“A prueba de fallos”, la autoestima y el inconsciente

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Lo que leyeron el post anterior ya saben a estas horas que el concepto que John Price llamó a “prueba de fallos” es una adaptación, es decir un mecanismo mental seleccionado positivamente por la evolución y que engloba una variedad de procesos mentales diversos presentes en los mamiferos. Algo asi como una desconexión, una hibernación, un ritual de muerte o congelación (freezing), un apagado. Dicho de otra manera: se trataría de un proceso mental inconsciente determinado filogenéticamente.

Lo cual nos lleva sin duda hacia una nueva reconceptualización del inconsciente. Repasemos su historia. Para Freud, que fue el impulsor de esta idea, el inconsciente se trataria de una especie de almacén de ideas (recuerdos) rechazados, probablemente por entrar en contradicción con nuestros ideales morales: todo aquello que se considera inmoral se reprime y pasa a ser parte del inconsciente.

Sin embargo hoy sabemos muchas más cosas sobre ese “lugar” llamado inconsciente, sabemos que no solo se “reprimen” las representaciones que consideramos inmorales sino tambien aquellas que disminuyen nuestra autoestima o nos obligan a hacernos responsables de nuestros actos o aquellas que disminuyen nuestro autoconcepto. Pero sabemos muchas más cosas: por ejemplo sabemos que el inconsciente equivale a nuestro cerebro profundo -reptiliano- y que está destinado a nuestra supervivencia y a la de la especie. Pero no sólo eso sino que en el inconsciente se encuentran codificados todos los patrones de acción fijos que guían nuestro movimiento tal y como conté en este post y en éste.

Timothy Wison es un psicólogo de la universidad de Virginia que en 2002 publicó un libro sobre una nueva reconceptualización del inconsciente a la luz de la psicologia evolucionista. Para Wilson el inconsciente es inaccesible consciente y voluntariamente y por tanto dedica gran parte de su libro a criticar a Freud y al psicoanálisis que parece que se ha puesto de moda últimamente después de casi 100 años de silencio.

De repente todos parecen haberse puesto de acuerdo en decir que Freud estaba equivocado y que su técnica de asociación libre (el psicoanálisis) no lleva a parte alguna, algunos invocan la peligrosa palabra “pseudociencia” para descalificar a Freud al tiempo que sostienen otras teorías que se parecen de modo siniestro a lo que planteaba Freud o lo evocan sin nombrarlo.

Y lo cierto es que la neurociencia tiene una enorme deuda de gratitud con el psicoanálisis aunque no tengo fe en que se restauren las relaciones, más bien observo una tendencia a la negación -como siempre sucede- con las deudas.

La idea de Wilson es que el inconsciente es un extraño para nosotros mismos y que no podemos acceder a él ni con asociaciones, ni con sueños o recuerdos ni con palabras. Estoy de acuerdo en parte con esta idea: los conflictos organismo-individuo no pueden dirimirse a través del adagio “Conócete a ti mismo”, pues la verdad es que no sabemos bien qué es lo que debemos conocer si las razones para nuestras decisiones están más allá de nuestra conciencia y voluntad como parece haber demostrado la neurociencia actual. Nuestros juicios y nuestras decisiones no son permeables al conocimiento racional y más aún: estamos diseñados de una forma tal que nos es más fácil decir cómo nos sentimos que por qué nos sentimos así.

Lo que significa que somos extraños para nosotros mismos a fin de entender las causas de algo pero a cambio podemos percibir sus efectos. Lo que nos lleva inevitablemente a la narrativa.

Y el psicoanálisis es una narrativa como otra cualquiera, una narrativa que explica cosas aunque las causas que invoque sean falsas, pues lo que importa en una narrativa no es su precisión sino su sentido, basta pues con que sean aceptables para el individuo. Pues sin narrativa no llegaríamos a ser ni siquiera individuos.

Lo que es seguro es que el inconsciente es bastante distinto a cómo lo imaginó Freud aunque para mí su idea del inconsciente como un grupo de procesos mentales sexuados es irrebatible. Y lo es aunque hoy hayamos cambiado este nombre de libido por el más moderno de fitness. La idea es la misma: el inconsciente es un depósito de patrones filogenéticos destinados a la supervivencia y la reproducción.

Y es por eso que Wilson habla de un inconsciente adaptativo o nuevo inconsciente. Aunque en realidad la idea no es nueva y ya se le había ocurrido a Jung con su teorización sobre los arquetipos, aunque Jung -que como es natural- no sabia nada de evolucionismo sólo pudo aventurar de ellos su caracter repetitivo y universal pero no su carácter adaptativo y transmisión filogenética; para Jung el arquetipo es un patrón que se constela en unos individuos y no en otros por razones de idiosincrasia psicológica. Aunque Jung nunca aclaró dónde estaban los arquetipos y la ubicación del inconsciente colectivo, lo cierto es que sus ideas están más relacionadas con los universales platónicos que con los hallazgos de la neurociencia actual. Los arquetipos de existir no sobrevuelan en el cosmos buscando un alma donde encarnarse sino que se transmiten genéticamente de generación en generación a traves del ADN, constituyendo una memoria de la especie y más allá de ella de su philum.

Lo nuevo es pensar en el inconsciente como un reservorio de patrones destinados a preservar la vida o el fitness del individuo. Un depósito de patrones adaptativos.

Y eso es precisamente el “modo a prueba de fallos” del que hablé en mi anterior post. No se trata pues de discutir si la depresión es o no adaptativa, lo que es adaptativo es su soporte filogenético. Pues no cabe duda de que el “modo a prueba de fallos” es una adaptación que no necesariamente equivale a deprimirse tal y como lo entendemos hoy.

Algo que fundamentalmente depende de la autoestima.

La autoestima.-

La autoestima -llamada por Freud investimento narcicista- es la cantidad de libido (fitness) invertido en uno mismo. Es por asi decir el valor que nos adjudicamos a nosotros mismos en comparación con lo y los demás. Asi decimos que ciertas personas tienen la autoestima baja porque en su medición se quedan por debajo de sus méritos, mientras que otros decimos que tienen la autoestima alta porque se valoran por encima de sus merecimientos.

Lo importante es entender que la autoestima es una aproximación acerca del valor que cada individuo hace de sí mismo. Que es fluctuante y solo se activa en la comparación o cuando el individuo ha de echar mano de variables de comparación más o menos fiables para emprender una tarea. Pero la variable critica sobre la que se enrosca la autoestima son los logros (percibidos) de cada cual. Asi es posible decir que cuando venimos al mundo lo hacemos con una autoestima 0 y que esta autoestima va forjándose a través de las relaciones que aportan beneficios en clave de hetero-estimación. Asi es posible predecir que:

  • Las personas que han tenido el “amor, cuidados e interés suficiente” desarrollarán una autoestima funcional.
  • Las personas que han recibido pocos cuidados, interés, amor o valoración suficiente desarrollarán una autoestima baja.
  • Y las personas que han desarrollado una autoestima hipertrófica lo hacen porque han recibido un exceso de cuidados, afecto o valoración o bien no han podido atribuir sus logros a sus esfuerzos por conseguirlos.

¿Qué es una autoestima funcional?

Es aquella que nos permite aceptar las derrotas, humillaciones o adversidades corrientes de la vida sin venirnos abajo. Es aquella que pasa por alto las pequeñas contrariedades y sale adelante en las de mayor calibre después de un tiempo de refresco. Es aquella que vive en coherencia con los propios logros y se instala en ellos sin rencor, sentimiento de deuda o culpa.

Naturalmente las personas con una autoestima funcional no necesitan entrar “a modo de prueba de fallos”, aunque pueden hacerlo puntualmente ante eventos de estrés, pero no permanecerán en ellos cuando pierdan en una confrontación, sean abandonados por sus parejas o sean despedidos del trabajo, pues su atoestima volverá a su posición iniciai después de digerido el golpe. Pues su cerebro es capaz de autoestimularse sólo, no necesita de aportes eternos para graduarla.

Desde el punto de vista evolucionista la autoestima tiene dos periodos (Krebs y Davis 1993): Un primer periodo relacionado con la lucha, la intimidación donde salir derrotado es la principal consecuencia de no haber medido bien las fuerzas de un contendiente antes de entrar en una pugna. Los modelos matemáticos utilizados en teoria de juegos aplicados a la evolución llaman a este factor el Potencial de Retención del  Recurso (RHP), que es una estimación de la capacidad de lucha de un individuo, o más en general, la capacidad de controlar el resultado de las situaciones interpersonales conflictivas. Se utiliza en el cálculo del RHP relativo, que es la evaluación  que hace el individuo de si es más poderoso que un competidor.

Con el cambio parcial en los enfrentamientos (durante la evolución reciente de los homínidos) de la competencia agónística por la intimidación a la competencia hedónistica por la atracción, RHP está siendo reemplazado por el autoconcepto del poder de retención de la atención social (SAHP, “self-concept of social attention holding power”) que se refiere a la capacidad de un individuo para atraer la atención y la aportación de otros miembros del grupo (Gilbert et al., 1995). Considerando que la RHP determina el equilibrio entre el ataque y el sometimiento, SAHP determina el equilibrio entre la presunción y la modestia en los eventos sociales importantes

La disminución del RHP explica la baja autoestima, la inferioridad y otras formas de auto-percepción negativa que son características comunes de la depresión; y bajos valores de SAHP explican características tales como la culpa, la vergüenza, la ansiedad social y el sentimiento de culpa.

Dicho de otra manera: tanto el SAHP como el RHP bajos convocan emociones de desescalada en la interacción social y que inducen estados compatibles como lo que entendemos como depresión.

La siguiente variable implicada en la autoestima es el valor del recurso. El valor del Recurso (VR), es una estimación del valor de lo que sea por lo que se está luchando. El valor del recurso expresa la inversión del individuo en los objetivos y los incentivos a los que tendría que renunciar al rendirse. Estos pueden ser objetivos particulares tales como conseguir un beneficio o ventaja concreto en algún asunto, o pueden ser más generales, tales como la ambición y el deseo de mejorar socialmente, o pueden ser simbólicos tales como el logro filosófíco o religioso. En la medida en que las recompensas dependen cada vez más de la situación social, el valor del recurso representa la ambición y todas las formas de búsqueda de estatus.

La reducción del valor del recurso de los pacientes deprimidos explica la pérdida global de interés, la apatía y la disminución de la eficacia de los refuerzos.

Y la tercera variable es la propiedad. Un no-propietario tiene que ser mucho más poderoso para ganar en una competición contra un propietario. La propiedad es un componente de la estrategia evolutivamente estable, Burgués en el juego Halcón-Paloma-Burgués (Krebs y Davies, 1993). Y que viene a resaltar que las alianzas entre subordinados y dominantes dan mejores puntajes para ambos que los enfrentamientos continuos.

En resumen, ante un evento de estrés la variable critica para entrar en un modo a prueba de fallos son aquellas personas que puntuan alto o bajo en autoestima.

Hasta ahora hemos visto lo que sucede en los depresivos (los perdedores en una confrontación), es decir en aquellos que tienen baja autoestima: lo que sucede es que desescalan los niveles más bajos (más reptilianos) arrastrando con ellos una enorme madeja de emociones que implican desescaladas en su cerebro limibico y cogniciones depresivas en su cerebro más racional.

¿Pero qué sucede en aquellos casos donde existe una autoestima alta o aun artificiosa?

Será en el proximo post.

Bibliografía.-

Krebs, JR & Davies, NB (1993) Una introducción a la Ecología del Comportamiento, 3 ª edición. Oxford: Blackwell Scientific Publications.

Gilbert P, Price J & S Allan (1995) La comparación social, atractivo, social y evolución: cómo podrían estar relacionados con las nuevas ideas en psicología?: La Revista Internacional de Teoría de la Innovación en Psicología, 13, 149-165.

Price, John:  La función adaptativa del cambio del estado de ánimo. British Journal of Medical Psychology, 71, 465-477, 1998