La hipótesis de la competencia sexual en los trastornos alimentarios


Riadh T. Abed, es un psiquiatra inglés que pertenece al Departamento de Psiquiatría del Hospital General de Distrito Rotherham,  y es profesor clínico de Honor de la Universidad de Sheffield. Ha sido citado por mí en innumerables ocasiones en este blog, al menos en este post.

Su concepto de “competencia desbocada” (runaway) es clave para entender como los extremos de esta estrategia dan lugar a los trastornos alimentarios.

El objeto de este post es dar a conocer el artículo que le hizo famoso, muy citado por todos los que nos dedicamos a los trastornos alimentarios, se trata de una hipótesis evolutiva sobre el origen de los mismos y que he traducido del inglés de la mejor forma que he podido para dar a conocer su trabajo.

Resumen.-

Se presenta una hipótesis  para los trastornos de la alimentación, basada en la teoría darwiniana, que afirma que estos síndromes, junto con el fenómeno de la búsqueda de la delgadez son manifestaciones de la competencia intrasexual femenina. Se sugiere que los trastornos alimentarios derivan de la adaptación psicológica de la hembra humana de preocupaciónes acerca de su atractivo físico, un componente importante a fin  de “atraer a una pareja” y también para retenerla. Se argumenta que el entorno actual de los países occidentales presentan una serie de condiciones que han dado lugar a la activación excesiva o la interrupción de la arcaica estrategia femenina sexual de maximizar el “valor de la pareja”. La hipótesis actual ocupa el último nivel de la causalidad y por lo tanto es compatible con una amplia gama de teorías de la causalidad próxima. Aunque la hipótesis actual no es directamente verificable, hace predicciones que sean comprobables y refutables. Por último, se sugiere que la hipótesis de competencia sexual tiene más poder explicativo que las actuales teorías de la evolución de los trastornos alimentarios.

El articulo.-

La ciencia evolutiva ha hecho pocas incursiones en la psiquiatría a pesar de que más de 130 años han pasado desde que el Origen de Darwin apareció. Mientras que se han hecho un sinnúmero de intentos en la reformulación del concepto de enfermedad mental utilizando la teoría de la evolución (véase Price, 1967; Demaret, 1991a &b; Wakefield, 1993; Nesse y Williams, 1995; Stevens & Price, 1996; Baron-Cohen, 1997 ), y algunas hipótesis interesantes se han sugerido en el área de los trastornos afectivos (véase Gilbert, 1992; Price, Sloman & Gardner et al 1994), la esquizofrenia (ver Crow, 1995) y los trastornos de ansiedad (véase Beck, Emery y Greenberg, 1985 ; Marks, 1987) éstas permanecen fuera de la corriente principal del pensamiento psiquiátrico actual.

La teoría de la evolución ofrece a estas cuestiones una explicación de la causa remota, de la causalidad última, es decir la función de adaptación de un determinado rasgo o un órgano en el ambiente ancestral. Sin embargo, las hipótesis evolutivas son compatibles y coherentes con distintos niveles de de causalidad próxima. Tales explicaciones inmediatas se centrarán en las causas bioquímicas, fisiológicas inmediatas, de desarrollo, sociales y de otra índole para la expresión de una característica particular (Symons, 1987; Thornhill y Thornhill, 1987).

La hipótesis sobre los trastornos alimentarios que se presentan aquí se deriva de la teoría de la evolución de la sexualidad humana. La hipótesis actual se basa en la suposición de que, además de dar forma a los sistemas anatómicos, la selección también diseña las adaptaciones psicológicas y de comportamiento que son tan importantes para la supervivencia y el éxito reproductivo de los organismos (Lorenz, 1937, Dawkins, 1982).

Hipótesis:

La presente hipótesis se basa en las siguientes suposiciones:

1. En el ambiente ancestral, la forma femenina es un indicador fiable de la historia reproductiva de la hembra y por lo tanto su potencial reproductivo futuro.

2. La hembra núbil de formas delicadas es el producto de la selección sexual y representa la señal visual más deseable para los hombres. Además de la apariencia de “reloj de arena” el sello distintivo de la forma núbil es su delgadez relativa en comparación con las mujeres mayores.

3. Por primera vez en la historia de la conducta humana el apareamiento se ha disociado de la reproducción. Esto se ha asociado con una disminución progresiva de la fertilidad en los países industrializados. Por lo tanto, las mujeres cada vez más mayores han sido capaces de mantener o recrear la forma núbil.

4. Una serie de factores en el entorno de los países occidentales desarrollados presentan condiciones que aumentan la competencia femenina intrasexual.

Por lo tanto, la hipótesis de que:

a) La búsqueda de la (relativa) delgadez entre las mujeres de los países desarrollados es una manifestación del proceso de competencia femenina intrasexual en un entorno que contiene un gran número de mujeres pseudo-núbiles.

b) El trastorno de aparición tardía del comer (bulimia nerviosa) representa un proceso de competencia femenina intrasexual ‘fuera de control’. Se afirma que el trastorno de aparición tardía surge a través de la reactivación del programa “núbil” más allá de la edad de nubilidad como estrategia de “valor de pareja” cada vez mayor.

c) Las formas de aparición temprana de los trastornos de la alimentación (anorexia nerviosa) es un trastorno del desarrollo que se origina en la competencia femenina intrasexual por el que se establece la forma núbil a un nivel anormalmente delgado en respuesta al estímulo novedoso de mujeres pseudo-núbiles en el entorno de la mujer joven en un etapa crítica de su desarrollo (además de otros, en la actualidad, factores desconocidos).

En los apartados siguientes de este artículo se presentan los argumentos y pruebas en apoyo de los supuestos anteriores e hipótesis. Otras teorías evolutivas para trastornos de la alimentación se revisan brevemente y se contrastará con la hipótesis actual, del mismo modo se llevarán a cabo un número de predicciones en base a esta hipótesis..

La teoría evolucionista de la sexualidad humana y la estrategia sexual humana:

La selección natural y la selección sexual son los dos principales procesos que impulsan la evolución (Darwin, 1871). El proceso de selección sexual se produce a través de la competencia intra e inter-sexual.

Trivers (1972) ha demostrado que las estrategias sexuales masculinas y femeninas se pueden predecir a partir de la inversión mínima que cada sexo puede hacer en la descendencia resultante. Él predijo que el la inversión superior de la mujer la llevaba a demostrar cautela y alta selectividad en las estrategias de apareamiento, mientras que el sexo que invierte menos demostrará estrategias sexuales que son menos exigentes.

En los mamíferos, incluyendo los humanos, la inversión del macho es trivial en comparación con la de la hembra la que produce los -biologicamente caros- óvulos y se somete a un largo período de gestación y lactancia y en el caso de los seres humanos un período prolongado de cuidado durante la infancia y la niñez. Por lo tanto, las mujeres son un recurso limitado y escaso.

Sin embargo, la inversión parental masculina es alta en comparación con otros primates y mamíferos en general. Esto toma la forma de inversión a largo plazo en una hembra y su descendencia a través de la provisión de recursos y la protección, por lo tanto, han existido presiones selectivas que favorecen un cierto grado de discriminación en el comportamiento de apareamiento con estrategias a largo plazo sexuales  (Buss y Schmitt, 1993 ).

Sin embargo, es verdad que copular con muchas hembras pueden aumentar la aptitud reproductiva de un varón, mientras que lo contrario no es necesariamente cierto para las mujeres. Esto significa que una estrategia de apareamiento dual de la fidelidad y merodeo puede maximizar la aptitud de un varón humano (véase Dawkins, 1989).

La teoría sugiere que la competencia de esperma a la hembra humana también puede mejorar su estado físico a través de perseguir una combinación cuidadosamente equilibrada de estrategias de apareamiento de corto y largo plazo (ver Baker y Bellis, 1995; Baker, 1996). Esta estrategia mixta puede servir el doble objetivo de obtener,  ‘genes buenos “, al mismo tiempo asegurar la inversión continua de los padres de una pareja a largo plazo. Sin embargo, como la hembra hace que un nivel elevado de inversión asimétricamente en cualquier concepción posible, permanece en su interés de mostrar una mayor selectividad en la elección de la pareja en comparación con los varones.

De ello se desprende que los hombres tendrán que gastar mucha energía para competir con otros machos por el acceso sexual a las hembras reproductivamente activas. Las hembras humanas por otra parte no es necesario gastar mucho tiempo ni energía compiten por el acceso sexual a los varones debido al coste trivial que una cópula solo representa a cualquier hombre dado. Sin embargo, las hembras entran en competencia activa y vigorosamente con otras hembras por macho-compromiso (es decir, a largo plazo)  que, por su naturaleza, es limitada. Por lo tanto, la selección ha favorecido en las mujeres estrategias diseñadas para evaluar y obtener el compromiso a largo plazo, la fiabilidad y habilidades como padres en los hombres, además de una sensibilidad a las características relacionadas con el alto nivel socio-económico (Buss, 1989).

Estas distintas presiones de selección que hombres y mujeres han sufrido a lo largo de incontables generaciones, explica por qué la teoría evolutiva predice que los machos y las hembras han desarrollado diferentes estrategias sexuales. Por otra parte, la predicción de las diferencias de sexo en los ámbitos estrechamente relacionados con el sexo y el apareamiento se han apoyado por los hallazgos empíricos, por ejemplo, las diferencias sexuales en los celos (véase Archer, 1996; Buss, 1995; Buss, Larson, Westen y Semmelroth, 1992).

Nuestra comprensión de los procesos de atracción y elección de pareja han avanzado significativamente con la introducción del concepto de “valor de pareja” (véase Symons, 1987; Ellis, 1992). Este concepto se basa en la suposición de que los miembros individuales de una especie dada no tienen el mismo valor que los miembros del sexo opuesto como pareja. De ello se desprende que a medida que los hombres y las mujeres difieren en los rasgos que aumentan su valor de pareja, se hacen atractivos para el sexo opuesto, los sexos deberían divergir en sus gustos por elección de pareja y asi sucede en la realidad..

De acuerdo con este “valor de pareja” en el caso femenino está altamente correlacionada con su potencial reproductivo y por lo tanto los machos serán sensiblen a la evidencia visual de la juventud y buena salud ambos de los cuales son altamente relevantes para la fertilidad femenina (Buss, 1987).

En el caso masculino, sin embargo, depende más de la capacidad intuida y la voluntad de proporcionar recursos de protección y materiales. Sin embargo, los atributos como la situación económica, la dominación y la voluntad de invertir en la descendencia,aumenta “el valor de pareja ‘ en el hombre pero se trata de rasgos que no se prestan a una evaluación rápida y fiable a través de señales visuales y por tanto, la selección ha favorecido la selección de pareja de forma diferente y estrategias de atracción distintas para los hombres y las mujeres que están en el “mercado” sexual.

Por lo tanto, se supone que los machos y hembras no sólo muestran estrategias diferentes para atraer a una pareja,sino también muestran un patrón de género específico de respuesta a señales sexualmente significativas. Las diferencias de género en los patrones de excitación sexual se han demostrado en experimentos en los que hombres y mujeres fueron expuestos a estímulos eróticos visuales. Por ejemplo, cuando los hombres y las mujeres se mostraron películas de hombres o mujeres masturbándose, los hombres fueron excitados por las mujeres, pero no por los hombres. Los sujetos femeninos resultaron menos excitadas que los sujetos varones, pero mostraron una activación similar en las escenas “lésbicas” que en las heterosexuales” (Mosher y Abramson, 1977; Abramson y Mosher, 1979). Steinman, Wincze, Sakheim, Barlow y Mavissakalian (1981) llevó a cabo un experimento más elaborado que implica películas que representan la actividad heterosexual, la actividad homosexual masculina, el lesbianismo y sexo en grupo. Se obtuvieron ambos datos psicológicos y fisiológicos de todos los sujetos masculinos y femeninos. Los varones fueron excitados en orden decreciente por sexo en grupo, lesbianas y escenas heterosexuales. Los sujetos femeninos se excitaron en orden decreciente por las películas de lesbianas heterosexuales, y el grupo. Pero hubo menos acuerdo en las mujeres entre los datos fisiológicos y de auto-informe. Ni los hombres ni las mujeres fueron excitados por la película homosexual masculina. Así, mientras los hombres se excitaban constantemente por la desnudez femenina y la actividad sexual de las hembras ,no mostraron una respuesta similar a la desnudez masculina y la actividad sexual (discusión detallada de estos y otros datos relacionados se pueden encontrar en Symons, 1987).

Más datos sobre las diferencias de género en la estrategia sexual se puede encontrar en las encuestas sobre las preferencias de pareja en hombres y mujeres. En una revisión de Buss (1987) de 7 estudios más importantes que se han realizado entre 1945 y 1986 en los Estados Unidos, se encontró de forma consistente que el atractivo físico sigue siendo el atributo más valorado en una pareja de hombres, mientras que una combinación de la condición social, ganando la capacidad, la riqueza material y la ambición son los atributos más deseados por las mujeres de sus compañeros. Esta coherencia en los criterios de selección de la pareja durante los 40 años en cuestión está en marcado contraste con el considerable cambio en las normas sociales en muchas otras áreas de la vida en la mayoría de los países occidentales.

El concepto de Medio Ambiente de la capacidad de adaptación evolutiva:

Los diseños naturales son adaptaciones que se acoplan a ambientes específicos. Por lo tanto, las estructuras anatómicas, psicológicas y de comportamiento se desarrollaron para resolver el conjunto particular de problemas planteados por un entorno particular y será adaptativo para un tipo concreto de ambiente pero no para otro.

Por supuesto, el ambiente ancestral nunca fue una entidad única y constituyó una multitud de ambientes, cada uno con sus propias características distintivas. Por otra parte, las presiones selectivas que formaron la psique humana puede haber sido influenciado tanto por factores culturales en el Pleistoceno como por los problemas de la caza y la recolección (ver Turke, 1990).

Sin embargo, es ampliamente aceptado que los homínidos y los humanos evolucionaron durante el Pleistoceno en un ambiente que ha desaparecido hace mucho tiempo.

La mayoría de las sociedades de cazadores y recolectores tienen ciertas características en común. Los seres humanos vivían en pequeños grupos de individuos relacionados en gran medida. Ellos subsistían mediante la caza y la recolección y se organizaron en una clara división del trabajo por sexo. La caza y la lucha se reconocieron los roles masculinos, mientras que la recolección y cuidado de los niños eran del dominio exclusivo de las mujeres. Aunque es probable que la mayoría de parejas fueran monógamas, los estudios de cazadores-recolectores en tiempos recientes muestran que la poligamia estaba permitida en la mayoría de esas sociedades y de hecho en la mayoría de sociedades agrícolas. El registro etnográfico, por ejemplo, muestra que 708 de 849 sociedades humanas han permitido matrimonios polígamos, mientras que sólo el 4 permite la poliandria (Murdock, 1967). Sin embargo, la poligamia fue practicada por relativamente pocos hombres, de gran integridad, que hicieron una contribución desproporcionada a la reserva de genes a través de tener hijos varias veces más que la media de los hombres (ver Chagnon, 1969).

La actual megalopolis en los países industrializados proporciona tanto un medio físico y social muy alejado tanto del entorno ancestra como de las adaptaciones psicológicas que se desarrollaron durante el Pleistoceno de manera que los rasgos que eran adaptativos entonces pueden no serlo ahora. Por ejemplo, las estrategias de comportamiento que habrían sido altamente adaptativas en el entorno ancestral, como la agresividad masculina y la violencia, pueden llegar a ser muy mala adaptación y finalmente autodestructivo en las actuales sociedades estatales día (Symons, 1990). Estábamos  genéticamente adaptados al pasado, pero no estamos necesariamente adaptado bien al presente o al futuro (Tooby y Cosmides, 1990).

La evolución de la forma femenina:

Los machos humanos y las hembras tienen formas distintivas del cuerpo. El macho adulto es normalmente un 8% más alto y más pesado que un 20% de mujeres de edad similar y ambos sexos muestran diferentes patrones de distribución de grasa (Brown y Konner, 1987).

La hembra humana desarrolla un distintivo a partir de la pubertad que tiene que ver con la distribución de grasa que produce la conocida forma “de reloj de arena” o la denominada cintura de avispa, la forma típica de las mujeres núbiles.

Se argumenta que en la mayoría de las mujeres del Pleistoceno en edad reproductiva estaban embarazadas o en período de lactancia y por lo tanto estériles temporalmente. Por lo tanto, se ha sugerido que, para evitar la cría de los hombres de otro hombre descendiente debe haber desarrollado una aversión a incluso un ligero engrosamiento de la cintura (Ridley, 1993). Aversión tal se espera que sea dirigida hacia las hembras nuevas (es decir, una hembra que no es ya consorte del macho) y debe ser particularmente relevante para el macho en la elección de una compañera a largo plazo.

Los experimentos utilizando dibujos de figuras femeninas donde fue alterada la proporción de las caderas a la cintura sutilmente mostró una preferencia infalible para las imágenes mas delgadas de talle. Sin embargo, los mismos experimentos demostraron que una mujer pesada con una cintura a cadera baja se prefiere una mujer delgada con una elevada relación (Singh, 1993 y 1994a). La más atractiva mujer de cintura a cadera (WHR) se consideró 0.7-0.8 tanto por hombres y mujeres (Singh, 1994b). Valores similares para el WHR atractivo en las mujeres se registraron en hombres jóvenes estadounidenses negros y las mujeres, contradiciendo afirmaciones de que los jóvenes c negros encontraran figuras femeninas con sobrepeso deseables y atractivas (Singh, 1994c). Es de interés que, aunque las más delgados con el WHR dentro de la gama hembra (0,7-0,8) no se considera la más atractiva, las figuras delgadas fueron considerados consistentemente como las más jovenes.

El estudio de atractivo físico masculino mostró que los machos con un WHR bajo se consideraba indeseable, tanto a corto como a largo plazo (Singh, 1995). Así, la especificidad de género y la consistencia de la RCC idealmente atractivo sugiere que tal preferencia es un ser humano con unas medidas específicas que son fundamentales para atraer a una pareja.

Por lo tanto, sostienen que la mujer núbil con “forma de reloj de arena” fue diseñado por la selección sexual mediante el éxito reproductivo diferencial de mujeres que poseen este rasgo en comparación con aquellas que no lo hicieron.

El caso de la hembra competencia intrasexual ‘fuera de control':

La hipótesis sugiere que por lo que ahora llamamos trastornos de la alimentación son una manifestación de la competencia femenina intrasexual ‘Runaway’. Este proceso no debe ser confundido con el fenómeno de la “selección sexual desbocada” (Fisher, 1930) que implica la supervivencia preferente de ciertos rasgos (genes), debido a su atractivo para el sexo opuesto.

El proceso de “embalamiento-competencia hembra intrasexual ‘por otro lado es un fenómeno que implica cambios fenotípicos como consecuencia de factores ambientales.

Potencial reproductivo (RP) en las mujeres es principalmente una función de la edad y RP disminuye progresivamente a medida que avanza año a año y queda a cero en la menopausia. Una hembra RP máximo se produce 3-4 años después de la pubertad y esto coincide con el momento en que el cuerpo de la mujer núbil toma su forma completa. Así, la hembra recién núbil tendrá un RP mayores que en cualquier otro momento durante su vida y se seguiría que los hombres serían seleccionados para ser particularmente atraídos por las hembras que exhiben la forma núbil. Se ha sugerido que en todas las culturas la forma femenina encontrada que más atractivo sexualmente atesora es el de la hembra núbil (Brown y Konner, 1987).

Es interesante que las chicas anoréxicas en el momento en que lleguen a la clínica interpreten su destino totalmente en términos de su forma (Crisp, 1980). Además Crisp (1980) ha señalado que las anorexicas muy a menudo se vuelven hipersensibles a la grasa alrededor de su cintura y que aventuras sexuales o comentarios tales como ‘Parece que estés embarazada” son desencadenantes comunes.

Sugiero que el sello de la figura femenina núbil en el entorno ancestral era su pariente “delgadez” en comparación con el de las mujeres mayores que se han sometido a una serie de cambios en su apariencia física, que incluyen estiramientos de los músculos abdominales y la piel y la acumulación de grasa como resultado de los inevitables ciclos de procrear, el parto y la lactancia. Por lo tanto, se sostiene que, en el ambiente ancestral, la forma de la hembra proporciona un indicador general precisa de su historia reproductiva.

Así, se argumenta que en el ambiente ancestral la efímera núbil relativamente delgada “reloj de arena” era la señal visual más fiable para máximo potencial reproductivo de la mujer (es decir, el máximo número posible de años en el futuro de la vida reproductiva activa).

De ahí que la señal visual que representa esta forma núbil relativamente delgada se convirtió en una parte importante y muy eficaz de la estrategia de la hembra humana como atractivo físico. Los varones que desarrollaron un “gusto” por la señal visual de la mujer núbil en el ambiente ancestral (es decir, buscar mujeres núbiles para el largo plazo) habrían tenido una ventaja reproductiva a través de la adquisición de los derechos de reproducción “para el período más largo posible”.

Además, la selección sexual favorecería hembras que poseían no sólo la forma núbil sino que estaban dotadas también con una adaptación psicológica para reaccionar con ansiedad o alarma si tales señales fenotípicas son perturbadas o amenazadas por ejemplo, a través de la obesidad prematura. Tal obesidad prematura habría tenido el potencial de reducir el valor de la hembra como pareja a largo plazo a través de un mayor parecido en su forma a la de más edad (es decir mujeres con indices inferiores RP)  Por lo tanto, se sugiere que una adaptación que implica una estrategia conductual que tiene como objetivo la conservación o la restauración de la forma núbil (el impulso hacia la delgadez) habría dado a las mujeres que lo poseen (que estaban tratando de atraer a largo plazo compañeros) una ventaja reproductora en el ambiente ancestral.

Mientras que el valor de pareja femenina está afectado fundamentalmente por el aspecto físico, éste no fue el único factor determinante del valor de pareja en las mujeres en las sociedades preindustriales. Otras cualidades femeninas como la fidelidad hubiera sido muy apreciado en potenciales parejas a largo plazo,  ya que habría aumentado la confianza de los hombres en la paternidad. Además, el grupo familiar o de parentesco a través de la inversión de los recursos energéticos con frecuencia aumentó significativamente el valor de una mujer determinada como pareja en las sociedades preindustriales (ver más adelante).

Por otra parte, los parientes mayores y las mujeres han tenido una voz importante en el arreglo de los matrimonios en la mayoría de las sociedades preindustriales (Daly y Wilson, 1992; Symons, 1990).

Como la forma núbil fue relativamente de corta duración debido a los efectos de dar a luz, la mujer núbil sólo habría tenido que pagar una cantidad moderada de atención a su figura a sí misma para lograr diferenciarse de las mujeres que mayores que la rodean. La adaptación de la preocupación de los signos de nubilidad puede por lo tanto, ser más exacto describirlo como el impulso hacia la delgadez es decir, en relación con relación a las otras hembras en las inmediaciones. Esta estrategia de “preocupación por los signos de nubilidad ‘es una forma de competencia femenina intrasexual diseñada por la selección para asegurar la mejor pareja posible a largo plazo a través de la señalización de RP altas.La competencia intrasexual puede estar en el origen de atraer o retener a una pareja.

Por lo tanto,los trastornos de la alimentación pueden describirse como un estado de  competencia intrasexual ‘Runaway’ por el que las espirales de estrategia adaptativa originalmente devienen en fuera de control en respuesta a una serie de factores ambientales llegando a convertirse en algo auto-destructivo.

Es probable que las características humanas del lenguaje y el procesamiento cognitivo consciente ha facilitado en gran medida el proceso de comparación social mejorando así el potencial destructivo de “circuito de retroalimentación” está fuera de control.

Por lo tanto los estudios han demostrado que el temor a engordar y la búsqueda de la delgadez sigue en los pacientes anoréxicos, incluso después de que se conviertan claramente en desnutridos y demacrados (Muuss, 1985). Además, los pacientes bulímicos muestran un potente esfuerzo igualmente por la delgadez que es una de las variables más fuertes que mostraron una correlación directa con la gravedad del trastorno (Vanderheyden y Boland, 1987; Kerr, Skok y McLoughlin, 1991).

La sugerencia de que los trastornos alimentarios son la consecuencia de la competencia intrasexual entre las hembras sería coherente con la observación clínica de que los síntomas de la enfermedad puede ser muy reactivos con el contexto social y puede mostrar una remisión completa con un cambio de las configuraciónes socio-culturales (Raphael y Lacey, 1992).

Además, se reconoce que la observación de que los trastornos alimentarios están relacionados con la preocupación acerca de la forma del cuerpo y el atractivo físico  no es nuevo y ha sido observado por varios autores desde el siglo XIX (véase Parry-Jones & Parry-Jones, 1995).

Es evidente, sin embargo que sólo una pequeña minoría de mujeres en una población determinada mostrará todas las características de los trastornos alimentarios aunque la preocupación por el fisico sea constante en las mujeres. Esto puede explicarse de dos maneras. La primera sería a través de atribuir las diferencias a la variabilidad genética para el carácter de la preocupación acerca de los signos de nubilidad “dentro de la población femenina o, alternativamente, las diferencias pueden ser explicadas por completo en la base de la” plasticidad fenotípica “(Wilson, 1994) que permite a un solo genotipo para lograr múltiples formas en respuesta a factores ambientales. Existe alguna evidencia para sugerir que los factores genéticos pueden ser importantes en el caso de la anorexia nerviosa como una tasa de concordancia del 50% que se encontró entre gemelos monocigóticos en comparación con el 10% en gemelos dicigóticos (Garfinkel y Garner, 1982; Holanda, Sicotte & Treasure, 1988 ).

El impulso hacia la delgadez: una manifestación de la competencia intrasexual entre mujeres?

El nuevo entorno de la ciudad moderna en los países industrializados avanzados ha producido una serie de cambios sociales y culturales que han afectado a las estrategias sexuales adoptadas tanto por hombres y mujeres.

El cambio cultural en las sociedades europeas hacia una preferencia por una forma más delgada del cuerpo femenino ha sido señalado por varios autores, pero no hay acuerdo en cuanto a por qué esto ha ocurrido (Littlewood, 1995). La pregunta es: ¿es éste un fenómeno peculiarmente occidental o es una tendencia común potencial en cualquier sociedad una vez una serie de condiciones ambientales identificables prevalecen?

Cualquier hipótesis para explicar este fenómeno tendrá que dar cuenta de lo siguiente: ¿por qué la delgadez? por qué las mujeres? y por qué ahora?

Tanto la tendencia a la delgadez entre las mujeres y los trastornos de la alimentación son un fenómeno relativamente reciente. Aunque es posible que tanto la anorexia y la bulimia pueden haber existido mucho antes del siglo XIX (ver Van Deth y Vandereycken, 1995), existe un amplio acuerdo en que sus tasas han mostrado un marcado aumento en las últimas décadas (véase Gordon, 1990) . Es probable, pues, que los factores causales de estas enfermedades se encuentran dentro del rango de los cambios ambientales que han ocurrido en los últimos tiempos dentro de las sociedades industrializadas avanzadas (social, económico, cultural y material). Sin embargo, se afirma que tales factores ambientales producen sus efectos a través de una compleja interacción con pre-existentes tendencias biológicas innatas en los seres humanos que viven dentro de estas sociedades.

Un factor importante en la cadena de la causalidad de este fenómeno es la disminución de la fertilidad en las sociedades occidentales. La fecundidad ha estado en un estado de deterioro en algunos países europeos desde el siglo 18. A principios del siglo XX, la tendencia fue evidente en los países occidentales más importantes (Vining, 1986).

La baja fecundidad parece haber comenzado entre las mujeres de alto rango y gradualmente se extendió a las mujeres en las clases medias. La tendencia se hizo particularmente evidente con el advenimiento de la anticoncepción fiable.

Casi al mismo tiempo una serie de otros cambios sociales más importantes tuvieron lugar en las sociedades occidentales. Estos incluyen el estado en aumento y el creciente poder económico y político de las mujeres, el debilitamiento progresivo de los lazos de parentesco tradicionales (véase van den Berghe, 1979) y el aumento de los ideales de la autonomía individual y la autosuficiencia.

La disminución de la fertilidad fue alcanzada por las mujeres a través de la reproducción tardía y mayor espaciamiento de los nacimientos. Esto ha llevado a la preservación de la forma núbil en números cada vez mayores de mujeres post-núbiles que han sido capaces de conservar o recrear la forma núbil más allá de la edad de nubilidad.

El aumento del fenómeno de la hembra pseudo-núbil es una novedad ecológica que ha llegado a ser ampliamente prevalente con el advenimiento de la anticoncepción.

Por lo tanto, en las modernas sociedades industrializadas, tal vez por primera vez en el comportamiento de la historia del apareamiento humano se ha desconectado de la reproducción. Por otra parte, la hembra humana ha alcanzado una posición en la que ella es capaz de regular sus propias estrategias de corto y largo plazo de apareamiento con un mínimo de impedimentos legales o sociales (es decir, control mínimo por parientes masculinos).

Es interesante que tanto la competencia femenina intrasexual de los ayudantes de alta calidad en las sociedades preindustriales se hizo cargo de los familiares de la mujer (Dickemann, 1981). Por lo tanto prácticas como la dote (Dickemann, 1979), enjaulamiento femenino (Weisfeld, 1990), hija de guardia (Flinn, 1988) fueron procesos que sólo podrían llevarse a cabo por el grupo de parientes de la mujer y algunos habrían requerido un esfuerzo colectivo. Este esfuerzo del grupo familiar se ha demostrado en estudios para mejorar el valor de la hembra como pareja y mejorar la calidad del estatus que finalmente alcanza (Flinn, 1988). Esta participación en el juego de la seducción competitivo por el grupo de parentesco en nombre de la pareja de apareamiento ha disminuido significativamente en la sociedad moderna, principalmente como resultado de la ruptura de los lazos de parentesco extenso y el auge de la cultura del individualismo.

Por lo tanto, mientras que las mujeres (y los hombres) en las modernas sociedades industriales pueden ejercer libre elección en las decisiones de apareamiento, que también están teniendo que competir por parejas a largo plazo en gran parte a través de su esfuerzo individual. Así, la carga de la competencia en el juego de la seducción en las sociedades modernas, a diferencia de la mayoría de las sociedades preindustriales, ha tenido que ser cada vez más asumida por los sujetos individuales con poca o ninguna ayuda de sus parientes.

Por lo tanto, la disociación de la actividad de apareamiento y reproducción, aumentó el estatus económico y social de las mujeres en las sociedades occidentales y consiguientemente la degradación en los lazos de parentesco extendidas ha aumentado enormemente la oportunidad para ambos sexos a adoptar estrategias a corto plazo de apareamiento. Una consecuencia de esto puede haber sido una disminución de la confianza en la paternidad y una probable reducción en la disponibilidad de la inversión parental masculina.

Clark (1988), por ejemplo, en su estudio de los hombres en el África occidental, encontró que la pérdida de control económico de las mujeres comerciantes equivale a la pérdida de control sexual; así presta su apoyo a la afirmación de Smuts (1995)  de que “la reducción de la  dependencia económica de la mujer con respecto a los hombres puede ser entendida por los hombres como pérdida de control sobre el comportamiento sexual de las mujeres.

Se ha demostrado que la inversión parental masculina se relaciona positivamente con la confianza en los sistemas de paternidad matrimonial humanos (véase Van den Berghe, 1979). Por lo tanto, los estudios de sistemas de matrimonio pre-industriales han demostrado que cuando la confianza de paternidad desciende por debajo de un cierto umbral el macho cambia su inversión a los hijos de su hermana, que le garanticen una mayor relación genética como es el caso en las sociedades matrilineales (van den Berghe, 1979) .

Estos factores pueden haber contribuido a la disminución de la estabilidad de las parejas a largo plazo como lo demuestra el aumento espectacular de las tasas de divorcio en la mayoría del mundo occidental en las últimas décadas (ver Stone, 1990).

A pesar de la ruptura matrimonial frecuente fue común en algunas sociedades pre-industriales (véase Fisher, 1992), esto parece haber sido particularmente el caso en las sociedades matrilineales, donde la inversión paternal era mínima o insignificante (véase van den Berghe, 1979).

El aflojamiento de los lazos matrimoniales en las sociedades modernas no se ha acentuado como consecuencia de un mayor número de hombres superiores en rango que participan en la monogamia serial (Wright, 1995), una estrategia que tiende a mejorar la aptitud masculina a medida que más hombres que mujeres tienden a casarse de nuevo y son más propensos a engendrar hijos de una segunda esposa que una mujer es de un segundo marido (Daly y Wilson, 1983).

Un efecto importante de la disminución de la estabilidad de largo plazo mateships en las sociedades occidentales, es que un número significativo de hombres y mujeres que regresar varias veces de nuevo en el “mercado sexual” y por lo tanto necesidad de mantener o reconstruir los rasgos y características que aumentan su compañero de valor para maximizar su potencial de atracción de pareja.

Por lo tanto las mujeres que regresan al mercado sexual en el ambiente moderno (al contrario que en el ambiente ancestral) tendrán que competir en un entorno que contiene un gran número de mujeres pseudo-núbiles. Sin embargo, mientras que la juventud y buena salud son atributos femeninos que afectan en gran medida el valor de pareja femenina (ver Buss, 1987 y 1989), confina tambien a las hembras a depender de aquellas con las que están compitiendo. Así, en un ambiente donde hay un gran número de mujeres pseudo-núbiles, la competencia femenina intrasexual consistirá en la presentación del último signo de la juventud. Y como nubilidad lleva las RP más alta posible para una mujer, representa el arma definitiva en el proceso de competencia intrasexual hembra.

Por otra parte, la competenciapor parejas a largo plazo tiene que llevarse a cabo principalmente a través de los propios esfuerzos de la mujer.

Otro factor que es probable que aumente la competencia intrasexual femenino es el de la monogamia socialmente impuesta asociado con la estratificación social que caracteriza a todas las sociedades occidentales. La poligamia tiende a reducir la competencia intrasexual femenina en las sociedades estratificadas por tener “más espacio en la parte superior” (véase Weisfeld, 1990).

La vida urbana además, a diferencia del entorno ancestral, supone vivir en estrecha proximidad a los extraños genéticos. Si bien el entorno ancestral consistía principalmente en una familia extensa donde la competencia intrasexual habría sido amortiguada por el comportamiento altruista afiliativo, esto no es probable que sea el caso en el entorno urbano actual.

Sugiero que el proceso de competencia intrasexual femenino (atracción y retención de pareja) en tales condiciones ecológicas está en la raíz del fenómeno de la tendencia hacia la delgadez evidente en las mujeres en las sociedades occidentales. La intensidad cada vez mayor de la competencia intrasexual entre hembras explicaría el hecho de que la norma de la figura femenina deseable se ha vuelto progresivamente más delgada en las últimas décadas (Polivy, Garner y Garfinkle, 1986).

La competencia intrasexual entre las mujeres también puede explicar el hallazgo en una muestra americana, de la relación entre la delgadez de las mujeres en situación educativa similar(medido a través del espesor de la grasa subcutánea) y estar casada con hombres de alto nivel socio-económico (Garn, Sullivan & Hawthorne , 1989). Esto sugiere que las mujeres que siguen esta estrategia han tenido un mayor éxito en atraer a una pareja y/o retenerla.

Se afirma que la variante extrema de este proceso es el runaway es decir la competencia desbocada femenina intrasexual que se manifiesta en forma de trastornos de la alimentación. En otras palabras, el hecho de que un gran número de mujeres post-núbiles  en el mercado sexual muestren formas núbiles (el último signo de la juventud) aumenta el riesgo de que ciertas hembras piensen que “les irá mejor” entrando así en una mala adaptación y un estado auto-destructivo  de “super-nubilidad ‘que llamamos trastornos de la alimentación.

En resumen, por lo tanto, se afirma que la disminución de la fertilidad en las sociedades occidentales ha llevado a la preservación de la forma núbil relativamente delgada entre un número creciente de mujeres post-núbiles que conducen al surgimiento del fenómeno novedoso de la hembra pseudo-núbil. Este proceso se ha asociado a un proceso de creciente estatus y de poder de las mujeres en estas sociedades, el aumento a corto plazo de las estrategias de apareamiento, así como un debilitamiento de los vínculos conyugales y la ruptura de los lazos de parentesco extendidas. Los factores anteriores han dado lugar a un aumento de la competencia femenina intrasexual para deseables a largo plazo compañeros que se ha traducido en el camino hacia la delgadez. La variante extrema de esto es lo que llamamos trastornos de la alimentación.

Por lo tanto, la formulación darwiniana presente que afirma ser capaz de explicar las razones de la prevalencia de los ideales de delgadez en las sociedades industrializadas, da cuenta de por qué el ideal se refiere casi exclusivamente a las mujeres y se identifican los principales factores que explican el surgimiento de este fenómeno.

Temprano y Tardío Trastornos de inicio:

Los factores discutidos hasta ahora en conexión con la tendencia hacia la delgadez y el retraso en la reproducción, asi como la inestabilidad de las parejas a largo plazo es probable que sean factores significativos en la aparición tardía de trastornos de la alimentación (bulimia la mayor parte) pero no en el tipo de aparición temprana (principalmente la anorexia) .

Se sugiere que el inicio temprano de los trastornos alimentarios se podría definir como los que se producen durante o antes de la hora de máximo potencial reproductivo femenino. Esto significa, en términos generales, que el inicio temprano trastornos de la alimentación tienen su inicio antes de los 20 años, mientras que los trastornos de inicio tardío serían los que tienen su inicio después de esta edad.

La aparición de los “trastornos de aparición temprana” de acuerdo con la presente definición también coincide a grandes rasgos con la edad de mayor riesgo para la anorexia nerviosa, la cual, de acuerdo a Alford y Boyle (1982) está entre las edades de 12-18.

La anorexia nerviosa ha sido considerada por algunos como un trastorno del desarrollo (Gordon, 1990). Tal punto de vista sería coherente con la hipótesis actual, lo que sostienen que la forma de aparición temprana de trastorno de la alimentación es un trastorno específico del desarrollo sexual femenino que resulta en la interrupción de la estrategia de atracción de un compañero.

Se sugiere que la función de la adaptación innata  de la conservación de características de la forma núbil dentro del entorno ancestral era doble. Fue en primer lugar para asegurar que la hembra núbil claramente diferenciada de la misma edad (menores RP) hembras y en segundo lugar para facilitar la competición eficaz con otras hembras núbiles en la zona para los mejores disponibles para formar parejas a largo plazo  (a través de la exhibición prominente de los signos de nubilidad).

Así, la adaptación se ha diseñado para trabajar a través de la exploración de otras hembras en el entorno inmediato y el ajuste de la forma deseada en un nivel que es más delgado que las hembras mayores, pero en general similares a las hembras núbiles. Se afirma que en un momento crítico en el desarrollo de la hembra esta forma deseada se establece en un “modelo mental” a través de la evidencia disponible visual de las formas corporales de otras mujeres vecinas. El período crítico probable para tal evento sería probablemente justo antes o durante las primeras etapas de la pubertad. Así, el desarrollo de la estrategia “busqueda de pareja” en las mujeres en el entorno moderno está influenciado fundamentalmente por un proceso de comparación social (ver Festinger, 1954; Gilbert, Price & Allan, 1995), por lo que la estrategia elegida, como en todos los estados competitivos, depende de lo que sus rivales están haciendo (ver Maynard Smith, 1988).

En el entorno actual de los países industrializados avanzados del entorno inmediato de las hembras púberes puede incluir una serie de “pseudo-núbiles” es decir, las hembras núbiles que han conservado o recreado la forma núbil. Esto tendría el potencial de crear la forma deseada en la pubertad a un nivel que está muy por debajo de lo que habría sido el caso en el ambiente ancestral. Así, esta adaptación está diseñada para asegurar que la hembra núbil ‘va a ir mejor’ que las mujeres mayores con el fin de marcar sí misma por tener un RP mayores. También es claro que tal proceso de “desbocamiento” de la competencia intrasexual tiene el potencial de escalada o fuera de control en el tiempo y determinadas hembras estarían actuando como ‘plantillas’ para las hembras púberes que pueda conducir a un aumento en la prevalencia de las condiciones que llamamos trastornos de la alimentación. Este proceso de “competencia desbocada intrasexual” dentro de las hembras también podría dar lugar a una divergencia entre los ideales del atractivo femenino en hombres y mujeres. En efecto, existe cierta evidencia que sugiere que la percepción del macho y hembra medios no coinciden en la forma del cuerpo femenino ideal. De hecho, los machos prefieren ​​figuras con más formas (Fallon y Rozin, 1984).

Vale la pena añadir aquí que los medios de comunicación es probable que hayan tenido un efecto significativo en la escalada de este fenómeno. En el entorno actual, los estímulos visuales existentes incluyen no sólo a las mujeres que se ven en la vida real, sino también los que aparecen en las pantallas de televisión, películas y revistas que aunque nunca se sabe o se ve en “carne y hueso” y se puede confundir con «competidores» . El hallazgo de que el impulso hacia la delgadez correlacionó positivamente con la cantidad de tiempo dedicado a ver mujeres jóvenes, cosmética, moda y vídeos musicales en la televisión (Tiggemann & Pickering, 1996) estaría en consonancia con la presente formulación.

Es importante observar aquí que si la competencia intrasexual es la causa última de tanto el inicio temprano y tardío de los trastornos de la alimentación como esta hipótesis sostiene la consecuencia sería que en ambas condiciones la evaluación subjetiva de su valor de pareja debe ser juzgado a ser bajas en comparación con sus compañeros y con necesidad de “mejora”, de ahí la drástica acción tomada para “mejorar” su forma.

Poco se sabe de cómo los individuos desarrollan una apreciación subjetiva de su valor propio como pareja. Sin embargo, el proceso puede verse afectada por una serie de experiencias positivas y negativas en las etapas críticas del desarrollo de una persona. Así, puede ser que esas experiencias traumáticas como el abuso sexual durante la infancia podría conducir a, entre otras cosas, un daño permanente a la evaluación subjetiva de la víctima de su valor. Esto puede ofrecer una hipótesis potencialmente comprobable por el hallazgo por parte de algunos investigadores de que los pacientes anoréxicos tienen una incidencia más alta de sufrir abusos en la infancia (por ejemplo, Palmer, Oppenheimer, Dignon et al, 1990).

Por lo tanto, según esta hipótesis, el inicio temprano de trastorno de la alimentación es un trastorno en la “plantilla” mental que la hembra adquiere en un momento crítico en su desarrollo y que define la forma que su cuerpo debe tener, mientras que los trastornos de inicio tardío representa una reactivación de la estrategia más allá de la edad núbil.

Se ha sugerido que los síntomas de trastornos de la alimentación existen en un continuo de gravedad (Nylander, 1971; Botón y Whitehouse, 1981). Tal punto de vista sería coherente con la presente hipótesis que sugiere que los fenómenos de la unidad hacia la delgadez y los síndromes de trastornos alimenticios tienen sus orígenes en el proceso de la competencia femenina intrasexual en el entorno especial de los países industrializados avanzados.

El poder explicativo del modelo:

La hipótesis de la competencia sexual tiene los siguientes poderes explicativos:

La hipótesis que puede dar cuenta de los hechos que los trastornos alimenticios afectan principalmente a las mujeres jóvenes, y que disminuye con la edad. También explica por qué estas enfermedades han surgido dentro de las modernas sociedades industrializadas.

La hipótesis actual también puede explicar satisfactoriamente que los trastornos alimentarios que tienen el índice de casos en hombres más abultado conocido a la psiquiatría (Gordon, 1990), aunque la mayor prevalencia corresponde a las mujeres..

Por ejemplo, hasta el 95% de los casos de la anorexia nerviosa son mujeres (Furnham y Hume-Wright, 1992; Woodside y Kennedy, 1995). La preponderancia femenina en la bulimia es aún más pronunciada. Algunos estudios, por ejemplo, no han logrado encontrar ninguno de los sujetos masculinos (Cullberg y Engstrom Lindberg, 1988), mientras que en un estudio reciente diez años en las mujeres Minnesota mostraron una incidencia anual de 33 veces más altos que sus homólogos masculinos (Soundy, Lucas, Suman y Melton, 1995).

Por otra parte, la presente hipótesis dará cuenta de la constatación de que las adolescentes y las mujeres jóvenes están en mayor riesgo (Alford y Boyle, 1982), es decir, las mujeres que todavía tienen que tener hijos.

La hipótesis de la competición sexual se basa en la afirmación de que las normas cambiantes para la atracción física de la hembra en la moderna industrializada han surgido a partir de la interacción de una estrategia biológica antigua y un ambiente nuevo.

Hay una serie de teorías existentes que tratan de explicar los fenómenos de los trastornos alimentarios. Una evaluación detallada de las teorías que se ocupan de la causalidad próxima está más allá del alcance de este artículo, sin embargo, algunas de las teorías evolutivas principales se discuten brevemente.

Teorías evolutivas de trastornos alimenticios:

Las teorías sobre los trastornos alimentarios que tienen que ver con la causalidad próxima se pueden clasificar a grandes rasgos en los enfoques biológicos, psicológicos y socioculturales (ver Condit, 1990).

Los métodos biológicos se han centrado en la herencia genética (Holanda, Sicotte & Treasure, 1988), y los mecanismos neuroquímicos (Copeland, 1985; Kaye, Gwirtsman, George & Ebert, 1991). Las teorías psicológicas incluyen formulaciones psicoanalíticas de Freud, Janet, Bruch y otros (véase Bruch, 1973), formulaciones psicobiológicos (Ploog y Pirke, 1987) y los enfoques cognitivo-conductuales (por ejemplo, Fairburn, 1985; Garner y Bemis, 1985). Además, hay por lo menos cinco diferentes teorías socio-culturales que ubican la causa de los trastornos alimentarios en el ámbito familiar o social (ver Furham y Hume-Wright, 1992; Orbach, 1979; Orbach, 1986; Hsu, 1989).

Además hay formulaciones multifactoriales que considera factores de un número de diferentes dominios de ser etiológicamente significativo en la producción de trastornos de la alimentación (véase Garner, 1993).

Ninguna de las teorías anteriores o mecanismos que se ocupan de la causalidad próxima debería, en principio ser incompatible con la presente formulación que propone una hipótesis en el nivel de la causalidad remota.

Hay también un número de las actuales teorías de la evolución que tienen que ver con la causalidad última de los trastornos alimentarios.

Las teorías evolutivas existentes para trastornos alimenticios son variantes de la teoría de la supresión reproductiva (ver Surbey, 1987; Voland y Voland, 1989). De acuerdo con este punto de vista hembras de los mamíferos poseen una adaptación que les permite posponer la reproducción durante la época desfavorable, con la esperanza de que vendrán tiempos mejores (Wasser y Barash, 1983; Wasser, 1990). En los seres humanos, se sugiere que una gama de tensiones que afectan a las mujeres, tales como la depresión o la falta de apoyo social han limitado la capacidad de la hembra para reproducirse y tener descendencia en un entorno ancestral (Wasser, 1990).  Estos autores, sugirien que las mujeres que han desarrollado una sensibilidad a tales tensiones desarrollarono adaptaciones que restringen la reproducción cuando prevalecen esas condiciones.

Voland y Voland (1989) sugieren que la anorexia nerviosa es una estrategia de emergencia que ha evolucionado a través de la selección y que entra en juego para suprimir la reproducción cuando los controles fallan. Esto se consigue a través de la reducción de la masa crítica de grasa por debajo del umbral para la ovulación. Se sugiere que ciertas características dentro del entorno actual han conducido al aumento en el uso de esta estrategia de emergencia.

No hay razón para dudar de que se produce la supresión reproductiva en la hembra humana como lo hace en la mayoría de las especies de mamíferos. Además, es totalmente plausible que mecanismos como la selección de parentesco y la manipulación de los padres estarían implicados en la adaptación de la supresión de la reproducción (Voland y Voland, 1989). La participación del mecanismo de la selección de parentesco implica que la supresión reproductiva puede ocurrir como una forma de altruismo hacia parientes. Esto es similar a la propuesta de Demaret (1991b) quien sugirió que la anorexia puede ser un análogo a “el ayudante en el nido” encontrado en un número de especies. Sin embargo, mientras que los estudios realizados en algunas sociedades pre-industriales, han encontrado que las hijas nacidos antes de tiempo tienden a aumentar el éxito reproductivo de los padres (ver Turke, 1988), no existe ningún estudio que yo sepa que haya demostrado una mayor fertilidad en los padres de los pacientes anoréxicos.

Además, si bien la supresión reproductiva y las hipótesis reproductivas de filtrado serían relevantes para la anorexia nerviosa, donde se suprime la ovulación, puede no ser relevante para otros trastornos de la alimentación o con el fenómeno general de la búsqueda de la delgadez.

La presente hipótesis, por otra parte, proporciona una explicación parsimoniosa de la búsqueda de la delgadez y para trastornos de la alimentación a través de lo que sugiere que estas son manifestaciones de la competencia intrasexual entre mujeres. La hipótesis de la competencia sexual afirma que la búsqueda de la delgadez puede ser (hasta cierto punto) una estrategia adaptativa para la atracción / retención de parejas dados los factores ecológicos predominantes dentro de las sociedades occidentales. Sin embargo, la presente hipótesis afirmaría que a medida que se intensifica la competencia sexual respuesta de la mujer deviene cada vez más en una mala adaptación.

De acuerdo con el modelo de competencia sexual la anorexia nerviosa se considera que es un trastorno del desarrollo que conduce a la configuración de la forma núbil a un nivel anormalmente delgado, principalmente como resultado de la prevalencia de estímulos pseudo-núbiles dentro del entorno. Otros factores de vulnerabilidad se espera que jueguen un papel importante en la etiología de este trastorno, pero estos factores no han sido identificados. Sin embargo, un posible candidato es la evaluación de “bajo valor de pareja” subjetivo que puede ser causada por una serie de experiencias adversas en la infancia.

Por lo tanto, de acuerdo con la hipótesis de competencia sexual para los trastornos alimentarios la supresión reproductiva que ocurre en la anorexia nerviosa es un subproducto accidental de la mala adaptación intrasexual runaway o “competencia desbocada”.

Es posible, por supuesto, que la anorexia nerviosa sea totalmente independiente de otros trastornos alimentarios y de los fenómenos de la búsqueda de la delgadez como las clasificaciones médicas actuales sugieren y como estaría implícita de la teoría de la supresión reproductiva.

Sin embargo, hay una serie de características que la mayoría de los trastornos alimentarios tienen en común. Estos incluyen el hecho de que son más comunes en las mujeres, hay una similitud en su núcleo psicopatologíco (imagen alterada del cuerpo y la búsqueda de la delgadez), que se cree que ha surgido hace relativamente poco, han aumentado su prevalencia en los últimos años y se se cree que tienen una distribución geográfica casi idénticos.

Estas características comunes apuntan a la probabilidad de que estos trastornos pueden compartir una etiología subyacente.

Sin embargo, como ambas formulaciones teóricas hacer predicciones comprobables que en última instancia deben ser aceptadas o rechazados o modificado en función de los hallazgos empíricos.

Por último, cabe señalar que estas dos hipótesis no pueden ser mutuamente excluyentes como el proceso de supresión reproductiva puede involucrarse competencia intrasexual hembra (o viceversa) (ver Wasser & Barash, 1983) y por lo tanto es posible que ambos mecanismos pueden operar juntos en ciertos casos.

Se afirma que la hipótesis de competencia sexual ha identificado el mecanismo que finalmente da lugar a los síndromes de los trastornos alimentarios.

Se sostuvo además que dicha identificación debe facilitar la comprensión de estos fenómenos y abriría el camino a una serie de hipótesis adicionales sobre los factores causales inmediatos. Se sugiere que sería imposible tener una comprensión adecuada de la disfunción de cualquier sistema biológico dado hasta el funcionamiento normal de dicho sistema (es decir, el propósito que sirve para el organismo) es identificado correctamente (Bolton & Hill, 1996).

Por lo tanto, al ofrecer la idea de que estos trastornos se derivan en última instancia de la competencia sexual femenino abriría el camino para que las áreas de investigación que antes no considerados relevantes. Por ejemplo, en lugar de limitar la investigación de las áreas de apetito, ansiedad y perturbaciones en la imagen corporal, la atención también se puede dirigir hacia los diversos factores ambientales, de desarrollo y neurobiológicos que juegan un papel en la formación o la interrupción de la evaluación subjetiva de la hembra ” valor de pareja “y los factores que intervienen en el desarrollo de atracción compañero femenino y las estrategias de retención de pareja.

Las predicciones basadas en el modelo actual:

1: Sociedades mostrando altas tasas de fecundidad tendrá escasa incidencia de trastornos de la alimentación, debido a la baja incidencia de pseudo-núbiles mujeres.

2: Mayor participación directa de los grupos de parentesco en las decisiones de compañerismo y en competencia intrasexual en nombre de sus parientes dentro de una sociedad se asoció con una menor prevalencia de trastornos de la alimentación.

3: El corolario de predicción número 2 es que la prevalencia de trastornos de la alimentación debería estar positivamente correlacionado con una alta autonomía femenina y altos niveles de estatus femenino económico y político dentro de la sociedad y una correlación negativa con las normas sociales caracterizados por la dominación masculina y el control masculino institucionalizados de la sexualidad femenina.

4: Factores que la evaluación subjetiva de una mujer menor de su valor de pareja (durante los años reproductivos) deben estar asociados con un mayor riesgo de trastornos alimentarios.

5: Alta estabilidad de largo plazo ( bajas tasas de divorcio) deben predecir la baja prevalencia de los trastornos alimentarios.

6: Como es que la hipótesis de que los trastornos alimentarios son una manifestación de la competencia intrasexual por parejas a largo plazo, se debe seguir que los pacientes con trastornos de la alimentación debe estar menos interesados ​​en el apareamiento de corto plazo en comparación con sus pares.

7: Se predice que las mujeres lesbianas exclusivas tendría una incidencia significativamente menor de trastornos de la alimentación en comparación con las mujeres heterosexuales dado que sus estrategias de atracción de pareja son muy distintas (Symons, 1979).

8: Se prevé que los homosexuales exclusivos tendría una mayor incidencia de trastornos de la alimentación que los hombres heterosexuales ya que están sujetos a similares estrategias de selección de parejas que las mujeres heterosexuales (Symons, 1979). Aunque la adaptación específica de la preocupación por signos de nubilidad ‘no se aplicará a los machos, se ha sugerido que la dependencia de la evidencia visual para atraer a una pareja es similar a la estrategia usada en las mujeres heterosexuales. Esta predicción es consistente con el hallazgo de alguna de las series publicadas de los hombres con trastornos de la alimentación que informan tasas de la homosexualidad de un 25% en comparación con una tasa estimada de 10.6% en la población general (ver Woodside & Kennedy, 1995). También es coherente con la idea de que muchos varones anoréxicos muestran explícitos los conflictos homosexuales (Herzog, Norman, Gordon & Pepose, 1984) y que los estudiantes homosexuales masculinos tienen mayores puntuaciones en el Inventario de Desórdenes Alimentarios (Yager, Kurtzman, Landsverk y Weismeier, 1988) . Además, hay un número de relatos clínicos de anorexícos que sugieren que tienden a tener graves problemas de “identidad de género” (Romeo, 1994).

9: Los factores que mantienen a la mujer en la “búsqueda de pareja”, “compañero a atraer” o tal vez “compañero de retención” debe estar asociado a una mayor incidencia de estos trastornos (por ejemplo, problemas matrimoniales y de relaciones, ruptura matrimonial, celibato no electivo, etc). Esta predicción es consistente con la evidencia que indica que los pacientes con trastornos de la alimentación tienen una mayor tasa de problemas con la intimidad y la satisfacción de la experiencia bajo el marco de sus relaciones matrimoniales (Van den Broucke, Vandereycken y Vertommen, 1995). Sin embargo, puede argumentarse que los trastornos de la alimentación son las causas y no los efectos de las dificultades en las relaciones.

Las debilidades del modelo:

1. Se puede argumentar que la hipótesis se han tratado de explicar el enigma de la búsqueda de la delgadez entre las mujeres en las sociedades occidentales desplazando la causalidad a un nuevo fenómeno social, de causa desconocida, es decir, la disminución de la fertilidad en las sociedades occidentales. Esto es un desafío legítimo al que no se puede responder satisfactoriamente en la actualidad.

El descenso de la fecundidad en el Occidente ha precedido a la anticoncepción (véase Kaplan, 1993). La disminución en la fertilidad en los países ricos de Occidente y el hecho de que los ricos no parecen estar dispuestos a cambiar su bienestar por el éxito reproductivo sigue siendo un enigma evolutivo (véase Kaplan, 1993; Pérusee, 1993). Es de interés que Burley (1979) ha sugerido un poco especulativamente que la ocultación de la ovulación en hembras humanas pueden haber evolucionado para engañar a la misma hembra sobre el momento de la ovulación. Ocultamiento de la época de la ovulación podría contrarrestar la inclinación de la hembra humana de abstenerse de copular durante el período fértil evitando así el dolor y el peligro (incluida la mortalidad derivada de la maternidad) que se asociaron con el parto en el ambiente ancestral (Daly y Wilson, 1983 ). Así, se puede seguir que cuando las mujeres tienen el poder de determinar su propia estrategia reproductiva es muy posible que elijan calidad por cantidad.

2. El modelo no predice en detalle los factores inmediatos causales que conducen a una hembra individuo a desarrollar un trastorno alimentario.

3. Se ha sugerido que en las poblaciones no occidentales (árabes) el temor característico de la grasa y la imagen distorsionada del cuerpo está ausente (Lee, 1991; Khandelwal y Saxena, 1991). Sin embargo, otros estudios han argumentado que el síndrome es similar en diferentes culturas (Mumford, Whitehouse y Choudry, 1992). A medida que la presente hipótesis sostiene que los trastornos alimenticios se derivan de un rasgo universal femenino: la “preocupación por el atractivo físico”, la ausencia de preocupación por el aspecto físico plantearía un serio desafío para la presente hipótesis.

4. Se puede argumentar que la existencia de varones anoréxicos y bulímicos, independientemente de su baja proporción en la actualidad es difícil de acomodar en la presente hipótesis. Si se pudiera demostrar que la tasa de trastornos de la alimentación en los hombres es similar a la delas mujeres (en cualquier sociedad), esto podría representar un serio desafío a la hipótesis de competencia sexual.

Conclusión:

1. El atractivo físico es un componente importante en la estrategia de la hembra humana en la atracción de una pareja.

2. La preocupación y la ansiedad sobre el atractivo físico femenino es una adaptación psicológica que ha evolucionado a través de la selección y es un componente importante de competicon intrasexual femenina en la busqueda de parejas de larga duración.

3. Variación genética y / o fenotípica existe dentro de la población femenina para el rasgo psicológico de la preocupación acerca de los signos de nubilidad’.

4.Se argumenta que la reducción de la fertilidad en las sociedades occidentales ha dado lugar a la retención o la reconstrucción de la forma núbil por una proporción creciente de mujeres más allá de la edad de nubilidad dando origen al fenómeno de la novela hembra pseudo-nubile caracteriza por la forma de reloj de arena y su relativa delgadez. Además, ha habido una serie de factores ecológicos que han tendido a intensificar la competencia intrasexual femenino de larga duración compañeros y ha dado lugar a la tendencia progresiva hacia la delgadez.

5. La variante extrema de este estado es el resultado de la competencia desbocada intrasexual femenino y es lo que llamamos trastornos de la alimentación.

6. Una distinción se ha sugerido entre el trastorno de inicio temprano y tardío. La enfermedad de aparición temprana (anorexia) se considera un trastorno del desarrollo por el que se establece la forma núbil femenino en un nivel demasiado delgado en respuesta al estímulo novedoso de la hembra pseudo-núbil. El trastorno de aparición tardía (principalmente bulimia) surge de la activación de la estrategia nubil más allá de la edad de nubilidad.

7. Esta hipótesis da cuenta de la causalidad última de ambos trastornos de la alimentación y la búsqueda de la delgadez en las mujeres en las sociedades occidentales. A pesar de que no pueden ser directamente probado y refutado, las predicciones que la hipótesis hace son comprobables y refutables.

Bibliografía.-

ABED R T. :

“The sexual competition hypothesis for eating disorders” British Journal of Medical Psychology” 71:525-547 1998.

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5 pensamientos en “La hipótesis de la competencia sexual en los trastornos alimentarios

  1. Hace poco leí un enlace (http://www.dailymail.co.uk/news/article-2258015/Steve-Biddulph-An-aunties-army-needed-save-worlds-girls-consumer-culture-claims-psychologist.html#axzz2K90ILdeJ ) que cita a un psicologo infantil, Steve Biddulph, que afirma que las jóvenes de hoy son parte de “una generación conflictiva”, y dice que tiene algunas ideas sobre cómo combatir el problema. Según él, las madres y tías, y el resto de mujeres adultas de su entrono social, son necesarias ara combatir la epidemia de trastornos de la alimentación y otras patologías como las autolesiones entre las jóvenes, y que por tanto las mujeres adultas deberían ayudar a criar a sus hijas y sobrinas para mejorar los modelos femeninos de conducta preestablecidos en las vidas de las adolescentes. En su trabajo anterior, Biddulph decía que los niños eran vistos como más problemáticos en comparación con las niñas.

    Pero hoy en día, según él, las chicas están dando mayor motivo de preocupación. Biddulph dice que las chicas jóvenes están en una catastrófica situación de crisis a causa de las influencias toxicas de la publicidad, las revistas de moda, las estrellas de cine y TV, y la pornografía, y que todo ello genera una presión para crecer demasiado rápido.

    Que los conflictos de las niñas constituyen hoy día mayor problemática que los trastornos de los chicos es discutible. Pero si lo son o no lo son, los problemas relativos a las niñas y adolescentes se ven a primera vista como algo más importante, más digno de preocupación que todo lo relacionado con los hombres y niños. Nuestra sociedad feminista se ha encargado de ello. Cualquier área en la que las chicas no les va tan bien como los chicos se ve como provocada por la discriminación y el sexismo (es decir, que todo es culpa de los hombres), y que debe ser eliminada, preferiblemente por la promulgación de los programas gubernamentales, de mayor financiación destinada a sufragar los problemas de las mujeres y de las afiliaciones feministas, y más leyes naturales dirigidas contra hombres y los comportamientos masculinos.

    Dicho esto, he pocas dudas de que las niñas están en problemas, aunque la idea de que los trastornos alimenticios y autolesiones son los únicos peligros no es del todo correcta. La obesidad y la vanidad incurable, básicamente, son otros de los problemas de las adolescentes. El autor dice que “las influencias tóxicas” de anuncios, celebridades y pornografía causan estos problemas y que la solución es que las mujeres mayores, tías y madres, se involucren más con estas chicas y hagan de mentores para ellas.

    Considero que estas mujeres mayores son parte del problema, y como tal, su participación sólo empeorará la situación. Probablemente, muchas de estas niñas con problemas están siendo criados por madres solteras, y la mayoría de ellas empezaron a serlo a través de sus propias decisiones, aunque incitadas en parte por la sociedad. Y ¿alguien cree que muchos o la mayoría de estas madres no están también ellas mismas totalmente esclavizadas a los anuncios y las celebridades, así como la influencia de la pornografía?

    El verdadero problema no es la anorexia o las autolesiones, es que estas chicas están siendo educadas para proyectar su vida sexual y sentimental hacia estrategias equivocadas, a despreciar la vida familiar, a considerar el aborto como un sacramento, y rechazar a los proveedores Beta o Dads en favor de los machos Alfa o Cads. Tanto la sociedad como madres de las niñas son cómplices en esto, y las madres y las tías no van a resolver ese problema.

    Tu exposición sobre la competencía intrasexual como causa es totalmen acertada. Si la mayoría de las mujeres comparten una noción similar de un hombre ideal, y hay pocos hombres de tales hombres (alfa), éstos tienen la opción, naturalmente, de seleccionar las mujeres más núbiles y bellas. Desde que la conciencia humana ha desarrollado la autopercecpión del propio valor de pareja, la mayoría de las chicas saben cómo se ven en comparación con las demás. Y si no son muy atractivas, entonces esto va a ser una fuente de angustia para muchas de ellas, ya que se encuentran en desventaja cuando se trata de competir con otras mujeres por los hombres deseables. Así que la fuente de frustación para las mujeres es competencia intrasexual y dado los altos estándares de valor de pareja de las mujeres, ellas por lo general van a rechazar a la gran mayoría de hombres interesados, mientras se lamentan que casi todas las demás mujeres están detrás de los hombres que ellas quieren.

    Tal vez 20% de las mujeres mas promiscuas están relacionandose con los hombres alfa atractivos. Y el otro 60% de la parte superior del 80% restante están esperando por lo que yo denomino el hombre unicornio, el atractivo Alfa con cualidades Beta. Es decir, que están esperando hombres que simplemente no existen más allá de una porción muy pequeños de hombres disponibles demográficamente. Básicamente, quieren un hombre con características similares a alfa y opciones sexuales propias de un alfa-, pero que se comprometa con mujeres con cualidades Beta. Este es el Santo Grial de las mujeres – un verdadero principe azul que podría ser un casanova pero se niega a hacerlo para comprometerse en una relación duradera con ellas. Estos hombres son una rara avis, y los que existen tienden a terminar con su equivalente femenino – el increible bombón núbil, que ademas es virgen o con escasa experiencia sexual previa cuando se desposa con el Alfa unicornio. El 60% de las mujeres en edad reproductiva están viviendo en una burbuja utopica esperando a que aparezca el hombre unicornio.

    Su situación actual en el mercado de emparejamiento-sexual tiende a probar esto, un amplio rango poblacional de mujeres promiscuas (20%) poniendose a disposión de los alfas noche tras noche, grandes grupos de mujeres (60 % de buscadoras de alfa unicornios) rechazando todo hombre a la vista, etc. Y la frustación continua porque el unicornio no se ha manifestado todavía, y los Betas (la inmensa mayoría de los hombres) son aborrecidos constantemente, tanto como odian estas chicas a su espejo o como les quedan sus vestidos favoritos. No son más que un reflejo del valor de pareja real de esa mujer en el mercado, y eso es una verdad que no están dispuestas a escuchar. Ve a hacer una oferta realista por una casa sobre tasada y cara que ha estado en el mercado desde unos años en el mercado, y veras un vendedor muy cabreado. Y cuanto más tiempo permanezca siendo demasiado caro el inmueble, mas duro será el golpe de ego cuando finalmente tenga que verderla.

    • Lo cual tiene dos consecuencias inmediatas: ellas aun encontrando a su proveedor se amargaran la vida y la amrgaran a su proveedor por la frustracion y la decepción de no haber encontrado a un CAD.
      Y enmedio de todo ¿cuantos DADs se han quedado sin mojar en caliente y han tendio que confromarse con lo que habia?
      Dicho de otro modo, el rencor y los deseos de venganza y de ajuste de cuentas aterrizan en muchas mentes tanto femeninas como masculinas.

      • O también pasa que llega un momento en el que las mujeres simplemente tiran la toalla y dejan por la paz el buscar una relación de pareja. Y simplemente se dedican a sus hijos, a su carrera etc. Y por extraño que parezca dicen sentirse libres, felices, relajadas, sobre todo si tienen el dinero suficiente para vivir.

        Ahora es muy común ver grupos familiares de varias mujeres solas. Abuela divorciada o viuda, mamá divorciada o que ya no quiere casarse y las hijas que están posponiendo matrimonio e hijos por una carrera y hacerse de independencia económica (indispensable hoy), y entre todas sacan los gastos, se ayudan etc. Viviendo en la misma casa.
        Algo que también se ve es que muchas mujeres se hacen lesbianas después de los 40, algunas porque ya están hartas de los hombres, y se sienten mejor con otra mujer, se agotan de competir (como bien mencionan) por el amor de un hombre.

        Algo que también ya pasa es que muchas mujeres muy jóvenes ya no quieren casarse, pues al ganar igual o más que un hombre ya no concideran al matrimonio necesario para sobrevivir como antes nos pasaba, o tener valor en la sociedad, y tienen a la carta el escoger en un banco de esperma semen de machos alfa si quieren un bebé sin necesidad del rollo, corazones rotos, sin necesidad de hacer gasto emocional y energético. O peor aún sin quedarse solas con un bebé si el matrimonio no funciona y andar correteando a un hombre para que de la pensión o vaya a ver al niño.

        También los chicos se cansan, y muchos prefieren el cobijo de la prostitucion, no hay malas caras, ni exigencias, ni nadie como bien mencionan que les amarge la vida. Y lo mejor es que hay de muchos precios y sean los betas de los betas pues pueden acceder a una chica joven y delgadita 100% nubil, incluso niñas, tanto en la prostitucion de lujo como en la más baja. Sin pasar por ser seleccionados por la hembra, aquí ellos escojen la hembra no.

        Hay un desencanto total en ambos sexos, las chicas por estar siempre compitiendo, por retener al hombre, por quedarse esperando a un príncipe azul que no existe y los hombres por ser despreciados, comparados, por decir mentiras para acceder al sexo, cansados de el cortejo de las citas donde gastan, y al final no reciben ni un beso.
        Algo que entre muchos jóvenes varones de 15 a 30 años es que en vez del cortejo prefieren irse con una prosti, o peor aún como me cuenta un chico, “en vez de gastarme el dinero con una vieja, mejor me compro un video juego, unas pizas, un cartón de chelas, y unas pelis porno”.

        Me imagino que también habrá teorías evolucionistas del porque ahora el movimiento gay tiene más fuerza que nunca, de los varones asexuales, de los suicidios de mujeres de los países más prósperos del mundo, del porque los travestis y transexuales también hoy son tan presentes.

        Eso personalmente me llama mucho la atención, ¿Porqué un hombre quiere ser/parecer una mujer?, ¿Porqué es mucho más común que hombres quieran ser o parecer mujeres, mientras que dentro del lesbianismo son relativamente pocas las que dicen que quieren ser o se sienten hombres?. Tantas preguntas. Me encanto tu blog!!! Hace pensar mucho, hacer muchas preguntas. Felicitaciones.!

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