pelota de beisbol cuesta 0,05 euros.

La conciencia y sus zombies

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Aquellos de ustedes que leyeron este post que titulé “Culpa y biología” recordarán que comenté alli algunas ideas procedentes  del libro de David Eagleman titulado “Incógnito”, y ya sabrán a estas horas que los investigadores han echado mano con frecuencia de la conocida metáfora del ordenador cuando hablamos del cerebro.

Asi, Marvin Minsky en su libro “La sociedad de la mente” describió al cerebro humano como portador de pequeñas rutinas y subrutinas independientes y encargadas cada una de ellas de ciertas tareas que como sucede en los ordenadores no se inmiscuyen unas en otras, algo bastante diferente de lo que sucede en nuestro cerebro, donde estas rutinas están ampliamente distribuidas por todo el parénquima cerebral y compiten unas con otras como veremos más abajo.

Lo cierto es que esta idea de los cibernetistas se encontró bien pronto con un problema que llevó a la inteligencia artificial a un atasco: los ordenadores no podian simular al cerebro humano a pesar de que cada una de esas partes estuviera bien programada y funcionara correctamente. ¿Por qué?

La primera razón es que los programas de inteligencia artificial son supermáquinas poderosísimas de cómputo pero estúpidas en el fondo. La razón principal de esta estupidez es que carecen de un sistema que coordine toda su actividad oculta y priorice unas salidas sobre otras. La segunda razón de su estupidez es que no saben improvisar e inventar soluciones nuevas aunque algunos programas inteligentes pueden “aprender”. Pero aprender no es lo mismo que plantearse un enfoque nuevo a la hora de encontrar solusiones a problemas. Dicho de otro modo, el problema principal es que carecen de conciencia y aunque tengan una enorme capacidad de cómputo no son capaces de inventar nada nuevo.

Una de las áreas de investigación que más dinero acapara para su desarrollo es la fabricación de un robot para llevar a cabo las tareas domésticas. Es seguro que un robot de estas caracteristicas tendría un enorme éxito comercial y es seguro que los hogares de dentro de 50 años tendrán a su disposicion estos engendros. El caso es que en la actualidad la investigación robótica se encuentra detenida precisamente porque este tipo de máquinas no saben improvisar tareas cuando surge una adversidad y aunque son capaces de llevar a cabo todo aquello que se le ordena secuencialmente son incapaces de encontrar una solución cuando “falta algo” y saltarse la secuencia, esto es improvisar. ¿Qué sucede si no tengo arroz para hacer una paella? Comprarlo. Bien y ¿Dónde lo venden?. ¿Arroz normal o bomba?, etc. Cualquier humano aun muy tonto saldria de forma fácil de ese atasco y comenzaría la tarea alli donde la dejó sin olvidarse de apagar el fuego antes de salir de casa.

Eagleman propone en su libro una forma de salir de este atolladero. En lugar de imaginarse el cerebro como un conjunto de módulos que se encargan de llevar a cabo tareas concretas, plantea un funcionamiento parecido al que llevó a cabo la evolución. Así, propone que estos módulos no se encontrarian separados unos de otros, sino entrelazados y enmarañados de tal modo que el módulo no estaria fisicamente en lugar alguno sino distribuido en toda la red a partir de su conectividad neuronal. La otra cuestión que plantea Eagleman es que estos módulos representarian rutinas competitivas unas con otras y no solamente artefactos que cooperan ciegamente sin saber con quién.

Esta idea de democracia parlamentaria basada en el conflicto, es bastante aproximada con nuestra experiencia subjetiva. Cuando hemos de tomar una decisión ¿no intervienen acaso partes en conflicto que enfocan el problema cada una de una manera llevándonos a un estado de duda? ¿No hay una vocecita interior que nos avisa, confronta y aconseja en sentido contrario cuando queremos hacer algo? ¿No ha oido usted nunca una declaración como ésta: “Se que no me conviene pero le quiero”?

Eagleman llama zombies a estos módulos que funcionan automáticamente y les llama asi porque son tan estúpidos como cualquier programa de ordenador, solo que tienen tres caracteristicas que les hacen imprescindibles: 1) son automáticos, 2) son inaccesibles y 3) operan más allá de la conciencia, es decir son inconscientes.

Que sean inaccesibles e inconscientes tiene consecuencias prácticas para la neurociencia: significa que no sabemos como funcionan por dentro y lo peor: no podemos acceder a ellos. Un zombie es imposible de hackear pero puede ser solapado o inhibido por otro zombie.

El solapamiento de un zombie es lo mismo que hablar de redundancias. Un sistema como el cerebro ha de tener redundancias a fin de reducir el ruido y asegurar asi la permanencia y estabilidad del zombie concreto. Por contra, un zombie puede ser inhibido a través de otros zombies creados ad hoc por la conciencia, por ejemplo una creencia o una idea. Es por eso que solemos decir que es a través de la narrativa que la conciencia humana extrae sentido de la realidad que es en definitiva lo que el organismo necesita: sentido.

De manera que Eagleman pone en cuestión una de las máximas que animan a las psicoterapias del último siglo: ¿Qué significa conocerse a sí mismo?

Desde luego, “conocerse a uno mismo” no significa conocer el funcionamiento interno de los zombies, puesto que nuestro acceso a ellos está denegado (por nuestro propio bien). ¿Pero si conocerse a sí mismo no es conocer nuestro inconsciente qué significa?

Significa que tenemos pocas posibilidades de conocer el por qué de nuestras decisiones, de modo que la introspección y el sobrevalorado insight tienen muy poco valor terapéutico. A cambio, la conciencia humana con su inagotable construcción de símbolos y narrativas es capaz de encontrar explicaciones a casi todo que funcionan como verdades a pesar de que no podamos saber si lo son. Es más que obvio que los pacientes cambian sus narrativas por otras mejores (las que les brinda el terapeuta) y que está es la explicación mejor que tenemos hoy de los beneficios de la psicoterapia.

El nacimiento de la conciencia.-

Eagleman propone que la conciencia emerge cuando el numero de zombies de un organismo son ya demasiados para ser efectivos sin el concurso de un director de orquesta. La conciencia, para Eagleman no es algo que se tiene o no se tiene, sino un fenómeno emergente gradual. Los animales tienen conciencia, de perro el perro y de pollo el pollo y ellos se las arreglan sin esta ultima vuelta de tuerca que la evolución ha guardado para nosotros: una conciencia autorecursiva, es decir una conciencia que se piensa a si misma, ningún animal tiene una conciencia de esas caracteristicas, un bucle de lo mas extraño en palabras de Hofstadter.

Dicho de otra forma: los bucles extraños de Hofstadter y loa zombies de Eagleman son el mismo o muy parecido constructo teórico, siendo la conciencia un metabucle recursivo de alto nivel. Una especie de director general que tiene bastante poco control sobre los miembros de su empresa. Y asi debe ser, estoy seguro de que todos ustedes tienen experiencia en lo mal que funcionan las empresas donde hay un excesivo control, casi tan mal como las que carecen del mismo.

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Para que lector entienda mejor este problema de los agentes zombies que compiten entre si en un parlamento democrático les pondré el ejemplo de la gaviota argentérea de la que ya hablé aqui a propósito de otras cuestiones. Se trata de este dulce animalito que luce un punto rojo en su pico que hace las delicias de sus polluelos como si fuera un sonajero volante.

Lo interesante de este animal, que se ha estudiado mucho por ciertos etólogos, es que si les dan un huevo pintado de rojo, sucede un conflicto entre zombies. Por un lado el color rojo les aumenta la agresividad y por otro se ponen a empollar. O mejor, un zombie quiere empollar y otro quiere asesinar a alguien. Un conflicto enloquecedor, naturalmente las probabilidades no experimentales de que una gaviota se encuentre con este dilema en la naturaleza tienen una probailidad muy baja, no suele haber lluvia de color rojo.

Este mismo conflicto es el que suele darse en la depresión post parto humana.

El postparto es una época donde la mujer ve incrementada su agresividad, al tiempo que disminuye la de su pareja. Este proceso de desactivacion de la agresión en los machos es común en muchas especies de mamíferos (con descenso de la testosterona) pero la activación de la agresividad en las hembras puede observarse incluso en los pavos: su función es defender el nido. la agresión es ahora más necesaria que nunca.

Naturalmente la alta agresividad y las tareas de crianza y amamantamiento (rutinas zombies ambas) se llevan bastante mal y entran en conflicto, el resultado puede ser una depresión o el conocido y tan frecuente post partum blues (tristeza despues del parto) o la psicosis postparto.

De manera que es muy probable que Eagleman tenga razón y la conciencia humana se desarrollara precisamente a causa de conflictos de antagonismo entre complejos y numerosos zombies que amenazaron en algún momento a nuestra especie, que pudo rescatarse a sí misma gracias a disponer de un parlamento grande que dio cobijo a muchos más zombies y más sofisticados que los que presentan pavos y gaviotas.

Culpa y biología

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Un conocido verso de Walt Whitman afirma lo siguiente:

“Soy inmenso, contengo multitudes”

¿Qué significa este verso, es verdad o no es más que una metáfora poética para expresar las contradicciones humanas?. ¿Qué quiso decir, Rimbaud -otro poeta- cuando afirmó que “Je suis un autre”. ¿Qué quisieron decir Pink Floyd cuando cantaban aquello de ¿Quién habita en mi cabeza?

El primero que abordó el tema de las multitudes de las que se compone nuestro cerebro fue Freud, a través de su conocido esquema tripartito, (Y0, Ello y Superyó), más tarde Mc Lean desde una perspectiva evolucionista tambien incidió en la misma idea de los tres cerebros (reptiliano, mamifero y humano). Julian Jaynes por su parte habló de una dicotomia cerebral izquierda-derecha y de bipartidismo cerebral.

¿Estamos o no estamos divididos?

Estos modelos han sido desmentidos por los neuroanatomistas al no localizar ninguno de estos supuestos “expertos” o poblaciones neuronales especializadas en hacer algo. Sin embargo la ausencia de localización no desmiente la idea principal: nuestro cerebro es un órgano en permanente conflicto -un conflicto de expertos-, queremos hacer y queremos no hacer una misma cosa. Piense usted en lo que le sugiere comer chocolate, muchas personas viven permanentemente en este conflcto, atraidos por el chocolate o los dulces y al mismo tiempo impelidos a evitarlos por aquello de los kilos de más o la diabetes acechante. Este tipo de conflictos de atracción-rechazo por sí mismos bastan para que cada uno de nosotros tengamos la experiencia de que en nuestros cerebro viven al menos dos tendencias que nos impulsan en sentido contrario respecto a nuestra volición, pero tal y como decia Whitman no es necesario que sean sólo dos: nuestro cerebro contiene multitud de expertos que guerrean constantemente entre sí para imponer su opinión de lo que sería mejor para nosotros, el cerebro es una democracia de partidos donde cada cual cree que tiene la razón y trata de imponer su “verdad” al organismo entero y si es necesario a través de una guerra civil.

Estamos divididos pero no solamente por dos, sino por multiples agencias cerebrales que están diseñadas para computar cuestiones similares y que no funcionan como una cadena de montaje sino como un comité de expertos, un parlamento cerebral.

Veremos ahora precisamente donde nos lleva esta cuestión y aprovecho una anécdota que cuenta David Eagleman recientemente en su libro “Incógnito”, traducido al espeñol con el subtitulo: “Las vidas secretas del cerebro”.

Mel Gibson fue detenido por una patrulla de la policia que le sometió a un test para medir su grado de intoxicación alcohólica mientras conducia su coche de forma imprudente por una via publica. Al policia le llamó la atención no solo la cifra de alcohol que habia detectado sino su verborrea inclinada a insultar a los judíos y al propio policia -que era a su vez judío- le llamó tanto la atención, que debido a su estado decidió llevarselo detenido.

El caso es que el informe del policia terminó filtrado a la prensa por lo que Gibson fue acusado de xenofobia y sometido a un intenso linchamiento por parte de los lobbyes judíos que exigieron una rectificación publica.

Asi lo hizo el pobre Gibson que apareció en los medios y en TV para pedir perdón y objetar que no era “xenofóbico en absoluto” que no albergaba ningun rencor hacia ninguna raza y que su propia religión le impedia este tipo de ideas de exclusión de nadie. El caso es que sus apariciones en los medios surtieron su efecto y al final fue perdonado por una inquisitorial “Comision antiblasfemia”, que dedujo de sus declaraciones que habia sido sincero.

Pero el asunto no acabó aqui y siguió algun tiempo en la prensa junto con declaraciones de expertos acerca de si el alcohol puede o no puede poner en el cerebro de alguien ideas xenofóbicas (o de cualquier otra clase). Los detractores de Gibson pensaban que el alcohol se limitaba a desinhibir lo que de alguna manera ya estaba alli, mientras que sus defensores apelaban al sentido común para llamar la atención de que durante la embriaguez se pueden decir y hacer muchas tonterias o imprudencias, incluso se pueden cometer delitos sin que su autor pueda ser acusado de ser siempre un tonto o un delincuente. Entre los argumentos de sus defensores encontraron el siguiente: si es cierto que “in vino veritas”, es decir si es cierto que durante la embriaguez lo que emerge es nuestro verdadero Yo, el alcohol seria el mejor método para que los delincuentes o acusados de algo dijeran la verdad, bastaria darles a beber cualquier tipo de alcohol (a escoger) para al final saber si lo que dicen es verdad o mienten.

Lo cierto es que el alcohol no es la máquina de la verdad.

Pero es cierto que desinhibe, luego si desinhibe y emergen contenidos racistas debe ser porque en algun lugar de la mente existen tales contenidos. ¿Era o no era Gibson un racista?

Asi es como piensa la mayor parte de la gente, o Gibson es un racista que disimula sus verdaderas ideas o no lo es en cuyo caso el alcohol debe ser una droga racistogénica. Pensar en esta forma dicotómica, o si o no, es desde luego muy intuitiva, asi es como catalogamos o clasificamos a los demás (no tanto a nosotros mismos). Pero la verdad cientifica es muy antiintuitiva y las cosas no funcionan asi.

El primero que abordó este problema en el campo de la inteligencia artificial fue Marvin Minsky, en un libro de culto que se llama “La sociedad de la mente” (1987) Minsky propuso que la complejidad del cerebro deberia ser contemplada en una diversidad de subrutinas (o partes mas pequeñas) especializadas en una tarea concreta cuya sumatoria en un nivel superior daría como resultado la inteligencia humana a través de la emergencia de propiedades nuevas. Esta idea de Minsky ha sido retomada recientemente por muchos investigadores evolucitivos que han hablado de un cerebro modular y del que hablé aqui en este post sobre la navaja suiza.

La idea de MInsky viene concretamente a apoyar lo que hoy sabemos y como podemos responde a la pregunta acerca de la culpabilidad de Gibson de xenofobia.  Es obvio que en el cerebro de Gibson existe un modulo, una subrutina xenofóbica, lo cual no significa que Gibson sea xenófobo puesto que esta rutina existe en todos y cada uno de los cerebros humanos, incluyendo a los del lobbye judio.

Y existe porque se trata un producto de la evolución, de la selección natural. Existe porque evitar los contactos con extraños es para nuestro cerebro esencial y nuestro sistema de alarmas se activa ante lo que detectamos como peligroso. Un extranjero o desconocido es potencialmente peligroso y nuestro sistema de deteccion de humos está ahi para eso, se trata de una subrutina en el sentido de Minsky.

Ahora bien, es cierto que si bien todos nosotros somos portadores de ese sistema de neurodefensa, no todos lo activamos del mismo modo: unos pueden llegar a matar a alguien solo por ser extranjero y otros, -muchos- se dedican a excluir a ciertas etnias a las que consideran “alienigenas”. La mayor parte como Gibson solo les insultan de modo genérico cuando se embriagan o van al fútbol.

Depende del grado de activación o de importancia que tenga la amenaza en el sentido más primitivo de la palabra: homosexuales, extrajeros, minorias étnicas, religiones distintas o colores de la piel diferentes sirven para disparar la subrutina “xenofóbica”. El grado de socialización que haya alcanzado cada cual es la variable critica que vendrá a inhibir la respuesta fisiológica xenofóbica. La mayor parte de las personas que conozco no son xenofóbicos sencillamente porque no están motivados para ello y han aprendido que es bueno y deseable aceptar a todo el mundo en su diversidad. Pero esta ultima variable es social, un aprendizaje social que debe oponerse a la subrutina biológica de sentido contrario cuya intensidad estará relacionada con multiples ideas y emociones activadas o desactivadas segun la historia personal de cada cual.

De modo que la pregunta que más arriba planteaba respecto a si Gibson era o no era xenofóbico, creo que está mal planteada y tendremos que acostumbrarnos a pensarla de otro modo. Y está mal planteada porque el Estado no puede prohibirle ser xenofóbico, pederasta o nazi, lo que si puede hacer el Estado es castigar el acto, no la intención o la idea. Usted puede pensar lo que quiera con tal de no transformar esa idea en una conducta, en este caso, un insulto.

En resumen Gibson no era culpable de ser xenofóbico sino de conducir bajo los efectos del alcohol y de eso y de ninguna otra cosa debe ser acusado.