La gran diferencia


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Informe del antropólogo extraterrestre a la base.-

El género humano está compuesto de descendientes de lo que en la Tierra se conocen como simios o primates, una serie de especímenes de la que ya solo quedan pocas especies y ejemplares. Sin embargo los hombres no conservan a sus antecesores directos que se extinguieron dejando pocos y fragmentados ejemplares fósiles. Las especies más relacionadas con el hombre son pocas y no son sus antecesores directos sino algo así como primos de segundo rango: orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos comparten con los humanos buena parte de su ADN y sin embargo las diferencias con ellos son notables.

Para empezar el dimorfismo sexual entre hombres y mujeres es inferior al que ostentan los gorilas y más parecido al que tienen los chimpancés, así y todo es posible especular con que este dimorfismo evidente es el resultado de contundentes historias de rivalidad por las hembras de esta especie. Los humanos son muy concupiscentes aunque casi el 30% de sus machos “pasan la mano por la pared” si se me permite una frase hecha que he copiado de los humanos. Es obvio que la regulación sexual no funciona bien entre ellos lo que nos permite predecir que esta especie está bastante lastrada por esta desigualdad y son de prever grandes disturbios por esta causa.

dimorfismo_sexualLos hombres son más grandes, más altos, más fuertes y más pesados que las mujeres por termino medio lo que indica unos ancestrales usos en una competencia “sin cuartel” entre ellos. Pero como siempre sucede con aquellos que en un momento determinado optaron por la monogamia los humanos no presentan diferencias tan notables como sucede entre los gorilas, polígamos donde el macho dominante es el único con derecho a reproducirse. Entre los humanos esta tendencia se ha minimizado, pero siguen manteniendo costumbres poligámicas y costumbres promiscuas en sus formas de interacción sexual.

Sin embargo lo que más ha llamado la atención de este antropólogo becario es la escasa conciencia que los humanos han adquirido respecto a la Gran diferencia: la que se encuentra en sus cerebros. Asumen las diferencias en el rendimiento muscular (le llaman deportivo) pero están escasamente inclinados a aceptar que los cerebros de hombres y mujeres son diferentes.

Es lógico en parte, pues sus anatomistas no han encontrado diferencias significativas en los tamaños de sus cerebros, sin embargo han eludido (este antropólogo cree que a propósito y por razones que ellos denominan, políticas) las diferencias que proceden de sus funciones, que se encuentran reguladas por hormonas sexuales. Así, es posible hablar de un cerebro masculino, aquel que ha estado expuesto en la época fetal a la  testosterona y un cerebro femenino, aquel que no ha estado expuesto a esta hormona, sin contar con los genes expresados en los cerebros individuales y que están relacionados con las diferencias sexuales.

Fin del informe.

Simon Baron Cohen no fue el primero en caer en la cuenta de que los cerebros masculino y femenino eran distintos y tampoco fue el primero en asociar estas diferencias con ciertas enfermedades mentales. Ya Freud había observado que los hombres eran más obsesivos y las mujeres más histéricas, siendo el emparejamiento obsesivo-histérica muy frecuente durante el siglo XX como si alguna ley de emparejamiento hiciera de las suyas entre bambalinas.

Lo que es lo mismo que admitir que los hombres son predominantemente más rígidos, controladores de sus emociones, más constantes o perseverantes y más agresivos que las mujeres, mientras que ellas son mas sociables, emotivas y al decir de Baron-Cohen empáticas. De manera que no es sólo la habilidad para leer mapas  y orientarse en el espacio en los hombres o las habilidades de comprensión y lenguaje entre las mujeres las unicas diferencias entre Venus y Marte.

La idea de que en nuestro cerebro existen modos de funcionamiento femenino (anima) y modos o principios masculinos (animus) no sólo fue defendida por Jung sino que pertenece a la tradición psiquiátrica y psicoanalítica más antigua y rancia, pero lo cierto es que sus bases biológicas habían pasado desapercibidas y sólo han comenzado a reconocerse con los avances de la neurociencia, la genética y la epigenética.

No hay pues ninguna novedad en esta historia de cerebros masculinos y femeninos, lo que es una novedad tal y como cuentan en este post es que por primera vez en la historia de la medicina se atribuya la aparición de una enfermedad -en este caso el autismo- a un fenotipo masculino extremo (cosa que por cierto y había dicho Asperger) aunque con poco éxito.

Baron-Cohen propuso que existirían dos tipos de pensamiento que la evolución habría preservado -seleccionado positivamente- por los buenos resultados que ofreció a nuestra especie, por una parte el pensamiento sistemático o tipo masculino (S) y por otra parte el pensamiento empático o femenino (E) también llamado por otros: mentalizante. En esta web podeís encontrar una explicación de estos cerebros y también de sus interfases (pensamiento balanceado o tipo B) y aqui en esta web podeís ver y pasaros a vosotros mismos el cuestionario que mide vuestro cociente de empatía.

Y ahora es necesario que volvamos a la cuestión del emparejamiento selectivo. Al parecer nos emparejamos con personas afines en algún sentido, algunos suponen que era la clase social la variable más importante en esta cuestión, otros pensaban que estos emparejamientos se deberían mas bien a ciertos factores de la personalidad pero la verdad del asunto es que nos emparejamos con personas con un CI (cociente de inteligencia) similar al nuestro.

Esta tendencia explicaría la incidencia de ciertos trastornos psiquiátricos como el autismo que alcanza proporciones dramáticas en ciertas zonas del planeta, mas concretamente explicaría la concentración de casos en el Silicon Valley. Lo cierto es que los matemáticos, ingenieros e informáticos se llevan el top ten de frecuencias en cuanto a la probabilidad de tener hijos autistas. También hay muchos autistas de alto rendimiento entre los matemáticos y seguramente más matemáticos entre los antecedentes familiares de los autistas.

Parejas con cerebros intensamente masculinos -y poco empáticos- serían pues los probables progenitores de niños autistas.

Pero no es la única posibilidad, pues aun existe la posibilidad de que unos genes al expresarse en el cerebro fetal silencien a otros. pero de epigenética hablaremos otro día.

Bibliografía.-

  1.  Baron-Cohen, Simon. “The hyper-systemizing, assortative mating theory of autism”. Progress in neuro-psychopharmacology & biological psychiatry. 2006, vol. 30, no5, pp. 865-872.
  2. Simon Baron-Cohen. “The Essential Difference. Men, Women And The Extreme Male Brain”. Penguin, Londres (2003).
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2 pensamientos en “La gran diferencia

  1. Recomiendo la lectura del libro de Natalia Lopez Moratalla, Catedratica de Neurobiologia, titulado “Cerebro de varon Cerebro de mujer” muy interesante. Habla precisamente de este tema, las diferencias bioquimicas y mentales / psicologicas, entre hombres y mujeres, que la ideologia de genero y el feminismo trasnochado, quiere enmascarar. Viva la diferencia!.

  2. “la verdad del asunto es que nos emparejamos con personas con un CI (cociente de inteligencia) similar al nuestro”

    Totalmente falso, no existe evidencia de emparejamiento por C.I. El emparejamiento entre individuos fenotípicamente similares está muy documentado en animales y humanos e implica muchas características principalmente el atractivo [Thiessen y Gregg 1980, Burley 1983]. En los seres humanos, que es lo que nos ocupa, se ha encontrado similitud en aspectos bien conocidos como la edad, la educación, la clase social y la personalidad [Spuhler 1968, Mascie-Taylor 1987], la morfometría facial [Spuhler 1968, Susanne 1977], la apariencia facial [Zajonc et al. 1987, Hinsz 1989], la estatura, la masa corporal y el índice de masa corporal [Allison et al. 1996, Courtiol et al. 2010]. Un meta-análisis de 15 estudios arrojaron una correlación de 0,39 en el atractivo físico de las parejas analizadas [Feingold 1988]. Estudios más recientes dieron estimaciones similares [por ejemplo, Little et al. 2006, Hitsch et al. 2010]. Emparejamiento selectivo tiene importantes consecuencias biológicas. Se aumenta la variación genética aditiva de los rasgos relevantes en la población [1956 Breese, Crow & Felsenstein 1968], que, según el teorema fundamental de Fisher de la selección natural, aumenta el ritmo de su evolución [Edwards 1994]. Por otra parte también facilita el altruismo [Thiessen y Gregg 1980] y puede conducir a la especiación [Irwin y Precio 1999 Gavrilets 2003]. El nivel de coincidencia dentro de los pares formados tanto en funciones psicológicas como características físicas (incluido el atractivo) predice la duración de los enlaces [Hill et al. 1976, White 1980, Folkes 1982], y por lo tanto influye en el éxito reproductivo [Thiessen y Gregg 1980].

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