Aquellos de ustedes que leyeron este post que titulé “Culpa y biología” recordarán que comenté alli algunas ideas procedentes del libro de David Eagleman titulado “Incógnito”, y ya sabrán a estas horas que los investigadores han echado mano con frecuencia de la conocida metáfora del ordenador cuando hablamos del cerebro.
Asi, Marvin Minsky en su libro “La sociedad de la mente” describió al cerebro humano como portador de pequeñas rutinas y subrutinas independientes y encargadas cada una de ellas de ciertas tareas que como sucede en los ordenadores no se inmiscuyen unas en otras, algo bastante diferente de lo que sucede en nuestro cerebro, donde estas rutinas están ampliamente distribuidas por todo el parénquima cerebral y compiten unas con otras como veremos más abajo.
Lo cierto es que esta idea de los cibernetistas se encontró bien pronto con un problema que llevó a la inteligencia artificial a un atasco: los ordenadores no podian simular al cerebro humano a pesar de que cada una de esas partes estuviera bien programada y funcionara correctamente. ¿Por qué?
La primera razón es que los programas de inteligencia artificial son supermáquinas poderosísimas de cómputo pero estúpidas en el fondo. La razón principal de esta estupidez es que carecen de un sistema que coordine toda su actividad oculta y priorice unas salidas sobre otras. La segunda razón de su estupidez es que no saben improvisar e inventar soluciones nuevas aunque algunos programas inteligentes pueden “aprender”. Pero aprender no es lo mismo que plantearse un enfoque nuevo a la hora de encontrar solusiones a problemas. Dicho de otro modo, el problema principal es que carecen de conciencia y aunque tengan una enorme capacidad de cómputo no son capaces de inventar nada nuevo.
Una de las áreas de investigación que más dinero acapara para su desarrollo es la fabricación de un robot para llevar a cabo las tareas domésticas. Es seguro que un robot de estas caracteristicas tendría un enorme éxito comercial y es seguro que los hogares de dentro de 50 años tendrán a su disposicion estos engendros. El caso es que en la actualidad la investigación robótica se encuentra detenida precisamente porque este tipo de máquinas no saben improvisar tareas cuando surge una adversidad y aunque son capaces de llevar a cabo todo aquello que se le ordena secuencialmente son incapaces de encontrar una solución cuando “falta algo” y saltarse la secuencia, esto es improvisar. ¿Qué sucede si no tengo arroz para hacer una paella? Comprarlo. Bien y ¿Dónde lo venden?. ¿Arroz normal o bomba?, etc. Cualquier humano aun muy tonto saldria de forma fácil de ese atasco y comenzaría la tarea alli donde la dejó sin olvidarse de apagar el fuego antes de salir de casa.
Eagleman propone en su libro una forma de salir de este atolladero. En lugar de imaginarse el cerebro como un conjunto de módulos que se encargan de llevar a cabo tareas concretas, plantea un funcionamiento parecido al que llevó a cabo la evolución. Así, propone que estos módulos no se encontrarian separados unos de otros, sino entrelazados y enmarañados de tal modo que el módulo no estaria fisicamente en lugar alguno sino distribuido en toda la red a partir de su conectividad neuronal. La otra cuestión que plantea Eagleman es que estos módulos representarian rutinas competitivas unas con otras y no solamente artefactos que cooperan ciegamente sin saber con quién.
Esta idea de democracia parlamentaria basada en el conflicto, es bastante aproximada con nuestra experiencia subjetiva. Cuando hemos de tomar una decisión ¿no intervienen acaso partes en conflicto que enfocan el problema cada una de una manera llevándonos a un estado de duda? ¿No hay una vocecita interior que nos avisa, confronta y aconseja en sentido contrario cuando queremos hacer algo? ¿No ha oido usted nunca una declaración como ésta: “Se que no me conviene pero le quiero”?
Eagleman llama zombies a estos módulos que funcionan automáticamente y les llama asi porque son tan estúpidos como cualquier programa de ordenador, solo que tienen tres caracteristicas que les hacen imprescindibles: 1) son automáticos, 2) son inaccesibles y 3) operan más allá de la conciencia, es decir son inconscientes.
Que sean inaccesibles e inconscientes tiene consecuencias prácticas para la neurociencia: significa que no sabemos como funcionan por dentro y lo peor: no podemos acceder a ellos. Un zombie es imposible de hackear pero puede ser solapado o inhibido por otro zombie.
El solapamiento de un zombie es lo mismo que hablar de redundancias. Un sistema como el cerebro ha de tener redundancias a fin de reducir el ruido y asegurar asi la permanencia y estabilidad del zombie concreto. Por contra, un zombie puede ser inhibido a través de otros zombies creados ad hoc por la conciencia, por ejemplo una creencia o una idea. Es por eso que solemos decir que es a través de la narrativa que la conciencia humana extrae sentido de la realidad que es en definitiva lo que el organismo necesita: sentido.
De manera que Eagleman pone en cuestión una de las máximas que animan a las psicoterapias del último siglo: ¿Qué significa conocerse a sí mismo?
Desde luego, “conocerse a uno mismo” no significa conocer el funcionamiento interno de los zombies, puesto que nuestro acceso a ellos está denegado (por nuestro propio bien). ¿Pero si conocerse a sí mismo no es conocer nuestro inconsciente qué significa?
Significa que tenemos pocas posibilidades de conocer el por qué de nuestras decisiones, de modo que la introspección y el sobrevalorado insight tienen muy poco valor terapéutico. A cambio, la conciencia humana con su inagotable construcción de símbolos y narrativas es capaz de encontrar explicaciones a casi todo que funcionan como verdades a pesar de que no podamos saber si lo son. Es más que obvio que los pacientes cambian sus narrativas por otras mejores (las que les brinda el terapeuta) y que está es la explicación mejor que tenemos hoy de los beneficios de la psicoterapia.
El nacimiento de la conciencia.-
Eagleman propone que la conciencia emerge cuando el numero de zombies de un organismo son ya demasiados para ser efectivos sin el concurso de un director de orquesta. La conciencia, para Eagleman no es algo que se tiene o no se tiene, sino un fenómeno emergente gradual. Los animales tienen conciencia, de perro el perro y de pollo el pollo y ellos se las arreglan sin esta ultima vuelta de tuerca que la evolución ha guardado para nosotros: una conciencia autorecursiva, es decir una conciencia que se piensa a si misma, ningún animal tiene una conciencia de esas caracteristicas, un bucle de lo mas extraño en palabras de Hofstadter.
Dicho de otra forma: los bucles extraños de Hofstadter y loa zombies de Eagleman son el mismo o muy parecido constructo teórico, siendo la conciencia un metabucle recursivo de alto nivel. Una especie de director general que tiene bastante poco control sobre los miembros de su empresa. Y asi debe ser, estoy seguro de que todos ustedes tienen experiencia en lo mal que funcionan las empresas donde hay un excesivo control, casi tan mal como las que carecen del mismo.
Para que lector entienda mejor este problema de los agentes zombies que compiten entre si en un parlamento democrático les pondré el ejemplo de la gaviota argentérea de la que ya hablé aqui a propósito de otras cuestiones. Se trata de este dulce animalito que luce un punto rojo en su pico que hace las delicias de sus polluelos como si fuera un sonajero volante.
Lo interesante de este animal, que se ha estudiado mucho por ciertos etólogos, es que si les dan un huevo pintado de rojo, sucede un conflicto entre zombies. Por un lado el color rojo les aumenta la agresividad y por otro se ponen a empollar. O mejor, un zombie quiere empollar y otro quiere asesinar a alguien. Un conflicto enloquecedor, naturalmente las probabilidades no experimentales de que una gaviota se encuentre con este dilema en la naturaleza tienen una probailidad muy baja, no suele haber lluvia de color rojo.
Este mismo conflicto es el que suele darse en la depresión post parto humana.
El postparto es una época donde la mujer ve incrementada su agresividad, al tiempo que disminuye la de su pareja. Este proceso de desactivacion de la agresión en los machos es común en muchas especies de mamíferos (con descenso de la testosterona) pero la activación de la agresividad en las hembras puede observarse incluso en los pavos: su función es defender el nido. la agresión es ahora más necesaria que nunca.
Naturalmente la alta agresividad y las tareas de crianza y amamantamiento (rutinas zombies ambas) se llevan bastante mal y entran en conflicto, el resultado puede ser una depresión o el conocido y tan frecuente post partum blues (tristeza despues del parto) o la psicosis postparto.
De manera que es muy probable que Eagleman tenga razón y la conciencia humana se desarrollara precisamente a causa de conflictos de antagonismo entre complejos y numerosos zombies que amenazaron en algún momento a nuestra especie, que pudo rescatarse a sí misma gracias a disponer de un parlamento grande que dio cobijo a muchos más zombies y más sofisticados que los que presentan pavos y gaviotas.












