Esquizoides


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Una persona esquizoide puede definirse como una persona extravagante, rara y solitaria que muchas veces se confunde con una persona tímida, vergonzosa o evitativa. La razón de esta confusión es que descartando los extremos existe un continuo entre ambos tipos de personalidad esquizoide-evitativo, la mayor parte de las personas que componen esta continuidad están “entre deux“, es decir se acumulan en el centro de esa escala dialógica.

Más comprensible resulta decir que un esquizoide es aquella persona que no obtiene placer con los intercambios sociales mientras que una persona evitadora seria aquella que teme estos contactos. Es dificil establecer clinicamente  diferencias entre ambos tipos de personalidad a través de la observación porque -como he dicho antes- probablemente existe un solapamiento entre ambas más o menos dinámico y cambiante a lo largo de la vida y en según qué entornos.

El esquizoide-evitador es una persona que bien por temor o bien por desinterés se aisla socialmente y aparece ante los demás como un niño raro ya en su infancia, se trata de niños que no disfrutan con el juego o los intercambios y parece que andan siempre ensimismados y van a lo suyo, pueden ser inteligentes o torpes pero en cualquier caso no participan demasiado en los placeres que disfrutan los niños fuertemente socializados, deportes, juegos de competitividad o incluso peleas. Los esquizoides disfrutan más de su mundo interior que de la conversación entre iguales, sus retos -de existir- están más en su interior que en la rivalidad o complicidad entre muchachos.

Lo cual les lleva a ser con frecuencia victimas de otros niños que los consideran diferentes y son precisamente estas diferencias las que atraen la mayor parte de las iras de los demás: ya sabemos la crueldad con que los niños marcan las diferencias entre el grupo de iguales y aquellos a los que consideran distintos, se trata del conocido efecto del mobbing.

La socialización es al mismo tiempo necesidad y condena para los seres humanos individuales. Nuestro cerebro se desarrolla a través de la complejidad social que somos capaces de generar pero tambien podemos comenzar a sufrir precisamente a causa de esta complejidad social que muchos niños sienten como una verdadera intrusión en su intimidad. La socialización por sí misma es una buena forma de protegerse de la psicosis pero es al mismo tiempo una fuente de estrés para ciertos  niños vulnerables.

Lo que protege y cura es lo mismo que enferma y hace sufrir.

Es por eso que las personas esquizoides eluden o evitan el contacto que siempre sienten como algo desagradable o intolerable y que les lleva a un repliegue que los demás sienten como una bizarría y que cierra un circulo vicioso de rechazo-temor-aislamiento y más rechazo. Es el caso de Kant, Wittgenstein, Newton o Einstein, todos ellos personalidades esquizoides que nunca desarrollaron una esquizofrenia salvo en el caso de Newton que a los 50 años y debido a un conflicto amoroso con uno de sus ayudantes y a ciertas decepciones con sus investigaciones con la alquimia desarrolló un trastorno paranoide que se resolvió tambien espontáneamente. Sólo después de este episodio recibió Newton todos los honores que le correspondian por su talento.

Naturalmente tambien existe el fenómeno contrario: determinadas condiciones pueden llevar a deprivación social por sí mismas, la aculturación, la urbanicidad, la pobreza, la deprivación sensorial o educativa y la inmigración son condiciones que favorecen tanto la esquizoidia como la esquizofrenia.

En ambos casos hablamos de desaferentización, es decir el cerebro inhibe ciertas  zonas relacionadas con el cerebro social y excita otras que quedan asi sensibilizadas de tal modo que hoy podemos hablar de una neurobiologia de la cognición social.

Sin embargo es bueno recordar que la esquizoidia y la esquizofrenia son cosas diferentes y que no todos los esquizoides van a desarrollar una esquizofrenia si bien este hecho nos lleva a pensar cuales son los factores protectores que hacen que un niño esquizoide se adapte y no enferme. Del mismo modo habremos de plantearnos cuales son las razones que hacen que una psicosis se desencadene a partir de una estructura esquizoide de personalidad.

Mi hipótesis es que la paternidad es un factor de riesgo para este tipo de personas como veremos a continuación.

Y para ello voy a tomar prestado el caso de John Forbes Nash bien conocido por una pelicula protagonizada por Russell Crow y tiulada “Una mente maravillosa”.

El caso de Nash es interesante por varias razones, la primera de ellas es por la rareza que vincula la esquizofrenia con el talento cientifico pero no de un talento cualquiera sino que estamos hablando de un premio Nobel. La segunda es porque esta enfermedad es muy rara entre los científicos aunque bastante frecuente entre otros creadores usualmente artisticos. La tercera es porque el caso de Nash -que aun vive- está muy bien estudiado y sirve para investigar sobre las relaciones que mantiene la enfermedad mental con la creatividad, un tema que ya abordé en este blog en dos ocasiones: en uno de ellos exploré las relaciones entre el espectro afectivo y la creación literaria y en otro más genérico sobre genio artistico y enfermedad mental.

Nash era hijo de un ingeniero y carecia de antecedentes reseñables, una familia normal , sin traumas, abusos ni grandes contrariedades aunque según algunos autores su madre era alcohólica. Sin embargo presentó desde pequeño un caracter raro, extravagante y con tendencia a la soledad. Enseguida sintió predilección por las matemáticas y demostró un talento especial en esta materia.

No hay que perder de vista que el gusto por las matemáticas está muy relacionado con la esquizoidia pues las matemáticas son la disciplina más alejada de la vida, una abstracción pura sin vida propia que sirve de pantalla emocional para muchas personas que temen y rechazan las relaciones interpersonales.

Su carrera se desarrolló en la universidad de Princeton donde bien pronto abordó un problema de la teoria de los juegos concretamente una solución matematizada para los juegos no cooperativos. Su premio Nobel le fue concedido precisamente por esta investigación -cuando aun no había enfermado- donde modeló matematicamente ciertas intuiciones algebraicas y de matematica no lineal. Para aquellos que quieran profundizar en la teoria de los juegos les recomiendo esta web, pero para el lector común baste con saber que las teorias de Nash tuvieron una enorme trascendencia desde el punto de vista económico y tambien militar, en realidad gran parte de la estrategia de la guerra fria conocida como “disuasión” se basa en sus teorias.

Nash era un personaje de éxito, todo parecía irle bien en la vida, se casó con Alice una estudiante de su seminario y pronto tuvieron un hijo, sin embargo la conducta de Nash no se correspondía con lo que cabia esperar de él, pronto se le conocieron ciertos deslices homosexuales al tiempo que se dejaba ver con una amante secreta, algo que unido a sus extravagancias fue construyendo en torno a él una mala imagen pública. A los 30 años y poco antes de que se desencadenara francamente su psicosis esquizofrénica de tipo paranoide, Nash recibió algunas malas noticias -estamos en tiempos del Mc Carthismo- y una institución llamada RAND vinculada a las fuerzas aéreas le expulsó al conocerse sus aventuras homosexuales y justo cuando Alicia queda embarazada comienza con conductas extrañas e inadecuadas, juegos con números y adivinanzas de matriculas, ensimismamientos mas prolongados, etc.

La homosexualidad de Nash no debe considerarse una homosexualidad “verdadera” sino un trastorno de identidad sexual que muchas veces aparece en algunas de estas personalidades como expresión de su caos interior. La evolución de su caso hacia la heterosexualidad parece confirmar la hipótesis de que sus escarceos homosexuales eran un sintoma premórbido de su psicosis, – un equivalente psicótico- aun no desencadenada que de una elección voluntaria y consciente.

La gente del MIT comienzan a chismorrear sobre él, más aun cuando comienza a pensar que una potencia extranjera le hace llegar mensajes en el New York Times que sólo él puede descifrar, cree que es el emperador de la Antartida o comienza a preparase para un permiso de conducir intergaláctico, abandona las matemáticas en favor de la numerología y a pensar que la gente que porta corbatas rojas parecian transmitirle señales. Nash se ha refugiado en un mundo de indicios con sentido universal.

Fue precisamente Norbert Wiener el primero en darse cuenta de que sufria una esquizofrenia, asi fue ingresado de forma involuntaria en la Universidad de Harvard saliendo de alta 50 dias después de un tratamiento con Largactil (clorpromazina). la evolución de su enfermedad fue la típica en casos de esquizofrenia, nuevos brotes, nuevos medicamentos, ingresos involuntarios, nuevos delirios con temática de persecución, electrochoques y negativa a aceptar su enfermedad y la toma de medicamentos que parecian apagar sus delirios, cosa que a Nash no le gustaba nada. Una evolución de más de 20 años salpicada con idas y venidas a Princeton que para él tenia la función de comunidad terapeutica, hasta que poco a poco la enfermedad remitió y con ella recuperó su matrimonio y hasta recibió el premio Von Neumann adelanto del Nobel que estaba al llegar.

Otra de las curiosidades de la evolución de la esquizofrenia de Nash es su evolución hacia la remisión, un verdadero despertar, cosa nada frecuente. Según él su cura se debió al abandono de sus obsesiones politicas que eran “perdidas de tiempo y energias intelectuales”, tambien según él: “si se hace un esfuerzo por racionalizar el propio pensamiento se pueden identificar y rechazar las hipótesis irracionales del pensamiento delirante.

Personalmente no he visto nunca un sólo caso donde un paciente sea por sus propios medios (sin tratamiento alguno) capaz de racionalizar y criticar sus ideas delirantes tanto más de tan larga evolución, aunque en 1994 recibió el Nobel de economía y nunca sabremos el impacto de este galardón en su psiquismo.

En última instancia emergí del pensamiento irracional sin otra medicina que los cambios hormonales propios del envejecimiento.

Es curioso que Nash atribuya su curación a ciertos cambios hormonales relacionados con el envejecimiento pero lo que parece ser cierto es que su paso de esquizoide a enfermo esquizofrénico -su desencadenamiento psicótico- estuvo enroscado en su pase iniciático desde la solteria hacia la paternidad. Personalmente creo que para determinadas personas esta es la prueba del nueve puesto que obliga a los hombres a transitar hacia lo simbólico, precisamente frente a un símbolo que mantuvo toda su vida repudiado.

En un documental llamado “la Trampa” y que puede ver entero en esta web, se analizan las relaciones que tiene la teoria de los juegos y la creencia de que con los números se podría alcanzar la felicidad, la idea de que el ser humano es esencialmente egoísta y que el mercado y no la politica serían los responsables de llevar esa felicidad a los ciudadanos comunes son coetáneas. Vale la pena ver el último episodio de este documental porque contiene una entrevista final con John Forbes Nash donde critica su propia racionalidad y la teoria que le llevó al Nobel.

De manera que nunca sabremos si se curó por el apagamiento hormonal o por haber llegado a la conclusión de que el hombre es algo más que un número, un algoritmo programable o un cuestionario objetivo, probablemente una idea que mantuvo durante toda su vida para protegerse del amor y de su sexualidad que seguramente sentiría como intromisiones intolerables en su espacio subjetivo.

Lo que está claro es que puede observarse su lucidez en esta breve entrevista.

John Forbes Nash nunca más volvió a tomar psicofármacos y le hizo prometer a su mujer que nunca le obligaria a tomarlos.

Bibliografia:

Manuel Serrano Vazquez (ed): “Psicopatología, arte y sociedad”. capitulo 8, “Una mente prodigiosa: La historia de J.F. Nash” de L. Ferrer y Balsebre.

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31 pensamientos en “Esquizoides

  1. Genial¡¡¡¡¡¡. Precisamente la película, me pareció MALISIMA, debido fundamentalmente a la ausencia absoluta de contexto, de vida.
    Hoy me acuesto aprendiendo algo nuevo.
    Un saludo.

  2. Y después de leer el documental me gustaría saber tu opinión respecto a lo siguiente. ¿Es plausible que el desbalanceo de Nash se debiera al mismo motivo que falla o el cree que falla en sus ecuaciones, es decir, una sobrevaloración de la racionalidad?. Precisamente las relaciones de pareja son uno de los motivos mas frecuentes de desequilibrio para determinadas personalidades.
    Por otro lado, no creo que se pueda ser no egoista si no nos estamos refiriendo a egoismo, como un concepto cultural. El acto altruista es un modo de conseguir bienes no crematísticos para uno mismo, y lo que se dá es una buena coordinación entre lo que yo quiero y necesito para sentirme bien, y lo que necesitan los demás. Un psicopata, es alguien que, esencialemente, no se coordina con las necesitades de los otros.
    También me gustaría mucho tus comentarios al respecto.
    Un saludo y muchas gracias anticipadamente. Reitero, fantástica la entrada.

  3. Mi opinion acerca de la personalidad de Nash procede de la palabra que define su enfermedad ¿que es una esquizofrenia?, pues una disociación extrema. ¿Y que es lo que se disocia en ella? Pues los aspectos de la autoafirmacion (cognitivos o intelectuales) versus los afectivos (autotrascendentes). Disociar significa romper las relaciones dialécticas entre entidades y estoy convencido de que la esquizofrenia es eso, como dices una sobrevaloración de la racionalidad univoca y rigida que deja en cuarentena todo lo que de emocional hay en él….y por ahi se rompe (n).

  4. Totalmente de acuerdo Paco.
    En cuanto a “Personalmente no he visto nunca un sólo caso donde un paciente sea por sus propios medios (sin tratamiento alguno) capaz de racionalizar y criticar sus ideas delirantes tanto más de tan larga evolución” me parece que esto no habla mas que del lio en el que andamos metidos los que trabajamos en esto que se ha dado en llamar salud mental. Me explico: por definición si fuera capaz de racionalizar y criticar sus ideas delirantes, pues ya no serian ideas delirantes, ergo, si fuera capaz de hacer autocrítica, el diagnóstico estaba equivocado, NECESARIAMENTE. Por lo tanto y siguiendo esta lógica, ni nunca lo has visto, ni nunca lo podrás ver.
    Un saludo.

  5. Muy interesante post.

    >John Forbes Nash nunca más volvió a tomar psicofármacos y le hizo prometer a su mujer que nunca le obligaria a tomarlos.

    Cuál es la fuente de esta afirmación?. La película?. Pues recuerdo haber leído una entrevista en la que afirma que toma su medicación. Trataré de buscarla.

    No distingue Ud entre esquizoide y psicótico?

    Gracias.

  6. Gracias por la propaganda que me haces con el enlace.

    Con todo, debo objetar a la idea de que los economistas andamos por ahí diciendo que hay que ser egoístas. Tocará hacer una entrada para rebatir esta idea que parece bastante extendida.

  7. Daniel, esquizoide es un conjunto de rasgos permanentes de la personalidad mientras que psicosis es un término generico para agrupar a la esquizofrenia, la paranoia y el trastorno bipolar. Ser esquizoide es un factor de riesgo para sufrir una esquizofrenia pero no todos los esquizoides van a desarrollar una psicosis.
    Psicosis se refiere usualmente a un rango perceptivo, cognitivo o conductual que no prejuzga esquizoidia en quien los sufre.
    Con respecto a la fuente de donde he extraido esa información no e sla pelicula sino de un estudio escrito por un psiquiatra que he de colgar en el post como bibliografia, ahora que recuerdo.

  8. Gracias por objetar algo Jose Luis (Discrepo luego existo), es broma. :-)
    Sin embargo he de contraobjetar que no hay en este post ninguna intención por mi parte de generalizar comportamientos egoistas a ninguna profesión. Lo que si es cierto – y esto no lo digo yo- es que buscando documentarme sobre el caso de Nash es que hay quien dice que la teoria de los juegos es una teoria paranoica y que no es de extrañar que proceda precisamente de Nash que era un esquizofrenico.
    Pero yo no tengo criterio sobre el asunto.

  9. Se puede decir que la parte de la Teoría de los Juegos que se refiere a los juegos de suma cero es paranoica. En los juegos de suma cero lo que un jugador gana lo pierde el otro. Nadal debe creer que Federer irá siempre en su contra cada vez que jueguen. Es lo normal en este tipo de juegos.

    En juegos que no son de suma cero, la teoría no dice esto. De hecho, Nash fue el que logró ampliar la teoría a todo tipo de juegos y el que, metafóricamente, la hizo salir de la paranoia que tenía hasta ese momento.

    El paranoico era John von Neumann, que desarrolló la teoría de los juegos de suma cero y que desdeñó la solución de Nash para los demás juegos. Con solo un martillo por herramienta, todo se le hacían clavos a von Neumann que, como consultor en los inicios de la guerra fría, veía el problema como un juego de suma cero en el que el equilibrio requería atacar primero para no ser atacado. En su defensa, luego se enmendó y desarrolló la idea de la “destrucción mutuamente asegurada” como parte del equilibrio para no usar las armas nucleares.

  10. Me tomo la libertad de dejar este largo texto por aquí. Creo que podría venir muy bien para cuestionarse según qué definiciones

    ¿Sobrevaloró Jung su ataráxica racionalidad o infravaloran los demás la atávica capacidad -verbigracia, la de todo tipo de chamanes allende los mares- de los Seres Humanos para conectarnos a Eso?

    ¿Distorsionó Jung su percepción de la Realidad o simplemente descorrió velos que inundaron su consciente?

    Por otra parte, estoy de acuerdo con Jesús: en menudo lío estáis metidos los profesionales de la salud mental. ¿Os imagináis que ese Consenso llamado Realidad obedeciera a unas pautas diametralmente inversas a las dadas por fácticas?

    Al ínclito Paco Traver, me gustaría preguntarle:

    Hoy en día, ¿cree que lo más saludable para Jung hubiera sido haberse puesto en manos de un especialista para tratar de medicar con fármacos esos episodios de psicosis?

    Gracias.

    EL LIBRO ROJO DE CARL JUNG…

    Nota del New York Times:

    La crónica de un viaje psicodélico

    Cuando ya era un psiquiatra exitoso, Carl Jung se perdió en la niebla de su propia mente: visiones y voces lo acosaban. Registró esa crisis durante 16 años en un texto secreto. Celosamente silenciado por décadas, el Libro rojo acaba de editarse en inglés, como “la obra inédita más influyente en la historia de la psicología”.

    Por: Sara Corbett

    CARL JUNG, 1961. El fundador de la psicología analítica en Zurich, poco tiempo antes de morir. Al recordar su crisis, un “cara a cara con el inconsciente”, lo comparaba con un experimento con mezcalina.

    Esta es la historia de un libro de casi cien años de antigüedad, encuadernado en cuero rojo y que ha pasado el último cuarto de siglo guardado en la bóveda de un banco suizo. El libro es grande y pesado y su lomo tiene grabadas letras doradas que dicen Liber Novus, que en latín significa Libro nuevo. Sus páginas son de un grueso pergamino color crema y están llenas de pinturas de criaturas de otro mundo y diálogos manuscritos con dioses y demonios. Si uno no conociera el origen del libro, lo podría confundir con un volumen medieval.

    Y, sin embargo, entre las pesadas tapas del libro, se desarrolla una historia muy moderna.

    Es la que sigue: El hombre llega a la mediana edad y pierde el alma. El hombre sale en busca de su alma. Tras un sinnúmero de didácticas penurias y aventuras –que tienen lugar en su cabeza– vuelve a encontrarla.

    Algunos opinan que nadie debería leer el libro y otros que deberían leerlo todos. La verdad es que nadie lo sabe.

    La mayor parte de lo que se ha dicho del libro –qué es, qué significa– es producto de conjeturas, porque, desde el momento en que se lo comenzó en 1914 en un pueblito suizo, sólo unas dos docenas de personas han logrado leerlo o echarle una ojeada.

    De los que lo vieron, al menos una persona, una inglesa culta a quien se le permitió leer parte del libro en los años 20, consideró que contenía una sabiduría infinita –”En mi país, hay personas que lo leerían de cabo a rabo sin detenerse a respirar”, escribió–, mientras que otra, una figura literaria muy conocida que le dio un vistazo poco después, lo halló fascinante e inquietante y llegó a la conclusión de que era obra de un psicótico.

    Por eso, durante casi todo el siglo pasado, pese al hecho de que se lo consideraba una obra crucial de uno de los grandes pensadores de la época, el libro existió sólo como un rumor, arrebujado en la maraña de su propia leyenda, venerado y visto como un enigma.

    Es por eso que una noche lluviosa de noviembre de 2007 tomé un vuelo en Boston y cabalgué sobre las nubes hasta despertarme en Zurich y llegar a la salida del aeropuerto a la hora aproximada en que abría la casa central del Union Bank of Switzerland. En aquel momento, se estaba produciendo un cambio: el libro, que había pasado los últimos 23 años en una caja de seguridad de la bóveda subterránea del banco, estaba siendo envuelto en una tela negra y colocado en el interior acolchado de un discreto maletín con ruedas. Pasó rodando frente a los guardias hasta salir al sol y al aire diáfano y frío, donde se lo cargó en un auto que velozmente se lo llevó.

    Sé que esto parece el comienzo de una novela de espías o una película sobre el robo a un banco, pero en realidad es un relato sobre el genio y la locura, sobre la posesión y la obsesión, en el que un objeto –este viejo y extraño libro– deambula entre todo eso: el Libro rojo secreto de Carl Jung –escaneado, traducido al inglés y anotado– está disponible desde este mes, publicado por W. W. Norton y promocionado como “la obra inédita más influyente en la historia de la psicología”.

    Descenso al infierno

    Carl Jung fundó el campo de la psicología analítica y, junto con Sigmund Freud, fue responsable de popularizar la idea de que la vida interior de una persona merecía no sólo atención sino una esmerada exploración, concepto que desde entonces ha llevado a millones de personas a la psicoterapia.

    Freud, que comenzó como maestro de Jung y luego se convirtió en su rival, veía a la mente inconsciente como un depósito de deseos reprimidos, que luego podían ser codificados, caracterizados como patológicos y tratados. Con el tiempo, Jung llegó a ver la psiquis como un lugar intrínsecamente espiritual y fluido, un océano donde se podía pescar en busca de iluminación y cura.

    Lo haya querido o no, hoy día Jung –que se consideraba un científico– es recordado más como ícono contracultural, como defensor de la espiritualidad fuera de la religión y un adalid de los soñadores y los buscadores, lo cual le ha valido tanto el respeto como el ridículo póstumos.

    Las ideas de Jung sentaron las bases del conocido test de personalidad de Myers-Briggs e influyeron en la creación de Alcohólicos Anónimos. Sus dogmas fundamentales –la existencia de un inconsciente colectivo y el poder de los arquetipos– se han filtrado en el pensamiento New Age, pero permanecen en los márgenes de la psicología tradicional.

    Jung pronto se vio enfrentado no sólo a Freud sino también a la mayoría de los que se dedicaban a su especialidad, los psiquiatras que constituían la cultura dominante en esa época y hablaban el idioma clínico de los síntomas y los diagnósticos tras los cerrojos de los pabellones para enfermos mentales. La separación no fue fácil.

    Cuando sus convicciones empezaban a cristalizarse, Jung, que en aquel momento era un hombre exteriormente exitoso y ambicioso con una joven familia, un próspero consultorio privado y una elegante casona junto al lago Zurich, sintió que su mente comenzaba a vacilar y tambalearse, hasta que finalmente cayó en una crisis que cambiaría su vida.

    Lo que a continuación le ocurrió a Carl Jung ha dado lugar, entre los jungianos y otros estudiosos, a perdurables leyendas y controversias.

    Se lo ha interpretado como una enfermedad creativa, un descenso a los infiernos, un ataque de locura, una autodeificación narcisista, una trascendencia, una crisis de la mediana edad y una perturbación interior que reflejaba el cataclismo de la Primera Guerra Mundial.

    Sea como fuere, en 1913, Jung, que entonces tenía 38 años, se perdió en la niebla de su propia mente.

    Lo acosaban perturbadoras visiones y oía voces interiores. Ante el horror de lo que veía, por momentos temía estar “amenazado por una psicosis” o “haciendo una esquizofrenia”, según sus propias palabras.

    Más tarde compararía este período de su vida –este “cara a cara con el inconsciente”, como lo llamaba– con un experimento con mezcalina. Decía que las visiones le llegaban como un “río incesante”, que eran como piedras que le caían en la cabeza, como una tormenta eléctrica, como lava fundida. “Muchas veces tuve que tomarme de la mesa”, recordaba, “para no caerme a pedazos”.

    Como psiquiatra y alguien con una veta decididamente rebelde, trató de derribar el muro que separaba su yo racional de su psiquis. Durante seis años, Jung se esforzó por impedir que su mente consciente bloqueara lo que quería mostrarle su inconsciente.

    Entre las consultas con sus pacientes, después de cenar con su mujer y sus hijos, cada vez que tenía una hora o dos, Jung se sentaba en el escritorio tapizado de libros del segundo piso de su casa e inducía las alucinaciones –que él llamaba “imaginaciones activas”.

    “Para comprender las fantasías que se agitaban en mí ‘subterráneamente’”, escribió Jung más tarde en su libro Recuerdos, sueños, reflexiones, “sabía que tenía que zambullirme de cabeza en ellas”. Se descubrió en un lugar liminal, tan lleno de riqueza creativa como de posibilidades de destrucción, que, según creía, era la misma zona fronteriza que transitaban los locos y los grandes artistas.

    Jung lo registró todo. Primero tomó notas en una serie de pequeños diarios negros y luego interpretó y analizó sus fantasías y las escribió con un tono majestuoso y profético en el librote de cuero rojo. Este detallaba un viaje desenfadadamente psicodélico a través de su propia mente, una progresión vagamente homérica de encuentros con seres extraños en un paisaje de ensueño curioso y cambiante. Escribiendo en alemán, llenó 205 páginas con cuidada caligrafía y pinturas de ricos colores y sorprendente detalle.

    Lo que Jung escribió no pertenecía a su anterior canon de ensayos desapasionados y académicos sobre psiquiatría. Ni tampoco era un diario hecho y derecho. El libro era una especie de moralidad fantasmagórica, surgida del deseo de Jung no sólo de trazar un mapa del manglar de su mundo interior sino también de traer consigo sus riquezas.

    Fue esto último –la idea de que una persona podía oscilar provechosamente entre los polos de lo racional y lo irracional, la luz y la oscuridad, lo consciente y lo inconsciente– lo que constituyó el germen de su obra posterior y de lo que llegaría a ser la psicología analítica.

    El libro cuenta la historia de cómo Jung trató de enfrentar los demonios que surgían de las sombras. Los resultados son humillantes y a veces desagradables. En él, Jung recorre la tierra de los muertos, se enamora de una mujer que luego resulta ser su hermana, es aprisionado por una serpiente gigantesca y, en un aterrador momento, devora el hígado de un niño. (“Trago con desesperados esfuerzos –es imposible– una y otra vez… casi me desmayo… ya está”.) En determinado momento, hasta el demonio dice que Jung es aborrecible.

    Trabajó en Libro rojo de manera intermitente unos 16 años, hasta mucho después de superada su crisis personal, pero nunca logró terminarlo. Se impacientaba pensando qué hacer con él y preguntándose si debía publicarlo o guardarlo en un cajón. Pero respecto de la importancia de lo que contenía el libro, Jung no tenía dudas. “Toda mi obra, toda mi actividad creativa”, recordaría después, “proviene de esas primeras fantasías y sueños”.

    Cuando Jung murió en 1961, no dejó instrucciones específicas sobre qué hacer con él. Su hijo Franz, arquitecto, el tercero de sus cinco vástagos, se hizo cargo de la administración de la casa y decidió dejar el libro donde estaba. Más tarde, en 1984, la familia lo trasladó al banco.

    Cada vez que alguien pidió ver el Libro rojo, los familiares dijeron, sin titubear y a veces sin decoro, que no. El libro era privado, afirmaban, una obra estrictamente personal.

    Sonu Shamdasani, un historiador residente en Londres, se acercó a la familia con una propuesta de editar y publicar el Libro rojo en 1997, momento que resultó oportuno. Franz Jung acababa de morir y la familia estaba golpeada y aturdida por la publicación de dos libros controvertidos y muy comentados escritos por un psicólogo estadounidense llamado Richard Noll, quien planteaba que Jung era el profeta autoproclamado y mujeriego de una secta aria de culto al sol y que varias de sus principales ideas habían sido plagiadas o se basaban en falsas investigaciones.

    Shamdasani se presentó con la moneda de cambio indicada: dos borradores parciales (sin ilustraciones) del Libro rojo escritos a máquina que había descubierto en otra parte. Uno descansaba en la biblioteca de una casa del sur de Suiza, hogar de la anciana hija de una mujer que había trabajado para Jung como transcriptora y traductora. Halló el segundo en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale. El hecho de que fueran copias parciales del Libro rojo significaba dos cosas: una, que Jung lo había entregado al menos a algunos amigos; y dos, que el libro, considerado confidencial e inaccesible durante tanto tiempo, en realidad no era inhallable. El fantasma de Richard Noll y de todos los que quisieran ensuciar el nombre de Jung citando selectivamente pasajes del libro se perfiló en el horizonte. Con o sin la bendición de la familia, el Libro rojo se haría público en poco tiempo, “probablemente”, escribió inauspicioso Shamdasani en un informe a la familia, “de manera sensacionalista”. Durante dos años, Shamdasani fue y vino de Zurich, tratando de convencer a los herederos de Jung. Tuvo almuerzos, tomó café y dio una conferencia. Finalmente, luego de tensas deliberaciones en el seno de la familia, Shamdasani recibió un pequeño sueldo y una copia en color del original del libro y la autorización para comenzar a prepararlo para su publicación, aunque debió firmar un estricto acuerdo de confidencialidad.

    Después de vivir prácticamente a solas con el libro durante casi una década, Shamdasani –amante del buen vino y las complejidades del jazz– ahora tiene el aspecto ligeramente azorado de alguien que acaba de encontrar la salida de un enorme laberinto. Cuando lo fui a ver este verano, estaba agregando al Libro rojo la nota al pie número 1.051.

    “Es el reactor nuclear de todas sus obras”, dijo Shamdasani y destacó que los conceptos más difundidos de Jung –entre otros, su creencia en que la humanidad comparte un caudal de sabiduría antigua que denominó inconsciente colectivo y la idea de que las personalidades tienen componentes tanto masculinos como femeninos (animus y anima)– hunden sus raíces en el Libro rojo.

    La creación del libro también llevó a Jung a reformular la forma en que trabajaba con sus pacientes, como testimonia una referencia que Shamdasani encontró en el libro autopublicado escrito por una ex paciente, en la que esta recuerda el consejo que le dio Jung para procesar lo que se desarrollaba en las zonas más profundas y a veces aterradoras de su mente.

    Después de escaneado, el libro regresó a su bóveda del banco, pero volverá a trasladarse, esta vez a Nueva York, acompañado por un grupo de descendientes de Jung. En los próximos meses se expondrá en el Museo de Arte Rubin.

    En el Libro rojo, luego de que el alma lo exhorta a aceptar la locura, Jung todavía tiene dudas. De pronto, como ocurre en los sueños, el alma se convierte en un “profesor pequeño y gordo”, que manifiesta una especie de preocupación paternal por Jung.

    Jung le dice: “Yo también creo que me he perdido por completo. ¿Verdaderamente estoy loco? Todo es terriblemente confuso”.

    El profesor responde: “Ten paciencia, todo saldrá bien. De todos modos, duerme bien”.

    © The New York Times y ClarIn, 2009. Traducción de Elisa Carnelli.

    • “(…) ¿Os imagináis que ese Consenso llamado Realidad obedeciera a unas pautas diametralmente inversas a las dadas por fácticas? (…)”

      Claro que sí, es fácil…. sobre todo porque imaginarlo carece de utilidad y preguntárselo carece de sentido… una ‘pregunta’ sin pies ni cabeza para quienes hayan leído siquiera a Berger y “la construcción social de la realidad”…

      te lo recomiendo. ;)

      pd. juzgamos las palabras , no a la persona que las fórmulo….

      falacia ad hominen de nuevo ^^

  11. Jung era un esquizoide, de eso no cabe ninguna duda pero es muy poco probable que fuera esquziofrénico lo que si es cierto es que le hubiera venido bien pasarse 4 o 5 años más en cualquier diván para resolver el problema que tenia con su padre verdadero y con otros padres simbólicos como Freud al que evidentemente traicionó como tambien al movimiento psicoanalitico que le amamantó.
    Por otra parte ese texto de Jung es seguramente uno de esos textos editoriales que salen de vez en cuando y que no tienen nada que ver con su autoria, me temo que es apócrifo.

  12. Pingback: La dualidad radical en la esquizofrenia « neurociencia-neurocultura

  13. Hola,
    hace poco que he empezado a seguir tus posts que me parecen muy interesantes y educativos.
    Con respecto a éste, me gustaría preguntarte porque si bien te refieres a la esquizofrenia como: “esta enfermedad es muy rara entre los científicos aunque bastante frecuente entre otros creadores usualmente artisticos”, también haces alusión a “No hay que perder de vista que el gusto por las matemáticas está muy relacionado con la esquizoidia pues las matemáticas son la disciplina más alejada de la vida, una abstracción pura sin vida propia que sirve de pantalla emocional para muchas personas que temen y rechazan las relaciones interpersonales”.
    Aunque como explicas no se debe confundir una con otra, si que están estrechamente relacionadas. Lo que he entendido, es que una persona esquizoide puede tener más probabilidades de ser esquizofrénico, aunque esta no se llegue a desarrollar en todos los casos. Si bien, me resulta paradójico que aunque las matemáticas puedan estar relacionadas con la esquizoidia, es poco común la esquizofrenia en los científicos.
    Saludos

  14. Pues porque cuando escribi “cientificos” no estaba pensando en los matematicos sino en los cientificos orientados hacia la vida, biólogos, quimicos, neurofisiologos y cosas asi. Está demostrado que los matemáticos son un grupo de alto riesgo porque correlaciona con la esquizoidia como hoy sucede con los informaticos.

  15. que rápido, gracias por la aclaración, :)

    Tan sólo una cosa, en ese caso, el caso de Nash no sería tan extraño, pues era matemático. Aunque no tenga mucha idea, creo que lo que maravilla a todo el mundo fue su evolución, como explicas.

    • ah claro. yo también. Lo curioso es que aquella descripción ( La que se puede apreciar en la website y que según parece es muy extensa) además de sesgada es hasta cierto punto, propia de algún dogmático y malintencionado redactor…

      … aún así logro identificar algunas cosas que sin duda son parte de mí…
      La pregunta es.. aquellos rasgos que encuentro coincidentes conmigo, ¿Lo son en tanto ‘yo como un ser único’ o en tanto ‘yo como un ser humano cuya organización psíquica tira para esquizoide’? ¿seria relevante considerar mi condición esquizoide para poder explicarme esta coincidencia?

      de antemano gracias, paco..
      en todo caso espero no demandarte mucho de tu tiempo que quizas es escaso

      saludos!

  16. que tonto. olvidé mencionar aquel párrafo que en sí era lo esencial de mi mensaje.. bueno el párrafo es este

    “(…) Los personajes esquizoides tienen como propósito imponer su propio mundo conceptual al resto de la gente o a grupos sociales, utilizando un egoísmo patológico relativamente controlado y la tenacidad excepcional derivada de su naturaleza persistente.
    Por lo tanto son capaces eventualmente de dominar la personalidad de otro individuo, lo que hace que el comportamiento de este último se vuelva desesperadamente ilógico. Pueden también ejercer una influencia similar en el grupo de gente al que se han unido (…)”

  17. Ese parrafo parece que habla mas de un dictador o de un manipulador que de un esquizoide. Hasta donde yo se los esquizoides no están interesados en el proposito que nombra ese texto, al menos no por su condición de esquizoides..

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