¿Se puede rehabilitar a un pederasta?

Septiembre 11, 2008 at 12:53 pm (cerebro, crimenes, filosofia, justicia, medicina, mente, personalidad, sociedad) (, , )

Recientemente hemos asistido a una nueva escalada de informaciones acerca de la rehabilitación de los pederastas sobre todo a raíz de este caso que ha ocupado las primeras planas de todos los diarios nacionales. La palabra que más se repite en programas televisivos y en los debates periodísticos son éstas “rehabilitación”, la otra es “castración química” y la otra “necesita tratamiento”.

¿Qué es rehabilitación?

Médicamente hablando rehabilitar significa una curación por defecto, cuando algún mal no puede curarse nos dedicamos a atender a las secuelas que han aparecido después de una lesión o de una injuria casi siempre traumática. Rehabilitar en medicina es una manera de prevenir complicaciones en un proceso determinado, por ejemplo después de una embolia cerebral y la correspondiente hemiplejia hay que rehabilitar los miembros que han quedado atróficos por la inactividad y la perdida de inervación, de lo que se trata es de recuperar el estado de cosas que habia antes del ataque, a veces se consigue y a veces no.

En psiquiatria también hablamos de rehabilitación sobre todo en las enfermedades más graves como en la esquizofrenia. En esta enfermedad hay una progresiva pérdida de habilidades sociales, de hábitos higiénicos y de acoplamiento laboral. Rehabilitar a un enfermo mental consiste en adiestrarle para que su enfermedad no conlleve complicaciones adheridas a su desarrollo con pérdida de habilidades y que el individuo llegue a ser lo más autónomo posible, a veces se consigue y otras veces no.

¿Qué es la castración quimica?

La ciproterona es un antiandrógeno que se usa con frecuencia en ginecologia para tratar la hipertricosis de las mujeres (exceso de vello y acné). En ellas carece de efectos secundarios pero en los hombres se produce una feminización porque la ciproterona ocupa los mismo receptores que la testosterona y termina desplazándola. Es el medicamento que puede usarse para la “castración quimica” sin embargo solo puede usarse con garantias judiciales, nadie receta la ciproterona a un hombre por las implicaciones éticas que existen en el asunto. Además no hay ninguna garantia de que el paciente acabe tomando este medicamento cuya administración es oral. Y además el sujeto -aun tomando el medicamento- puede descubrir algunos trucos para minimizar sus efectos (por ejemplo puede administrarse testosterona).

¿Curar la pederastia? ¿Tratamiento?

El tratamiento médico se aplica a las enfermedades, a los trastornos o a las disfunciones, pero ¿ es la pederastia una enfermedad? ¿Puede uno curarse de algo a partir del deseo de otro?

Actualmente la pederastia esta considerada una parafilia, es decir una desviación del impulso sexual que en este caso se dirige a niños. Por más inexplicable que pueda resultar esta inclinación para los no-pederastas, esta pasión no implica a su vez enfermedad mental y por sí misma parece más bien una patología del control de los impulsos. Los pederastas declaran una y otra vez a sus psiquiatras que se trata de algo que no pueden dominar, algo asi como un impulso alienado, algo más fuerte que su propia voluntad y ante el que sucumben a menudo. Si atendemos y damos crédito a estas declaraciones podemos afirmar que estamos frente a una patología compulsiva-impulsiva de la que hablé en este post, algo muy parecido a lo que les sucede a los violadores, a los jugadores o a los comedores compulsivos. Algunos investigadores han subrayado además el posible origen traumático de esta patologia que podria explicarse a partir de la deshinbición cerebral, otros invocan oscuros circuitos neurobiológicos y otros problemas o disfunciones en el aprendizaje sexual.

Sin embargo la palabra “tratamiento” para este tipo de personas me parece bastante inadecuada porque se opone a la palabra “conducta punible” y es su opuesta. Sólo pueden castigarse aquellas conductas que no son atribuibles a una enfermedad o trastorno mental como es natural. Y aqui está precisamente el problema: determinadas conductas punibles acaban siendo absorbidas por la psiquiatria y lo que es peor, por la opinión publica que identifica lo “inexplicable” con lo “enfermo”. Y si hay una enfermedad es comprensible hablar de tratamientos y de rehabilitación y ya no más de castigo, esa es la ideología que tenemos hoy en nuestra sociedad, una ideologia heredada del marxismo (y tambien del humanismo cristiano) y que considera que toda conducta desviada socialmente es abordable desde la psicología o la psiquiatría y que cualquier cosa es susceptible de ser “tratada” con una tecnología u otra. Para esta manera de pensar no existe la maldad sino una especie de caldo de cultivo enfermizo que generaría las patologias susodichas. Una forma de decir que los individuos no somos responsables de nuestra conducta sino las victimas de las circunstancias.

Este debate no es nuevo y se prolonga ya unos dos siglos, sólo que la ideología de la rehabilitación es hoy hegemónica y se encuentra entre las opiniones que sostienen los jueces, los periodistas, los médicos y hasta la Constitución la ha consagrado en su articulado, asi el propósito de la cárcel ya no es castigar sino rehabilitar. De forma ingenua algunos psiquiatras lo dicen cuando son entrevistados, “la cárcel no soluciona los problemas de los pederastas” suelen decir.

Pero para entender este galimatias semántico es necesario retroceder algo en el tiempo: a aquel lugar en el que un psiquiatra llamado Falret, abolió el término alienación mental (el término clásico) que no prejuzga patología y lo sustituyó por el termino “enfermedad mental” que asimila el sufrimiento mental a las enfermedades médicas. Los que hayan leido el post que titulé “Enfermedades indiscretas” ya habrán entendido la diferencia que existe entre las entidades naturales discretas y los constructos para entender la patología mental que son las nosografias y clasificaciones de las que nos servimos los psiquiatras para entender los sufrimientos de nuestros pacientes.

Alienación y enfermedad mental no son la misma cosa, pero una vez “inventada” la enfermedad mental lo inmediato es la predicción de que habría una escalada de descripciones de psiquiatras diversos que comenzaron a inscribir nuevas patologias arrancadas a la alienación, a la disidencia o a la neurología, hasta hoy donde tenemos una plétora de enfermedades reconocidas por los sucesivos DSMs. Una plétora o proliferación que ha sido denunciada constantemente por algunos psiquiatras.

Curiosamente la palabra alienación tiene dos acepciones pero un sólo significado que es éste que está muy bien explicado en la wikipedia y a la cual remito al lector para que pueda entender que el término “enfermedad mental” y toda la parafernalia rehabilitadora y curativa ligada a ella es en realidad alienante para quién la recibe pues le despoja de su soberania sobre sí mismo arrancándole su responsabilidad y aludiendo a una lejana conspiración neurobiológica para explicar sus actos volitivos.

Tal y como ya comenté en este post “La invención de la locura”, la psiquiatria durante el siglo XIX estuvo en el centro de este debate juridico-científico. Se intentaba separar lo “enfermo”, del delincuente clásico, de la patologia social y de la patología orgánica. Se llegó hasta el paroxismo en el afán de describir nuevas patologias y algunas de estas ideas tuvieron bastante suerte hasta que fueron por fin desplazadas por otros constructos. Uno de ellos fue el termino “monomania” inventado por Esquirol que gozó de mucha reputación en los tribunales franceses hasta que paulatinamente desapareció de los manuales y los tratados, aunque con otros nombres -la misma idea- sigue apareciendo. Este es uno de esos ejemplos, la conceptualización de acto impulsivo-compulsivo con el que hoy se clasifican los actos pederásticos es algo muy parecido al concepto esquiroliano de monomania.

Una monomania seria una conducta automatizada de la que el sujeto no es consciente de sus razones negándose -por asi decir- la autoria de la misma que se siente como impuesta, a la que el sujeto se resiste y finalmente sucumbe procurando tranquilización. Y además esto transcurre dentro de una personalidad conservada, sin rastro de psicosis o de otra alteración de la conciencia que pudiera explicar esta conducta. Naturalmente el constructo esquiroliano fue muy criticado porque cualquier conducta podia ser explicada en términos de monomania, asi se describieron monomanias homicidas, suicidas, alcohólicas, manias por robar, manias por violar, etc, haciendo imposible discriminar qué criminales actuaban por monomania y qué criminales lo hacian con propósito de lucro por ejemplo, el más natural de los móviles criminales.

Lo realmente curioso de las conductas compulsivo-impulsivas es que siempre se refieren a actos prohibidos, censurados o castigados por la ley, la moral o las costumbres sociales. No existen trastornos de la impulsividad donde el sujeto se sienta inexorablemente impulsado a hacer el bien, a la compasión o a regalar su patrimonio a los necesitados. Esto es como mínimo curioso y parece al menos que la sensación con la que estos pacientes viven su impulso: inexorabilidad, despersonalización, urgencia y anisedad-tensión tiene que ver con esta condición de prohibición, de tabú social.

Ahora bien, el que un acto se viva o se experimente con esta sensación de alienación, de algo que se impone desde alguna lejana instancia psíquica no implica la desaparición de la intencionalidad pues no existe acto volitivo sin intencionalidad. Para abusar de un niño pequeño hay que tener la intención de hacerlo, hay que planear el secuestro o la seducción y elaborar una serie de pormenores. Existe claramente una intencionalidad y por tanto una responsabilidad penal (pues estamos hablando de un acto ilegal) y moral. Sucede lo mismo con el jugador o el comedor compulsivo aunque en estos casos la conducta no entre en conflicto con la ley pues jugar o comer no son delito. Sin embargo comportan pérdidas económicas, a veces la ruina familiar y en el otro caso comportan riesgos para la salud, ganancia -antiestética- de peso y la sensación de que se ha perdido la voluntad o de ser un esclavo de los impulsos. Sin embargo para jugar a la ruleta y para comer hace falta intencionalidad, los sujetos son por tantos responsables de esas conductas. Lo asombroso de esta lógica es que el jugador puede -después de haberlo perdido todo- cobrar una pensión de invalidez a cargo del Estado. Asi están las cosas en nuestra sociedad opulenta.

La pregunta que viene a continuación es ésta ¿Si existe intencionalidad por qué el sujeto la siente de forma alienada, como si no procediera de su propia inclinación?

Existen al menos tres razones para ello:

  • Para eludir la responsabilidad y/o el castigo por los propios actos.
  • Una elección karmática concreta. Puede visitar este post donde se explica precisamente que algunas elecciones libres determinan las guias del futuro desarrollo personal. En esta ocasión hablé del caso de Louis Althusser.
  • Por una facilitación social de la irresponsabilidad individual.

Las relaciones entre los individuos y los Estados modernos son bastante más complicadas que las relaciones que se establecieron entre los primeros grupos sociales asentados en pequeñas comunidades desde la aparición de la agricultura y la acumulación de excedentes. Las conductas punibles han sufrido constantes revisiones desde la antigúedad pero existe algo en lo prohibido que sigue operando como un atractor en los humanos, significa que es esperable que puesto un determinado limite haya siempre alguien que lo transgreda, en este sentido la elección de un niño como objeto sexual no puede desvincularse de nuestro concepto sobre la niñez y de las garantias y protecciones que hemos dispuesto como leyes y normas en la suposición de que la infancia debe ser protegida por el hecho de serlo, todo lo cual es muy discutible porque la suposición que subyace a esta idea es que “el niño es siempre inocente e inimputable” algo que podemos contemplar de cerca cuando es un niño el que comete un crimen. Para la ideología de la rehabilitación los niños nunca son responsables, ese es el mensaje y es por eso que su culpa no es castigada proporcionalmente a la falta cometida. La irresponsabilidad individual es el nuevo eje de torsión sobre el que gravita la relación entre las faltas, las decisiones individuales y sus consecuencias.

Pero para rehabilitar a alguien es necesario que ese alguien sea responsable de lo contrario todo queda en una farsa de rehabilitación, en un lavado de coniciencia.

Porque la clave está precisamente ahi, para rehabilitar a alguien es necesario que sepa de qué quiere rehabilitarse y que la rehabilitación no sea una sustitución de la condena que todos necesitamos cuando hemos hecho algo punible. He dicho necesitamos porque la punición, la condena es fundamental para que alguien sea consciente de su falta. El daño hecho sólo es posible reparársele cuando se han avistado las consecuencias de dicho daño pero cuando existen eximentes y subterfugios el criminal está doblemente alienado, primero por su propia mente y luego por el Estado cuando no por la psiquiatría.

Seamos benevolentes, castiguemos aquello que hemos convenido en castigar.

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