Lionel Tiger y el placer

tiger

El valor de un placer (o del dolor) depende solamente de su intensidad y de su duración, y puede (por lo menos en principio) ser evaluada precisa y cuantitativamente.

Jeremy Bentham

Me costó mucho encontrarlo, me refiero al libro de Tiger sobre el placer editado en 1992 por Paidós. Al final el libro había sido descatalogado y no pude comprarlo, lo encontré de segunda mano – y en español- como no, en Internet.

Lo leí con pasión pero lo cierto es que aunque el libro contiene un buen catálogo y clasificación de los placeres que nuestra especie puede degustar y a los cuales somos extremadamente vulnerables, el libro no me terminó de gustar pues Tiger, un canadiense educado en una sociedad conservadora y bastante beata -Quebec- parece quedarse a medias , quizá por exigencias del guión o por miedo a ofender a sus lectores. Es por eso que sus opiniones no quedan ni claras ni suficientemente explicitadas, manteniéndose en todo momento un poco más acá de lo politicamente correcto.

En realidad el libro de Tiger es un libro sobre psicología evolucionista y donde el autor -antropólogo- toma muchas ideas de otros para intentar exponer su idea original de que el placer es ni más ni menos, algo que ha sido seleccionado positivamente por la evolución porque en tiempo ancestral dió premio evolutivo. Por ejemplo nuestra afición a los dulces procede del hecho de que lo dulce (usualmente las frutas) fueron señalizaciones de alimentos que en tiempos del paleolitico nos mostraban -a partir del sabor- una señal inconfundible de beneficio alimentario de ciertos nutrientes. Es cierto, en realidad nuestra especie es muy vulnerable a la ausencia de frutas y verduras frescas, algo que produce enfermedades como el escorbuto: el sabor dulce en este sentido nos informa sobre ciertos nutrientes necesarios para nuestra salud.

Precisamente de esta selección natural del placer procede nuestra vulnerabilidad al mismo, no sólo somos capaces de discriminar lo comestible de lo no comestible, sino que además nuestra especie es muy vulnerable a hacerse adicta a cualquier cosa que proporcione placer. Asi la glotoneria, es hoy en dia una “enfermedad” endémica en las sociedades opulentas, son precisamente los alimentos mas sabrosos, la grasa animal, la sal y los dulces los responsables de esta epidemia de obesidad, sindrome metabólico, arteriosclerosis, hipertensión y diabetes que abruma y preocupa a las autoridades sanitarias de occidente y la principal causa de muerte en los paises desarrollados. Lo que en un tiempo ancestral fue selección “natural” precisamente por su valor energético, hoy deviene veneno precisamente porque las condiciones de aquel consumo han variado.

Por ejemplo, el hombre primitivo adquiría el azúcar de las frutas, pero cuando se inventó el azúcar de caña y el refinado, la cosa cambió, pues nuestro organismo no está adaptado a consumir azúcares refinados sino solo a los dificiles azúcares de las frutas, dificiles de adquirir y de alguna forma no siempre disponibles en la naturaleza, que los guarda para la fruta madura, un bien perecedero.

Sin embargo el capítulo que más me interesó fue el dedicado al placer sexual y sobre todo a una cuestión primordial. ¿Por qué el placer sexual es peligroso para la comunidad? ¿Por que existen controles y castigos a veces tan duros sobre el mismo? ¿Qué tiene de peligroso el placer sexual para inventar prescripciones como el pecado, una prohibicion religiosa, el adulterio, una juridica, las prácticas politicas eugenesicas en China (la prohibicion de tener mas d eun hijo), la persecución de la homosexualidad o las prácticas abominables como la infibulación?

¿Qué hay en el sexo de peligroso?

Tiger se hace esta pregunta en numerosas ocasiones en su libro pero no contesta a ninguna salvo para invocar ciertos clichés evolutivos como la imposibilidad del hombre para conocer la filiación de sus hijos (algo que ya sabemos desde el arituclo de Daly y Wilson) y que explica porqué los celos masculinos son más frecuentes y malignos que los femeninos. Los hombres tenemos -segun Tiger- horror a “los cuernos” y a que nuestros hijos no sean en realidad nuestros hijos, pero personalmente no me encuentro satisfecho con esta explicación que no termina de poner el dedo en la llaga respecto a la cuestión principal que es ésta de abajo: y que está relacionada con la sempiterna persecución social y politica de los disidentes sexuales:

¿Tiene derecho el Estado a inmiscuirse en los placeres privados de sus ciudadanos?

¿Deberia el Estado prohibir el tabaco, las corridas de toros, el boxeo o las hamburguesas, por nombrar algunos de los placeres mas relevantes no sexuales?

¿Deberia el Estado prohibir el sexo extramarital o el sexo antes de la edad de 18 años como se hace -infructuosamente- con el alcohol?

Respecto a esta pregunta hay dos clases de opiniones: los que creen que si lo tiene y los que creen que cada persona es soberana con su cuerpo. No sé si los primeros coincidirán con el “conservadurismo” y los segundos con el “progresismo”. Lo que es seguro es que los segundos están más equivocados que los primeros.

Y no solo están equivocados sino que además practican cierto grado de vanidad anarcoide. Quizá usted sea de los que piensa que el Estado no deberia perseguir el consumo de drogas (sobre todo de las llamadas blandas) pero está en contra de las corridas de toros. Quizá usted pretenda un aborto libre (hago lo que quiero con mi cuerpo) pero esté en contra de que no le dejen fumar en los bares.

Dicho de otro modo, no hay un consenso universal sobre lo que el Estado puede o no puede regular y no lo hay entre otras cosas porque no existe una taxonomía del placer. precisamente este es el mérito de Tiger. Su libro nos proporciona una guia perfecta de qué cosas nos producen placer y qué diferencias hay entre unos placeres y otros. Por qué hay placeres públicos que se pueden y se deben regular y por qué existen placeres privados donde el Estado tambien tiene la obligacion de entrometerse. ¿Quien estará en contra de que hay que coartar el placer de maltratar a la esposa, hoy o de violar niños aunque se haga de puertas para adentro?

Los placeres no son todos iguales, los hay fáciles y difíciles, los hay que interfieren en una vida social y otros que no, los hay que son letales para la comunidad y otros que son indiferentes para el colectivo. Es más, hay personas que pueden navegar por distintos placeres sin caerse por la grieta de la adicción o la enfermedad mental y otros que son victimas seguras, hay placeres discretos, reservados y consensuados y otros que saltan a la primera página de los periódicos como la pederastia o driractamente a la UVi como las sobredosis de heroína. Otros como la visualización de sentencias publicas de muerte han sido ya abolidas al menos en el mundo occidental.

Pero eso no debe apartarnos de una verdadera nosografia del placer: la sangre, las ejecuciones publicas o las peleas a muerte son placenteras. Y de ahi que el Estado y no la moral privada haya intervenido ya para calificarlas como inaceptables.

Hay placeres que son compatibles con una vida ordenada y sensata y placeres que interfieren gravemente en la autonomía y autodirección de las personas que los practican, hay placeres que producen traumatismos de por vida -sobre todo aquellos que tienen que ver con la violencia sexual- y placeres que no dejan mas que una huella nostálgica y bienhechora.

En un post anterior me referí a los placeres fáciles y los placeres más elaborados, aquellos que procuran algun tipo de noesis o nuevo conocimiento y que se relacionan o bien con la sociabilidad o bien con el aprendizaje. Distinguia allí entre el concepto de recompensa cerebral y placer. Y más allá de eso y por decirlo con palabras de Lacan, entre placer y goce.

Entre el placer y el goce existe una barrera de discontinuidad, la misma que existe entre el placer y la simple recompensa del cerebro. Tiger no contempla esta distinción entre placeres fáciles y goces elaborados y es por eso que no puede ir más allá a la hora de explicar el porqué algunas cosas que parecen diseñadas para provocar dolor o la aversión convocan el placer.

Y habla precisamente del sadomasoquismo como ejemplo de una actividad sexual placentera tanto para el que ejerce el papel dominante como para el miembro sumiso de la pareja. Y lo explica recurriendo a la idea de Eibl-Eibestenfeld de fusion de programas. En efecto el zombie, o módulo de la agresión y el zombie o módulo sexual participan de un mismo circuito neurobiológico. La cópula sexual es un acto de afirmación para el hombre y un acto de subordinación para la mujer, no hay cópula sin agresión o al menos con un mínimo simulacro de la misma. No hay sexo sin fechoría dice Bataille, refiriéndose al sexo que busca el placer y no solo la reproducción.

Dejando a parte los casos extremos es obvio que dominar o ser subyugado provocan un placer que está más allá del placer, un goce en el sentido lacaniano y si nos situamos más acá del sexo consensuado, es obvio que el Estado no tiene nada que decir acerca de la privacidad de las relaciones sexuales, tampoco en aquellas que hoy no consideramos delitos como la homosexualidad, el travestismo o el fetichismo. caso contrario es el de la pederastia, la violación, el abuso de menores sea o no incestuoso, etc.

Dicho de otra manera el Estado interviene de oficio en aquellos placeres individuales que han cruzado la linea roja de lo tolerable socialmente. ¿Cual es el criterio?

El criterio es un criterio social: aquello que las sociedades consideran intolerable es al final lo que el Estado sanciona no sin una cierta hipocresía o confusión. Por ejemplo, hoy se considera intolerable conducir ebrio pero no se sanciona la bebida alcohólica, del mismo modo consumir drogas no es delito sino venderlas o traficar con ellas, lo mismo sucede con la prostitución: no es delito buscar y pagar prostitutas pero si ejercer la prostitución en según qué lugares, el alcohol se puede consumir en lugares cerrados pero no en la via pública, el aborto se puede practicar en el primer trimestre pero no más allá, el cinturón de seguridad es obligatorio como asi el casco para los motoristas, maltratar animales es delictivo pero no las corridas de toros o las carreras de galgos, etc.

De manera que el Estado va entrando de puntillas en nuestros dormitorios y en nuestras cocinas amputando placeres de nuestra vida sin que seamos demasiado conscientes de ello, lo cual no significa que ciertas “aficiones” hayan desaparecido. es dificil renunciar a un placer sobre todo si ya se ha gozado, de manera que en el próximo post abordaré precisamente esta cuestión.

¿Hasta donde puede llegar el Estado en su afán regulador de los placeres individuales?

Y en cualquier caso ¿seria efectiva su intromisión?

¿Hay que proteger a los imprudentes y a los vulnerables de sí mismos?

El detector de humos

humos

La teoria o hipótesis del detector de humos es un constructo teórico propuesto por Randolph Nesse (Nesse 2001) para explicar como funcionan nuestras alarmas neurobiológicas a fin de defendernos de ataques bien diversos, como tóxinas alimentarias, ataques de microorganismos, ataques de depredadores, peligros procedentes de fenómenos naturales y diversos siempre entendidos en clave ancestral. Lo interesante de este planteamiento es que aunque estas amenazas hayan desaparecido de nuestro entorno inmediato dichos detectores de humos siguen funcionando “como si” aquellos peligros se encontraran aun en nuestro medio ambiente y aún: funcionan siempre optimizando sus resultados, es decir “más vale que la alarma salte sin fundamento que salte demasiado tarde, tal y como conté en este post.

Vivimos pues alarmados.

Nombraré ahora algunas de las alarmas más conocidas, como la tos (que sirve para despejar nuestras vias respiratorias de cuerpos extraños), la fiebre que es una buena defensa contra las invasiones microbianas, la ferropenia (que tiene la misma función de defensa frente a infecciones), el vómito o las nauseas que nos defienden a nosotros o a los fetos de toxinas alimentarias, la fatiga que nos invita a no consumir energias en malos tiempos, el pánico que desata una reacción de huida, el estornudo que expulsa de las fosas nasales irritantes o tóxicos, etc.

Como el lector habrá observado las alarmas que acabo de nombrar tienen una característica especial: son  bastante toscas, si por toscas entendemos la gruesa forma en que se manfiestan. Son por asi decir domésticas, y todos las hemos experimentado alguna vez e incluso hemos ido al médico para suprimir algunos de sus efectos perniciosos. Efectivamente la tos es una adaptación pero tambien puede estar señalando una neumonía, el vómito lo es sin duda pero tambien puede ser el síntoma de una pancreatitis y la fiebre cuando se da en un niño pequeño nos obliga casi siempre a acudir alarmados a urgencias porque aunque la fiebre sea un mecanismo ancestral para defendernos de las infecciones, ella por sí misma puede provocar crisis epilépticas.

Dicho de otra manera el mecanismo (la alarma) que se enciende en nuestro organismo para defendernos de cualquier cosa puede devenir en un problema por sí mismo, si la fiebre es demasiado alta o prolongada, si la tos es demasiado intensa o el vomito demasiado profuso, ellos por si mismos pueden provocar o ser sintomas de enfermedades.

Pero nuestro sistema de defensa no termina en estos mecanismos toscos y macroscópicos sino que mas allá de eso se integran en un cluster psico-neuro-endocrino-inmunológico. Para conocer más sobre la jerarquización de las alarmas neurobiológicas dirijo al lector a este enlace donde podrá leer un articulo mio sobre este asunto. Francisco Traver: bulimia, somatización, conversión. O bien este post que es una versión resumida del articulo susodicho.

Suponga usted que esta plácidamente viendo su programa favorito y un ratón aparece en la habitación. ¿Cual será su reacción? Bueno, lo lógico (y más si es usted mujer) es que tenga una crisis de pánico y salga huyendo dando instrucciones a su marido para que busque la escoba. Nótese que la alarma activada es mental (psíquica) y la reacción es conductual y está destinada a huir del ratón. Una vez el ratón ha desaparecido o ha sido muerto por el valiente caballero que comparte sofá con usted, la alarma enmudece y usted ya no vuelve a tener miedo, aunque este miedo podrá ser activado la próxima vez, pues su cerebro guarda copia de la acción eferente.

Seria absurdo -ustedes estarán de acuerdo conmigo- en que en una situación asi usted tuviera diarrea, o tos, pues la diarrea o la tos en ese momento no le permitiria correr que es de lo que se trata cuando se huye de un depredador. tampoco seria de recibo que usted tuviera dolor en una pierna o una fatiga extraordinaria o se pusiera a estornudar. Existe una relación causal entre la amenaza y la alarma activada. En este caso el miedo pone en marcha la reacción de huida.

Pero las cosas no siempre funcionan asi, sino que en ocasiones al disparar una respuesta de pánico, el pánico se queda a vivir con nosotros. Es como si, nuestro cerebro no pudiera desprenderse de la alarma que se disparó sin depredador alguno y que ahora parece que se ha pasado de rosca saltando sin motivo. Esta es precisamente la frontera que existe entre las emociones adaptadas y la disadaptación que acaece en la patología. Tener una respuesta de pánico al tener como conterturlio un ratón es comprensible y supone una adaptación pero tener pánico cuando uno va por la calle sin peligro alguno que enfrentar es patológico, hablamos entonces de un trastorno por pánico.

Es como si la mente se hubiera reconfigurado de forma autónoma en torno al miedo y toda ella respondiera automáticamente en ausencia de amenaza alguna o bien que respondiera ante amenazas simbólicas. Un mecanismo seleccionado para evitar los peligros (el daño) se convierte a su vez en un problema.

Es por eso que algunos autores hablan de un sistema inmunitario conductual (Shaller y Duncan 2007) como equivalente de las alarmas que suenan en otros niveles de definición.

Un ejemplo de una alarma mas sutil, es el dolor llamado neuropatico. El dolor es mitad sensación y mitad emoción y en realidad se configura en el cerebro. No cabe duda de que tiene una enorme importancia adaptativa, no tanto para evitar los peligros sino para que una vez recibidos los daños el organismo tome algunas decisiones sobre su cuerpo a fin de evitar males mayores. El dolor provoca ciertas reacciones conductuales la mas importante de las cuales es la inmovilidad, ganar tiempo para que las cosas mejores y evitar daños peores. El problema es que puede haber dolor en ausencia de daño, del mismo modo que puede haber pánico en ausencia de amenaza o vómito en ausencia de tóxico.

En estos casos es posible especular que nuestro detector de humos se ha estropeado y es necesario reconfigurarlo a fin de que deje de sonar. ¿Pero como se las arregla nuestro detector de humos para saltar en ausencia de peligro?

Hablaremos en un proximo post de esta cuestión a propósito del extraño caso de la fibromialgia y su prima hermana: el sindrome de fatiga crónica.

Bibliografía.-

Nesse RM. The smoke detector principle – Natural selection and the regulation of defensive responses. Ann N Y Acad Sci 2001; 935: 75-85.

El nuevo desorden alimentario

setas

Hace pocos dias un amigo mio salió de excursión al monte en busca de setas. Iba acompañado de un asesor que al parecer tiene un restaurante y se declaraba experto en setas. No encontraron lo que buscaban, rovellones o níscalos pero si, otras setas de una especie -al decir del experto- comestible.

Al llegar a su casa mi amigo entregó el cesto a su esposa que se dispuso a prepararlas para la cena. El caso es que ambos se intoxicaron con ellas, llevando la peor parte mi amigo que no supo, pudo o quiso vomitar cuando empezó a sentirse mal, cosa que sí hizo su esposa.

Mi amigo terminó en el Hospital con una intoxicación por setas que afortunadamente no revistió mayor gravedad aunque permaneció en observación durante 24 horas.

Comer es pues peligroso, tal y como comenté en el post anterior. Y no sólo peligroso sino que es posible afirmar que la alimentación es una de las principales fuentes de sufrimiento psíquico, del mismo modo que supone el sexo, el trabajo, el dinero o la familia.

Sufrimos por tener demasiada comida y tambien -vale la pena recordarlo-  por lo contrario: por la falta de comida. Pero no son sólo los excesos o los déficits de comida las principales fuentes de sufrimiento ligados a la alimentación sino la dificultad que tenemos los humanos en saber qué comer.

Tal y como sucedió en el caso de mi amigo intoxicado por las setas, saber qué comer no es algo que nos venga de serie sino algo que hay que aprender. Es por eso que existen expertos (aunque se equivoquen), aunque lo mejor sería decir que es por eso que existe la tradición gastronómica de cada región o pais. Una dieta culturalmente transmisible.

Sin esa tradición, los humanos todavia sufriríamos más y nos hariamos un lío terrible sobre qué comer pues el dilema que se nos plantea a los omnívoros es que podemos comernos cualquier cosa y quizá por eso estamos dotados de un apetito insaciable pero que a diferencia del resto de los animales no sabemos reconocer los alimentos buenos de los malos, lo comestible de lo incomestible, lo nutritivo de lo tóxico.

El koala por ejemplo no tiene que plantearse este dilema: se alimenta de hojas de eucalipto. No sabe nada, ni tiene una cultura, ni una tradición anti o pro-eucalipto. No se plantea probar otra cosa, simplemente “sabe” que el eucalipto es su comida y eso hace: comerse su hojas sin plantearse una extensión de su dieta.

Y en el pecado está la penitencia: pues el koala está destinado a no salir de su nicho vegetariano ancestral, sus dias están, pues, contados. a partir precisamente de su extrema dependencia de sus eucaliptos. La diferencia con los omnívoros es pues abrumadora, baste recordar el éxito reproductivo de las ratas o de nosotros los sapiens, bien adaptados a cualquier tipo de hábitat precisamente a causa de nuestra disponibilidad infinita para alimentarnos de casi todo.

La desventaja de ser omnívoro, sin embargo procede de la dependencia cultural de nuestra alimentación. No podemos fiarnos nada del gusto ni del olor como hacen otros animales pues abandonados en manos de nuestro sensorio nos atiborramos de dulces y de sal. No deja de ser paradójico que nuestra alimentación no venga forzada por nuestras necesidades dietéticas sino por nuestras preferencias y aversiones que en cualquier caso no señalan en la dirección de nuestras necesidades sino de nuestra estereotipia alimentaria.

Probablemente porque en nuestra especie la comida no es sólo alimento sino también y sobre todo una experiencia emocional. No deja de ser curioso que el gusto y el olfato se encuentren tan relacionados: olemos los alimentos de forma anterior y de forma retronasal y alli los estímulos olfativos de los alimentos hacen un recorrido neurobiológico insólito.

A diferencia de los estímulos visuales no pasan por el filtro del tálamo, donde podemos identificarlos sino que van directamente al sistema límbico donde se asocian directamente con las emociones. De tal modo es posible afirmar que el gusto por un determinado alimento -como la madalena de Proust- nos desembala ciertos recuerdos agradables o desagradables, asi como las emociones vinculadas con ellos. Y lo hacen de forma directa, es decir sin filtros. Dicho de otra manera: el gusto por determinados alimentos o la aversión por los mismos no es de orden biológico sino simbólico.

Y de ahi la importancia de la tradición, es decir de que exista una dieta culturalmente establecida: una prescripción y una prohibición cultural para regular nuestra alimentación.

Prescripciones y prohibiciones alimentarias.-

Las dietas tradicionales nos dicen qué hemos de comer y si nos lo dicen es porque abandonados a nuestro gusto no hariamos otra cosa sino comer aquello que no debemos e intoxicarnos con glucosa, grasa o sodio. Pero la tradición no solo interviene en qué hay que comer, sino tambien en cómo hemos de hacerlo: no se debe picar entre comidas, comer solo, deprisa o en el coche. Hay que hacer tres o cuatro comidas al dia y variar la dieta durante el dia, si por la mañana comemos hidratos de carbono, es mejor dejar las proteinas para la noche, etc.

No debemos renunciar a aquellas cosas que más nos gustan como por ejemplo sucede con el chocolate sino consumirlos en pequeñas cantidades y no darse atracones nunca, a fin de intentar asociarlo con otras redes neuronales distintas a las ya organizadas. Si el hecho de comer depende tanto de las emociones y de las asociaciones proustianas que podamos establecer es obvio que debido a la plasticidad de esas conexiones podemos reescribirlas de nuevo, pues no hay que olvidar que cuando un recuerdo se evoca se reescribe. Restringir un alimento que nos apasiona solo consigue el efecto contrario: que lo añoremos hasta constituirse en una especie de “antojo”. Aqui hay un articulo que describe el “craving” que las ratas desarrollan con los pasteles de chocolate.

Los antojos representan precisamente esta asociación entre emociones y gustos. La embarazada que pide a las cuatro de la mañana un helado no tiene necesidad alimentaria alguna en comer dulces sino en sentirse querida y atendida por su marido, del mismo modo en que sintió querida por su padre aquella tarde en que papá le compró un helado. La complejidad emocional de los seres humanos aparece en forma de avidez, una paradoja para la neurociencia en el sentido de que el helado de la embarazada no representa ningun valor nutritivo especial pero desencadena una cascada de recuerdos y emociones.

Vale la pena recordar ahora el cuento de los Hermanos Grimm, titulado Rapunzel sobre las peripecias de un marido que roba las lechugas-antojos de su mujer embarazada a una bruja.

Lo cierto es que si nuestra alimentación depende tanto de la cultura puede predecirse que la alimentación de nuestros coetáneos estará presidida por un fuerte desorden, un desorden que procede precisamente de las amenazas que se ciernen sobre la tradición, sobre los alimentos que consumimos y la manera en que lo hacemos.

Un desorden que abarca tanto la patologia alimentaria (anorexia, bulimia, pica) como la preocupación por los alimentos que consumimos, la obesidad y las plagas de la hipertensión, la diabetes y todos los problemas cardiovasculares que se asocian con ella y la moralización secundaria a ciertos hábitos alimentarios de los que hablé ya en el post anterior.

Comer solos, comer comida muerta (procesada), congelada, comer deprisa, de pie o en el coche, picar entre comidas, atiborrarse de dulces. El microondas ha sustituido a la mamá tradicional y la comida precocinada (muerta) ha sido entronizada en hogares despoblados donde nadie oficia ya el rito de la alimentación y todos se sirven a sí mismos desde el frigorifico sin coincidir acaso nunca en la mesa con ningun otro miembro de la familia.

Este es el nuevo desorden alimentario que preside nuestros opulentos hogares. Si Freud viviera hoy es seguro que no le daria tanta importancia al sexo -que en realidad precisa siempre de un otro- como de la comida que se ha convertido en una actividad solitaria y masturbatoria para los ciudadanos opulentos.

La opulencia ha roto pues los mecanismos de regulación alimentarios, es posible explicar que exista mucha preocupación por las dietas, por la comida, por el ejercicio y la salud.

La perdimos cuando abominamos de la tradición como reguladora de nuestra dieta. Pues si la religión ni la tradición gobiernan nuestro apetito sólo queda una agencia para hacerlo: el mercado.

Bibliografia.-

Paul Rozin: The selection of food by rats, humans and other animals.

 

Los dilemas de la moral (I)

Para Sigmund Freud la moral era una especie de instancia intrapsíquica a la que llamó Superyó.

El Superyó a su vez tenia dos hijos, el “Yo ideal” y el Ideal del Yo”. El Yo ideal representa a lo imaginario en el principio del placer ( es ideal en tanto en cuanto coincide con mis deseos, incluyendo a cómo me imagino los deseos de los demás), el Ideal del Yo sin embargo es algo impuesto que procede de un lugar ajeno al principio del placer y que contiene censura por parte de alguna instancia extrapsíquica.

Naturalmente Freud no conocía nada de psicología evolucionista y no sabía que en realidad la moral habia evolucionado como un constructo social destinado a limitar los beneficios del egoísmo individual (el principio de placer individual), uno de los problemas que todas la comunidades humanas han tenido que soportar desde el principio de los tiempos: lo que es ideal para el individuo puede ser letal para la comunidad.¿Cómo hacer a los grupos humanos laboriosos, cooperativos y cohesionados?

La moral emergió basicamente para controlar la conducta de los demás, pero no la conducta propia, y es ahi donde Freud se equivocó al situal al Superyó como un homúnculo interno hipervigilante. La verdad es que la mayor parte de los transgresores no reconocen su transgresión ni aun después de haber sido castigados por ella.

La forma en que controlamos la conducta ajena es diversa, por una parte están los códigos penales de los Estados modernos, antes códigos religiosos, pero tambien existen códigos no escritos de costumbres y usos, pragmáticos y no escritos destinados a regular las relaciones de unos con otros: el ninguneo social, el exilio emocional, el descenso de contractualidad social o la muerte civil son algunas de las condenas que estigmatizan a los incumplidores, y eso que hemos convenido en llamar reputación es su defensa.También existe otra forma más doméstica de controlar a los tramposos: el cotilleo, que algunos autores han correlacionado como un factor de salud mental (Brown 1991) y sobre todo un absoluto antropológico.

Es así como solemos enterarnos de quién y qué instancias morales ha transgredido nuestro vecino y de ahi que algunos autores supongan que cotillear es una tarea que ha evolucionado desde edad ancestral hasta nuestros dias debido a que contiene una ventaja social: la de señalar a los transgresores y burlarse de ellos con el fin de censurarlos publicamente o disminuir su rango o prestigio.

Lo cierto es que la moral es una forma de inteligencia emocional y no una categoría que se tiene o se carece de ella, además es una instancia dimensional y no categorial tal y como conté en el post anterior. Al ser dimensional es frecuente que existan contradicciones y antagonismos entre ciertas dimensiones y otras. El ejemplo más frecuente es el de aquella persona conservadora que abomina de la infidelidad matrimonial pero es capaz de sustraer recursos colectivos a través de ciertas formas de corrupción. O el de aquella persona progresista que está a favor del aborto pero en contra del maltrato a los toros en la llamada “fiesta nacional”.

De manera que para comprender mejor estos antagonismos y contradicciones vamos a repasar los cinco pilares de la moralidad descritos por Haidt, recordando que los dos primeros responden  a una ética individual (la etica de la autonomía), los dos segundos a una ética comunitaria o colectiva y el último a una ética de la divinidad o por decirlo de una manera más comprensible, una ética de lo sagrado.

Dimensiones de la ética individual.-

1.- Daño-cuidado. De todas las dimensiones de la ética, la del daño-cuidado es la que recoge un mayor numero de consensos. El 90% de la población estaria de acuerdo es que es bueno cuidar de los enfermos, los ancianos, los necesitados o los niños, asi como que es malo hacer daño a los demás, incluyendo a los daños que se inflingen de forma gratuita a los animales o al medio ambiente como quemar bosques, etc.

Algunas personas como las que nombré en el post anterior han edificado su moral alrededor de esta fundación o dimensión y se han especializado en el cuidado de otros o bien temen el daño propio o el ajeno, elaborando toda una teoria cognitiva alrededor del daño y el dolor o el sufrimiento ligado a la responsabilidades adquiridas por estos mandatos.

Los problemas morales que suelen atormentar a estas personas son los temas del sacrificio individual y los dilemas que proceden del altruismo: “o yo o él/ella”.

2.-Justicia-equidad.- Venimos al mundo equipados con una fuerte sensibilidad a las injusticias y que procede del hecho de que bien pronto en nuestro desarrollo empezamos a compararnos con lo que otros tienen u obtienen, principalmente comparándonos con nuestros hermanos. Desarrollamos asi y de manera muy precoz un catálogo de injusticias percibidas con meridiana claridad. Lo curioso de esta percepción es que parece estar diseñada más bien para detectar las injusticias siempre y cuando nos perjudiquen a nosotros, pero somos ciegos para percibir aquellas que nos benefician. Asi pues, la ética de la justicia-equidad es poco de fiar y aunque representa fundamentalmente los derechos individuales lo cierto es que cuando nos confronta con los derechos de otros comienzan a aparecer las discrepancias.

Hay quienes son más “justicieros” que otros y hay quienes pelean por la igualdad toda su vida, algo que divide a las personas en dos grandes grupos: aquellos que prefieren la libertad y aquellos que prefieren la igualdad. Lo cierto es que libertad e igualdad son valores contradictorios y que dividen a la población en dos grandes grupos, aqui comienzan a haber distinciones y diferencias éticas entre unos y otros. En este post analicé precisamente esta cuestión y la relacioné con el proceso democrático que vivimos en España. Y como se puso fin a la dictadura eligiendo la libertad frente a la justicia.

En los Estados modernos existen muchas injerencias sobre la libertad individual, piense usted por ejemplo en la obligatoriedad de vacunarse contra la gripe en una supuesta epidemia o en abrocharse el cinturón de seguridad cuando conducimos. ¿Tiene el Estado derecho a meterse en estos asuntos?. Si usted valora más la igualdad dirá que si y si valora más su libertad dirá que no.

Paradójicamente esta escala de valores sufre algunas modficaciones en cuanto a gustos, por ejemplo los conservadores defensores de la libertad estarán de acuerdo en prohibir el uso y venta libre de drogas mientras los progresistas defensores en otro lugar de la equidad manifestarán quizá su tolerancia al uso libre de las mismas.

De manera que los consensos casi universales que se obtienen en la dimensión daño-cuidado parecen haberse roto en esta segunda dimensión: aqui ya no hay tanta homogeneidad ni acuerdos sobre qué conductas individuales son morales o no.

Como veremos a continuación en la proximas dimensiones todavia hay menos razones para el consenso.

Dimensiones éticas colectivas.-

3.- La dimensión lealtad-traición.-¿Hasta que punto estamos obligados a permanecer leales a las reglas de nuestro grupo de pertenencia? ¿hemos de seguir las reglas que nos marcan nuestros padres, nuestra etnia, pueblo, nación o cualquier otro colectivo al que pertenecemos? ¿Dónde queda pues nuestra libertad?

¿Hemos de renunciar a nuestros deseos de pertenencia para ser libres?

La mayor parte de la gente se adhiere de una forma casi “perruna” a los hábitos que aprendieron de niños a los que dan por buenos sin ninguna critica, salvo cuando interfieren con sus planes y entonces se permiten echar una cana al aire.

Uno de estos dilemas morales es el tema de la fidelidad a nuestra pareja. ¿Debemos renunciar a tener relaciones sexuales con otro/as solo por el hecho de estar casados o emparejados? ¿Qué grado de compromiso moral tenemos con nuestra pareja?

Se trata de un dilema muy frecuente y que da lugar a mucho sufrimiento e incluso patología. Lo cierto es que se trata -en cualquier caso- de una trangresión muy frecuente, tan frecuente que hemos desarrollado no sólo estrategias de cotilleo para desviar la atención del dilema a otras cuestiones sino que todos (los hombres más) somos complacientes con las escapadas.

Lo cierto es que la monogamia y el amor romántico son una imposición social. En realidad evolutivamente hablando somos bastante parecidos a los bonobos, pero tambien es cierto que una sociedad con libertad sexual total no hubiera sido capaz de medrar tanto como la nuestra. Se impuso pues alguna restricción para saber quién era el padre de quién y otras restricciones para que las mujeres tuvieran asistencia por parte de un grupo familiar potente y cohesionado que pudiera tomar el relevo ante la posible desaparición del hombre.

La libertad y la pertenencia son pues polos en continua dialéctica, existe pues también una ética de la traición, fundacional en los humanos.

4.-La dimensión autoridad-sumisión.- No cabe ninguna duda de que estamos insertados en una sociedad fuertemente jerarquizada y donde la distribución de oportunidades, riqueza, poder y distintas prebendas ofrecen un modelo de pirámide cuya base está ocupada por una mayoria de personas desprovistas de bienes y que en cuya cuspide una pequeña minoria. Desde el punto de vista evolucionista la pregunta seria la siguiente nuestras mentes están estructuradas “con anterioridad a la experiencia social” para la jerarquía o para la igualdad?

Aqui existe un debate interesante porque los datos antropológicos de los que disponemos son más bien confusos, como puede verse en este gráfico, en tanto en cuanto a nuestra procedencia ancestral parece que nuestros origenes simiescos están relacionados con una fuerte jerarquía, sin embargo con el tiempo estas jerarquías fueron debilitándose y convirtiéndose en una sociedad mas igualitaria y cooperativa.

Pero en el Neolitico, la cosa comenzó a torcerse y la curva de la jerarquía comenzó de nuevo a crecer hasta nuestros dias. Todo parece indicar que la aparición de la agricultura y la acumulación de excedentes alimentarios supusieron un cambio radical en las sociedades de cazadores-recolectores, un cambio que precisó de nuevas reediciones de las antiguas jerarquías a fin de asegurar la convivencia. Naturalmente este hecho es interpretable.

En cualquier caso, todo parece indicar que nuestra mente está tan acostumbrada a las jerarquías como a detectar los abusos de la misma, tal y como podemos leer en este post. Algo que nos amarga la existencia a todos con continuos conflictos con la autoridad a la que siempre percibimos como abusiva, incapaz o incoherente.

Etica de la divinidad.-

Pureza-santidad.-La etica de la divinidad o de lo sagrado existe porque existe descomposición, degradación y corrupción en las cosas y hemos desarrollado profundas defensas de repugnancia frente a las mismas, incluyendo la repugnancia moral. Defensas que son inconscientes y fuera de toda lógica racional, se trata de una repugnancia que procede de las tripas y no de la razón, razones que buscan la recomposición, la integración de los restos y los detritus. Es por eso que a esta fundación se le conoce como ética de la divinidad o de lo sagrado, pues opera con entidades incomensurables, invisibles, con algo que se situa mas allá de la reflexión o del raciocinio.

Por eso pueden existir repugnancias morales y no sólo alimentarias, pues ha habido un proceso de moralización y de desmoralización en la genealogia de nuestra concepción de la moral. De ello hablaré en el próximo post.

Nota liminar.-

Para quien quiera cotillear sobre las puntuaciones que obtuve en yourmorals.org, el test de Haidt sobre moralidad puede verlo aqui. En verde están mis puntuaciones comparadas con una población de progresistas (azul) y de conservadores (rojo). Como se puede observar no encajo demasiado con los estandares politicos de nuestro tiempo, cosa que no me ha sorprendido demasiado por el carácter estereotipado de las etiquetas “progresista” o “conservador” diseñadas para la población USA.

La hipótesis de la competencia sexual en los trastornos alimentarios

Riadh T. Abed, es un psiquiatra inglés que pertenece al Departamento de Psiquiatría del Hospital General de Distrito Rotherham,  y es profesor clínico de Honor de la Universidad de Sheffield. Ha sido citado por mí en innumerables ocasiones en este blog, al menos en este post.

Su concepto de “competencia desbocada” (runaway) es clave para entender como los extremos de esta estrategia dan lugar a los trastornos alimentarios.

El objeto de este post es dar a conocer el artículo que le hizo famoso, muy citado por todos los que nos dedicamos a los trastornos alimentarios, se trata de una hipótesis evolutiva sobre el origen de los mismos y que he traducido del inglés de la mejor forma que he podido para dar a conocer su trabajo.

Resumen.-

Se presenta una hipótesis  para los trastornos de la alimentación, basada en la teoría darwiniana, que afirma que estos síndromes, junto con el fenómeno de la búsqueda de la delgadez son manifestaciones de la competencia intrasexual femenina. Se sugiere que los trastornos alimentarios derivan de la adaptación psicológica de la hembra humana de preocupaciónes acerca de su atractivo físico, un componente importante a fin  de “atraer a una pareja” y también para retenerla. Se argumenta que el entorno actual de los países occidentales presentan una serie de condiciones que han dado lugar a la activación excesiva o la interrupción de la arcaica estrategia femenina sexual de maximizar el “valor de la pareja”. La hipótesis actual ocupa el último nivel de la causalidad y por lo tanto es compatible con una amplia gama de teorías de la causalidad próxima. Aunque la hipótesis actual no es directamente verificable, hace predicciones que sean comprobables y refutables. Por último, se sugiere que la hipótesis de competencia sexual tiene más poder explicativo que las actuales teorías de la evolución de los trastornos alimentarios.

El articulo.-

La ciencia evolutiva ha hecho pocas incursiones en la psiquiatría a pesar de que más de 130 años han pasado desde que el Origen de Darwin apareció. Mientras que se han hecho un sinnúmero de intentos en la reformulación del concepto de enfermedad mental utilizando la teoría de la evolución (véase Price, 1967; Demaret, 1991a &b; Wakefield, 1993; Nesse y Williams, 1995; Stevens & Price, 1996; Baron-Cohen, 1997 ), y algunas hipótesis interesantes se han sugerido en el área de los trastornos afectivos (véase Gilbert, 1992; Price, Sloman & Gardner et al 1994), la esquizofrenia (ver Crow, 1995) y los trastornos de ansiedad (véase Beck, Emery y Greenberg, 1985 ; Marks, 1987) éstas permanecen fuera de la corriente principal del pensamiento psiquiátrico actual.

La teoría de la evolución ofrece a estas cuestiones una explicación de la causa remota, de la causalidad última, es decir la función de adaptación de un determinado rasgo o un órgano en el ambiente ancestral. Sin embargo, las hipótesis evolutivas son compatibles y coherentes con distintos niveles de de causalidad próxima. Tales explicaciones inmediatas se centrarán en las causas bioquímicas, fisiológicas inmediatas, de desarrollo, sociales y de otra índole para la expresión de una característica particular (Symons, 1987; Thornhill y Thornhill, 1987).

La hipótesis sobre los trastornos alimentarios que se presentan aquí se deriva de la teoría de la evolución de la sexualidad humana. La hipótesis actual se basa en la suposición de que, además de dar forma a los sistemas anatómicos, la selección también diseña las adaptaciones psicológicas y de comportamiento que son tan importantes para la supervivencia y el éxito reproductivo de los organismos (Lorenz, 1937, Dawkins, 1982).

Hipótesis:

La presente hipótesis se basa en las siguientes suposiciones:

1. En el ambiente ancestral, la forma femenina es un indicador fiable de la historia reproductiva de la hembra y por lo tanto su potencial reproductivo futuro.

2. La hembra núbil de formas delicadas es el producto de la selección sexual y representa la señal visual más deseable para los hombres. Además de la apariencia de “reloj de arena” el sello distintivo de la forma núbil es su delgadez relativa en comparación con las mujeres mayores.

3. Por primera vez en la historia de la conducta humana el apareamiento se ha disociado de la reproducción. Esto se ha asociado con una disminución progresiva de la fertilidad en los países industrializados. Por lo tanto, las mujeres cada vez más mayores han sido capaces de mantener o recrear la forma núbil.

4. Una serie de factores en el entorno de los países occidentales desarrollados presentan condiciones que aumentan la competencia femenina intrasexual.

Por lo tanto, la hipótesis de que:

a) La búsqueda de la (relativa) delgadez entre las mujeres de los países desarrollados es una manifestación del proceso de competencia femenina intrasexual en un entorno que contiene un gran número de mujeres pseudo-núbiles.

b) El trastorno de aparición tardía del comer (bulimia nerviosa) representa un proceso de competencia femenina intrasexual ‘fuera de control’. Se afirma que el trastorno de aparición tardía surge a través de la reactivación del programa “núbil” más allá de la edad de nubilidad como estrategia de “valor de pareja” cada vez mayor.

c) Las formas de aparición temprana de los trastornos de la alimentación (anorexia nerviosa) es un trastorno del desarrollo que se origina en la competencia femenina intrasexual por el que se establece la forma núbil a un nivel anormalmente delgado en respuesta al estímulo novedoso de mujeres pseudo-núbiles en el entorno de la mujer joven en un etapa crítica de su desarrollo (además de otros, en la actualidad, factores desconocidos).

En los apartados siguientes de este artículo se presentan los argumentos y pruebas en apoyo de los supuestos anteriores e hipótesis. Otras teorías evolutivas para trastornos de la alimentación se revisan brevemente y se contrastará con la hipótesis actual, del mismo modo se llevarán a cabo un número de predicciones en base a esta hipótesis..

La teoría evolucionista de la sexualidad humana y la estrategia sexual humana:

La selección natural y la selección sexual son los dos principales procesos que impulsan la evolución (Darwin, 1871). El proceso de selección sexual se produce a través de la competencia intra e inter-sexual.

Trivers (1972) ha demostrado que las estrategias sexuales masculinas y femeninas se pueden predecir a partir de la inversión mínima que cada sexo puede hacer en la descendencia resultante. Él predijo que el la inversión superior de la mujer la llevaba a demostrar cautela y alta selectividad en las estrategias de apareamiento, mientras que el sexo que invierte menos demostrará estrategias sexuales que son menos exigentes.

En los mamíferos, incluyendo los humanos, la inversión del macho es trivial en comparación con la de la hembra la que produce los -biologicamente caros- óvulos y se somete a un largo período de gestación y lactancia y en el caso de los seres humanos un período prolongado de cuidado durante la infancia y la niñez. Por lo tanto, las mujeres son un recurso limitado y escaso.

Sin embargo, la inversión parental masculina es alta en comparación con otros primates y mamíferos en general. Esto toma la forma de inversión a largo plazo en una hembra y su descendencia a través de la provisión de recursos y la protección, por lo tanto, han existido presiones selectivas que favorecen un cierto grado de discriminación en el comportamiento de apareamiento con estrategias a largo plazo sexuales  (Buss y Schmitt, 1993 ).

Sin embargo, es verdad que copular con muchas hembras pueden aumentar la aptitud reproductiva de un varón, mientras que lo contrario no es necesariamente cierto para las mujeres. Esto significa que una estrategia de apareamiento dual de la fidelidad y merodeo puede maximizar la aptitud de un varón humano (véase Dawkins, 1989).

La teoría sugiere que la competencia de esperma a la hembra humana también puede mejorar su estado físico a través de perseguir una combinación cuidadosamente equilibrada de estrategias de apareamiento de corto y largo plazo (ver Baker y Bellis, 1995; Baker, 1996). Esta estrategia mixta puede servir el doble objetivo de obtener,  ‘genes buenos “, al mismo tiempo asegurar la inversión continua de los padres de una pareja a largo plazo. Sin embargo, como la hembra hace que un nivel elevado de inversión asimétricamente en cualquier concepción posible, permanece en su interés de mostrar una mayor selectividad en la elección de la pareja en comparación con los varones.

De ello se desprende que los hombres tendrán que gastar mucha energía para competir con otros machos por el acceso sexual a las hembras reproductivamente activas. Las hembras humanas por otra parte no es necesario gastar mucho tiempo ni energía compiten por el acceso sexual a los varones debido al coste trivial que una cópula solo representa a cualquier hombre dado. Sin embargo, las hembras entran en competencia activa y vigorosamente con otras hembras por macho-compromiso (es decir, a largo plazo)  que, por su naturaleza, es limitada. Por lo tanto, la selección ha favorecido en las mujeres estrategias diseñadas para evaluar y obtener el compromiso a largo plazo, la fiabilidad y habilidades como padres en los hombres, además de una sensibilidad a las características relacionadas con el alto nivel socio-económico (Buss, 1989).

Estas distintas presiones de selección que hombres y mujeres han sufrido a lo largo de incontables generaciones, explica por qué la teoría evolutiva predice que los machos y las hembras han desarrollado diferentes estrategias sexuales. Por otra parte, la predicción de las diferencias de sexo en los ámbitos estrechamente relacionados con el sexo y el apareamiento se han apoyado por los hallazgos empíricos, por ejemplo, las diferencias sexuales en los celos (véase Archer, 1996; Buss, 1995; Buss, Larson, Westen y Semmelroth, 1992).

Nuestra comprensión de los procesos de atracción y elección de pareja han avanzado significativamente con la introducción del concepto de “valor de pareja” (véase Symons, 1987; Ellis, 1992). Este concepto se basa en la suposición de que los miembros individuales de una especie dada no tienen el mismo valor que los miembros del sexo opuesto como pareja. De ello se desprende que a medida que los hombres y las mujeres difieren en los rasgos que aumentan su valor de pareja, se hacen atractivos para el sexo opuesto, los sexos deberían divergir en sus gustos por elección de pareja y asi sucede en la realidad..

De acuerdo con este “valor de pareja” en el caso femenino está altamente correlacionada con su potencial reproductivo y por lo tanto los machos serán sensiblen a la evidencia visual de la juventud y buena salud ambos de los cuales son altamente relevantes para la fertilidad femenina (Buss, 1987).

En el caso masculino, sin embargo, depende más de la capacidad intuida y la voluntad de proporcionar recursos de protección y materiales. Sin embargo, los atributos como la situación económica, la dominación y la voluntad de invertir en la descendencia,aumenta “el valor de pareja ‘ en el hombre pero se trata de rasgos que no se prestan a una evaluación rápida y fiable a través de señales visuales y por tanto, la selección ha favorecido la selección de pareja de forma diferente y estrategias de atracción distintas para los hombres y las mujeres que están en el “mercado” sexual.

Por lo tanto, se supone que los machos y hembras no sólo muestran estrategias diferentes para atraer a una pareja,sino también muestran un patrón de género específico de respuesta a señales sexualmente significativas. Las diferencias de género en los patrones de excitación sexual se han demostrado en experimentos en los que hombres y mujeres fueron expuestos a estímulos eróticos visuales. Por ejemplo, cuando los hombres y las mujeres se mostraron películas de hombres o mujeres masturbándose, los hombres fueron excitados por las mujeres, pero no por los hombres. Los sujetos femeninos resultaron menos excitadas que los sujetos varones, pero mostraron una activación similar en las escenas “lésbicas” que en las heterosexuales” (Mosher y Abramson, 1977; Abramson y Mosher, 1979). Steinman, Wincze, Sakheim, Barlow y Mavissakalian (1981) llevó a cabo un experimento más elaborado que implica películas que representan la actividad heterosexual, la actividad homosexual masculina, el lesbianismo y sexo en grupo. Se obtuvieron ambos datos psicológicos y fisiológicos de todos los sujetos masculinos y femeninos. Los varones fueron excitados en orden decreciente por sexo en grupo, lesbianas y escenas heterosexuales. Los sujetos femeninos se excitaron en orden decreciente por las películas de lesbianas heterosexuales, y el grupo. Pero hubo menos acuerdo en las mujeres entre los datos fisiológicos y de auto-informe. Ni los hombres ni las mujeres fueron excitados por la película homosexual masculina. Así, mientras los hombres se excitaban constantemente por la desnudez femenina y la actividad sexual de las hembras ,no mostraron una respuesta similar a la desnudez masculina y la actividad sexual (discusión detallada de estos y otros datos relacionados se pueden encontrar en Symons, 1987).

Más datos sobre las diferencias de género en la estrategia sexual se puede encontrar en las encuestas sobre las preferencias de pareja en hombres y mujeres. En una revisión de Buss (1987) de 7 estudios más importantes que se han realizado entre 1945 y 1986 en los Estados Unidos, se encontró de forma consistente que el atractivo físico sigue siendo el atributo más valorado en una pareja de hombres, mientras que una combinación de la condición social, ganando la capacidad, la riqueza material y la ambición son los atributos más deseados por las mujeres de sus compañeros. Esta coherencia en los criterios de selección de la pareja durante los 40 años en cuestión está en marcado contraste con el considerable cambio en las normas sociales en muchas otras áreas de la vida en la mayoría de los países occidentales.

El concepto de Medio Ambiente de la capacidad de adaptación evolutiva:

Los diseños naturales son adaptaciones que se acoplan a ambientes específicos. Por lo tanto, las estructuras anatómicas, psicológicas y de comportamiento se desarrollaron para resolver el conjunto particular de problemas planteados por un entorno particular y será adaptativo para un tipo concreto de ambiente pero no para otro.

Por supuesto, el ambiente ancestral nunca fue una entidad única y constituyó una multitud de ambientes, cada uno con sus propias características distintivas. Por otra parte, las presiones selectivas que formaron la psique humana puede haber sido influenciado tanto por factores culturales en el Pleistoceno como por los problemas de la caza y la recolección (ver Turke, 1990).

Sin embargo, es ampliamente aceptado que los homínidos y los humanos evolucionaron durante el Pleistoceno en un ambiente que ha desaparecido hace mucho tiempo.

La mayoría de las sociedades de cazadores y recolectores tienen ciertas características en común. Los seres humanos vivían en pequeños grupos de individuos relacionados en gran medida. Ellos subsistían mediante la caza y la recolección y se organizaron en una clara división del trabajo por sexo. La caza y la lucha se reconocieron los roles masculinos, mientras que la recolección y cuidado de los niños eran del dominio exclusivo de las mujeres. Aunque es probable que la mayoría de parejas fueran monógamas, los estudios de cazadores-recolectores en tiempos recientes muestran que la poligamia estaba permitida en la mayoría de esas sociedades y de hecho en la mayoría de sociedades agrícolas. El registro etnográfico, por ejemplo, muestra que 708 de 849 sociedades humanas han permitido matrimonios polígamos, mientras que sólo el 4 permite la poliandria (Murdock, 1967). Sin embargo, la poligamia fue practicada por relativamente pocos hombres, de gran integridad, que hicieron una contribución desproporcionada a la reserva de genes a través de tener hijos varias veces más que la media de los hombres (ver Chagnon, 1969).

La actual megalopolis en los países industrializados proporciona tanto un medio físico y social muy alejado tanto del entorno ancestra como de las adaptaciones psicológicas que se desarrollaron durante el Pleistoceno de manera que los rasgos que eran adaptativos entonces pueden no serlo ahora. Por ejemplo, las estrategias de comportamiento que habrían sido altamente adaptativas en el entorno ancestral, como la agresividad masculina y la violencia, pueden llegar a ser muy mala adaptación y finalmente autodestructivo en las actuales sociedades estatales día (Symons, 1990). Estábamos  genéticamente adaptados al pasado, pero no estamos necesariamente adaptado bien al presente o al futuro (Tooby y Cosmides, 1990).

La evolución de la forma femenina:

Los machos humanos y las hembras tienen formas distintivas del cuerpo. El macho adulto es normalmente un 8% más alto y más pesado que un 20% de mujeres de edad similar y ambos sexos muestran diferentes patrones de distribución de grasa (Brown y Konner, 1987).

La hembra humana desarrolla un distintivo a partir de la pubertad que tiene que ver con la distribución de grasa que produce la conocida forma “de reloj de arena” o la denominada cintura de avispa, la forma típica de las mujeres núbiles.

Se argumenta que en la mayoría de las mujeres del Pleistoceno en edad reproductiva estaban embarazadas o en período de lactancia y por lo tanto estériles temporalmente. Por lo tanto, se ha sugerido que, para evitar la cría de los hombres de otro hombre descendiente debe haber desarrollado una aversión a incluso un ligero engrosamiento de la cintura (Ridley, 1993). Aversión tal se espera que sea dirigida hacia las hembras nuevas (es decir, una hembra que no es ya consorte del macho) y debe ser particularmente relevante para el macho en la elección de una compañera a largo plazo.

Los experimentos utilizando dibujos de figuras femeninas donde fue alterada la proporción de las caderas a la cintura sutilmente mostró una preferencia infalible para las imágenes mas delgadas de talle. Sin embargo, los mismos experimentos demostraron que una mujer pesada con una cintura a cadera baja se prefiere una mujer delgada con una elevada relación (Singh, 1993 y 1994a). La más atractiva mujer de cintura a cadera (WHR) se consideró 0.7-0.8 tanto por hombres y mujeres (Singh, 1994b). Valores similares para el WHR atractivo en las mujeres se registraron en hombres jóvenes estadounidenses negros y las mujeres, contradiciendo afirmaciones de que los jóvenes c negros encontraran figuras femeninas con sobrepeso deseables y atractivas (Singh, 1994c). Es de interés que, aunque las más delgados con el WHR dentro de la gama hembra (0,7-0,8) no se considera la más atractiva, las figuras delgadas fueron considerados consistentemente como las más jovenes.

El estudio de atractivo físico masculino mostró que los machos con un WHR bajo se consideraba indeseable, tanto a corto como a largo plazo (Singh, 1995). Así, la especificidad de género y la consistencia de la RCC idealmente atractivo sugiere que tal preferencia es un ser humano con unas medidas específicas que son fundamentales para atraer a una pareja.

Por lo tanto, sostienen que la mujer núbil con “forma de reloj de arena” fue diseñado por la selección sexual mediante el éxito reproductivo diferencial de mujeres que poseen este rasgo en comparación con aquellas que no lo hicieron.

El caso de la hembra competencia intrasexual ‘fuera de control’:

La hipótesis sugiere que por lo que ahora llamamos trastornos de la alimentación son una manifestación de la competencia femenina intrasexual ‘Runaway’. Este proceso no debe ser confundido con el fenómeno de la “selección sexual desbocada” (Fisher, 1930) que implica la supervivencia preferente de ciertos rasgos (genes), debido a su atractivo para el sexo opuesto.

El proceso de “embalamiento-competencia hembra intrasexual ‘por otro lado es un fenómeno que implica cambios fenotípicos como consecuencia de factores ambientales.

Potencial reproductivo (RP) en las mujeres es principalmente una función de la edad y RP disminuye progresivamente a medida que avanza año a año y queda a cero en la menopausia. Una hembra RP máximo se produce 3-4 años después de la pubertad y esto coincide con el momento en que el cuerpo de la mujer núbil toma su forma completa. Así, la hembra recién núbil tendrá un RP mayores que en cualquier otro momento durante su vida y se seguiría que los hombres serían seleccionados para ser particularmente atraídos por las hembras que exhiben la forma núbil. Se ha sugerido que en todas las culturas la forma femenina encontrada que más atractivo sexualmente atesora es el de la hembra núbil (Brown y Konner, 1987).

Es interesante que las chicas anoréxicas en el momento en que lleguen a la clínica interpreten su destino totalmente en términos de su forma (Crisp, 1980). Además Crisp (1980) ha señalado que las anorexicas muy a menudo se vuelven hipersensibles a la grasa alrededor de su cintura y que aventuras sexuales o comentarios tales como ‘Parece que estés embarazada” son desencadenantes comunes.

Sugiero que el sello de la figura femenina núbil en el entorno ancestral era su pariente “delgadez” en comparación con el de las mujeres mayores que se han sometido a una serie de cambios en su apariencia física, que incluyen estiramientos de los músculos abdominales y la piel y la acumulación de grasa como resultado de los inevitables ciclos de procrear, el parto y la lactancia. Por lo tanto, se sostiene que, en el ambiente ancestral, la forma de la hembra proporciona un indicador general precisa de su historia reproductiva.

Así, se argumenta que en el ambiente ancestral la efímera núbil relativamente delgada “reloj de arena” era la señal visual más fiable para máximo potencial reproductivo de la mujer (es decir, el máximo número posible de años en el futuro de la vida reproductiva activa).

De ahí que la señal visual que representa esta forma núbil relativamente delgada se convirtió en una parte importante y muy eficaz de la estrategia de la hembra humana como atractivo físico. Los varones que desarrollaron un “gusto” por la señal visual de la mujer núbil en el ambiente ancestral (es decir, buscar mujeres núbiles para el largo plazo) habrían tenido una ventaja reproductiva a través de la adquisición de los derechos de reproducción “para el período más largo posible”.

Además, la selección sexual favorecería hembras que poseían no sólo la forma núbil sino que estaban dotadas también con una adaptación psicológica para reaccionar con ansiedad o alarma si tales señales fenotípicas son perturbadas o amenazadas por ejemplo, a través de la obesidad prematura. Tal obesidad prematura habría tenido el potencial de reducir el valor de la hembra como pareja a largo plazo a través de un mayor parecido en su forma a la de más edad (es decir mujeres con indices inferiores RP)  Por lo tanto, se sugiere que una adaptación que implica una estrategia conductual que tiene como objetivo la conservación o la restauración de la forma núbil (el impulso hacia la delgadez) habría dado a las mujeres que lo poseen (que estaban tratando de atraer a largo plazo compañeros) una ventaja reproductora en el ambiente ancestral.

Mientras que el valor de pareja femenina está afectado fundamentalmente por el aspecto físico, éste no fue el único factor determinante del valor de pareja en las mujeres en las sociedades preindustriales. Otras cualidades femeninas como la fidelidad hubiera sido muy apreciado en potenciales parejas a largo plazo,  ya que habría aumentado la confianza de los hombres en la paternidad. Además, el grupo familiar o de parentesco a través de la inversión de los recursos energéticos con frecuencia aumentó significativamente el valor de una mujer determinada como pareja en las sociedades preindustriales (ver más adelante).

Por otra parte, los parientes mayores y las mujeres han tenido una voz importante en el arreglo de los matrimonios en la mayoría de las sociedades preindustriales (Daly y Wilson, 1992; Symons, 1990).

Como la forma núbil fue relativamente de corta duración debido a los efectos de dar a luz, la mujer núbil sólo habría tenido que pagar una cantidad moderada de atención a su figura a sí misma para lograr diferenciarse de las mujeres que mayores que la rodean. La adaptación de la preocupación de los signos de nubilidad puede por lo tanto, ser más exacto describirlo como el impulso hacia la delgadez es decir, en relación con relación a las otras hembras en las inmediaciones. Esta estrategia de “preocupación por los signos de nubilidad ‘es una forma de competencia femenina intrasexual diseñada por la selección para asegurar la mejor pareja posible a largo plazo a través de la señalización de RP altas.La competencia intrasexual puede estar en el origen de atraer o retener a una pareja.

Por lo tanto,los trastornos de la alimentación pueden describirse como un estado de  competencia intrasexual ‘Runaway’ por el que las espirales de estrategia adaptativa originalmente devienen en fuera de control en respuesta a una serie de factores ambientales llegando a convertirse en algo auto-destructivo.

Es probable que las características humanas del lenguaje y el procesamiento cognitivo consciente ha facilitado en gran medida el proceso de comparación social mejorando así el potencial destructivo de “circuito de retroalimentación” está fuera de control.

Por lo tanto los estudios han demostrado que el temor a engordar y la búsqueda de la delgadez sigue en los pacientes anoréxicos, incluso después de que se conviertan claramente en desnutridos y demacrados (Muuss, 1985). Además, los pacientes bulímicos muestran un potente esfuerzo igualmente por la delgadez que es una de las variables más fuertes que mostraron una correlación directa con la gravedad del trastorno (Vanderheyden y Boland, 1987; Kerr, Skok y McLoughlin, 1991).

La sugerencia de que los trastornos alimentarios son la consecuencia de la competencia intrasexual entre las hembras sería coherente con la observación clínica de que los síntomas de la enfermedad puede ser muy reactivos con el contexto social y puede mostrar una remisión completa con un cambio de las configuraciónes socio-culturales (Raphael y Lacey, 1992).

Además, se reconoce que la observación de que los trastornos alimentarios están relacionados con la preocupación acerca de la forma del cuerpo y el atractivo físico  no es nuevo y ha sido observado por varios autores desde el siglo XIX (véase Parry-Jones & Parry-Jones, 1995).

Es evidente, sin embargo que sólo una pequeña minoría de mujeres en una población determinada mostrará todas las características de los trastornos alimentarios aunque la preocupación por el fisico sea constante en las mujeres. Esto puede explicarse de dos maneras. La primera sería a través de atribuir las diferencias a la variabilidad genética para el carácter de la preocupación acerca de los signos de nubilidad “dentro de la población femenina o, alternativamente, las diferencias pueden ser explicadas por completo en la base de la” plasticidad fenotípica “(Wilson, 1994) que permite a un solo genotipo para lograr múltiples formas en respuesta a factores ambientales. Existe alguna evidencia para sugerir que los factores genéticos pueden ser importantes en el caso de la anorexia nerviosa como una tasa de concordancia del 50% que se encontró entre gemelos monocigóticos en comparación con el 10% en gemelos dicigóticos (Garfinkel y Garner, 1982; Holanda, Sicotte & Treasure, 1988 ).

El impulso hacia la delgadez: una manifestación de la competencia intrasexual entre mujeres?

El nuevo entorno de la ciudad moderna en los países industrializados avanzados ha producido una serie de cambios sociales y culturales que han afectado a las estrategias sexuales adoptadas tanto por hombres y mujeres.

El cambio cultural en las sociedades europeas hacia una preferencia por una forma más delgada del cuerpo femenino ha sido señalado por varios autores, pero no hay acuerdo en cuanto a por qué esto ha ocurrido (Littlewood, 1995). La pregunta es: ¿es éste un fenómeno peculiarmente occidental o es una tendencia común potencial en cualquier sociedad una vez una serie de condiciones ambientales identificables prevalecen?

Cualquier hipótesis para explicar este fenómeno tendrá que dar cuenta de lo siguiente: ¿por qué la delgadez? por qué las mujeres? y por qué ahora?

Tanto la tendencia a la delgadez entre las mujeres y los trastornos de la alimentación son un fenómeno relativamente reciente. Aunque es posible que tanto la anorexia y la bulimia pueden haber existido mucho antes del siglo XIX (ver Van Deth y Vandereycken, 1995), existe un amplio acuerdo en que sus tasas han mostrado un marcado aumento en las últimas décadas (véase Gordon, 1990) . Es probable, pues, que los factores causales de estas enfermedades se encuentran dentro del rango de los cambios ambientales que han ocurrido en los últimos tiempos dentro de las sociedades industrializadas avanzadas (social, económico, cultural y material). Sin embargo, se afirma que tales factores ambientales producen sus efectos a través de una compleja interacción con pre-existentes tendencias biológicas innatas en los seres humanos que viven dentro de estas sociedades.

Un factor importante en la cadena de la causalidad de este fenómeno es la disminución de la fertilidad en las sociedades occidentales. La fecundidad ha estado en un estado de deterioro en algunos países europeos desde el siglo 18. A principios del siglo XX, la tendencia fue evidente en los países occidentales más importantes (Vining, 1986).

La baja fecundidad parece haber comenzado entre las mujeres de alto rango y gradualmente se extendió a las mujeres en las clases medias. La tendencia se hizo particularmente evidente con el advenimiento de la anticoncepción fiable.

Casi al mismo tiempo una serie de otros cambios sociales más importantes tuvieron lugar en las sociedades occidentales. Estos incluyen el estado en aumento y el creciente poder económico y político de las mujeres, el debilitamiento progresivo de los lazos de parentesco tradicionales (véase van den Berghe, 1979) y el aumento de los ideales de la autonomía individual y la autosuficiencia.

La disminución de la fertilidad fue alcanzada por las mujeres a través de la reproducción tardía y mayor espaciamiento de los nacimientos. Esto ha llevado a la preservación de la forma núbil en números cada vez mayores de mujeres post-núbiles que han sido capaces de conservar o recrear la forma núbil más allá de la edad de nubilidad.

El aumento del fenómeno de la hembra pseudo-núbil es una novedad ecológica que ha llegado a ser ampliamente prevalente con el advenimiento de la anticoncepción.

Por lo tanto, en las modernas sociedades industrializadas, tal vez por primera vez en el comportamiento de la historia del apareamiento humano se ha desconectado de la reproducción. Por otra parte, la hembra humana ha alcanzado una posición en la que ella es capaz de regular sus propias estrategias de corto y largo plazo de apareamiento con un mínimo de impedimentos legales o sociales (es decir, control mínimo por parientes masculinos).

Es interesante que tanto la competencia femenina intrasexual de los ayudantes de alta calidad en las sociedades preindustriales se hizo cargo de los familiares de la mujer (Dickemann, 1981). Por lo tanto prácticas como la dote (Dickemann, 1979), enjaulamiento femenino (Weisfeld, 1990), hija de guardia (Flinn, 1988) fueron procesos que sólo podrían llevarse a cabo por el grupo de parientes de la mujer y algunos habrían requerido un esfuerzo colectivo. Este esfuerzo del grupo familiar se ha demostrado en estudios para mejorar el valor de la hembra como pareja y mejorar la calidad del estatus que finalmente alcanza (Flinn, 1988). Esta participación en el juego de la seducción competitivo por el grupo de parentesco en nombre de la pareja de apareamiento ha disminuido significativamente en la sociedad moderna, principalmente como resultado de la ruptura de los lazos de parentesco extenso y el auge de la cultura del individualismo.

Por lo tanto, mientras que las mujeres (y los hombres) en las modernas sociedades industriales pueden ejercer libre elección en las decisiones de apareamiento, que también están teniendo que competir por parejas a largo plazo en gran parte a través de su esfuerzo individual. Así, la carga de la competencia en el juego de la seducción en las sociedades modernas, a diferencia de la mayoría de las sociedades preindustriales, ha tenido que ser cada vez más asumida por los sujetos individuales con poca o ninguna ayuda de sus parientes.

Por lo tanto, la disociación de la actividad de apareamiento y reproducción, aumentó el estatus económico y social de las mujeres en las sociedades occidentales y consiguientemente la degradación en los lazos de parentesco extendidas ha aumentado enormemente la oportunidad para ambos sexos a adoptar estrategias a corto plazo de apareamiento. Una consecuencia de esto puede haber sido una disminución de la confianza en la paternidad y una probable reducción en la disponibilidad de la inversión parental masculina.

Clark (1988), por ejemplo, en su estudio de los hombres en el África occidental, encontró que la pérdida de control económico de las mujeres comerciantes equivale a la pérdida de control sexual; así presta su apoyo a la afirmación de Smuts (1995)  de que “la reducción de la  dependencia económica de la mujer con respecto a los hombres puede ser entendida por los hombres como pérdida de control sobre el comportamiento sexual de las mujeres.

Se ha demostrado que la inversión parental masculina se relaciona positivamente con la confianza en los sistemas de paternidad matrimonial humanos (véase Van den Berghe, 1979). Por lo tanto, los estudios de sistemas de matrimonio pre-industriales han demostrado que cuando la confianza de paternidad desciende por debajo de un cierto umbral el macho cambia su inversión a los hijos de su hermana, que le garanticen una mayor relación genética como es el caso en las sociedades matrilineales (van den Berghe, 1979) .

Estos factores pueden haber contribuido a la disminución de la estabilidad de las parejas a largo plazo como lo demuestra el aumento espectacular de las tasas de divorcio en la mayoría del mundo occidental en las últimas décadas (ver Stone, 1990).

A pesar de la ruptura matrimonial frecuente fue común en algunas sociedades pre-industriales (véase Fisher, 1992), esto parece haber sido particularmente el caso en las sociedades matrilineales, donde la inversión paternal era mínima o insignificante (véase van den Berghe, 1979).

El aflojamiento de los lazos matrimoniales en las sociedades modernas no se ha acentuado como consecuencia de un mayor número de hombres superiores en rango que participan en la monogamia serial (Wright, 1995), una estrategia que tiende a mejorar la aptitud masculina a medida que más hombres que mujeres tienden a casarse de nuevo y son más propensos a engendrar hijos de una segunda esposa que una mujer es de un segundo marido (Daly y Wilson, 1983).

Un efecto importante de la disminución de la estabilidad de largo plazo mateships en las sociedades occidentales, es que un número significativo de hombres y mujeres que regresar varias veces de nuevo en el “mercado sexual” y por lo tanto necesidad de mantener o reconstruir los rasgos y características que aumentan su compañero de valor para maximizar su potencial de atracción de pareja.

Por lo tanto las mujeres que regresan al mercado sexual en el ambiente moderno (al contrario que en el ambiente ancestral) tendrán que competir en un entorno que contiene un gran número de mujeres pseudo-núbiles. Sin embargo, mientras que la juventud y buena salud son atributos femeninos que afectan en gran medida el valor de pareja femenina (ver Buss, 1987 y 1989), confina tambien a las hembras a depender de aquellas con las que están compitiendo. Así, en un ambiente donde hay un gran número de mujeres pseudo-núbiles, la competencia femenina intrasexual consistirá en la presentación del último signo de la juventud. Y como nubilidad lleva las RP más alta posible para una mujer, representa el arma definitiva en el proceso de competencia intrasexual hembra.

Por otra parte, la competenciapor parejas a largo plazo tiene que llevarse a cabo principalmente a través de los propios esfuerzos de la mujer.

Otro factor que es probable que aumente la competencia intrasexual femenino es el de la monogamia socialmente impuesta asociado con la estratificación social que caracteriza a todas las sociedades occidentales. La poligamia tiende a reducir la competencia intrasexual femenina en las sociedades estratificadas por tener “más espacio en la parte superior” (véase Weisfeld, 1990).

La vida urbana además, a diferencia del entorno ancestral, supone vivir en estrecha proximidad a los extraños genéticos. Si bien el entorno ancestral consistía principalmente en una familia extensa donde la competencia intrasexual habría sido amortiguada por el comportamiento altruista afiliativo, esto no es probable que sea el caso en el entorno urbano actual.

Sugiero que el proceso de competencia intrasexual femenino (atracción y retención de pareja) en tales condiciones ecológicas está en la raíz del fenómeno de la tendencia hacia la delgadez evidente en las mujeres en las sociedades occidentales. La intensidad cada vez mayor de la competencia intrasexual entre hembras explicaría el hecho de que la norma de la figura femenina deseable se ha vuelto progresivamente más delgada en las últimas décadas (Polivy, Garner y Garfinkle, 1986).

La competencia intrasexual entre las mujeres también puede explicar el hallazgo en una muestra americana, de la relación entre la delgadez de las mujeres en situación educativa similar(medido a través del espesor de la grasa subcutánea) y estar casada con hombres de alto nivel socio-económico (Garn, Sullivan & Hawthorne , 1989). Esto sugiere que las mujeres que siguen esta estrategia han tenido un mayor éxito en atraer a una pareja y/o retenerla.

Se afirma que la variante extrema de este proceso es el runaway es decir la competencia desbocada femenina intrasexual que se manifiesta en forma de trastornos de la alimentación. En otras palabras, el hecho de que un gran número de mujeres post-núbiles  en el mercado sexual muestren formas núbiles (el último signo de la juventud) aumenta el riesgo de que ciertas hembras piensen que “les irá mejor” entrando así en una mala adaptación y un estado auto-destructivo  de “super-nubilidad ‘que llamamos trastornos de la alimentación.

En resumen, por lo tanto, se afirma que la disminución de la fertilidad en las sociedades occidentales ha llevado a la preservación de la forma núbil relativamente delgada entre un número creciente de mujeres post-núbiles que conducen al surgimiento del fenómeno novedoso de la hembra pseudo-núbil. Este proceso se ha asociado a un proceso de creciente estatus y de poder de las mujeres en estas sociedades, el aumento a corto plazo de las estrategias de apareamiento, así como un debilitamiento de los vínculos conyugales y la ruptura de los lazos de parentesco extendidas. Los factores anteriores han dado lugar a un aumento de la competencia femenina intrasexual para deseables a largo plazo compañeros que se ha traducido en el camino hacia la delgadez. La variante extrema de esto es lo que llamamos trastornos de la alimentación.

Por lo tanto, la formulación darwiniana presente que afirma ser capaz de explicar las razones de la prevalencia de los ideales de delgadez en las sociedades industrializadas, da cuenta de por qué el ideal se refiere casi exclusivamente a las mujeres y se identifican los principales factores que explican el surgimiento de este fenómeno.

Temprano y Tardío Trastornos de inicio:

Los factores discutidos hasta ahora en conexión con la tendencia hacia la delgadez y el retraso en la reproducción, asi como la inestabilidad de las parejas a largo plazo es probable que sean factores significativos en la aparición tardía de trastornos de la alimentación (bulimia la mayor parte) pero no en el tipo de aparición temprana (principalmente la anorexia) .

Se sugiere que el inicio temprano de los trastornos alimentarios se podría definir como los que se producen durante o antes de la hora de máximo potencial reproductivo femenino. Esto significa, en términos generales, que el inicio temprano trastornos de la alimentación tienen su inicio antes de los 20 años, mientras que los trastornos de inicio tardío serían los que tienen su inicio después de esta edad.

La aparición de los “trastornos de aparición temprana” de acuerdo con la presente definición también coincide a grandes rasgos con la edad de mayor riesgo para la anorexia nerviosa, la cual, de acuerdo a Alford y Boyle (1982) está entre las edades de 12-18.

La anorexia nerviosa ha sido considerada por algunos como un trastorno del desarrollo (Gordon, 1990). Tal punto de vista sería coherente con la hipótesis actual, lo que sostienen que la forma de aparición temprana de trastorno de la alimentación es un trastorno específico del desarrollo sexual femenino que resulta en la interrupción de la estrategia de atracción de un compañero.

Se sugiere que la función de la adaptación innata  de la conservación de características de la forma núbil dentro del entorno ancestral era doble. Fue en primer lugar para asegurar que la hembra núbil claramente diferenciada de la misma edad (menores RP) hembras y en segundo lugar para facilitar la competición eficaz con otras hembras núbiles en la zona para los mejores disponibles para formar parejas a largo plazo  (a través de la exhibición prominente de los signos de nubilidad).

Así, la adaptación se ha diseñado para trabajar a través de la exploración de otras hembras en el entorno inmediato y el ajuste de la forma deseada en un nivel que es más delgado que las hembras mayores, pero en general similares a las hembras núbiles. Se afirma que en un momento crítico en el desarrollo de la hembra esta forma deseada se establece en un “modelo mental” a través de la evidencia disponible visual de las formas corporales de otras mujeres vecinas. El período crítico probable para tal evento sería probablemente justo antes o durante las primeras etapas de la pubertad. Así, el desarrollo de la estrategia “busqueda de pareja” en las mujeres en el entorno moderno está influenciado fundamentalmente por un proceso de comparación social (ver Festinger, 1954; Gilbert, Price & Allan, 1995), por lo que la estrategia elegida, como en todos los estados competitivos, depende de lo que sus rivales están haciendo (ver Maynard Smith, 1988).

En el entorno actual de los países industrializados avanzados del entorno inmediato de las hembras púberes puede incluir una serie de “pseudo-núbiles” es decir, las hembras núbiles que han conservado o recreado la forma núbil. Esto tendría el potencial de crear la forma deseada en la pubertad a un nivel que está muy por debajo de lo que habría sido el caso en el ambiente ancestral. Así, esta adaptación está diseñada para asegurar que la hembra núbil ‘va a ir mejor’ que las mujeres mayores con el fin de marcar sí misma por tener un RP mayores. También es claro que tal proceso de “desbocamiento” de la competencia intrasexual tiene el potencial de escalada o fuera de control en el tiempo y determinadas hembras estarían actuando como ‘plantillas’ para las hembras púberes que pueda conducir a un aumento en la prevalencia de las condiciones que llamamos trastornos de la alimentación. Este proceso de “competencia desbocada intrasexual” dentro de las hembras también podría dar lugar a una divergencia entre los ideales del atractivo femenino en hombres y mujeres. En efecto, existe cierta evidencia que sugiere que la percepción del macho y hembra medios no coinciden en la forma del cuerpo femenino ideal. De hecho, los machos prefieren ​​figuras con más formas (Fallon y Rozin, 1984).

Vale la pena añadir aquí que los medios de comunicación es probable que hayan tenido un efecto significativo en la escalada de este fenómeno. En el entorno actual, los estímulos visuales existentes incluyen no sólo a las mujeres que se ven en la vida real, sino también los que aparecen en las pantallas de televisión, películas y revistas que aunque nunca se sabe o se ve en “carne y hueso” y se puede confundir con «competidores» . El hallazgo de que el impulso hacia la delgadez correlacionó positivamente con la cantidad de tiempo dedicado a ver mujeres jóvenes, cosmética, moda y vídeos musicales en la televisión (Tiggemann & Pickering, 1996) estaría en consonancia con la presente formulación.

Es importante observar aquí que si la competencia intrasexual es la causa última de tanto el inicio temprano y tardío de los trastornos de la alimentación como esta hipótesis sostiene la consecuencia sería que en ambas condiciones la evaluación subjetiva de su valor de pareja debe ser juzgado a ser bajas en comparación con sus compañeros y con necesidad de “mejora”, de ahí la drástica acción tomada para “mejorar” su forma.

Poco se sabe de cómo los individuos desarrollan una apreciación subjetiva de su valor propio como pareja. Sin embargo, el proceso puede verse afectada por una serie de experiencias positivas y negativas en las etapas críticas del desarrollo de una persona. Así, puede ser que esas experiencias traumáticas como el abuso sexual durante la infancia podría conducir a, entre otras cosas, un daño permanente a la evaluación subjetiva de la víctima de su valor. Esto puede ofrecer una hipótesis potencialmente comprobable por el hallazgo por parte de algunos investigadores de que los pacientes anoréxicos tienen una incidencia más alta de sufrir abusos en la infancia (por ejemplo, Palmer, Oppenheimer, Dignon et al, 1990).

Por lo tanto, según esta hipótesis, el inicio temprano de trastorno de la alimentación es un trastorno en la “plantilla” mental que la hembra adquiere en un momento crítico en su desarrollo y que define la forma que su cuerpo debe tener, mientras que los trastornos de inicio tardío representa una reactivación de la estrategia más allá de la edad núbil.

Se ha sugerido que los síntomas de trastornos de la alimentación existen en un continuo de gravedad (Nylander, 1971; Botón y Whitehouse, 1981). Tal punto de vista sería coherente con la presente hipótesis que sugiere que los fenómenos de la unidad hacia la delgadez y los síndromes de trastornos alimenticios tienen sus orígenes en el proceso de la competencia femenina intrasexual en el entorno especial de los países industrializados avanzados.

El poder explicativo del modelo:

La hipótesis de la competencia sexual tiene los siguientes poderes explicativos:

La hipótesis que puede dar cuenta de los hechos que los trastornos alimenticios afectan principalmente a las mujeres jóvenes, y que disminuye con la edad. También explica por qué estas enfermedades han surgido dentro de las modernas sociedades industrializadas.

La hipótesis actual también puede explicar satisfactoriamente que los trastornos alimentarios que tienen el índice de casos en hombres más abultado conocido a la psiquiatría (Gordon, 1990), aunque la mayor prevalencia corresponde a las mujeres..

Por ejemplo, hasta el 95% de los casos de la anorexia nerviosa son mujeres (Furnham y Hume-Wright, 1992; Woodside y Kennedy, 1995). La preponderancia femenina en la bulimia es aún más pronunciada. Algunos estudios, por ejemplo, no han logrado encontrar ninguno de los sujetos masculinos (Cullberg y Engstrom Lindberg, 1988), mientras que en un estudio reciente diez años en las mujeres Minnesota mostraron una incidencia anual de 33 veces más altos que sus homólogos masculinos (Soundy, Lucas, Suman y Melton, 1995).

Por otra parte, la presente hipótesis dará cuenta de la constatación de que las adolescentes y las mujeres jóvenes están en mayor riesgo (Alford y Boyle, 1982), es decir, las mujeres que todavía tienen que tener hijos.

La hipótesis de la competición sexual se basa en la afirmación de que las normas cambiantes para la atracción física de la hembra en la moderna industrializada han surgido a partir de la interacción de una estrategia biológica antigua y un ambiente nuevo.

Hay una serie de teorías existentes que tratan de explicar los fenómenos de los trastornos alimentarios. Una evaluación detallada de las teorías que se ocupan de la causalidad próxima está más allá del alcance de este artículo, sin embargo, algunas de las teorías evolutivas principales se discuten brevemente.

Teorías evolutivas de trastornos alimenticios:

Las teorías sobre los trastornos alimentarios que tienen que ver con la causalidad próxima se pueden clasificar a grandes rasgos en los enfoques biológicos, psicológicos y socioculturales (ver Condit, 1990).

Los métodos biológicos se han centrado en la herencia genética (Holanda, Sicotte & Treasure, 1988), y los mecanismos neuroquímicos (Copeland, 1985; Kaye, Gwirtsman, George & Ebert, 1991). Las teorías psicológicas incluyen formulaciones psicoanalíticas de Freud, Janet, Bruch y otros (véase Bruch, 1973), formulaciones psicobiológicos (Ploog y Pirke, 1987) y los enfoques cognitivo-conductuales (por ejemplo, Fairburn, 1985; Garner y Bemis, 1985). Además, hay por lo menos cinco diferentes teorías socio-culturales que ubican la causa de los trastornos alimentarios en el ámbito familiar o social (ver Furham y Hume-Wright, 1992; Orbach, 1979; Orbach, 1986; Hsu, 1989).

Además hay formulaciones multifactoriales que considera factores de un número de diferentes dominios de ser etiológicamente significativo en la producción de trastornos de la alimentación (véase Garner, 1993).

Ninguna de las teorías anteriores o mecanismos que se ocupan de la causalidad próxima debería, en principio ser incompatible con la presente formulación que propone una hipótesis en el nivel de la causalidad remota.

Hay también un número de las actuales teorías de la evolución que tienen que ver con la causalidad última de los trastornos alimentarios.

Las teorías evolutivas existentes para trastornos alimenticios son variantes de la teoría de la supresión reproductiva (ver Surbey, 1987; Voland y Voland, 1989). De acuerdo con este punto de vista hembras de los mamíferos poseen una adaptación que les permite posponer la reproducción durante la época desfavorable, con la esperanza de que vendrán tiempos mejores (Wasser y Barash, 1983; Wasser, 1990). En los seres humanos, se sugiere que una gama de tensiones que afectan a las mujeres, tales como la depresión o la falta de apoyo social han limitado la capacidad de la hembra para reproducirse y tener descendencia en un entorno ancestral (Wasser, 1990).  Estos autores, sugirien que las mujeres que han desarrollado una sensibilidad a tales tensiones desarrollarono adaptaciones que restringen la reproducción cuando prevalecen esas condiciones.

Voland y Voland (1989) sugieren que la anorexia nerviosa es una estrategia de emergencia que ha evolucionado a través de la selección y que entra en juego para suprimir la reproducción cuando los controles fallan. Esto se consigue a través de la reducción de la masa crítica de grasa por debajo del umbral para la ovulación. Se sugiere que ciertas características dentro del entorno actual han conducido al aumento en el uso de esta estrategia de emergencia.

No hay razón para dudar de que se produce la supresión reproductiva en la hembra humana como lo hace en la mayoría de las especies de mamíferos. Además, es totalmente plausible que mecanismos como la selección de parentesco y la manipulación de los padres estarían implicados en la adaptación de la supresión de la reproducción (Voland y Voland, 1989). La participación del mecanismo de la selección de parentesco implica que la supresión reproductiva puede ocurrir como una forma de altruismo hacia parientes. Esto es similar a la propuesta de Demaret (1991b) quien sugirió que la anorexia puede ser un análogo a “el ayudante en el nido” encontrado en un número de especies. Sin embargo, mientras que los estudios realizados en algunas sociedades pre-industriales, han encontrado que las hijas nacidos antes de tiempo tienden a aumentar el éxito reproductivo de los padres (ver Turke, 1988), no existe ningún estudio que yo sepa que haya demostrado una mayor fertilidad en los padres de los pacientes anoréxicos.

Además, si bien la supresión reproductiva y las hipótesis reproductivas de filtrado serían relevantes para la anorexia nerviosa, donde se suprime la ovulación, puede no ser relevante para otros trastornos de la alimentación o con el fenómeno general de la búsqueda de la delgadez.

La presente hipótesis, por otra parte, proporciona una explicación parsimoniosa de la búsqueda de la delgadez y para trastornos de la alimentación a través de lo que sugiere que estas son manifestaciones de la competencia intrasexual entre mujeres. La hipótesis de la competencia sexual afirma que la búsqueda de la delgadez puede ser (hasta cierto punto) una estrategia adaptativa para la atracción / retención de parejas dados los factores ecológicos predominantes dentro de las sociedades occidentales. Sin embargo, la presente hipótesis afirmaría que a medida que se intensifica la competencia sexual respuesta de la mujer deviene cada vez más en una mala adaptación.

De acuerdo con el modelo de competencia sexual la anorexia nerviosa se considera que es un trastorno del desarrollo que conduce a la configuración de la forma núbil a un nivel anormalmente delgado, principalmente como resultado de la prevalencia de estímulos pseudo-núbiles dentro del entorno. Otros factores de vulnerabilidad se espera que jueguen un papel importante en la etiología de este trastorno, pero estos factores no han sido identificados. Sin embargo, un posible candidato es la evaluación de “bajo valor de pareja” subjetivo que puede ser causada por una serie de experiencias adversas en la infancia.

Por lo tanto, de acuerdo con la hipótesis de competencia sexual para los trastornos alimentarios la supresión reproductiva que ocurre en la anorexia nerviosa es un subproducto accidental de la mala adaptación intrasexual runaway o “competencia desbocada”.

Es posible, por supuesto, que la anorexia nerviosa sea totalmente independiente de otros trastornos alimentarios y de los fenómenos de la búsqueda de la delgadez como las clasificaciones médicas actuales sugieren y como estaría implícita de la teoría de la supresión reproductiva.

Sin embargo, hay una serie de características que la mayoría de los trastornos alimentarios tienen en común. Estos incluyen el hecho de que son más comunes en las mujeres, hay una similitud en su núcleo psicopatologíco (imagen alterada del cuerpo y la búsqueda de la delgadez), que se cree que ha surgido hace relativamente poco, han aumentado su prevalencia en los últimos años y se se cree que tienen una distribución geográfica casi idénticos.

Estas características comunes apuntan a la probabilidad de que estos trastornos pueden compartir una etiología subyacente.

Sin embargo, como ambas formulaciones teóricas hacer predicciones comprobables que en última instancia deben ser aceptadas o rechazados o modificado en función de los hallazgos empíricos.

Por último, cabe señalar que estas dos hipótesis no pueden ser mutuamente excluyentes como el proceso de supresión reproductiva puede involucrarse competencia intrasexual hembra (o viceversa) (ver Wasser & Barash, 1983) y por lo tanto es posible que ambos mecanismos pueden operar juntos en ciertos casos.

Se afirma que la hipótesis de competencia sexual ha identificado el mecanismo que finalmente da lugar a los síndromes de los trastornos alimentarios.

Se sostuvo además que dicha identificación debe facilitar la comprensión de estos fenómenos y abriría el camino a una serie de hipótesis adicionales sobre los factores causales inmediatos. Se sugiere que sería imposible tener una comprensión adecuada de la disfunción de cualquier sistema biológico dado hasta el funcionamiento normal de dicho sistema (es decir, el propósito que sirve para el organismo) es identificado correctamente (Bolton & Hill, 1996).

Por lo tanto, al ofrecer la idea de que estos trastornos se derivan en última instancia de la competencia sexual femenino abriría el camino para que las áreas de investigación que antes no considerados relevantes. Por ejemplo, en lugar de limitar la investigación de las áreas de apetito, ansiedad y perturbaciones en la imagen corporal, la atención también se puede dirigir hacia los diversos factores ambientales, de desarrollo y neurobiológicos que juegan un papel en la formación o la interrupción de la evaluación subjetiva de la hembra ” valor de pareja “y los factores que intervienen en el desarrollo de atracción compañero femenino y las estrategias de retención de pareja.

Las predicciones basadas en el modelo actual:

1: Sociedades mostrando altas tasas de fecundidad tendrá escasa incidencia de trastornos de la alimentación, debido a la baja incidencia de pseudo-núbiles mujeres.

2: Mayor participación directa de los grupos de parentesco en las decisiones de compañerismo y en competencia intrasexual en nombre de sus parientes dentro de una sociedad se asoció con una menor prevalencia de trastornos de la alimentación.

3: El corolario de predicción número 2 es que la prevalencia de trastornos de la alimentación debería estar positivamente correlacionado con una alta autonomía femenina y altos niveles de estatus femenino económico y político dentro de la sociedad y una correlación negativa con las normas sociales caracterizados por la dominación masculina y el control masculino institucionalizados de la sexualidad femenina.

4: Factores que la evaluación subjetiva de una mujer menor de su valor de pareja (durante los años reproductivos) deben estar asociados con un mayor riesgo de trastornos alimentarios.

5: Alta estabilidad de largo plazo ( bajas tasas de divorcio) deben predecir la baja prevalencia de los trastornos alimentarios.

6: Como es que la hipótesis de que los trastornos alimentarios son una manifestación de la competencia intrasexual por parejas a largo plazo, se debe seguir que los pacientes con trastornos de la alimentación debe estar menos interesados ​​en el apareamiento de corto plazo en comparación con sus pares.

7: Se predice que las mujeres lesbianas exclusivas tendría una incidencia significativamente menor de trastornos de la alimentación en comparación con las mujeres heterosexuales dado que sus estrategias de atracción de pareja son muy distintas (Symons, 1979).

8: Se prevé que los homosexuales exclusivos tendría una mayor incidencia de trastornos de la alimentación que los hombres heterosexuales ya que están sujetos a similares estrategias de selección de parejas que las mujeres heterosexuales (Symons, 1979). Aunque la adaptación específica de la preocupación por signos de nubilidad ‘no se aplicará a los machos, se ha sugerido que la dependencia de la evidencia visual para atraer a una pareja es similar a la estrategia usada en las mujeres heterosexuales. Esta predicción es consistente con el hallazgo de alguna de las series publicadas de los hombres con trastornos de la alimentación que informan tasas de la homosexualidad de un 25% en comparación con una tasa estimada de 10.6% en la población general (ver Woodside & Kennedy, 1995). También es coherente con la idea de que muchos varones anoréxicos muestran explícitos los conflictos homosexuales (Herzog, Norman, Gordon & Pepose, 1984) y que los estudiantes homosexuales masculinos tienen mayores puntuaciones en el Inventario de Desórdenes Alimentarios (Yager, Kurtzman, Landsverk y Weismeier, 1988) . Además, hay un número de relatos clínicos de anorexícos que sugieren que tienden a tener graves problemas de “identidad de género” (Romeo, 1994).

9: Los factores que mantienen a la mujer en la “búsqueda de pareja”, “compañero a atraer” o tal vez “compañero de retención” debe estar asociado a una mayor incidencia de estos trastornos (por ejemplo, problemas matrimoniales y de relaciones, ruptura matrimonial, celibato no electivo, etc). Esta predicción es consistente con la evidencia que indica que los pacientes con trastornos de la alimentación tienen una mayor tasa de problemas con la intimidad y la satisfacción de la experiencia bajo el marco de sus relaciones matrimoniales (Van den Broucke, Vandereycken y Vertommen, 1995). Sin embargo, puede argumentarse que los trastornos de la alimentación son las causas y no los efectos de las dificultades en las relaciones.

Las debilidades del modelo:

1. Se puede argumentar que la hipótesis se han tratado de explicar el enigma de la búsqueda de la delgadez entre las mujeres en las sociedades occidentales desplazando la causalidad a un nuevo fenómeno social, de causa desconocida, es decir, la disminución de la fertilidad en las sociedades occidentales. Esto es un desafío legítimo al que no se puede responder satisfactoriamente en la actualidad.

El descenso de la fecundidad en el Occidente ha precedido a la anticoncepción (véase Kaplan, 1993). La disminución en la fertilidad en los países ricos de Occidente y el hecho de que los ricos no parecen estar dispuestos a cambiar su bienestar por el éxito reproductivo sigue siendo un enigma evolutivo (véase Kaplan, 1993; Pérusee, 1993). Es de interés que Burley (1979) ha sugerido un poco especulativamente que la ocultación de la ovulación en hembras humanas pueden haber evolucionado para engañar a la misma hembra sobre el momento de la ovulación. Ocultamiento de la época de la ovulación podría contrarrestar la inclinación de la hembra humana de abstenerse de copular durante el período fértil evitando así el dolor y el peligro (incluida la mortalidad derivada de la maternidad) que se asociaron con el parto en el ambiente ancestral (Daly y Wilson, 1983 ). Así, se puede seguir que cuando las mujeres tienen el poder de determinar su propia estrategia reproductiva es muy posible que elijan calidad por cantidad.

2. El modelo no predice en detalle los factores inmediatos causales que conducen a una hembra individuo a desarrollar un trastorno alimentario.

3. Se ha sugerido que en las poblaciones no occidentales (árabes) el temor característico de la grasa y la imagen distorsionada del cuerpo está ausente (Lee, 1991; Khandelwal y Saxena, 1991). Sin embargo, otros estudios han argumentado que el síndrome es similar en diferentes culturas (Mumford, Whitehouse y Choudry, 1992). A medida que la presente hipótesis sostiene que los trastornos alimenticios se derivan de un rasgo universal femenino: la “preocupación por el atractivo físico”, la ausencia de preocupación por el aspecto físico plantearía un serio desafío para la presente hipótesis.

4. Se puede argumentar que la existencia de varones anoréxicos y bulímicos, independientemente de su baja proporción en la actualidad es difícil de acomodar en la presente hipótesis. Si se pudiera demostrar que la tasa de trastornos de la alimentación en los hombres es similar a la delas mujeres (en cualquier sociedad), esto podría representar un serio desafío a la hipótesis de competencia sexual.

Conclusión:

1. El atractivo físico es un componente importante en la estrategia de la hembra humana en la atracción de una pareja.

2. La preocupación y la ansiedad sobre el atractivo físico femenino es una adaptación psicológica que ha evolucionado a través de la selección y es un componente importante de competicon intrasexual femenina en la busqueda de parejas de larga duración.

3. Variación genética y / o fenotípica existe dentro de la población femenina para el rasgo psicológico de la preocupación acerca de los signos de nubilidad’.

4.Se argumenta que la reducción de la fertilidad en las sociedades occidentales ha dado lugar a la retención o la reconstrucción de la forma núbil por una proporción creciente de mujeres más allá de la edad de nubilidad dando origen al fenómeno de la novela hembra pseudo-nubile caracteriza por la forma de reloj de arena y su relativa delgadez. Además, ha habido una serie de factores ecológicos que han tendido a intensificar la competencia intrasexual femenino de larga duración compañeros y ha dado lugar a la tendencia progresiva hacia la delgadez.

5. La variante extrema de este estado es el resultado de la competencia desbocada intrasexual femenino y es lo que llamamos trastornos de la alimentación.

6. Una distinción se ha sugerido entre el trastorno de inicio temprano y tardío. La enfermedad de aparición temprana (anorexia) se considera un trastorno del desarrollo por el que se establece la forma núbil femenino en un nivel demasiado delgado en respuesta al estímulo novedoso de la hembra pseudo-núbil. El trastorno de aparición tardía (principalmente bulimia) surge de la activación de la estrategia nubil más allá de la edad de nubilidad.

7. Esta hipótesis da cuenta de la causalidad última de ambos trastornos de la alimentación y la búsqueda de la delgadez en las mujeres en las sociedades occidentales. A pesar de que no pueden ser directamente probado y refutado, las predicciones que la hipótesis hace son comprobables y refutables.

Bibliografía.-

ABED R T. :

“The sexual competition hypothesis for eating disorders” British Journal of Medical Psychology” 71:525-547 1998.

El vómito y las alarmas neurobiológicas

Hace algunos años (concretamente en 2006) publiqué en psiquiatria.com un articulo (cuyo contenido entero aparece abajo) y donde, a propósito de una serie de casos sobre vómitos y su diagnóstico diferencial, abordé uno de los temas que más me apasionaban en aquel momento. Se trataba del interés psicopatológico que tiene para nosotros los psiquiatras o psicólogos discriminar lo voluntario de lo involuntario.

De manera que este post es una revisión-actualización de algunas ideas vertidas alli y un resumen -aunque no exhaustivo- de las propuestas que llevé a cabo en aquel articulo.

Propuse alli como ejemplo de alarma vegetativa autónoma al vómito. No cabe duda de que el vómito es una alarma neurobiológica destinada a librarnos de toxinas alimentarias y regulada por circuitos serotoninérgicos subcorticales y colinérgicos periféricos. Sucede también con la tos, otra alarma destinada a combatir la ocupación de nuestros sistema respiratorio por cuerpos extraños o secreciones. La escasa frecuencia actual de tos neuropática en contraste con el rápido incremento de vómitos espontáneos o semiespontáneos (Vómitos cíclicos o vómitos psicógenos) habla de las características sociogénicas de la puesta en marcha de este tipo de alarmas. Concretamente hoy las llamadas somatizaciones digestivas con vómitos son mucho más frecuentes que la tos nerviosa, sin embargo en las épocas cuando y donde la TBC era frecuente los casos de somatización con tos aumentan, en contraste con los casos de vómitos espontáneos en lugares y entornos donde la bulimia nerviosa es prevalente.

El vómito plantea enigmas clínicos interesantes. Se trata de un acto reflejo que implica una conducta de desvalimiento y en toda conducta -como clínicos- lo primero que nos planteamos es si es voluntaria o involuntaria.

Aproveché un caso clinico de una paciente vomitadora que hoy podriamos considerar un caso de bulimia sin más pero que entonces me sirvió para teorizar sobre ciertos aspectos de la conducta, más concretamente sobre la voluntariedad o involuntariedad de un sintoma, el vómito. Al mismo tiempo construí alli una hipótesis sobre el funcionamiento de las alarmas neurobiológicas que hoy podria enlazar con la serie de artículos que recientemente publiqué con el titulo genérico de “Empoderamiento, estrés e indefensión”..

Me preguntaba entonces acerca de la posibilidad de una distinta psicogénesis en cuanto a la bulimia y a los vómitos cíclicos (o psicógenos) en un intento de atrapar sus diferencias y sus similitudes. Exploré las alarmas neurobiológicas (mentales, nerviosas, hormonales e inmunes) y presente una conjetura acerca de un funcionamiento de arriba-abajo y de abajo-arriba (la explicación es mas profunda en el articulo) y el feed back con reentrada de las mismas.

Lo interesante del modelo memoria-predicción de Hawkins calcado del concepto de enacción de Varela (aqui hay un post para acercarse a su pensamiento), plantea la hipótesis de que los distintos niveles (plataformas biológicas) presentan defensas adecuadas según la calidad del ataque que sufran. Pero que mas allá de comportarse como entes pasivos estos niveles no solo tienen memoria sino que son capaces de predecir y enviar el mensaje de ataque más arriba o más abajo hasta dar con la defensa más idónea del que todos los nieveles guardan copia.

Es interesante familiarizarse con el concepto de la abducción de Pierce -en este post- para desvelar algunas similitudes entre enfermedades y parecidos entre cuestiones bien alejadas entre sí. Mi hipótesis es que mas allá de la fenomenología el vómito bulímico y el vómito psicógeno o cíclico -y en realidad todos los vómitos- son alarmas neurobiológicas programadas que aunque sean desencadenados por motivos diversos dan como resultado patologias muy parecidas. De manera que es posible afirmar que los vómitos ciclicos y la bulimia son la misma enfermedad de corteza cerebral para abajo: hay una percepción de amenaza que se traslada a un nivel (nervioso-digestivo) que no es el adecuado para resolverlo y se establece una mente vomitadora autónoma que sencillamente se dedica a lo que sabe hacer: desprenderse de los tóxicos ingeridos.

En el post “El elogio de la conjetura” (citado más arriba) presenté el caso que titulé “Anorexia sin anorexia”y que en cierto modo es paralelo al que presento en el articulo de más abajo.

El articulo de referencia completo en pdf.

Francisco Traver: bulimia, somatización, conversión

¿Por qué la opulencia le sienta tan mal a nuestro cerebro? (I)

El poder ya no reprime para obtener el control sobre los individuos desde que encontró que la diseminación de las oportunidades de ser era un mejor mecanismo que el rigor de la prohibición (M. Foucault)

Hace unos dias una chica de origen sudamericano a quien atendía en una consulta de nuestra unidad de trastornos alimentarios me comentaba que comenzó a darse atracones y a vomitar en el momento en que pisó nuestro pais. Por alguna extraña – aunque acertada- razón enlazaba el comienzo de su enfermedad con su mudanza de pais, de cultura y de oportunidades.

No se trataba, sin embargo, de un problema de nostalgia o aculturación que presentan algunos inmigrantes sino de algo tan sencillo como esto:

- “Es que aqui hay de todo”.

Este “aqui hay de todo” es lo que nosotros hemos identificado genéricamente como “la opulencia”, y del mismo modo que existen enfermedades ligadas a la miseria y a la pobreza existen otras emparentadas con la opulencia, con el exceso o como gustan decir algunos: con el capitalismo.

Lo cierto es que la opulencia por sí misma no causa -como es lógico- enfermedad alguna de forma directa o lineal, pero tampoco sería cierto si zanjáramos el asunto diciendo que no tiene nada que ver con la abundancia de sufrimiento mental en nuestro entorno. Las epidemias de trastornos alimentarios o de trastornos de la personalidad, los malvivires familiares, la explosión de casos de TDAH y de otras patologias del acto señalan en la dirección de que hay algo en la opulencia, sea alimentaria, de oportunidades de ser, tecnocientifica o social que es insoportable para nosotros los humanos, del mismo modo que se estableció hace ya algun tiempo que la urbanicidad era un factor de mal pronóstico para algunas enfermedades mentales.

Las ciudades son poco saludables y del mismo modo -aunque por otras razones- los entornos opulentos son muy insalubres.

Entonces la opulencia tiene algo que ver y al mismo tiempo no es la causa de la bulimia de nuestras adolescentes. ¿Cómo podemos explicar esta contradicción?

Naturalmente tenemos que modificar nuestra vieja idea de la causalidad que era un poco asi:

E= f(C)

Que significa que el efecto E estaba en función de una causa C.

Esta ecuación ha sufrido sin embargo muchas modificaciones y voy a referirme a un concepto que trata de explicar este extraño comportamiento de causas y efectos: la multicausalidad. ¿Es o no es la bulimia un efecto de la opulencia?

Si, lo es siempre que consideremos que no se trata de un efecto lineal como el que postula la ecuación anterior. El asunto quedaria asi:

E=f( S, S1, S2, S3, C)

Lo que significa que un efecto E tendria lugar a través de una causa C pero que se encontraria dependiendo de varios tipos de sustratos, S1, S2, etc, lo que llevaria a la consecuencia de que a un efecto E podria llegarse a través de multiples causas (C) dependientes del “sustrato”.

Dicho de otra forma es necesario proponer otra variable en esa ecuación, una variable multiusos que hemos llamado sustrato, es decir el lugar desde donde la causa C puede llegar a provocar un efecto E.

Multicausalidad es una palabra poco acertada para definir las relaciones causales no lineales, enredadas o caóticas, que son las que están en juego para provocar estos efectos paradójicos tales como el que nos ocupa: “a mayor bienestar mayor riesgo para determinadas enfermedades (y menos riesgo para otras)”.

Poco acertada porque pareciera que para provocar este efecto E sean necesarias varias causas que sumadas entre sí puedan dar lugar al efecto buscado. Una cuestión muy importante a entender de la causalidad no-lineal es que las causas no pueden ser sumadas (entia non sunt multiplicanda), lo que una causa no explique por sí misma dificilmente lo vamos a encontrar en el resultado de una suma.

La variable critica es pues el sustrato o mejor dicho los sustratos.

De manera que vamos a explorar los caminos que llevan a la opulencia (C) a causar enfermedades (E) y seguiremos con el ejemplo de la bulimia de mi paciente anterior, aunque dicho proceso es extensible a otro tipo de enfermedades o de enfermos, esos que hemos llamado en otros lugares los pacientes de la postmodernidad, de las sociedades clinicas como dice Marino Perez Alvarez o del bienestar al que todos rendimos pleitesía por sus servicios pero del que nos ocultamos sus efectos secundarios.

Llamaremos pues sustrato a una conceptualización que abarca el cerebro y toda su complejidad, un cerebro que posee una mente que a su vez está sometida a los embates del medio ambiente.

Lo cierto es que el cerebro humano es mucho mas vulnerable de lo que creemos, somos muy vulnerables y lo somos por la misma razón que somos tan inteligentes y tan adaptativos. La razón de nuestra vulnerabilidad procede del hecho de tener un cerebro a medio hacer, un cerebro plástico.

Un cerebro plástico es lo mismo que decir un cerebro que es capaz de aprender cualquier cosa, al tiempo que es capaz de averiarse casi por cualquier cosa. El sufrimiento mental es la condición de nuestra humanidad, pues nuestro cerebro no sólo está expuesto a variaciones hormonales o quimicas: aquellas procedentes del medio interno sino tambien de la influencia del medio ambiente y además de eso, la mayor parte de los enredos en los que se atasca su funcionalidad proceden del propio lenguaje que es el que nos capacita para pensar, para hablar y para relacionarnos con el medio ambiente.

El cerebro es un órgano bastante distinto a los demás, por ejemplo el riñón tiene una estructura cerrada, pensada para su función: filtrar la orina (entre otras) y que mantiene a lo largo de la vida de su portador una anatomia completa (si está sano). Sin embargo el cerebro va haciéndose y deshaciéndose a través de conexiones y de podas sucesivas, aprendizajes nuevos y cableados singulares de tal forma que no termina de configurarse del todo (completamente) jamás. Siempre estamos aprendiendo y siempre estamos desaprendiendo, configurando una nueva matriz casi cada dia, a eso nos referimos cuando decimos que es plástico.

De manera que podemos asegurar que si la opulencia tiene efectos perniciosos en ciertas personas, lo más probable es porque afecta a ese sustrato que antes nombraba y que lo podemos pensar desde el punto de vista de mecanismos intermedios, como escalones o pasos que van desde la opulencia (C) misma hasta el efecto (bulimia en este caso o efecto E).

Como el lector habrá ya intuido es inútil buscar la causa (lineal) de la bulimia pues seria tan dificil como encontrar una aguja en un pajar y que probablemente se encuentra demasiado alejada de su efecto para que podamos encontrarla. Lo más cómodo es pensarlo desde una estructura escalonada de esos pasos intermedios que hacen que desde una situación de opulencia se llegue a un infierno como es el vómito o el atracón compulsivo.

Dicho de otro modo: la opulencia genera distintos tipos de sustratos que hacen que causas banales o sufrimientos universales o inespecíficos conformen enfermedades concretas.

La causalidad lineal ha muerto.

¿Cómo afecta la opulencia a estos sustratos?

En un post anterior que titulé “La rebelión de las identidades” ya dibujé un listado inespecífico -tomado de Antonio Colina- para observar como ciertos cambios sociales se encarnaban en los cerebros humanos en forma de enfermedades, me referí a estos:

  • La dinámica social del deseo.
  • las formulas educativas.
  • la administración y expresión de los duelos y las pérdidas.
  • los estilos de crianza.
  • la intensidad de los apegos y la adhesión a ego y etnocetrismos.
  • los hábitos de consumo y el deseo de tener.
  • la relación con el cuerpo y la subjetividad e incorporeidad del esquema corporal.
  • la relación con la obediencia y el poder.
  • la idea y la relación con Dios y lo divino, asi como la creencia o descreencia en los espiritus mediadores (psicopompos) entre lo divino y lo humano.
  • el concepto de salvación y perduración.
  • la imagen del pecado y del Mal, y sobre todo:
  • en el trato con la palabra.

¿Cómo se afecta el deseo individual en una sociedad opulenta, ¿cómo se afecta el sustrato?

1.-El sustrato del deseo.

Una forma de definirlo es decir que deseo es aquello que necesitamos, o creemos necesitar, en cualquier caso en una primera aproximación el deseo es sinónimo de necesidad, deseamos porque tenemos necesidades, porque estamos o nos encontramos en falta, el deseo es la condición deficitaria de lo humano. Lo que sucede es que una vez cubiertas las necesidades de la parte baja de la piramide de Maslow van apareciendo nuevas necesidades y el deseo se hace más y más complejo al ocuparse cada vez más de abstracciones, intangibles, de futuribles y de aplazamientos que van haciendo cada vez más y más complicado el acceso a las satisfacciones del mismo.

Pues una de las caracteristicas del deseo es la temporalidad, ningun deseo puede satisfacerse de inmediato. Mi paciente la bulímica arriba reseñada tenia el deseo de ser enfermera, pero no se trataba de un deseo que pudiera obtener de inmediato, tenia que compatibilizar su titulación de su pais con la española. matricularse, obtener dinero, etc. Esperar. La condición del deseo es la espera.

Otra caracteristica del deseo es la localización, no es conveniente aunque si muy frecuente confundir los propios deseos con los intereses, las conveniencias o lo que es peor: con los deseos de otros. La confusión entre deseo e Ideal (el deseo del otro) es muy frecuente entre los adolescentes que manifiestan muy claramente la idea de que “no saben lo que quieren”. Un deseo deslocalizado o no desplegado es una de las condiciones que hacen vulnerable cualquier sustrato, no se puede vivir sin deseos propios, pues otra de las caracteristicas del despliegue del deseo es la voluntad de vivir, llamada tambien ímpetu o drang, es decir acción.

Los deseos son por definición inalcanzables, no en el sentido práctico de la palabra sino porque apenas se alcanza un hito sobre algo, un logro, aparece otro para relevarlo, los deseos son insaciables en el sentido de que operan como modelos o guias de la voluntad,  son por asi decir la gasolina, la energía que precisamos para movernos o dirigirnos a algun objetivo.

Ahora bien, el deseo es por varias razones algo muy vulnerable, ya he nombrado algunas de las confusiones que pueden acaecer con respecto a la identificación del mismo, pero existe al menos otra contrariedad: los deseos suelen ser inconscientes o sólo muy parcial o indirectamente conscientes. Es por eso que cuando un deseo se hace consciente se transforma en Consciencia, es decir en un saber sobre el deseo propio que eleva la plataforma de lanzamiento un peldaño más.

Por ejemplo mi paciente declaraba que queria ser enfermera pero ignoraba totalmente las razones que le habian llevado a esa predilección y que no eran otras sino sus motivaciones, en realidad sus habilidades forzadas de cuidado. En realidad ella ya era la cuidadora universal de su familia y ser enfermera no seria otra cosa sino objetivizar desde lo simbólico tal actividad. Otra cosa es si en el despliegue de su deseo pudieramos encontrarnos en que renunciara a tal cosa una vez averiguada su procedencia. En realidad mi paciente era la mayor de sus 4 hermanas y en cierta forma habia sido obligada a esa función de cuidado por el Ideal familiar, de forma que el deseo de ser enfermera ha de ponerse entre interrogantes a largo plazo.

Las satisfacciones fáciles y atemporales son el principal enemigo del deseo. Todo aquello que puede alcanzarse aqui y ahora, sin esperar y sin esfuerzo y que llamaremos goce, es el principal enemigo del deseo.

El goce socava el deseo individual pues brinda al sujeto el anzuelo de que cualquier cosa que pueda “desear” puede ser conseguida de inmediato. Las sociedades de consumo  privilegian el goce sobre el deseo a través de muchos mecanismos, el pricipal de ellos es el crédito (disfrutelo hoy y page mañana), que permite que no sea necesario esperar para conseguir aquello que se desea. La subjetividad humana inventa continuamente nuevos goces que a la postre caen sobre el sujeto con un coste adicional de sufrimiento ¿soy hombre o mujer?¿puedo agenciarme el cuerpo que desee?

El goce es pues siempre superfluo  a diferencia del deseo que es permanente y pesado de soportar, la inmediatez de las satisfacciones gozosas socavan en los humanos la capacidad de desear y el individuo queda vacío de aquello que le identifica como humano: la facultad de anticipar, prolongar y postergar el placer y le transforma en un cuerpo de goce que puede maltratarse a si mismo a través de dietas, vómitos o intervenciones quirúgicas si el individuo cede en su deseo transmutándolo en satisfacciones inmediatas..

La opulencia tiene tambien acciones perversas sobre otros sustratos, el más estudiado es probablemente la sexualidad, del que hablaré en el proximo post.


Anorexia y femineidad

Graciela Sobral es una psicoanalista que pertenece al “Campo freudiano” -de inspiración lacaniana- y que ayer dia 15 de Junio estuvo en el recinto de nuestro Hospital (Consorcio Hospitalario de Castellón) para dar una conferencia sobre mujer, maternidad y anorexia mental, a propósito de su ultimo libro, cuya carátula preside este post.

No cabe ninguna duda de que la anorexia mental (y los trastornos alimentarios en general) guardan una estrecha relación con la “femineidad”, sea lo que esto sea, pues una definición de este concepto nos llevaría casi tan lejos (como todas las palabras terminadas en “dad”)  a esos callejones sin salida como cuando intentamos definir la “felicidad” o la “libertad”. La verdad es que no sabemos en qué consiste la femineidad aunque si sabemos de múltiples femineidades, tantas como mujeres (y hombres) existen.

Y la verdad es que la “femineidad” no existe (tal y como le gustaria decir a Lacan), pues se trata de un invento, un hecho creativo que cada mujer tiene que llevar a cabo en sí misma, un trabajo de modelado que usualmente toma como base -imita- a los personajes próximos, madres, hermanas o iguales, al propio deseo o incluso al deseo de algún otro que inscribe su propia letra en el despliegue de potencialidades de cada sujeto. En cualquier caso no deja de ser una construcción que cada niña -en un momento determinado de su vida- tiene que inventar para sí misma.

Todas las niñas tienen que llevar a cabo esta metamorfosis de niña a mujer. La anorexia es una solución aberrante -la solución del problema es en este caso el problema- a conflictos en esta fase de la vida, conflictos por otra parte inespecíficos y universales que tienen que ver naturalmente con la sexualidad adulta y con el atractivo.

Lo que sucede en la anorexia es que el placer que se obtiene por la dieta es superior al placer que pudiera obtenerse a través del atractivo o el éxito sexual. Hay algo en la deprivación alimentaria que favorece una especie de adicción al hambre.

Paradójicamente la anorexia mental es una enfermedad de la femineidad que rechaza la femineidad tal y como dejó Freud señalado.

A diferencia de la bulimia que es un trastorno reciente y vinculado al exceso capitalista, la anorexia es una enfermedad conocida desde antiguo. Lo nuevo es la epidemia de casos que se declararon en el siglo XX en las sociedades opulentas.

Tanto como a la femineidad la anorexia apela al goce de la restricción, es decir al placer que se adelanta al deseo mismo y le deja vacio de sentido. No cabe ninguna duda de que las sociedades opulentas se caracterizan por ese vaciamiento que se ha efectuado en el imaginario de cada cual y su sustitución por placeres y goces faciles de obtener, al alcance de todos, sin prohibiciones culturales que desafiar y un deblitamiento de lo simbólico que se caracteriza por una psicopatología afásica, que ya no dice nada, no comunica nada más allá de un sintoma que aparece como “prótesis”o sustitución de algun proceso que no pudo llevarse a cabo.

A pesar de esta carencia de sentido, los sintomas modernos de la psicopatología de los trastornos alimentarios remedan la epidemia de histeria del siglo XIX que tambien afectaron a los modelos de femineidad y representaban -segun ha sido señalado por numerosos autores- la protesta femenina a través de la enfermedad. La diferencia entre aquellos síntomas y estos de hoy es que aquellos aparecian cosidos al deseo, un deseo en cierta forma reprimido, algo que desveló Freud a través de su conceptualización de lo inconsciente. Sin embargo los síntomas actuales más que síntomas del deseo representan síntomas del acto y aparecen alienados del deseo, sin ninguna historia que contarnos, los síntomas modernos (en realidad postmodernos) son síntomas sin semántica que no comunican nada salvo un horror primordial (en este caso a comer) y una decidida voluntad desafiante o coactiva.

En este sentido dejo aqui una serie de post acerca de las relaciones entre la enfermedad mental y el poder.

Dejo aqui colgados los videos de la conferencia de Graciela Sobral junto con los comentarios a que dio lugar la interesante charla de nuestra compañera.

El espiritu y la carne

San Mateo 26: 41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación;
el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.

Lo cierto es que esta máxima del evangelio no puede ser más correcta aunque no tanto su interpretación. Según la doctrina oficial de la Iglesia lo de velar y orar es un método para evitar el pecado pero en realidad se trata de un método de meditación, tal y como aquel que describí en “El poder del ahora”. El tuiteo de Jesucristo (si es que lo dijo realmente asi) lo que quiere significar es que tenemos que escapar de nosotros mismos de nuestro Yo e instalarnos en el Ser y la mejor forma de lograrlo (o al menos la mas barata) es a través de la mortificación del cuerpo: una via de autocuración que llamaremos la via ascética.

Más adelante volveré sobre esta via de restricción y su capacidad de sanación, pero en este post voy a referirme a la via del exceso, a la via dionisiaca.

Pasamos demasiado tiempo en compañia de nosotros mismos, nos autoevaluamos constantemente y nos intoxicamos con nuestro parloteo autoreferencial. De manera que tan beneficioso es orar como coser, de lo que se trata es de no pensar.

La via dionisiaca.-

Pero hay otra mentira en la interpretación canónica del evangelio y es que orar y velar son una solución para la evitación del pecado -caer en la tentación-, porque en realidad de lo que se trata es de pecar de vez en cuando. Sólo los pusilánimes y los puritanos se creen que es posible vivir en una continua virtud. Pues en realidad no es posible la virtud sin el vicio o sin el pecado -si queremos llamarlo asi- o con el más civil apelativo de transgresión.

Dioniso es la otra cara de Apolo.

La mejor forma de quedar anegado en los territorios del pecado es precisamente la de no pecar jamás de modo voluntario y consciente y hacerlo compulsivamente como si uno no tuviera nada que ver. Seguir siempre las reglas es la mejor forma de morir aplastado por ellas, casi tanto o más que transgredirlas constantemente. Lo que no es consciente acaba siendo compulsivo-adictivo o irremediable y alienado.

Tanto es asi que hoy sabemos que las experiencias de felicidad de tipo espiritual se computan en el mismo lugar donde lo hace el goce sexual, tal y como podeis leer en este post. Una vieja idea sufí que antes de que las religiónes oficiales nos la raptaran ya sabían que lo espiritual y la carne eran el haz y el envés de la misma experiencia, asi para Rumi, “la trenza de la amada era la cuerda que ataba lo espiritual o divino con el placer del sexo”.

De esta misma opinión es Roy Baumeister que en este libro  titulado “Escapando del Self: alcoholismo, masoquismo y otros vuelos en el limite de la autoevaluación” ,nos recuerda el valor de ciertas conductas de escape como el alcoholismo, la bulimia, el atracón, las autolesiones o ciertas actividades masoquistas de las que hablé en este post y en éste..

Lo cierto es que es dificil contemplar conductas como las anteriores en una perspectiva positiva, estamos acostumbrados a pensar el alcoholismo como una adicción, al suicidio como una enfermedad, la bulimia como un trastorno alimentario pero no estamos entrenados para ver todas esas conductas como un modo de escapar de uno mismo y de refugiarse en un placer estereotipado que a la larga se confunde con una enfermedad o con la misma muerte. Abusamos demasiado de la psicologización y con ello nos perdemos el valor antropológico, filosofico e incluso metafisico del dolor o el placer y de las operaciones que hacemos a fin de disociarlos de ciertas funciones corporales (ascetismo) o de erotizarlos (masoquismo).

En el placer hay algo que desborda nuestra capacidad para el mismo. Situarse más allá del principio del placer es el destino seguro cuando se ha rebasado la capacidad de goce del Yo y es entonces cuando Eros y Tanatos se encuentran.

Dioniso es un mito por sustantivación, es decir se trata de un divino personaje que representa  el exceso, la locura, la embriaguez, el éxtasis y la transgresión, el mito fue retomado por los romanos que le dieron el nombre de Baco aunque siguió con la misma función: recordarnos que de vez en cuando necesitamos todos echar una “canita al aire” a fin de mantenernos en equilibrio en un mundo presidido basicamente por recomendaciones, controles, obligaciones y renuncias.

Pero lo dionisíaco no es solo una escapatoria puntual de las personas con sentido común sino una estrategia psicológica que se encuentra -tal y como sugiere Baumeister- en las entretelas de muchas de las patologías psiquiátricas que se encuentran presididas por una busqueda del placer y que muchas veces se caen -al cruzar el borde- en patologias o adicciones precisamente por haberse situado más allá del principio del placer.

En realidad, nosotros los humanos tenemos un cerebro diseñado para buscar y encontrar comida y sexo. Todo pareciera indicar que nuestros sistema dopaminérgico y tambien otros sistemas excitatorios como el glutamitérgico se encuentran diseñados (a medio hacer) a fin de encontrar satisfacciones en nuestro medio ambiente relativas a esos dos grandes que llamamos sexo y comida.

Seria interesante preguntarnos a nosotros mismos ¿por qué comemos?. Es natural que a esta pregunta la gente respondiera que comemos para vivir, es decir apelando a la necesidad de supervivencia y que además de esta necesidad de alimentarse obtuviéramos alguna información adicional si investigáramos el hambre, cómo se regula y para qué sirve. Casi todo el mundo supondrá que nos alimentamos porque somos capaces de sentir hambre. Pero tal y como apunto Lorentz lo cierto es que ” la causa del hambre no es la necesidad de alimentarse sin embargo el propósito del hambre es la alimentación”.

Causa y propósito son pues conceptos distintos.

La pregunta  tiene una dificil contestación: no comemos para vivir, ni comemos por instinto o porque tengamos hambre sino que comemos porque alimentarse forma parte de un programa participado y compartido con otras redes neuronales que tienen que ver con el precepto: creced y multplicaos y que seguramente mantienen entre si una relación de complicidad y amistad evolutivamente estable, es decir se trata de redes neuronales acostumbradas a salir de copas juntas y que cuando están de fiesta se invitan mutuamente.

Dicho de otra manera: no es posible hablar de alimentación sin hablar de placer ( o recompensa), comemos porque obtenemos placer en la comida bien por ella misma bien por los rituales que la acompañan, y además de eso: se trata de un emparejamiento fácil, siempre será más facil -en nuestro entorno- encontrar comida que encontrar sexo. Es por eso que la adicción a la comida es más frecuente que la adicción al sexo. Y es por eso que la obesidad es más prevalente que todas las enfermedades de transmision sexual juntas.

Pero además sucede otro fenómeno. Me refiero a que la obesidad se encuentra demonizada- estigmatizada- social, psicologica y médicamente. Estar gordo, no solo es algo de mal gusto que hace al individuo menos atractivo sino que además existe siempre la sospecha estigmatizante de que el obeso es una persona descontrolada,  indisciplinada o ineficaz. Para acabar de enunciar los refuerzos negativos de la publicidad, todo el mundo sabe ya del colesterol y los riesgos cardiovasculares y metabólicos de la obesidad. ¿Hay alguien que ignore eso?

Estar gordo (comer en exceso) tiene pues efectos secundarios pero si existe una compulsión a la comida es por el hecho de que comer es placentero, sobre todo para aquellos que han aprendido a que la comida les guste. O dicho de otra forma a aquellos que han emparejado la comida con el placer y que más allá de eso: abusan del exceso dionísiaco del placer que la comida les procura o lo que es lo mismo, han desbordado su capacidad de asimilación del placer, hablamos entonces de bulimia, trastorno por atracón (binge eating) u obesidad por cebamiento.

En este post hablé precisamente de la bulimia y su relación con la gula, un pecado capital. Nótese que a diferencia del pecado que se comete contra alguien, la bulimia (el constructo clinico) es una instancia alienada, sin sentido, algo que uno comete contra sí mismo de un modo incomprensible para sí mismo. Sucede asi precisamente por la naturalización de aquella conducta pecaminosa. Al quedarnos sin pecado y sin posibilidad de pecar nos hemos situado en un territorio biologico, donde se buscan genes y neurotransmisores pero el sujeto queda despoblado y alienado con respecto a sus propias dinámicas y recursos naturales. Ni que decir tiene que para tratar una bulimia hay que hablar del placer y sobre todo: qué otros placeres han sido obturados por la comida.

En el otro extremo nos encontramos con otro tipo de conductas que buscan precisamente lo contrario: disociar o desemparejar el placer y la comida, las podemos englobar en el rubro “operaciones ascéticas” cuya representante psicológica mas relevante es la anorexia mental.

Pero ese es otro post.

El trastorno limite de la personalidad y la DBT

Cuando yo era médico interno de mi Hospital actual y me pasaba la vida de guardia, tuve ocasión de ingresar a una mujer jóven (aunque un poco mayor que yo) que presentaba un cuadro emocional intenso a raiz de una discusión sentimental. El cuadro era tan aparatoso y el riesgo de suicidio tan alto que no tuve más remedio que ingresarla para evitar males mayores.

Al dia siguiente mi superior clinico en el servicio, la exploró en mi presencia y no encontró ninguno de los síntomas que justificaban un ingreso manicomial. No habia delirios, ni alucinaciones, ni un cuadro melancólico severo que aconsejara el ingreso y ulterior tratamiento. Recuerdo estas palabras:

- Es una histeria moderna.

Lo cierto es que aquel caso fue -con toda probabilidad- el primer caso de trastorno limite de personalidad (aunque entonces desconocíamos este diagnóstico) con el que tuve que enfrentarme en la clinica diaria (en adelante TLP). Era un cuadro ciertamente curioso, no era una esquizofrenia, ni una depresión, ni una psicopatia, ni un estado secundario a drogas , ni mucho menos un cuadro orgánico. Parecia un trastorno emocional, una pan-neurosis, donde todas y cada una de las emociones aparecian disfuncionales, una especie de reacción exagerada a ciertas emociones. Se trataba de una persona que se metía en lios, que era promiscua, inestable, incapaz de mantener un trabajo o responsabilidad, que tenia accesos de rabia y acusaba a todo el mundo de tener la culpa de sus problemas y que no conseguía establecer un plan de vida al cual acogerse.

Lo curioso de esta enfermedad es que la conocemos desde hace poco tiempo y ha logrado venir para quedarse entre nosotros, es por asi decirlo una enfermedad moderna que fue descrita en 1938 por Stern, aunque hubo una psicoanalista llamada Helene Deuscht que la describió con otro nombre: “personalidad como sí”, más abajo volveré sobre esta etiqueta que habla por sí misma de su contenido. Hoy es probablemente el trastorno psiquiátrico grave más prevalente entre la población general y mayormente responsable de intentos y suicidios consumados. De ahi su interés para los investigadores y los clínicos. La frecuencia de suicidios (consumados o no) entre personas diagnosticadas de TLP es superior a la que presentan la depresión y el trastorno bipolar juntos.

El rubro de Deuscht “personalidad como sí”, dice mucho de su ubicación nosográfica. Es una depresión sin serlo, una neurosis que no es similar a las neurosis transferenciales clásicas, una psicosis que no es una psicosis, una psicopatía que no es una psicopatía. El TLP pone patas arriba uno de los paradigmas clásicos de la psiquiatría, ni es una neurosis ni es una psicosis, ni es un cuadro endógeno ni reactivo, ni orgánico ni psicógeno.

Todo parece señalar hacia la idea de que es una forma de transición -una forma de continuidad- entre la histeria clásica y la psicosis, tal y como comenté en este post sobre dialécticas blandas. Y que a juzgar por su prevalencia es un cuadro clínico facilitado por la forma de vivir actual, por los modelos de crianza y educativos. En definitiva es un cuadro clinico que huele a sociogenético y que sin duda alguna está relacionado con la postmodernidad.

Marsha Lineham es una psicóloga americana que antes de cocinero fue fraile. A los 17 años fue ingresada en una institución psiquiátrica aquejada de un cuadro que hoy diriamos que era sin duda un TLP. El caso es que ella misma fue capaz de inventarse -después de hacer estudios pertinentes en psicología- una técnica útil para rescatar a los pacientes que, como ella, vivian en el filo de la navaja del suicidio y de las autolesiones. Esta técnica que llamó “terapia dialectico-comportamental (DBT)” y que es hoy una patente suya, es una mezcla de elementos procedentes de otras terapias y filosofías de vida como el zen. El conocido término de “mindfullness” fue utilizado por ella para aplicarlo a la comprensión de ciertas emociones a las que los pacientes de TLP son analfabetos, dicho de otra manera el paciente TLP no sabe leer sus propias emociones y las manifiesta todas “como si”, cuando son y cuando no son ni pertinentes ni adaptativas. El paciente de TLP vive en una especie de caos vital, intoxicado por las consecuencias que en su entorno interpersonal generan sus explosiones emocionales.

El caso es que la propia Linehan nos da una importante clave de qué es lo que falta o sobra en estas personas afectas de un TLP. En su experiencia y mientras estuvo ingresada en el Hospital pensó en rezar y pedirle a Dios alguna clave para salir de aquel pozo sin fondo en que se encontraba su vida. Halló precisamente en estas “conversaciones” con Dios la clave para reconducir su vida: encontró su misión.

Su misión no era otra sino rescatar a todos los pacientes con TLP que pudiera de los estragos de su conducta y sus emociones. Encontró en esta misión la clave de lo que más tarde ella supone el Santo grial del TLP: la autovalidación.

Para entender mejor qué es esto de la validación, suponga la siguiente secuencia. Imaginese que de pequeño/a al volver de su colegio usted fuera a su madre a contarle los pormenores del dia y suponga que cada vez que usted se disgustara con algún compañero o tuviera alguna dificultad en el colegio su madre le diera un Valium.

Dirá usted que el ejemplo es radical y es cierto, pero sirve para entender cómo los niños aprenden rápidamente cuando sus emociones no son validadas como genuinas.

En realidad poco importa si le dan un Valium o cualquiera otra maniobra de distracción, de minusvaloración o de invalidación. El efecto a corto plazo es que ese niño o niña no podrá establecer una lectura adaptada de su emoción sea la que fuere.

Sigamos con el ejemplo: ahora imagine que usted al llegar a su casa en lugar de contarle a su madre lo que le sucedió en el colegio, comienza -en un ataque de rabia- a romper todos los muebles. Es seguro que su madre ante la intensidad de su ataque al mobiliario tendrá alguna reacción: Una reacción que validará su rabia. Usted ha aprendido que para que le hagan caso lo mejor es usar estrategias rompedoras e intensas. La rabia es mucho mejor atendida que el desvalimiento y como usted quiere que le presten atención (o salirse con la suya) la proxima vez repetirá la experiencia.

Asi, poco a poco las emociones pierden su poder adaptativo y se convierten en ataques disregulados e independientes de su origen para transformarse en demandas rigidas o intempestivas dirigidas a obtener consuelo, poder o control sobre cualquier cosa.

Todas las emociones aparecerán a la larga como monoliticas, estereotipadas, exageradas dejando detras de su explosión un vacio existencial, rellenado con la culpa y con la autodevaluación que a su vez derivarán en un circulo diabólico destinado a sobrevivir en la marea de esas emociones.

Dicho de otro modo, hoy tendemos a pensar que el TLP es una disregulación del humor, sobre todo de tres emociones principales: la soledad, el vacío y la rabia.

Imaginese usted a si mismo/a como una persona incapaz de modular esas tres emociones. ¿Qué cree que le sucederia?

Un video sobre el TLP.-

Bibliografia.-

Linehan, M. M. (1995). Comprendiendo el Trastorno límite de la personalidad: Manual sobre el enfoque dialéctico. New York: Guilford Press