¿Quién elige a quién en nuestra especie?¿Ellos o ellas?

piercing_nariz1

Los que leyeron el post del año pasado es seguro que no habrán podido disfrutar del fin de año pensando en la solución del enigma que plantée alli: quién elige a quién en nuestra especie, algo que dejé adrede colgando cuando hablé de la teoría del hándicap y del papel de los adornos, ornamentos y prótesis para embellecernos y resultar asi más atractivos para el sexo opuesto aunque sean desventajosos.

Recordaremos la regla fundamental sobre la teoria del hándicap: “En una especie determinada, la elección recae en el sexo opuesto a los individuos que se adornan, ornamentan o presumen de un determinado rasgo o característica”. Así, obviamente entre los pavos son ellas quienes eligen, como por cierto sucede en gran número de aves.

¿Qué sucede en nuestra especie?

En nuestra especie las cosas son mucho más complicadas, pero existen ciertas evidencias:

1.- Las mujeres gastan más recursos en embellecerse, cuidan más su cuerpo y sus prótesis capilares, consumen más en cosmética, usan trajes y calzados incómodos e inapropiados, adornan su orejas, sus cuellos y sus muñecas con toda clase de abalorios sin contar los piercings y los tatuajes o la cirugía estética. Es obvio que un antropólogo extraterrestre sacaría inmediatamente la conclusion de que en nuestra especie elige el hombre, puesto que la mayor carga de adornos las exhibe la mujer.

2.- Los hombres tambien corren con parte del gasto pero no invierten tanto en belleza o en adornos como en “dinero”, “fama” “poder”, “sabiduría o conocimientos” “habilidades musicales o artísticas”, etc , es decir invierten muchos recursos en aparecer como atractivos para el sexo opuesto siguiendo el rastro de gustos distintos que hombres y mujeres exhiben en sus preferencias. Lo interesante es que los gustos femeninos se han diversificado mucho más que los masculinos. Un hombre puede resultar atractivo para un cierto grupo de mujeres “sapiosexuales” por ejemplo mientras otras caen a los pies de alguién solo por el hecho de ser un campeón en su modalidad deportiva o por sus habilidades en el baile. Los hombres tendemos a considerar atractivas a cierto tipo de mujeres y no a otras. Es lo que se conoce con el nombre de plasticidad erótica.

De manera que los datos y sobre todo la experiencia contradicen la primera impresión que se llevó nuestro antropólogo extraterrestre. Todos los hombres hemos sufrido en nuestras propias carnes la evidencia de que nosotros recibimos el doble (al menos) de rechazos que ellas. Al tiempo que sabemos que ellas tienen más éxito reproductivo que nosotros. Y que una parte importante de hombres no sólo no se reproducen sino que no consiguen agenciarse una pareja estable (son los solteros empedernidos), una población más importante en ellos que en ellas (desde que no hay guerras globales). Si usted quiere saber más sobre las desventajas de los hombres es mejor que lea este articulo de Baumeister, se librará de muchos prejuicios e ideas preconcebidas.

Estos ultimos datos irían en contra de la primera impresión obtenida a partir del gusto por el embellecimiento en ellas. ¿Cómo podemos conciliar unas observaciones con otras?

Lo primero es reconocer que los emparejamientos entre humanos, no se dan en el vacío. Hombres y mujeres no se emparejan al azar sino siguiendo ciertos patrones inscritos en la cultura y la tradición: 1) Solemos emparejarnos por cuestiones de inteligencia, buscamos sobre todo parejas con un CI semejante, 2) Obviamente existen clases sociales y las clases sociales más elevadas suelen emparejarse entre ellos, la permeabilidad social solo es válida en las clases medias. Las clases bajas tienen la misma tendencia que los ricachones, tienden a emparejarse entre ellos y 3) Solemos emparejarnos con quién podemos y se encuentra a nuestro alcance (sed eligo quod veo).

El corto y el largo plazo.-

Pero la variable crítica y lo que diferencia nuestra especie de las demás es la dicotomía corto plazo/largo plazo. Las elecciones cambian según sean para una noche de placer que si son tomadas para un compromiso más prolongado.

Y está es precisamente la variable critica: el compromiso.

El compromiso reproductivo, claro.

El compromiso traza una linea roja que divide los intereses entre ellas y ellos. De tal forma que para el cortoplacismo es muy probable que elijan ellas. Y es lógico que sea asi porque las mujeres disponibles para el cortoplazo son minoría con respecto a los hombres. Hay más hombres dispuestos para el corto plazo que mujeres, eso les da a las féminas una enorme ventaja en sus escarceos en busca de pareja. Ahora bien para el largo plazo eligen ellos y es también lógico puesto que los compromisos reproductivos tienen un enorme costo para el hombre, no me refiero sólo a costos económicos o de recursos invertidos en la prole sino en la escasa posibilidad de dedicarse a lo que a nosotros los hombres nos gusta más: el corto plazo, es decir el sexo sin costos.

Si esto fuera cierto es posible llevar a cabo una predicción: habrá siempre más prostitutas mujeres que hombres, es decir mujeres dispuestas para el corto plazo que no exigen compromisos previo pago.

Ahora bien, hay que contar además con una ultima pega: no llevamos en la frente un distintivo que diga “busco marido” o “busco esposa para el largo plazo” o “busco plan de una noche”. Dado que no existen marcadores que nos señalen hacia las intenciones de nuestra pareja (que tenderá siempre a ocultarlo) es necesario recordar que todo cortejo se desarrolla en torno a la ambigüedad. Una ambigüedad que se manifestará en eludir el problema crucial: ¿hay o podrá haber en el futuro un compromiso con este hombre?

Dicho de otra manera: todo corto plazo se solapa con las decisiones a largo plazo y le antecede, no hay largo sin corto plazo. No existe en la mayor parte de ocasiones, una voluntad de llegar a un compromiso en los primeros escarceos. Pero en el teatro del cortejo y aunque estos temas espinosos se eludan, pronto o tarde habrán de abordarse a medida que una relación se consolide dando lugar a no pocos desencuentros y decepciones. En el teatro del cortejo hay que aposentar comodamente a estas adaptaciones ancestrales que juegan su propio juego de estrategia mamífera: conseguir pareja, conseguir retener una pareja, conseguir que se ocupe de los hijos y conseguir que no tenga otros hijos por ahi que pongan en peligro mi territorio-nido.

Lo cierto es que aunque la mayor parte de nosotros somos declaradamente (oficialmente) monógamos, los somos por obligación y tambien por comodidad. No cabe duda de que la monogamia ha proporcionado a nuestra especie muchas ventajas, una de ellas es que los machos poco viriles, asi como los machos y hembras poco atractivos pueden llegar a emparejarse a poco que se conformen con lo que tienen a mano. No cabe duda de que la monogamia es un estilo reproductivo muy democrático, mucho más que la poligamia (donde solo se reproduce un macho) o la promiscuidad donde nadie sabe quién es el padre de quién.

Pero lo cierto es que nuestra procedencia filogenética tienen poco que ver con la monogamia y mucho más que ver con la poligamia del gorila o la promiscuidad del chimpancé. Es por eso que se inventó la monogamia sucesiva (cambiar a la esposa por otra más joven) o el “ahi te quedas” de tan fuerte presencia en el tercer mundo.

La verdad es que el que inventó la monogamia inventó a su vez la infidelidad, pero no crean que fuimos nosotros los humanos quienes inventamos el engaño sino las aves. Los pájaros como los gorriones tienen un estilo de emparejamiento muy parecido al nuestro, usan la monogamia para repartirse las tareas del nido y el cuidado de las crias al tiempo que hacen incursiones con otras parejas.  De lo que se trata es de diversificar la inversión parental como hacemos con nuestros ahorros. Algo que llevan a cabo tanto machos como hembras: a las gorrionas también les gusta ponerles los cuernos a sus parejas ,no tanto por vicio sino atendiendo una pulsión de vida.

Y sucede en nuestra especie algo similar: en nuestras guerras por hacernos con un compañero/a de alto rango (todos aspiramos a los mejores genes) son muchos los que fracasan, yo diría que la mayoria. Unos se conforman y otros merodean de vez en cuando en busca de amantes nuevos con el pretexto de “mi mujer/marido no me entiende”.

Ya me entienden.

Como un gorrión.

Mi conclusión es que en nuestra especie juegan un papel muy importante en la selección de la pareja tres variables: la clase social: las clases altas diversifican más sus escarceos debido a que tienen más oportunidades (son más atractivos) que las clases medias y bajas, el CI, las personas tienden a emparejarse según su inteligencia y la variable del corto-largo plazo que implementan estrategias bien diferentes.