¿Hay alguna relación entre la proliferación de armas y la depresión?


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“Los seres humanos se cambian a sí mismos a través de la tecnología.” ~ Jaron Lanier

No cabe ninguna duda de que nosotros los sapiens venimos de serie muy mal dotados desde el punto de vista armamentístico, carecemos de las garras de un tigre, ni de los dientes de un león, carecemos de cuernos como los ciervos, ni de venenos para espantar a nuestros depredadores, nuestro tamaño no es para asustar a nadie y nuestro armamento de “retirada” tampoco es demasiado sofisticado: no tenemos una velocidad de carrera suficiente para correr delante de un puma, ni sabemos nadar demasiado bien ni por supuesto volar.

¿Cómo nos las apañamos para sobrevivir en entornos de sabána abierta en tiempos ancestrales?

Algunos autores como Robert Linden (Linden 2010) han llamado la atención de que son precisamente esos hándicaps los que nos llevaron por el camino de la hominización. La historia evolutiva de la hominización es la historia de las compensaciones que llevó a cabo nuestro cerebro para sobrevivir en entornos hostiles en los que anduvimos durante eones de tiempo.

Y lo que encontró fue la inteligencia. Sobrevivimos porque fuimos más inteligentes que nuestros adversarios y es por eso por lo que ya un antecesor nuestro “el homo habilis” inventó las herramientas.

Es verdad que ya algunos animales son capaces de utilizar ciertas herramientas (que tienen a mano) para alcanzar alimentos o extraerlos de alguno lugar inaccesible, pero no son capaces de fabricarlas; no cabe duda de que fue nuestro phylum, el de los homínidos quien encontró una mayor sofistificación y talento para construir artefactos destinados a dos cuestiones: la ornamentación y la caza.

Pero ahora vienen las malas noticias.

Tal y como cuentan Dawkins y Krebs en un artículo de 1979, los armamentos (las defensas) entre las distintas y dentro de la misma especie coevolucionan. El ejemplo más claro de esta cuestión es la relación que existe entre el uso de antibioticos y las defensas que usan los microorganismos para defenderse de ellos. Se trata de una verdadera carrera armamentistica, donde la velocidad de invención por parte nuestra ha de llevar cierta ventaja sobre las adaptaciones de las bacterias si no queremos morirnos de una simple neumonia. Tambien la velocidad de carrera de las gacelas evolucionó con la velocidad de sus depredadores naturales siguiendo lo que Dawkins y Krebs han llamado el principio de vida-cena. Uno corre para salvar su vida (la gacela) y el otro para cenar, de donde puede deducirse que habrá siempre una cierta ventaja en la carrera libre a favor de la gacela. El guepardo tendrá que utilizar otras estrategias como usualmente lleva a cabo: el acecho.

Todos hemos pues de correr como nos enseñó la reina Roja (Ridley, 1993) de “Alicia en el pais de las maravillas”

Pero la invención de las armas, flechas, lanzas, dardos, proyectiles, etc, tiene una segunda lectura: facilita el homicidio, la guerra y cosas asi.

Y lo facilita porque es muy poco probable que un hombre pueda matar a otro usando solo su “armamento natural”. No puede hacerlo a mordiscos, patadas, o puñetazos, a poco que el rival se defienda. Dicho de otra manera: procedemos de una especie poco dotada para la lucha (aunque muy irascible) que por consiguiente no desarrolló los suficientes mecanismos inhibitorios a fin de no masacrar a sus victimas, como si desarrolaron otras especies.

Significa que en cualquier animal: el armamento disponible y los mecanismo inhibitorios de la agresividad coevolucionaron. Y esta es la razón por la que en las confrontaciones agonísticas entre animales no suele haber muertos (aunque si vencedores y vencidos). Dicho de otro modo la selección natural favoreció la implementación de rituales que venian a sustituir al fatal desenlace.

Del ritual hablé precisamente aqui: se trata de una conducta que comunica una señal de sumisión por parte del vencido y otro de triunfo por parte del vencedor y que de alguna manera desactiva la agresión del vencedor y que la “sangre llegue al rio”. El vencedor se da por satisfecho con las muestras de sumisión o huida del vencido que esperará una nueva oportunidad. En la naturaleza son muy poco frecuentes las confrontaciones a muerte.

¿Pero es asi en los humanos?

Lo curioso es que nosotros los humanos hemos cortocircuitado los rituales que mantenian el statu quo de vencedores y vencidos al introducir la variable critica de la tecnología.

Naturalmente no es lo mismo apretar el gatillo de una ametralladora y matar a distancia a decenas de personas que hacerlo “a mano” con cuchillo o espada. Y no es lo mismo porque el cerebro no computa los disparos como asesinatos sino como una especie de videojuego donde se matan marcianitos, algo relativo a lo imaginario. La tecnología armamentistica que hemos inventado desde el puñal hasta el misil tiene una contrapartida: la lucha ha dejado de ser algo que recluta emociones distintas y variadas a convertirse en algo impersonal. Matar hoy es muy fácil y no involucra al individuo en toda su dimensión humana que podria convocar ciertos controladores contra la agresión.

Dicho de otro modo: la carrera tecnológica que construye armas (una carrera rápida) no ha desarrollado paralelamente mecanismos inhibitorios (carrera lenta o evolución) para no usarlas o usarlas en tiempo y forma socialmente conveniente.

Lo mecanismos inhibitorios que hemos desarrollado en nuestra especie son fundamentalmente psicológicos y sociales, asi el autoncontrol, la compasión, el miedo a sufrir daños, el miedo al castigo o a la exclusión social, la empatia o la moral individual han venido a suplantar a los potentes rituales agonísticos que llevan a cabo los animales a fin de no causar o sufrir daños. Y es obvio que toda esta sofisticación psicológica o social por si misma es incapaz de inhibir o detener la agresividad de ciertos individuos.

Y no es probable que la carrera de las adaptaciones iguale a la carrera armamentistico-tecnológica de las cosas que podemos utilizar para hacer daño a nuestros semejantes, de modo que no tenemos más remedio que apelar al aprendizaje social (aprender ex novo) a obtener buenas razones para ser buenos y no dañar a los otros por más que tengamos buenas razones para odiarles.

Y es por eso que existe la depresión y es tan frecuente en nuestros entornos opulentos: se trata de una solución que minimiza los riesgos de la violencia.De tal modo que es posible predecir que a más proliferacion de armamentos y tecnologías para inflingir daños son de esperar mas depresiones entre nuestros conciudadanos.

Pero para entender mejor esta relación, los lectores tendrán que esperar al proximo post donde hablaré de un constructo utilizado por John Price (Price 1994) que llamó “Modo a prueba de fallos”. Se trataria de un patrón preformado en nuestro cerebro a fin de minimizar los efectos de las derrotas en confrontaciones agonisticas y cuya función seria la de señalar en los derrotados una especie de “muerte ritual” -similar a las que muestran los animales que son derrotados en una confrontación- aunque salvando la autoestima personal y eludiendo la concienciación de la derrota.

Pues en realidad el derrotado no se siente derrotado sino enfermo o incapacitado. La enfermedad es el equivalente de una derrota ritual y suprime al mismo tiempo la agresividad.

Bibliografía.-

Price, JS, Sloman, L., Gardner, R., Gilbert, P. & Rohde, P. (1994) La hipótesis de la competencia social de la depresión. British Journal of Psychiatry, 164, 309-135.

Robert Linden : “El cerebro accidental. Paidos. Barcelona 2010.

Matt Ridley: The red queen: sex an the evolution of human nature. Penguin.1993.

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3 pensamientos en “¿Hay alguna relación entre la proliferación de armas y la depresión?

  1. Pues en realidad el derrotado no se siente derrotado sino enfermo o incapacitado. La enfermedad es el equivalente de una derrota ritual y suprime al mismo tiempo la agresividad.

    Me parece más que interesante el desarrollo de stas actitudes en las cuales no se desarrollen las comparativas.

  2. ´Me encantaron tus reflexiones, justo ayer terminaba de mirar una película basada en hechos reales (no muy buena por cierto) acerca de Ted Bundy (un asesino en serie de EEUU) y mientras me duraba el malestar de ver hasta qué nivel de violencia y locura puede llegar un ser humano miro a mi gatita con sus garritas durmiendo plácidamente en el sillón y me surgió esa frase conocida de “cuanto más conozco a los hombres mas amo a mi perro “(gato en este caso). Y preguntarme justamente lo que mencionas en la nota acerca de por qué tantas desviaciones en los humanos, que como máquina compleja será asi, con más probabilidades de fallos…

  3. Bandura observo que los niños adoptan conductas violentas que observan en los medios. El experimento del muñeco Bobo es un clásico (teoría del aprendizaje social).

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