El inconsciente: una reconceptualización

Agosto 29, 2009 at 8:52 pm (conciencia, mente, mitologia, psiquiatría, sexo, sueños) (, )

laberinto

En Creta se desarrolló una civilización -que se llamó minoica- muy adelantada según algunas pruebas de la que apenas nos ha llegado algún rastro arqueológico tal como las ruinas de Cnosos, algunos mitos, leyendas y la casi seguridad de que esta cultura se fundió con la griega dominante en una especie de sincretismo, que dio lugar a una enorme riqueza de saberes que nos han llegado fundamentalmente en forma de mitos como representación de las primeras torsiones de la subjetividad humana.

Y de ahí su interés.

El mito mas conocido de aquella civilización es probablemente éste:

Minos era el rey de Creta y estaba casado con una mujer llamada Pasifae que era pariente de la vieja Europa, la cual había sido raptada por Zeus en forma de toro. El caso es que el dios Poseidon le hace a Minos un regalo en agradecimiento por la devolución de algun favor político.

El regalo es un toro.

Admirado por la esplendidez del toro, Minos decide quedárselo para sí en lugar de entregarlo al pueblo tal y como había quedado con Poseidon. Pero ahí no acaban las dotes seductoras del toro, porque Pasifae queda absolutamente prendada de su belleza y planea cómo copular con él.

toro

Lo hace ordenándole a Dédalo -precursor minoico del artesano Hefesto- la construcción de un artilugio metálico para llevar a cabo el antinatural proyecto. De esta unión nacerá un monstruo, el Minotauro, que al nacer es confinado en el laberinto, una especie de sótano que construye el mismo Dédalo debajo del palacio de Cnosos.

Desde allí el Minotauro reclama su botín continuo de adolescentes a los que devoar, y Minos -para tapar la ofensa que Pasifae hizo a las leyes naturales- no puede sino acatar. El Minotauro reclama cada vez mas sacrificios humanos hasta el punto de que el pueblo está cada vez más en contra de sus gobernantes hasta que aparece Teseo, que liberará al pueblo cretense de la dictadura del monstruo bien auxiliado por Ariadna, hija de Minos y Pasifae.

Hasta aquí el mito. Ahora observemos este sueño de un paciente real al que llamaremos el Sr X.

Sueño.-

“Soñé que mi mujer estaba embarazada pero no de mí sino de algún otro. No se de quién. Al tiempo da a a luz una especie de monstruito, mitad lagarto y mitad ave, lo llevamos al pediatra pero nos dice que no sabe lo que es ni qué le podemos dar para comer.

Me planteo si arrojarlo a un contenedor o qué hacer con él, puesto que no era humano, pero temo que me descubra la policía (tal y como sucede con algunos fetos abandonados) y decidimos mantenerlo oculto en una especie de cueva que existe en un anexo de nuestra casa.

El caso es que  mi mujer le coge mucho asco y al final soy yo el que tiene que alimentarlo con pollos.

Todo el sueño transcurre en una enorme angustia porque no sé qué hacer con él, cómo alimentarlo ni cómo deshacerme de él. También me planteo el aspecto moral de la cuestión, lo que me lleva a un estado de intensa ansiedad. Entonces me despierto.”

Interpretación.-

Lo primero que llama la atención es la similitud entre el mito griego y el sueño particular del Sr X. Evidentemente no son del todo iguales y no es de extrañar porque el mito también tiene diversas versiones, añadidos y distintos desenlaces. Lo que importa desde este punto de vista es el parecido, el tema.

Lo similar resuena con lo similar.

¿Cómo puede haber tanto parecido entre un sueño particular y un mito griego de hace más de 4000 años?

Para entender este vínculo habremos de plantearnos qué y como nació el inconsciente humano; más que eso: dónde se encuentra ese inconsciente y cómo accedemos a él.

Aunque la idea del inconsciente es hoy en día aceptada tanto por psicólogos de distintas orientaciones como por todos los neurocientíficos, hay que hacer notar que desde su nacimiento ha seguido un largo y tortuoso camino. Tan largo y tortuoso como algunas buenas  ideas de Sigmund Freud que terminaron por abrirse paso milagrosamente en un mundo científico que siempre renegó de él de una pieza.

Lo cierto es que la mayor parte de nosotros estaríamos dispuestos a admitir que el inconsciente es una parte de nuestros recuerdos que no son accesibles a la conciencia; se trataría de una memoria latente o quizá secuestrada por la represión. Los neurocientíficos más reduccionistas han terminado por admitir que el inconsciente existe y le sitúan en el cerebelo, una extraña formación en la base del encéfalo que tiene una complejidad neuronal endiablada para ser un simple administrador de nuestra posición en el espacio.

En un post anterior ya escribí sobre las diferencias que existían entre la forma en que los neurocientíficos convencionales se imaginan el inconsciente y la forma en que los psicoanalistas lo hacen. Es evidente que el inconsciente freudiano poco o nada tiene que ver con la memoria procedimental que disponemos para hacer conscientes determinados algoritmos (secuencias) sobre movimientos determinados aprendidos previamente.

Pero ambos están de acuerdo en algo: el inconsciente es memoria, por tanto es algo que debe estar disponible en los cerebros humanos, como los recuerdos que evocamos a veces con algún esfuerzo y a veces sin él. Ellos teorizan que algunos recuerdos son de alguna forma irrecuperables, sobre todo aquellos que se grabaron en nuestro disco duro antes de que cognitivamente pudiéramos ponerles etiquetas.

De manera que la metáfora del ordenador sigue siendo la preferida tanto para unos como para otros; en este sentido el inconsciente sería aquella parte del disco duro no accesible a la conciencia por alguna razón particular.

Pero ¿es así? ¿nos podemos dar por satisfechos con esta explicación, un tanto determinista sabiendo como sabemos que el cerebro no es un ordenador digital?

La segunda cuestión que nos puede llamar la atención tanto del mito de Minos y Pasifae como el sueño del Sr X es su absurdidad, su temática fantástica, su inverosimilitud y la escasa probabilidad de que cosas así sucedan en la realidad.

Y es precisamente de esta inverosimilitud de donde extrae el mito toda su potencia comunicativa: en un sistema abierto la mayor información procede de la configuración más improbable (G. Cullmann, M. Denis-Papin y A. Kaufmann, 1967).

Del mismo modo que la electricidad precisa para fluir una diferencia de potencial, la información lo hace de lo más improbable y más alejado del equilibrio hacia lo más probable y cercano al equilibrio, del desorden al orden.

Tal y como enseñan en todas las facultades de periodismo, lo que le da a una noticia su carácter de noticia (novedad) es su extravagancia, su excepcionalidad. La rutina de la vida cotidiana nunca es noticia porque su configuración es probable y por lo tanto mantiene un equilibrio que está muy alejado de las condiciones de desequilibrio que gobiernan las noticias y el interés de los lectores de periódicos.

En ese sentido los mitos podrian ser entendidos como noticias que proceden de un tiempo y un lugar indeterminados -noticias del origen- que, aún sabiendo que son mentiras que nunca ocurrieron en la realidad, poseen un poder de penetración -de resonancia- precisamente a causa de su poder de informar sobre algo.

Pero antes de averiguar sobre qué informan los mitos (o los sueños) tenemos que averiguar cómo nació el inconsciente.

No cabe ninguna duda de que el inconsciente fue el subproducto de distintos repliegues y torsiones de la conciencia humana. En un momento determinado de la evolución del Sapiens, hubo algo que fue declarado ilegal o prohibido. La mayor parte de los antropólogos, psicoanalistas y estudiosos de la conciencia creen que lo que fue declarado ilegal fue la sexualidad y también el homicidio tal y como dice Bataille porque:

Fue necesario limitar el goce sexual (y el de dar muerte) en las comunidades primitivas para hacerlas ordenadas y laboriosas.

Naturalmente la que fue declarada ilegal fue la sexualidad de la mujer, no cualquier sexualidad puesto que el control masculino de la sexualidad femenina fue mayormente puesto de manifiesto en el momento en que los varones entendieron que su participación en la fecundación era necesaria. Es por eso que algunos autores proponen que el conocimiento de la filiación paterna supuso un giro decisivo para la condenación de la sexualidad (libre) al sótano de la historia humana.

De lo que se trataba era de controlar la sexualidad femenina que desde entonces se consideró lasciva, peligrosa, devoradora (belleza atroz) para los planes de los hombres que eran en definitiva los que transmitían el patrimonio familiar, algo que se consolidó con la aparición de la agricultura y la acumulación de excedentes y propiedades.

Dicho de otra manera: el Minotauro es el subproducto del pecado (la trasngresión) de Pasifae, su pecado de bestialismo. Más allá de eso: el Minotauro es Pasifae misma, la mujer, el Dragón, la serpiente (en otras mitologias).

El inconsciente es pues información que activa algo que se encontraba hasta ese momento latente -en este sentido el mito de Minos y Pasifae- activa el  sueño del Sr X que, por cierto, sospechaba que uno de sus hijos no era suyo y es por eso por lo que resonó con el mito concreto del Minotauro y no con otro. En este sentido podríamos decir que el mito había reactivado sus temores sobre la filiación de sus hijos.

Algo que curiosamente no necesita de un conocimiento previo del mito. El Sr X tuvo el sueño que he relatado sin conocer una palabra de mitología, lo que viene a señalar en la dirección de que existen formas de trasmisión del conocimiento que no pasan por los sentidos ni son aprendizajes convencionales: se trata de un saber que se activa y desactiva y que contiene información sobre algo que en ese momento resuena con el sujeto.

Es necesario entender además ago más sobre el concepto de información para entender las configuraciones que toman aquellas cosas que logran comunicar algo y que no son materiales, como un mito en este caso.

La información no es materia y en cierto modo tampoco es energía pero la podemos considerar como un submenú de la energía: se trata de una forma de energía que no se degrada. Y no lo hace porque permanece casi siempre estable, es decir, en estado latente. Para que un sistema informe sobre algo es necesario que se encuentre bien lejos de las condiciones de equilibrio, es decir, debe de poseer cierta entropía negativa. Es precisamente esa entropía negativa de donde procede su poder de informar. Dicho de otra manera: neguentropia (desorden) e información son la misma cosa; en el momento en que el sistema llega a un estado de equilibrio desaparece la información.

Y una de las formas en que la información contacta con un receptor biológico es a través de la resonancia que es la condición para que la información transcurra desde un emisor hasta un receptor.

No cabe ninguna duda de que el Sr X debía resonar con este mito puesto que su problemática personal iba en la misma dirección que el mito señala: una transgresión femenina. Y es por eso que soñó ese sueño.

Lo que nos lleva hacia la pregunta fundamental que guía este post. ¿Entonces el inconsciente y por supuesto los sueños no están en  el cerebro?

No me cabe ninguna duda de que eso que llamamos inconsciente no habita en nuestro cerebro sino -digámoslo asi- en la cultura y en sus discursos de poder, en sus discursos normativos (aqui hay un post que habla precisamente de qué cosa en un discurso), esa especie de entramados donde habitan significantes y significados sancionados por la costumbre y los consensos.

Con respecto a si existe un inconsciente personal, yo tengo la impresión de que si existe alguna versión individual de este constructo no tiene nada que ver ni con el modelo freudiano ni con el neurobiologico y lo considero como una especie de bombero del hipocampo que no da lugar a los mismos tipos de sueños como los del Sr X: los sueños arquetípicos  nada tienen que ver con los sueños vulgares que soñamos la mayor parte de las veces todos nosotros y que se alimentan de cadenas redundantes que buscan ser expulsadas de la memoria.

En este sentido, es muy posible que en el sueño exista un doble procesamiento de información, una que procede del interior y que trata de evacuarse (retornar al equilibrio perdiendo entropía) y otra que conecta con esa base de datos externa donde se encuentra el inconsciente propiamente dicho que, si informa de algo, es porque se encuentra en situación de entropía negativa y que tanto se parece a un mundo subterráneo, a un mundo en penumbra y prohibido.

Quiza no sea baladí contar cómo terminó la historia del Minotauro porque contiene en su resolución una clave esencial de los repliegues de la conciencia humana:

Cuando Teseo dio muerte al Minotauro gracias a la ayuda que le prestó Ariadna, ésta le recordó la promesa que le había hecho: a cambio de su ayuda Teseo debía llevarla consigo al partir.

Así fue, Teseo navegó con ella rumbo a Naxos, donde la abandona a su suerte.

La tercera parte del mito habla del intento de suicidio de Ariadna y cómo posteriormente es rescatada por Dioniso -rescatador de mujeres- que acaba llevándosela con él al Olimpo.

Pero me interesa detenerme en la segunda parte que es el éxito de Teseo -el poder masculino- sobre el monstruo gracias a alguien que le sostiene el ovillo (es decir gracias a las sutilidades de una mujer) y cómo este traiciona de nuevo a su amante y la abandona, una forma de decir que la masculinidad del héroe sólo puede presevarse si se distancia de todo lo femenino que hay en él.

El Sr X no terminó de resolver sus dudas sobre la paternidad de uno de sus hijos pero acabó divorciándose de su mujer, y hasta donde yo conozco la historia se buscó una mujer unos veinte años más joven que él con la que tiene otros dos hijos.

El orden se impone sobre el caos, lo masculino sobre lo femenino.

Asi se fundó lo humano. Es natural que la gente tenga tanto miedo a su inconsciente y que mas allá de eso las enfermedades mentales sean irrupciones del inconsciente y del caos en la conciencia. Es la venganza del Minotauro, la venganza del toro.

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La mente extendida

Agosto 27, 2009 at 5:55 pm (conciencia, cuantica, fisica, mitologia, parapsicología, personalidad, psicologia, telepatia) (, , , )

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Rupert Sheldrake es un biólogo y filósofo de la mente muy debatido y criticado en determinados ambientes, tanto como admirado y citado en otros. Su idea más conocida es la descripción de los campos mórficos que serian los responsables de dar forma tanto a los organismos vivos como a la materia inerte con cierta tendencia a adoptar formas, como sucede con los cristales. También explicaria el aprendizaje entre individuos de la misma especie no contigüos.

Sheldrake argumenta que en el código genético -el ADN- no se encuentran codificados los planos de la casa sino sólo como deben de juntarse los ladrillos, efectivamente los genes no son más que instrucciones para la síntesis de proteinas pero no contienen ningun plan para desarrollar un organismo vivo al completo. Si en los genes no están los planos ¿donde están?, esta es en síntesis una de las ideas mas revolucionarias y transgresoras de Sheldrake. Concluye que tiene que haber un campo invisible, sin localidad que está en todas y cada una de las células de nuestro cuerpo y del mismo modo está por fuera del cuerpo y que representaría algo asi como la memoria mórfica de la especie. Se trataria de un campo energético que prestaría la forma (los planos) a todo proceso de arquitectura viviente a partir de un registro mnéstico que no está determinado por la genética sino que está en continua evolución.

Sheldrake resucita asi la vieja teoria lamarckiana de que los rasgos adquiridos pueden ser trasmitidos al resto de la especie no por via genética sino por resonancia mórfica. Y que argumenta del siguiente modo: cualquier aprendizaje de un cierto número de miembros de una especie determinada acaba por universalizarse a toda la especie cuando se alcanza una determinada masa crítica.

Sheldrake es pues un hereje.

La idea de campo mórfico presenta algunas debilidades estructurales. Por ejemplo Sheldrake no aclara cual seria la energia que alimenta este campo: ¿los campos mórficos serían ondas de baja energia, luz, infrarojos o ultrasonidos?

Pero simultáneamente con esta debilidad posee algunas fortalezas que proceden de fenómenos que no tienen explicación segun las leyes de la fisica que conocemos en la actualidad.

Y pone algunos ejemplos extraidos de la vida cotidiana para explicar en que consiste la resonancia que es según él el mecanismo de comunicación entre campos mórficos e individuos. La resonancia es un fenómeno que afecta a los sistemas que disponen de movimientos periódicos sometidos a oscilación, asi hay una resonancia química y una resonancia acústica o eléctrica. En realidad resonancia significa el reforzamiento de una señal, una especie de amplificación como sucede en acústica con los armónicos o con el laser en la luz donde la coherencia de fase parece tener mucho que ver con el termino resonancia al menos tal y como lo emplea Sheldrake. En cualquier caso es evidente que “resonancia” implica un cierto grado de sintonización entre emisor y receptor de una señal cualquiera que esta sea.

¿Como sabe mi perro que estoy subiendo por el ascensor o que acabo de aparcar en el garage?

Este es un conocido ejemplo de los que Sheldrake propone para ejemplificar la sintonización. Simplemente mi perro se encuentra sintonizado conmigo y con todos los miembros de mi familia y por eso es capaz de reaccionar ante mi presencia mucho antes de que esta se produzca, algo que no puede explicarse a través del sonido o del olor. Mi perro reacciona mucho antes de que huela u oiga nada de mi.

A nivel popular también tenemos una palabra para designar este curioso y conocido efecto, “estar en la onda” significa ese algo más de simpatía o empatia que hace que una persona aun desconocida nos produzca “buenas vibraciones”. Hay algo extrasensorial que está provocando ese fenómeno que no puede ser explicado de una forma racional: la antipatía o el prejuicio tambien podrian ser explicadas a través de este mecanismo de la sintonización o mejor de la desintonización o interferencia.

Recientemente Sheldrake ha publicado un libro titulado “El séptimo sentido: la mente extendida” donde da forma a una idea que venia rondando por su cabeza desde tiempo atrás segun he podido observar a través de diálogos con Krishnamurti, Mc Kenna o David Bohm y que se encuentran disponibles en español en youtube. También podeís visitar la web del propio Sheldrake.

Aqui mismo hay un articulo donde hablan de este libro y de las tesis que sostiene Sheldrake al dar una nueva vuelta de tuerca a sus ideas sobre los campos mórficos y en relación con la conciencia humana.

La idea que Sheldrake propone en este libro tiene mucho que ver con mi post anterior donde hablé precisamente de “Luz y visión”.

La idea que exploraba en este post era la posibilidad de que pudieramos ver sin ver, esto es, si más allá de los circuitos ópticos no habria otra manera de ver que no dependiera de la luz. Me preguntaba en ese post acerca de la contradicción entre lo que vemos (ahi afuera) y el lugar donde se forman las imágenes cerebrales (en el lóbulo occipital) y me preguntaba si no habria alguna forma mediante la que el cerebro proyectaba esas imágenes en la realidad desde el interior del cerebro.

Me preguntaba también de donde sale la luz con la que se iluminan nuestros sueños y otros estados modificados de conciencia y planteaba si la melatonina no estaría implicada de alguna forma en aportar “luminosidad” a la conciencia en determinados circunstancias del mismo modo en que entendemos que trasduce la luz (en la glandula pineal) para transformar la energia electromagnética en química.

Lo cierto es que unos dias después de haber subido ese post me di de bruces con un artículo donde se hablaba precisamente del libro de Sheldrake en un extraño bucle de sincronicidad.

Pero Sheldrake va más allá de lo que yo mismo sugerí en aquel post y declara que las imagenes visuales se forma por contacto, es decir que más allá de que nuestro cerebro tenga noticias de las mismas a través de la representación que la via óptica acaba haciendo en el lóbulo occipital, lo que vemos ahi afuera es el resultado de haber tocado los objetos literalmente a través de nuestro campo mental. El cerebro seria secundario en este proceso que dependeria de la mente visual y sólo seria un amplificador de señales, una especie de modulador entre lo que ya hemos visto y lo que nos representamos, una doble computación que es probablemente lo que da coherencia a lo que se ve. De este modo la experiencia de mirar es profundamente mental y de alguna forma táctil y no depende más que de un modo secundario con las imágenes formadas en la corteza visual del cortex occipital.

Los budistas suponen que el pensamiento, es decir la capacidad de abstraer, pensar o imaginar son y representan un sexto sentido, nosotros hablariamos mejor de intuición. Para Sheldrake el séptimo sentido supone un paso más allá: se refiere a la capacidad de saber algo de alguien por una via no convencional, no sensorial, fenómenos como la telepatia podrian ser explicados -de existir- a través de este septimo sentido.

En cualquier caso, la tesis más importante de este libro no son los ejemplos marginales sino su teorización acerca del cerebro como una especie de sintonizador. Para Sheldrake la mente no procede del cerebro sino que utiliza al cerebro como interface de expresión, en realidad el cerebro se hallaria diseñado y facilitado para sintonizar con unas emisoras  pero no con otras. Es como si el cerebro fuera una especie de transistor que pudiera a través de sus diales encontrar una emisora con mas facilidad que otras, pero esas emisoras no están en el cerebro propiamente dicho sino en la memoria mórfica, una especie de base de datos cósmica donde se encuentra tambien la memoria individual que Sheldrake niega que se encuentre en el cerebro individual.

Esta idea fuerte a mi juicio es bastante coherente con lo que sabemos sobre los modos de estar en mundo: estos no son infinitos sino que se reducen a una docena de supuestos, del mismo modo que aprendimos a entender los creodos de la subjetividad humana a través del mito podemos aprender la conducta humana en base a la frecuencia en que un determinado comportamiento se manifiesta. Hay sólo algunas formas de estar en el mundo y aunque la mayor parte de nosotros presentemos múltiples diferencias procedentes de distintas educaciones, circunstancias, entornos geográficos y culturales o demás, lo cierto es que las formas de estar en el mundo pueden contarse con los dedos de la mano.

Del mismo modo sucede con las enfermedades, son las que son aunque evolucionan y no son fijas y aunque cada vez más existen neoformaciones enfermizas patentadas por la cultura, lo cierto es que las enfermedades son finitas. Solamente puede enfermarse siguiendo unas guías ya recorridas con anterioridad, una enfermedad no puede sino parecerse cada vez mas a sí misma soportando a veces burdas imitaciones pues existe un patrón de memoria en su representación. Fueron patentadas ya por la tradición y aunque un individuo puede inventar una enfermedad nueva, esta no podrá manifestarse hasta que alcance la suficiente masa crítica para hacerlo: una suficiente masa de acólitos sintonizados por un determinado sufrimiento, una emisora que trasmita noche y dia.

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Lo similar resuena con lo similar y es por eso que yo tengo la sensacion de poseer un Yo, pues resueno con facilidad conmigo mismo y con lo que fui ayer que con cualquier otra cosa, lo mismo les sucede a las enfermedades y a los patrones de comportamiento, hay como un hábito, una adicción o resonancia a parecerse cada vez mas a sí mismo.

Todo parece indicar que es el sufrimiento lo que nos aglutina en torno a lo humano, mientras que es el placer lo que nos dispersa o diferencia.

La idea de campo mórfico de Sheldrake es muy parecida al concepto jungiano de inconsciente colectivo (en esta web podeis leer un buen articulo sobre el asunto). Para Jung el inconsciente colectivo era algo que constituía y estructuraba lo humano más allá de sus circunstancias personales y que explicaba los similares sueños entre sujetos alejados o las distintas cosmogonias tan similares unas a otras, la similitud procederia precisamente de esta atracción que cada campo mórfico ejerce sobre lo parecido.

Del mismo modo que Sheldrake, Jung tampoco supo donde ubicar este inconsciente que es invisible, inmaterial e intangible pero que parece gobernar las rutas por las que transitan las formas, los comportamientos humanos, el carácter, la manera de estar en el mundo y los sueños.

La idea es que estamos conectados a una gran base de datos cósmica que puede entenderse como un océano de campos que inflitran lo huamano y a la humanidad entera, en este modo de comprender las cosas determinados fenomenos que hoy consideramos paranormales llegarán a ser comprendidos por la ciencia. Por ejemplo la telepatía que siempre imaginamos como un modo de transmitir señales mentales a distancia puede que no tenga nada que ver con esa imagen del viaje de señales. Simplemente dos personas muy unidas entre sí pueden estar compartiendo un mismo campo mórfico y una misma conexión-sintonización. En este tipo de personas -como a veces sucede entre ciertas relaciones entre gemelos o en el vinculo madre-hijo- puede haber trasducción de señales, no porque haya uno que emite y otro que recibe sino porque existe un interface común que hace de puente entre ambos, algo asi como si dos personas separadas entre sí por cientos de kilometros estuvieran oyendo un mismo programa de radio interactivo y participando por tanto del mismo.

La idea de Seldrake posee aun otro aliciente sobreañadido: la mente no sería -en esta forma de ver- un subproducto del cerebro sino la energía que le rebasa y al mismo tiempo alimenta y que proceda de donde proceda lo cierto es que es seguramente el lugar donde están todas las emisoras emitendo programas continuamente y con las que cada cerebro sintoniza automáticamente según su querencia particular.

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Luz y visión

Agosto 22, 2009 at 10:55 pm (ciencia, conciencia, cuantica, drogas, fisica, mente, psicoanalisis, psiquiatría, sueños) (, )

columnacortical

De todas las funciones neurobiológicas seguramente la visión es la más estudiada sobre todo gracias a dos investigadores cuyos nombres van siempre unidos en la bibliografía especializada, me refiero a Huber y Wiesel.

Aqui hay un buen video de divulgación sobre la percepción visual y de los hallazgos de esa pareja de científicos cuya referencia es obligada para aquellos que se entrometen en el mundo de la visión y a cuyo visionado remito al lector que no conozca sus hallazgos neurofisiológicos trascendentales.

Pero en este post me propongo ir un poco más lejos en la extraña relación que mantienen luz y visión y sobre todo en lo que entendemos por las acciones de ver o mirar: dos aspectos de la misma función que parecen adoptar direcciones opuestas y que en cierta forma abordé en este post que titulé “Oir y escuchar”.

El caso es que tenemos dos verbos para la misma función, ver y mirar para la visión y oir y escuchar para la audición, todo parece indicar que existe una posición pasiva hacia dentro que recibe fotones del medio ambiente y los procesa a través de la via óptica hasta llegar a la corteza visual (occipital) y otra via -virtual y activa- que parece ir en sentido opuesto: del ojo hacia afuera.

¿Existe realmente este proceso o la visión puede ser explicada con el simple procesamiento pasivo de los haces de luz por nuestro cerebro?

Para contestar esta pregunta haré de entrada una objección al sentido común:

¿Si las imágenes visuales se procesan a trávés de toda la via óptica y se configuran definitivamente en la corteza occipital, por qué las vemos proyectadas en el medio ambiente, en el ahi afuera?

Lo cierto es que esta idea es en sí algo inquietante porque parece divorciar nuestra experiencia consciente de lo que sucede en el interior de nuestro cerebro. ¿Cómo es posible que las imágenes formadas en mi nuca aparezcan delante de mis ojos y además en tres dimensiones?

Una explicación a este fenómeno seria invocar a la antipartícula de un fotón que seguiría un proceso inverso a la trayectoria del fotón que efectivamente penetra en nuestro ojo. En ese sentido la antipartícula seria la visión en sí misma y explicaría porque nuestra experiencia visual esta proyectada en el exterior y  también porque nuestra percepción visual es inmediata y simultánea con el estimulo externo que puede estar incluso en movimiento.

Simplemente estaría sucediendo en dos lugares en el mismo tiempo, un fotón regresaria al objeto luminoso y otro fotón estaria haciendo su trabajo en el lóbulo occipital.

Sea como fuere existe una antiquísima tradición que supone que el ojo no es sólo un receptor de luz sino tambien un emisor de algo, a veces incluso de malas intenciones tal y como sucede en el mal de ojo.

El mal de ojo es una creencia supersticiosa que supone que podemos causar daño a alguien a través de la mirada, una idea de la tradición folclórica de nuestro entorno que podemos asociar con la idea de que la mirada es algo distinto a lo que se ve. Mirar es algo que sale -centrífugo- y que tiene la condición subjetiva del que mira -lleva una intención adherida- mientras que la visión en su sentido estricto es un hecho objetivo que no admite subjetividades intermedias. A este hecho en psicoanálisis se le llama pulsión escópica de la cual ya hablé en anteriores posts relacionados con el sindrome de Stendhal, a saber:

Cerebro y belleza (1)

Cerebro y nelleza (2)

¿Sobredosis de belleza?

Pero el mal de ojo tiene su correspondencia teológica y mítica “Dios todo ve” y no sólo porque tiene un ojo que todo lo abarca sino también porque tiene un ojo, que es a su vez, luminoso. La idea de un ojo que mira y que a su vez emite luz se encuentra no sólo en nuestra tradición cristiana sino hasta en las efigies de los dólares.

Se trata pues de un arquetipo que está señalando sobre una potencialidad humana fundamental, la capacidad de poder desdoblar la acción de ver entre ver y mirar.

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El ojo de Horus es un amuleto mágico muy usado en el antiguo Egipto -precisamente contra el mal de ojo- y del que proceden aquellas iconografías que todos recordamos de nuestros libros de texto infantiles, el ojo de Dios inscrito en un triángulo y del que emergía luz. De Horus viene nuestra voz “horóscopo” y señala el lugar por donde sale el sol y que significa “el que está completo”. Dios, el Sol y Horus serian pues la misma cosa: una fuente de luz.

De manera que la relación entre luz y visión parece bien establecida con la pequeña diferencia de que a veces podemos ver sin luz y no me estoy refiriendo a ver en la oscuridad sino a ver cuando tenemos los ojos cerrados, estamos incosncientes o durmiendo. A veces -cuando alucinamos- tambien despiertos.

Otro misterio relacionado que tiene que ver con esta pregunta  ¿existe otra forma de ver que no dependa de la luz recibida desde el exterior?

No me estoy recibiendo a la capacidad de mirar hacia adentro, del insight o la capacidad de explorarse internamente o de darse cuenta de algo sino literalmente a la capacidad de ver sin ver. Ni tampoco al fenómeno del visionario que se adelanta a su época para configurar una idea estética, ética, política o científica.

Algo que sucede en los sueños, donde siempre hay iluminación, también en las experiencias extáticas, en las experiencias cercanas a la muerte, en las experiencias psicodélicas, en las alucinaciones y en las experiencias de desdoblamiento y heautoscópicas.

En este video podemos observar precisamente las experiencias visuales de un sujeto mientras estuvo en coma; probablemente en todas las situaciones que he señalado con anterioridad participan distintos factores pero la idea que quiero transmitir es que existe una visión intrínseca del propio cerebro que no es fotodependiente.

¿Pero si no es fotodependiente de dónde sale esa capacidad de ver?

Para eso tenemos que revisar el concepto de campo biocognitivo, una idea que procede de Mario Martinez a la que yo he dado una nueva interpretación. Un campo en fisica significa cualquier magnitud fisica que presenta cierta variación en el espacio. Otra forma de entender este concepto es  un entorno determinado donde se cumplen ciertas leyes pero no otras. Y la idea final de que un campo puede ser la inteface de otro y que probablemente se solapan.

5circulos-bEl campo biocognitivo

No cabe duda de que nosotros los humanos, y en realidad todos los seres vivientes estamos rodeados de un océano de campos que intervienen en nuestro campo biocognitivo.

El más importante de los cuales -a escala animal- es el campo electromagnético y tambien el químico, aunque no son los únicos como puede verse en el esquema de arriba.

Un fenómeno químico (como los olores) puede transducirse en estimulos electromágneticos pero también puede suceder al revés: determinados estímulos químicos pueden sustituir a fenómenos electromágneticos en su ausencia o en situación de deprivación.

Uno de estos fenómenos es la trasducción de la luz que se da fisologicamente en la glándula pineal, la luz se transforma en una eferencia hormonal.

Es absolutamente posible pensar que en ausencia de vibración electromagnética el cerebro pueda suplir esta función para iluminar determinados estados de conciencia, pero para ello necesitamos un responsable. ¿Cual podria ser?.

La melatonina es un neurotransmisor poco conocido aun que es el último metabolito del metabolismo de la serotonina, su producto final. Al parecer este metabolito que tiene sus mayores concentraciones en la glandula pineal se comporta como un neurotrasmisor precisamente alli (epifisis) una de las glándulas endocrinas peor conocidas del organismo. Alli existen receptores, al menos dos, para la función neurotransmisora de la melatonina.

La melatonina es uno de los antioxidantes más potentes que se conocen e interviene en los ritmos circadianos señalándole al cerebro cuando es de noche. Interviene pues en los procesos del sueño y en la capacidad adaptativa del organismo, ayuda a mantener el sueño y a propiciar la sensación de un descanso reparador. La melatonina es un potente reparador gracias a su capacidad de absorber electrones o quizá a alguna otra propiedad desconocida.

En mi opinión la melatonina es un dador de luz y es seguramente el soporte quimico de la iluminación de los sueños y otros estados alterados de conciencia de la que no son ajenas sus parientes: serotonina y la triptamina (una potente molécula psicodélica).

La hipótesis de que existe una luz que procede del interior del cerebro y que viaja en sentido opuesto a la estimulación electromagnética de la luz propiamente dicha es pues muy verosímil y  podria explicar ciertos fenómenos que se encuentran en la oscuridad por nuestra mania de identificar luz con visión.

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Psicofarmacología ecológica

Agosto 20, 2009 at 11:07 pm (cancer, drogas, espiritualidad, mente, mitologia, politica, psicofarmacos, psicosis) (, , , , )

Al principio fue el caos

Hesíodo

hongos

Arthur Koestler fue un intelectual austríaco que en su juventud fue un ferviente comunista y más tarde -decepcionado del comunismo real- fue un feroz anticomunista que escribió un libro de culto titulado “The ghost and the machine” (El fantasma y la máquina) donde defendió sus puntos de vista antimaterialistas.

En ese libro escrito desde su posición política de ese momento Koestler propugnaba la idea de que la humanidad sólo tenia una solución: alguien que inventara un psicofármaco antiterritorial.

Algo de razón tenia Koestler porque la mayor parte de desencuentros entre los humanos proceden del invento del posesivo (mi, mio, conmigo, me, etc) y desde un punto de vista psicológico es obvio que la mayor parte de desórdenes mentales asi como la mayor parte de problemas entre humanos proceden de la defensa de lo que consideramos nuestro territorio entendido como algo que se posee, algo que se cree o en lo que se está.

Territorio o nido, los conflictos de los humanos efectivamente proceden de esa posición, donde uno parece comportarse como un animal y considera su territorio como si fuera parte de su patrimonio, su valor o su identidad.

Es asi como unos tienen infartos de miocardio cuando descienden de  rango social, pierden algo que consideraban suyo (como su esposa o propiedades), y otras desarrollan un cáncer de mama (izquierda) cuando los hijos se van de casa y sienten asi perder su propio nido y con él su función. Puesto que en realidad territorio y nido son las dos versiones que según el género afectan a unos u otras en sus formas más graves.

Pero hay trastornos del territorio que son algo más banales y por eso quiero referirme ahora a las cistitis por su vecindad semántica.

¿Para qué tenemos una vejiga de la orina?

Algunos de ustedes contestarán que la vejiga es un gran invento para coleccionar la orina y no andar manchándose los pantalones. Pero si lo piensan un poco caerán en la cuenta de que la evolución tiene poco interés en sus pantalones. La vejiga no existe para la limpieza de la ropa sino para marcar su territorio con ferormonas.

Algunas personas (mujeres sobre todo) reaccionan con cistitis cuando ven peligrar su propio territorio, entendiendo como territorio a algo más que una casa o una habitación. El territorio extendido en los humanos actuales tiene mucho que ver con la privacidad o la intimidad.

Y es por eso que las mujeres suelen reaccionar con cistitis postcoitales antes conocida con el nombre de cistitis de la luna de miel: no se trata de una infección sino de una intrusión.

Y cuando surge una amenaza a este nivel algunas personas suelen reaccionar con una cistitis (no confundir con infección de orina). Y no hay que olvidar que la penetración sexual es siempre una intrusión territorial.

En realidad la cistitis surge de una disfunción evaluativa del cerebro con respecto a las necesidades de marcar el territorio, la vejiga no puede estar resfriada como suponen algunos médicos sino que se limita a ejecutar las órdenes cerebrales que por alguna razón han dado el visto bueno a la necesidad de mear más de lo normal (menos pero mas frecuentemente, un sintoma que en medicina se llama polaquiuria) a fin de asegurarse el marcaje de ese territorio virtual.

No quiero extenderme en ejemplos de las enfermedades que desarrollamos los humanos cuando sentimos amenazas en lo que consideramos nuestro territorio por no hablar de las enfermedades que desarrollamos cuando sentimos que hemos perdido algo pero quiero aprovechar para darle la razón a Koestler en el sentido de que si existiera un psicofármaco asi no existirían ni la mitad de las enfermedades que padecemos incluyendo las mentales.

Porque hablar de un medicamento asi es hablar de un medicamento antinarcisista, un medicamento de afiliación, de asociación y altruista. ¿es posible soñar con un psicofármaco asi, ahora que tenemos psicofármacos que “curan” la eyaculación precoz o la hiperactividad?

En realidad la industria farmacéutica investiga aquello que da dinero y es obvio que un fármaco que resuelva el problema de la eyaculación precoz siempre será exitoso desde el punto de vista comercial, aunque la eyaculación precoz no sea una enfermedad sino sólo un subproducto del miedo atávico que los hombres sentimos hacia las mujeres y sobre lo que volveré más abajo.

Algunos autores -que no son psiquiatras- piensan que esos medicamentos ya existen y son los psicodislépticos. Las drogas ilegales, para decirlo más claro, sobre todo aquellas que favorecen el contacto -contactógenas- o las que inducen estados inusuales de conciencia como el cannabis, la marihuana, la LSD y la psilobicina. En otro extremo quedarian la heroína o la cocaína que según algunos también podrian poseer ciertos efectos de este estilo.

Yo personalmente no lo creo, pero tampoco creo que todas las drogas citadas con anterioridad sumadas alcancen a igualar los males que proceden del consumo del alcohol.

Y la razón es algo que debemos buscar en el mito.

En realidad los psicodislépticos vegetales (hongos y cáñamo) y el alcohol son enemigos feroces desde la noche de los tiempos y es evidente que esa batalla la ganó el alcohol, droga masculina por excelencia que sometió a las fuerza femeninas y dionisíacas al infierno de la ilegalidad y al almacén del inconsciente.

El alcohol es el sucedáneo de la experiencia dionisíaca auténtica y aunque el mito de Dionisio está en la base del invento de la fermentación de la vid para algunos autores como Terence Mc Kenna se trata sólo de una degradación de otra práctica enteogénica que desapareció a causa de la hegemonía del alcohol.

En este sentido el alcohol seria la degradación báquica (latina) de un culto dionisiaco previo que incluiria el sexo libre y religioso, un culto sagrado que fue defenestrado por el poder patriarcal y cuyos rastros podemos seguir en los misterios eleusinos.

A mi me parece que esta idea es absolutamente probable. Me refiero a la suposición de que el poder masculino estuvo desde siempre más interesado en la filiación de los hijos -sobre todo desde la acumulación de excedentes agrícolas- que en el placer en sí mismo. Es evidente que el alcohol es un simulacro del poder patriarcal y que induce fenómenos bastante distintos a las drogas psicodislépticas.

El alcohol es cosa de hombres, no sólo un invento de los hombres sino una costumbre orgiástica de reemplazo de otros placeres ya casi desaparecidos.

El efecto del alcohol efectivamente estimula la violencia, la hipererosia y la ilusión de tener más territorio que en realidad se posse, es sin duda un veneno de la mente y del cerebro que no sólo induce dependencia e intoxicaciones agitadas sino verdaderas enfermedades psiquiátricas bien conocidas desde el delirium tremens hasta la demencia. El alcohol sólo es responsable de más muertes, violencia, accidentes, trastornos psiquiátricos y disfunción social y doméstica que todas las demás drogas ilegales juntas.

¿Por qué entonces el alcohol es legal mientras que el resto de las drogas no lo son?

Para entender esta ilógica cuestión necesitamos recorrer hacia atrás un largo periodo de tiempo y situarnos 6000 años atrás. En aquella época se produjo un repliegue de la conciencia humana que tiene mucho que ver con el nacimiento del inconsciente.

El inconsciente nació porque habia algo ilegal, algo prohibido, que se fundió con lo incognoscible o con lo imposible, el inconsciente es un almacén de  quimeras y de tabúes.

Y de desorden.

Pero en un orden de cosas mas antropológico coincidió con el sincretismo religioso que nació simultáneamente -a la conciencia por parte del varón- de que los embarazos no eran cosa del viento o de los insectos sino de su esperma. Probablemente la religiosidad fundada sobre deidades femeninas fue progresivamente desplazada y vencida por la mitologia patriarcal que sustituyó a la Madre Tierra por un Zeus ( o equivalente) celestial. Todas las cosmogonias que han llegado hasta nosotros poseen en su inicio una lucha descarnada de un principio masculino contra un principio femenino primario que es  aplastado y sometido en forma de dragón, serpiente  o luna, los tres simbolos universales de lo femenino.

Lo femenino no solamente fue vencido sino sepultado en una grieta que el hombre abrió para dejar alli a buen recaudo los poderes femeninos ancestrales que en adelante se llamarian “Mundo subterráneo” , poderes telúricos o infierno.

Y ese principio femenino que sepultó era lo contrario del orden masculino: representaba el caos de donde todo procede, el Gran Utero que es la causa de todas las cosas y que contiene todas las cosas sin ser ninguna de ellas en sí. El caos o desorden era una potencialidad creadora y fue desplazada al incosnciente, no de cualquier forma, sino añadiéndole un plus de maldad, lascivia, ferocidad o de inquietante incomprensibilidad.

Allí permanecen desde entonces esas pulsiones encadenadas; para nosotros caos es sinónimo de desorden y de algo cargado de negatividad que precisamos tutelar para que nada de allí escape a la conciencia racional masculina. Temor y hostilidad son los sentimientos que nos provocan esos arquetipos cautivos.

Es por eso que en un orden masculino determinados valores, como el orden, la jerarquia o el alcohol siempre serán preeminentes sobre el placer, la solidaridad o el hecho de compartir.

El Yo predomina sobre el nosotros en nuestro orden cultural.

Y si lo queremos llamar de una manera desgenerizada, compartir, unir o asociar siempre ha estado en guerra con separar, dividir o acumular.

Y cada sujeto individual sea hombre o mujer son un correlato individual de este fenómeno histórico y cultural, somos hijos de la cultura y del mito. Estamos todos pues intoxicados de testosterona.

El Yo necesita cierres y separación, y de ahi procede la dualidad. Una cremallera impermeable separa lo consciente y lo inconsciente y es el Yo precisamente el cancerbero guardián del proceso. El Yo es una instancia de separación primordial. Una separación que podemos observar en la normalidad y también en la neurosis obsesiva, esa forma de hiperrigidez y de repetición destinada a mantener ambos compartimentos estancos, una instancia destinada a preservar la dualidad.

No es de extrañar que en los años 60  mientras la LSD era legal (laboratorios Sandoz) se hicieran ensayos para perforar esa cremallera que separa consciente e inconsciente mediante un tratamiento que llevara al paciente hacia estados de tolerancia progresiva frente a sus propios demonios internos. Aquellos tratamientos fueron interrumpidos cuando la LSD se retiró del mercado y terapias como la psicoanábasis (Miguel Rojo) pasaron al museo de los intentos psiquiátricos por mejorar la salud mental desde una posición antropológica.

Seguramente la LSD induce episodios psicóticos breves y controlados que pudieran ser beneficiosos en pacientes fuertemente impermeabilizados por su propio horror al caos. Lo que es lo mismo que admitir que el caos es tan necesario para la vida y los procesos vitales que encerrarlo en la cueva del Minotauro no parece ser una buena estrategia pues el caos desde alli siempre vuelve, y si no lo integramos en nuestra vida retornará de una forma u otra a cobrarse su tributo en forma de sacrificios humanos.

En este post puede usted observar como el aborto electivo ha modificado las vias de expresión del caos y como la disminución de la incidencia del sindrome de Down ha aumentado la incidencia de enfermedades más graves.

Caos es pues equivalente al concepto freudiano de repetición o de retorno de lo reprimido.

¿Es la locura el precio que paga la humanidad por haber sacrificado el caos a la cueva del inconsciente?

Si es asi, es evidente que la salud mental de la población está relacionada con una buena gestión personal y colectiva de los fenómenos caóticos: disponer de cauces para que el caos resbale y se manifieste.

creodo

Y siempre lo hace a través de caminos construidos por los hábitos, a través de esos valles, esas guias o railes llamados creodos.

Es inutil intentar bloquear esos caminos o empujar el rio como dicen algunos terapeutas de gestalt.

Pero para eso habria que cambiar totalmente los valores de nuestra cultura y permutar Lucro por solidaridad, placer por control, Yo por nosotros, vida por muerte, razón por magia, separación por unión, significado por anomia, sacralidad por laicidad.

¿Existiria la locura en un mundo asi?

Y ya no precisaríamos de psicofármacos apaciguadores como los que usamos en la actualidad.

En su lugar apareceran los psicofármacos ecológicos que no se opondrán al caos sino que modularán su expresión y disolverán los efectos secundarios de algunos arquetipos acostumbrados durante eones de tiempo a convivir con la ignominia.


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Metacognición y empatía

Agosto 16, 2009 at 7:33 pm (cine, conciencia, cuantica, epistemologia, fisica, música, naturaleza, psicoanalisis, psiquiatría) (, , , )

Round, like a circle in a spiral
Like a wheel within a wheel.
Never ending or beginning,
On an ever spinning wheel
Like a snowball down a mountain
Or a carnaval balloon
Like a carousell that’s turning
Running rings around the moon

(The windmills of your mind, BSO “El caso Thomas Crown”

Confieso que este post me ha sido inspirado por algunos comentarios vertidos en mis últimos y polémicos posts acerca de la conciencia y la inteligencia artificial y mi defensa de la hipótesis de Penrose de que algunas prestaciones de nuestra mente no son computables.

Y que me han recordado esta canción acerca de molinos y de mentes y del cómo el lenguaje nos apresa a veces en una especie de enmarañamiento cuántico, por supuesto.

Y nombro la palabra cuántica porque he observado que es muy polémica, tanto es asi que mereceria otro post por si misma, esta vez con intención psicológica e interpretativa sobre aquellos que parecen tener horror frente a esa parte de la fisica.

En ellos -me refiero a mis comentaristas- he llegado a entrever algunas posiciones sobre la mente que no me gustaria pasar por alto y sobre las que volveré más abajo. Es por eso que me propuse escribir algo sobre la metacognición, una propiedad de nuestra conciencia (humana me refiero) que algunos llaman teoria de la mente. Y que no debe confundirse con un modelo fijo sobre la misma, la teoria de la mente o metacognición se refiere a la capacidad -al parecer innata- de los humanos de atribuir pensamientos o estados mentales a cualquier otra persona o entidad.

En este sentido la palabra “teoría” es equivalente a conjeturar algo acerca de las intenciones, emociones o pensamientos de otro, tal y como dice la wiki, la teoria de la mente es la posibilidad de advertir o “leer” en la mente de otra persona o entidad. Y hacerlo además a distancia, es decir sin contacto entre el observador y su observado.

Una de las prestaciones más conocidas de la teoria de la mente es el aprendizaje por imitación que se encuentra presente en todos los mamiferos y aves y que acaece gracias a lo que los etólogos llaman impronta (Lorentz 1935).

Otra de las prestaciones de esta singularidad es el desarrollo de lo que se conoce con el nombre de empatía, una capacidad cognitiva a través de la que podemos saber -por aproximación- lo que un individuo diferente a nosotros puede sentir y hacernos -a su vez- sentir. Una capacidad humana que nos hace ponernos en el lugar del otro y que Freud y el psicoanálisis  llamaron identificación.

La empatía es pues el efecto retorno de una “teoria de la mente” eficiente y bien establecida.

Al parecer el origen biológico de estas prestaciones, tanto de la imitación como la empatía y el desarrollo posterior de una “teoria de la mente” compleja se encuentra en las neuronas espejo descritas en sucesivos tiempos por Rizzolatti y más tarde ampliadas por Ramachandran.

Tener una teoria de la mente parece pues algo vinculado a la conciencia aunque el término conciencia no sea un atributo exclusivamente humano, lo que es lo mismo que admitir que existe conciencia y mente en todo el reino animal, o que admitir que la conciencia es una cuestión de grado. Pues incluso en los simios podemos observar ciertas condiciones autoconscientes tal y como vemos en los humanos e incluso algunos han descrito que los elefantes poseen una cierta “conciencia espiritual” que les lleva a reencontrarse con sus parientes fallecidos y “visitarles” de vez en cuando en sus cementerios.

Sin embargo la atribución de estados internos a otros (teoria de la mente propiamente dicha) parece ser una caracteristica exclusiva de la conciencia humana. Y parece tambien algo innato que precisa ser activado. Y lo es usualmente a través del contacto, fisico, verbal, prosódico y gestual que se realiza entre progenitores e hijos. Está demostrado y es muy bien conocido el hecho de que sin esa estimulación los niños no desarrollan los primeros estadios de la “teoria de la mente” y sufren graves perturbaciones por esta causa. “El pequeño salvaje” de Truffaut es una buena apología -cinematográfica en este caso- de lo que puede conseguirse  a través de la educación en su acepción extendida.

El estilo de crianza es pues una de las causas mejor conocidas -a través de la deprivación afectiva- que impide la activación de eso que llamamos metacognición.

Pero existen otras causas que aun nos son desconocidas y que no parecen depender de la deprivación en sí misma, en un extremo se encontrarían los llamados trastornos del espectro autista que reclutan variedades distintas de perturbaciones que se caracterizan en general por una incapacidad en estos niños afectados de establecer contactos significativo con sus cuidadores o bien lo establecen de una forma muy bizarra o fragmentaria. En el otro extremo del segmento se encontrarían aquellas personas que desarrollaron una correcta “teoria de la mente” y luego la perdieron a consecuencia de una enfermedad degenerativa, la enfermedad de Alzheimer es un buen ejemplo de ello junto con el grupo de las demencias.

Y entre ambos extremos se encontraría casi toda la patología psiquiátrica: por una parte la esquizofrenia que supone una perdida no total de esta capacidad metacognitiva pero si al menos una disfunción cualitativa en la atribución de significados en el otro, seguida de cerca por las psicopatias que parecen afectar a la empatía en el sentido de que el otro se vive sin “una teoria de la mente propia” como si fuera un ser inanimado como si fuera incapaz de sentir dolor, o cualquier estado que el observador puede inducir. Es por eso que los psicópatas carecen de compasión, uno de los sentimientos derivados de la empatia que es a su vez uno de los inhibidores mas potentes de la agresividad. Sin empatía y sin compasión es imposible regular la agresividad propia.

Lo que nos lleva a otra cuestión: al parecer, en los humanos al menos, la empatía, la capacidad de establecer una “teoria de la mente” es seguramente el mejor  modulador de la respuesta emocional. Es, en tanto que sabemos o sentimos que podemos hacer daño, la mejor forma de inhibir nuestra tendencia a hacerlo si es que albergamos esa tendencia, puesto que es muy probable que la tendencia agresiva y la “teoria de la mente” sean cosas distintas aunque relacionadas o enmarañadas.

Lo cierto es que la gente que tiene una débil estructura en su “teoria de la mente” son personas que necesitan autoregular sus emociones a través del contacto fisico, algunos a través de las peleas y otros a través de la proximidad e incluso de la intrusión fisica. La mejor forma de detectar disfunciones en la empatía es observar a nuestro interlocutor cuando le hablamos, si necesita demasiada proximidad, si quiere pelea o pretende discutir, si nos toca demasiado ya sabemos que esa persona tiene una disfunción en su empatía, me estoy refiriendo a las personas normales que presentan pequeñas disfunciones en su “teoria de la mente”.

Es decir existen pequeñas disfunciones de esta capacidad metacognitiva que no son patológicas pero que señalan en la dirección de un disturbio en su despliegue. Del mismo modo que existe una conciencia en expansión, la “teoria de la mente” es tambien un proceso dinámico que obedece a leyes que hacen tender a los implicados en una espiral de complicidad, la comprensión intuitiva del otro y la epoché, esa forma de eludir conflictos derivados de los enredos del lenguaje que parece presidir las cogniciones de las personas que han alcanzado una conciencia elevada.

spiral-dynamics

En realidad la empatía es un fenómeno que deriva de la imitación o mejor del aprendizaje por imitación. Consiste en desdoblar lo que se vió y construir con esos materiales lo que uno es o hará, algo muy parecido a lo que hacen los bailarines mientras diseñan una coreografia ante el espejo. Algo asi como si pudiéramos introducir en nuestra mente patrones de movimiento que hemos observado en otros. Sin embargo una vez establecido este patrón la empatía parece comportarse de un modo bastante distinto al del aprendizaje por imitación. Lo que hacemos a través de ella es “adivinar” o “intuir” qué es lo que siente el otro. ¿Como se puede producir este fenómeno que parece ser el opuesto al anterior?

Cuando se establecen -a través de las neuronas espejo- estas duplicaciones especulares lo que el niño está construyendo es en realidad la base de la conciencia auto-referente, una conciencia que se sabe a si misma. De una parte el niño tiene que aprender por ejemplo a andar, un aprendizaje que en principio es consciente para más tarde constituirse en la memoria procedimental como algo inconsciente. Usted cuando anda, lo hace de forma automática sin pensar en la enorme cantidad de movimientos coordinados que esta poniendo en juego, pero hubo un tiempo -mientras usted aprendía a andar- en que ese aprendizaje fue consciente, dirigido por su corteza cerebral, su voluntad consciente. En la actualidad esos algoritmos -que Llinás llamó PAFs (o patrones de acción fijos) ya no se encuentran en su corteza cerebral (aunque pueden invocarse conscientemente) sino en su cerebelo, ese gran disco duro de algoritmos o de aprendizajes invariables.

Pero hay algo que sucede de forma paralela o simultánea a este aprendizaje algorítmico, me refiero a que cuando usted anda sabe además que esta andando, cuando bebe sabe que está bebiendo y cuando come sabe que está comiendo. Se trata de un conocimiento bien distinto a los aprendizajes algoritmicos que usted pone en marcha para andar, beber o comer.

Este doble conocimiento implica un doble procesamiento de datos: por un lado aquellos que nos hacen andar y por otro la capacidad de saber que se está andando, su comprensión. En mi opinión este doble procesamiento es el subproducto de la adquisisión de una “teoria de la mente” y es precisamente el accidente que sufren los autistas por ejemplo, incapaces -por razones desconocidas- de activar esta potencialidad.

Dicho de otra manera existe un paralelismo obligatorio entre la adquisición de una conciencia a escala humana y la “teoria de la mente”.

La empatía procede pues de este doble procesamiento que da lugar a la recursividad de la conciencia.

Decir conciencia humana es decir empatía o lo que es lo mismo comprensión del semejante.

Pero entonces ¿por qué existen seres humanos que son incapaces de llegar a sentir esta empatia, por qué algunos humanos son tan inválidos para este menester?

Existen más explicaciones para entender este fenómeno que el contrario y voy a referirme al constructo freudiano del narcisismo, la otra fuerza en juego, el amor a sí mismo.

El narcisismo es lo opuesto de la empatía.

El narcisismo -sin entrar en sus definiciones psicopatológicas- puede entenderse como una forma de egocentrismo en la que el individuo presenta una enorme expansión o hiperdesarrollo de su Yo, de sus convicciones y de su autoestima. El individuo narcisista está apegado fuertemente a sus ideas, su escala de valores y a una, a veces patética, convicción de que su valor excede al del resto de personas que le rodean.

Si en algunas personas superempáticas nos encontramos con déficits en su autovaloración no debe llamarnos la atención pues las personas menos narcisistas suelen ser las mas empáticas  y las que mejor adivinan los estados internos ajenos) , mientras que las más narcisistas son menos empáticas probablemente por el uso que hacen del mecanismo de proyección.

El mecanismo de proyección -descrito tambien por Freud- es aquel mecanismo que hace el camino opuesto a la empatía. En realidad lo que hace es sacar afuera algo -intolerable para el Yo- que está adentro, en forma de atribución a otros de estados deformados que en realidad corresponden a uno mismo.

Pero aun nos queda otro misterio por resolver: ¿qué hace que una persona tenga empatía, además de ese antinarcisimo natural?

La empatía no es sólo la capacidad de reconocer estados mentales en otros sino sobre la capacidad de resonar con ellos. La empatía tendría como ya adelantó Damasio un marcador somático, que se activa mediante la observación del otro. Si podemos reconocer estados mentales en nuestro prójimo es porque somos capaces de reproducirlos en nosotros mismos.

Y eso sólo es posible mediante la comprensión.

Y tanto el uno como el otro (empatía y proyección) operan a distancia, no es necesaria la proximidad entre los sujetos implicados, lo cual nos lleva al menos a acariciar la idea de que la mente es algo que desborda los limites del cuerpo y que pone en cuestión las ideas mecanicistas que tratan de entender cerebro y mente como algo material que puede ser descrito con las precisas reglas fisicas o quimicas de la ciencia clásica.

La idea de resonancia nos obliga a escarbar en las teorias fisicas que puedan explicarla y aqui viene la mala noticia para algunos de mis lectores: habrá que apelar a la cuántica no ser que alguien proponga algo mejor.

En el otro extremo están los que seguramente dirán que la teoria de la mente no existe pues no puede probarse su existencia y que nos retrotraen a Descartes cuando sacó a empujones la mente -por intangible- del estudio cientifico.

Asi seguimos, para algunos la mente simplemente no existe o es algo para dudar y que induce a errores y a ilusiones y para otros es un subproducto de la acción cerebral sin más como la orina es al riñón.

Pero algunos pensamos que sí existe -aunque no existe mente sin cerebro- y que lo que hay que cambiar es de paradigma cientifico: inventar una “ciencia de la conciencia” que haga encajar lo que ya sabemos en una teoria de la mente nueva.

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Tiempo y conciencia

Agosto 13, 2009 at 6:36 pm (biologia, conciencia, epistemologia, mente) (, , , )

No es el tiempo lo que se os da, sino el instante. Con un instante dado, a nosotros nos corresponde hacer el tiempo.

M. Heidegger.

En un post anterior que titulé ¿Qué es el tiempo?, ya me ocupé de desvelar algunos sobreentendidos y malentendidos acerca de esta curiosa dimensión que nosotros los humanos vivimos como algo que fluye en dirección hacia el futuro y que arranca del presente, de nuestro aquí y ahora y que aun:  tiene proyecciones hacia atrás, hacia el pasado.

tiempoespiral

En realidad esa condición del tiempo no es real, sino un artefacto de nuestra conciencia. El tiempo según la teoria de la relatividad no es sino una coordenada, un punto, un instante tal y como se recoge en la cita de Heidegger; el resto es un constructo ilusorio de nuestra mente.

A nadie de nosotros se nos ocurriría imaginar el espacio como un constante fluir, y sin embargo nuestra percepción intuitiva es que el tiempo pasa, corre y fluye, algo que se opone a la equivalencia espacio-tiempo que conocemos desde la teoría de la relatividad descrita por Einstein y que hoy no discute nadie.

Pero si el tiempo forma parte del espacio y es inseparable de él, ¿por qué nuestra percepción es la de un tiempo en movimiento?

Todo parece indicar de que a nuestra mente le viene muy bien esta concepción de un eterno fluir del tiempo. En realidad no existiría conciencia humana sin tiempo fluyendo. Pues sin tiempo tampoco existiría el Yo y sin Yo careceríamos de historia, identidad y seríamos sólo autómatas sin proyecto.

El Yo es una parte de la conciencia que asegura la continuidad de la experiencia; otra cosa es meterle el dedo al concepto y averiguar “quién soy yo” ,una de esas tareas filosóficas de enorme calado  y que han motivado a grandes pensadores y filósofos de la mente a exprimirse los sesos sin que nadie haya acertado a contestar ni de lejos esa pregunta. La aproximación más acertada -y que procede del propio Heidegger- desde mi punto de vista es esta: ser es tiempo.

Dicho de otra forma: nuestra mente se vale de un truco de prestidigitación para inventarse un tiempo a su medida, un tiempo sensible, ese que medimos con los relojes.

Es comprensible porque el Yo necesita echar mano de su memoria para dotar de contenido a la experiencia del hoy, sin esa comparación permanente que realizamos con lo que ya hemos vivido sería dificil asegurar una respuesta adaptativa a las circunstancias cambiantes y a las novedades que nos plantea la existencia. Es evidente que, aunque tener conciencia no supone en sí mismo una ventaja biológica, el saber que se tiene una conciencia, el de disponer de un Yo -una conciencia que se sabe a si misma- sí tiene ventajas biológicas.

Para Llinás el Yo sería un órgano de síntesis (una idea que podemos rastrear incluso en Freud) y lo situa además en el tálamo, esa gran olla a presión donde se dan cita todas las aferencias sensoriales y del cerebro profundo; el Yo para Llinás sería el resultado del cómputo de toda la parafernalia neuronal que allí se da cita, pero no todo el mundo está dispuesto a aceptar de entrada que ese constructo realmente exista y algunos neurocientíficos como Dennet parecen prescindir totalmente de él en su modelo de mente.

Lo cierto es que el Yo es una patata caliente de las neurociencias, pues no puede explicarse a través de la simple computación neuronal.

Benjamin Libet es un neurofisiólogo famoso por un experimento en cierta forma paradójico o al menos inquietante que parece negar el libre albedrío y cuyas conclusiones vienen a señalar que en realidad toda la actividad que nosotros rotulamos como voluntaria está predeterminada inconscientemente mediante un esquema pre-motor. Estos experimentos de Libet son muy citados por casi todos los defensores del determinismo maquinal de la mente y es para ellos la demostración de que eso que llamamos libre albedrío es poco más que una ilusión.

Es así como algunos entienden que resuelven el problema mente-cerebro, haciendo como Descartes y sacando a empujones la mente de una evaluación cientifica.

Despues de escarbar en Internet por algunos blogs “cientificos” como este titulado “Las piramides del cerebro” que es bastante activo en la defensa de la ortodoxia computacional clásica y en un modelo de la mente maquinal y -neuronal por tanto-, he llegado a una conclusión: la discusión se alimenta de prejuicios religiosos -como no podia ser de otra manera- puesto que casi todo el mundo sigue identificando alma con mente y  siguen percibiendo la idea de Dios pululando por entre las sinapsis; y es bien cierto que algunos tienen horror a esta idea, mientras que otros -también es cierto- desearían encontrarse a Dios entre las neuronas.

Sólo así puede entenderse que algunos se definan como ateos, haciendo ostentación de ello como si fuera un mérito de su curriculum.

Yo no tengo ningún horror a los conceptos teológicos que subyacen en algunas formulaciones neurocientíficas, pero vaya por adelantado que no creo que alma y mente sean equivalentes y que reducir la actividad cerebral a la actividad neuronal no sólo no explica a la mente misma sino que además es falsa.

Pero para entender mejor esta cuestión me gustaría al menos explicar por encima el experimento de Libet.

Experimento de Libet:

Consistió en pedirle a los sujetos que doblasen varias veces un dedo, o la muñeca de la mano derecha, pero a intervalos irregulares, de manera espontánea. Al mismo tiempo deberían fijarse en una pantalla en la que aparecía un reloj digital, para recordar el instante en que se les pasaba el impulso por la cabeza. Durante el proceso se tomaba la gráfica de las corrientes cerebrales y el resultado fue que que la chispa consciente se producía, en promedio, entre 0,3 y 0,4 segundos DESPUÉS de la aparición del potencial de alerta. Cuando los sujetos empezaban a acariciar la
idea de doblar el dedo, la acción ya estaba decidida en realidad.

En realidad Libet no hizo sino repetir con medidas extraidas de electrodos implantados en la corteza somatosensorial el mismo experimento de Kornhuber en los años 70 a través de medidas realizadas con EEG. Trataron de cronometrar los tiempos de una actividad cerebral motora comparándola con la medida voluntaria derivada de mover el dedo indice de una mano al azar.

Lo que encontraron fue que existía un retardo significativo entre el potencial eléctrico registrado en el EEG -en la corteza cerebral- y el movimiento real del dedo y que era de, aproximadamente, un segundo o segundo y medio.

¿Significa esto que la voluntad consciente necesita de ese segundo o segundo y medio para actuar?

Lo que concluyeron sus autores es que la decisión de mover el dedo era una pura ilusión porque -en cierto sentido- estaba ya programada de antemano en la actividad inconsciente del cerebro.

¿Pero realmente son tan lentas nuestras reacciones motoras voluntarias?

La verdad es que cualquiera de nosotros tiene ejemplos en la vida práctica para dudar de esta teoría en tanto que nuestras conversaciones por ejemplo no parece que ostenten tal retardo entre lo que nuestro interlocutor nos cuenta y nuestra respuesta; otro ejemplo es la rapidez con que devolvemos una pelota en el juego del ping-pong y tantas otras evidencias de la vida corriente. El sentido común parece que va en contra de esta idea del retardo, puesto que nuestra experiencia próxima es que acto y respuesta son simultáneos (a no ser que nos callemos o intentenos reflexionar).

Otra de las consecuencias del experimento de Libet y una posible explicación al retardo medido es que en realidad el sujeto decide conscientemente mover el dedo en un tiempo anterior -en un segundo más o menos- al que la flexión realmente ocurre pero percibe erróneamente que la acción sucede en un momento posterior, justo antes de que el dedo se mueva.

Roger Penrose ha aportado una visión para que las cosas encajen de una manera mucho más acoplada a nuestra experiencia consciente. Para Penrose es dificil de aceptar esta idea del retardo y que la conciencia (el libre albedrío) carezca de papel alguno en estos movimientos rapidísimos que se producen en una conversacion cualquiera o en un acto motor voluntario.

Para Penrose lo que carece de sentido es precisamente la secuencia temporal de los hechos descritos por Libet y colaboradores y más allá de eso se pregunta ¿existe el tiempo real?

La conciencia y el tiempo parecen relacionarse de una forma anómala y ciertamente paradójica: concluye que no existe un “tiempo” claro y preciso en el que deba ocurrir un suceso consciente.

Lo que Penrose propone es que el tiempo que están midiendo los investigadores del retardo es un tiempo bastante diferente al tiempo que sucede en la conciencia: Libet y colaboradores están midiendo un tiempo cronológico mientras que lo que sucede con el tiempo en la conciencia seria un fenómeno de difusión no lineal del tiempo.

Algo que implica que la conciencia no sucede en el mismo plano de hechos en los que sucede el tiempo que medimos con el cronómetro. La ordenación temporal de sucesos es algo dificil de atrapar cuando están sucediendo sucesos cuánticos que no pueden ser medidos mediante instrumentos de la física clásica.

Que en la conciencia están interviniendo fenómenos cuánticos es un argumento bien conocido de los que defienden -tanto Penrose como Hameroff- a través de la conocida conjetura Penrose- Hameroff y que viene a decir que la computación neuronal no puede explicar por sí sola ni la conciencia ni determinadas funciones de la misma como la sensación de estar moviendo el dedo segun nuestro albedrío.

Ese algo más que se sumaría a la computación mecánica de las neuronas entre sí sería una computación cuántica anidada en la propia neurona y en todas las células del organismo. Existiría algo así como una interfase entre la actividad neuronal y la actividad de otros dispositivos (que Penrose y Hameroff situan en el citoesqueleto celular) y para la que aun no disponemos de una teoría física que pueda explicarla.

Lo cierto es que estas ideas son tan difíciles de refutar como de demostrar, pero inducen intuiciones interesantes entre aquellos que sólo somos capaces de atisbar algunas de sus consecuencias.

Por ejemplo, para mi es dificil entender el Yo sólo como una suma de actividad neuronal por muy compleja que resulte esa red de interconexiones; hay algo más que complejidad en ese sentimiento tan nuestro, uniforme, unitario, histórico y proyectado hacia el futuro del mismo modo que anclado, a veces, en el pasado que es el Yo. Algo que no podemos entender sin remitirnos al concepto de coherencia cuántica. No se me ocurre un ejemplo mejor que este para entender que existe un fenómeno de condensado tipo Bose- Einstein para entender y explicar qué es el Yo.

Pero para explicar la teoría de Penrose- Hameroff creo que sería necesario otro post.

De momento me gustaría despedir el post actual con una reflexión acerca del paramecio. ¿Cómo es posible que los seres unicelulares puedan orientarse en relación con su medio ambiente, nadar, buscar comida, escapar de los peligros si no poseen ni una sola neurona?

No quiero decir con eso que los paramecios tengan conciencia pero no puede negárseles una cierta intencionalidad.

¿Significa esto que no son necesarias las neuronas para poseer esa característica de las mentes que llamamos conciencia?

Tendrá usted que esperar al próximo post, pero no despida éste sin observar la danza de un paramecio sorteando obstáculos y libando plancton.

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El sentido común

Agosto 10, 2009 at 5:41 pm (cibernetica, ciencia, conciencia, epistemologia, justicia, mente, sociedad) (, , , )

Hace algunos posts escribí uno sobre la hipótesis de Penrose acerca de la imposibilidad por parte de los ingenieros cibernéticos de computar determinadas prestaciones que son -segun Penrose- exclusivas de la conciencia humana.

En uno de esos post me referí al “ojo clinico“, otra de estas prestaciones de la conciencia humana es lo que entendemos como sentido común, el menos común de los sentidos segun la voz popular. Aqui está la definición que propone la wikipedia sobre este concepto, pero yo voy a darles mi propia definición  de este asunto.

Y lo que quiero decirles es que no voy a definir qué es el sentido común.

Y no voy a hacerlo porque en una definición siempre queda algo por afuera de ella y que pone en cuestión a la propia definición , de manera que voy a apelar a su sentido común, es decir a su capacidad intuitiva para que me siga en los argumentos que pienso vertir en este post sobre “el sentido común”.

Todos ustedes comprenden lo que significa esta palabra, de modo que ¿para qué serviria definirla? Sólo serviría para añadir confusión sobre algo que hacemos espontáneamente y que nos sirve para orientarnos en este mundo tan difícil en el que tenemos que lidiar con dilemas complejos y complicados de resolver por otros medios como nuestra inteligencia de serie.

El sentido común es precisamente eso que usted hace para sobrevivir en su trabajo, en su familia o en esta sociedad: la aplicación de un código de reglas no escrito en parte alguna pero que es de fiar porque representa un consenso, probablemente un consenso inexplicable desde el punto de vista racional pero un consenso práctico,un mapa de la realidad al fin.

Al sentido común le pasa lo mismo que al sentido del humor, no consiste sólo en reirse de cualquier chiste o broma, el sentido del humor trata de las sutilezas de lo risible. Se trata de algo que está mas allá de las reglas que gobiernan una inteligencia racional y que pone en un verdadero aprieto a los ingenieros que tratan de emular la mente humana a través de la implementación de reglas en una máquina. El sentido común (y también del humor) es una de las patatas calientes con que se enfrenta la robótica a la hora de insertar esta prestación en esas máquinas que tratan de parecer -más que ser- inteligentes del todo.

Esta dificultad procede de un hecho que voy a explicarles enseguida.

A la hora de programar un robot o un sistema inteligente podemos hacerlo de dos formas, una es de arriba-abajo de lo más universal a lo particular y otra de abajo-arriba de lo particular a lo universal. De arriba-abajo significa que programamos la máquina sabiendo de antemano el resultado final de nuestra opción, el ejemplo más común es el ajedrez, esos programas que juegan al ajedrez con nosotros y que casi siempre nos ganan, a los que no somos maestros ajedrecistas.

El ajedrez es un juego que conoce de antemano su propósito: dar mate al rey, a partir de ese objetivo construye toda su inteligencia.

A partir de ese propósito se encaja todo el sistema de desarrollo de la programación. No se trata naturalmente de decirle al programa todas y cada una de las jugadas posibles sino más bien de que conozca las reglas, los trucos y alguna secuencia de aperturas asi como los movimientos de cada pieza pero lo más importante es que tenga en su memoria una correcta ubicación de las piezas en el tablero y que pueda elegir la mejor opción de entre las posibles. Los programadares de juegos de ajedrez pasan mucho tiempo tratando de implementar en sus programas una correcta ubicación de las piezas en el tablero mas que analizar movimiento a movimiento cual es el mejor.

La computación de arriba-abajo consiste en trabajar sin una sistemática jugada a jugada sino más bien en una visión global de conjunto.

La computación de abajo-arriba sin embargo funciona al revés y sirve para construir sistemas inteligentes que no tiene de antemano un modelo concreto al que referirse, por ejemplo los sistemas de reconocimiento de rostros. Lo que hacen estos sistemas es descomponer el rostro obervado -que por definición no sabe el sistema si conoce o no conoce- en elementos analizables, color, forma, sombra, contornos, etc. De los datos que extrae construye una hipótesis que puede coincidir o no con lo que anda buscando, pero el sistema trabaja a ciegas, en el sentido de que sólo puede computar los trozos que va obteniendo de su análisis para llegar a una conclusión final.

La robótica ha progresado mucho en aquellos sistemas que trabajan de arriba-abajo y un poco menos en aquellos sistemas de operan de abajo-arriba, lo que viene a señalar que la inteligencia tiene que ver con el hecho de captar de un vistazo una totalidad y luego compararla con los datos del procesamiento de abajo-arriba. Seguramente eso que lo que hacemos nosotros los humanos: primero adelantamos una hipótesis sobre lo que estamos viendo y luego la comparamos con los datos que procesamos de abajo-arriba y que confirman o desconfirman la citada hipótesis.

Es por eso que el sentido común, del mismo modo que la intuición son dificilmente computables -porque no sabemos de antemano que es lo que hay que captar- y sin saber qué es lo que hay que captar es dificil darle a la máquina las instrucciones sobre cómo hacerlo.

El sentido común por otra parte es una prestación de la mente humana de alto valor epistemológico y adaptativo porque nos permite librarnos de conflictos que con la computación simple de reglas no tendrian solución.

Voy a poner un ejemplo a propósito de un debate mediático que ha aparecido este fin de semana sobre si la desnudez en público, en las ciudades es o no tolerable.

desnudos calle

Hay quien piensa que cada persona tiene el derecho de aparecer en público como quiera, desnudo de torso o totalmente, mostrar sus axilas sudorosas o peludas al personal cuando no los pechos o culaquier otro órgano de su cuerpo.

Y hay quien piensa que por civismo, decoro, moral o estética estos desnudos no son tolerables porque reinvindican el derecho de no contemplación de desnudos ajenos.

Los jueces no saben que hacer puesto que en España no hay ninguna ley que impida a los nudistas aparecer en bolas por cualquier lado. En España sólo está prohibido el exhibicionismo sobre el que volveré más abajo.

Los politicos piensan que hay que regular el asunto antes que se desmadre del todo, como hicieron, con mal resultado con el botellón.

Pero hay quien tambien piensa que el Estado con su mania de regularlo todo acabará por sacarse de la manga una ley que necesariamente será una injerencia -una más- en la libertad individualcomo ya sucedió con el tabaco.

¿Qué hacer entonces, como compaginar las verdades que unos defienden con las verdades también legítimas que otros proclaman?

Se trata de un ejemplo de cómo las conductas humanas no pueden ser reguladas mediante reglas, en este caso juridicas. En realidad no hay nada a lo que acogerse, ningun fundamento al que apelar en un estado laico y moderno: ¿moral, decoro, estética, salubridad, pecado?

Solamente ese concepto vago del civismo puede permanecer en pie como ultimo fundamento para evitar los desnudos en público, un concepto que por otra parte no es capaz de disuadir a aquellos militantes de la causa nudista que reivindican espacios para el desnudo o incluso aquella vieja máxima de que “cada uno que haga lo que quiera”, sin contar con lo que de transgresión conlleva el desnudo en si mismo y que atrae a mucho personal.

Si yo fuera un programador de robots lo tendría dificil para implementarle reglas para que supiera como vestirse en depende qué lugares. Porque un robot no tendría por definición sentido comun y habría que explicitarle de manera muy concreta y sistemática que la forma de vestirse tiene que ver con el entorno en que se encuentre. Lo que significa que el vestido comunica algo sobre la intencionalidad del individuo y que la forma de vestirse depende en todo momento del contexto.

No es lo mismo estar en top-less en una playa que en una piscina, no es lo mismo andar desnudo en un camping nudista que en la Gran Via madrileña, no es lo mismo andar con el torso desnudo en una terraza de cualquier playa que en un autobús o ir en bañador en el paseo maritimo que en la consulta del médico.

No es lo mismo vestirse para una fiesta que para un entierro y que el escote tolerable en una mujer depende del lugar donde se exhiba. Tampoco es lo mismo cuando uno sólo se representa a si mismo que cuando se está representando a otros, cuando uno va a su trabajo o cuando uno está de vacaciones, etc.

Como puede observarse la dificultad procede de arriba-abajo: del contexto a lo particular. La dificultad para enseñarle a un robot no procedería tanto del listado de reglas sino de la anticpación de los distintos contextos en los que puede encontrarse.

En los humanos hay además otra dificultad sobreañadida y es la discriminación entre desnudez y exhibicionismo. El exhibicionismo se considera un delito pero no la desnudez, ¿cómo saber cuando la desnudez contiene una intencionalidad exhibicionista?

El exhibicionismo puede definirse como una conducta de exhibicion -usualmente de genitales- con el fin de conseguir en el espectador el asombro, la sorpresa o la perplejidad con fines sexuales. En la práctica el exhibicionismo es un delito que sólo se aplica a varones, no considerándose asi el evidente exhibicionismo de tetas , bragas insinuadas y escotes que las mujeres de hoy realizan incluso en entornos laborales. De hecho no conozco ningun caso de procesamiento judicial a ninguna mujer y si algunos casos a hombres que exhiben sus penes aunque con intencionalidad sexual oscura.

Significa que la frontera entre exhibicionismo y desnudez es una delgada linea donde es necesario encontrar una intencionalidad de invitación o de acoso sexual para que sea considerada una acción juridicamente reprobable.

Pero sabemos que el cerebro humano se encuentra siempre presidido por la intencionalidad, lo que viene a significar que en la desnudez siempre hay una intencionalidad.

Les dejo a ustedes que elijan segun su propio sentido común cual es la intencionalidad más frecuente en aquellos que se muestran desnudos.

CICLONUDISTAS

Naturalmente no es siempre la sexual, en la fotografia de arriba pueden ustedes ver que estos ciclistas no pretenden encender los ánimos de sus espectadores sino promocionar el cicloturismo.

Hasta un robot medio tonto podría comprender que a veces para hacer publicidad de algo hay que llamar la atención y una buena forma de llamar la atención es mostrarse desnudo por la calle aun yendo en bici.

Cosa que no podria suceder en un camping nudista: alli los que llaman la atención son los que van vestidos.

Y que demuestra que el desnudo comunica algo en función del contexto en el que se produce y que apela a una función de esa parte del cerebro que percibe totalidades y que llamamos sentido común.

El sentido común es la única forma de resolver este tipo de conflictos entre partidarios y detractores de una determinada conducta y que engloba también otro tipo de conductas muy en la picota de la atención pública :el ruido nocturno producido por locales de ocio es otro de estos ejemplos que no pueden resolverse con las reglas y que apelan al sentido común.

¿Pero entonces qué es lo que sucede, es que la gente ha perdido el sentido común?

Los humanos todos tenemos sentido común, lo que sucede es que se encuentra oscurecido por las creencias, por ejemplo los nudistas creen que la exhibición del cuerpo humano en su plenitud adánica es no sólo conveniente sino muy saludable, los que tienen calor se desnudan porque creen que los demás no tienen derecho a increparles, los que huelen mal creen que tienen derecho a no ducharse y que los que están obligados a convivir con ellos se quejan por vicio y  asi. Cuando sacamos el sentido común de nuestras vidas estamos condenados a la confrontación porque las creencias individuales se encuentran en el mismo plano de computación: mi creencia es tan buena como la de mi vecino.

Las creencias lo relativizan todo y son por definición impositivas: se encuentran en permanente pugna con sus vecinas pero el sentido común – y los valores- – lo jerarquizan de nuevo: con la idea de que no todas las opiniones tienen el mismo valor aunque tengan el mismo derecho.

Es por eso que los robots del futuro podrán simular que tienen sentido común: despojándoles de creencias acerca de sí mismos y de sus derechos a hacer lo que les venga en gana.

Asi y todo carecerán de sentido común auténtico y hasta cualquier choni sabrá -otra cosa es que lo haga- que andar en bolas por la calle no sólo es una provocación sexual sino un acto de incivismo. Peor si encima no está de buen ver.

Otra cuestión que tiene que ver con el sentido común es la tolerancia de los espectadores que asisten con sonrisas benevolentes a estos desfiles. La mayor parte de personas con sentido común no sólo no nos desnudamos en público sino que además hacemos como que no hemos visto, sentimos la vergüenza de ellos en nuestra mirada y asi los redimimos.

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Anorexia santa (y patoplástica)

Agosto 7, 2009 at 5:45 pm (alimentación, anorexia, belleza, fenomenologia, literatura, psicoanalisis, psicologia, psiquiatría, religión, sexo) (, )

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Catalina Bonancasa mas conocida como Santa Catalina de Siena, nació en aquella ciudad italiana en el año 1347 de un parto gemelar en el que logró sobrevivir a su malograda hermana.

Segun Rudolph Bell, el investigador que escarbó en la vida de la santa, su  libro “Holy anorexia” (La santa anorexia) vino a iluminar no pocos de los recovecos mentales de Catalina, gracias a él conocemos hoy muchos detalles biográficos y clínicos de interés para considerar si la anorexia mental es una enfermedad reciente o si por el contrario era una enfermedad conocida desde la antigüedad y más allá de eso si ha cambiado o permanece intacta plásticamente.

Catalina a pesar de haber nacido en una familia noble es evidente que tuvo una infancia bastante triste , una vida presidida por las calamidades de salud, alguna que otra peste recivante y la muerte de su hermana mayor Bonaventura que fue la que en definitiva le hizo de madre y la que la preparaba para el matrimonio: la única “salida profesional” junto con la religión para una mujer de su extracción social.

A los nueve años Catalina que era una niña muy piadosa ya tuvo su primer contacto con la divinidad a través de una alucinación religiosa, a los 12 años ya habia emprendido una severa dieta a base de pan, agua y verduras, a los 14 años ya habia manifestado su intención de renunciar al matrimonio y un poco más tarde ante la insistencia de su madre por casarla decidió entrar en religión, concretamente en las dominicas.

Su personalidad era fuerte y decidida con un ligero tinte entrometido y mesiánico, por ejemplo sentía que tenia en la vida una misión: nada menos que superar los conflictos de los estados pontificios divididos por el Cisma de Occidente,para ello  se entrevistó con reyes, prelados y papas siempre con la intención de resolver el conflicto. Naturalmente fracasó en su tarea.

Su vida oscilaba entre sacrificios corporales (se flagelaba con una cadena), un ascetismo alimentario que fue progresando en intensidad y restricción y una actividad fisica incesante. Más tarde comenzó a vomitar lo poco que ingería metiéndose en el esófago una rama de hinojo. Como le sucedería años más tarde a nuestra Santa Teresa de Jesus Catalina acaparó adhesiones y enemistades, hubo quien la acusó de brujeria (una acusación muy seria en aquella época) pero poco a poco fue forjándose una imagen de santidad.

Murió a los 33 años a causa de las secuelas de su inanición y un poco más tarde se proclamó oficialmente su santidad, hoy se la considera una doctora de la Iglesia.

Pero en realidad Catalina de Siena no era más que una enferma mental, una obstinada anoréxica segun la definición de Gull en 1874 y que ha llegado hasta nuestros dias acompañada de la que hiciera Lasègue un año más tarde.

Gull y Lasègue -los descriptores modernos de la anorexia- señalaron la idea de que se trataba clínicamente hablando de un forma de dispepsia histérica (o sea una enfermedad digestiva de origen histérico), ellos  la definieron según hoy la entendemos e incluso propusieron un tratamiento que a grandes rasgos es calcado de lo que hoy hacemos, -con alguna que otra sofisticación añadida- los médicos actuales.

Lo que propusieron Gull y Lasègue como tratamiwnto fue de sentido común:  la alimentación forzada y la prohibición de realizar ejercicio alguno, dos de los mandamientos mayores en el tratamiento de una anoréxica actual.

Pero Gull y Lasègue encontraron algo más que un tratamiento idóneo para este tipo de pacientes, encontraron la esencia de la enfermedad: la negativa a comer y la amenorrea: se trata de los sintomas nucleares de la anorexia, ninguno de ellos dos evidenció que sus anoréxicas quisieran estar delgadas por miedo a la obesidad o por un horror a adquirir un peso o una silueta informe, tampoco tenian trastornos del esquema corporal o disconformidad con su cuerpo. Las anoréxicas del XIX no estaban enfermas por seguir una moda: el culto a la delgadez que hoy se situa entre las principales razones para adelgazar.

Todo parece indicar que las razones para no comer son más bien diversas segun la época, es evidente que Catalina de Siena tenia razones de tipo ascético (la negación del cuerpo y sus necesidades) y que las anoréxicas románticas y los artistas el hambre descritos por Kafka tenian otras razones para dejar de comer. Algunas, escondidas detrás de aquel diagnóstico de clorosis que era una especie de anemia megaloblástica que muy probablemente equivalia a disturbios alimentarios no diagnosticados como anorexia. Otros probablemente encontraron en el ayuno público su medio de subsistencia: hacían exhibiéndose en jaulas circenses lo mismo que hacían en privado.

anorexia

Y es evidente tambien que las anoréxicas de hoy carecen de motivaciones ascéticas y tambien de motivaciones románticas (una apariencia débil y enfermiza). El factor identificado con más frecuencia es el factor de la moda: la publicidad de una apariencia delgada y el culto a la delgadez son sin duda la causa de la anorexia menta actuall. Una enfermedad que tiene una causa cultural y que de alguna forma demoniza sanitariamente y estéticamente la obesidad.

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Gerald Russell es un psiquiatra británico que en 1979 describió un nuevo sindrome psiquiátrico que bautizó con el nombre de bulimia nerviosa (bulimia significa hambre de toro) y que aunque no se parece en nada a la anorexia (en realidad es su opuesto) Russell pasará a la historia de la psiquietría por haber intuido y demostrado que la anorexia y la bulimia nerviosa eran la misma enfermedad, o al menos los polos opuestos de un mismo problema supuestamente psicológico que en algunas -las más disciplinadas- se manifiesta en restricción alimentaria y en otras -las más ineficaces- se convierte en una oscilación constante de atracones, restricciones y vómitos u otras maniobras purgativas. Curiosamente las bulímicas no son tan delgadas como las anoréxicas sino que por el contrario suelen estar en normo o sobrepeso.

Para Russell los trastornos alimentarios recorrerían una especie de continuo que implicaría distintas estrategias y especializaciones con respecto a la comida y que desde la caquexia extrema hasta la obesidad mórbida agruparia a personas que mantienen con la comida una extraña relación -ambivalente- de rechazo y/o dependencia.

De manera que es posible afirmar algo: que aunque la anorexia mental ha existido siempre parece que la bulimia es una enfermedad nueva que deriva de la anorexia mental y donde los sintomas modernos aparecen en primer plano: la sobrevaloracion de pequeños defectos, el rechazo del cuerpo, el horror a la obesidad, la autodesvalorización o la disconformidad con el propio cuerpo han venido a solaparse con la esencia anoréxica que conocemos desde los tiempos de Catalina de Siena. Entendemos como la esencia al rechazo de la comida, la amenorrea y la negación de enfermedad, el resto de sintomas serian pues un añadido, un solapamiento de síntomas derivados del contagio social y que daria a las anoréxicas actuales una mayor dependencia de la moda, de la publicidad y de la apariencia fisica.

La mayor parte de expertos en trastornos alimentarios encuentran precisamente en esta dicotomía patoplástica de la enfermedad los argumentos para defender una posible vulnerabilidad biológica en la mujer para sufrir este tipo de desordenes.

Pero Russell pasa por alto un fenómeno al que me quiero referir aqui.

Es cierto que las anoréxicas de hoy inician una dieta restrictiva porque quieren adelgazar o mantener la linea, ser atractivas o simplemente eludir la obesidad a la que se sienten predestinadas. Todos estos hechos señalan en la dirección de que existe un ideal de belleza que opera desde algún lugar de nuestro imaginario y que puede llegar a enfermar a las personas. Efectivamente los ideales enferman a las personas casi tanto como las obligan a mejorar. Y aunque los ideales precisamente por ser ideales ni existen ni representan a la belleza de las personas corrientes es evidente que ejercen una enorme presión cultural a través de los medios de comunicación, y sobre todo a nivel de la publicidad o del cine donde se muestran modelos ideales, idealizados o de “una pieza”, un modelo sin matices que no se corresponde en absoluto con las personas corrientes que somos todos los que no aparecemos en la pantalla.

¿Pero cómo explicar este mismo fenómeno en la Edad media? ¿Cómo es posible que la anorexia capturara individuos en una época donde no habia publicidad ni se perseguían cánones de belleza o de rendimientos deportivos ni cualquier otro?

No se conforma el alma con menos que Dios

Santa teresa de Avila

Me produce un cierto asombro observar que los investigadores soslayan continuamente un meme que como el de la belleza-atractivo de hoy pudo capturar e infectar a no pocas adolescentes de tiempos pasados: me refiero al meme de la santidad, otro de los ideales a los que una cierta parte de la juventud aspiró en tiempos donde el protagonismo social venía de la mano de los ideales religiosos que podrian equivaler hoy a las hazañas deportivas de un Nadal o a los espectáculos de Madonna.

En realidad eso es lo que le sucedió a Catalina de Siena y a tantas y tantas adolescentes y monjas del medioevo: aspiraban nada más y nada menos que a la santidad. Algunas de ellas fueron llamadas “alumbradas”, sus síntomas constituian verdaderos paroxismos de piedad combinados con gritos obscenos y pasionales, estigmatizaciones y éxtasis que bien pronto se constituyeron en verdaderas epidemias en España y en toda Europa, lejos de tratarse de una herejía, la epidemia de iluminadas que recorrió los conventos era un trastorno histérico que se contagiaba de persona a persona y que procedia del deseo de las monjas de alcanzar la perfección santa que cada cual se imaginaba de una forma diferente.

Y no podemos olvidar que la santidad se consigue precisamente a través de la renuncia y el sacrificio fisico; nuestra tradición cristiana renegó muy pronto del cuerpo identificándolo con un reservorio del pecado, es por eso que el ideal de un santo es aéreo y tiene aura alejada de la mediocridad, lejano de la carne: la supresión del cuerpo y sus necesidades, mantenerlo a raya y ser todo espiritu, todo alma alcanzando asi la pureza necesaria para alcanzar a Dios, el ideal en el que creyeron aquellas pioneras de la delgadez como hoy otras ejercen el mismo sacrificio aunque despojado de espiritualidad, un sacrificio laico que parece haber perdido sus fundamentos religiosos.

Para mí no existe una anorexia de esencia o una anorexia contaminada, lo que creo es que la anorexia es una enfermedad de causa social, un meme que procede de un ideal que se instala en un cuerpo determinado, en un individuo que se convierte asi en el hospedaje de un virus platónico, de una idea absoluta y universal sea esta la belleza, la santidad o el patriotismo que seguramente ha sido el meme que más individuos ha necesitado sacrificar comparativamente con el resto.

La anorexia mental es una enfermedad que encarna el peso de los ideales en los cuerpos materiales. La metáfora biológica de un absoluto.

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De sombras y asombros

Agosto 2, 2009 at 11:08 pm (arte, cerebro, cibernetica, ciencia, conciencia, epistemologia, espiritualidad, fisica, matematicas, psicoanalisis, religión) (, , , , )

Necesitamos una ciencia ampliada, un nuevo concepto de ciencia para abordar los problemas que nos plantea la mente pero no veo ninguna razón para hacer una ruptura con la ciencias clásicas.

Roger Penrose

mitocaverna

“Sombras en la mente” es un libro sobre neurociencia, computación y matemáticas escrito por Roger Penrose en 1994  después del éxito editorial que supuso “La nueva mente del emperador” del que es -de alguna forma- su continuación, al menos en el sentido de que Penrose aprovecha casi la mitad del libro a corregir y ampliar a sus puntos de vista explicitados en aquel texto y a  defender su posición filosófica -¿definitiva?- de la mente y a rebatir (demasiado espacio consumido en eso) a sus opositores que evidentemente proceden tanto del campo de la IA fuerte como del mentalismo más furibundo.

No es de extrañar que Penrose recurra al termino “sombra” para hablarnos de su teoria de la mente. Al fin y al cabo Penrose es un platónico y el término “sombra” pertenece a las ideas de Platón -explicitadas en su mito de la caverna- sobre la forma en que nos relacionamos con el mundo sensible que percibimos. Según Platón sólo percibimos sombras, reflejos de la realidad, lo que percibimos no sería la realidad en sí sino proyecciones de un mundo, el de los Absolutos o Universales- que no podemos observar directamente y que contiene no pocos de los enigmas entre lo que llamamos conciencia y su relación con el mundo sensible, computable por la ciencia.

En este video hay una buena explicación del mito platónico.

Para que el lector se haga una idea de las posiciones y de paso se sitúe o cambie de opinión -si es que tenía alguna ya formada- acerca de todos estos problemas de la mente y su relación con el cerebro, listaré al menos tres de las posiciones más importantes en las relaciones que mantiene el cerebro humano con la computación lo que es lo mismo que decir las relaciones que mantiene el hecho mental con la ciencia.

  1. Cualquier hecho mental es computable, no existe nada en la mente que pueda escapar de  su conceptualización física o matemática. Es la posición de la IA fuerte. Les llamaremos para entendernos fisicalistas.
  2. Los hechos mentales tienen una parte computable y una parte no computable. Hay algo en la conciencia humana -su parte consciente- que no es de hecho computable. Es la posición de Penrose y los neoplatónicos.
  3. La mente no es computable en absoluto. Nada en la conciencia humana puede ser reproducido en una escala cientificamente fiable. Se trata de la posición mentalista fuerte de los místicos que de alguna manera intentan prescindir de todo hallazgo neurobiológico, el representante más conocido de esta corriente sería Krishnamurti.

Nosotros procedemos de una cultura derivada de la clásica en unión con la tradición judeo-cristiana y no podemos -sin embargo- prescindir de las ideas que Tomás de Aquino nos legó , alla en el siglo XIII y que han pervivido hasta nuestra época, infiltrándose en nuestra mentalidad actual. Aquino bebió de fuentes diversas y exploró el fenómeno de la conciencia si bien reduciendo su campo de acción a todo aquello que pretendía demostrar: que la existencia de Dios es algo que puede deducrise de la simple observación del mundo. Recurrió a aportes – incluso de otras religiones- como las de Avicena o Averroes y otros intelectuales de relieve, esta vez ortodoxos como Alberto el Magno que abordaron el problema de los Universales antes que el propio Aquino.

Tomás de Aquino fue un intelectual, gracias al cual la teología cristiana pudo sobrevivirse a sí misma, no cabe ninguna duda de que es gracias a sus ideas que la teologia católica ha podido mantenerse en pie lejos de las teorizaciones contradictorias, cutres y reaccionarias de los primeros padres de la Iglesia que fueron los que inventaron sistemas de pensamiento (más bien creencias) fuertemente anticientíficos -antiaristotelicos- basados en la fe y en la denostación de las pruebas que procedían de la propia observación natural.

No cabe ninguna duda de que en gran parte los católicos de hoy piensan tal y como Aquino les propuso al lograr sintetizar la tradición platónica y  aristotélica con el dogma católico plagado de antinomias y contradicciones y dotarlo de argumentos sólidos basados en los clásicos.

De tal manera que hoy es muy dificil -aunque posible- ser platónico sin ser católico, cristiano, musulmán o judío o lo que es lo mismo: es muy dificil defender la existencia de un mundo de abstracciones o de Universales sin que nos venga a la cabeza la idea de un arquitecto universal, de un Dios todopoderoso y creador. Y este es uno de los curiosos y asombrosos fenómenos que mantienen a los hombres de ciencia apresados entre un materialismo reduccionista o un mentalismo anticientífico.

La ultima versión del misticismo anticientifico es la new age, la nueva era, un movimiento que combina una creencia con una descreencia, es decir la posibilidad de elegir una religión a la carta según las necesidades y el grado de conocimiento de cada cual. La posición mística no es en sí misma falsa ni verdadera pero el peligro de esta posición es que si resultara cierta fracasaria precisamente por ser incapaz de aglutinar en torno a sí fecundos pensamientos que pudieran aportar algo al bienestar de la humanidad tomada en su conjunto y que necesariamente deberia contemplar las contribuciones de la ciencia a la comprensión de lo mental.

Freud por ejemplo, y aunque todo el mundo le tiene por un materialista era en realidad un determinista mentalista: ignoró -como todavía ignoran los psicoanalistas de hoy- los hallazgos de la neurociencia de manera que existe una dificultad básica a la hora de discriminar quién es quién en este laberinto de las ideas actuales sobre el asunto.

Porque lo cierto es que muchos neoplatónicos o materialistas (fisicalistas) son en realidad místicos que no saben que lo son. Y para terminar de enredar el asunto es tambien cierto que gran parte de los neurocientíficos creyentes actuales son seguidores de la IA fuerte. La confusión es tal que hoy es imposible saber qué es lo que defiende cada cual en el nivel más profundo de su deseo.

No hay forma pues, de saber que es lo que uno piensa en la intimidad y que oscura sinergia gobiern sus teorias sobre la mente y sus  experiencias en el laboratorio, seguimos viviendo en la dualidad que heredamos de Descartes. Y cada vez en una dualidad mas insoportable puesto que todo el mundo serio admite que la dualidad es falsa.

Este punto de vista -muy arraigado en la neurociencia actual- es en realidad una trampa epistemológica: todos los que sostienen este punto de vista son en realidad seres duales que viven y piensan de una forma bien distinta a la dirección que imprimen a sus investigaciones. Denuncia que ya ha sido hecha desde Schopenhauer hasta Merleau-Ponty, pasando por Husserl y Heidegger. Y sobre todo por los budistas o los orientalistas en su conjunto que creen en la causalidad cíclica, es decir no lineal.

Todo parece indicar que no es posible escapar de la dualidad.

Porque nuestro cerebro está diseñado para procesar en dos sentidos la información que recibe o la que emerge de él a través de dos mentes superpuestas tal y como ya expliqué en mi anterior post.

¿Pero y si la dualidad no fuera el obstáculo sino el equipaje necesario que nos viene de origen para acceder a la verdad?

¿Renegaríamos entonces de ella o nos valdríamos de ese doble procesamiento para dar el salto?

Mi hipótesis es que es necesario ese doble procesamiento para adquirir eso que se llama pensamiento abstracto, es decir ese tipo de cogniciones que tienen que ver con lo que en psicologia se llama autotrascedencia y que no es además necesariamente un pensamiento como lo demuestra el hecho de que sea el arte quizá la forma mas conocida de atrapar la sublimidad.

Y que se encuentra contenida en esta sentencia de Spinoza:

“Sub especie aeternitatis”

Hay algo en la “rojitud”, en la “felinidad” que está más allá del color rojo o de ese animal que llamamos gato. Del mismo modo hay algo en la palabra “humanidad” que la situa en un lugar distinto que la palabra “hombre”.

Dicho de otra forma: la naturaleza nos hizo duales para que pudiéramos trascender la dualidad, adquirir esa tercera dimensión cognitiva que nos situa en el mundo de los universales o si se quiere de las abstracciones o por decirlo de un modo más neurocientifico: de los qualia. Tal y como se dice en fútbol, antes de marcar el tercer gol hay que marcar el segundo.

Para Penrose la conciencia tiene dos polos: uno activo , el libre albedrio y otro pasivo, lo cualitativo: las emociones, percepciones o sensaciones y los gustos por asi decir. Naturalmente no todas estos qualias son trascendentes en el sentido de Penrose, sólo una pequeña parte de ellos alcanza la denominación de abstracciones y convive en el mundo platónico.

Tal y como puede verse en el gráfico de abajo los mundos fisico, mental y platónico se retroalimentan positivamente según una causalidad circular. Es evidente que lo mental emerge de lo fisico y desde lo mental es posible alcanzar el nivel de lo platónico, menos claro parece que lo fisico -lo material- proceda de lo platónico, al menos es tan incomprensible como que de la materia emerja una mente.

3mundos

Para Penrose el mundo de las Ideas genera todo lo fisico, todo lo observable y además de eso estas verdades matemáticas como tambien las Verdades éticas o estéticas existen por si mismas, son atemporales y universales, están mas allá del tiempo y del espacio y son además primarias, es decir existen con independencia de que hubiera un observador para contemplarlas. Y son, además, las que generan todo lo fisico que a su vez, genera lo mental que es aquel registro -el único- que puede acceder a lo universal.

Es como si el sentido de la humanidad no fuera otro sino alcanzar un grado tal de conciencia capaz de abstraer los universales platónicos.

¿Hay un plan en todo esto, un sentido, un propósito?

¿Y si lo hubiera?

Si lo hubiera a mi me gustaria saberlo, aunque soy consciente de que lo que algunos huelen al resto de la humanidad sólo nos ha sido dada una posibilidad: la de husmear.

Lo material y lo mental no serían mas que las sombras de ese mundo primario que Penrose llamó platónico.

Lo que diferencia el punto de vista de Penrose con la mistica de la nueva era es que Penrose clama por un cambio en el paradigma de la ciencia, un paradigma a  medio camino entre la cuántica y la fisica clasica, una intersección entre ellas que pueda aportar luz sobre la esencia de eso que llamamos mente o conciencia. Y piensa además que será la propia ciencia la que acabará por entender que es necesario ampliar el método que hoy entendemos como “cientifico” para poder llegar a explicar y observar de cerca lo que sucede en una mente humana sin necesidad de construir máquinas que la emulen, entre otras cosas porque supone que la intencionalidad, el conocimiento, la intuición, la creatividad y los qualia son no-computables.

Seguramente porque pertenecen a un ámbito de las prestaciones de nuestra mente que no están disponibles en un cerebro de forma que la fisica lo pueda apresar.

Y mientras tanto el discurso de los místicos será necesario y útil para obligarnos a pensar.

En esta entrada hay una buena crítica sobre “Las sombras de la mente”, distinta a la que yo he hecho en este post.

Y para despedirlo me gustaria dejarles una imagen de Escher, esta litografia titulada “Tres mundos”.

¿Saben los artistas desde siempre lo que intentamos hacer comprender los que nos dedicamos a la neurociencia de una forma tentativa y torpe?

tres-mundos

Nota liminar:

El titulo de este post me fue sugerido por el twiteo de mi amiga Ana di Zacco, a ella le robé -con su consentimiento- la idea del titulo del post que amablemente me cedió


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