Demasiada personalidad

El poder ya no opera a través de la restricción del deseo sino a través de la diseminación y la legitimación de todos los goces (M. Foucault)

mascara

Aquellos de ustedes que hayan leído el post anterior ya sabrán a estas horas qué es la personalidad, algo que también pueden leer aquí o aquí. De manera que no voy a volver a definir qué cosa es la personalidad sino para recordar que los trastornos de personalidad no son exactamente enfermedades mentales clásicas: no son depresiones, ni manías, ni esquizofrenias, ni psicosis, ni obsesiones-compulsiones y a pesar de ello en los que padecen uno de estos trastornos es posible hablar de un “cómo si”.

 

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¿Una doble conciencia? (XI)

Nuestra tarea no es otra sino socavar el poder de la Gran Madre

Erich Neumann

Hasta ahora hemos hablado de una consciencia prepersonal y una consciencia personal. A la primera nos hemos referido con distintos nombres pero lo importante es quedarse con la idea de que eso que venimos en llamar “inconsciente” pertenece a esta categoría de consciencias arcaicas que se conservan en nuestro rastro filogenético como vestigios de otro tiempo. Es importante también señalar que nuestro inconsciente -en palabras de Whitehead- no deja de crecer pues ha de dejar sitio a nuestra mente consciente a fin de seguir aprendiendo. No cabe duda de que una de las características de nuestra época es la celeridad -el aumento de la complejidad- de los cambios y la enorme cantidad de información con la que hemos de traficar. Ganamos inconsciente a fin de mantener el consciente preparado para recibir nuevas informaciones. Algo que se sustantiviza a través de los sueños, la forma que tiene nuestra memoria de “dejar sitio libre”.

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¿Una doble conciencia? (IX)

davinci

El invento de la perspectiva tuvo en Leonardo da Vinci a su principal estudioso, el que la llevó hasta la excelencia. Lo que Leonardo no pudo prever fue el itinerario que la perspectiva tomaría en la consciencia humana. No pudo prever que “los puntos de vista” se diversificarían hasta el paroxismo. Aunque para eso tuvieron que pasar muchos años, no antes de la laicización del mundo.

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