La sede de la conciencia

Julio 31, 2009 at 11:29 pm (biologia, ciencia, conciencia, genetica, lenguaje, mente, sexo) (, , )

el-homunculo-de-penfield-2No deja de ser curioso que los primeros que se plantearon en qué lugar del cerebro podia anidar la conciencia fueran los neurocirujanos. Primero Wilder Penfield dibujó un mapa bastante perfecto de las regiones de la corteza que controlaban los inputs somatosensoriales  y que conocemos con el nombre de homúnculo de Penfield; un poco mas tarde fue Roger Sperry el primero en caer en la cuenta de que cuando se seccionaba el cuerpo calloso que unía ambos hemisferios sucedían cosas aun más curiosas en relación con la percepción e incluso con la identidad personal.

Lo cierto es que hay estructuras cerebrales que tienen más puntos que otras a la hora de quedarse con la medalla de oro de la conciencia: la sustancia reticular, la corteza cerebral, el hipocampo o el hipotálamo cuentan con más posibilidades que la amígdala, el tálamo o el cerebelo pongo por caso.

Lo cierto es que el sentido común apunta en la dirección de que la conciencia debería estar albergada en la corteza cerebral -la zona noble del cerebro- pero es más cierto aun que los que así piensan son los que creen que sólo el hombre ha accedido a esa prestación. La evidencia -sin embargo-está del lado de la idea de que hasta un gusano tiene mente o conciencia, eso si una mente o conciencia de gusano. Más evidente es en los mamiferos y muy evidente en los perros a los que sus amos suelen presentar como “aquel al que sólo le falta hablar”.

Y es verdad, a algunos animales sólo les falta hablar para que pasen a formar parte de los seres inteligentes que atribuimos en exclusiva al género humano  lo que viene a significar que el lenguaje -aunque tiene una gran influencia en la cualidad de nuestra mente- no la explica del todo, como lo prueba el hecho de que algunas personas son absolutamente inválidas para el pensamiento analítico y muy operativas en el pensamiento geométrico, pongo el ejemplo de músicos o matemáticos, tienen -ellos también- una mente.

En este gráfico podemos contemplar las cuatro tipos de inteligencia en los humanos, como puede observarse no todas las inteligencias se encuentran en el hemisferio izquierdo o dependen del lenguaje, más bien existen en el hemisferio derecho inteligencias icónicas, basadas en la imagen o en la dimensión temporo-espacial tal y como sucede en los músicos que piensan en tres dimensiones.

inteligencias

Otro orden de especulaciones -que son bastante populares- son las que adjudican la conciencia al hemisferio izquierdo en detrimento del derecho o bien la idea bastante difundida de que el hemisferio izquierdo funcionaria asi como un ordenador digital y el cerebro derecho como un ordenador analógico. Algunos sostienen la idea de que el hemisferio izquierdo seria analítico y matemático, lógico y masculino y al revés el hemisferio derecho seria todo lo contrario, locuaz y hablador, parlanchín, aproximativo y gestáltico segun los más informados de este difundido mito.

En 1977 Wilson, Le Doux y Gazzaniga examinaron a un sujeto con el cuerpo calloso seccionado por una intervención quirúrgica para el tratamiento de sus convulsiones resistentes a los tratamientos médicos convencionales. Lo que encontraron en él -y que Sperry ya habia descrito- fue sorprendente: en esta persona solo el hemisferio izquierdo podia hablar pero ambos hemisferios podian comprender el habla. Posteriormente el hemisferio derecho podia aprender tambien a hablar a pesar de que seguía desconectado de su hermano izquierdo. Ambos hemisferios eran por separado conscientes y tenian además distintos gustos, por ejemplo el izquierdo queria ser dibujante y el derecho corredor de carreras.

Este ejemplo sugiere con fuerza que ambas mitades representan dos mentes o conciencias separadas y que ambas son conscientes. Lo que demostraron Wilson, Gazzaniga y Le Doux (1977) no era que podian coexistir dos conciencias o identidades diferentes -cosa que ya se sabia- sino que una de ellas, el hemisferio derecho podia llegar a manifestarse y demostrar su existencia.

Más allá de las implicaciones prácticas -psicológicas y psiquiátricas- de esta cuestión, existe una pregunta de principio, una pregunta conceptual previa a todo ¿por qué tenemos dos hemisferios?

La cuestión no admite una respuesta sencilla porque la evolución no suele malgastar recursos en cableados cruzados si no persiguiera algun fin. A veces es como si la evolución tuviera alguna intencionalidad a pesar de que suele decirse y admitirse que es ciega. La verdad es que tener dos hemisferios es algo muy costoso desde el punto de vista anatómico y fisiológico: hay que cruzar cables -fibras nerviosas- de lado a lado de manera tal que la parte izquierda del cuerpo (pero no toda) se compute en el lado contrario del cerebro.

Una de las razones más claras por las que suponemos que la evolucion optó por este sistema nos lo da el estudio de la visión. Efectivamente, en la visión podemos comprobar que es, precisamente el cruce de los nervios ópticos en el centro del cerebro lo que provoca que cada ojo pueda tener una imagen diferente: la ganancia de este dispositivo es que podemos ver en tres dimensiones, es decir ganamos profundidad y perspectiva gracias a ese cruzado mágico.

Pero sin embargo nuestro pensamiento, nuestros juicios prácticos no parecen haberse beneficiado de este cruzamiento, es evidente que pensamos en dos dimensiones -la mayor parte de nosotros- aunque es verdad que oímos en tres precisamente porque los nervios auditivos tambien se cruzan como los nervios ópticos.

¿Y que decir de los zurdos? ¿Para qué sirven?

Los zurdos son precisamente la prueba de que la evolución gastó tiempo en diseminar un gen para que hubieran zurdos verdaderos (con distinta penetrancia del gen LRRTM1) lo que nos lleva al problema de la lateralización y de la asimetria cerebral. Los zurdos serian aquellos cuyo hemisferio dominante seria el derecho en lugar del izquierdo que nos hace a casi todos nosotros diestros.

Cuando se habla de lateralización se piensa siempre en el area de Broca y de Wernicke, estructuras del lenguaje que se asentaron en el hemisferio izquierdo de los humanos (aunque existen tambien en el hemisferio derecho con distintas funciones). Una de las razones por las que podemos pensar en el por qué existen dos hemisferios es en el hecho de la asimetria. Significa que hay un hemisferio que es un poco más gordo que el otro y que por tanto tiene más potencia de cómputo.

Al parecer la asimetria cerebral -al menos la funcional- se ha demostrado en todo el reino animal, desde los mamíferos hasta en las abejas pero seguimos sin saber su función en nuestra especie.

Pero hay que saber algo acerca de la asimetria cerebral. Existen al menos dos conceptos relacionados con esta cuestión, una es la asimetria funcional y otra es la asimetria anatómica. Quiere esto decir que la asimetria es un fenomeno anisotrópico, es decir tiene distintos significados según lo que estemos observando aqui o allá, por ejemplo un zurdo es aquella persona que tiene una asimetria funcional tal que es el hemisferio derecho el dominante -motoricamente y al revés en los diestros. Lo curioso de esta asimetría es que se puede ser zurdo de mano pero no de pierna. Todo parece indicar que las piernas, las manos, los ojos y los oidos van cada uno de ellos por su lado. Es por eso que decimos que la asimetria funcional es anisotrópica, se comporta de manera distinta segun cada eje de simetría.

Pero los enigmas no terminan aqui porque recientemente (2008) se ha demostrado que existe una asimetria anatómica segun la orientación sexual. Segun el estudio del prestigioso Instituto Karolinska de Estocolomo, es evidente que los hombres heterosexuales tienen una asimetria de predominio del hemisferio derecho (lo contrario de lo que suponía la voz popular que identificaba hemisferio izquierdo con masculinidad). El estudio realizado con PET (tomografia con emisión de positrones) demostró que los hombres heterosexuales tienen un volumen de su hemisferio derecho mayor que los hombres homosexuales y aun más: que las mujeres homosexuales se aproximan en volumen a los hombres heterosexuales. Mientras que las mujeres heterosexuales no poseen asimetrias medibles volumétricamente entre ambos hemisferios, ofreciendo una prueba neurobiológica irrefutable (aunque interpretable) sobre la orientación sexual.

Y como es evidente que los hombres heterosexuales no somos todos zurdos hemos de admitir que existe una asimetria dependiente del sexo (¿hormonodependiente?) y otra asimetria que nada tiene que ver con él sino con la penetrancia de aquel gen que determinaba la zurdera y que se encuentra en un 10 % de la poblacion aproximadamente.

Probablemente -y tal como ese mismo estudio sugiere- estas diferencias están relacionadas con una mayor densidad de conexiones cortico-amigdalino-talámicas. Sabemos que las amigdalas cerebrales -esos detectores de humos de nuestro medio ambiente- se encuentran fuertemente especializadas en la detección de ciertos peligros, asi la izquierda está especializada en detectar amenazas que surgen del propio cuerpo, mientras que la amigdala derecha se ocupa básicamente de rastrear el medio ambiente en busca de amenazas externas.

Seguramente este dato es congruente con el hecho de que los hombres tengan una mayor actividad de este dispositivo. El hombre está pues especializado en detectar la presencia de depredadores y de peligros externos por la vía visual mientras la mujer está especializada en orientarse frente a señales acústicas y aquellas que proceden de su propio cuerpo. Lo que podria explicar la asimetria derecha de los varones y la casi simetría de las mujeres y su facilidad para chequear su propio cuerpo.

Lo que viene a decir “dime que miedo tienes y te diré de que sexo eres y tambien tu orientación sexual”.

Si cruzamos ahora estos datos con las experiencias anteriormente citadas en torno al tema de las dos conciencias detactadas por la comisurotomia de Sperry y otros podemos especular en que muy probablemente la evolución -mas alla de la genética- dispuso la asimetria cerebral con ciertos fines que incluyen la autoorganización de la orientacion sexual segun las necesidades medio-ambientales. La evolucion pudo “pensar” que era necesario articular los mecanismos cerebrales de defensa individual con la regulación de poblaciones según las necesidades tal y como ya adelanté en este post.

Significa que de igual modo que sucede en los zurdos (la mayor parte de la población es ambidiestra) desde el punto de vista sexual podria haber una gran cantidad de población que fuera ambivalente en este sentido (bisexuales potenciales) que sugerirían que la evolución guardó una carta marcada por si las cosas se ponian feas.

Lo que señala en la dirección de que efectivamente en los humanos al menos  – y debido al avance que supuso la instalación de las estructuras ligadas al lenguaje en su hemisferio izquierdo- existe una amplia gama de posibilidades y elecciones de aprendizaje que recorren el cerebro de izquierda a derecha tal y como sabemos desde el estudio de Wilson, Le Doux y Gazzaniga.

Tenemos efectivamente dos cerebros, dos conciencias, dos mentes, un doble procesamiento que aun no sabemos para qué sirve. Por lo tanto la pregunta que da lugar a este post no tiene una única respuesta sino al menos dos.

Tenemos dos mentes y gracias al Yo tenemos una sensación de unidad y continuidad, pero seguramente y aunque cada mente procede del cerebro que la sustenta la conciencia carece de localidad, lo que es lo mismo que decir que carece de temporalidad, la conciencia desborda a su cerebro. Lo que nos hace humanos y tan capaces para el pensamiento categorial es precisamente la coexistencia, el solapamiento de estas dos mentes.

La dualidad que es precisamente el obstáculo para una comprensión cientifica de la conciencia  es la condición, el equipaje necesario para ser humanos.

En mi opinión esta es la clave de la mente humana y algo que seguiré explorando en sucesivos post.

Bibliografía:

Gazzaniga, M.S,Le Doux J., Wilson D.H: Language, praxis and the right hemisphere:clues to some mechanisms of concioussness. Neurology, 27. 1077.

http://www.pnas.org/content/early/2008/06/13/0801566105.abstract

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Pequeño test de Turing para mis lectores

Julio 29, 2009 at 1:47 pm (cerebro, cibernetica, medicina, mente)

1.- Una enfermedad A con los mismos síntomas de otra B son la misma enfermedad (Verdadero o falso)
2,. Una enfermedad A con síntomas indistingibles de otra B son las misma enfermedad (verdadero o falso)
3.- Una enfermedad con solo un síntoma de diferencia con otra B son la misma enfermedad (verdadero o falso)
4.- Un enfermedad A con síntomas distintos a otra B son enfermedades distintas (verdadero o falso)

La solución.-

Lo primero es felicitar a todos por vuestros inteligentes comentarios: cada uno de vosotros ha puesto el dedo en alguna de las llagas de esta proposición que intentaba darle a una maquina una serie de proposiciones con el fin de explorar su “inteligencia”.

Antes de explorar cada pregunta es necesario decir algunas cosas:

El punto de vista de la máquina, es un punto de vista en principio inteligente pero hay otro punto de vista que no es inteligente y que correspondería al paciente real que por definición no sabe lo que le sucede. Ese es el nivel de complejidad en el que se desarrolla la actividad médica: hay un paciente que viene por algo y que presenta una serie de síntomas observables, el proceso de inteligencia que realiza un médico seria el opuesto al que realiza la máquina, es decir intentar apresar síntomas y después intentar agruparlos en una enfermedad concreta. Un estado concreto de malestar que trata de identificar, el enfermo no pretende saber epistemología ni se plantea este tipo de cuestiones que a nosotros nos interesan.

Otro punto de vista interesante es el de la causalidad que planteó ControlByte, efectivamente si supieramos la causa de todas las enfermedades este tipo de problemas podrian abordarse desde la causalidad al síntoma, pero no es el caso. No sabemos la causa de casi ninguna enfermedad, sólo las agrupamos por especialidades o aparatos. Asi y todo sabemos que no hay efectos sin causa por lo que estamos en condiciones de afirmar que no existe enfermedad sin causa.

De manera que este test sólo pretendia plantear las paradojas del diagnóstico prescindiendo de los exámenes complementarios que hubieran podido decantar el diagnostico en uno u otro sentido.

Tambien han sido muchos los que han planteado que faltaba información, efectivamente hay una información a la que se puede acceder solo mirando al paciente, escuchando su relato, buscando sus antecedentes o explorando la relación con su familia y que aqui no estuvo computada en aras de hacer más facil mi exposición.

Otra variable que tampoco se computó es la evolución de la enfermedad. Mirando la distribución longitudinal de una enfermedad podemos obtener datos sobre la misma lo que significa que las enfermedades tienen un comportamiento anisotrópico, evolucionan y ofrecen así información sobre sus verdaderas intenciones. Un sintoma hoy puede ser un no-sintoma mañana.

Mi planteamiento -sin embargo- no tenia truco, las preguntas que planteé tenian un interés epistemológico y poco más. Lo que pretendía demostrar es lo dificil que es computar el saber médico, ese al que solo se accede después de muchos años de experiencia. Y lo dificil por tanto que es trasmitir este saber por incierto -absolutamente computable por otra parte- a una máquina, que aun sabiendo diagnosticar tendria serios hándicaps de información

Este es el resultado. Os lo adelantaré a los que esteés ansiosos por conocer la verdad: son todas falsas tal y como adivinaron los médicos que pasaron por aquí.

A la primera pregunta:

1.- Una enfermedad A con los mismos síntomas de otra B son la misma enfermedad. Es falso. Una enfermedad puede manifestarse con los mismos sintomas de otra. Pongo por ejemplo la hemiparesia derecha, un déficit neurológico que puede deberse a multiples enfermedades algunas de ellas absolutamente funcionales (mentales), como la histeria clásica y otras absolutamente orgánicas (hemorragia o infarto cerebral).

2,. Una enfermedad A con síntomas indistingibles de otra B son las misma enfermedad. Esta segunda pregunta tal yc como adivinaron la mayor parte de los comentaristas está muy unida a la primera. “Indistingible” y “lo mismo” son la misma cosa, al menos en nuestro nivel de apercepción.

3.- Una enfermedad con solo un síntoma de diferencia con otra B son la misma enfermedad. Puede ser verdad en tanto que la mayor parted de presentaciones de enfermedades son atipícas, es decir les falta algo. Pero la atipicidad en si misma no puede orientarnos universalmente hacia una postura u otra, por lo tanto es falsa: la atipicidad es una excepción que no significa nada.

4.- Un enfermedad A con síntomas distintos a otra B son enfermedades distintas. Es tambien falsa: una enfermedad puede manifestarse con sintomas distintos e incluso opuestos en distintos momentos de su evolución. Pongo el ejemplo del trastorno bipolar, hoy depresión, mañana manía. No hay sintomas más distintos que estos en toda la clinica médica. Por lo tanto sintomas distintos e incluso aparentemente opuestos pueden ser manifestaciones de la misma enfermedad.

Pero efectivamente hay un dato que no le comunicamos al programita experto que traté de explorar, y como el es muy inteligente hace un momento me lo ha hecho saber.

¿Sabeís que me ha preguntado?

La pregunta del millón de dolares, -me dijo-.

¿Estamos hablando de enfermedades humanas o animales?

¿Cambiaría algo esta disertación si habláramos de veterinaria?

Lo dejo abiero para recibir más comentarios.

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El ojo clínico

Julio 26, 2009 at 10:42 pm (arte, belleza, cerebro, cibernetica, ciencia, filosofia, psiquiatría) (, , )

El error más grave de las neurociencias es haber pensado que la razón es superior a la intuición.

Antonio Damasio

Uno de los comentaristas del anterior post me dio la idea para abordar uno de esos intangibles no computables de interés médico; me refiero a eso que ha venido en llamarse el ojo clínico.

Hace algunos años trabajé en un proyecto de investigación acerca de un desarrollo I+D de lo que vinieron en llamarse “sistemas expertos” y que, por  razones que ahora no vienen a cuento, no se llevó a cabo. Aplicados al diagnóstico médico, se trataba de programas desarrollados según las tecnologías de aquel entonces:  programas que operaban a través de reglas y operadores booleanos, es decir, de algoritmos. Se trataba efectivamente de programas muy primitivos que pretendían ser de ayuda en la consulta de un profesional ayudándole a tomar decisiones arborificadas de forma binaria, es decir, descartando unas opciones (o uno o lo otro) y recorriendo la rama procedente hasta el final.

Se suponía que al final de este procedimiento -que también puede hacerse de forma visual (a través de árboles de decisiones)- uno llegaba a una prueba objetiva, un diagnóstico y un tratamiento idóneo.

Ahora los sistemas expertos ya no se usan en medicina clínica porque los investigadores cayeron en la cuenta de que ese tipo de programas no procesan datos semánticos, es decir, relaciones entre una rama del árbol y otra, no procesan relaciones de significado, de sentido y son lineales y cazurros.

Y también porque muchas veces existe lo que se llama en IA la incertidumbre (50%) intolerable, que hace cualquier decisión tomada sobre ese ítem inválida.

Por lo que yo sé, aquella línea de investigación ha sido ya superada aun sin dar los resultados que prometía, en parte también porque el procesamiento con reglas de los pasos del diagnóstico suponía un trabajo de chinos de programadores que en contacto con expertos pudieran construir toda la serie de reglas necesarias para llegar a un diagnóstico tan banal como una amigdalitis.

Cayeron en la cuenta de que procesar los pasos lógicos que había en la mente de un médico era más complicado de lo que creían. No quiero decir que fuera imposible; lo que quiero decir es que alguien decidió que era inútil.

Sin embargo, los sistemas expertos ahora han cambiado de nombre y ya no tienen pretensiones diagnósticas, en parte porque las mentes humanas procesan los datos con más rapidez y fiabilidad que la propia máquina; ahora lo que se usa son los protocolos terapéuticos que sirven mas bien como ayuda a los gestores de los hospitales para maximizar las rentas asistenciales y para que los médicos podamos protegernos de futuras querellas por mala praxis. También para uniformizar la asistencia y que todo el mundo haga lo mismo ante una determinada patología si es que eso existe después de todo.

En realidad los protocolos son también algoritmos -secuencias de actos- que aconsejan qué hacer una vez ya se ha llegado al diagnóstico. Qué pruebas pedir, qué tratamientos aplicar o qué interconsultas hacer. Algunas especialidades trabajan con un sistema muy protocolizado (por ejemplo los oncólogos) y otros prescindiendo totalmente de él, por ejemplo los psiquiatras.

Dicho de otra manera, la IA (inteligencia artificial) renunció a los sistemas expertos médicos al comprobar que, a la hora de diagnosticar, cualquier médico era más eficaz que cualquier programa por muy experto que fuera.

A más incertidumbre menos protocolización de los pasos a seguir.

Y es verdad que los médicos trabajamos usualmente siguiendo algoritmos, con secuencias absolutamente computables y, como nuestro cerebro además tiene semántica, somos capaces de ir más lejos que aquellas máquinas bienintencionadas que quisieron venir en nuestra ayuda.

Hasta que llegamos al territorio de lo incierto.

Pero es que además de eso hay alguna trampa: los médicos de hoy se ayudan de exámenes complementarios como análisis de sangre o tecnologías de la imagen, pruebas complementarias diversas que a veces confirman una sospecha diagnóstica y otras veces la descartan. Pero ¿qué sucede cuando la prueba complementaria es previa al diagnóstico médico?

Piense usted en la cantidad de análisis que le hacen en su empresa, las mamografías que le hacen en la seguridad social, las densitometrías óseas y tantas y tantas pruebas como el PSA (un marcador de inflamación de próstata) que se hacen en personas sanas , es decir por rutina.

Estas pruebas no hacen sino sustituir un diagnóstico de presunción previo, por lo que favorecen los sobrediagnósticos, los tratamientos innecesarios (a veces quirúrgicos) y la sobreañadida cuota de yatrogenia. El número de casos en que sucede esta yatrogenia es mucho más extensa que los casos reales que trata de evitar y desde luego es difícil de cuantificar, pero existe la evidencia de que la yatrogenia es la principal causa de enfermedad sin enfermedad.

Dicho de otra manera, los procedimientos “objetivos” han pasado a sustituir a la presunción subjetiva de un facultativo y en la mayor parte de los casos se privilegian frente a la clínica real que presentan los sujetos.

Y no hay que fíarlo todo a los exámenes complementarios, lo que es lo mismo que decir que no hay que fiarse nada de algo que proceda de un protocolo, de un algoritmo o de una secuencia de hechos bioquímicos por más amenazantes que nos resulten.

Si usted se encuentra mal consulte a un médico y, si es posible, con un médico que tenga al menos estas dos características:

  • que le resulte simpático
  • que no siga protocolos

Está usted entonces en buenas manos, haga lo que él le dice y discuta con él sus dudas.

Y si usted se encuentra bien huya de los Hospitales, visite las bibliotecas, es ahi donde se encuentran la medicina más activa: el conocimiento.

No cabe duda de que en el diagnóstico hay un intangible, algo no computable por máquinas o protocolos ni arboles de decisión. Hay algo más que está en la relación medico-paciente y que además de eso está en ese cerebro experto.

¿Qué es el ojo clínico?

El ojo clínico es una intuición, es decir, algo que se manifiesta sin reglas o por encima de ellas, algo que tiene un toque de creatividad. Los médicos tenemos la memoria llena de enfermos que, a pesar de haber sido diagnosticados “objetivamente” de una cosa u otra, comienzan a mejorar a partir de la impresión médica de que el cuadro clínico no cuadra con los parámetros que anticipa un análisis, una radiografia o un TAC.

Naturalmente el ojo clínico no sucede al azar, no es un don que tengan unas personas visionarias y otras no posean, sino que para que pueda darse es necesario:

  • Ser médico, es decir tener una formación determinada, una experiencia en ver enfermos de toda clase; haber observado cómo evolucionan unos y otros; y haber extraído de todo ello consecuencias categoriales.
  • Sin embargo, es necesario admitir inmediatamente que algunas personas son capaces de intuir enfermedades de una manera tal que ponen en contradicción el apartado anterior. En este sentido el axioma dos no está en contradicción con el primero precisamente por su rareza. Una rareza que implica también a los perros, algunos de ellos son capaces de husmear la necrosis en un enfermo e incluso su agonía.
  • Ser médico no es pues suficiente, es necesario una experiencia universal, haber visto muchos enfermos y en distintos entornos, pero también haber reflexionado sobre cada caso, haberse planteado distintas hipótesis y haber sido capaz de descartar las irrazonables o mal fundadas, para lo que hay que seguir longitudinalmente durante mucho tiempo a un enfermo, cosa que hoy es una rareza. La posibilidad de perder a un paciente si no se acierta la primera con protocolos es muy alta.

La creatividad en un médico -condición para el ojo clínico- precisa de una forma de ser anclada en la disidencia, en el inconformismo. Importa menos la razón de este inconformismo que el mero hecho de discrepar con lo políticamente correcto. Las enfermedades suelen seguir el curso que los médicos les adjudican y no tanto su evolución natural, pues aun no sabemos a ciencia cierta si las enfermedades son entidades naturales o constructos teóricos sobre el malestar. Es bien sabido que los pacientes que sufren un diagnóstico maligno suelen morirse en el espacio de tiempo que sus médicos les pronosticaron. Hasta en eso somos obedientes.

La intuición es un “captar algo de golpe y en su totalidad” aunque prescindiendo de los detalles y que puede preceder o ser simultáneo con el proceso algorítmico del diagnóstico convencional.

Contrariamente a lo que piensa Damasio, yo no creo que la intuición sea algo opuesto a la razón, creo que la intuición es una parte de la razón no razonable, es decir, no computable, pero sigue siendo razón, o sea, un producto de la Conciencia que se alimenta de elementos de la mente inconsciente para escribir sus propios guiones y que extrae de ellos la esencia de algo: eso que llamamos creatividad u originalidad que puede entenderse como fruto de una extraña capacidad de combinatoria pero también como un producto pre-dado o pre-instalado que nos viene de origen y que elige qué elementos encajan y cuales no.

Uno escucha a un enfermo y a los 5 minutos de oírlo hablar ya sabe qué le sucede y más allá de eso: quién es ese enfermo. Desde Hipócrates sabemos que la enfermedad tiene una physis y que el enfermo -su portador- tiene a su vez otra physis diferente. Una enfermedad no es casi nunca una entidad clasificable como una especie de insectos sino un fenómeno creativo y reactivo, combinatorio o quizá azaroso entre la physis del enfermo y la physis de la enfermedad, si es que la enfermedad tiene una physis propia.

Efectivamente, algunas enfermedades tienen physis propia. Pongo por ejemplo a la apendicitis aguda, siempre se manifiesta igual en no importa qué enfermos, pero esto son rarezas de la naturaleza del hombre de hoy; se trata de enfermedades muy protocolizadas y que conocemos bien con escaso margen de error. Sin embargo, hay otras que no poseen una physis propia y por eso toma prestada la physis del enfermo. Son enfermedades individuales aunque puedan ser plagiadas, contienen información sobre lo que el enfermo es y no tanto sobre lo que al paciente le sucede.

Las enfermedades mentales y las psicosomáticas son así, enfermedades distintas según quien las padece y es ahí donde se manifiesta especialmente el ojo clínico médico.

El ojo clínico aprehende al enfermo en su totalidad y es un proceso de ingenieria inversa, el médico construye una hipótesis a veces inconsciente y luego la pone a prueba mediante técnicas objetivas o según la evolución temporal del paciente. Va de arriba-abajo, de lo universal a lo particular, primero capta el fondo de la cuestión y luego la forma.

Esperar acontecimientos es el arma especial y secreta de este tipo de médicos que saben que la patoplastia de la enfermedad la llevará ineluctablemente a evolucionar en pocos días; tomarse un tiempo para decidir sin los agobios de un manual del qué hacer aquí y ahora es la principal arma de los que confían en el sentido común (otra de las habilidades no computables de los humanos).

Esa captación global, inmediata y que nos “suena a verdad” es lo que entendemos como “ojo clínico” y es precisamente lo que los sistemas expertos -de antes ni de ahora- no pueden hacer, antes al contrario: lo que hemos aprendido de ellos es que simulan una mente obsesiva, es decir una mente donde los datos repetitivos y redundantes interfieren con la verdad clínica que es a veces muy obvia.

No hay mal que por bien no venga y, al menos a mí, trabajar con sistemas expertos me enseñó que muy probablemente los algoritmos necesarios para llegar a un diagnóstico son a la vez una ayuda y un obstáculo para poder llegar de verdad a un diagnóstico de seguridad.

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Este cuadro de Velázquez es un ejemplo del ojo clínico, existen muchas interpretaciones sobre el mismo, algunas de las cuales insisten en que es la primera vez en que el retratista (el observador) aparece en el cuadro (lo observado), aunque por partida doble porque usted también está incluido en él, a través del espejo del fondo, donde aparecen los reyes que seguramente eran los modelos que estaba pintando Velazquez, pero para mí lo intrigante de este cuadro no es sólo el retrato del retratador o el haber sacado a los modelos del cuadro sino la percatación, la captación de una atmósfera preparativa al cuadro mismo. Velázquez en mi opinión trató de atrapar los instantes previos, los preparativos al cuadro propiamente dicho, que por supuesto no existe, dejando el campo abierto para múltiples versiones.

Una atmósfera intuitiva, donde no persigue a un modelo estático, sino a un entorno complejo del que el propio artista participa.

Esa percatación general de una atmósfera es lo que yo entiendo como intuición.

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La mente del emperador

Julio 24, 2009 at 7:15 pm (belleza, caos, cibernetica, ciencia, filosofia, fractales, lenguaje, música, psiquiatría) (, , , , , )

emperador

Las ideas bellas son más probablemente verdaderas que las ideas feas. La Verdad es necesariamente Bella.

Roger Penrose

Suponga que tiene usted 7 ovejitas y por la noche viene un lobo entra en su corral y mata 3 ovejitas ¿Cuantas le quedan?

Es muy fácil para usted ya lo se, pero si pongo este ejemplo es para hablar de una cosa distinta a las ovejitas y a  un problema concreto que un niño de 4 años sabría resolver.

De lo que quiero hablar es de cómo hacemos para saber que nos quedarán 4 ovejitas después del ataque nocturno del lobo.

Si nos fijamos en este sencillo problema veremos que tiene dos partes completamente distintas, una de ellas es una resta, tenemos que restar 7 de 3.

El problema peliagudo sin embargo no es resolver restas sino decidir que hay que hacer una resta.

Roger Penrose es un matemático, fisico, cosmólogo y filósofo que ha destacado en múltiples campos de la filosofía de la mente y las neurociencias que escribió en 1989 un libro de culto titulado “La nueva mente del emperador” continuación de uno más antiguo que lleva el mismo titulo de este post.

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En esta fotografía aparece Sir Roger Penrose junto con un mural que representa uno de sus hallazgos matemáticos fundamentales: las teselaciones no periódicas.

Naturalmente el Emperador es ese órgano viscoso y lipídico que conocemos como cerebro. En estos dos libros Penrose aborda gran cantidad de conceptos algunos de ellos aun en estado embrionario, otros muy especulativos pero tiene la valentía -poco común entre los hombres de ciencia- de anticipar sus opiniones decididas y documentadas en torno a la idea de la Conciencia. La teoría cuántica y del caos, las fractales  la superposición cuántica, las relaciones entre los cuasicristales y la plasticidad cerebral, el dilema del albedrío (del que hablé en este post) frente al determinismo,  las relaciones mente-cerebro y un largo etcétera.

Lo interesante de sus formulaciones es que Penrose se posiciona directamente en torno a las aplicaciones directas de todas estas teorizaciones que sirven de modelo para los cibernetistas que tratan de construir mentes artificiales a partir de estos nuevos modelos físicos y matemáticos.

A la pregunta ¿podremos algún día construir una máquina que emule al cerebro humano? Penrose se posiciona directamente con un no radical en contra de la opinión de los defensores del IA fuerte (inteligencia artificial) como Searle y otros.

La razón por la que Penrose piensa que no podremos nunca construir una máquina que piense como un humano no es otra sino ésta: la conciencia humana no puede explicarse como la suma de la actividad neuronal por más compleja que esta sea. La complejidad neuronal no explica la conciencia.

La idea que plantea Penrose es que hay algo en la actividad mental que no es computable, y por tanto imposible de programar matemáticamente en un ordenador pero antes de abordar este problema quisiera hablar del término “Conciencia” en sí mismo ¿Existe alguna diferencia entre mente y conciencia? ¿Por qué ahora todo el mundo habla de la conciencia y la mente parece haber pasado de moda? ¿Por qué ya no se utiliza la palabra inteligencia para hablar de los rendimientos intelectuales humanos?

En este post hablé de este nuevo concepto que parece haber desplazado a la mente y a la inteligencia al territorio de lo anticuado. Penrose justifica esta nueva denominación para separarse de la idea clásica de que la mente tiene una parte consciente y una parte inconsciente, es por eso que propone el término conciencia que no contiene divisiones según su ubicación.  Del mismo modo supone la superación de otra antigualla: de que los hombres somos más inteligentes que cualquier otro animal, cosa que hoy en día parece haber sufrido un revés importante cuanto mas sabemos de las habilidades matemáticas de los simios, sencillamente no parece que ser tan listos como somos nos proporcione ventajas sobre otras especies. Todo depende de como definamos la inteligencia.

Conciencia supone ser consciente de algo, estar consciente, darse cuenta, por tanto seria un contrasentido hablar de una conciencia inconsciente. Sin embargo es útil señalar que conciencia, mente y cerebro consciente son la misma cosa, si bien el termino “Conciencia” admite a tramite una característica fundamental que no posee ni la mente ni la vivencia consciente inteligente, me refiero a que la conciencia es un árbitro que dirime los conflictos entre la mente inconsciente y la mente consciente o entre el Emperador y su mente.

En este sentido el término “Conciencia” deja de ser un background no conceptual para convertirse en una elevación del terreno desde donde contemplar mejor los paisajes que aparecen en ese escenario que llamamos mente.

Y que además no es estática sino que se encuentra en permanente expansión-contracción desde sus bordes.

La conciencia puede pues contemplarse como una parte de la mente, una parte observadora que toma decisiones sobre los contenidos que aparecen en ella pero que a diferencia de ella no es pasiva sino que está continuamente actualizándose y expandiéndose: la conciencia por definición crece y lo hace en forma de espiral, expandiendo sus horizontes.

Penrose opone el término Conciencia al término “automatismo” que en algún otro lugar de este blog ya calificamos -siguiendo a Llinás- como PAF (patrones de acción fija). En realidad los programitas automáticos de Penrose y los PAF de Llinás son la misma cosa: se trata de secuencias -de algoritmos- seleccionados por la evolución o el aprendizaje individual e instalados en nuestro cerebro más arcaico incluyendo el cerebelo: si usted observa la cantidad de movimientos que realiza automáticamente para escribir un post como este caerá inmediatamente en la cuenta de que estas secuencias están automatizadas y son algorítmicas, es decir son computables.

Y si son computables son tareas que podemos enseñarle a hacer a un ordenador.

Ahora volviendo al tema de las ovejitas y de las restas que abrían este post estamos en condiciones de entender qué es y qué no es computable en el cerebro humano. Restar, para Penrose es computable (cualquier calculadora de bolsillo puede hacerlo) pero la decisión de restar no lo es.

Lo inteligente es pues la decisión de restar, algo que la calculadora no puede decidir por si misma, lo cual no significa que no podamos construir máquinas que sepan decidir este tipo de cuestiones, lo importante es saber que desde el punto de vista epistemológico “decidir qué operación hacer” es lo realmente inteligente, mientras que “hacer restas” -por muy complicadas que sean-es un procedimiento que puede hacer hasta una máquina.

Claro que usted ahora podría pensar  que en problemas como ese, hay algo automático que le lleva a resolverlo de memoria, de oído, podríamos decir. Es cierto, determinados problemas matemáticos sencillos pueden llegar a ser computables precisamente por su sencillez. Comparados con la secuencia de movimientos necesarios de mis dedos sobre este teclado, este problema de la ovejitas es banal para cualquier cerebelo. Efectivamente una parte de nuestro cerebro inconsciente (o procedimental) está ocupada por los aprendizajes (los algoritmos) que aprendimos o heredamos de nuestra estirpe filogenética y algo que comienza siendo no computable (por ejemplo decidir si sumar o restar en un problema) puede terminar computándose como algo algorítmico, es decir podemos llegar a decidir de forma algorítmica si debemos sumar o restar, multiplicar o dividir.

Dicho de otra forma: en la mente humana hay algo computable y que normalmente es inconsciente y algo no computable, no algorítmico que es nuestra mente consciente o Conciencia.

Penrose apela a la intuición, a la creatividad, la inspiración y a la comprensión como ejemplos conscientes de tareas no computables.

Y la mejor forma de saber qué es la inspiración es oyendo a los artistas que escribieron sobre sus propios procesos de inspiración, asi Mozart escribía:

Cuando estoy haciendo cualquier cosa mi mente se pone a vagar y me vienen ideas todas de golpe, unas frases se imponen en mi atención y antes de que termine de oirlas ya se como terminarán, una composición me viene de golpe, toda a una, lo que hago después cuando me siento a escribirla es simplemente faena de relleno. Cuando alguna de estas ideas me viene ya se si es buena o no, automáticamente me ocupo de deshechar aquellas ideas malas y de rescatar las buenas, pero lo más interesante no es cómo se diferenciar lo bueno de lo vulgar sino que con un trozo de la composición ya me da la pista de la composición entera.

De donde podemos observar que el inconsciente es el que provee de ideas a la conciencia pero que es la conciencia la que filtra los contenidos que le llegan del inconsciente. Que existe una especie de darwinismo de las ideas que pugnan por abrirse paso a través de esos dos mundos que separan consciente e inconsciente y que solo lo logran aquellas ideas que al ser revisadas por ese árbitro que llamamos conciencia logran abrirse camino a través de la mente. Ninguna máquina podria desplegar ese talento o captar esa totalidad que parece anidar en la parte.

Lo interesante de la formulación de Penrose es que su idea de la mente consciente como no computable choca con la idea comúnmente aceptada de que lo racional está sujeto a las leyes de la lógica. Penrose opina lo contrario, eso que llamamos pensamiento racional es precisamente lo menos racional de nuestras prestaciones cerebrales. Podemos construir máquinas que reproduzcan los PAFs cerebelares pero no podremos nunca construir máquinas con conciencia ni con esa prestación tan extraña que llamamos talento.

La conciencia humana está -segun Penrose- orientada hacia la Verdad y la Belleza y es precisamente ese trasiego de ideas que pugnan por emerger donde se dan cita esos dos mundos – el uno computable, el otro no computable- que al mezclarse dan como resultado una conciencia humana y esa sensación de dejà vu que es la creatividad, “si esto es”. “Y es esto porque es bello, es perfecto”.

O si se quiere decir de otra forma: hay un mundo real y un mundo platónico de las ideas a las que aspira la conciencia humana en expansión que se cruzan en un determinado punto de la conciencia y se transforma en ese lugar en una singularidad, en un fenómeno que no es apresable por las leyes de la fisica mecanicista.

Si los dos mundos son el mismo mundo es necesario decir que necesitamos de una teoria -aun no fomulada- que nos ayude a comprender como ambos mundos se entrelazan y se enredan.

Si algún día -según las hipótesis de la IA fuerte- fueramos capaces de construir una máquina con conciencia eso ya no seria una máquina sino un ser humano dotado de las mismos derechos que los humanos y por tanto su cualidad de robots subordinados podria ser puesta en cuestión.

Personalmente me siento mas cercano a la propuesta de Penrose que a las propuestas de la IA fuerte.

Definitivamente en lo humano hay algo no computable.

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Síntomas médicos inexplicables

Julio 19, 2009 at 9:05 pm (caos, cerebro, cibernetica, dolor, música, psicologia, psiquiatría) (, , , )

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Los que leyeron el post anterior ya saben qué es una metáfora y también que los conflictos psicológicos pueden expresarse en el cuerpo a través de metáforas, también puede suceder al revés: que un conflicto biológico se exprese psíquicamente. También existen metáforas sociales mediante las que los medios trasmiten información a la población, un ejemplo de esto es la metáfora militar frecuentemente utilizada para describir el cáncer y sus tratamientos, algo que ya fue señalado por Randolh Fillmore.

La poesía a través de la construcción y penetración de metáforas personales, la música como generadora-evocadora de estado emocionales no lingüisticos, el arte en general, la hipnosis y el trance así como los sueños son ejemplos cotidianos de nuestro trasiego con metáforas bienhechoras u hostiles.

En el post anterior hablé de la anorexia mental y de aquella curiosa superposición de síntomas biológicos -la inanición y la amenorrea- y psíquicos: la negativa a alimentarse y el horror a la obesidad.

También hablé de que que la inanición anoréxica era en realidad un subproducto del fitness, de la búsqueda de aptitud-atractivo y que aunque  existe una contradicción lógica entre aquella que quiere resultar atractiva y el resultado de la inanición, esta idea solo es contradictoria para una mente racional pero no para un cerebro anoréxico cuyo fitness biológico se enreda entre esa búsqueda de delgadez que le viene sugerida por el entorno social.

El cerebro elige -equivocadamente- la inanición como método de fitness aunque la inanición condene a la paciente a la esterilidad.

No sucede solamente con la anorexia sino con todos esos síntomas que han venido en llamarse “médicamente inexplicables” y que no son sino la versión moderna del viejo concepto briquetiano de la somatización.

Cómo se forma una somatización.-

Una somatización es el traslado de una estructura desde un lugar a otro, una especie de mudanza.

En este caso desde un lugar mental -intangible- hasta un lugar corporal.

El deseo de delgadez es una estructura con forma (morfogenética), algo con sentido cultural, un patrón de deseabilidad. Que puede estar o no estar entre los deseos conscientes de una joven, el caso es que está entre los deseos de una cultura lo que viene a señalar que los patrones morfogenéticos no poseen localidad: pueden residir entre el catálogo desiderativo de una muchacha pero basta con que se encuentren en la cultura a la que esa joven pertenece para que esta persona pueda somatizarlo, es decir lo traslade al cuerpo.

Lo mismo sucede con las amenazas que proceden del medio ambiente. No es necesario que una persona sea timorata o tenga un excesivo miedo al daño para desarrollar un trastorno por dolor inexplicable, basta con residir en un entorno que aborrezca del dolor, lo tema y propugne un estilo de vida hedonístico. Este tipo de entornos son tan necesarios para la emergencia del dolor inexplicable como los entornos opulentos para la aparición de los trastornos alimentarios.

El dolor sin causa médica es un “como si” nuestro organismo hubiera sido atacado por una enfermedad, algo que pone en marcha un programa de reparación atávico, la inmovilidad que llamamos “conducta de enfermedad”, un patrón de respuesta que ya fue descrito por el mismo Briquet, somatización y conducta de enfermedad suelen ir pues de la mano.

El cerebro humano se parece más a un ordenador cuántico que a un ordenador digital. No se limita a procesar eventos según la lógica binaria (1 o 0, aunque también sepa hacerlo) sino que opera según un modelo de procesamiento cuántico. Significa que sus quantums de información no se encuentran, como los bits digitales, bien en on o bien en off (en 0 o en 1) sino que en el caso del cerebro existe un estado entrelazado de forma coherente. Es decir está o puede estar en ambos estados a la vez, y además no puede saberse donde está en un momento determinado.

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Es por eso que en el cerebro no hablamos de bits sino de qubits, una especie de bits que viajan en quantums, en paquetes.

El qubit es la unidad mínima de información cuántica, un paquete de medidas por así decir trasladándolo a las operaciones cerebrales.

Para entender mejor este concepto cibernético-cuántico es mejor que usted visite este enlace. Aqui me voy a ocupar simplemente de aplicar estas explicaciones a la comprensión de la somatización como una forma de teleportación cuántica es decir de la manera en que una estructura se traslada de lugar sin perder información sobre sí misma.

Hylan ME es el autor responsable de una nueva teoría llamada “enmarañamiento cuántico” basada en la mecánica cuántica, la teoría del caos y la complejidad. En ella el organismo es considerado un sistema complejo con capacidad de autoorganización según patrones definidos genéticamente y cuyo sistema de retroalimentación procede precisamente del enmarañamiento cuántico (aqui está en inglés el articulo original de Hilland). O dicho de otra manera la realidad vendría a modular las producciones del cerebro añadiendo y superponiendo información que puede ser coherente con la del portador o incongruente.

Más que eso: no podemos predecir quién, ni cuanto ni como será victima de esa superposición. Algo que convierte el adverbio imposible en este otro: probable.

El grado de probabilidad es pues la operación matemática más importante que realiza estos quantums de información, nadie puede saber si penetrarán o no penetrarán en un organismo dado. Por ejemplo no sabemos el por qué las campañas sanitarias no logran disminuir algunas enfermedades ligadas a estilos de vida, por qué el miedo al cáncer no es capaz de disminuir el consumo de tabaco o el consumo de alcohol en relación con los accidentes de tráfico. Y por qué resulta tan fácil la penetración de otros quantums como el de la delgadez, el éxito social, la agresión contra mujeres o el uso recreativo de drogas.

La no linealidad es una asignatura que debería ser obligatoria para nuestras autoridades sanitarias y sólo la teoria del enmarañamiento cuántico podrá explicar algún día por qué las agresiones de género son mas frecuentes en aquellos paises con una educación más igualitaria (Finlandia por ejemplo), que parece desdecir la idea de que las agresiones contra la mujer son producto del “machismo” de una educación desigual.

Este modelo ha sido propuesto como el proceso capaz de explicar la relación entre las personas, la interacción terapéutica, el proceso de curación y la dinámica interactiva entre el cerebro y la mente en el sujeto individual.

Dicho de otra forma la teoría del enmarañamiento cuántico nos permitiria conocer por que unos médicos curan más que otros, por qué se curan los pacientes que se curan o por que no se curan aquellos que no lo hacen.

Aqui Hylland se hace esta misma pregunta.

La salud consistiría no solo en el buen funcionamiento automático de cada órgano sino el “para qué” de su función. La conciencia guiada por la intención representa la herramienta directa de interacción en el campo cuántico a través del cual podemos modificar la realidad, incluyendo la parte que entendemos como salud (Tomás Alvaro, 2009).

En este sentido la somatización seria la teleportación de un quantum -como mínimo- de información enmarañada y sin localidad que lograría penetrar en los individuos a través de sus creencias e instalarse en un determinado órgano o aparato  siguiendo las leyes metáforicas personales según que el individuo las haya ido construyendo a través de su biografía simbólica.

En este sentido lo que la somatización aportaría a la enfermedad puramente física sería precisamente que tiene sentido para el sujeto que la sufre. Algo que probablemente comparte con otras enfermedades físicas aunque por el momento no es conveniente que identifiquemos la somatización con el proceso de enfermar orgánico.

Lo que el individuo “respiraría” sería un conjunto inextricable de ruidos y señales procedentes del medio que llegarian a parasitar su cerebro en forma de certezas, convicciones, creencias o errores y distorsiones cognitivas a la que nuestro cerebro es tan aficionado para después pasar al polo físico, tanto más intensamente cuanto menos sea la capacidad del cerebro para desentrañar la madeja y devolver los detritus al exterior en forma de una conducta, cognición o pensamiento adaptado y eficaz. La enfermedad -la somatización- representaría pues el fracaso del cerebro a la hora de discriminar el ruido de la señal, la verdad de la mentira, lo irrelevante de lo fundamental.

El cerebro enfermaría así al cuerpo a costa de preservar una lucidez consensuada.

Y los médicos no encontraríamos nada averiado en una persona así a pesar de entender que está sufriendo, a veces ni siquiera vamos a encontrar este sufrimiento pues el paciente puede mostrar signos de una nueva vitalidad como siempre sucede en la anorexia mental y en todos aquellos estados donde no existe conciencia de enfermedad.

En realidad el constructo somatización, la etiqueta “sintomas médicos inexplicables” y la teorización que Smith realizo en 2002 acerca de las no enfermedades son el mismo concepto y se trata de efectos yatrogénicos de la medicalización y la psicologizacion de nuestra realidad cotidiana y de una búsqueda obstinada y determinista de causas lineales en el malestar humano, como también la imposición -por parte de los expertos- a la opinión publica de sus constructos teóricos.

Smith en su articulo llegó a listar unas 200 enfermedades inexplicables o que al menos no podian ser explicadas a través de las teorias vigentes y políticamente correctas. Un ejemplo de esta cuestión es la relativa a la jaqueca, cuyo origen vascular y genético junto con otros exóticos desencadenantes (viento, coito, alcohol, sol y chocolate)  preside aun hoy las teorías de los neurológos convencionales. En este post existe buen material para completar esta información, se trata del blog del neurólogo Arturo Goicoechea. que mantiene opiniones bien distintas a las oficiales sobre el asunto.

La primera hipótesis que se sostuvo sobre la somatización fue la del engaño deliberado, no es de extrañar que las primeras somatizadoras descritas fueran mujeres histéricas y encerradas en un asilo, un verdadero caldo de cultivo para el contagio de quantums de información sobre la enfermedad. Tardamos unos cien años en entender que la somatización no es sólo un fenomeno histérico sino universal y que descontando algunos casos de mala fe, de querulancia o de beneficio obvio, la somatización es verdadera -no fingida- aunque mantenga ciertas semejanzas con el simulacro puesto que es una simulación que realiza y ejecuta nuestro propio cerebro por sí mismo y no hay que olvidar que la función del cerebro es simular realidades intencionales.

Los síntomas médicos inexplicables son costosos para el sistema de salud e incómodos para los médicos que parecen manejarse mejor con los datos objetivos y con las pruebas que obtienen de sus analíticas y radiografías, lo que añade un elemento mas de perturbación: la incomodidad se convierte en irritación y más tarde en rechazo y sospecha generalizada de simulación.

Y otra vez volvemos al siglo XIX y a la convicción de que la histeria y fingir una enfermedad son la misma cosa.

Fue por eso que Slater, ponente de los DSMs americanos propuso la desaparición del término.

Y la histeria desapareció de los manuales, hoy ya no puede diagnosticarse: sus bienes se repartieron entre sus herederos y de sus restos sólo quedó una sospecha:

Que algunas personas fingen sus enfermedades o se las autoprovocan.

Y no es posible salir de ahí con los instrumentos cartesianos de causa-efecto que manejamos desde el siglo de las luces.

Los médicos debemos empezar a aprender física cuántica y a intentar aplicarla a nuestro quehacer.

La causalidad lineal no ha muerto pero deberá comenzar a convivir con la causalidad no lineal, se impone un cambio de mentalidad.

Un mensaje para los médicos del futuro:

La somatización es no sólo la teleportación de un nivel a otro (de arriba abajo) de un paquete de medidas de urgencia sino también la superposición cuántica de dos informaciones no coherentes entre si, como un acorde disonante.

Bibliografia:

La teleportación cuántica en Sherson SF et alt, Nature, 2006: “Quantum teleportation between light and matter”.

Las no enfermedades (2002) en Smith R. “In search of no disease” BMJ

Tomás Alvaro en “Krisis”, (varios autores), recopilado por Manuel Almendro. La llave. Vitoria 2009.

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La anorexia mental y sus metáforas

Julio 16, 2009 at 12:00 am (alimentación, biologia, cerebro, evolución, lenguaje, lingüistica, mente, psicoanalisis) (, , , , )

susan sontag

Una metáfora es una figura retórica, una figura lingüistica que transforma una expresión y le confiere un significado distinto al habitual.

Esa es la noción que tenemos hoy sobre esa palabra, pero es bueno recordar su origen:

  1. “Meta” es en griego un prefijo que indica “mas allá de”.
  2. Y Phoros (phorein) es en griego actual un verbo que significa trasladar , no es extraño que los camiones que se dedican a mudanzas en Grecia lleven en sus logotipos ese verbo.
  3. Pero en griego clásico phoros aludía a otro tipo de mudanzas: a las fases de la luna.

De manera que la palabra metáfora señala en la dirección de algún tipo de cambio, de un viraje de sentido, de una traslación, modificación o añadido de un significado nuevo. Una palabra adquiere a través de la metafora un sentido distinto al habitual.

El primero en caer en la cuenta de que una enfermedad mental podía ser la metáfora psíquica de un conflicto biológico fue Freud, si bien lo que el descubrió fue el proceso inverso: que un conflicto psicológico podía expresarse a nivel biológico, ser su metáfora. En sus estudios sobre la histeria Freud nos aporta decenas de ejemplos de como determinados dilemas acababan por expresarse a nivel físico.

Freud descubrió que los síntomas histéricos -expresados en el cuerpo- eran metáforas (aparecían en lugar de) un conflicto mental que se encontraba oculto. A este ocultamiento Freud le llamó represión y supuso que se trataba de un mecanismo inconsciente destinado a alejar de la conciencia algún contenido inmoral, algo intolerable. El tratamiento que propuso fue el de hacer consciente dicho conflicto, el resultado fue que levantando la represión, el conflicto podía hacerse consciente y era desde allí que se podía resolver confrontándolo con un terapeuta entrenado para esta cuestión.

Susan Sontag es una escritora norteamericana que escribió un libro de culto sobre este asunto: “La enfermedad y sus metáforas“. La tesis de su libro que fue escrito durante la epidemia de SIDA de los años 80 venía a señalar que el SIDA – como su antecesora la sífilis- no era sólo una enfermedad venérea: era sobre todo un estigma, algo que se vivencia como una lacra moral, algo que promueve actitudes de exclusión , sermones moralistas y discriminación, persecución y vigilancia epidemiológica.

Una enfermedad física puede contener pues metáforas psíquicas y hasta sociales promoviendo actitudes en el grupo social donde se expresa de rechazo y de exclusión: algo así sucedió y sucede con las enfermedades mentales y con la tuberculosis, la lepra o los embarazos en solteras, condiciones que había que ocultar, esconder y tutelar por los poderes públicos o sus remedos inquisitoriales: metáforas de la depravación, el vicio o la violencia.

De manera que un conflicto biológico puede tener sus correspondencias metafóricas en la mente y al contrario, un conflicto psicológico puede tener correspondencias biológicas.

Pero la cosa no es tan fácil porque en muchas ocasiones las somatizaciones físicas no están expresando un conflicto psicológico individual. Dicho de otra manera: no siempre una enfermedad física se corresponde con un conflicto psicológico consciente o inconsciente, no todas las somatizaciones son histéricas. Lo que es seguro es que cualquier conflicto tiende a ascender es decir a concienciarse y si no lo hace este conflicto está destinado a descender: a hacerse biológico, a expresarse en el polo físico.

Lo importante a retener en este momento es que entre un conflicto y su correspondencia biológica no existe una lógica lineal, no hay una correspondencia sencilla y en dos pasos, sino un tránsito, una traslación metafórica en varios pasos. Y que en numerosas ocasiones el conflicto sólo es vivido en términos de conflicto si operamos con la lógica individuo-organismo pero no en términos de conflicto psicológico individual.

No todos los conflictos son vividos en la mente, aunque todos son computados por el cerebro: casi siempre en forma de disfunciones evaluativas cerebrales: son ejemplos de estas disfunciónes evaluativas el dolor, el prurito,el pánico o la diarrea.

La mayor parte de los conflictos son afásicos y dejan por tanto de ser conflictos psicológicos individuales, se trata de disfunciones entre la mente y su cerebro a la hora de ponerse acuerdo sobre algo:un conflicto de intereses.

Una anoréxica puede tener los mismos conflictos psicológicos que usted o que yo, pero no es anoréxica por esos conflictos inespecíficos o por tener unos genes especiales. Si enferma de anorexia es porque existe un conflicto individuo-organismo. Un conflicto vivido por su cerebro y del que su mente no tiene más noticia salvo las conductas y cogniciones que pone a punto a fin de conseguir llevar su plan de inanición adelante.

Una anoréxica es una persona cuyo cerebro ha decidido no comer y encuentra en la mente anoréxica el aliado perfecto para llevar a cabo este plan.

“No puedo comer”, “Es demasiado”,”Son demasiadas calorías”, “Esto engorda demasiado”, son los pretextos que la mente inventa para obedecer los planes del cerebro junto con otras conductas que pone a punto para conseguir ese plan de adelgazamiento que el cerebro propuso: moverse mucho, hacer abdominales, ir al gimnasio, purgarse, etc.

En realidad la mente anoréxica actúa de forma sinérgica con los planes del cerebro anoréxico que fue el que tomó la decisión de ayunar.

¿Toma decisiones el cerebro por nosotros? y ¿puede tomar nuestro cerebro decisiones contra nuestra propia integridad física?

Para entender esta contradicción o antagonismo mente-cerebro (organismo-individuo) es necesario entender como opera nuestro cerebro a la hora de tomar decisiones.

Lo hace siguiendo los rastros de lo que ha venido en llamarse el principio del placer o en la más moderna concepción placer-recompensa y lo hace evaluando continuamente el medio ambiente privilegiando aquellas decisiones que concuerdan con el principio general para el que este sistema está diseñado: construir conductas complejas que tiendan a conseguir recompensas cerebrales. Una vez conseguida esta recompensa el cerebro se hace “adicto” a ellas.

El principio del placer es otra de las grandes conceptualizaciones freudianas que poco a poco fueron desplazadas por la más políticamente aceptable -por menos sexualizada- teoría del placer-recompensa. Según esta idea el cerebro perseguiría hedonísticamente todo aquello que le proporcionara placer y renegaría de todo aquello aversivo que le alejara del mismo. La idea conductista era que la conducta humana buscaba aproximarse a todo aquello placentero y alejarse de todo aquello doloroso o displacentero.

El problema de esta idea es que dejaba sin explicar el por qué los humanos nos hacíamos adictos a cosas que en principio resultaban aversivas: es bien sabido que todas las drogas de abuso son al principio desagradables, ¿recuerda su primer cigarrillo o su primera borrachera?

¿Como es posible que los humanos nos hagamos adictos a sustancias que en principio resultan desagradables? ¿Por qué insistir?

No lo entendimos hasta que los etólogos modificaron su vieja idea del instinto y la sustituyeron por la más moderna idea de fitness.

Fitness para un etólogo es algo más que el instinto bruto, es aquello que dota a un organismo vivo de competencia, aptitud o atractivo. Se supone que fitness está destinado a preservar -evolutivamente hablando- una mayor cuota reproductiva y una mejor preservación de la vida propia o de nuestros hijos, pero el concepto de fitness choca frontalmente con nuestro viejo concepto de instinto como algo fijo, inmóvil y perfecto que induce conductas destinadas a preservar nuestro genes o los de nuestros descendientes.

Si los seres humanos tuviéramos un instinto así, simplemente no seriamos capaces de aprender nada. La incompletud de nuestro instinto es el peaje que pagamos por ser tan listos.

Lo que nos hace tan inteligentes en relación con los animales es que nuestro sistema de placer-recompensa cerebral está abierto a aprendizajes nuevos que incluyen conductas autodestructivas, adictivas o francamente desfavorables para nuestra integridad. Gran parte de las decisiones que toma nuestro cerebro son riesgosas para nuestra salud o exageradamente timoratas, es difícil que nuestro cerebro sea tan sensato como lo es nuestra mente que participa de alguna manera de la racionalidad que le presta su corteza cerebral.

A. Zahavi es un conocido etólogo hebreo que escribió en 1975 un articulo muy celebrado acerca del por qué los pavos desarrollaban plumajes tan ostentosos y cada vez mas largos hasta el punto de que les resultaba imposible remontar el vuelo. Concluyó que el plumaje de los pavos reales había evolucionado con el gusto de las pavas y que en cualquier caso estas  elegían a aquel pavo que tenia las plumas más bonitas con independencia de que fuera incapaz de volar o saltar. Zahavi  en su artículo describe por primera vez en esos animales una curiosa forma de selección sexual donde las hembras parecen preferir a las parejas más inadaptadas;  se preguntaba en su articulo si en los seres humanos no habría también un modelo de elección parecido, es decir si las hembras no elegirían a sus parejas basándose en criterios de inadaptación o de hándicap.

Dicho de otra forma el fitness puede ser contradictorio con nuestra idea de adaptación. Es lo que nos hace o nos hace sentir más atractivos con independencia de que sea poco saludable o mortal de necesidad, el fitness es lo que aumenta nuestra percepcion de atractivo aunque nos lleve a la tumba.

Nuestro cerebro toma decisiones basadas en el fitness y no en el sentido común, una persona puede elegir (decidir) ser escuálida precisamente porque la delgadez es compatible con su idea de atractivo.

Una anoréxica seria pues aquella persona cuyo cerebro ha decidido optar por la delgadez puesto que la inanición aumenta su percepción de atractivo y de eficacia, es decir aumenta su fitness. Usualmente la mente de estas personas colabora activamente con esta decisión pero podemos encontrarnos casos donde la mente no conoce esa decisión de su organismo y se encuentra con una delgadez inexplicable tal y como describí en el post anterior.

Pero aun existe otro enigma que elucidar, ¿por qué el cerebro anoréxico no aprende de las conductas que induce y les pone fin?

Para entender esta obstinación de nuestro cerebro hay que invocar otra idea freudiana: la compulsión repetitiva. Nuestro cerebro, más concretamente la via dopaminégica -sustrato de la motivación- está diseñada para que se adhiera a las decisiones cerebrales para que se haga adicta, por así decir a lo que encontró como placentero. Una vez que el cerebro tomó la decisión de que la delgadez aumenta el fitness, se dedicará toda su vida a colmar esta apetencia. Nos hacemos adictos a algo porque nuestro cerebro está diseñado para adherirse a las decisiones que son compatibles con nuestro sistema placer-recompensa.

La anorexia mental es pues la metáfora biológica extrema de una decisión cerebral de ser atractiva, bella, competente y eficaz.

Se trata, efectivamente, de una metáfora que se inscribe en el cuerpo y que significa dos cosas:

  • Una detención o enquistamiento del desarrollo y que representa un plan de ahorro del organismo frente a la caquexia: el organismo responde como si el individuo estuviera atravesando una hambruna. El parón metabolico incluye la incapacidad del organismo para restituir el peso anterior.
  • Una rebeldía que es explicitada a través de una conducta impositiva, obstinada y repetitiva que señala hacia la adicción con lo que esta conducta tiene de coacción y de desafío.

Estas metáforas psicobiológicas impulsarán nuestros esfuerzos terapéuticos pero será en el próximo post donde abordaré las contraestrategias que guían nuestros tratamientos, tan próximas a como la naturaleza hace para resolver conflictos biológicos.

Bibliografía:

Zahavi, A. (1975) Mate selection – a selection for a handicap. Journal of Theoretical Biology. 53: 205-214.

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Anorexia sin anorexia

Julio 10, 2009 at 7:01 pm (alimentación, belleza, ciencia, drogas, politica, psicologia, publicidad, sociedad) (, , , , )

Es verdad que las palabras que sirven para nombrar a las cosas contienen no pocos equívocos. Uno de estas palabras equívocas es la palabra “anorexia” que significa pérdida de apetito en su etimología griega.

El asunto es que esta palabra no sirve sólo para designar la perdida de apetito en sí sino que es el nombre que le damos a una enfermedad descrita por Gull en Inglaterra y por Lasègue en Francia casi simultáneamente en el siglo XIX, aunque ya se conocía desde la antigüedad y se creía que era una especie de tisis nerviosa o una especie de melancolía erótica.

La palabra en cuestión ha pasado a formar parte de léxico vulgar y hoy todo el mundo ha oído hablar de ella y sabe -o cree saber- qué es una anoréxica, hasta ha pasado a formar parte del catálogo vulgar de insultos o descalificaciones, “esa es una anoréxica”, suele decirse a quien está más delgada de lo que cabría esperar.

Es una desgracia que ese nombre o más bien etiqueta se haya difundido de esa manera porque ha terminado despojando a la enfermedad en sí de su dramatismo inicial y la ha equiparado con la palabra “histérica” o “loca”, vocablos que han ido perdiendo su contenido médico para convertirse en su vulgarización más abyecta.

Además se trata de una etiqueta falsa: porque no es verdad que todas las anoréxicas hayan perdido el apetito. O dicho de otra forma: lo que caracteriza esta enfermedad no es la pérdida de apetito sino el deseo de mantenerse delgada.

Es por eso que oficialmente es necesario para poder llevar a cabo este diagnóstico que se cumplan estos criterios DSM-IV.

A. Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal considerando la edad y la talla (p. ej., pérdida de peso que da lugar a un peso inferior al 85 % del esperable, o fracaso en conseguir el aumento de peso normal durante el período de crecimiento, dando como resultado un peso corporal inferior al 85 % del peso esperable).

B. Miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obeso, incluso estando por debajo del peso normal.

C. Alteración de la percepción del peso o la silueta corporales, exageración de su importancia en la autoevaluación o negación del peligro que comporta el bajo peso corporal.

D. En las mujeres pospuberales, presencia de amenorrea; por ejemplo, ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos. (Se considera que una mujer presenta amenorrea cuando sus menstruaciones aparecen únicamente con tratamientos hormonales, p. ej., con la administración de estrógenos.)

Como puede observarse a través de estos criterios no aparece en ningún momento la palabra “falta de apetito” pues efectivamente la anorexia mental no contiene este síntoma o al menos no en primer plano.

Lo característico de esta enfermedad es la negativa a alcanzar el peso que le correspondería por talla y edad a su portadora. En este caso encontramos además, cogniciones anoréxicas, es decir una pulsión mórbida hacia la delgadez, un deseo de mantenerse en la delgadez que se objetiva en el rechazo hacia la comida.

Lo curioso es que en muchas ocasiones tampoco vamos a encontrarnos con este tipo de cogniciones. Existen enfermas que ni pierden el apetito ni tienen deseo o pulsión de delgadez ni rechazan la comida. Incluso existen casos que se han atribuido a infecciones estreptocócicas crónicas como ya describí en este post. Señalaré ahora que esta etiología no está demostrada aunque si es cierto que existen algunos casos de anorexia sin el deseo de estar delgada y que comienzan aparatosamente tras una infección banal de faringe o amígdalas. Se les conoce con el nombre de PANDAS.

Si volvemos a leer los criterios diagnósticos de la anorexia mental veremos que en el criterio A, se establecen dos condiciones, la primera es el rechazo a conseguir un determinado peso pero también existe una segunda condición:

El fracaso en conseguir el aumento de peso normal durante el período de crecimiento.

Una condición que es a menudo olvidada por los clínicos y que añade un nuevo misterio a esta curiosa enfermedad.

¿Como es posible que la niña no engorde si come lo suficiente y no pretende estar delgada?

Muchas niñas al borde de la pubertad desarrollan esta atipicidad: desarrollan una anorexia sin anorexia y además sin cogniciones “ad hoc“, exploradas no presentan tampoco pulsión hacia la delgadez y sin embargo son incapaces de llegar a su peso premórbido una vez que han perdido (por la causa que sea) cierta cantidad -significativa- de peso. Y además comen y se esfuerzan en comer.

¿Cómo explicar este misterio?

Es una lástima que la psiquiatría no beba en las fuentes de la neurociencia en lugar de buscar genes que expliquen lo inexplicable. Lo cierto es que este misterio sólo puede ser entendido en términos de un conflicto organismo-individuo, es decir en términos de la lógica evaluativa cerebral y no en términos conductuales, psicológicos o nutricionales.

Lo que sucede en este tipo de pacientes es algo como lo que sigue:

  • Un muchacha frecuentemente en torno a los 14-15 años pierde bruscamente peso bien por una enfermedad física o bien por una restricción dietética (viajes, campamentos, cambios de hábitos alimentarios,  exceso de ejercicio, etc) y entran en amenorrea.
  • Se trata usualmente de muchachas inteligentes, perfeccionistas, y con un cerebro muy matemático, competentes y responsables.
  • Después de un cierto tiempo estas muchachas -que siguen comiendo la dieta a la que anteriormente estaban acostumbradas- notan que siguen perdiendo peso o no recuperan lo que perdieron de forma brusca.
  • Después del consabido periplo por médicos, endocrinos, acupuntores, homeópatas, pediatras y neurólogos terminan consultando con una unidad especializada en trastornos alimentarios con la sospecha generalizada de que se trata de una paciente anoréxica que trata de engañarnos a todos. Dicho de otra manera: existe ya desde este momento una sospecha generalizada se engaño.

Las pacientes aceptan de mala gana el tratamiento en nuestra Unidad porque no se consideran a sí mismas anoréxicas, pero quieren demostrar a todos que comen bien y lo suficiente. Existe en ellas un rechazo de la etiqueta “anoréxica” ¿Pero lo son?

Para contestar a este pregunta tendremos que cambiar de paradigma y repensar el por qué las personas dejan de comer voluntariamente o se someten a drásticas dietas con tal de adelgazar. ¿Es esto lo que hacen las anoréxicas?

Claro que no, eso es lo que hacen las personas normales que se someten a una dieta con el fin de adelgazar pero las anoréxicas hacen algo más que eso: lo que hacen es situar y mantener su peso por debajo del rango de lo saludable restringiendo su dieta y verbalizando su temor consciente hacia la obesidad. Estas personas tienen un horror hacia la gordura que creen que es lo que les sucedería si comieran la cantidad de calorías que les corresponde por edad y talla. Dicho de otra manera, una anoréxica es aquella persona que voluntariamente y conscientemente ubica su peso por debajo de su indice de masa corporal (normal desde 18 hasta 24) y encuentra en ese estado un beneficio psicológico que aunque la convierte en una adicta al hambre la impulsa a seguir ayunando.

Lo que significa que el ayuno, en sí mismo contiene las claves de esta enfermedad: el ayuno es adictivo (como la comida) y opera recompensado al cerebro del mismo modo que lo hacen los drogadictos con sus tóxicos, los corredores de fondo con sus carreras o los rencorosos con su rencor. La falta de comida actúa promoviendo placer a nivel cerebral y es por esta razón que la conducta restrictiva es tan difícil de extinguir. ¿Quién puede renunciar a un goce que ya ha gozado?

Pero también son anoréxicas aquellas muchas que se instalaron en ese bajo peso sin la concurrencia de deseos conscientes de adelgazar y que no consiguen alcanzar de ninguna manera el peso ideal.

Y es verdad que no mienten, que no vomitan o se purgan, lo que no es verdad es que coman lo suficiente para la actividad que desarrollan que básicamente es desde el punto de vista médico: el proceso de crecimiento, uno de los procesos que mas energía consume de todos los procesos vitales.

Una de las características de la alimentación y del peso normales es que no son magnitudes fijas sino oscilantes y no precisan ningún sesgo atencional, son cosas que suceden y que no deben en ningún caso secuestrar la atención: las funciones biológicas se alteran si pensamos demasiado en ellas. Mi peso oscila en un kilo o dos dependiendo de si me muevo mucho, si trabajo demasiado, si estoy sometido a estrés o a exigencias ambientales y por supuesto depende de la dieta y de la defecación. Lo que caracteriza el peso normal es precisamente esa fluctuación, una persona que todos los días pesara lo mismo es muy probable que sea una adicta al ayuno o a la restricción.

¿Pero cómo hacen estas personas para mantener ese infrapeso sin que se les note en absoluto?

La primera razón es que existe en esas familias una disfuncion evaluativa global acerca de las ingestas.  Siempre me ha sorprendido que los padres de estas muchachas aseguren que las niñas comen bien, lo suficiente, variado y completo que una dieta precisa para ser considerada como adecuada. Una información que contrasta con el hecho de que en el hospital de día (a pesar de hacer alli solo una comida) estas niñas ganen peso.

¿Cómo es posible que en una alimentación tutelada por enfermeras ganen peso y en casa -tuteladas por sus padres- lo pierdan?

Se trata de familias donde la alimentación adquiere una relevancia especial (saliencia) y ocupa el centro de los intercambios entre sus miembros. Existe una atmósfera de preocupación por la dieta a veces en forma de ortorexia, una forma de ortodoxia alimentaria llena de tabúes destinados a promover “actitudes saludables” con respecto a los alimentos que adquieren de esta forma una relevancia casi mística sostenida por creencias y temores irracionales sobre ellos.

No quiero decir con eso que este tipo de familias tengan el propósito de engañarnos como tampoco creo que este tipo de muchachas pretendan hacerlo al menos al prinicipio. Creo sinceramente que hay en ellos un autoengaño mutuo pues todos los miembros de esa familia participan de errores y distorsiones cognitivas respecto a la alimentación: simplemente dan por suficiente una dieta que es francamente insuficiente para ese momento.

Pero la dieta no es el único parámetro a tener en cuenta: existen otros dos que son muy importantes, uno es la actividad psicofísica y otro es la defecación. Estas niñas y sus familias ya he nombrado más arriba que suelen ser perfeccionistas: personas que se están evaluando constantemente persiguiendo desafíos, poseen un cerebro que se emplea a fondo en contajes y balances entre anabolismo y catabolismo, más que un  cerebro poseen un sistema de contabilidad y han aprendido a encontrar un equilibrio entre lo que entra y lo que sale del cuerpo de tal forma que se convierten en dietistas profesionales y aunque aseguren comer bien y suficiente se autoengañan no porque sean mentirosos o fraudulentos sino por que su cerebro les induce al engaño, y no es para menos porque la restricción alimentaria (el ayuno y la consecuente delgadez) provocan placer: una jubilosa sensación de control, dominio, y eficacia.

Son simplemente perfectos y es por eso que no aceptan la etiqueta diagnóstica de anorexia mental, puesto que las enfermedades mentales arrastran tras de sí un estigma, y un estigma es algo que se vive como un defecto moral a diferencia de las enfermedades somáticas que pueden vivirse de muchos modos pero nunca como defectos propios.

Es por eso que las pacientes afectas de estos tipos de anorexia y sus familias niegan la enfermedad y de alguna forma buscan activamente otra etiqueta, a veces saboteando el tratamiento o consultando a otros especialistas, cualquier cosa que les brinde la posibilidad de eludir esa durísima carga que es la enfermedad mental.

Lo cual complica mucho el problema, porque esta forma de negar el problema aceptando los diagnósticos correctos consiguen dilatar el periodo precontemplativo es decir el periodo donde la paciente aun no sabe que está enferma y siente que está siendo sometida a prueba. Su escasísima conciencia de enfermedad hace todavía más complicado el aceptar cualquier tratamiento, cualquier restricción o cualquier norma tendente a detener la espiral de perdida de peso, no tanto por la disciplina en sí (que aceptan de buena gana) sino por el estigma vinculado a la enfermedad.

¿No seria mejor entonces cambiar el diagnóstico?

Cambiar el diagnóstico podría tener un efecto placebo intenso siempre que pudiéramos manejar el caso de forma ambulatoria pero en la mayor parte de los casos con pérdidas de peso importantes es necesario hospitalizar a la paciente bien en régimen de día o completo y este ingreso confronta a las pacientes con el miedo a quedar estigmatizadas por su convivencia con otras pacientes similares que en cualquier caso “no son como yo”.

Hay que optar por la hospitalización cuando es necesaria y no podamos controlar el peso de forma ambulatoria y el ingreso aunque es vivido siempre con rechazo tiene una ventaja sobreañadida: permite la convivencia con personas que tienen mi misma enfermedad aunque no tengan mi mismo problema.

La hospitalización permite pasar de la fase precontemplativa a la fase contemplativa, la paciente ya sabe que está enferma. A partir de este momento es posible comenzar a cooperar.

Efectivamente es posible tener una anorexia sin anorexia ni cogniciones anoréxicas. La variable critica de esta enfermedad no son los pensamientos o deseos de estar delgada o el miedo a la obesidad o el trastorno del esquema corporal sino la adicción cerebral al ayuno que en algunos casos puede alternar por la más comprensible (e ineficaz) adicción a la comida.

Y esta adicción merece alguna explicación porque nuestra tendencia es  imaginar que nos hacemos adictos a cosas directamente relacionadas con la recompensa cerebral, con el placer directo o hedonístico. En realidad esta idea es bastante anticuada: nos podemos hacer adictos  a cualquier cosa porque nuestro cerebro, más concretamente la via dopaminérgica mesolímbica esta a medio hacer y es por eso que decimos que el cerebro es un adicto a la información. Significa que un estimulo incluso aversivo puede llegar a ser adictivo si se le da la suficiente importancia, todo parece indicar que no es la cualidad hedónica en sí misma la que confiere esta potencialidad de resultar adictivo a algo, sino que el sistema dopaminérgico tiene la capacidad de prepararnos para la búsqueda de ese algo que pueda resultarnos apetitivo. Es decir, la dopamina es ese sistema contable de nuestro cerebro que nos permite conceder prioridad a un estimulo y no a otro, este concepto -que debemos a Robinson y Berridge- fue denominado por ellos “saliency” difícilmente traducible al español pero calcado de nuestra idea de relevancia y explica el por qué algunos incentivos (estímulos) son más apetecibles que otros aun siendo tóxicos o poco recomendables. El cerebro aplica la lógica del organismo y le hace creer al individuo que la conducta adictiva es adaptativa.

Y es evidente que en estas muchachas y también a veces en sus familias existen tres elementos que contienen una saliencia alta.

Son estos tres:

  • El atractivo.
  • La alimentación.
  • Los rendimientos.

Una niña con una saliencia así de enfermar lo hará con una enfermedad alimentaria.

Que existan o no cogniciones anoréxicas es otro tema interesante. ¿Puede existir una anorexia sin deseos de delgadez?

Pues claro que si, la delgadez es un incentivo alto que atrapa la voluntad de muchos cerebros adolescentes y promueve en ellos saliencias en busca de mas delgadez. Que no existan cogniciones anoréxicas o deseo de delgadez visibles no significa que no exista un deseo de delgadez oculto o sin verbalizar. Se trata -en cualquier caso- de una expectativa social, es el contexto, el entorno el que privilegia la delgadez y lo lógico es que las personas responsables se adecuen a esta expectativa social como también hacen con los rendimientos escolares. Simplemente hacen lo que se espera de ellas y lo que se espera de ellas es como dice el proverbio:

“Que ninguna mujer es nunca lo suficientemente joven o delgada”.

Con independencia de si pretenden o no llegar hasta las últimas consecuencias en esa búsqueda.

La mayor parte de mujeres inteligentes y afectas de una anorexia nerviosa no vomitan ni delatan su condición en público, son discretas, la mayor parte de ellas son capaces de aprender a alimentarse de tal modo que eluden el estigma psiquiátrico durante buena parte de su vida y logran despistar a familiares y médicos haciéndoles creer que comen pero son incapaces de engordar ni un solo gramo. Lo curioso es que algunos profesionales las creen y cuando se cruza la frontera de la mayoría de edad este problema se hace ya intratable.

En conclusión:

Que existan o no deseos conscientes de adelgazar es irrelevante. Lo importante es la adicción que genera el ayuno en sí mismo y la saliencia que el estimulo “delgadez” consigue en nuestra conducta consciente o inconsciente.

Toscani_anorexia_01

Es por eso que frecuentemente la publicidad de las enfermedades consigue fines opuestos a los que pretende, en esta fotografía que el gobierno italiano propuso para lanzar una campaña contra la anorexia y que realizó el polémico Toscani se encuentra condensado todo el horror de la enfermedad pero paradójicamente esta repugnancia estética solo afecta a aquellos que no tienen la enfermedad y no resulta disuasoria para el grupo de mayor riesgo. Los que son susceptibles a ella (aquellos con saliencias relacionadas con el aspecto fisico) no pueden sino sentirse atraidos por esa imagen de inanición. La publicidad sanitaria contiene no pocas veces esta contradicción y sin pretenderlo acaba por difundir aun más la mitologia de la enfermedad y sus incentivos engañosos.

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¿Sobredosis de belleza?

Julio 6, 2009 at 9:04 pm (arte, belleza, cerebro, espiritualidad, literatura, mitologia, narrativa, paranoia, psicosis) (, , , , )

medusa

Caravaggio pintó este cuadro que se exhibe en la galeria Uffizi en Florencia.

Representa a la Medusa, un personaje mítico que tenia serpientes en lugar de cabellos y que se conoce con ser una de las primeras personificaciones de la belleza atroz, de lo que los franceses llaman ” la femme fatalle” y más castizamente conocemos como la “perdición de los hombres”. Es verdad que algunos hombres se sienten seducidos por este tipo de belleza femenina que tiende a devorarles.

Pero que no se asusten las feministas porque aunque no existe un mito similar lo cierto es que algunas mujeres también parecen mostrarse seducidas por los hombres malos, de manera que hay un equilibrio en esa tendencia a dejarse seducir por aquello inconveniente.

El caso es que la Medusa era un híbrido entre una mujer y un monstruo y cuya habilidad principal consistía en petrificar a los hombres que la miraban. Y así fue hasta que Teseo la mata -cortándole la cabeza- precisamente eludiendo su poder: un poder que al parecer radicaba en su mirada. Para enfrentarse a la Medusa es pues necesario no mirarla a los ojos.

Hace poco un amigo mio veterinario que vive en el campo dedicado a la cría de perros me invitó a comer en su casa y me presentó a la jauría. Al llegar a Tom me dijo, “ese perro está loco, no le mires nunca a los ojos”.

Yo le pregunté el por qué y me dijo que habia sido maltratado en su infancia y aunque lo había recogido de la calle y lo había críado me indicó que nunca debía mirarlo a los ojos, había que evitarlo con la mirada y sobre todo no acercarse nunca a él de frente. Para acercarse a él había que ir en diagonal: de lo contrario lo entendía como un desafío, como una provocación y entonces podía atacar. Dado su raza (era un mastín), su tamaño y su querencia me mantuve lejos de él en todo momento.

Tom era un perro paranoico debido a sus antecedentes.

Los perros pueden volverse locos por dos razones: por haber sido maltratados en su infancia o por tener dificultades en saber quien manda. Ambas situaciones desembocan en un dilema: los perros no saben reconocer al macho alfa de su manada (que proyectan en su amo) y tienden a confundirse. A esta confusión le llamamos los humanos locura, una locura que puede objetivarse porque en los perros ocurren conductas difícilmente explicables, se ponen a morder a los niños, atacan a sus amos o comienzan a hacer rituales incomprensibles como morderse la cola o ladrar continuamente.

Lo que importa retener ahora es que en la mirada hay algo más que lo que se ve. Desde el punto de vista semántico “mirarse” evoca otras agencias psíquicas como sucede en el perro del ejemplo: para él mirarse mutuamente evoca programas de rivalidad y de lucha.

Algo así sucede en la mirada entre los humanos: si volvemos ahora al mito de la Medusa podremos entrever que su mirada capturaba al que la miraba, algo parecido a la fagocitosis del otro , algo que a escala humana conocemos con el nombre de seducción que es la parte admisible de la destrucción.

La seducción es una conducta que consiste en atraer al otro, bien para poseerlo o bien para devorarlo. Lo interesante es recordar que los humanos podemos funcionar bien como sujetos o bien como objetos. El sujeto es el activo, aquel que mira, mientras que el objeto es el pasivo, aquel que es mirado. Lo curioso de esta función de teatro en los humanos es que no sólo seduce el que mira sino que el que es mirado está también seduciendo de forma oculta (inversa o especular) al que mira. Se trata del conocido teatro de la predación donde un depredador persigue a su presa que a su vez huye delatando asi su condición de presa comestible, el encuentro entre ambos finaliza con la muerte de la presa si es alcanzada.

El acto finaliza con la presa entre las fauces del predador, entre ambos se ha establecido un juego de seducción-destrucción, donde cada cual ha sido impulsado por su instinto para hacer precisamente aquello que se espera de él. Es por eso que una forma de despistar al predador es hacerse el muerto o quedarse inmóvil, algunos animales recurren a este truco cuando pretenden (y no ven más salida) marear a su perseguidor, a veces da resultado hacerse el muerto, es decir la congelación de la victima es una estrategia común entre los animales.

La congelación (freezing) es también una estrategia conocida en los humanos, el estupor, el desvanecimiento y la convulsión critica son los representantes humanos de esta estrategia de congelación secundaria a un horror extremo donde la huida es imposible. Naturalmente la congelación y la petríficación de la que nos habla el mito de la Medusa son el mismo fenómeno.

A veces sucede que ese juego de predación que hemos llamado seducción no sucede entre dos personas sino entre una persona y una imagen o entre una persona y una cosa, pensamiento, idea o recuerdo. A este fenómeno se le conoce como captura icónica, es decir se trata del mismo fenómeno de fascinación entre objeto (que es mirado) y sujeto que mira y  de cuya dialéctica se alimenta toda seducción entre humanos.

david

El sindrome de Stendhal es un cuadro psicosomático descrito por la doctora, Graziela Magherini una psiquiatra florentina que lo encontró en pacientes que llegaban a Florencia de visita cultural y a los que sobrevenía una especie de ataque durante la contemplación de determinadas obras. En un principio se atribuyó a la insoportable cantidad de belleza que existe en esa ciudad concentrada en pocos metros y esta es la versión que ha pasado a formar parte de la jerga popular. Se le llamó síndrome de Stendhal en honor a  Henry Beyle, escrito francés que describió en si mismo el síndrome que hoy lleva su nombre.

Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme“.

Destaca la descripción que hace el propio Stendhal de su experiencia para compararla con los fenómenos que la doctora Magherini ha descrito en su libro. Clínicamente el cuadro se caracteriza por:

  • Taquicardias.
  • Mareos y desvanecimientos.
  • Sensación de falta de aire.
  • Fenómenos disociativos como “sensación de levitar”.

Más raramente se han descrito:

  • Impulsos destructivos dirigidos a las obras contempladas. Miedo a perder el control y dañarlas.
  • Desorganizaciones psicóticas y alucinaciones.
  • Estados de disociación duraderos y persistentes como “perderse en un jardín y no recordar qué se está haciendo allí; amnesias psicógenas relacionadas.

Como puede observarse el síndrome de Stendhal es una experiencia desagradable que parece estar emparentada con el trastorno de pánico o con ciertos fenómenos disociativos en sus versiones más mitigadas, el parecido con la experiencia de Stendhal es lejano, en el sentido de que parece que lo que cuenta el poeta es más bien un arrebato artístico o una licencia literaria bastante normal en una persona de su formación: hay que recordar que Stendhal era un ilustrado y un gran experto en arte además de escritor.

Sin embargo, los síntomas que presentan los pacientes de la doctora Maguerini son experiencias psicosomáticas desagradables, egodistónicas más cercanas al ataque de pánico o a la conversión-disociación histérica que a un fenómeno espiritual. Incluso demográficamente son estas personas  distintas a la circunstancias de Stendhal.

  • Se trata de una mayoría de mujeres viajando solas.
  • Que desconocen el idioma.
  • Que no son especialistas en arte pero que saben que se encuentran frente a obras maestras de la conciencia humana en materia artística, es decir son sabedoras de su valor.
  • Las personas afectadas tienen noticia de estas obras de una manera u otra.
  • El cuadro clínico no parece afectar a italianos ni mucho menos a florentinos.

Más arriba mencioné el fenómeno descrito por Rocco Mangieri y que denominó captura icónica que él identifica con el concepto de trauma psíquico aunque le reconoce menor identidad clínica, en realidad puede ser considerado de este modo pues se trata de un encuentro con algo que no puede simbolizarse, un cara a cara con el significante que para mi está mas cerca de la depredación que del éxtasis ante la belleza .

Me referí a él para dar a entender al lector de que la mirada mutua entre dos personas estaba relacionada con fenómenos de fascinación muy parecidos a la hipnosis aunque a veces estos fenómenos son espontáneos. Lo curioso es que este mismo fenómeno puede darse entre una persona y una imagen, en este caso un cuadro.

¿Quien mira a quien en un cuadro que nos mira?

gioconda

Un cuadro como este es a la vez objeto (es mirado) y sujeto, depredador y presa, parece que nos observa y parece querer capturarnos hacia el interior. Y nos divide entre sujetos y objetos, nos seduce a la vez que somos incapaces de apartar la mirada de él.

No es de extrañar puesto que un cuadro tiene que mirarse necesariamente, ha de contemplarse, no puede oírse u olerse. Mirar un cuadro nos introduce en el campo del significante ver-ser visto, es decir nos hace descender al terreno de lo pulsional de una forma mas cercana que la música por ejemplo demasiado abstracta en cualquier caso para rozar ni de cerca la pulsión escópica. La música mas descriptiva es incapaz de llevarnos a ese teatro de la depredación que se juega en el terreno de la mirada.

Dicen los expertos que hasta Velazquez los pintores no descubrieron la forma de meter al espectador dentro del cuadro. Mi opinión es que con independencia de la técnica de Velazquez en las Meninas donde quizá el pintor es capaz de atrapar el instante previo a la pintura propiamente dicha, lo cierto es que este fenómeno de captura icónica de traslación del observador al espacio interior del cuadro que parece deglutir todo aquello que le observa es un fenómeno bastante antiguo si bien no en la intención del artista si en la sensación del observador.

Como ejemplos de esta sensación de atrapamiento pongo estos ejemplos citados por el propio Mangieri ( y cuyo articulo reseño al final).

narciso

Este Narciso de Caravaggio no nos mira pero probablemente representa la mirada recursiva en si misma, una autocontemplación que termina con el espectador ahogado.

Algo parecido sucede en este cuadro -también expuesto de la Galleria Uffizi y que se atribuye a Brueghel. “La caida de Icaro” parece arrastrar al espectador en la misma caída que acontece en el caso del Icaro mitológico al que solo podemos ver las piernas mientras se ahoga en el mar.

icaro

Otra escena de mar y de caída, en este caso emergencia de las aguas de uno de los cuadros mas famosos de la galeria Uffizi, “El nacimiento de Venus” de Boticelli. Es necesario señalar ahora que estas obras que termino de citar han provocado sindromes de Stendhal en la muestra de la doctora Maguerini.

Nacimiento de Venus

Ahora que ya sabemos qué es el el síndrome de Stendhal y también conocemos algunos elementos del teatro de la predación, estamos en condiciones de responder a la pregunta que preside este post acerca de si el síndrome que presentan determinados viajeros es a causa de una sobredosis indigerible de belleza tal y como sostienen algunos o si es un fenómeno comprensible desde el punto de vista de la neurociencia. Las conclusiones serán en el proximo post.

Pero le adelantaré algo: si a usted le incomoda que le miren tiene muchas probabilidades de sufrir un síndrome de Stendhal cuando se encuentre con la experiencia de no poder dejar de mirar algo.

Bibliografia:

PARÁLISIS, TRAUMA Y CRISIS EN LA EXPERIENCIA ESTÉTICA: EL
SINDROME DE STENDHAL
Rocco Mangieri
(FELS-IASS. Laboratorio de Semiótica de las Artes. Facultad de Artes.
Universidad de Los Andes)

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Cerebro y belleza (II)

Julio 1, 2009 at 12:34 pm (alimentación, antropologia, arte, belleza, biologia, ciencia, matematicas, psicologia) (, , , )

Los matemáticos son como los franceses, cuando discutes con ellos traducen el problema a su propio idioma y lo hacen así irreconocible e irresoluble.

W. Goethe.

actividad_belleza_canonica

Aquellos de ustedes que leyeron el post anterior habrán quedado con muchas dudas y con algunas incógnitas colgando de su curiosidad.

Yo mismo soy uno de ustedes, comparto gran parte de su fascinación  y de sus dudas.

La primera cuestión que me estimula la curiosidad hablando del numero phi, es ésta:

¿Si un número no mide nada para qué sirve?

¿Qué significa en términos comprensibles eso de que un número es inconmensurable?

Es evidente que los números surgieron de la necesidad de contar y es también evidente que este sistema contable implicó primero a una unidad ( el uno) y después el dos (el otro), hay evidencias de que el tres y “otros muchos” fueron sinónimos durante amplios periodos de tiempo.

También sabemos que los animales saben contar si bien es cierto que sólo hasta cuatro -los más espabilados- y que se arman un verdadero lío cuando tienen que meter el cinco. Nuestro humano cerebro tiene bastantes más prestaciones a la hora de contar pero a pesar de que tenemos nombres para una inmensa cantidad de números no crean que tenemos muchas más habilidades para mantener mas de 6 dígitos en la cabeza simultáneamente: parece que el rango límite para oir las voces de una fuga está en nueve y por esta razón Bach escribió una sola fuga para nueve voces, siendo las más conocidas aquellas que tratan con 5 o 6 voces (las mas elaboradas y complejas), al parecer las personas comunes pueden procesar 5 o 6 elementos por vez y sólo algunas personas especiales pueden percibir las nueve voces de la fuga de Bach. El resto somos medianías.

Es cierto es que hay números que no miden nada como resulta con los números irracionales (como el phi) o los números imaginarios que no son de hecho inconmensurables sino sólo imposibles.

La pregunta entonces es ésta ¿si no miden nada qué son?

Son engendros matemáticos que sirven para dar consistencia a determinadas formulaciones matemáticas que tienen interés para las matemáticas. Tienen sentido para explicar o como explicación de ciertas abstracciones que carecerían de solución sin ellos. Como este anfibio entre el ser y la nada:

\sqrt{-1}

Imagínese usted una linea AB  que se corta por la mitad 1/2 en un punto C. Ese punto existe realmente: y se conceptualiza como 1/2 o 0,5, es lo que entendemos como una mitad de algo, de una unidad. Los dos tramos originados por esa división valen igual 0,5 y esta idea numérica tiene sentido desde el punto de vista de la realidad real. Todos sabemos dividir por mitades algo, un pastel , una naranja o una ganancia, lo que sea. 0,5 es algo real, un numero real.

Esa misma linea la podemos partir en 3, 4, 5 o n partes, la podemos trocear en partes cada vez mas pequeñas, pero por muy pequeñas que las partamos por ejemplo 1/345 partes siempre habrá puntos de esa linea que queden por encima o por debajo de la partición. Esos números que quedan por encima o por debajo de la partición pero que en realidad forman parte del continuo de esa linea siguen siendo números racionales.

El numero phi, sin embargo, es un número que está entre 1,6 y 1,7. Y que no es contínuo con esa secuencia. Todo parece indicar que los números irracionales no están en esa linea, no pueden ser representados por un lugar determinado y práctico.

Representan por tanto una discontinuidad desde el punto de vista de la linea analógica donde representamos puntos ocupados precisamente por números racionales.

¿Pero por qué tiene decimales infinitos?

Pues por que no existen dos números enteros que divididos entre sí nos den ese resultado, por ejemplo 27/18 da 1,5 y y 45/27 da 1,66666667  un numero que a pesar de ser muy largo no es irracional. Los números irracionales son números que proceden de procesos internos de la propia matemática y no representan por tanto puntos que ocupen un orden o un lugar: son discontinuos respecto a sus amigos racionales.

Proceden del álgebra o de la geometría ideal.

El álgebra es un invento árabe que como el cero no nació para contar u ordenar nada sino para relacionar dos o mas variables entre sí. El número phi es pues un artefacto surgido del álgebra y de la geometría ideal euclídea con traducción decimal infinita. Es ésta:

numero aureo

Como puede observarse el número áureo es un artefacto que se forma sumando 1 con la raíz cuadrada de 5 y dividiendo el resultado por 2. Como todos los números irracionales no representa una continuidad en una sucesión de puntos en una recta sino que es y representa un orden de discontinuidad en la sucesividad que los números ayudaron a simbolizar.

Una singularidad matemática.

Los números irracionales simplemente no pueden encajar en el universo sensible que conocemos, no encajan en una línea de puntos, simplemente es inútil buscarlos allí.

Y es muy poco probable que nuestro cerebro opere en los términos de irracionalidad que el álgebra propone, simplemente no existe ninguna conducta selectiva que dependa de ese tipo de cálculos, algo muy distinto a lo que sucede con las matemáticas bayesianas que estudian las probabilidades de que se de un determinado suceso. En este sentido es posible afirmar que nuestro cerebro está continuamente “haciendo cuentas” probabilísticas a pesar de que no sabe matemáticas.

Lo mas probable -tal y como dicen los evolucionistas con algún sentido filosófico- es que el cerebro a lo largo de la evolución haya buscado soluciones  para un dilema cualquiera seleccionando las mejores y descartando las erradas. Luego los matemáticos tratarán de encontrar en una especie de “ingeniería inversa” el por qué. Lo que es lo mismo que decir que la evolución encuentra la solución a un problema y luego la conciencia humana se pregunta cómo lo hemos logrado.

Para ilustrar este fenómeno les voy a poner un ejemplo del que ya hablé en este post.

Un problema de decisiones de supervivencia.-

En el fondo el mar se encuentran un pulpo, un congrio y un bogavante. El mar -como ustedes saben- es un sitio donde se suele pasar mucha hambre y sabemos además que:

1.- El congrio come pulpo.

2.- El pulpo come bogavante.

3.- El bogavante come congrío.

¿Qué sucederá?

Sabemos que la regla fundamental de la selección natural es que es predecible que en un encuentro entre dos peces (depredador-presa) de distinto tamaño la tragedia se consumará, pero ¿irremediablemente?

¿Habría lucha en este caso?

¿Quien lucharía contra quién?

La cosa cambia cuando son tres en discordia y aquí está la excepción a la regla fundamental del “pez grande se come al pequeño”.

Pues lo que sucedería es que los tres personajes de nuestro episodio marino se mirarían los tres fijamente y  ninguno osaría hacer nada. Lo que sucedería es nada y el trío se dispersaría. ¿Pero por qué?

Si el congrio come al pulpo entonces gana el bogavante (que come congrio), el congrío aun saliendo vencedor estaría ayudando a su depredador el bogavante.

Si el pulpo come al bogavante entonces gana el congrio (que come pulpo) y entonces el pulpo estaría ayudando al congrío que es su depredador natural.

Si el bogavante come al congrio entonces gana el pulpo (que come bogavante). Y entonces el bogavante estaría haciéndole la cama a su enemigo ancestral: el pulpo.

En la naturaleza es importante alimentarse pero también evitar ser comido o herido. También es importante no dar ventajas a un contrincante que en otro entorno pudiera convertirse en nuestro verdugo.

Los tres animales se enfrentan a un dilema probabilístico, un dilema matemático. ¿Cual es matemáticamente la mejor opción?

La mejor opción es amenazar y no hacer nada porque aquel que inicia la partida o toma la iniciativa pierde la partida.

En el caso en que dos de los protagonistas se enzarcen en una pelea, lo mejor para el tercero es huir, puesto que su vida dependerá de quien salga vencedor en la disputa.

La pregunta que haría un matemático es ésta: ¿saben matemáticas los tres especímenes para decidir no hacer nada que es la mejor solución para los tres? ¿Y si lo saben cómo lo saben?

Un filósofo platónico diría que en el cerebro de estos tres animales existe un conocimiento ancestral que les obliga a identificar a sus depredadores y a identificar las situaciones de peligro. Habría una especie de universal flotando por el lecho marino que haría de dique a las aspiraciones alimentarias de cada uno de ellos, habría un conocimiento innato, una especie de entelequia marina que les obligaría a tomar la mejor decisión.

Lo cierto es que en toda confrontación depredador-presa los animales hacen continuamente un balance donde hay un numerador donde pone “ganancias” y un denominador que se etiqueta como “costos”. Si esa proporción es positiva el animal atacará pero si es negativa el animal huirá.

Es una manera de decirlo pero en realidad el animal no sabe dividir ni sabe hacer operaciones aritméticas como ésta. La evolución se encargó de primar las estrategias más adaptadas, es decir en este caso la estrategia “no hacer nada cuando se den cita tres especímenes en el lecho marino”, del mismo modo que se encargó de premiar otras estrategias como éstas:

  • Si el contrincante es más grande huir.
  • Si el contrincante juega en casa (en su territorio) huir.
  • Si hay riesgos para la integridad física no enfrentar.
  • Hacerse el débil, mostrar una conducta infantil a fin de desactivar la agresividad del contrincante.

Como puede observarse la evolución optimizó los resultados siempre y cuando no nos encontremos con situaciones demasiado inciertas como por ejemplo que el tamaño de dos machos sea aproximadamente el mismo. O que el encuentro se de en un territorio neutral o que el beneficio por el territorio a ganar supere los riesgos. Aquí nos encontramos con el problema de la incertidumbre (50 y 50) de posibilidades, sólo en estas circunstancias podemos encontrar heridos o malparados.

Es por eso que en la rivalidad agonística (intraespecífica) los machos que compiten por un territorio o un harén de hembras no luchan a muerte (como en el caso de depredador-presa), puesto que la mejor estrategia en este caso no es la que liquida al adversario sino la que le hace huir. Hacer huir a un adversario ahorra costos tanto al que huye como al que permanece y es por eso que, en la naturaleza, los combates a muerte son muy raros si los comparamos con nuestra especie.

Pero si los animales hacen todas estas cosas tan inteligentes sin saber matemáticas es necesario decir ahora que nosotros los humanos -que tampoco somos matemáticos- lo hacemos bastante peor en cuanto a nuestros resultados prácticos.

Y sucede por una razón: entre nosotros el peso de la evolución en nuestra conducta es mucho menor que en los animales, hemos sustituido este “conocimiento evolutivo” por un “conocimiento cultural” que es mucho más rápido en su expresión que la evolución natural y frecuentemente se le opone en ese tipo de conflictos que llamamos conflictos organismo-individuo.

Algo que tiene sus ventajas desde luego pero también ciertas desventajas, la más importante de las cuales es que en nuestro entornos culturales hemos aumentado la incertidumbre o lo que es lo mismo: hemos disminuido las certidumbres.

Y por eso el homicidio en nuestra especie es mucho más frecuente que en cualquier otro mamífero gregario, el asesinato de hembras es un invento de nuestra especie, las luchas a muerte en general, la guerra o los asesinatos en masa son inventos humanos que serian impensables en el orden natural pues no son las mejores estrategias para dirimir conflictos (tienen demasiados costos).

El homicidio y la guerra no son pues subproductos naturales sino culturales.

Es por eso por lo que decimos que en los humanos estamos muy lejos de lo instintivo y muy cerca de lo pulsional que es el instinto después de pasar por el filtro del lenguaje, del sentido tal y como ya apunté en este post.

Y vivir lejos del instinto nos hace predecir que los humanos nos equivocaremos más que los perros a la hora de evaluar las amenazas de nuestro medio ambiente, parecemos más torpes que los lobos de una jauría a la hora de dirimir nuestros conflictos, pero en realidad somos tan torpes como ellos: no sabemos una palabra de matemáticas pero en comparación con aquellos tenemos y recibimos influencias culturales que operan negativamente sobre nuestras elecciones y es por eso que nos equivocamos más que ellos y parecemos mucho más sanguinarios sin serlo en realidad.

Después de esta incursión en algunos conceptos clásicos sobre psicología evolutiva y que vienen a demostrar que los cálculos probabilisticos no son operaciones artiméticas de los cerebros sino el resultado de la evolución natural que ha hecho sobrevivir a las mejores estrategias es hora de volver al tema central de éste y el post anterior, la pregunta del millón de dólares:

¿Existe en nuestro cerebro alguna estructura que sea sensible a la belleza?

david

¿Cuando vemos esta escultura es nuestro cerebro el que reacciona a ella como intuyendo que estamos delante de una de las obras de arte sublimes de la humanidad?

En el libro de Punset “Cara a cara con la vida ” recoge una entrevista a Helen Fischer donde dice :

“El Cerebro siempre busca la belleza”

Si, cuando vemos un rostro que nos agrada es porque simplemente estamos programado para ello, nuestro cerebro busca signos de fertilidad y salud en el sexo contrario. Por ejemplo, el cerebro de una mujer adulta buscara signos de fertilidad en el hombre, estos signos son muchos pero todos están relacionados a que cantidad que el feto del hombre haya estado expuesto a la hormona testosterona. Del mismo modo, el hombre buscara fertilidad en la mujer, inconscientemente buscara algún signo de salud, baja cantidad de testosterona y alta cantidad de estrógenos.

Naturalmente esto no tiene nada que ver con la belleza sino con el atractivo con fines reproductivos que es al parecer el programa que nos induce a buscar la simetría surcada por las hormonas en los rostros ajenos. Es curioso que muchos investigadores hayan llegado a similares conclusiones en la confusión de la elección de pareja y el concepto estético canónico de belleza.

Esta confusión no es banal: la mayor parte de la patología relacionada con la corporalidad no persigue la belleza sino el atractivo. No he conocido nunca ningún paciente psiquiátrico que haya enfermado por una búsqueda abstracta de belleza pero si conozco a muchos que enferman en la incertidumbre de resultar atractivo o no atractivo, lo que significa que los valores sobre la belleza (el atractivo) físico están siendo sometidos a una enorme presión cultural disminuyendo las certidumbres sobre qué es y qué no es atractivo en comparación con la belleza canónica que parece carecer de importancia en la patología.

Más realista me parece esta idea de Winkielman que está aqui

“Lo que nos gusta es una función de aquello para lo que nuestra mente ha sido entrenada”.

Lo que me sugiere que la verdad debe estar en un término medio que incluya tanto los cambios estéticos inducidos socialmente que proceden de un mundo velozmente cambiante con cánones y estilos contradictorios llenos de incertidumbre sobre lo valioso junto con la tendencia a la proporción a la que todo cerebro humano tiende a la hora de considerar algo como agradable o placentero.

En esta web hay un articulo interesante acerca de las diferencias entre como nuestro cerebro procesa la belleza canónica y sus modificados. Todo parece indicar tal y como he señalado anteriormente que existe un rango de proporción que “gusta” al cerebro.

Pero el peso más importante se lo lleva la idea de Winkielman: consideramos bello aquello que hemos aprendido a considerar como bello. Es por eso que los hombres sensibles al arrebato estético son precisamente aquellos que han sido sometidos a un aprendizaje precoz acerca de la belleza como valor abstracto cambiante pero al mismo tiempo inmutable.

Una contradicción que a algunos les provoca síntomas físicos: les llamamos síndrome de Stendhal.

Muy pronto en este blog.

Nota: El ejemplo del congrío, pulpo y bogavante ha sido extraido del libro de Jorge Wagensberg, “El Gozo intelectual: teoría y práctica sobre la inteligibilidad y la belleza”.

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